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Después de décadas en que el tema parecía
ser bandera excluyente de ecologistas radicalizados y científicos
locos, el fenómeno del cambio climático acapara hoy la agenda
internacional. ¿Cuál es la verdadera gravedad del problema?
"La pistola humeante se encuentra sobre
la mesa." Así, resumidas en esa frase categórica se presenta
el científico Jerry Mahlman; las conclusiones del informe que la
Comisión Internacional para el Cambio Climático (CICC) difundirá en
París esta semana y que despertaron gran expectativa en todo el
mundo. Pese a que no se darán detalles sobre el contenido hasta el
viernes próximo, Mahlman, encargado de revisar las 1600 páginas del
estudio, dijo que las evidencias sobre el cambio climático que
revela el informe son "abrumadoras". Y aunque este ex director del
Laboratorio de Geofísica de la Dinámica de Fluidos, de la
Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos
(NOAA) , cree que buena parte del proceso de calentamiento global es
todavía reversible, también cree que, cuanto más esperemos, más
serio se volverá el problema.
¿Cuán
serio?
Después de décadas en que el tema parecía
ser un granito de arena agigantado por la retórica de militantes
radicales, científicos locos o filmes del cine catástrofe, por
interés genuino o por cálculo electoral o económico el fenómeno del
calentamiento global está ahora entre los temas más acuciantes de la
agenda internacional. La semana pasada lo puso en evidencia: por
primera vez, Bush se comprometió a limitar los combustibles, y lo
hizo en su discurso sobre el estado de la Unión; diez grandes
empresas norteamericanas (entre ellas, General Electric, DuPont,
Caterpillar y BP America) pidieron al gobierno de EE.UU. una
reducción del 10 al 30% en las emisiones de dióxido de carbono en
los próximos 15 años; en el encuentro de Davos, que se realiza en
Suiza, los máximos líderes políticos y empresariales del mundo
coincidieron en definir el problema climático como el tema más
importante para el mundo, pero también como aquel para el que
estamos menos preparados.
Ya antes de esta semana
"caliente", la entrega del reporte que el gobierno británico había
encargado a Nicholas Stern, este ex economista jefe del Banco
Mundial, elevó los niveles de alarma sobre el tema. En parte, porque
sus conclusiones eran bastante catastróficas -si no se adoptan
medidas, dijo, la temperatura subirá unos cinco grados centígrados
en los próximos 100 años y los efectos negativos del proceso podrían
costarle a las economías del mundo más que la Primera o la Segunda
Guerra Mundial- y, en parte, porque la voz de alarma provenía del
corazón del sistema capitalista.
Lo cierto es que si hay dos
palabras que resumen el espíritu de la época en este comienzo de
2007, éstas son "cambio climático". Pero son palabras que llegan
cargadas de polémica, tanto porque todavía hay científicos que
descreen -del fenómeno o de sus consecuencias-, como
por los
efectos políticos y económicos que ya empiezan a hacerse sentir.
"Hemos llegado a un punto de inflexión en cuanto a lo que el
público percibe de un tema que toca al corazón de la civilización
tal como la conocemos hoy, dependiente de los combustibles fósiles y
de la tierra reconvertida para la agricultura", explica
Cynthia Rosenzweig, especialista en clima de la NASA.
En el
mundo científico, que espera con expectativas las conclusiones del
informe de la CIPP - elaborado por más de 600 especialistas,
examinado por otros 600 y editado por funcionarios de 154 países-,
se extiende el rumor de que ese informe declarará que hay un 90 por
ciento de posibilidades de que el efecto invernadero desde 1950 se
haya producido a causa del aumento del dióxido de carbono y otros
gases en al aire que han crecido por acción del hombre, y que un
mayor aumento de temperaturas (posiblemente entre cuatro y ocho
grados) y del nivel del mar está en camino.
¿En qué punto estamos?
Sin
embargo, eso no parece responder de manera categórica a las
preguntas más acuciantes: ¿en qué punto de peligro está el planeta
exactamente? ¿Qué barreras ya hemos pasado que no tienen vuelta
atrás y cuáles estamos a tiempo de corregir con las medidas
correctas? Y, sobre todo, ¿cuáles son esas medidas?
Según
Chris Flavin, presidente de World-Watch, organización líder en temas
climatológicos, no hay respuestas fáciles a estas preguntas. "Lo más
escalofriante es que no podemos saber exactamente dónde estamos
parados porque todo es muy complejo. Lo que es seguro es que hemos
pasado ciertos puntos de inflexión y, aunque reduzcamos las
emisiones, no está claro cuánto podamos volver atrás. Hay que
imaginar que estamos en un auto, manejando con los ojos vendados
hacia un precipicio. No sabemos a ciencia cierta qué hemos dejado
atrás, lo único que está claro es que, cuanto antes apretemos el
freno, antes evitaremos la catástrofe".
Vijay Vaitheeswaran,
autor de Power to the people: How the Coming Energy Revolution
will Transform an Industry, Change our Lives, and Maybe Even Save
the Planet , y editor de energía y medio ambiente para The
Economist , señala al menos una tendencia irreversible "que
debería preocupar a los porteños y su maravillosa Buenos Aires": "El
nivel de las aguas va a subir aún si limitamos las emisiones de
dióxido de carbono, y afectará a todas las ciudades costeras".
Pero, si alguien puede poner en claro hasta qué punto el
debate divide a los científicos, es Richard Lindzen. Profesor de
física atmosférica y meteorología del MIT, miembro de la Academia
Nacional de Ciencias y el más renombrado crítico de las teorías
sobre calentamiento global de origen antropogénico, Lindzen
considera que la Tierra es un planeta muy dinámico, y su dinamismo
tiene poco que ver con el hombre. Más aún, señala que tendencias
climatológicamente relevantes sólo pueden ser determinadas tras el
análisis de largos períodos, típicamente de 100 años o más. Lindzen
duda, incluso, de que haya habido un cambio irreversible. "Hay más
dióxido de carbono en la atmósfera. Esto no va a cambiar el clima,
pero sí tendrá algunos efectos. Por ejemplo, plantas que necesitarán
menos agua, con lo cual se afectará positivamente la producción de
alimentos", dice.
Ecología y política
Si
todavía hay tanta discusión, ¿por qué el presidente Bush, después de
haberse resistido durante años a que EE.UU. firmara el protocolo de
Kyoto, decidió anunciar medidas contra el calentamiento global en su
reciente mensaje al Congreso?
Lindzen vuelve a las
respuestas tajantes: "Bush no es un científico, y lo que dijo es el
resultado de presiones en un momento de histeria. Hablar del
comportamiento extraño del clima es parte del folclore de los
diarios. El tema es cómo se explica este cambio. En el siglo XVI se
quemaban brujas. Ahora estamos haciendo lo mismo en este nuevo
acercamiento medieval a la naturaleza, desesperados como estamos por
echarle la culpa a algo o a alguien de lo que no entendemos. Durante
las últimas dos décadas se ha probado una y otra vez que las
predicciones alarmistas eran erradas, pero la gente las cree cada
vez más. Lo más triste es que es un proceso que va a atrasar a la
sociedad y que va acostar millones de dólares en pérdidas de puestos
de trabajos y en el aumento de la burocracia para controlar
emisiones".
Sin embargo, aunque la posición de Lindzen es
cada vez más minoritaria, su reflexión sobre el nuevo sistema a que
obligaría el cambio de combustibles, por ejemplo, apunta a las
relaciones -nunca suficientemente claras- entre ecología, política y
negocios.
Porque, naturalmente, toda regulación y límite
implica costos y burocracia. ¿Por qué algunas de las más importantes
empresas de EE.UU. están tan apuradas ahora por introducir controles
externos sobre sí mismas? Más allá de que puedan tener genuina
conciencia verde, Flavin señala dos puntos fundamentales. Por un
lado, dado que ciertos estados como California están adelantados en
cuanto a legislación, les es complicado tener que lidiar con ellos
separadamente y prefieren que ya se introduzca una política nacional
unificada. Por otra parte, sienten que si la legislación que busca
limitar el calentamiento global se aprueba durante la presidencia de
Bush, no va a ser tan dura como si ocurriera con un próximo primer
mandatario posiblemente Demócrata y no falta tanto para las
elecciones.
Lindzen tiene una visión más cínica aún. Pese al
impacto que causó el documental de Al Gore Una verdad
inconveniente, planteado como un urgente llamado a entender la
gravedad del peligro, el científico del MIT se permite incluso dudar
de las intenciones reales del político demócrata.
"Para las
empresas es simplemente una manera de hacer dinero. Algunas son
compañías financieras que se van a beneficiar con la compra y venta
de los permisos, y van a ganar millones de la nada. Por algo Al Gore
está asociado a una buena cantidad de bancos de inversión, sentado
en sus directorios. Además, las grandes compañías pueden apoyar las
restricciones a la emisión porque saben que les pueden transferir el
costo a sus consumidores, cosa que sus pequeños competidores no
pueden hacer", subrayó. Para Lindzen, por ejemplo, el informe Stern
ya fue desafiado seriamente aun por científicos que apoyan visiones
bastante alarmistas. "¿Recuerda la vieja serie ´Sí, Premier Ministro
, sobre el funcionario servil? Bueno, esto es un caso parecido,
Stern simplemente le dio a Blair el documento que justificaba lo que
Blair quería decir".
¿Qué hacer ante posiciones tan
antagónicas? Según Vaitheeswaran, siempre va a existir incertidumbre
porque el sistema climático es el más complicado que conocemos. Pero
hay tres puntos que, en los últimos años, han ganado consenso aun
entre los críticos de los escenarios catastróficos relacionados con
el calentamiento global: 1) la Tierra está calentándose; 2) el uso
de combustibles de origen fósil contribuye al problema y 3) si no
hacemos nada, puede ser que haya consecuencias devastadoras.
Para Vaitheeswaran, ese "puede ser" no debería dejarnos
inmóviles. "No podemos darnos el lujo de esperar a que la ciencia
avance y nos dé una certeza total, porque podría ser demasiado
tarde, y la vida está compuesta por decisiones que debemos tomar en
situaciones de incertidumbre. Actuar ahora es como sacar un seguro
contra incendios. Y, por las dudas, además debemos tener siempre
extinguidores cerca".
¿Qué podemos hacer todavía?
Hay coincidencia generalizada en que es
necesario poner un límite total a las emisiones de dióxido de
carbono de la industria y, debajo de éste límite, permitir a las
distintas compañías comprar y vender sus permisos de emisión.
Además, hay que acelerar el uso eficiente del combustible y
desarrollar fuentes de energía alternativas, como eólica y solar.
"Los problemas pueden ser resueltos", dijo en diálogo
telefónico desde la la reunión del IPCC en París, Richard B. Alley,
profesor del Departamento de geociencias de la Pennsylvania State
University. Un informe del gobierno alemán estimó que se podría
solucionar el efecto invernadero a un costo de aproximadamente el 1
por ciento de la economía mundial. Probablemente gastamos mucho más
que eso ahora solucionando otros problemas. Aun así, es caro, así
que requiere de la acción conjunta de gobiernos e individuos".
También desde el encuentro en París, Kevin Trenberth,
investigador senior del National Center for Atmospheric Research,
señaló que el abordaje del problema debe tener tres aristas: la
mitigación para frenar el problema; el reconocimiento de que el
cambio climático está aquí y prepararse para sus consecuencias; y,
finalmente, la construcción de una base de observación, para poder
registrar el cambio climático en tiempo real y poder planear mejor.
Juana Libedinsky, diario "La Nación"-Buenos Aires - Enviado
por: Paula DC
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Kristen M.
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