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MISA
DIARIA DE CAMINANDO CON JESUS
"La Eucaristía es fuente y
culmen de toda la vida cristiana" (LG 11)
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Página de Pedro Sergio Antonio
Donoso Brant
18 años en Internet
La edición de la Misa Diaria,
Reflexión Bíblica, Lectio Divina y
Santoral, enviada por correo por sistema
de grupos, es las más antigua de Internet,
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18-11-2016
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Edición
Nº
MD 4.673
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T. Ord. Ciclo C
Semana XXXIII
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DEDICACIÓN DE
LAS BASÍLICAS DE LOS SANTOS PEDRO Y PABLO
ANTÍFONA DE EN
TRADA Cf. Jer 29, 11.12.14
Dice el Señor: yo tengo
designios de paz y no de aflicción.
Invóquenme y los escucharé y pondré fin a su
cautiverio.
ORACIÓN COLECTA
Señor y Dios nuestro,
concédenos vivir siempre con alegría bajo tu
mirada, ya que la felicidad plena y duradera
consiste en servirte a ti, fuente y origen
de todo bien. Por nuestro Señor Jesucristo,
tu Hijo, que vive y reina contigo en la
unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por
los siglos de los siglos.
LECTURA Apoc
10, 8-11
Lectura del libro del
Apocalipsis.
Yo, Juan, oí la voz que me habló
nuevamente desde el cielo, diciéndome: «Ve a
tomar el pequeño libro que tiene abierto en
la mano el Ángel que está de pie sobre el
mar y sobre la tierra». Yo corrí hacia el
Ángel y le rogué que me diera el pequeño
libro, y él me respondió: «Toma y cómelo;
será amargo para tu estómago, pero en tu
boca será dulce como la miel». Yo tomé el
pequeño libro de la mano del Ángel y lo
comí: en mi boca era dulce como la miel,
pero cuando terminé de comerlo, se volvió
amargo en mi estómago. Entonces se me dijo:
«Es necesario que profetices nuevamente
acerca de una multitud de pueblos, de
naciones, de lenguas y de reyes».
Palabra de Dios.
Comentario: El mismo Espíritu que estuvo
presente en Cristo, está ahora presente en
los Juan tiene que comerse el libro,
expresión que ya encontramos en Ezequiel.
Es dulce y amargo: la voz es dulce, pero
la tarea es dura. Así entendemos que la
historia de Israel, figurada por el libro
de los siete sellos, no era toda historia
sagrada, sino solamente la primera parte
de ella, el Antiguo Testamento.
SALMO Sal118,
14. 24. 72. 103. 111. 131
R. ¡Dulce es tu palabra para mi
boca, Señor!
Me alegro de cumplir tus
prescripciones, más que de todas las
riquezas. Porque tus prescripciones son todo
mi deleite, y tus preceptos, mis consejeros.
R.
Para mí vale más la ley de tus
labios que todo el oro y la plata. ¡Qué
dulce es tu palabra para mi boca, es más
dulce que la miel! R.
Tus prescripciones son mi herencia
para siempre, porque alegran mi corazón.
Abro mi boca y aspiro hondamente, porque
anhelo tus mandamientos. R.
ALELUYA Jn 10,
27
Aleluya. «Mis ovejas escuchan mi
voz, Yo las conozco y ellas me siguen», dice
el Señor. Aleluya.
EVANGELIO Lc
19, 45-48
Evangelio de nuestro Señor
Jesucristo según san Lucas.
Jesús, al entrar al Templo, se
puso a echar a los vendedores, diciéndoles:
«Está escrito: "Mi casa será una casa de
oración, pero ustedes la han convertido en
una cueva de ladrones"». Y diariamente
enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes,
los escribas y los más importantes del
pueblo buscaban la forma de matarlo. Pero no
sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo
lo escuchaba y estaba pendiente de sus
palabras.
Palabra del Señor.
Comentario: El
Templo es un lugar de oración. Si bien hay
necesidad de organizaciones anexas para
realizar el culto, deben hacerse en un
lugar más apartado, y respetar el clima de
recogimiento. Esta actitud franca y llena
de celo de Jesús aumenta el rechazo de
sacerdotes y escribas, pero el pueblo
estaba con él.
ORACIÓN SOBRE
LAS OFRENDAS
Concédenos, Señor, que está
ofrenda sea agradable a tus ojos, nos
otorgue la gracia de servirte con amor, y
nos obtenga los gozos eternos. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
ANTÍFONA DE
COMUN IÓN Sal 72, 28
Mi dicha es estar cerca de
Dios, y poner mi refugio en el Señor.
ORACIÓN DESPUÉS
DE LA COMUNIÓN
Después de haber recibido
los dones pascuales te pedimos humildemente,
Señor, que la Eucaristía que tu Hijo nos
mandó celebrar en su memoria aumente la
caridad en todos nosotros. Él que vive y
reina por los siglos de los siglos.
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REFLEXIÓN BÍBLICA
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“Mi casa será una casa de
oración”
Lc 19, 45-48
Autor: Pedro Sergio Antonio
Donoso Brant
1. MI CASA
ES CASA DE ORACIÓN
La
descripción que hace Lucas de la expulsión
de los mercaderes del templo es la más
resumida de todas. Casi es una alusión, ante
la descripción de Mateo y Marcos y, sobre
todo, Juan, que le da un mayor complemento
histórico y una expresa valoración
teológica. Casi es una alusión a este
pasaje.
Cristo,
al purificar el templo expulsando a unos y
otros, dice que “mi casa es casa de oración,
pero vosotros la habéis convertido en cueva
de ladrones.” La cita es de Jeremías (7:11).
El pasaje de Lucas es demasiado concreto.
Pero, a la luz del relato de San Juan, se ve
que fue un acto de tipo mesiánico. No deja
de extrañar que Lucas, que tanto destaca la
oración, y la oración de Cristo, no comente
más este tema.
2. IR AL
TEMPLO A ORAR
Lo
primero que hace Jesús cuando llega a
Jerusalén, es ir al templo a orar,
consideremos esta actitud como en ejemplo,
esto es, cuando visitemos un lugar donde
haya un templo, una capilla, dirijamos
nuestros pasos allí primero para hacer
oración.
Pero
sucedió, que Jesús “Encontró en el Templo a
los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y
a los cambistas sentados delante de sus
mesas.” (Jn 2,13)
Este
templo del que se habla es el atrio de los
gentiles, próximo al santuario, entonces los
rabinos prohibían utilizar su paso como un
atajo o en forma menos decorosa, pero esto
era más teoría que practica, sin embargo se
decía que no se ha de subir al templo con
bastón o llevando sandalias o la bolsa, ni
aun el polvo de los pies, como también no se
debía pasar por el templo como por un atajo
para ahorrar el camino. Pero, a pesar de
estas ideales medidas preventivas de la
santidad del templo, éstas no se respetaban,
y se llegaba a verdaderas profanaciones en
el recinto sagrado, como lo confirma la
escena de Jesús expulsando a los mercaderes.
3. LA
FIESTA DE LA PASCUA
Según
la costumbre de aquel tiempo, en la fiesta
de la Pascua (Jn
2,23) se había de ofrecer por todo israelita
un sacrificio, los más ricos los hacía con
un buey o una oveja, y los más pobres con
una paloma, aparte de los sacrificios que se
ofrecían en todo tiempo como votos. Además,
todo israelita debía pagar anualmente al
templo, llegado a los veinte años medio
siclo, pero conforme a la moneda del templo
y no se permitía la moneda romana. De ahí la
necesidad de cambistas.
Todo
esto se hacía para facilitar a los
peregrinos adquirir en Jerusalén las
materias de los sacrificios, es decir los
bueyes, corderos, palomas, lo mismo que las
materias que ritualmente acompañaban a
éstos, electos tales como incienso, harina,
aceite, etc. Para procurar a todos, y
especialmente a los judíos de la diáspora,
el cambio de sus monedas locales por la
moneda que regía en el templo, se había
permitido por los sacerdotes instalar
puestos de venta y cambio en el mismo
recinto del templo, en el “atrio de los
gentiles.”
4. EL
LUGAR ERA DEPLORABLE
Así
es, como el cuadro de abusos a que esto dio
lugar era deplorable con mucho ruido de
balidos de ovejas, mugidos de bueyes, además
estiércol de animales y las infaltables
disputas, regateos y altercados de
vendedores.
Los
cambistas allí establecidos realizaban
frecuentemente sus cambios cobrando una
sobrecarga o interés que subía del 5 al 10
por cien. Con esto, el recinto del templo,
el “atrio de los gentiles,” había sido
transformado en un mercado, en un gran bazar
oriental. Y todo ello con autorización y
connivencia de los sacerdotes. Lo que
aprovechaban eran los sacerdotes saduceos,
que veían en ello una buena fuente de
ingresos.
5. JESÚS,
AL VER AQUEL ESPECTÁCULO, HIZO DE CUERDAS
UN LÁTIGO
Entrando
Jesús en el templo, encontró a “los
vendedores de bueyes, de ovejas y de
palomas,” con sus ganados, que serían en
cada uno de ellos pequeños rebaños, y, en
conjunto, todo aquello un pequeño parque de
ganado. También encontró allí a los
“cambistas sentados.” Tenían delante de
ellos sus pequeños puestos, seguramente al
estilo de los pequeños puestos de cambio
establecidos en las calles, tales como los
que aparecen hoy en El Cairo y Jerusalén.
Jesús,
al ver aquel espectáculo, hizo de cuerdas un
látigo, un flagelo (Jn 2,15). Pero aquí no
es el terrible instrumento del suplicio de
la “flagelación.” Aquí el “flagelo” fue una
especie de varios látigos unidos en haz,
hecho con cuerdas que se hallasen tiradas
por el suelo, de las usadas para sujetar el
ganado, y que le sirviese para ahuyentar a
los profanadores. Era, como algo que
“serviría más como símbolo de autoridad que
como estimulante físico”.
6. JESÚS
EXPULSÓ TODO AQUELLO QUE, DE HECHO, VENÍA
A SER CAUSA DE PROFANACIÓN
Todos
los evangelios relatan este episodio, con
algunos matices algo distinto, Juan relata
que echó a todos los mercaderes del templo,
Lucas y Marcos lo ven como una orden de
desalojo y Mateo como la expulsión de todos
los comerciantes. Con ellos fueron arrojados
“las ovejas y los bueyes” (Jn). Pero también
se dirá que fueron expulsados “todos los que
vendían y compraban” (Mt-Mc). Debe de querer
indicarse con ello que Jesús expulsó todo
aquello que, de hecho, venía a ser causa de
profanación. A los “cambistas” no sólo los
expulsó del templo, sino que también “les
derribó las mesas” (Mt-Mc-Jn) y les
“desparramó el dinero” (Jn). Este resaltar
que “desparramó el dinero y volcó las mesas”
indica bien cómo con su mano tiró las
monedas que estaban sobre los pequeños
mostradores, y cómo también, al pasar, les
volcaba las mesitas de sus puestos.
Los
evangelistas destacan también la conducta
que tuvo con los vendedores de palomas.
¿Tiene esto un significado específico y
distinto, de consideración con ellos? ¿Es
que acaso vendían a precio justo su
mercancía y no profanaban así el templo? En
Jn se dice que les mandó que ellos mismos
desalojasen el templo; Mt y Mc, en cambio,
lo ponen en la misma línea de los cambistas:
que derribó los “asientos de los vendedores
de palomas” (Mt).
7. JESÚS,
EN SU OBRA DE PURIFICACIÓN DEL TEMPLO
El
sentido de esta escena no está tanto en los
abusos comerciales a que se prestaba aquel
comercio cuanto en el hecho mismo de haberse
establecido aquí estas ventas. Por eso, se
concibe muy bien el hecho histórico así:
Jesús, en su obra de purificación del
templo, no se limita a “desparramar el
dinero” de las mesas de los cambistas y a
“derribar” éstas, sino que parece lo más
natural que fuese derribando mesas y monedas
de cambistas, y “asientos — puestos — de
vendedores de palomas.”
Y
en esta obra de purificación mediante la
expulsión de mercaderes, decía repetidas
veces, que Mc incluso literariamente
destaca: “y les enseñaba y decía” que estaba
dicho en la Escritura:
“Mi casa es casa de oración,” y aún añade:
“para todas las gentes.” La cita está tomada
de Isaías (56:7). En ella Isaías anuncia el
mesianismo universal. Debiendo ser esto el
templo, “casa de oración,” ellos la han
convertido en una “cueva de ladrones.” La
expresión está tomada del profeta Jeremías
(7:11). En el profeta no tiene un sentido
exclusivo y específico de gentes que roban,
aunque en ella se incluye también esto (Jer
7:6.9), cuanto que es expresión genérica
sinónima de maldad. Por eso, al ingresar en
el templo cargados de maldad, lo
transformaban en una cueva de maldad.
Pero
en boca de Jesús, en este momento, la
expresión del profeta cobraba un realismo
extraordinario, puesto que aquellos
mercaderes debían de ser verdaderos usureros
y explotadores del pueblo y de los
peregrinos. El sentido, pues, de esta obra
de Jesús es claro: hacer que se dé al
templo, lugar santísimo de la morada de
Dios, la veneración que le corresponde. Es
la purificación de toda profanación en la Casa
de Dios.
8. TODO EL
PUEBLO LO ESCUCHABA Y ESTABA PENDIENTE DE
SUS PALABRAS
Sabemos
bien que, para Jesús, el templo de Jerusalén
no es el único lugar en el que se puede
orar; más aún, en algunas ocasiones ha
expresado una valoración crítica con
respecto a una concepción demasiado
materialista de las instituciones
religiosas. Ahora bien, sabemos asimismo que
el templo, en cuanto casa de Dios, no puede
ser desnaturalizado ni destinado a otras
funciones que no sean las litúrgicas: Está
prohibido, por tanto, para cualquier
intercambio comercial, que transformaría la
casa de Dios en una “cueva de ladrones”.
La
noticia final de Lucas, “todo el pueblo lo
escuchaba y estaba pendiente de sus
palabras”, viene a confirmar un hecho bien
conocido: los que ejercen el poder siguen
estando ciegos ante Jesús y ante la claridad
de sus palabras, mientras que el pueblo en
su sencillez, reconociendo que tiene
necesidad de un Salvador y de un Maestro,
está pendiente de sus labios.
El Señor les Bendiga
Pedro Sergio Antonio Donoso
Brant
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PARA LA LECTIO DIVINA (3)
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CASA DE ORACIÓN Y NO CUEVA DE
LADRONES
Podemos
detectar un profundo vínculo entre la misión
profética de la que habla la primera lectura
y la «casa de oración» de la que habla Jesús
en el evangelio. La
Palabra de Dios, en
efecto, es al mismo tiempo don del que
tienen que participar los otros mediante la
profecía y don que se ha de asimilar, en
íntimo diálogo con Dios, el donante. Se
trata de dos aspectos de una misma
experiencia espiritual, de dos momentos de
un único ministerio. Quien acoge la misión
profética con plena conciencia intuye que
ésta debe madurar en la oración; por otro
lado, quien aprende a orar no puede dejar de
sentir la necesidad de evangelizar. La
liturgia de la Palabra
supone cada día una nueva invitación a no
separar lo que en el proyecto de Dios debe
seguir estando profundamente unido.
«Casa de
oración» y no «cueva de ladrones»: esto es
verdad dicho sobre el templo en el que Jesús
entró más veces durante su vida terrena,
pero también es verdad, hoy, dicho de todo
lugar elegido y destinado para el culto.
Existe siempre, en efecto, el peligro -más
aún, la tentación- de convertir en
instrumentos los lugares de oración, para
transformarlos en lugares de interés
personal.
Se
requiere una marcada delicadeza de ánimo
para no desnaturalizar el don de Dios y
desviarlo de sus funciones originarias. No
es, por consiguiente, el templo en sí mismo,
sino lo que éste significa lo que cuenta
para Dios y para nosotros. No resulta
agradable a Dios quien dice: «El templo del
Señor, el templo del Señor» (Jr 7,4), sino
quien cumple su voluntad. No complace a Dios
quien piensa en sus propios intereses y sólo
en apariencia cultiva los intereses de Dios,
sino quien ha unido en su vida la acción y
la contemplación. Jesús presentó el templo a
la gente de su tiempo como casa de oración y
como «casa de enseñanza» (Eclo 51,23):
también para nosotros puede y debe
convertirse la Iglesia
-toda iglesia- en lugar para meditar y para
aprender la Palabra
de Dios.
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ORACION (3)
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«Si...», dice el Señor:
Si aceptas la invitación a devorar
mi Palabra, vivirás.
Si la saboreas en la boca, la
encontrarás dulce como la miel.
Si la engulles en tus vísceras,
experimentarás una gran amargura.
Si denuncias la ignorancia
camuflada, serás alejado.
Si proclamas la libertad contra el
poder, serás perseguido.
Si revelas el interés privado
contra el bien común, serás criticado.
Si buscas la aprobación de
personajes, te verás decepcionado.
Si te confías a tus fuerzas,
vacilarás fácilmente.
Si piensas que podrás ver los
frutos de lo que siembras, esperarás en
vano.
Si el pueblo está pendiente de tus
labios, alabarás al Señor.
Si obras prodigios en los
corazones, cantarás al Señor.
Si es reconocida tu misión, darás
gracias al Señor.
«Éste es mi profeta», dice el
Señor.
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SANTORAL
(4)
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DEDICACIÓN DE LAS BASÍLICAS DE
LOS SANTOS PEDRO Y PABLO.
18 de noviembre
La primera fue edificada
por el emperador Constantino sobre el
sepulcro de san Pedro en la colina del
Vaticano, y al deteriorarse por el paso de
los años fue reconstruida con mayor amplitud
y de nuevo consagrada en este mismo día de
su aniversario. La otra, edificada por los
emperadores Teodosio y Valentiniano en la
vía Ostiense,
después de quedar aniquilada por un
lamentable incendio fue redificada en su
totalidad y dedicada el diez de diciembre.
Con su común conmemoración se quiere
significar, de algún modo, la fraternidad de
los apóstoles y la unidad en Iglesia (1626;
1854).
La actual Basílica de San
Pedro en Roma fue consagrada por el Papa
Urbano Octavo el 18 de noviembre de 1626,
aniversario de la consagración de la
Basílica antigua.
La construcción de este
grandioso templo duró 170 años, bajo la
dirección de 20 Sumos Pontífices. Está
construida en la colina llamada Vaticano,
sobre la tumba de San Pedro.
Allí en el Vaticano fue
martirizado San Pedro (crucificándolo cabeza
abajo) y ahí mismo fue sepultado. Sobre su
sepulcro hizo construir el emperador
Constantino una Basílica, en el año 323, y
esa magnífica iglesia permaneció sin cambios
durante dos siglos. Junto a ella en la
colina llamada Vaticano fueron
construyéndose varios edificios que
pertenecían a los Sumos Pontífices. Durante
siglos fueron hermoseando cada vez más la
Basílica.
Cuando los Sumos Pontífices
volvieron del destierro de Avignon el Papa
empezó a vivir en el Vaticano, junto a la
Basílica de San Pedro (hasta entonces los
Pontífices habían vivido en el Palacio,
junto a la Basílica de Letrán) y desde
entonces la Basílica de San Pedro ha sido
siempre el templo más famoso del mundo.
La Basílica de San Pedro
mide 212 metros
de largo, 140 de ancho, y 133
metros de altura en
su cúpula. Ocupa 15,000 metros cuadrados.
No hay otro templo en el mundo que le iguale
en extensión.
Su construcción la empezó
el Papa Nicolás V en 1454, y la terminó y
consagró el Papa Urbano VIII en 1626 (170
años construyéndola). Trabajaron en ella los
más famosos artistas como Bramante, Rafael,
Miguel Ángel y Bernini.
Su hermosura es impresionante.
Hoy recordamos también la
consagración de la Basílica de San Pablo,
que está al otro lado de Roma, a 11
kilómetros de San
Pedro, en un sitio llamado "Las tres
fontanas", porque la tradición cuenta que
allí le fue cortada la cabeza a San Pablo y
que al cortársela cayó al suelo y dio tres
golpes y en cada golpe salió una fuente de
agua (y allí están las tales tres fontantas).
La antigua Basílica de San
Pablo la habían construido el Papa San León
Magno y el emperador Teodosio, pero en 1823
fue destruida por un incendio, y entonces,
con limosnas que los católicos enviaron
desde todos los países del mundo se
construyó la nueva, sobre el modelo de la
antigua, pero más grande y más hermosa, la
cual fue consagrada por el Papa Pío Nono en
1854. En los trabajos de reconstrucción se
encontró un sepulcro sumamente antiguo (de
antes del siglo IV) con esta inscripción: "A
San Pablo, Apóstol y Mártir".
Estas Basílicas nos
recuerdan lo generosos que han sido los
católicos de todos los tiempos para que
nuestros templos sean lo más hermoso
posible, y cómo nosotros debemos contribuir
generosamente para mantener bello y elegante
el templo de nuestro barrio o de nuestra
parroquia.
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