MENSAJES :: LA SEGUNDA PROFECÍA MAYA ; LA TERCERA PROFECÍA MAYA ; LA CUARTA PROFECÍA MAYA.

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Sebastian - Contacto Global

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May 26, 2007, 4:20:13 AM5/26/07
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De: estrellam [mailto:estr...@sion.com]
Enviado el: martes, 08 de mayo de 2007 21:51
Para: "Undisclosed-Recipient:;"@misiva4.acens.net
Asunto: LA SEGUNDA PROFECÍA MAYA - reenvío

LA SEGUNDA PROFECÍA MAYA:

 

Un Legado de Símbolos, Conceptos y Profecías

Su validez en los albores del Siglo XXI: “El Tiempo del No Tiempo”

 

Cadena CARACOL – Colombia / Canal INFINITO – Argentina /

Transcripción y Edición de Siete Programas Televisivos

AÑO 1999

 

Los mayas nos dejaron muestras evidentes de sabiduría, de su altísimo nivel de evolución, de su comportamiento como una sociedad unida, como una sola mente colectiva.  Tuvieron la sabiduría para predecir los tiempos que ahora vivimos, y nos dejaron una serie de mensajes, con herramientas para superar los cambios a los que nos veremos enfrentados.  Aprendieron a ver la vida, a través de los números.  Según los mayas, a partir de agosto de 1999, la locura comenzaría a apoderarse de la Tierra, por lo que la única manera de evitarla, será sincronizándose con los ritmos de la Naturaleza.  Los mayas aprendieron a ver la vida a través de los números, utilizaron el tiempo como una herramienta para sincronizarse con los ritmos del Planeta Tierra, el Sistema Solar y la Galaxia.  Esto les permitió manejar niveles altísimos de energía vital y llegar a estados especiales de conciencia, que permiten ver la realidad de una forma más completa.  Estas predicciones mostrarán los cambios de comportamiento del hombre al final de este ciclo y la manera en la que, esta actitud, facilita o dificulta su ascenso hacia el siguiente peldaño evolutivo, vale decir, la mente colectiva.  Se analizarán las profecías, sus símbolos y los conceptos mayas.

Esta Segunda Profecía Maya anuncia que el comportamiento de toda la humanidad cambiaría, rápidamente, a partir del Eclipse de Sol del 11 de agosto de 1999.  Aquel día vimos cómo un anillo de fuego se recortaba contra al cielo; de hecho, fue un eclipse sin precedentes en la historia, por la alineación de Cruz Cósmica con centro en la Tierra, de casi todos los Planetas del Sistema Solar.  Estos planetas se posicionaron en los cuatro signos del Zodíaco, que son los signos de los Cuatro Evangelistas, los Cuatro Custodios del Trono que protagonizan el Apocalipsis, según San Juan.  Además, simultáneamente a este eclipse, la Luna proyectó una sombra sobre la Tierra, la cual atravesaba Europa pasando por Kosovo, en los Balcanes, luego Medio Oriente, por Irán e Irak, para posteriormente dirigirse a India y Pakistán.  Esta zona delimitada por esta sombra, parecía presagiar un aire de conflictos y guerras que irían a presentarse, durante los primeros años del nuevo siglo, o si se quiere, del nuevo milenio.  Los mayas predijeron que, a partir de ese Eclipse, el hombre perdería fácilmente el control de sus emociones, o bien, afianzaría su paz interior, su comprensión y tolerancia, evitando los conflictos.  Desde entonces, la humanidad ha comenzado a vivir una época de cambios, una suerte de antesala a una Nueva Era.  Precisamente, antes del amanecer, es cuando la noche es más oscura.

El “Final de los Tiempos” es una época de conflictos y de grandes aprendizajes, de guerras, separación y locura colectiva que, a la vez, generará simultáneamente, procesos de destrucción, sufrimiento y de evolución.  La Segunda Profecía indica que la energía que, en este período, se comience a recibir del centro de la Galaxia, particularmente, durante el último Katún (20 tunes o 20 años), entre 1992 y el año 2012, aumentará y acelerará la vibración, el latir de todo el Universo, para conducirlo a una mayor perfección.  Esto producirá cambios físicos en el Sol y en la Tierra, así como cambios sicológicos en el hombre, alterando su comportamiento, de la manera cómo siente y cómo piensa.  Se transformarán las relaciones y la manera de comunicarse, los sistemas económicos, sociales, de orden, de justicia. Cambiarán las creencias religiosas y los valores aceptados.  El hombre se enfrentará a sus miedos, a sus angustias, a lo que lo hace sufrir, a lo que no lo deja ser feliz, para resolverlo, sanarlo y, de ese modo, poder vibrar más alto con el Planeta, sincronizándose con los ritmos de nuestro Sistema Solar, nuestra Galaxia y el Universo en su conjunto.  La humanidad se enfocará hacia lo negativo y podrá ver claramente qué cosas está haciendo mal.  Este es el primer paso para cambiar de actitud y posibilitar la unidad que permita la aparición de la conciencia colectiva.  Se incrementarán los sucesos que nos separan, pero también los que nos unen.  La inestabilidad emocional, el miedo, la agresión, el odio, las familias en disolución, los enfrentamientos por ideología, religión, moralidad o nacionalismo.  Simultáneamente, más personas encontrarán la paz, aprenderán a controlar sus emociones, habrá más respeto, serán más tolerantes y comprensivas, y así encontrarán el amor y la unidad.

Se harán más evidentes los hombres y mujeres con un altísimo nivel de energía interna, aparecerán personas con sensibilidades y poderes intuitivos para la sanación, pero también aparecerán muchos farsantes que sólo pretenderán hacerlo a fin de obtener rédito económico, a expensas de la desesperación ajena.  Los mayas predijeron que, en 1999, comenzaría la Epoca del “Tiempo del No - Tiempo”, una etapa de cambios rápidos necesarios para renovar los procesos geológicos, sociales y humanos.  Al final del presente Ciclo evolutivo de esta Morada y de sus “moradores”, cada uno de los hombres será su propio juez, oportunidad en la cual, el hombre ingresará al Gran Salón de los Espejos, vale decir, al Juicio Final, para examinar todo lo que hizo en la vida.  Será clasificado por las cualidades que haya logrado desarrollar en la vida, su manera de actuar, día tras día, su comportamiento con los demás y su respeto por el Planeta; todo ello, coadyuvará en su clasificación.  Todos se auto-ubicarán acorde a lo que hicieron; los que conservan la paz y la armonía comprenderán lo que sucede, como un proceso de evolución en el Universo. 

En cambio, existirán otros que por ambición, angustia, miedo, agresión y/o frustración, no entenderán nada, y sólo culparán a la vida, a los demás, o a Dios por lo que sucederá.  Se generarán situaciones de destrucción, muerte, sufrimiento y dolor físico, situaciones en las que se aprenderá a las malas, pero también se generarán situaciones de solidaridad, de comprensión y respeto por los demás, de unidad con el Planeta y con el Cosmos.  En otras palabras, el cielo y el infierno se estarán manifestando simultáneamente, y cada ser humano vivirá en uno u otro escenario, de dicha y/o sufrimiento, dependiendo de su propio comportamiento.  El cielo -con la sabiduría para trascender voluntariamente lo que sucede-, y, el infierno, con la ignorancia, para aprender con dolor físico y sufrimiento.  Dos fuerzas inseparables, una que comprende que, en el Universo, todo cambia, que todo evoluciona hacia la perfección; otra, envuelta en el materialismo, que sólo quiere mantener su egoísmo.

En la época del Cambio de los Tiempos”, todas las opciones estarán disponibles, prácticamente, sin censura de ninguna clase, y los valores morales serán más laxos que nunca, para que cada cual se manifieste como es, en forma libre y espontánea.  La Segunda Profecía de los Mayas afirma que si la mayoría de los seres humanos, cambia su comportamiento y se sincroniza con el Planeta, con el Sistema Solar, la Galaxia y el Universo en su conjunto, se neutralizarían los cambios drásticos que describen las siguientes Profecías.  Hay que ser conscientes que el hombre siempre decide su propio destino, especialmente, en esta época.  Las Profecías son sólo advertencias para que tomemos conciencia de la necesidad de cambiar de rumbo, para evitar que éstas se hagan realidad.  

La Primera Profecía Maya dice que cada 5125 años, el Sol Central de la Galaxia envía un rayo de luz, con inmensas cantidades de energía, hacia el Universo.  Esto sucede para sincronizar con su latido, a todo lo que existe, a todos los Soles, a todos los Planetas, a todos los seres vivos, y conducirlos así, a una mayor armonía.  El final del Ciclo traerá cambios sin precedentes en la Tierra y en la humanidad, en la Morada y en sus “moradores”.  Los cambios en el Sol traerán aparejados cambios en la Tierra, y esto, transformará a su vez, las actitudes, emociones y pensamientos del hombre.  Los hombres avanzarán unidos en el camino de la evolución de la materia y de la conciencia. 

En la actualidad, nuestros científicos sostienen que el Sol está cambiando su comportamiento, encontrándose más activo que nunca, con niveles máximos de dinamismo, con relación a sus promedios históricos.  Se ha comprobado que hay cambios físicos dinámicos en la Tierra; disminuyó la intensidad del campo de fuerza electromagnético, es decir, del escudo que nos protege de los excesos de energía que recibimos del Sol.  La frecuencia de vibración –también llamada resonancia Schuman- aumentó dramáticamente; ésta mide la cantidad de ondas electromagnéticas, es decir, la carga eléctrica almacenada en la ionosfera.  Su medida de 7.8 ciclos por segundo era considerada una constante; tanto es así, que todas las comunicaciones globales militares están basadas en esa frecuencia.  Sin embargo, a partir de 1992, ésta comenzó a subir y, para 1999, estaba en 11.5 ciclos por segundo; los científicos ven este aumento de la resonancia Schuman, como un indicador de las diferentes variaciones de temperatura y de clima que van teniendo lugar en nuestro Planeta.

Nuestro Planeta está constituido por materias cristalinas como el cuarzo, que vibran o pulsan a un cierto ritmo de ciclos o latidos por segundo.  La ionosfera refleja esos latidos y está siendo afectada por el aumento de la irradiación del Sol.  Estos cambios afectan el comportamiento de la materia en general, a consecuencia del aumento de la vibración de la Tierra, es decir, de su “latir”.  Nuestras células, que también vibran permanentemente, tratan de sincronizarse armónicamente, con el nuevo ritmo de vibración de la Tierra, buscando un balance con el Planeta, produciendo enormes cambios en nuestro comportamiento.  Estos, aceleran al hombre y producen estados emocionales cada vez más intensos, alterando su percepción y su pensamiento.  Por ello es que, en estos días, sentimos o tenemos la sensación que el tiempo pasa con mayor rapidez, que los sucesos se aceleran debido a que nuestro cuerpo está sincronizándose con las pulsaciones más rápidas de la Tierra.  El día de 24 horas parece durar 18 horas solamente.  Sentimos que un mes pasa rápidamente; pensamos que hace poco recién comenzó el nuevo año, pero, en realidad, ya estamos a medio año.  Nos cuesta más trabajo memorizar información sencilla, como fechas de cumpleaños, aniversarios, códigos de la tarjetas para retirar dinero, lo cual se debe a la disminución de la intensidad del campo electromagnético de la Tierra. 

Muchas cosas que antes nos importaban, de un día para otro, han comenzado a perder su significado e importancia; deseamos un cambio drástico en nuestra sociedad, sin importar las consecuencias.  Queremos que las cosas cambien, que cambien nuestros valores y creencias.  Encontramos o apelamos al valor interno personal de cada uno, para tomar decisiones difíciles que antes nos inmovilizaban.  Hoy en día, propósitos de vida que perseguíamos antes, por muchos años, al presente, se desestabilizan y cambian.  Buscamos nuestro verdadero ser, lo que realmente nos importa para ser felices; enfrentamos nuestros grandes miedos, permitiendo así, la realización de grandes sanaciones.  Comenzamos a vernos de una manera distinta; profesiones que no nos hacían felices y sólo las manteníamos por compromiso o por dinero, son dejadas de lado.  Las relaciones inestables se ven forzadas a cambiar para terminar con el sufrimiento que generan, para sanarlo y vibrar más alto, y, si no lo logran, se acaban definitivamente. 

A veces nos sentimos como fuera de la realidad, distanciándonos de lo que sucede a nuestro alrededor; incluso, en estos tiempos, nos cuesta más trabajo conciliar el sueño.  Sin embargo, cuando logramos dormir, tenemos sueños reveladores, muy intensos, que logramos recordar al día siguiente.  Al otro día, despertamos después de haber dormido el número de horas acostumbrado, pero sintiéndonos cansados,  tensos y físicamente exhaustos, cual si no hubiéramos descansado.  Todos estos son ejemplos de los grandes y fuertes cambios que están sucediendo en nuestro comportamiento, en el accionar de las organizaciones sociales y políticas, en la economía y en el clima de la Tierra; todos sentimos estos cambios, unos de una manera, otros de manera diferente, pero nadie podría decir que todo sigue igual, o que no hay cambio alguno.

La Segunda Profecía Maya predice que estos cambios de comportamiento tendrían lugar al final del Ciclo que ahora vivimos.  Anunció que estos cambios se incrementarían a partir del eclipse y la alineación planetaria del 11 de agosto de 1999.  Ellos predijeron que estos cambios agotarían la vibración baja, densa, oscura, producida por el miedo y el sufrimiento, y que cuando esto haya pasado, todo el Universo sincronizado se estabilizaría en una vibración más alta, de luz y de armonía.  Los mayas encontraron que la vida tiene ciclos, peldaños que conducen a una mayor evolución, a una mayor armonía, o, si se quiere, a una mayor perfección.  El momento de transición, es decir, el paso entre algo que termina y algo que comienza, puede ser fácil o difícil; ello depende de nuestras propias decisiones.  Ese es el mensaje de los mayas en sus Profecías.

Los mayas encontraron que la vida en el Universo es un proceso eterno de ciclos evolutivos, de peldaños que conducen a posibilidades distintas de mayor armonía, de mayor luz, de mayor perfección.  Eso es lo que los mayas nos dejaron escrito en sus Códices, en sus libros sagrados, en los bajo relieves de sus muros y estelas, en la disposición simbólica de sus edificios.  Eso es lo que nos dicen con sus Profecías. 

Para ellos, el presente Ciclo evolutivo de la Tierra y de la humanidad, comienza con la manifestación del Espíritu que sale de HUNAB , su único Dios, que está en todas partes y se densifica en la materia, en el suelo y en el agua.  Así, tras varios ciclos en los que recibe la luz del Sol, este Espíritu evoluciona, germina, sale de sí mismo, comienza a reproducirse, a diversificarse, y crece sobre la Tierra en toda la vegetación.  Tras otros ciclos girando alrededor del Sol, adquiere autonomía y movimiento independiente al del Planeta, encarnándose en un ser que se arrastra por el suelo, en medio de la Naturaleza.  Luego, por primera vez siente emoción, muere y vuelve a nacer.  Se convierte en mamífero y aprende a relacionarse con los demás seres que le producen sentimientos, emociones; entonces, deja de arrastrarse por el suelo y se yergue sobre sus extremidades.  En esa situación, nace la vida inteligente, la comprensión de los Ciclos de la vida y de la muerte, la razón, el pensamiento, la posibilidad de entender la belleza de la vida, de los Ciclos. 

Seguidamente, este ser evoluciona, y mediante su propio esfuerzo consciente, encuentra su mente superior, logrando ver a través de la oscuridad; entonces, entiende el significado de la vida.  Une la razón con la intuición y se conecta con la conciencia superior colectiva, uniéndose con todos desde su individualidad, lo cual da lugar a las relaciones armoniosas, logrando así, el fin del sufrimiento.  Uniéndose a la mente del Planeta logra contacto con las otras mentes de la Galaxia; puede ver todas las vidas que ha vivido; pasa por el Cambio de los Tiempos”; su mente se convierte en Sol.  Por último, se transforma en una mente galáctica que puede generar, a voluntad, nuevamente, otro Ciclo Completo, pero un escalón más arriba, más perfecto, más cerca de HUNAB .  Así veían los mayas al Universo, como un proceso hacia la perfección; por eso entendían que todas las civilizaciones tienen ciclos que comienzan y terminan.  Este es su mensaje para las generaciones de hoy, particularmente necesarias, para la humanidad de los albores del siglo XXI.

Su Profecías son una advertencia para que como individuos tomemos conciencia de cómo transformarnos, utilizando las herramientas que ellos encontraron para evolucionar, para cambiar, evitando así, las catástrofes a las que nos veremos próximamente enfrentados. 

El manejo de su mente, de su energía vital, del tiempo, de los números y de los Calendarios, les permitió evolucionar y realizar predicciones sobre lo que sucedería en los tiempos que hoy vivimos.  Descubrieron que la vida se manifiesta en la Naturaleza, en Ciclos causados fundamentalmente, por el palpitar de la energía.  Esta última, junto a la luz y el calor irradiados por el Sol, KINICH AHAU como lo llamaban ellos, y la reflejada por la Luna, generan los Ciclos, el crecimiento, la evolución, la conciencia, la vida de todo lo que existe en el Sistema Solar.  La sincronía, el sentirse parte integrante de un “todo vivo”, aumenta el nivel interno de energía vital; abre la conciencia, permitiendo ver la realidad de una manera más completa.  La mente funcionando con altísimos niveles de energía, utiliza los dos hemisferios del cerebro, simultáneamente, poniéndose en contacto con otras mentes, de una manera telepática.  Así, se conectan en una cadena, una red de mentes individuales que forman una sola mente colectiva, una unidad armoniosa y en paz.  Dentro de una conexión de este tipo, no puede haber mentiras, ni miedos, ni odio, ni celos, ni explotación, ni materialismo.  Cambia toda la manera de relacionarnos y la sociedad ingresa en una nueva era de paz y armonía. 

Los mayas, al igual que muchas otras antiguas culturas sobre la Tierra, encontraron que el propósito más importante del hombre debe ser elevar el nivel de su energía vital; los mayas la llamaban POAH.  Se trata de la misma energía que los hindúes conocen como PRANA, en tanto que los chinos la denominan CHI.  Es la energía que mueve el cuerpo, las emociones, los pensamientos, llevando a la mente a vibrar más alto, a comprender que todo está vivo, a la unidad, al respeto por todo lo que existe, encontrando la paz, la armonía y la felicidad.  Al tener niveles muy altos de energía vital, los mayas lograban en la mente momentos de sensibilidad especial, estados no – normales de la conciencia, lo que les permitía la aparición de sentidos especiales, fuera de lo común.  Desarrollaron el poder para visualizar otros tiempos y elevarse a otras dimensiones y lugares.  Así generaron su mensaje y profecías para estos tiempos, abriendo la puerta que conduce a todo hombre, al siguiente peldaño evolutivo.

Los mayas veían la vida como un eterno proceso de perfeccionamiento.  Su concepto del tiempo no era fatalista, ni estaba centrado en la muerte, menos en el miedo al final definitivo.  La muerte, para ellos, era sólo un momento de transición a otro estado, a otro curso de aprendizaje, no representaba el fin de la vida.  Para ellos, la vida es eterna, nunca termina.  Veían la vida como un proceso eterno y repetitivo, un ritmo donde todo nace, vive, muere y vuelve a nacer, un proceso eterno hacia maneras distintas de evolución de la materia y de la conciencia.  Creían en la reencarnación; para ellos, era la forma en que la energía en formación –en forma de Espíritu- avanza en un proceso de perfeccionamiento constante y eterno.  Según ellos, en cada vida se nace para aprender algo nuevo, algo distinto.  Llamaban CAPUT SIGIL a la reencarnación, es decir, volver a experimentar la vida, nuevas experiencias que permiten al Espíritu una mayor comprensión de la vida, obteniendo cada vez, más sabiduría, más perfección.  Creían que todo ser humano estaba conformado por la suma de tres partes: el cuerpo físico, el molde astral que da forma al cuerpo, y el Espíritu que le da la vida.  A la materia física, el cuerpo, lo llamaban WIDILLIL, lo que significa, ser en vibración constante.  Al molde astral, al alma, la llamaban PIXÁN, que quiere decir, forma del ser, el molde de la materia en vibración, es decir, lo que contiene al cuerpo físico.  Para ellos, el alma es lo que contiene al Espíritu; entonces, alma y Espíritu son dos partes distintas.  Al Espíritu lo llamaban INHÁN, que quiere decir, “Ser de Sol”, algo que se perfecciona eternamente. 

Sus sacerdotes escribieron Códices enteros sobre la energía, ya que el hombre maya se veía a sí mismo, como un ser vibrante de energía que depende del Sol.  Para ellos, el cuerpo no es otra cosa que la luz condensada, cuyos desajustes muchas veces, le producían sus enfermedades a causa de vibraciones bajas y consiguientes desarreglos energéticos.  A su vez, en criterio de los mayas, la muerte no es nada más que una transformación, un cambio de PIXÁN, que dará forma a otro ser, donde encarnará nuevamente el INHÁN, el Espíritu.  Los mayas creían que el hombre reencarnaba repetidas veces, en vidas y cuerpos distintos, en tiempos y lugares diferentes; asimismo, creían que el hombre es un ser espiritual viviendo la experiencia humana; que la vida existe para contener a la diversidad, para vivir más experiencias, más posibilidades distintas de ser y sentir, para comprender que lo importante es fluir, que se vive para amar.  Así, para el hombre, algunas existencias son afortunadas para aprender a manejar la abundancia, otras son difíciles para aprender a experimentar la escasez y la pobreza, y así entender que la vida misma es lo que importa. 

Los mayas consideraban a todo lo que existe como parte de sí mismos; éste es su concepto más importante.  Al sentirse como un sólo ser vivo, con lo creado a su alrededor, se producen en el Espíritu, un estado de sensibilidad hacia todo, un respeto, un amor y un cuidado que sólo pueden conducir al bien común.  Estas cosas aumentan la intuición, facilita la conexión telepática de los unos con los otros, así como la aparición de la mente colectiva y la armonía, que es el propósito del Universo con los cambios que se avecinan.  El hombre actual puede facilitar el proceso de cambio y renovación que comenzamos a vivir, disminuir su impacto o evitar los sucesos de destrucción, si ve y siente todo lo que existe a su alrededor, como otra parte de sí mismo. 

Para los mayas, dios o HUNAB- es un organismo gigantesco, una enorme mente que contiene a todos los hombres, en la que todo vive, donde todo está conectado y forma parte integral de cada uno, formando parte integrante del todo.  HUNAB- es la fuente de energía, de la información total del Universo.  Pulsa y transmite la información que lo coordina todo, irradiando eternamente desde el centro de la Galaxia, como el corazón que, al palpitar, coordina el funcionamiento de todo el cuerpo humano.  Ellos creían que HUNAB- se manifestaba en forma de ondas, ondas de información, ondas de luz, ondas de energía, ondas de sonido, ondas de pensamiento, ondas de amor.  Creían que este ser vivo que contiene todo, estaba creciendo permanentemente, desplegándose y, al hacerlo, daba nacimiento a muchos otros soles, a estrellas, a planetas, a seres vivos con corazón y mente, que sienten y piensan.  Y sobre ellos, daba nacimiento a los hombres, a las mujeres, a los niños que no son otra cosa sino seres de luz, estrellas, vale decir, futuros soles.  Seres vivos en escalas distintas, unos más grandes, otros más pequeños, unos contienen a otros, y estos contienen, a su vez, a otros, más pequeños todavía, y así sucesivamente, todos vivos y conectados entre sí.  El hombre maya se sincronizaba a diferentes escalas con los ciclos de la Naturaleza.  Así, aprovechaba conscientemente al Sol para aumentar su energía vital y producir estados de unidad de conciencia.  La primera escala es muy íntima y cercana; se siente con el latir del corazón, que cambia de ritmo, al estar despiertos o dormidos.  La cantidad de energía que recibimos del Sol produce el ciclo básico del hombre.  En el día, esta energía la recibimos directamente, con abundancia; en la noche, nos llega muy poca, sólo la reflejada por la Luna. 

La palabra maya para día es KIN; era su unidad de medida básica para el paso del tiempo, a la cual se refieren todas las demás unidades de medida del tiempo.  Los mayas encontraron que, un número y un día, son una misma cosa; representan la unidad básica de medida relativa al Sol, el KIN, el día.  Pero también, dependiendo de la energía que se recibiera del Sol, cada día era distinto a los demás; la energía se mueve de manera diferente, produciendo una sensación distinta o, si se quiere, distintos estados de ánimo, distintos estados de la mente, del Espíritu.  Lo que diferencia fundamentalmente, un día de los otros, es la ubicación del Sol y de la Luna.  La cantidad de energía que ambos envían a la Tierra, produce una frecuencia de vibración distinta y diferentes sucesos naturales.  De ese modo, cada KIN, cada día, suena de modo distinto, convirtiéndose en la base de una canción que produce todo el Universo.  Cuando el hombre siente esa melodía, se sincroniza con ella, con todo lo existente, y encuentra su felicidad.  Veinte días sucesivos conformaban un UINAL, un mes.  Cada UINAL tiene su propio nombre; veinte nombres o vibraciones diferentes que se repiten en ciclos, indefinidamente.  Esa es la primera armonía producida por los días, al moverse la Tierra alrededor del Sol, es la armonía que escucha la comunidad cuando siente el ritmo de la Tierra.  Dieciocho (18) UINALES de 20 días cada uno, se agrupan para conformar el Año Maya, el TUN.  Es la melodía que la Tierra y el Sol, producen en su recorrido enamorado, una medida de tiempo necesaria para predecir los cambios de estaciones y de clima producidos por el Sol, cambios que afectan su vida, sus actividades, los tiempos de siembra y de cosecha.

Los mayas sabían que, en cada año o durante cada TUN, el Planeta gira 360 ° (grados) alrededor del Sol.  Para ellos, cada grado recorrido en la circunferencia, representa o equivale a un KIN, a un día.  Por eso, el Año Maya, 1 TUN, tenía 360 KINES, es decir, 360 días.  Como el Año Solar tiene 365 días, lo completaban con 5 KINES adicionales de transición llamados HUAYEB, a los que los consideraban “nefastos”, días de “mal agüero”, en los que no hacían ninguna actividad más que purificarse y festejar la llegada del Año Nuevo.  A su vez, 20 TUNES producen 1 KATUN, una nueva unidad de medida del tiempo, vale decir, 20 AÑOS MAYAS o 7200 KINES.  Esta escala siente la canción armoniosa y el ritmo del Sistema Solar, que sirven para determinar las posiciones en las que cada uno de los Planetas, refleja, de mejor manera, la luz del Sol hacia la Tierra. 

Algunas equivalencias del tiempo maya a la medida de tiempo occidental son las siguientes:

-          1 KIN       =   1 día maya

-          1 TUN      =   1 año maya

-          1 KATUN  =  20 TUNES  = 20 AÑOS MAYAS  = 7200 KINES

-          1 BAKTUN  = 20 KATUNES  = 400 TUNES  = 400 AÑOS MAYAS  = 144.000 KINES

-          1 GRAN CICLO DEL SISTEMA SOLAR  = 5300 AÑOS MAYAS DE 360 KINES =  5125 AÑOS OCCIDENTALES de 365 días

 

A su vez, 20 KATUNES producen 1 BAKTUN, equivalentes a 400 TUNES o AÑOS MAYAS, es decir, 144.000 KINES, una escala cósmica, una medida que aparece en la Biblia, en el Apocalipsis.  A propósito, el Capítulo VII, versículo 3 del Apocalipsis dice: “Oí también en número de los señalados, que eran 144.000”.  Esta es la medida maya básica de tiempo, para toda la Galaxia, el Ciclo que permite sentir los movimientos del Sistema Solar alrededor del Sol Central.  Trece (13) BAKTUNES dan la medida del Gran Ciclo del Sistema Solar en su giro por la Galaxia, es decir, 5200 AÑOS MAYAS de 360 KINES entre rayo sincronizador y rayo sincronizador, equivalentes a 5125 años de 365 días, cuyo Calendario se halla vigente en el Calendario Occidental.  A este Gran Ciclo del Sistema Solar, ellos lo llamaban: La Gran Rueda de los 13 Baktunes”, un ciclo de tiempo en el que el Sistema Solar produce una “Canción Galáctica”, el tiempo prudencial que da el Universo para que una civilización se desarrolle y culmine un proceso evolutivo.  Este Gran Ciclo del Sistema Solar es la unidad maya base de tiempo que da realidad a las Profecías Mayas, vale decir, 5200 años del Calendario Maya, son equivalentes a 5125 años de nuestro Calendario Occidental.  Este es un período de tiempo, en el cual, precisamente, en la actualidad, la humanidad se encuentra justamente atravesando el último KATUN o, si se quiere, los últimos 20 años de este período de tiempo que le resta por vivir al mundo actual.  Este es justamente, “El Tiempo del No - Tiempo”, el momento de cambio evolutivo que se explica en la anterior Profecía.  Efectivamente, de conformidad a los mayas, en agosto de 1999, el Planeta y sus moradores entraron en los últimos 13 años del actual ciclo evolutivo, el umbral del ingreso a la “Luz de la Galaxia. 

Cuando la esencia del hombre se sincroniza con la esencia de los días, logra estados superiores en la mente y en el Espíritu, experiencias del ser y del sentir, tales como la telepatía, los poderes de sanación y la capacidad de mirar en el tiempo.  Cuando los mayas comprendieron esto, decidieron representar esas sensaciones, esas cualidades y vibraciones, esos sonidos que producen cada número y cada día, en un símbolo.  Este último, tiene un efecto inmediato en la manera de sentir y pensar del hombre, permitiéndole ordenar su Universo interno y externo.  La simbolización de los días permite visualizar fácilmente, las cualidades del día que se vive y de los otros días que están por venir.  Esto permite al hombre tomar decisiones inmediatas y predecir cómo pudiera ser, el mismo día, en el año entrante, volviendo predecible cada cambio.  Consiguientemente, el Calendario se convierte en un Oráculo para predecir la vida.  Los mayas representan cualidades y sensaciones en los símbolos solares sagrados, a través de veinte (20) glifos; cada uno de ellos representan un estado del Espíritu.  Comprobaron que interiorizándolos, lograban aumentar su energía interna y sincronizarse con la Naturaleza. 

Estos son los 20 símbolos sagrados, los 20 glifos solares mayas.  Escoja el suyo, el que más le guste, aquel con el que más se identifique, con el que vibre más.  Ese símbolo tiene un mensaje maya para usted; téngalo en su mente, siéntalo con su corazón; se le entregará las claves para poder interpretarlo.

Esta es una oportunidad para poder profetizar su propia vida, para convertirse, al igual que los mayas, en “Un Caminante de los Cielos”.  La comprensión del significado del glifo solar escogido, le dará una quinta fuerza para navegar su propio Espíritu, en busca de su paz interior.  Recordará su conexión con el Universo y su sabiduría olvidada; es la puerta que puede conducirlo a su cuerpo de luz.  Mientras más seres humanos prendan su fuerza interior y aprendan a usar su sexto sentido, más fácil será el “Cambio de los Tiempos” para todos.  Como la vibración de cada día depende de la energía del Sol y la reflejada por la Luna, la posición que tengan ambos astros es muy importante.  Los mayas decidieron colocarle a cada símbolo sagrado un color que representaba, precisamente, esa dirección cardinal.  El Este –lugar de la luz- donde nace el Sol, es simbolizado por el color rojo.  El Oeste –lugar de la transformación- donde se oculta el Sol, es de color negro.  El Norte –lugar de la sabiduría- donde está la luz que nos guía, es de color blanco.  El Sur –lugar de la vida y el crecimiento- es de color amarillo.  A cada uno de los 20 Glifos Solares Sagrados le corresponde una posición cardinal representada en un color, que muestra su relación con la energía del Sol.  Nuevamente, busque y encuentre el símbolo que llamó su atención, aquel con el que más se identificó, y atrévase a ingresar en la espiral de un laberinto. 

Los símbolos rojos representan el momento de generar la luz interna, al Este.  Los símbolos negros representan el momento de transformar la luz interna, al Oeste.  Los símbolos blancos, el momento de purificar la luz, al Norte.  Los símbolos amarillos representan el momento de expandir la luz, al Sur.  Una nueva clave se agrega a cada glifo sagrado con su color asociado; le corresponde además un número del 1 al 20, que representa el movimiento del Universo.  Aquí comenzará a abrirse una “Puerta a su Mundo Interior”, una “Puerta al Infinito”, a este nuevo milenio, a otra dimensión que lo ayudará a superar las Profecías de destrucción y sufrimiento. 

El glifo escogido por usted es el más beneficioso para este momento de su vida, aunque éste puede cambiar, si se transforman sus emociones y pensamientos como resultado de la “interiorización” del símbolo.  Localice nuevamente su glifo solar sagrado en uno de los siguientes tres grupos; encontrará otra clave para su vida presente y le ayudará a predecir su futuro. 

El primer grupo tiene los símbolos sagrados asociados a los primeros siete números, del 1 al 7.  Aquí están los glifos de colores que muestran la primera etapa del hombre, el comienzo de la aventura en el laberinto de la vida.  Cuando se experimentan las sensaciones instintivas de defensa, de ataque, de sexo y las emociones para aprender a controlarlas, es cuando se abren los ojos de la mente por primera vez, y se debe averiguar, cuánto se ha avanzado.  El segundo grupo tiene los números sagrados con los números del 8 al 14.  Están los glifos de colores que muestran el segundo estado de desarrollo en el hombre, el tiempo de la evolución mental, en el camino de la evolución de la conciencia.  El momento para encontrarse con su “Yo Superior”, de reconocer el lado no racional del Universo, de examinar sus relaciones con los demás, de respetar, de comprender, de no juzgar, de sentir la conexión con la Tierra y con Dios.  El Tercer Grupo tiene los símbolos sagrados con los números del 15 al 20; representan el último paso evolutivo del hombre, el tiempo de evolucionar hacia la mente colectiva, la mente solar, la unidad de conciencia.  Estos glifos caracterizan el momento de escuchar el sonido de la Tierra, de dar ejemplo de tranquilidad y de enseñar a mantener la mente en el único tiempo que existe, el presente.  Cada Glifo Solar Sagrado se comunica con la persona que lo eligió, tiene un mensaje para el momento en que se encuentra, clarifica la búsqueda interior, ayudando a transformar, a entender el momento de cambio que todos viven, a predecirlo. 

NOTA: LOS GLIFOS IRÁN POR SEPARADO YA QUE NO PUDE INCORPORARLOS AL TEXTO.

-          El glifo número 1 representa la unidad, el dragón, simboliza el comienzo, la creación, es el número para perdonarse a sí mismo, es el día del agua. 

-          El glifo número 2 simboliza la polaridad, es la expresión de las dos fuerzas que producen la energía, el Espíritu, la fuerza vital; es el momento de controlar el carácter, es el día del aire.

-          El glifo número 3 es el ritmo y representa la densificación de la luz en materia, es el momento para buscar el balance y la paz, es el día de la oscuridad. 

-          El glifo número 4 simboliza la aparición del crecimiento, de las semilla, de la vegetación que crece pegada al suelo, es el momento de superar el racismo, es el día del maíz. 

-          El glifo número 5 representa la aparición de la autonomía, la individualidad necesaria para comenzar el camino hacia la unidad, el momento de superar la negatividad, es el día de la serpiente. 

-          El glifo número 6 representa a los ciclos, el equilibrio y el desequilibrio, el momento de entender que la vida es más que experiencias, que de finales, es el día de la muerte. 

-          El glifo número 7 es la comprensión de lo finito, la medida que permite conocer al Universo a través de sus ciclos, es el momento de controlarse a uno mismo o dejar de controlar a los demás, es el día de la mano. 

-          El glifo número 8 representa a la octava musical, la vida que renace, el amor, la simiente, es el momento de descubrir el amor incondicional, es el día del conejo. 

-          El glifo número 9 es el número mágico del tiempo, representa la periodicidad, es el momento de pagar las deudas, es el día de la lluvia. 

-          El glifo número 10 simboliza la aparición de los animales con vida emocional, la lealtad, la fidelidad, es el momento de controlar la sexualidad, es el día del perro. 

-          El glifo número 11 simboliza al azar, la inestabilidad que permite el cambio, el comienzo de la vida superior inteligente, el artista, el bufón, es el momento de la creatividad, es el día del mono.

-          El glifo número 12 representa la aparición del cerebro humano, la estabilidad compleja, es el momento de no juzgar y respetar, es el día del hombre. 

-          El glifo número 13 representa el control de los instintos, el principio del “Yo Superior”, el “Caminante de los Cielos”, es el momento de exigir respeto, es el día de la caña. 

-          El glifo número 14 simboliza la aparición del vidente, del hechicero, el que tiene poderes mágicos, el más alto desarrollo de conciencia individual, es el momento de unirse a los demás, es el día del jaguar. 

-          El glifo número 15 simboliza la conexión de todas las mentes, la conciencia colectiva en el Planeta, es el momento de dar gracias por todo lo que uno tiene, es el día del águila. 

-          El glifo número 16 representa la conexión y el contacto con la mente de la Galaxia, es el momento de controlar su poder, es el día del buho. 

-          El glifo número 17 simboliza la sincronización de la inteligencia del hombre con la inteligencia del Planeta, es el momento de descubrir el liderazgo, es el día de la Tierra. 

-          El glifo número 18 simboliza la purificación, el “Salón de los Espejos”, la transformación interna al tomar conciencia, es el momento de valorar la pureza del pensamiento, es el día del cuchillo.

-          El glifo número 19 simboliza la tormenta de cambio para transformarse en Sol, en nube, en el ser trueno, es el momento de confiar en su visión interna, es el día de la tormenta. 

-          El glifo número 20 simboliza a la mente solar, la maestría, la sabiduría, la facultad para tener a toda la Galaxia en la mente y generar, nuevamente, un ciclo completo pero más elevado, más armonioso, es el momento de servir a los demás, es el día del Señor. 

Este es el principio de su trabajo de conocimiento y transformación de su comportamiento.  Recuerde su Glifo Solar; trabaje con él diariamente, le abrirá muchas “Puertas”.

La Segunda Profecía de los Mayas sostiene que el hombre se verá enfrentado al “Cambio de los Tiempos”, que nuestra civilización dará paso a una Nueva Era, en la que todo el Universo vibrará más alto, en paz y armonía.  Los hombres siempre son dueños de su propio destino y, en el momento, entre el final de un ciclo y el comienzo de otro, pueden decidir cómo cambiar su comportamiento.  De todas maneras, el “Cambio de los Tiempos” se dará, ineluctablemente, éste tendrá lugar, ya que forma parte de los procesos del Universo.  Con nuestras decisiones, podemos intensificar la destrucción y el dolor o, por el contrario, buscar un camino de paz interior que facilite el cambio.  Si la mayoría de los hombres deciden sincronizarse con la Naturaleza, sentir las esencias de todo lo que existe, aumentarán sus niveles de energía interna y avanzaremos rápidamente para transformar nuestra sociedad. 

Este camino haría innecesarios los aprendizajes a los que nos veremos enfrentados con los cataclismos anunciados en las siguientes Profecías, conduciéndonos a una Nueva Era, sin tantos traumatismos, de un modo mucho menos trágico.  El “Cambio de los Tiempos” puede ser fácil si nos encontramos con nosotros mismos, si nos ayudamos los unos a los otros; ésa es la manera de evitar la concreción de las Profecías.       

En la presentación de la próxima profecía, se verá la Tercera Profecía Maya.  Ella nos habla de una ola de calor que cambiará el clima de nuestro Planeta, trayendo sequía, hambre y plagas.  Se verá también la importancia de los calendarios mayas, y, particularmente, algo que no se pudo tocar en esta Segunda Profecía: La Pirámide de Kukulcán.

FIN DE LA SEGUNDA PROFECÍA

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-          Serie Televisiva “LAS PROFECÍAS MAYAS”  Año 1999

    Cadena CARACOL – Colombia /

 

-          Bajo la Dirección de Fernando Malkún  -  fma...@mac.com

 

-          Guión escrito por: Fernando Malkún 

 

-          IMPORTANTE PÁGINA WEB DE Fernando Malkún:  www.fernandomalkun.com

 

-          Difusión Autorizada por: Fernando Malkún – Bogotá / Colombia

 

-          Transcripción - Edición de Siete Programas Televisivos efectuada por: 

 

Jebner Zambrana Román    

jeb...@entelnet.bo

Grupo “AMATISTA” del Maestro Saint Germain

La Paz – Bolivia

 

NOTA: El transcriptor-editor no se hace responsable de los comentarios u opiniones personales contenidas en este texto.  Cualquier crítica, reclamo u observación relacionada con el contenido de la presente Segunda Profecía Maya, debe dirigirla a Fernando Malkún, Director y Guionista de la Serie Televisiva “PROFECÍAS MAYAS”.

 

Para un mejor entendimiento de los tiempos y los anuncios hechos en las Siete Profecías Mayas, el amable lector deberá comprender que esta Serie compuesta por Siete Episodios (Siete Profecías), fue elaborada el año 1999.  De esa forma, cronológicamente uno estará mejor ubicado en coordenadas de tiempo y espacio.

 

 


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-----Mensaje original-----
De: estrellam [mailto:estr...@sion.com]
Enviado el: lunes, 14 de mayo de 2007 20:21
Para: Jebner Zambrana Román
Asunto: LA TERCERA PROFECÍA MAYA - REENVÍO

LA TERCERA PROFECÍA MAYA

 

Un Legado de Símbolos, Conceptos y Profecías

Su validez en los albores del Siglo XXI: “El Tiempo del No Tiempo”

 

Serie Televisiva Siete Episodios: “LAS PROFECÍAS MAYAS”  Año 1999

 

GUIÓN Y DIRECCIÓN: Fernando Malkún  - 

fma...@mac.comPágina Web:  - www.fernandomalkun.com

 

Nuevamente, estamos aquí para describir los ecos de las voces de los mayas; nos hablan de un camino para asumir la vida y las decisiones de manera consciente.  Ellos vivieron sin fronteras, sin límites ni propiedades; sólo buscando el bien común.  Desaparecieron misteriosamente en el año 830 d.C., de una manera, aún no explicada científicamente, precisamente, en el clímax de su civilización.  No pretendieron tener la respuesta a todas las preguntas del mundo; sólo quisieron vivir en sincronía con la Naturaleza y con la mente abierta al Cosmos.  Con la Primera Profecía, nos hacen conscientes de que no somos “ruedas sueltas” en el Universo, que éste tiene ritmos que comienzan y terminan.  Con la Segunda Profecía nos entregan un espejo para reflejar nuestras relaciones, la que tenemos con nosotros mismos y la que tenemos con los demás.  En esta Tercera Profecía lo que debemos analizar, es nuestra relación como individuos y como especie, con el Planeta en el que vivimos.  A continuación, acompáñenos a abrir los elementos que normalmente vemos sueltos, para convertirlos en una fuerza generadora de conciencia, abundancia y prosperidad.

En la Primera Profecía, los mayas afirman que el Universo tiene ciclos, vale decir, períodos de tiempo que comienzan y terminan, como el día y la noche.  Según ellos, actualmente, nos encontramos al final de un ciclo, en un período de transformación llamado “El Tiempo del No - Tiempo”, que terminará el sábado 22 de diciembre de 2012, oportunidad en la cual, se habrá cambiado, por completo, al Planeta y a la humanidad o, si se quiere, a la Morada y sus moradores”.  Esta Profecía afirma que el Sistema Solar se desplaza en una elipse, que lo aleja y lo acerca al centro de la Galaxia, de donde, cada 5125 años, recibe un “rayo sincronizador”.  Es como el “latir lumínico” del corazón de la Galaxia, que palpita para sincronizar a todos los seres vivos del Universo, aumentando, periódicamente, su nivel de vibración, conduciéndonos a una mayor armonía.  Los mayas predijeron que, el miércoles 11 de agosto de 1999, la Luna eclipsaría al Sol y, los Planetas del Sistema Solar se alinearían para reflejar la energía hacia la Tierra, acelerando fuertemente, todo el proceso de transformación. 

En la Segunda Profecía, los mayas dicen que, al aumentar la frecuencia de vibración del Planeta, su latido y nuestras células que también vibran permanentemente, tratan de sincronizarse armónicamente, con el nuevo ritmo de vibración.  Las células tratan de balancearse con el Planeta, produciendo enormes cambios en el comportamiento de los hombres.  En este “Tiempo del No - Tiempo”, vale decir, durante estos últimos 20 años antes de la conclusión del presente ciclo (1992 – 2012), el hombre se enfrentará a sus miedos, a sus angustias, a lo que lo hace sufrir, a lo que no lo deja ser feliz, a todas sus vibraciones bajas para sanarlas y poder así vibrar más alto con el Planeta y con el Universo.  El miedo, el odio, la agresión y la intolerancia, producen vibraciones bajas, mientras que, el amor, la paz, la comprensión, así como el respeto por todo lo que existe, producen vibraciones altas. 

El comportamiento del hombre puede disminuir o aumentar su energía interna; a menor energía interna, más depresión y oscuridad, mientras que, a mayor energía interna, más paz y felicidad.  La verificación de los resultados de su comportamiento ante cualquier hecho, permiten saber si la actuación sirvió para aumentar o disminuir su energía interna.  Si se alteró su paz y si lo que hizo lo hace sentir mal, es que actuó sin comprender lo que hacía, sin respeto por los demás, seguramente, desde la inconsciencia, disminuyendo su energía vital, produciéndose a sí mismo, un estado de vibración baja.  En cambio, si se siente bien, independientemente de lo que haya sucedido, es que actuó con comprensión y respeto, valorando y agradeciendo el suceso, como una oportunidad para aprender sobre la vida, es decir, actuó con sabiduría, aumentando su energía vital, y produciéndose a sí mismo, un estado de vibración alta. 

La Segunda Profecía Maya dice que nos encontramos en el “Gran Salón de los Espejos”, en el tiempo en que cada hombre será su propio juez.  Es la última oportunidad para aprender sobre nuestro comportamiento y cambiar.  La Tercera Profecía Maya nos dice que una ola de calor aumentará la temperatura del Planeta, produciendo cambios climáticos, geológicos y sociales, en una magnitud sin precedentes y, a una velocidad asombrosa.  Los mayas nos dicen que el aumento de la temperatura se deberá a la combinación de varios factores, unos generados por el hombre que, en su falta de sincronía con la Naturaleza, sólo puede producir procesos de autodestrucción; otros factores generados por el Sol que, al acelerar su actividad por el aumento de su vibración, produce más irradiación, aumentando la temperatura del Planeta. 

Cada uno de nosotros, de una forma o de otra, hemos ayudado a deforestar el Planeta o, a contaminarlo, con nuestros carros mal sincronizados, botando basura en los parques o en las calles, ayudando a que el clima de la Tierra se vuelva en contra nuestra.  Los cambios están ocurriendo ya, pero, como han ido pasando muy lentamente, nos hemos adaptado a ellos y no nos hemos dado cuenta.  El proceso global de industrialización ocurrido en las últimas décadas del pasado siglo XX, ha contaminado dramáticamente la atmósfera, con sus emisiones de gases tóxicos.  Así, la llamada “lluvia ácida”, un subproducto de la quema de carbón y derivados del petróleo, conjuntamente las emisiones industriales de sulfuros y óxidos de nitrógeno, sucede en todo el mundo y se concentra en las áreas urbanas.  Esta “lluvia ácida” corroe los monumentos y puentes, destruye la pintura exterior, mata los bosques, daña la vida marina, daña los suelos agrícolas, convierte el agua potable en tóxica y reduce la visibilidad.  Las chimeneas contaminadoras de miles de fabricantes, mayormente inconscientes al daño que producen, han cambiado los tiempos de lluvias, las estaciones y el clima.  En millones de lugares del Planeta, todavía se cocina utilizando carbón y leña, fogatas que arrojan al aire, enormes cantidades de humo, cenizas, vapor de agua y gas carbónico.  Esto produce el famoso “Efecto de Invernadero” del que tanto se habla, pues las concentraciones de partículas de carbono que quedan flotando en la Atmósfera, reaccionan químicamente con los dióxidos, aumentando la suciedad y la temperatura. 

El aire que respiramos está lleno de partículas de monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y de metano, resultado de la combustión de la gasolina en los motores de millones de carros y de miles de plantas térmicas de generación eléctrica.  Se han tumbado las selvas para convertirlas en fincas o para agrandar las ciudades.  Se han quemado los bosques que limpiaban el aire, al convertir el gas carbónico en oxígeno.  El hombre no es consciente que está depredando el Planeta, no tiene la menor idea que hay necesidad de sembrar para reponer la vegetación que consume; todo el Planeta se ha convertido en botadero de basura.  A la profundidad de los mares enviamos contenedores con residuos radiactivos; los derrames de petróleo amenazan los bancos de corales; barcos enteros llegan con residuos no degradables.  Todos estos procesos alteran el contenido de ozono en la Atmósfera; un elemento que puede causar mucho bien o mucho mal, dependiendo de la altura a la que se encuentre.

En la parte alta de la Atmósfera, entre 10 y 50 km. sobre la superficie de la Tierra, el contenido de ozono es bueno.  Allí, encontramos el 90% del ozono, un gas cuyas moléculas tienen 3 átomos de oxígeno.  Precisamente, la quinta parte del aire está compuesta por oxígeno, cuyas moléculas absorben la radiación ultravioleta del Sol y, gracias a la reacción producida por su energía, se genera el ozono.  A esa altura (entre 10 y 50 km sobre la superficie de la Tierra), el ozono es benéfico, ya que tiene dos funciones muy importantes para la vida sobre el Planeta: Primero, el ozono producido absorbe los letales rayos ultravioleta producidos por el Sol, protegiendo así, los sistemas ecológicos de la Tierra; Segundo, al combinarse naturalmente con el hidrógeno que llega a la Atmósfera como agua evaporada, se convierte en un poderoso bactericida que asegura la salubridad del aire.  Sin embargo, desde la superficie de la Tierra y hasta los 10 km de altura, encontramos el otro 10% de ozono, una capa de la Atmósfera que, debido a los efectos contaminantes del hombre, se ha convertido en un peligro. 

Normalmente, este ozono era regulado por la Naturaleza, se generaba y desaparecía inmediatamente, al reaccionar químicamente, con el aire, gracias a la luz del Sol.  El hombre ha alterado este proceso natural, al llenar la Atmósfera de partículas suspendidas de aerosoles, humo, carbón y de gases tóxicos, produciendo reacciones fotoquímicas incontroladas.  La Naturaleza no contemplaba la aparición de partículas de cloro-flúor y carbono utilizadas en la fabricación de aerosoles que permanecen flotando en el aire.  Esto ha aumentado a niveles alarmantes la cantidad de ozono ubicado a baja altura en el aire, convirtiéndolo en polución, en lo que llamamos “smog”.  En altas concentraciones en el aire, afecta al hombre, produce irritaciones en las mucosas, dolor de cabeza, disminuye la actividad física, reduce nuestra resistencia a las infecciones y aumenta las enfermedades respiratorias.  Este “smog” afecta los elementos, acelera la cristalización del caucho, decolora las telas, tejidos y obras de arte e impresiones, disminuye la resistencia a la tensión de las fibras, afecta a la Naturaleza, produciendo daños en las hojas de las plantas, eliminando su capacidad para realizar la fotosíntesis y la producción de oxígeno.

Al respirar, el hombre inhala aire y exhala gas carbónico.  La vegetación normalmente absorbe los rayos luminosos y, con su energía, transforma el gas carbónico en azúcares, almidones, celulosa y, en el oxígeno que respiramos.  Por todos estos cambios en el ozono, muchos de los grandes bosques en el Planeta se encuentran enfermos, habiendo disminuido su velocidad de crecimiento, y han perdido su follaje.  Existen plantas como el tabaco que son “bioindicadores” de la cantidad de ozono en el aire, al ser sus hojas altamente sensitivas al ozono y quemarse con su presencia. 

En la alta Atmósfera sobre la Antártida, por algunas semanas, en el mes de octubre de 1999, han aparecido enormes agujeros en la capa de ozono, los cuales van creciendo, año tras año.  Esto permite que pase la radiación ultravioleta y aumente la incidencia de cáncer en la piel, inhibiendo la fotosíntesis en las plantas y creando mutaciones genéticas indeseables.  Todo esto ha causado un aumento en la temperatura del Planeta, respecto a lo cual, los mayas nos dicen que, a partir del eclipse del 11 de agosto de 1999, el proceso de calentamiento del Planeta, se acelerará.  Científicos ingleses nos dicen que el año 1997, fue el año más caliente desde que se llevan registros.  A su vez, expertos meteorólogos de Estados Unidos, dicen que enero y febrero de 1998, fueron los meses más calientes y húmedos de los últimos 100 años.  Las variaciones climáticas como consecuencia de las actividades dañinas del hombre y de los cambios en el comportamiento del Sol, producen una disminución en las lluvias, traducidas en cambios en la cantidad, intensidad y regularidad. 

El aumento de la temperatura producirá fuertes vientos, huracanes y tornados.  Los huracanes son tormentas enormes y violentas, son un vórtice de destrucción y muerte.  “Huracán” es el nombre del “dios del mal” para los indios del Caribe.  El Huracán Mitch y el llamado “Fenómeno del Niño”, son evidencias de la tendencia a los desastres mayúsculos causados por el clima.  El Sistema Hidrológico es fundamental, pues la Tierra está cubierta por agua, en un 70%.  Al aumentar la temperatura, disminuirá la humedad relativa en el ambiente, lo que traerá como consecuencia, menos nubes en el Cielo y mayor asolación, agravando así el problema.  Ello evaporará el agua de los suelos, produciéndose grandes sequías y muchos incendios forestales en todo el Planeta.  La falta de agua producirá un “stress” en toda la vegetación, reduciendo su crecimiento y disminuyendo significativamente, el tamaño de las cosechas.  Consiguientemente, al reducirse la cantidad de agua de lluvias, también sufrirán los embalses de las presas de almacenamiento de aguas, de los lagos y humedales, creando serios problemas a toda la fauna de la Tierra.

Todo esto causará un fuerte impacto en la economía; el abastecimiento de muchos productos como el agua, forrajes, granos alimenticios, pescado y la generación hidroeléctrica, los cuales dependen sustancialmente del clima.  Vendrán los racionamientos eléctricos, el hambre y el descontento social, aumentarán los mosquitos y los insectos, junto a enfermedades tropicales como la malaria y otras plagas.  El comportamiento del hombre será crucial, para sobrellevar el aumento general de la temperatura, causada por su propia conducta inconsciente y depredadora.

La Tercera Profecía nos dice que el Sol aumentará la cantidad y la intensidad de las erupciones solares, lo que también contribuirá a producir un aumento en la temperatura del Planeta.  Los mayas estudiaron principalmente, el comportamiento del Sol.  Sabían que este Astro produce la luz y los ciclos que hacen posible, la vida en la Tierra.  Sus estudios son la base de las Profecías acerca de los tiempos que vivimos, y que hablan de cambios en el Sol.  Nuestros científicos actuales, tienen varios satélites dedicados exclusivamente, a estudiar el Sol, una de las 100 millones de estrellas de nuestra Galaxia.  El Sol tiene ciclos que cambia sus niveles de actividad, cada 11 años, rotando sobre su eje, una vez cada 27 días.  Hoy sabemos que nuestro Sol contiene el 99,8% de la masa del Sistema Solar.  No es un cuerpo sólido como la Tierra, ya que principalmente, está compuesto de gases.  El 75% es Hidrógeno, el cual, permanentemente se convierte en Helio, a través de una reacción de fusión nuclear llevada a cabo, a altísimas temperaturas en su núcleo.  Al hacerlo, produce una enorme cantidad de energía en forma de radiaciones y partículas que irradia hacia fuera, hacia su superficie, hacia el Sistema Solar.  Emite radiaciones de onda corta como los rayos X, los rayos ultravioleta, la luz visible y la radiación infrarroja de calor.  Asimismo, este Sol emite partículas de plasma de Hidrógeno y Helio llamadas “viento solar”, las cuales salen disparadas en chorro parecido al que produce un aspersor de agua. 

La luz, el calor y el “viento solar” los recibimos en la Tierra; el Planeta tiene a su alrededor un campo de fuerza magnético, un escudo de protección con forma esférica, de tres veces su tamaño.  Este escudo llamado la “magnetosfera”, contiene la Atmósfera del Planeta.  En su parte más alta se encuentra la ionosfera, donde el oxígeno y el nitrógeno que respiramos, interactúan con las partículas de Helio e Hidrógeno que llegan con el “viento solar”.  Allí se produce el ozono, al reaccionar el oxígeno con los rayos ultravioletas; estas partículas de “viento solar” traen una energía contenida en sus electrones, equivalente a varios cientos de voltios, que cargan eléctricamente la Atmósfera del Planeta, en la parte correspondiente a la ionosfera.  A veces aparecen manchas solares en la superficie del Sol, regiones con campos magnéticos muy intensos que producen fuertes estallidos de plasma en el Sol.  Al hacerlo, irradian hacia la Tierra, llamaradas con la fuerza de miles de bombas de Hidrógeno, cantidades inusuales de luz, calor y partículas de “viento solar” con alta energía.  La Atmósfera recibe la carga de esta energía inusual, causando tormentas eléctricas.  Los rayos producen daños en los transformadores de las redes y llevan la electricidad hacia nuestras casas, ocasionando pérdidas de información en los computadores.  El “viento solar” daña los componentes electrónicos o los paneles solares de los satélites, ocasionando interrupciones en las comunicaciones y en los sistemas de posicionamiento y navegación.

Los mayas tuvieron su mente abierta siempre al Cosmos; su religión fue eminentemente astronómica.  Comprendieron que el ser humano no es más que una proyección de energía y que, sin energía, no hay materia.  Encontraron que esa energía depende del Sol, que todo ser viviente, animal, vegetal, planta, mineral o metal, no puede existir sin la invisible fuerza del Sol.  Si falta la luz del Sol, se hace lenta la vida; por eso dormimos cuando no está presente.  Los mayas encontraron que la energía se mueve en ciclos y que el ciclo básico depende del giro de la Tierra sobre su Eje y de la posición alrededor del Sol.  En su búsqueda por aumentar la energía interna, se dieron cuenta que la aparición del Sol por el Este, y su desaparición por el Oeste, definía la manifestación más importante de la dependencia humana de la fuente de energía.  Definieron su concepción del espacio, basados en ese movimiento básico.  Simbolizaron las cuatro direcciones cardinales; la Esfera Terrestre en su centro y, sobre ella, la Esfera Celeste, el dominio de Kinich Ahau. 

También, estas cuatro direcciones cardinales se encuentran manifestadas en el cuerpo humano; los dos brazos y las dos piernas, que definen el espacio donde se mueve nuestra energía interna, y en los elementos básicos manifestados por la energía, que encuentran a su alrededor: el fuego, el agua, el aire y la tierra.  Crear entonces, un espacio virtual a nivel planetario, en donde existe la Tierra, siempre en movimiento alrededor del Sol.  Encontraron que este espacio tenía cuatro esquinas definidas por las posiciones extremas de ese movimiento.  Los mayas encontraron los equinoccios; cuatro únicos días de equidad al año, en que la duración del día y de la noche, son iguales.  A su vez, encontraron los solsticios, cuatro únicos días al año, en los que el Sol sale exactamente en la misma posición, en el mismo sitio del día anterior; se queda quieto.  Los otros 363 días, siempre sale más adelante que el día anterior, avanzando en su recorrido, la eclíptica.  Entre el equinoccio de verano, el 21 y 22 de marzo, el solsticio de verano el 20 y 21 de junio; el equinoccio de invierno el 22 y 23 de septiembre y el solsticio de invierno el 21 y 22 de diciembre, se encuentran las cuatro esquinas del espacio maya, esquinas que definen las cuatro estaciones climáticas del Planeta, que cambian fundamentalmente, la radiación recibida del Sol, acelerando o retardando el crecimiento de todos los seres.  Primavera, Verano, Otoño e Invierno son la manifestación más evidente de la incidencia de la energía del Sol sobre la vida en nuestro Planeta. 

Pero los mayas se dieron cuenta que no todas las cosas tienen las mismas propiedades, a pesar de estar todas expuestas a la misma luz del Sol.  Encontraron que el Sol no es la única influencia energética.  La Luna refleja la luz del Sol, influenciando con su fuerza de atracción, todos los fluidos en el Planeta.  Levanta las aguas de nuestro orbe, y las vuelve a bajar, suavemente.  Los mayas se dieron cuenta que las fases de la Luna actúan sobre los estados de crecimiento; encontraron que todos los Planetas, con sus movimientos, tienen influencias sobre nosotros; toman la energía que necesitan del Sol e irradian, la sobrante, hacia el espacio, como una piedra que expuesta al Sol, irradia calor a su alrededor.  En otras palabras, las posiciones relativas de los Planetas son muy importantes, ya que pueden provocar mayores o menores mareas alta y baja.  Asimismo, en ciertas épocas del año, pueden ser las causantes de las tormentas húmedas, de una mayor o menor temperatura de la Tierra, como de las aguas dulces y saladas.  El Sistema Solar en su elíptica de 26.000 años, que lo aleja y lo acerca al centro de la Galaxia, gira alrededor de ALCIÓN, el Sol Central de la Constelación de las Pléyades.  Este movimiento es conocido por nuestros científicos como la “Precesión de los Equinoccios”.  Esta Constelación (Las Pléyades) fue de suma importancia para los mayas, ya que, inclusive, una de sus estrellas lleva su nombre.  En la mitología griega, Las Pléyades eran 7 hermanas, hijas de Atlas y Pleyón, de las que se enamoró León, el cazador gigante que vivía persiguiéndolas; se llamaba Maia, Merope, Electra, Taygeta, Celaeno, Asterope y Esterope.  Para ayudarlas a escapar, Zeus las convierte en palomas, las cuales vuelan a convertirse en el conjunto de las estrellas de la Constelación de Tauro, el Toro.  En sus estudios, los mayas encontraron que, alrededor de todos los seres vivos, existen unos campos electromagnéticos que son afectados por estos ciclos de energía en movimiento.

El hombre maya abre su mente al Cosmos y, desde la Tierra, conecta su corazón con nuestro Sol y, de ahí, con ALCIÓN en Las Pléyades, para finalmente, llegar a HUNAB , en el Centro de la Galaxia.  Así se mueve la energía conscientemente.  Los mayas también encontraron que hay sitios geográficos que facilitan la conexión consciente con el Universo, donde se mueven vórtices de energía.  Hoy, es posible verificar que en todos los cuerpos esféricos planetarios, entre los 19° y 20° de Latitud Sur y Norte, se manifiestan en el plano físico, un fenómeno que expresa el movimiento de la energía.  Por ejemplo, si miramos la Luna; a los 19,5° Sur, en la “cara oculta”, aparece una extrusión de lava llamada “Mare Tsiokovskii”.  En su parte superior, está el “Mare Moscoviense”.  A su vez, en el Sol, la mayor cantidad de explosiones o manchas solares en la corona, se manifiesta a los 20° de Latitud Sur y a los 20° Norte.  Por su parte, el Planeta Marte tiene el Volcán Olympus, el volcán más grande del Sistema Solar, situado a los 19,3° de Latitud Norte.  Venus tiene los volcanes activos Alpha y Regio situados a los 19,5° de Latitud.  El gran punto rojo de Júpiter está a los 19,5° de Latitud Sur.  En Saturno, la nave Voyager tomó unas fotografías de las nubes en movimiento, cuyo movimiento más fuerte se encuentra a los 19,5° de Latitud Norte y Sur.  En Neptuno se encontró un punto oscuro a los 19,5° de Latitud Sur.  Finalmente, la Tierra tiene el volcán más activo del Planeta, el Mauna Ki en Hawaí, a los 19,5° de Latitud Norte.  ¿Casualidades?  Valdría la pena investigar las teorías al respecto, de Richard Poddler y su Hipótesis de Sidonio.

Miremos el sitio donde vivieron los mayas y analicemos geométricamente al Planeta.  Un cuadrado contiene la esfera.  Colocamos una línea sobre el ecuador a los 0° y otra vertical, a los 90° de Longitud.  Contengamos el cuadrado en otra circunferencia; si dibujamos dos triángulos equiláteros, veremos que sus bases se encontrarán a los 19,5° de Latitud Sur y Norte.  Curiosamente, a los 19,5° de Latitud Norte y 90° de Longitud, se encuentra la Pirámide de Kukulkán, en México, la cual fue construida en el centro de la masa continental americana.  Esta Pirámide es una muestra de los conocimientos matemáticos, geómetras, astrológicos, filosóficos y religiosos mayas.  Ocupa el centro exacto del espacio terrestre y es el punto de enlace entre el espacio celeste y el inframundo.  Allí, en el año 430 d.C., los mayas construyeron una inicial Pirámide, la cual, durante su apogeo, creció sobre ella, la que aún permanece en la actualidad. 

La Pirámide de Kukulkán es un gigantesco “reloj solar”, el cual era utilizado por ellos, para ajustar sus calendarios, una confirmación del conocimiento exacto de los movimientos del Sol, le da, a su religión, un sentido filosófico, cronológico y esotérico.  La Pirámide de Kukulkán les permitía activar todos los centros energéticos del hombre, vale decir, los chakras, que alimentan de energía a los sistemas físicos glandulares.  Para ello, utilizaban sonidos rítmicos que ayudaban a la mente a sincronizarse con el “todo”, produciendo vibraciones energéticas muy altas, así como estados de sensibilidad especial. 

La ubicación del hombre alrededor de la Pirámide, les permitía conectar los chakras en su columna vertebral, con el KUXAN SUUM, la “columna vertebral del Universo”, el “cordón” que une al hombre maya con el Sol y, a través de él, con HUNAB , en el centro de la Galaxia.  Esto se lograba al sincronizar las dos partes del cerebro del hombre; la parte izquierda que controla la razón y la lógica, con la parte derecha, la que maneja la intuición, la sensibilidad.  Al vibrar colectivamente, se conectan las mentes en una sola, permitiendo trascender a nuevas dimensiones del ser.  Los mayas aprendieron a utilizar la mente con los dos hemisferios del cerebro, simultánea y equilibradamente, logrando desarrollar los nuevos sentidos telepáticos que permiten la unidad de consciencia colectiva. 

Precisamente, una semana después de que el niño maya nacía, comenzaba el primer proceso de iniciación para la utilización eficiente del cerebro.  Para ello, aprisionaban la cabeza del recién nacido con unas tablillas de madera, envolviéndolas fuertemente, con una tela de algodón, a fin de producir un estiramiento de los huesos del cráneo.  Con esto, reposicionaban y excitaban dos glándulas; una de ellas, que se encuentra al centro de la frente, a la altura del denominado “Tercer Ojo”, llamada glándula pituitaria.  La otra que se encuentra en el centro del cráneo, llamada glándula pineal.  Trabajando en conjunto, estas glándulas producen unas substancias que desarrollan la clarividencia, es decir, excitan al cerebro, permitiéndole captar o transmitir el pensamiento.  Para los hindúes, estas glándulas se comunican directamente con los chakras de la frente y de la corona, sitios de entrada de la energía, del Prana, del Puah.  Éstas, producen también estados especiales de sensibilidad de la mente, en la consciencia, facilitando el contacto espiritual, así como la comunicación con las esencias de todos los animales, de todas las plantas, de todos los elementos.  En otras palabras, los mayas lograban que, en forma simultánea, los hemisferios del cerebro funcionaran de una manera simultánea, más efectiva.  La parte izquierda, lógica y racional, y la parte derecha, femenina e intuitiva.

A su vez, cuando el niño maya había cumplido 20 meses, comenzaba el segundo proceso de iniciación; es así que, de la cinta que todavía aprisionaba su cabeza, la madre le colgaba una bolita de copal, una especie de incienso sagrado, entre las cejas, en el centro de la frente.  El olor del copal excitaba las glándulas, mientras que, el forzar la vista para mirar la bolita en el centro de los dos ojos, les enseñaba a utilizar, simultáneamente, los dos hemisferios del cerebro, experimentando lo que se sentía.  Investigaciones actuales, demuestran que nuestro cerebro, prácticamente, no usa su parte derecha y que, al operar simultáneamente, se produce una percepción mayor de la realidad.  Se puede ver el “aura”, es decir, el campo de energía emitida a su alrededor, por todas las personas, la cual, cambia de color, de acuerdo a su estado de ánimo.  Una muestra de eso son las imágenes estereoscópicas actualmente utilizadas en libros y postales, que fuerzan al cerebro a utilizar, simultáneamente, los dos hemisferios, para poder ver la figura. 

El diseño de la Pirámide de Kukulkán está basado en las proporciones áureas generadas por la descomposición armónica, de una circunferencia inscrita en un cuadrado, o, si se quiere, de un cubo inscrito en una esfera.  La Pirámide puede ser contenida en un cuadrado de 55 metros de lado, inscrito en una circunferencia de 80 metros de diámetro.  Esta Pirámide tiene una orientación precisa de 17° al Nor-Este, para recibir la luz del Sol en los días del equinoccio, y permitir el armonioso juego luminoso que simboliza la bajada a la Tierra de Kukulkán.  Su estratégica localización favorece para recibir la energía del Sol, en los equinoccios, cuando los días tienen la misma duración que la noche, donde prácticamente, la luz y la sombra están en equilibrio.  Es cuando todas las condiciones energéticas y espaciales están dadas para dirigirse hacia HUNAB . 

En una ceremonia con “mántrans rítmicos” se producen estados alterados de la consciencia, que permiten manejar la realidad de una manera distinta.  Si al cuadrado donde está contenida la Pirámide, lo rotamos 45°, se divide la circunferencia en 8 medidas iguales que, al unirse, producen un Octógono.  Este octógono define el tamaño y la ubicación de su centro, conformado  de cuatro escaleras de piedra, las cuales conducen al Templo ubicado en la parte superior de la Pirámide.  El ancho de las escaleras es definido por triángulos, con su base, en los lados del cuadrado.  El lado del octógono, tomado o considerado como radio, define el tamaño de la plataforma central y del Templo en la parte superior.  Verticalmente, son también, absolutamente increíbles, las proporciones que manejaron los mayas. 

La Pirámide de Kukulkán tiene 30 metros de altura; 9 plataformas soportan un pequeño Templo en la parte superior que representa a nuestro mundo; sobre él, la bóveda celeste, el espacio del Sol, de KINICH AHAU.  Las nueve plataformas representan a los “Nueve Señores de la Noche, del Conocimiento y el Tiempo”, los conocedores de la mente total del Universo, los adivinos de la armonía, seres que enseñaron a los mayas, a comprender y sentir la unidad.  Ellos trajeron el saludo maya: Inlakesh Alake, que significa: “Yo soy tú; tú eres yo”,  una muestra de armonía, con el respeto por la libertad del individuo y por sus decisiones.  La inclinación de las nueve plataformas de la Pirámide de Kukulkán, es de 51° 51”, o sea, la séptima parte de la circunferencia, curiosamente igual a la inclinación de la Gran Pirámide o Pirámide de Keops, en la Meseta de Gizeh, cerca de El Cairo, en Egipto.  Cada escalera tiene 91 peldaños de piedra, haciendo en total, 364 gradas, cifra a la que añadiendo la plataforma superior, se conforman las 365 gradas o, si se quiere, los 365 días correspondientes al Año Solar.  Las balaustradas de las escaleras contra las que se proyecta la luz y la sombra en los equinoccios, tienen un ángulo de 45° exactos.  La decoración exterior de la Pirámide no fue arbitraria, sino pensada y estudiada profundamente, para representar simbólicamente, lo más significativo de su realidad: El Tiempo.

A cada lado de la escalinata principal, hay 26 paneles rehundidos, o sea, 52 paneles por fachada, que corresponden al Ciclo Maya de 52 años, fractal del Gran Ciclo de 5200 Tunes existente entre rayos sincronizadores.  Esta Pirámide tiene 18 plataformas, 9 a cada lado de la escalera principal, muestran un claro simbolismo de la división del Año Solar Maya, en 18 meses.  Por su parte, la presencia de 5 adornos o almenas coronaban el Templo en la parte superior, por cada uno de los cuatro lados, produciendo el simbolismo del UINAL, o mes de 20 días. 

En la civilización maya, desde el día 16 de marzo de cada año, todo el pueblo se congregaba comandado por sus señores y por los AHAU KINES, los Sacerdotes del Culto Solar, todos ellos, situados alrededor de la Pirámide de Kukulkán.  Las almenas con plumas de quetzal y banderas, engalanaban el Templo en lo alto, símbolo de las fiestas y del vuelo de Kukulkán para recibir el Año Nuevo Maya.  Así comenzaban los HUAYEB, vale decir, los últimos 5 días del año que, con sus noches, eran considerados nefastos, representando el tiempo para las ceremonias de purificación, oportunidad en la que se realizaban ayunos colectivos como signo de limpieza.  En la plaza, frente a la Pirámide, se bailaba para equilibrar las energías masculina y femenina como ofrenda a CHAC, la esencia de la lluvia.

MÁNTRAMS SAGRADOS:

Palabras repetidas rítmicamente con los nombres de las esencias, producían un estado alterado de conciencia colectivo.  El día 21 de marzo, quinto y último día HUAYEB, 21 DESUL, día del Equinoccio de Verano; entre la 1 de la tarde y las 4 de la tarde, se produce un movimiento ondulatorio de luz y sombra, contra la balaustrada de la escalera principal que remata en la cabeza de la serpiente.  En esa situación, Kukulkán baja del cielo anunciando el nuevo año y la época de siembra.  El fenómeno de luz y sombra indica el fin de la sequía.  Ese es el momento de preparar las tierras para la siembra, cuando se volvían a escuchar los cantos de las aves.  Era el tiempo de la Primavera. 

Al atardecer, hacia las 4 de la tarde, se puede ver el triángulo isósceles en la parte superior de la Pirámide de Kukulkán, y luego, poco a poco, se van formando, uno a uno, los siete triángulos que conforman el cuerpo serpentino en la Pirámide.  Siete triángulos isósceles de luz que representan a los siete chakras del cuerpo humano.  “Siete Serpientes” es también el nombre de la semilla del maíz.  La cabeza de la serpiente, situada a un lado de la escalera principal, toma vida al recibir la luz del Sol.  En su boca se depositaba las ofrendas y, en lo alto de la Pirámide se encendía el fuego del Año Nuevo, con el que se procedía a quemar incienso y copal.  Este último, estaba dedicado al ritual del Sol y del fuego.  Se tomaba el “balyé”, una bebida fermentada de miel con pepitas de calabaza y de habas, que simbolizaban el tiempo de siembra.  De esa manera, el último triángulo formado era el primero en desaparecer, en un movimiento que vuelve a conducir simbólicamente, la Serpiente Emplumada hacia el Cielo.  Luego, se repartía el fuego en antorchas a cada familia, recogiendo las banderas, para luego volver en procesiones a la Casa del Señor y, de allí, cada cual, a la suya. 

Posteriormente, con el fuego nuevo, se procedía a quemar los montes para preparar el suelo o la tierra para la labranza.  Utilizando su sabiduría sobre los ciclos naturales, los mayas lograron incrementar su energía vital, así como aumentar su intuición y percibir todo como una unidad de consciencia.  Tuvieron la claridad para prever que nosotros pasaríamos por los mismos procesos evolutivos y nos dejaron claves para ayudarnos.  La serpiente cascabel, “Crotalus Durisuss” en la cultura maya, representa al Sol.  En lengua maya, Tzabcam proviene de los términos Tzab: cascabel y Cam: serpiente.  También Tzabcam quiere decir cuatro; cuatro serpientes, cuatro elementos, cuatro ciclos: nacimiento, crecimiento, madurez y muerte.  Cuatro estados de la Naturaleza; cuatro movimientos de las ondas; las cuatro esquinas del espacio que formaba el Sol en los equinoccios y en los solsticios. 

Para los mayas, la Pirámide de Kukulkán era un reloj solar; cada año en julio, cuando el Sol alcanza su punto más alto en el Cielo, esta Serpiente cambia de piel y, en su cola crece un nuevo cascabel, con forma de corazón, que simboliza el año maya.  Los triángulos isósceles de su piel se vuelven el elemento más importante de la decoración de sus Palacios y sus Pirámides.  Cada veinte días, pierde sus colmillos una vez, tiempo que equivale a la duración de un UINAL MAYA, vale decir, el mes maya.  La serpiente significa el movimiento ondulatorio y cíclico del tiempo.  El cambio de piel de la serpiente y el surgir fresca, cada año, representa la vida eterna, representa la reencarnación, el convertirse en un hombre nuevo.

Los mayas creían que el Espíritu comienza encarnándose en una serpiente, por lo cual, se halla obligado a reptar el polvo del suelo, de la tierra, muriendo y renaciendo, perfeccionándose hasta poder elevarse del Planeta Tierra.    En ese momento desarrolla las emociones encarnándose en un animal, evolucionando paso a paso, hasta nacer como un hombre, obteniendo la razón, el pensamiento.  Una vez que el Espíritu se ha encarnado en un hombre, deja la forma física a través de su propio esfuerzo consciente, elevándose hacia planos superiores, cual si fuera un pájaro, la “serpiente emplumada”. 

La historia de la evolución de la serpiente en águila, es la base de la filosofía maya; el hombre maya se transforma a sí mismo, haciéndose verdaderamente libre, dentro de ese proceso eterno de evolución ascendente de consciencia.  El águila simbolizaba al Espíritu; la pluma representa el elemento aire, al elemento espiritual que permite viajar sin límites y sin fronteras por el Universo.  Las plumas de águila, de quetzal o de cualquier otro pájaro, representaban estados de consciencia; mientras más grande era el penacho de la persona que lo portaba, mayor era su estado de consciencia.  Los mayas ganaban sus plumas en las iniciaciones, con el conocimiento, ya que si los iniciados pasaban las pruebas exitosamente, los maestros los premiaban con los jades, las turquesas, los cascabeles y las plumas.

La Escuela de Misterios de Kukulkán enseñaba a elevar la energía vital, la energía de la serpiente, el kundalini hindú.  Se unen todos los centros energéticos a través de la columna vertebral con la energía del águila espiritual en la cabeza.  Para lograrlo, se requería un acto de sacrificio de la voluntad individual, ante la voluntad suprema de Dios; la voluntad del individuo, la serpiente, es puesta en línea con la voluntad de Dios, el águila.  El individuo debía morir para sí mismo, con el fin de renacer, vinculado con la consciencia cósmica, con el “Todo”, abandonando su identidad ilusoria, su ego, sus “apegos” emocionales, materiales y sexuales.  Esta es la historia que cuentan los murales mayas, pero hay que leerla con los ojos del conocimiento para entenderla.  Años de preparación para enfrentar las pruebas supremas y, entonces, absolutamente solos, encontrarse con Dios.  

El próximo Capítulo está relacionado con la Cuarta Profecía Maya, la cual anuncia el reverdecer del Planeta Tierra, cuando el hielo de los glaciales, que se encuentran en los Polos, se conviertan en agua y ella se ubique donde no ha estado durante miles de años.  Esto cambiará la forma de los Continentes donde vivimos.  También, continuaremos escuchando el eco de las voces de los mayas.

FIN DE LA TERCERA PROFECÍA

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-          Serie Televisiva de Siete Episodios: “LAS PROFECÍAS MAYAS”;  Año 1999

-          GUIÓN Y DIRECCIÓN: Fernando Malkún  -  fma...@mac.com

-          La siguiente Página Web de Fernando Malkún, ofrece para la venta los Siete DVD’s correspondientes a las Siete Profecías Mayas:  www.fernandomalkun.com

-          Difusión Autorizada por: Fernando Malkún – Bogotá / Colombia

-          TRANSCRIPCIÓN - EDICIÓN DE SIETE PROGRAMAS TELEVISIVOS EFECTUADA POR: 

Jebner Zambrana Román      jeb...@entelnet.bo

Grupo “AMATISTA” del Maestro Saint Germain

La Paz – Bolivia

 

NOTA: El transcriptor-editor no se hace responsable de los comentarios u opiniones personales contenidas en este texto.  Cualquier crítica, reclamo u observación relacionada con el contenido de la presente Tercera Profecía Maya, debe dirigirla a Fernando Malkún, Director y Guionista de la Serie Televisiva “PROFECÍAS MAYAS”.

Para un mejor entendimiento de los tiempos y los anuncios hechos encada una de las Siete Profecías Mayas, el amable lector deberá conocer que esta Serie compuesta por Siete Episodios (Siete Profecías), fue elaborada el año 1999.  De esa forma, cronológicamente, uno estará mejor ubicado en coordenadas de tiempo y espacio.

 


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-----Mensaje original-----
De: estrellam [mailto:estr...@sion.com]
Enviado el: miércoles, 23 de mayo de 2007 1:09
Para: "Undisclosed-Recipient:;"@misiva13.acens.net
Asunto: LA CUARTA PROFECÍA MAYA - reenvío

LA CUARTA PROFECÍA MAYA

 

Un Legado de Símbolos, Conceptos y Profecías

Su validez en los albores del Siglo XXI: “El Tiempo del No Tiempo”

 

Serie Televisiva de  Siete Episodios: “LAS PROFECÍAS MAYAS”  Año 1999

GUIÓN Y DIRECCIÓN: Fernando Malkún  -  fma...@mac.com

Página Web:  www.fernandomalkun.com

 

Los mayas fueron una cultura eminentemente astronómica; consideraban al ser humano como una proyección de energía.  Nos dejaron sus estudios de los calendarios más precisos, en comparación con todas las civilizaciones sobre el Planeta Tierra.  Precisamente, estos Calendarios, son la base de todas sus Profecías.  En este Capítulo, se verán su importancia y significado para la humanidad que está viviendo los últimos períodos del siglo XX, ya entrando a los albores del siglo XXI.  Esta Cuarta Profecía predice un aumento en la temperatura del Planeta, causada por la conducta anti-ecológica del hombre, conjuntamente, una mayor actividad del Sol, lo cual provocará un derretimiento de hielo en los Polos.  Si el Sol aumenta su nivel de actividad por encima de lo normal, entonces habrá mayor producción de viento solar, más erupciones masivas desde la “corona” del Sol, así como una mayor irradiación, aumentando la temperatura del Planeta.  Los mayas utilizaron el giro de 584 días de Venus, un Planeta que es fácilmente visible en el Cielo, pues su órbita está entre la Tierra y el Sol, como un “calibrador astronómico” para basar sus cálculos solares. 

Ellos dejaron registrado en su Códice Dresde, que cada 117 giros de Venus, marcados cada vez que volvía a aparecer en el mismo sitio en el Cielo, el Sol tenía fuertes alteraciones, apareciéndole enormes manchas o erupciones de viento solar.  Para los mayas, durante el período de finalización de un Gran Ciclo del Sistema Solar y el comienzo de otro, aparecen enormes manchas o erupciones de vientos solares.  Los mayas advirtieron que cada 1.872.000 KINES o 5125 años occidentales, se producían alteraciones aún mayores y que cuando esto ocurre, el hombre debe estar alerta, pues estas erupciones de vientos solares se producen, son presagios de cambio y destrucción.  En el Códice Dresde también aparece la cifra 1.366.560, la cual, tiene una diferencia de 1 KATUN, vale decir, 20 Años de los nuestros, con relación a la cifra que aparece en el Templo de la Cruz.  En este Templo, ubicado en Palenque, está tallado en la piedra el número 1.359.540 KINES.  La diferencia que tiene con el número anotado en el Códice Dresde es de 20 AÑOS o 1 KATUN.  Este espacio es un período de tiempo que los mayas llamaban: “El Tiempo del No - Tiempo”, precisamente, el tiempo en el que actualmente vive la humanidad, desde el año 1992. 

En sus Profecías, ellos señalan que durante estos años, los cambios en la actividad del Sol serán aún más fuertes, puesto que las protecciones que tenemos a nivel planetario se están debilitando, razón por la que, el escudo electromagnético que nos cubre, está disminuyendo su intensidad.  La producción de ozono en la ionosfera, que impedía la llegada de rayos ultravioleta, al reaccionar con ellos, ha disminuido y han aparecido unos enormes agujeros, justamente sobre los Polos Norte y Sur del Planeta, permitiendo la llegada de los rayos del Sol a la superficie de la Tierra.  La actividad del hombre está alterando la composición de la atmósfera produciendo el llamado “Efecto Invernadero” que atrapa el calor, aumentando la temperatura. 

Todos estos fenómenos, al ocurrir simultáneamente, producirán alteraciones en el clima y un aumento de la temperatura en los mares, situación por la cual, los glaciales ubicados en los casquetes polares se derretirán más rápido.  Esto causará un aumento en el nivel de los mares, produciendo inundaciones en las regiones costeras, así como la modificación de la forma de los continentes donde vivimos.  Los mayas predijeron que ésta será la forma en la que el Planeta se limpiará y reverdecerá por todas partes.  Al respecto, no se puede desconocer que el aumento de la temperatura del Planeta ya está en curso.  Informes científicos de diversas fuentes así lo confirman.  Asimismo, estudios realizados en los bosques de Mongolia, Rusia y Estados Unidos, demuestran científicamente que los anillos de la corteza de los árboles son más gruesos en períodos de calor intenso, y, más angostos en los períodos fríos.  Estos indicadores, son buenos medidores de los cambios de la temperatura del Planeta. 

Éstos han podido ser medidos desde el año 1500 d.C., aunque las mediciones indican que, desde el año 1870, las temperaturas del Planeta habrían ido en aumento.  Informes de la Environmental News Network (ENN), afirman que la nieve seca en Groenlandia ha disminuido y han aumentado las áreas donde se derrite el hielo.  Los cambios más grandes ocurren en el borde sur-este de la “capa de hielo”.  La temperatura en Groenlandia aumentó 1° (grado) centígrado en los últimos años.  También se informa que el aumento en la temperatura de la superficie de los mares en los trópicos, está causando alteraciones en los ciclos hidrológicos como los llamados “Fenómeno del Niño” y “Fenómeno de la Niña”.  El comportamiento inusual del clima se ha vuelto rutinario.  Las corrientes cálidas que entran al Pacífico desde el Océano Indico llamada ”Del Niño”, son una de las causas de este calentamiento, así como de las sequías e inundaciones que tienen lugar desde Indonesia hasta Medio Oriente.  El sistema hidrológico es sumamente importante para el manejo del clima, pues el 70% del Planeta está cubierto de agua. 

Estudios realizados por la Universidad de Colorado, en los Estados Unidos, concluyen que los glaciales y los nevados de las altas montañas en todo el mundo, están disminuyendo su volumen notablemente, como resultado del aumento general de la temperatura del Planeta.  Así, por ejemplo, el glacial más grande de Africa, en el Monte Kenia, perdió el 92% de su masa; a su vez, los glaciales del Monte Kilimanjaro se han reducido en un 73%.  En 1980, en España existían 27 glaciales, cuyo número en la actualidad, se ha reducido a solamente 13.  En los Alpes europeos y en el Cáucaso en Rusia, en los últimos años, los glaciales existentes se han achicado en un 50%.  En Nueva Zelanda y los Montes Tien Shan, entre Rusia y China, los glaciales han disminuido en un 26%. 

Los cálculos preliminares del estudio dicen que si los cambios continúan al mismo ritmo, en 50 años no habrán más picos nevados en ninguna parte del mundo.  En la Antártida, la situación es aún más grave; algunos de sus glaciales se están derritiendo desde su parte central y no así desde sus bordes.  Es sabido que cuando un estanque o lago helado comienza a derretirse, lo hace siempre desde su centro.  La temperatura promedio en la Antártida ha aumentado 2.5° (dos grados centígrados y medio)  en los últimos 25 años, y está apareciendo vegetación en partes donde antes no existía más que hielo.  Un enorme pedazo del témpano de hielo Larsen, que antes unía la Isla de James Crost con este Continente, se desprendió de la masa helada continental, desplazando su peso en agua.  Con 70 km de largo, por 40 km de ancho y 200 metros de altura, éste es un mega-glaciar del tamaño de Luxemburgo.  Su mayor volumen está debajo del agua, ya que sólo un 10% de él sobresale a la superficie.  Como el hielo es más liviano que el agua, al flotar este mega-glaciar se coloca en balance isostático.  La fuerza centrífuga del Planeta hace que este inmenso témpano se mueva hacia el Ecuador, donde hay mayor temperatura y, por lo tanto, este témpano se está derritiendo. 

En 1998, el Proyecto Estación Zebra confirmó que los hielos de los Polos se están derritiendo.  Los científicos descubrieron que para llegar al Ártico, les tocó viajar 150 kms más sobre el agua, con relación al año anterior de 1997.  Cuando midieron el grosor de una capa de hielo que antes tenía 3 metros de espesor, encontraron que ahora sólo tenía 2 metros.  Ello significa que los glaciales se están derritiendo y la expansión térmica de los océanos producirá una elevación del nivel general de los mares, en todo el Planeta.  Esto traerá tormentas más frecuentes y violentas.  A propósito, el acuerdo al que se llegó en Kioto – Japón, sobre la emisión de gases al medioambiente, desacelerará un poco, el proceso de descongelamiento de los glaciales, aunque, por supuesto, no logrará detener la acumulación de gases en la atmósfera.  El 50% de la población del mundo vive cerca del mar, por lo cual, millones de personas se verán afectadas y desplazadas de sus hogares. 

El año 1998, se establecieron registros de altas temperaturas, las más altas en los últimos 600 años.  Sin embargo, un aumento de la temperatura como el que ha venido ocurriendo, no cambiaría rápidamente los niveles del agua en todo el Planeta, por lo cual, éste será un proceso que tomará varios años.  Lo único que podría lograrlo es un cambio súbito en la posición de la corteza terrestre, con relación a su núcleo central, lo cual ya ha ocurrido varias veces en el remoto pasado, cuando los Polos del Globo Terráqueo cambiaron de posición.  Sabemos que muchas cosas que no queremos que sucedan y que causen grandes tragedias, finalmente suceden.  Debemos concentrarnos en producir resultados positivos de nuestras acciones y, al mismo tiempo, crecer con las dificultades que encontremos.  Debemos asumir la vida y tomar nuestras decisiones de manera consciente; hay que abrir los ojos a las posibilidades que puede traernos un mundo en el que todos culpan a los demás por lo que sucede.

Al presente, el Escudo Magnético de la Tierra ya presente Grietas:

A propósito de los vientos solares, recientes descubrimientos publicados a mediados de marzo de 2004, por parte de la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA), indican que se ha descubierto que en la magnetosfera terrestre, de vez en cuando, se abren grietas y permanecen así, por horas.  Estas grietas permiten que el viento solar penetre a la superficie de la Tierra, produciendo tormentas espaciales.  La magnetosfera no es otra cosa que un campo de fuerza magnética, una especie de “burbuja espacial” de decenas de miles de kilómetros de ancho.  Es una parte lejana del mismo campo magnético planetario que desvía las agujas de las brújulas en la superficie de la Tierra.  Actúa como un “escudo” que protege al Planeta de las tormentas solares.

La nave espacial Image y el grupo de satélites Cúmulo (Cluster Satelites) con los que trabajan en forma conjunta, la NASA y ESA, hicieron el hallazgo.  “Hemos descubierto que el escudo magnético está expuesto a las corrientes de aire, como una casa con una ventana abierta durante una tormenta”, explicó Harald Frey de la Universidad de California, Berkeley, autor del artículo sobre esta investigación, publicado en la revista Nature.  En ese mismo artículo Frey afirma: “La casa desvía la mayor parte de una tormenta, pero el almohadón se arruina.  En forma similar, nuestro escudo magnético soporta la parte más perjudicial de las tormentas espaciales, pero algo de la energía se desliza a través de las grietas, ocasionando problemas con los satélites, la comunicación por radio y los sistemas de energía eléctrica”.

El viento solar es un chorro rápido de partículas cargadas eléctricamente (electrones e iones) que el Sol expulsa constantemente.  El viento puede ser fuerte durante los eventos solares violentos, llegando a disparar mil millones de toneladas de gas electrificado al espacio, a millones de kilómetros por hora.  La magnetosfera terrestre generalmente hace un buen trabajo de desvío de partículas y campos magnéticos.  De todas formas, las tormentas espaciales y sus impresionantes efectos, como las auroras que iluminan el Cielo sobre las regiones polares, con más de 100 millones de watts (vatios) de potencia, indican que el escudo magnético terrestre no es impenetrable.  En nuevas observaciones, el Satélite de Imagen reveló un área casi del tamaño de California en la Atmósfera Superior del Ártico, donde una aurora protónica de 75 megavatios brilló por horas.  Una aurora protónica es una clase de Luz Boreal causada por fuertes iones solares que golpean la Atmósfera Superior de la Tierra, haciendo que ésta emita luz ultravioleta.  Mientras Image registraba esta aurora, el grupo de cuatro satélites volaba por encima, directamente a través de la grieta y detectó los iones del viento solar que la traspasaban.  Esta corriente de iones de viento solar, bombardeó nuestra Atmósfera, precisamente, en la misma región donde Image vio la aurora protónica, durante más de 9 horas continuas.  

¿Qué dicen algunos Videntes con relación a los acontecimientos del Fin de los Tiempos?

Una información que es de dominio público y que se la encuentra en el Internet, tiene que ver con la existencia de muchos mapas geográficos profetizados debido a las inundaciones del “Cambio de los Tiempos”.  Mentalistas, “canalizadores” y videntes de diferentes sitios profetizaron que las inundaciones del “Cambio de los Tiempos” terminarían por alterar la composición geográfica de la Tierra, y diseñaron diversos mapas en los que se ve cómo sería, según ellos, la nueva distribución de los continentes. 

¿Cuál de todos estos mapas será el verdadero?  Seguramente todos y ninguno de ellos.  Todos estos mapas muestran que algo significativo está por ocurrir, lo que causará que el agua y la tierra cambien de ubicación; muchas regiones que hoy se hallan junto al mar, se hundirán bajo las aguas.  Pero no hay que olvidar que los cambios de la conciencia de la humanidad pueden alterar estas predicciones, modificando nuestro futuro, pues el hombre siempre tiene el control sobre su destino.  Ashton Pitre dice que recibió sus mapas de la Virgen María; Lori Adrientoi recibió información de los Maestros Ascendidos.  Gordon Michel Skadium es un vidente y futurólogo del Instituto Mátrix.  Mary Summerrain publica los mapas que forman parte de la herencia de su tribu, los Hopi.  Dolores Canon es una médium que asegura comunicarse directamente con Nostradamus.  Todos ellos predicen que la Tierra se moverá a una nueva órbita, que aparecerá un nuevo Sol de color azul, que terminarán las enfermedades sobre el Planeta y que la vida del nuevo hombre durará 2000 años. 

Estos videntes sostienen que los nuevos seres humanos tendrán “cuerpos de luz”  y que nos comunicaremos a través del pensamiento, que los libros serán cristales llenos de sabiduría, y que los podremos proyectar a voluntad.  Lo importante es que toda la humanidad se una en un esfuerzo colectivo para remediar las causas que están conduciendo a la destrucción del Planeta.  Corregirlas requiere de un esfuerzo global, donde todos como individuos debemos cooperar para resolverlos, pues no tenemos otra opción.  Si no nos proponemos corregir los desequilibrios que estamos causando, experimentaremos enormes niveles de dificultad.  Si sólo continúan los índices actuales de aumento de temperatura en la Antártida, y si tomamos en cuenta que en 100 años subió 0.5 grados centígrados, y el año 1998 subió 0.33 grados, entonces ya, de hecho, tendremos enormes problemas a muy corto plazo.  Si se multiplica la actividad del Sol y el hombre continúa contaminando la atmósfera, ninguna de las proyecciones será válida.  Seguramente, de todas maneras se derretirán los Polos y, con esto, el agua de los mares de todo el mundo, subirían unos 6 metros. 

Los mayas establecieron sus distintas escalas y unidades de medida, desarrollando varios calendarios que fueron utilizados para entender y medir los ciclos que atraviesan el Planeta y el hombre, en su giro simultáneo alrededor del Sol, a fin de darle orden al Universo, para sincronizarse con ellos, fluir sin luchas, sin angustias, sino más bien, en un recorrido de sensaciones y pensamientos hacia la sabiduría, hacia la comprensión de la maravilla de vivir.  Los Calendarios mayas crean una conciencia matemática, ordenada, cíclica, sobre todo lo que existe alrededor del hombre, brindándole seguridad.  De ese modo, con la ayuda de esos Calendarios, el hombre sale del caos, de la ignorancia; basándose en lo conocido, pueden predecir lo desconocido, definir momentos en los que el cambio es previsible, explicable.  Los mayas desarrollaron Calendarios sobre los ciclos de las lunaciones y de los eclipses. 

Así pudieron predecir el eclipse que ocurrió el 11 de agosto de 1999, el cual marcó definitivamente, los últimos 13 años del Gran Ciclo Maya.  Tenían calendarios que registraban las revoluciones alrededor del Sol, así como las sincronizaciones de los ciclos de Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, con el ciclo de la Tierra.  Mucha de esa información se perdió cuando Fray Diego de Landa quemó la mayoría de los Códices alegando que su contenido era diabólico; otra parte permanece en cuatro Códices que son de dominio público.  También se encuentran los 620 bajo relieves del Templo de las Inscripciones en la lápida de la tumba de Pacal Votan en Palenque, en la Escalinata de los Jeroglíficos y en innumerables estelas que existen dispersas por todo Yucatán.  Los mayas localizaron sus edificios de manera especial, para que sus ángulos, fachadas y aperturas sirvieran como clave de comprensión.  Colocaron fechas grabadas en las piedras de sus muros con mensajes para nosotros; de hecho, todo este legado constituye un monumento a su conocimiento.  Sus mensajes han estado esperando a que lleguemos a un estado mental que sea conveniente para descifrar las pistas, a que nos libremos de nuestro materialismo condicionador.

 

Los Calendarios Mayas:

De todos los calendarios que desarrollaron, principalmente utilizaron dos simultáneamente, para designar cada día; el Calendario HAAB basado en el Sol, y el T’ZOLKIN basado en la Luna.  El HAAB era el calendario que medía el TUN, el Año.  Dividía el giro de la Tierra alrededor del Sol en 18 UINALES de 20 días, para un total de 360 días y un mes adicional de 5 días, los UAYEB o días nefastos que completaban los 365 días del Año Solar.  Era exactamente igual al calendario usado por los antiguos egipcios, incluidos los UAYEB o 5 días nefastos.  ¿Habría alguna relación entre las dos culturas, más allá de la forma de sus Pirámides?   Los mayas utilizaban sus calendarios para determinar las influencias diarias de la energía en el ser humano.  El día del nacimiento de una persona marcaba su destino; cada día determinaba los eventos colectivos, pues todos eran influenciados simultáneamente. 

Los mayas nos dicen que la energía se mueve desde el centro de la Galaxia hacia Alción, en Las Pléyades y, desde allí, hacia nuestro Sol, el cual, a su vez, irradiará esta energía hacia todo el Sistema Solar.  Asimismo, la Luna, Venus, Marte, Mercurio principalmente, y los demás Planetas, reflejan esa energía hacia la Tierra.  La cantidad de energía reflejada depende de su ubicación en la órbita en la que giran alrededor del Sol, así como de la posición de nuestro Planeta.  Toda esa energía reflejada en la Tierra, produce las estaciones, el clima, las mareas, así como las fases de crecimiento de todas las cosas en nuestro Planeta.  Todos los pueblos aceptan la existencia de esa fuerza vital, a la cual, Paracelso la llamó Evestrúm, los egipcios la llamaron Kal, los griegos Pneuma, los hebreos Ruah, los hindúes Prana, los japoneses Ki, los chinos Chi y los mayas Puah.

El Calendario maya HAAB contaba los meses y estaba basado en el giro alrededor del Sol; a su vez, el T’ZOLKIN contaba los días y se basaba en las fases de la Luna.  TZOL significa “Cuenta, mientras que KIN significa “día”; el Calendario maya T’ZOLKIN es un instrumento para “contar los días”, un Calendario de 260 días, es decir, 13 meses de 20 días.  Coincidentemente, en el cuerpo humano hay trece (13) puntos de poder, en las articulaciones principales, uno (1) en el cuello, dos (2) en los hombros, dos (2) en los codos, dos (2) en las muñecas, dos (2) en las caderas, dos (2) en las rodillas y dos (2) en los tobillos.  Trece (13) Baktunes o períodos de 400 años hay en el Gran Ciclo Maya de 5200 Tunes, entre “rayo sincronizador” y “rayo sincronizador”; trece (13) multiplicado por cuatro (2) da 52, fractal del Gran Ciclo Maya de 5200 Tunes.  Trece (13) es el número de la proporción cósmica, la “llave interdimensional.  El T’ZOLKIN puede verse de dos maneras, tanto como un conjunto de ruedas calendáricas o como una matriz; dos ruedas que giran a distintas velocidades, donde una de ellas designa los días con un número del 1 al 13, mientras que, la otra, con uno de los 20 glifos solares sagrados.  Ambas ruedas giran eternamente en combinación con la de 365 posiciones del HAAB, que marca en qué mes está cada uno de los días ya designado por las otras dos ruedas anteriores.  Los mayas coordinaban el giro de los dos calendarios cada 52 años, cuando las posiciones iniciales de las dos ruedas calendáricas coincidían, el espacio-tiempo de un fractal o proporción de los 5200 TUNES que demora en aparecer el “rayo sincronizador” de la Galaxia.  Cada 52 años, es decir, cada 18.980 KINES, se realizaban 13 días de fiesta en los que se celebraba la “bajada del Cielo”, del “fuego nuevo”, la “salida del Sol”.  Este rito servía para encender el fuego y aseguraba la existencia de otro ciclo de 52 años.  Estos 13 días de fiesta sincronizaban la longitud del año solar de 365.25 días con el año del HAAB de 365 KINES, es decir, 52 multiplicado por 0.25 nos da los 13 días que festejaban cada 52 años.  En nuestro Calendario Gregoriano, ese ajuste lo hacemos cada 4 años, con los años que llamamos “bisiestos”, en los que se agrega 1 día (29 de febrero) para compensar el calendario.  Por lo tanto, en la cultura maya, el número 52 se convierte en un número de suma importancia.  Ellos consideraban que un ser humano no adquiría su madurez, sino cuando cumplía 52 años. 

La otra manera de ver el T’ZOLKIN es como una matriz de 260 posiciones que tiene en la parte horizontal, en su base, los 20 glifos sagrados; son arquetipos, símbolos que definen un pensamiento que todos entendemos, que nos hace vibrar.  Son los símbolos que representan un estado de la energía en el tiempo.  Cada uno de nosotros tiene un glifo que le corresponde al día de su nacimiento, y que define su destino.  También, de manera colectiva, compartimos un símbolo diario, del día que estamos viviendo y que manifiesta unas características particulares y distintas con relación a otros días.  Por ejemplo, en el día de CAHUAC, el “día de la tormenta , no es conveniente realizar negocios.  Los mayas planificaban sus actividades diarias tomando en cuenta esas fuerzas invisibles que eran de conocimiento común, y que quedaban simbolizadas en los glifos.  Podían profetizar el futuro gracias a los estudios de los eventos que ya habían sucedido bajo los mismos signos del día, que se convertían en advertencias y consejos para enfrentar situaciones similares. 

En la matriz del T’ZOLKIN, los 20 glifos solares sagrados serían una de las fibras que conforman el “Tejido del Tiempo” en nuestro Universo; son el agua que fluye y sostiene la corriente de nuestra mente; 13 números por 20 glifos solares sagrados dan 260 días del Calendario Lunar, el T’ZOLKIN.  En sentido vertical, 13 niveles definen la matriz del “Telar del Tiempo”, los números mayas del 1 al 13, son la otra fibra del “Tejido del Tiempo”, representan la luz.  Son conjuntos de 13 números que se repiten horizontalmente, 20 veces a lo largo de la matriz que conforma el T’ZOLKIN.  De esta manera, las 260 posiciones del “Telar Maya” quedan marcadas con un número del 1 al 13.  Los 20 Glifos Solares Sagrados terminan de marcar cada posición del Telar con su símbolo correspondiente en cada uno de los 13 niveles, quedando cada uno de los 260 días, con un número y un símbolo que le corresponde.  Un T’ZOLKIN dura el embarazo de la mujer, desde el día de la concepción hasta el día del parto, es decir, este Calendario Lunar está ajustado al ciclo del biorritmo humano, al período de gestación del ser humano.  La repetición de los números del 1 al 13 crea un “Tejido”, un “Tejido de Tiempo”, “un tejido de realidad”, “un tejido de dimensiones”. 

Los mayas descubrieron que por la posición de los Planetas en el Sistema Solar, en la Tierra hay algunos días en los que se recibe más energía, facilitando en el hombre, los procesos de toma de conciencia, crecimiento interior y sincronía con el Universo.  Si en esos días uno está sincronizado con los ritmos del Universo, entonces se llegará a adquirir estados superiores del ser y del sentir.  La posición especial de los Planetas en sus órbitas, concentra la energía hacia la Tierra, y potencia todo lo que existe.  Cincuenta y dos (52) días de los doscientos sesenta (260) que conforman el Calendario Lunar del T’ZOLKIN, son “Portales Energéticos”, vale decir, días que vibran de manera particular, por la energía que se recibe simultáneamente de todo el Universo.  Al marcar esos días en la matriz del T’ZOLKIN, se produce una forma de características simétricas reflejadas sobre una columna central, en el séptimo nivel de la matriz.  Ellos la llamaban La Columna Mística”.  Sin ser reflejada, esta “columna mística” lo refleja todo; un modelo simétrico con 6 niveles a cada lado de la columna central.  Actúa como nuestra propia columna vertebral.  En la parte superior se encuentra la onda positiva que todos los seres reciben de HUNAB , el “spin” o giro del huracán que irradia hacia afuera una energía indescriptible, desde un punto central.  En la parte inferior se encuentra la representación de la onda negativa, el “contra-spin” o giro contrario del huracán que atrae hacia adentro, una enorme cantidad de energía hacia el punto central, en el corazón de la Galaxia.

En el centro de la Galaxia, HUNAB pulsa energía e información en dirección de las manecillas del reloj, y en sentido contrario, simultáneamente.  El corazón de la Galaxia emite una serie continua de señales que nosotros llamamos “radioemisiones”.  Estas señales sincronizan a todos los seres vivos del Universo y se encuentran codificadas de una manera muy simple, para que al utilizarlas, todos los seres puedan coordinarse armónicamente.  Los mayas codificaron estas frecuencias de luz, información y energía en la matriz del T’ZOLKIN, una matriz matemáticamente muy simple, que permite acomodar todas las combinaciones armónicas posibles.  En otras palabras, se trata de una verdadera “Tabla Periódica de Frecuencias Galácticas .  Veamos la maravilla matemática de los mayas.  Si sumamos las cifras que denominan a cada nivel de la matriz, tomando la “Columna Mística” como eje, veremos que 6 + 8 da 14; a su vez, 5 + 9 da 14; por su parte, 4 + 10 es igual a 14; 3 + 11 es igual a 14; 2 + 12 es también igual a 14; y 1 + 13 de la misma manera, es igual a 14.  La suma de todos los números de los niveles de la matriz da 91, que es el número de días que tiene cada una de las cuatro estaciones climáticas del año.  Esta cifra también es igual a 13 multiplicado por 7, o, si se quiere, el número mágico maya multiplicado por el número místico.  Ahora, si tomamos nuevamente como eje la “Columna Mística Central” y restamos un número de su contrario, encontramos que sus diferencias dan una progresión que va del 0 al 12.  Si repetimos la operación en sentido contrario, se produce una progresión que crece de 0 a 12.  Y si sumamos toda la serie da como resultado 84, que es igual a 7 –el número místico maya- multiplicado por 12. 

Pero las maravillas matemáticas de los mayas apenas comienzan a mostrarse; si tomamos cada uno de los números de las cuatro esquinas del “tejido binario”: 1 + 7 + 7 + 13 = 28.  Lo curioso es que ese mismo resultado se repite, si sumamos las cuatro esquinas siguientes; 9 + 13 + 1 + 5 = 28.  Y los siguientes: 4 + 6 + 8 + 10 = 28.  Y los siguientes: 12 + 12 + 2 + 2 = 28.  Lo mismo sucede con las cuatro posiciones centrales: 11 + 12 + 2 + 5 = 28.  Y así, se obtiene el mismo resultado numérico de 28 indefinidamente, con la sumatoria de todas las posiciones que ocupan los 52 “Portales Energéticos” que conforman el “Tejido Binario del Telar Maya del Tiempo”, el T’ZOLKIN.  Dicho de otra forma, todas las 13 series de 4 números suman 28; lo que parece ser sólo una línea de números, realmente ofrece una gama mágica de permutaciones y posibilidades.  El “Telar Maya del T’ZOLKINrepresenta un momento en el tiempo, una “Constante Galáctica” de 260 días que se repite eternamente, con su interminable ronda de permutaciones.  En Química existe la Tabla Periódica de los Elementos, que es una lista de todos los Elementos, desde el Hidrógeno al Uranio, incluyendo todos los elementos raros, su peso atómico y su número de isótopos.  Es lo que forma la “Tercera Dimensión”.  En esa analogía, el T’ZOLKIN es la “Tabla Periódica de las Frecuencias”, más allá de la Tercera Dimensión; así como hay 144 Elementos, hay 260 Frecuencias Galácticas.  Todo sonido, toda luz, toda energía, toda información es una Frecuencia, una vibración con una longitud de onda.  Toda frecuencia que vibra por un período de tiempo, puede ser graficada.  Se le puede dar una forma que es modulada dentro del T’ZOLKIN. 

Dicho de otra forma, la matriz matemática contenida en el T’ZOLKIN es mucho más que un simple Calendario Lunar; puede también contener cualquier vibración y darle una forma, desde el odio hasta el amor, pasando por nuestro código genético, hasta la luz ultravioleta.  Nuestro Código Genético o el ADN, es decir, aquello que contiene información para darle forma a las células que van a desarrollarse como un ser humano, tiene su propia estructura vibratoria.  Nuestros genes vibran.  Esas estructuras, esas palabras codificadas, tienen seis partes que se juntan para crear la “doble hélice entorchada” que todos asociamos al DNA, en su forma, muy parecida a lo que vemos en el T’ZOLKIN.  Cada persona tiene su propia longitud de onda.  Cuando dos personas se acercan, lo primero que se relacionan son sus formas de onda; éstas se acoplan, se neutralizan o no lo hacen de ninguna manera.  La parte química sucede cuando las formas de onda se han registrado mutuamente.  La humanidad entera conforma una sola forma de onda que se mueve y crece en el tiempo.  Nuestro Planeta tiene su propia forma de onda, como resultado de su vibración particular.  El Sol también tiene su propia forma de onda, al igual que el Sistema Solar en su conjunto.  La Galaxia es una gran forma que contiene a todas las demás formas; ondas dentro de ondas, puesto que todo es movimiento dentro del océano galáctico electromagnético.  Nuestra Galaxia representa un infinito número de ondas girando en su camino por la geometría del tiempo, formando el pensamiento, longitudes de onda buscando su camino de retorno a la fuente original, es decir, a Dios.

Todas esas ondas son reguladas por la “Constante Galáctica”, el T’ZOLKIN.  Los rayos de luz, energía en formación, tienen diferente número de ciclos, con diferente frecuencia, matrices que pueden ser medidas o moduladas por la matriz interdimensional del T’ZOLKIN.  Un “Telar o Tejido Cósmico” que se teje a través de las experiencias producidas por los sentidos.  Un rayo teje la forma de onda de todos los seres del Universo, con patrones geométricos, con formas de onda reguladas por las constantes del T’ZOLKIN.  El rayo regula las frecuencias, de tal manera que, las diferentes formas de onda se acomodan entre sí, cada una con su forma particular.  De esa manera, se va tejiendo la “Tela Cósmica del Universo”.  Ésta contiene a todo el Universo.  Somos una forma electromagnética y el reflejo de la forma de onda interdimensional de todo el Universo, somos el todo y la parte.  Cuando estamos en sincronía con las formas de onda, con los ciclos del Sol, la Luna y las rotaciones de los planetas, fluimos con la vida, encontramos la felicidad y el secreto de todos los ciclos del Universo.

Trece lunaciones se suceden en un año, es decir que, en ese tiempo, la Luna da 13 vueltas alrededor de la Tierra, mientras ésta, cada año, da un giro alrededor del Sol.  Basado en el T’ZOLKIN, en sus movimientos, 13 ciclos de 28 días cada uno, dan 364 días del año y uno de purificación para recibir el Año Nuevo.  Somos testigos de que la Luna se demora 28 días en dar una vuelta alrededor de la Tierra y, simultáneamente, gira sobre su eje a la misma velocidad.  Por eso, siempre vemos desde la Tierra, la misma cara de la Luna, en tanto que, permanentemente hablamos de la “cara oculta” de la Luna.  Desde la Tierra, cada semana se ve una fase nueva: Luna Nueva, Cuarto Creciente; cada semana gira 90°, y cada día avanza 13°; en dos semanas se ve la Luna Llena y luego Cuarto Menguante, para nuevamente comenzar el ciclo completo con la fase de la Luna Nueva.  Cada 28 días, la Luna da una vuelta completa de 360° alrededor de la Tierra.  Cada Fase de la Luna refleja hacia la Tierra, distinta cantidad de la luz y energía del Sol.  Pero como la Luna gira en una órbita elíptica muy excéntrica alrededor de la Tierra, y ésta se desplaza, a su vez, alrededor del Sol, su giro sinódico dura 29 días y 12 horas.  Después del Sol, la Luna tiene la influencia más fuerte sobre la Tierra; su fuerza de atracción se hace sentir sobre todos los líquidos y fluidos almacenados sobre el Planeta, subiendo las aguas de todos los mares y bajándolas suavemente, causando las mareas altas y bajas.  La Luna influye en los fluidos del interior de todos los organismos vivientes, así como en los ácidos que forman las combinaciones que permiten la vida. 

Durante siglos, casi todos los pueblos de la Tierra utilizaron los movimientos de la Luna para medir su tiempo.  Se medían los sucesos naturales contando los días de Luna Llena a Luna Llena; sus movimientos se registraban en el “Almanaque”, palabra que deriva del árabe manakhque significa Luna.  La palabra “mes” proviene del latín mensisque también quiere decir Luna.  Esto mantenía al hombre con la mirada orientada y dirigida hacia el firmamento, y con la mente sincronizada con la Galaxia.  El tiempo se ajustaba a las 13 vueltas que da la Luna, en un año, alrededor de la Tierra.  Sin embargo, las voluntades del Emperador Romano Julio César y del Papa Gregorio XIII, lograron cambiar la medida del tiempo; se dividió el año en 12 meses desiguales, con diferente número de días.  Así, se perdió un mes, una lunación completa repartida en pequeñas cuotas de días, entre los otros 12 meses del año, y, con ella, la sincronía con la Naturaleza y con el Sistema Solar. 

El hombre moderno vive el tiempo mecánicamente, sin ninguna relación con los ciclos naturales del Planeta, de la Luna y del Sol.  Los relojes de cuarzo le han dado otro sentido al paso del tiempo; nuestra civilización perdió el sentido del tiempo como movimiento entre sucesos naturales, que nos muestran que somos parte de una Galaxia que está viva.  El hombre de hoy, ve al Universo como si fuera un reloj, una máquina insensible.  También, en estos días, se cree que el ser humano es una rueda suelta en el engranaje universal, que su vida mental, emocional y síquica, está totalmente desconectada del Universo.  Este desajuste está enloqueciendo a todo el mundo, sin que nadie se de cuenta.  Lamentablemente, en estos tiempos, la felicidad se mide en términos de acumulación, ya no tenemos tiempo para nada.  Para el hombre contemporáneo, el tiempo es oro; ésa es la consigna del corazón interesado del sistema.  Por eso, se destruyen unos a otros y acaban con la Naturaleza y con el Planeta.  Estos días se vive sólo para obtener provecho individual; el interés es la unidad de medida del paso del tiempo, en el actual sistema de relaciones económicas y sociales.  Se vive sólo para saber cuándo se trabaja y cuánto se gana.  La Naturaleza importa muy poco y, por eso, se contamina y destruye al Planeta.  Los mayas nos dicen que el hombre puede evitar las catástrofes y la destrucción, al sincronizarse con los ciclos de la Naturaleza.

El sistema de medición y división del tiempo, vale decir, el calendario actual, no tiene ninguna sincronía con los ciclos y tiempos de la Galaxia y, eso, está conduciendo al hombre, a su propia destrucción.  Para el hombre actual, una de las maneras para sincronizarse con el Planeta y abrir la mente a la Galaxia, puede ser la de modificar el calendario existente y reemplazarlo por uno que tome en cuenta, las Fases de la Luna.  Así, el Año Solar puede medirse en 13 meses de 28 días cada uno, es decir, las 13 lunaciones de 28 días exactos, totalizarían 364 días, a los cuales adicionaríamos un día de descanso y purificación para recibir el Año Nuevo.  De esa manera, todos los días nos daríamos cuenta de que no estamos solos, sino que formamos parte de un Sistema Cósmico, y pondríamos a la mujer –representada por la Luna- a regular el tiempo.

Los mayas tienen registros de momentos extraordinariamente remotos en el tiempo, que indican su capacidad de conocimiento del tiempo, desde hace miles de años.  Esto demuestra su dominio y su conocimiento acerca de los ciclos del Universo.  Ellos hubieran podido continuar su calendario miles de años en el futuro, si así lo hubieran querido.  Sin embargo, este su calendario se interrumpe, súbitamente, el día 22 de diciembre del año 2012, llamando nuestra atención, particularmente, sobre los últimos 20 años del Gran Ciclo (1992 – 2012), pues en estos últimos años, en “El Tiempo del No – Tiempo” es cuando se define nuestro destino.  Desde 1999, y hasta el año 2012, el fin del actual ciclo de la humanidad, según los mayas, quedan 13 años, otra vez, el número mágico maya, para que podamos ver el “Amanecer del Nuevo Día Galáctico” de 26.000 años, junto a los cambios que éste traerá consigo.

El próximo Capítulo presenta la Quinta Profecía Maya, la cual dice que, en los próximos 13 años, a partir de 1999 y hasta el 2012, se verán fallar todos los sistemas sobre los que está basada nuestra civilización, así como el sistema de manejo de información a través de los computadores, el sistema de comunicación que depende de los computadores y de los satélites, la economía que depende de todos estos.  Fallarán los sistemas eléctricos y, al hacerlo, entrarán en crisis todos los demás sistemas, el judicial, el político, el social, el militar y el religioso.  Será un “efecto dominó” que cambiará todas las estructuras del Planeta.

FIN DE LA CUARTA PROFECÍA

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-          Serie Televisiva de Siete Episodios: “LAS PROFECÍAS MAYAS”;  Año 1999

-          GUIÓN Y DIRECCIÓN: Fernando Malkún  -  fma...@mac.com

-          La siguiente Página Web de Fernando Malkún, ofrece para la venta los Siete DVD’s correspondientes a las Siete Profecías Mayas:  www.fernandomalkun.com

-          Difusión Autorizada por: Fernando Malkún – Bogotá / Colombia

-          TRANSCRIPCIÓN - EDICIÓN DE SIETE PROGRAMAS TELEVISIVOS EFECTUADA POR: 

Jebner Zambrana Román      jeb...@entelnet.bo

Grupo “AMATISTA” del Maestro Saint Germain

La Paz – Bolivia

NOTA: El transcriptor-editor no se hace responsable de los comentarios u opiniones personales contenidas en este texto.  Cualquier crítica, reclamo u observación relacionada con el contenido de la presente Tercera Profecía Maya, debe dirigirla a Fernando Malkún, Director y Guionista de la Serie Televisiva “PROFECÍAS MAYAS”.

Para un mejor entendimiento de los tiempos y los anuncios hechos encada una de las Siete Profecías Mayas, el amable lector deberá conocer que esta Serie compuesta por Siete Episodios (Siete Profecías), fue elaborada el año 1999.  De esa forma, cronológicamente, uno estará mejor ubicado en coordenadas de tiempo y espacio.

 


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:: Este correo ha sido emitido desde el Foro de Contacto Global [ http://www.contactoglobal.net/ ] ::

 
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