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MISA
DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS
"La Eucaristía es fuente y
culmen de toda la vida cristiana" (LG 11)
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Página de Pedro Sergio Antonio
Donoso Brant
18 años en Internet
La edición de la Misa Diaria,
Reflexión Bíblica, Lectio Divina y
Santoral, enviada por correo por sistema
de grupos, es las más antigua de Internet,
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21-11-2016
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Edición
Nº
MD 4.676
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T. Ord.
Ciclo C
Semana
XXXIV
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La presentación de la Santísima
Virgen
De esta fiesta sólo hay
referencias en libros apócrifos, de modo
especial en el Protoevangelio
de Santiago. Según estos relatos, María nace
en Jerusalén, cerca del Templo, primogénita
de sus ancianos y santos padres Joaquín y
Ana, que no habían podido tener hijos.
Agradecidos a Dios, se la consagran
llevándola al Templo para que, como otros
niños judíos anteriores: Daniel, Joás,
Ana..., sea educada en la fe, en la
meditación de las Escrituras y en la
oración. En el Templo María, sin saberlo,
prepara toda su persona para acoger al Hijo
de Dios. En el 453 se dedica a la
Presentación de María la Iglesia de Santa
María la Nueva, edificada junto al Templo de
Jerusalén. La fiesta es acogida con gozo
también por la Iglesia ortodoxa. El
emperador bizantino Manuel 1 (1143-1180) la
hace obligatoria en todo su imperio. Es una
celebración ecuménica perenne. El Vaticano
11(1962-1965) la considera como fiesta de la
virginidad de María consagrada a Dios.
ANTÍFONA DE
ENTRADA Cfr. Jdt 13,23.25
El Señor, el Dios altísimo,
te ha bendecido a ti, Virgen María, más que
a todas las mujeres de la tierra. Él ha
engrandecido tanto tu nombre, que los
hombres no dejarán de alabarte.
ORACIÓN
COLECTA
Te pedimos, Padre, por la
intercesión de la Santísima Virgen María,
que cuantos la veneramos en esta gloriosa
conmemoración, merezcamos también participar
de la plenitud de tu gracia. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina
contigo en la unidad del Espíritu Santo, y
es Dios, por los siglos de los siglos.
LECTURA
Apoc 14, 1-5
Lectura del libro del
Apocalipsis.
Yo, Juan, vi al Cordero que estaba
de pie sobre el monte Sión, acompañado de
ciento cuarenta y cuatro mil elegidos, que
tenían escrito en la frente el nombre del
Cordero y de su Padre. Oí entonces una voz
que venía del cielo, semejante al estrépito
de un torrente y al ruido de un fuerte
trueno, y esa voz era como un concierto de
arpas: los elegidos cantaban un canto nuevo
delante del trono de Dios, y delante de los
cuatro Seres Vivientes y de los Ancianos. Y
nadie podía aprender este himno, sino los
ciento cuarenta y cuatro mil que habían sido
rescatados de la tierra. Ellos siguen al
Cordero donde quiera que vaya. Han sido los
primeros hombres rescatados para Dios y para
el Cordero. En su boca nunca hubo mentira y
son inmaculados.
Palabra de Dios.
COMENTARIO Contemplamos al Cordero rodeado
del pueblo que le ha prestado su adhesión.
Es un pueblo formado por rescatados que
entonan el cántico de su liberación
definitiva. Cantan la esperanza y la causa
de esa esperanza es el Cordero; el signo
del Cordero es su cruz por la que ha
librado al mundo del poder de la muerte.
Éstos han rechazado rendirle culto a los
ídolos y a los poderes terrenos y por
ello, no se han prostituido. Los ciento
cuarenta y cuatro mil son rescatados de
los cuatro puntos cardinales de la tierra.
SALMO Sal
23, 1-4. 5-6
R. ¡Benditos los que buscan tu
rostro, Señor!
Del Señor es la tierra y todo lo
que hay en ella, el mundo y todos sus
habitantes, porque él la fundó sobre los
mares, él la afirmó sobre las corrientes del
océano. R.
¿Quién podrá subir a la montaña
del Señor y permanecer en su recinto
sagrado? El que tiene las manos limpias y
puro el corazón; el que no rinde culto a los
ídolos ni jura falsamente. R.
Él recibirá la bendición del
Señor, la recompensa de Dios, su salvador.
Así son los que buscan al Señor, los que
buscan tu rostro, Dios de Jacob. R.
ALELUYA Mt
24, 42. 44
Aleluya. Estén prevenidos y
preparados, porque el Hijo del hombre vendrá
a la hora menos pensada. Aleluya.
EVANGELIO
Lc 21, 1-4
Evangelio de nuestro Señor
Jesucristo según san Lucas.
Levantando los ojos, Jesús vio a
unos ricos que ponían sus ofrendas en el
tesoro del templo. Vio también a una viuda
de condición muy humilde, que ponía dos
pequeñas monedas de cobre, y dijo: “Les
aseguro que esta pobre viuda ha dado más que
nadie. Porque todos los demás dieron como
ofrenda algo de lo que les sobraba, pero
ella, de su indigencia, dio todo lo que
tenía para vivir”.
Palabra del Señor.
COMENTARIO: Esta breve escena nos ofrece el
testimonio de una viuda, cuya confianza
ilimitada en el Dios-Providente, ha dado
de su indigencia el único capital que
poseía para subsistir. Esa viuda es como
la que compartió con el profeta Eliseo su
última comida y la de su hijo (cf. 1 Rey
17). Frecuentemente suele decirse: “Nadie
da lo que no tiene”. Sería más justo
decir: “No se tiene sino lo que se da”. En
el reino del espíritu la medida no es la
cantidad. Ella, dando todo al Señor,
confía en el Dios que se ocupa de las
viudas. En su pobreza es ella mucho más
que los pájaros y los lirios del campo. Y
queda incluida en la promesa hecha a los
pobres en el espíritu a quienes pertenece
el Reino de los cielos.
ORACIÓN
SOBRE LAS OFRENDAS
Te
ofrecemos con alegría este sacrificio de
alabanza, Señor, en la celebración de la
Madre de tu Hijo, y te pedimos que, por este
sagrado intercambio de dones, aumenten en
nosotros los frutos de tu salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
ANTÍFONA DE
COMUNIÓN Cfr. Lc 1, 48
Me
llamarán feliz todas las generaciones,
porque Dios miró con bondad la pequeñez de
su servidora.
ORACIÓN
DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Alimentados
con estos dones, te pedimos, Padre, que
podamos confesar con las palabras y las
obras, a quien recibimos en la eucaristía,
tu Hijo, nacido de la Virgen María. Él, que
vive y reina por los siglos de los siglos.
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REFLEXIÓN BÍBLICA
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“pero ella, en su pobreza, ha
dado todo lo que tenía para vivir.”
Lc 21, 1-4
Autor: Pedro Sergio Antonio
Donoso Brant
1. LEVANTANDO
LOS OJOS, JESÚS VIO A UNOS RICOS QUE PONÍAN
SUS OFRENDAS EN EL TESORO DEL TEMPLO
Levantando los ojos, Jesús vio a
unos ricos que ponían sus ofrendas en el
tesoro del Templo, vio a gentes ricas que
traían, probablemente y ostentosamente,
criados con sus ofrendas para ofrecerlas al
templo a través de aquellos recipientes. El
Evangelio nos relata que Jesús levanta la
vista, con esto nos sugiere que estaba
sentado frente a las alcancías. Pero, en
tremendo contraste con ellos, seguramente
fariseos, Cristo vio que una pobre viuda
echaba allí dos monedas, todo lo que echó
era una insignificancia. Pero Cristo, que
era el juez de la verdad, enseñó cómo esta
viuda dio más que todos los otros. Porque
los ricos echaron de lo que les sobraba,
mientras que esta pobre viuda echó de su
indigencia todo lo que tenía para el
sustento. Lo que pesa en la ofrenda a Dios
es el corazón, no la simple materialidad de
una ofrenda. Como era la ostentación de las
ofrendas farisaicas.
2. LES
ASEGURO QUE ESTA POBRE VIUDA HA DADO MÁS QUE
NADIE
Cuando el Señor vio a esta mujer
viuda de condición muy humilde, que ponía
dos pequeñas monedas dijo: Les aseguro que
esta pobre viuda ha dado más que nadie.
Porque todos los demás dieron como ofrenda
algo de lo que les sobraba, pero ella, de su
indigencia, dio todo lo que tenía para
vivir.
El lugar donde depositaban las
ofrendas en dinero, era unas arcas que
tenían encima un agujero, colocada junto al
altar, a la derecha de los que entraban en
la casa del Señor. Los sacerdotes guardaban
las ofrendas y todo el dinero que se daba
para el templo del Señor. Estas ofrendas se
daban primero en las manos de los
sacerdotes, y luego este las echaba al arca,
así podían ver cuánto era el aporte.
3. JESÚS
SIEMPRE OBSERVA TODO LO QUE OCURRE EN LA
CASA DEL SEÑOR
Jesús siempre observa todo lo que
ocurre en la casa del Señor, cuando no le
pareció correcto que se traficara en el
templo, expulsó a los mercaderes a fuera.
Pero ahora se fija en los que ofrecen sus
dones. Jesús, cuando ve alguien que comete
una falta, lo aclara y lo condena, pero
cuando ve algo bueno, lo alaba.
Así es como observa a una viuda
que ofrece dos monedas. Seguramente esta
mujer había adquirido con el esfuerzo de su
trabajo este dinero para proporcionarse su
alimento. Pero lo que ella ofrece es todo lo
que tiene. Esta viuda ofrece al Señor, los
frutos de su pobreza. Ella da a Dios, lo que
recibe cada día.
4. EL SEÑOR
SE COMPLACE CON TODAS LAS OFRENDAS QUE
TIENEN UN HERMOSO PROPÓSITO.
Pero el Señor acepta mucho más el
corazón que las ofrendas. Jesús, nos hace
ver que importa más el valor del sacrificio
que el valor de lo que se ofrece. Por eso
Jesús nos dice; “Porque todos los demás
dieron como ofrenda algo de lo que les
sobraba, pero ella, de su indigencia, dio
todo lo que tenía para vivir”.
Jesús no se ha fijado en la
cantidad que se ofrece, él se ha fijado en
el afecto, en el cariño, en la bondad con
que se ofrece. A Jesús no le llama la
atención que alguien de mucho de lo que
tiene, a él le llama la atención lo que
hacen las personas como la viuda, que dan
todo lo que tienen y no lo que le sobra.
5. OFREZCAMOS
LAS COSAS CON EL CORAZÓN
Si damos limosna haciendo
ostentación y queremos llamar la atención, y
buscar con esta actitud reconocimiento o
alabanza, eso es un defecto. Pero si damos
una limosna con verdadero espíritu de
caridad y compasión, es una virtud. Sin
embargo lo que más mérito tiene, es el amor
con que se ofrece, no la cantidad. Por lo
que a Dios le vale más todo lo que vine de
los sentimientos, no lo material.
Ofrezcamos las cosas con el
corazón, demos a los que necesitan con amor,
seamos generosos como Jesús quiere que
seamos, con verdadero espíritu de caridad,
por amor a Dios y nuestros hermanos.
6. TODO LO
QUE SOMOS Y TODO LO QUE TENEMOS VIENE DE
DIOS
Observemos como Jesús nos hace ver
que pese a las dificultades, la pobre viuda
le ofrece a Dios todo lo que tiene, esto
porque siempre tendremos algo que ofrecerle
al Señor. Todo lo que somos y todo lo que
tenemos viene de Dios, y son sólo medios que
Dios puso en nuestras manos y espera de
nosotros que sepamos compartirlo.
Así es, como estamos invitados a
ser generosos y a vivir sin apego a lo
material, es decir, a ser desprendido de las
cosas materiales, a compartir y ser
solidario, como a valorar las cosas
pequeñas, pero ofrecidas de corazón y con
amor.
El Señor les Bendiga
Pedro Sergio Antonio Donoso
Brant
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PARA LA LECTIO DIVINA (3)
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EL
POCO DE LA VIUDA SE CONVIERTE EN TODO
La perícopa evangélica nos
pone ante una situación que, en su
sencillez, nos empuja a una reflexión sobre
el valor del don, del don de nosotros
mismos. Es evidente que la viuda pobre ha
realizado un gesto extremadamente elocuente,
mientras que el gesto de los ricos se
revela, por lo menos, opaco y mezquino. El
gesto del que da con generosidad, pero sobre
todo con confianza, revela, por un lado, el
corazón del que da y, por otro, el valor de
aquel a quien se ofrece el don. En
consecuencia, es el corazón lo que da valor
y otorga importancia al don. La viuda pobre
manifiesta un corazón totalmente abierto a
Dios, lleno de una extrema confianza en él,
y, al mismo tiempo, manifiesta el valor sumo
que tiene Dios para ella. Ese gesto asume,
por consiguiente, un valor religioso: es un
acto de fe, un acto de abandono en la divina
providencia; en último extremo, un acto de
adoración.
El
don, por tanto, tiene la capacidad de unir y
conectar a dos personas: no tanto por el
valor de lo que se da como por el valor del
corazón del donante y por el valor del
corazón de aquel a quien se ofrece el don,
sea quien sea. Más aún, desde una
perspectiva religiosa, la fe es capaz de
llevar a cabo una especie de inversión de
los valores, de suerte que el poco de la
viuda se convierte en todo, mientras que el
mucho de los ricos se convierte en poco. Por
último, lo que embellece al don es la
intención que lo acompaña, lo orienta y lo
consuma: si la finalidad del gesto oblativo
es Dios, entonces el don asume un valor
excepcionalmente grande. Es Dios quien lo
recibe, lo aprecia y lo acepta.
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ORACION (3)
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«Dios ama a quien da con alegría»
(2 Cor 9,7).
Señor, ¿qué sería nuestra vida si
fuera tocada por dones con las mismas
características y bienaventuranzas que los
tuyos?
Dones desinteresados que permitan
crecer: ¿conoceríamos la avidez y el engaño?
Dones duraderos basados en
promesas fieles y veraces: ¿conoceríamos el
divorcio?
Dones generativos que produzcan
vida al darse a sí mismos: ¿conoceríamos el
aborto?
Dones que se multiplican al ser
distribuidos: ¿conoceríamos la indigencia?
Dones que consuelan al que sufre:
¿conoceríamos la soledad?
Dones que perdonan al que se ha
equivocado: ¿conoceríamos la venganza o el
rencor?
Dones que acogen sin distinción de
cultura, de fe, de lengua, de color:
¿conoceríamos la discriminación?
Dones de paz y de fraternidad:
¿conoceríamos la violencia, la guerra, el
atropello?
Dones de reconocimiento por las
dos moneditas de la viuda: ¿conoceríamos la
ingratitud?
Oh Señor, nuestra naturaleza
herida y corrupta, so pretexto de acciones
nobles, transmite a menudo dones
enmascarados por su propio egoísmo y por su
propia vanidad. Haz que nuestros dones
encarnen sólo las intenciones del amor.
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SANTORAL (4)
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PRESENTACIÓN DE LA VIRGEN EN EL
TEMPLO
Padre Jesús Martí Ballester
1. Los imagineros religiosos
representaron en los retablos de los templos
el momento en que María, dejando el regazo
de la casa paterna, sube las gradas del
Templo y es recibida por el Sumo Sacerdote;
arriba el pontífice de barba venerable, con
la mitra en la cabeza, extiende las manos y
sonríe acogedor; y en el fondo, la anciana
madre, de frente arrugada, con gesto de
pena. Estudiando la Escritura, aprendiendo
las lecciones que escuchan a los rabinos, y
los cantos para las ceremonias; sirviendo al
templo, hilando el efod del sumo sacerdote,
cosiendo los velos del altar, y limpiando
los vasos de las ofrendas, pasaban los
mejores años de su vida muchas hijas de
Israel. Allí creció Ana la profetisa; y
allí, la hija de Rangel, cuando declinaba su
vida y empezaba a pensar que había esperado
en vano, vio a aquella niña graciosa,
parienta del sacerdote Zacarías.
2. Jamás ojos tan puros habían
mirado aquellos pórticos majestuosos. La
vieja sacerdotisa, al ver aquel lirio
primaveral de los jardines de Nazareth, recordó
las palabras del salmista: "Escucha, hija, y
mira, e inclina el oído; olvido tu pueblo y
la casa de tu padre, porque el Rey ha
deseado tu hermosura". En verdad que
ennoblecía ya al mundo aquella criatura, a
quien "El Señor estableció al principio de
sus tareas, al comienzo de sus obras
antiquísimas. Aquella criatura que podía
decir: "En un tiempo remotísimo fui formada,
antes de comenzar la tierra. Antes de los
océanos fui engendrada, antes de los
manantiales de las aguas. Todavía no estaban
encajados los montes, antes de las montañas
fui engendrada. No había hecho aún la tierra
y la hierba ni los primeros terrones del
orbe. Cuando colocaba el cielo, allí estaba
yo; cuando trazaba la bóveda sobre la faz
del Océano; cuando sujetaba las nubes en la
altura y fijaba las fuentes abismales.
Cuando ponía un límite al mar, y las aguas
no traspasan su mandato; asentaba los
cimientos de la tierra, junto él, aprendiz,
yo era su encanto cotidiano, todo el tiempo
jugaba en su presencia: jugaba con la bola
de la tierra, disfrutaba con los hombres.
Por tanto, hijos míos, escuchadme: dichosos
los que siguen mis caminos; escuchad mis
avisos y seréis sensatos, no los rechacéis;
dichoso el hombre que me escucha, velando en
mi portal cada día, guardando las jambas de
mi puerta" (Prov 8,22); si esa criatura
había nacido ya, era seguramente aquella
niña tan dulce, tan pura, tan graciosa, que
estaba aquí pisando los umbrales del lugar
sagrado con el mismo amoroso respeto de
Moisés ante la zarza ardiendo. Como el lirio
entre las espinas, así era ella entre sus
compañeras. Tal vez les hacía aquella
pregunta que pone en sus labios el Cantar de
los Cantares: "Por las cabras y los
cervatillos de los montes os conjuro hijas
de Jerusalén, que me digáis si habéis visto
al Amado, porque muero de amor.”
3. María buscaba al Amado sin
cesar, le descubría jubilosa y le adoraba
con humildad en aquellos muros santificados,
en aquellas prescripciones alegóricas del
mosaico, en aquellos textos misteriosos de
los salmistas y que comentaban los doctores
de la ley; y en las palabras inspiradas del
anciano Simeón. Todo le hablaba del Mesías,
del más hermoso de los hijos de los hombres,
de aquel cuyo nombre es admirable. Y su
pequeño corazón en llamas, se unía a Él, le
llamaba con ansias y sin saber que iba a ser
su madre, se hacía ya su esposa. “Como el
manzano entre los árboles de la selva, así
es mi Amado entre los jóvenes... Brotan las
flores en la vega; ya ha llegado el tiempo
de la poda; el arrullo de la tórtola se deja
oír en los campos; apuntan los frutos en la
higuera y las viñas en flor difunden
perfume". (Cant 2,12). La joven nazarena
encendía la hoguera de su amor y consumía la
llama de su vida en anhelos que alborozaban
su carne virginal.
4. Noches de meditación abrasada,
días de trabajo abnegado, súbitas
iluminaciones, palabras como luces en la
penumbra de un silencio recatado, gracia,
obediencia, amor y trabajo, esto fue la vida
de María durante aquellos años en que en la
presencia de Yahvé, se preparaba para
recibir el gran mensaje. El evangelio nada
dice de aquella doncellez consagrada en el
servicio del templo. Pero nos lo dice la
tradición y la recogen los evangelios
apócrifos. Ya en el siglo VI cantaba el
poeta bizantino: “El templo purísimo, el
tesoro sagrado de la divina gloria, la mansa
oveja, la virgen inestimable llega hoy a la
casa del Señor; la gracia del Espíritu va
con ella, los ángeles cantan su gloria: es
el tabernáculo de los Cielos. Recíbela, dice
Ana al gran sacerdote, guárdala con cuidado,
ponla en lo más profundo del santuario
inaccesible, porque es el fruto de mis
oraciones, es el don de Dios, es el
tabernáculo del Altísimo--.
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