-----Mensaje original-----
De: norma delio
[mailto:norma...@yahoo.com.ar]
Enviado el: miércoles, 14 de marzo de
2007 20:12
Asunto: Hay mosquitos con dengue y malaria en
Argentina..... es posible que tiren los huevos desde las avionetas para
perjudicar a la poblacion????
Los Otros Invasores
Alienígenas
21-09-06
Nuestra fauna y flora ya no son tan
ibéricas
Cada vez llegan a España
más especies foráneas que desplazan a las autóctonas. Son la segunda causa de
desaparición de animales y plantas. La fauna y flora autóctonas están en
peligro.
En España se estima que ya son más de medio millar las especies
alógenas introducidas por el hombre, invasores que son la segunda causa de
desaparición de la biodiversidad en el mundo (por detrás de la pérdida del
hábitat) y que provocan el 39% de las extinciones. Las especies alógenas
introducidas por el hombre son la segunda causa de desaparición de la
biodiversidad en el mundo
La última alarma ha llegado desde la cuenca
del Ebro, donde el mejillón cebra ha colonizado en cinco años el curso completo
del río. Ya se ha confirmado la presencia de este molusco en Zaragoza, y en el
embalse del Sobrón, entre Burgos y Vitoria, y se prevé que la invasión se
extienda a todo el país.
Plagas imparables
Los expertos aseguran
que es "prácticamente imposible" poner freno a esta plaga, ya que cada ejemplar
adulto puede llegar a poner más de un millón de larvas al año. Se ha llegado
incluso a pensar en vaciar algunos embalses y Aragón ya ha anunciado que
solicitará ayudas al Gobierno central para limpiar el cauce del Ebro, que
costará mil millones de euros.
Ayer, durante la presentación del II Congreso
Nacional de Especies Exóticas Invasoras celebrado en León, el consejero de Medio
Ambiente de la Junta de Castilla y León, Carlos Fernández Carriedo, hizo
hincapié en la necesidad de desarrollar sistemas de control y prevención ante
nuevas especies. Otras grandes afectadas por la presencia del mejillón cebra son
las centrales hidroeléctricas. Estos animales se ceban con las conducciones y
abastecimientos de agua provocando daños anuales de cerca de dos millones de
euros en tareas de limpieza.
Llegaron a España...
Mejillón
Cebra
Es de agua dulce, pero resiste en aguas saladas. Ha llegado adherido a
la quilla de barcos desde los mares Negro y Caspio. En 2001 se detectaron las
primeras larvas, de unos 3 cm, en el bajo Ebro.
Picudo rojo
Es un
coleóptero parecido al escarabajo que podría haber llegado a España, según los
expertos, a través de palmeras afectadas por la plaga procedente de Egipto y de
otros países del norte de África.
Mosquito tigre
Mide 5 milímetros,
pican sólo de día y su aguijón puede atravesar la ropa. Llegó hace dos años
desde Asia a Cataluña y amenaza con extenderse a toda España gracias a su alta
adaptabilidad al medio.
Visón americano
Se cría en granjas peleteras.
En los últimos años las especies que han logrado escaparse han desplazado a los
europeos. Son más grandes, más agresivos y adaptables al entorno.
... Y
amenazan a...
Ríos
Proliferan de forma masiva e imparable, llegando a
cubrir completamente los lechos de los cauces. Producen graves daños en especies
de fauna como el molusco Margaritifera auricularia, en
extinción.
Palmeras
El adulto hembra pone los huevos en la corona de
estos árboles. Al crecer, las larvas penetran en el tronco triturándolo para
alimentarse. Han provocado la tala de miles de palmeras en las costas de
Levante.
Humanos
Estos insectos pueden portar el dengue y la fiebre
amarilla, además de transmitir enfermedades víricas a animales. Sus picaduras
son muy agresivas y provocan fuertes dolores e inflamaciones.
Visón
europeo
Le caracteriza su hocico completamente blanco. Está al borde de la
extinción ya que su periodo de celo comienza más tarde que el de sus
competidores, que en 2002 les doblaban en población.
La cada vez más
frecuente introducción de especies exóticas se realiza en ocasiones bajo escasos
controles de seguridad, a pesar de la existencia de leyes y normas que las
regulan, como las declaraciones internacionales de Bonn o Berna (diversidad
biológica) y la directiva europea Hábitats. Para erradicar estas invasiones
también se incide en la importancia de no dejar sueltos animales ni plantas en
plena naturaleza, no comprar especies exóticas como animal de compañía, emplear
como ornamento plantas autóctonas y no traer a ningún ser vivo de otros
países.
Las causas de
los ejemplos de invasiones que apunta la noticia son complejas y difíciles se
controlar (aunque no imposible). Pero hay invasiones que se pueden prevenir más
fácilmente, y son las causadas por las mascotas exóticas. Las invasiones más
claras de éstas son las de la cotorra argentina, la tortuga de Florida y las
ardillas africanas (éstas en Canarias). Pero posibles invasiones de otras
mascotas como peces amazónicos o caracoles tropicales, comercializados
legalmente, pueden ser aún más peligrosas.
El comercio de especies
exóticas, aunque sean legales, es una amenaza permanente para nuestra
naturaleza. Estos animales se compran, en la mayoría de los casos, con espíritu
caprichoso y consumista, alimentado por desgraciados programas de televisión, y
ese mismo espíritu lleva a una parte de los consumidores a desear deshacerse de
ellas cuando molestan, se reproducen con exceso o simplemente llegan las
vacaciones. Entonces son soltados (en algunos casos también se escapan, como
hemos visto con serpientes peligrosas).
La mayoría de las especies
exóticas son capturadas en la naturaleza, no proceden de criaderos, con lo cual
estamos poniendo en peligro la fauna de otros países (la mayoría de los
ejemplares capturados mueren en los procesos de caza, transporte interno,
almacenamiento, transporte internacional, o, al final, en nuestras casas). En
conclusión, un ciudadano responsable jamás debería comprar un animal exótico (no
digamos ya soltarlo por España o Europa).
Opino que la actual legislación
está equivocada, diseñada al revés: debería prohibirse el comercio y tenencia de
especies exóticas, un peligro para nuestra naturaleza. Y debería fomentarse la
cría de especies autóctonas en peligro de
desaparecer.
Las especies invasoras suponen ya la segunda amenaza para la
biodiversidad del Planeta.
La sabia naturaleza nos
ofrece un claro paralelismo con lo que sucede en las sociedades humanas, donde
los invasores son una amenaza para los pobladores autóctonos y sus países.
Las
especies invasoras, causa directa del 39 por ciento de las extinciones
conocidas, son después de la pérdida del hábitat la segunda amenaza para los
endemismos
Nos parece normal escuchar cotorras en los parques de las
ciudades, pescar lucios en el Tajo o encontrar ranas toro en los estanques. Pero
no lo es. Son sólo algunas de la larga lista de especies exóticas que
actualmente podemos encontrar en España y que en los últimos años se han
convertido en la segunda causa de desaparición de la biodiversidad mundial, sólo
por detrás de la pérdida del hábitat. De hecho, han sido la causa directa del 39
por ciento de las extinciones conocidas. Se calcula que en España ya son más de
medio millar las especies introducidas por el hombre. Una gran amenaza de la que
se empieza ahora a tener conciencia.
Viajan lejos de sus lugares de
origen con fines comerciales, de manera accidental o como mascotas, y acaban
fugándose o siendo abandonadas cuando empiezan a dar problemas. Algunas no
logran sobrevivir en un entorno a veces demasiado hostil, pero muchas consiguen
instalarse en su nuevo hábitat. Su gran capacidad de adaptación y proliferación
y la ausencia de depredadores naturales son los factores que hacen que la
mayoría de ellas acaben imponiéndose a las especies autóctonas. Además de la
competencia por el alimento y el espacio, la predación directa, la introducción
de nuevas enfermedades y parásitos y la transformación del hábitat son otras de
las consecuencias de su invasión.
La explotación comercial, muchas veces
con el beneplácito de la Administración, es la responsable de la introducción
del mayor número de especies. «Es sorprendente el hecho de que actividades como
la caza hayan sido fomentadas por las autoridades con la introducción de
especies exóticas», denuncia Theo Oberhuber, coordinadora de Ecologistas en
Acción. Es el caso de mamíferos como el gamo o el muflón y de aves como el
faisán o la codorniz japonesa, introducidos en los años 70 con esta finalidad, y
que ahora cuentan con poblaciones en varios puntos de la Península. También la
pesca se ha visto «enriquecida» con ejemplares exóticos. Entre las especies
piscícolas objeto de pesca, siete son introducidas, lo que supone más de la
cuarta parte del total. El ya popular lucio, el pez gato o el gigante siluro son
sólo un ejemplo de estas introducciones.
Además de estas actividades
«deportivas», las industrias dedicadas a la comercialización de animales
exóticos o de sus productos derivados también han contribuido a su expansión. De
esta manera, el visón americano llegó a las fábricas de peletería de nuestro
país en la década de los 50 y ahora se ha instalado como uno más. La presencia
de estos ejemplares, de mayor tamaño y más agresivos que el visón europeo, sigue
poniendo en peligro la supervivencia de la especie autóctona. En los últimos
años también han empezado a instalarse en España granjas dedicadas a la
ranicultura, que han provocado la aparición de varias colonias de ranas toro, un
anfibio originario del este de Norteamérica que presenta una gran voracidad y
puede llegar a medir 20 centímetros, frente a los nueve que alcanza la rana
verde española.
También la costumbre, convertida en moda especialmente
para ciertas especies, de tener mascotas exóticas en casa ha favorecido este
tipo de colonias. Además de las graves consecuencias que ya supone la
introducción de las hasta ahora habituales especies domésticas (perros, gatos y
roedores), cuando estos animales se asilvestran, la presencia de mascotas
exóticas supone una grave amenaza para ciertas especies autóctonas. Esta
tendencia ha sido muy marcada en la mayoría de los países desarrollados, y
España no se ha librado de ella. La introducción de nuevas especies, desde
serpientes hasta monos pasando por iguanas y aves tropicales, son la versión
española del famoso mito de los cocodrilos en las alcantarillas de Nueva
York.
Mascotas molestas
Pero estos animales crecen, requieren
muchos cuidados y, en algunos casos, se vuelven agresivos. Sus dueños se cansan
de sus mascotas una vez que son grandes y molestas. O demasiado longevas, como
la tortuga de Florida, que puede llegar a vivir hasta 35 años y que actualmente
amenaza a los galápagos autóctonos. Pensando en la supervivencia de su mascota,
muchos dueños las liberan en lugares con condiciones parecidas a sus hábitats de
origen, fomentando una adaptación que está muy lejos de ser beneficiosa y que ha
permitido que muchos de estos animales hayan llegado a establecer poblaciones
silvestres. Los casos más conocidos se encuentran en el grupo de las aves.
Típicas especies tropicales, como la cotorra de kramer, son ya fáciles de
observar en libertad en parques urbanos.
El último tipo de introducciones
son las que se producen de forma accidental. Quizás el ejemplo más ilustrativo
sea el de las ratas, que viajan como polizones en los barcos invadiendo los
lugares donde éste atraca. Estos animales son los depredadores foráneos más
importantes en las islas, ecosistemas ya de por sí muy frágiles y que además
suelen tener un gran número de endemismos. Actualmente, existen poblaciones de
ratas en el 80 por ciento de ellas. En España, varias especies de aves y
reptiles, como los lagartos gigantes de La Gomera y El Hierro, están amenazadas
por su presencia. Entre las especies introducidas accidentalmente en nuestro
país también está el mejillón cebra. «En este caso podemos utilizar sin reparos
la palabra catástrofe», señala Bernardo Zilletti, director del Grupo de Especies
Invasoras. Sus poblaciones, localizadas de momento en el río Ebro, crecen
increiblemente hasta obstruir totalmente las tuberías, cortando la distribución
de agua. «Su impacto en el medio ambiente y la economía es dramático», subraya
Zilleti, que no duda en calificarlo como el «enemigo número uno», y pr si fuera
poco no hay manera de eliminarlos, lo único que se pude hacer es sacarlos por
puñados del agua
Aunque, como señala Theo Oberhuber, «cualquier especie
exótica invasora provoca daños en el entorno», no todas los producen de la misma
forma. Sus consecuencias van desde
la extinción o la alteración del hábitat a la introducción de parásitos,
degeneraciones o enfermedades. Un
ejemplo significativo de estas degeneraciones es la que sufre la malvasía
autóctona, que se está transformando genéticamente al mezclarse con la malvasía
jamaicana, un pato que llegó a los estanques de Inglaterra y que ha colonizado
el sur europeo. Ahora, su familiar autóctono corre el riesgo de una «extinción
genética».
Conciencia internacional
Aunque éste es un problema
que lleva afectando a la biodiversidad del planeta desde hace siglos, ha sido en
la última década cuando ha comenzado una verdadera sensibilización a nivel
internacional. El primer paso se dio en 1992 en la Cumbre de la Tierra celebrada
en Río de Janeiro, donde 170 países suscribieron el Convenio de Diversidad
Biológica, que reconoce por primera vez la amenaza y hace un llamamiento a la
acción para limitarla. En España, el Primer Congreso Nacional sobre Especies
Exóticas Invasoras fue celebrado en junio del año pasado. Actualmente, el
Ministerio de Medio Ambiente está redactando un plan de acción con el objetivo
de censar las especies invasoras existentes en nuestro país y desarrollar
políticas para erradicarlas, así como para prevenir nuevas introducciones. «No
es la panacea, pero es un primer paso para establecer directrices», reconoce
Zilletti, quien insta a las Comunidades Autónomas, que tienen las competencias
en esta materia, a actuar en esta dirección.
Entre las medidas a adoptar,
el Grupo de Especies Invasoras aboga por establecer mecanismos de financiación
sobre planes de control específicos para estas especies y desarrollar programas
de educación y sensibilización para atajar este problema, que provoca sólo en
Estados Unidos unas pérdidas anuales de 137.000 millones de dólares. Oberhuber
va más allá e incide en la regulación de la tenencia y el tráfico de especies
exóticas, ya que, como señala, «si no hay introducciones, no hay
fugas».
La fauna autóctona de los ríos españoles se enfrenta a
la seria amenaza de un amplio espectro de especies exóticas que, por distintas
vías y en algunos casos favorecida por la actuación de las propias
administraciones, han ido ganando espacio y desplazando a los pobladores
tradicionales. El mejillón cebra, que se reproduce a una velocidad de vértigo
hasta cubrir los fondos fluviales y atascar tuberías y canalizaciones; el
galápago de Florida, una popular mascota hace unos años; el cangrejo americano y
distintas especies de peces para la pesca deportiva son algunos de estos
invasores.
No existe aún conciencia del riesgo que este fenómeno supone
para el equilibrio natural de los ecosistemas, pese a algunas llamadas de
atención como la reciente jornada en el galacho de Juslibol, un antiguo meandro
del Ebro en el término municipal de Zaragoza que quedó abandonado por el río en
la histórica riada de 1961 y en el que se están dejando notar los
efectos.
- Mejillón cebra. Denominado así por las bandas blancas y
oscuras en zigzag sobre su concha, este pequeño primo de los que se crían en las
Rías gallegas, de tan sólo tres centímetros, es más peligroso de lo que parece.
Procedente del Mar Caspio y el río Ural, se está expandiendo a lo largo del río
Ebro a través de las embarcaciones o material deportivo y ya se encuentra a la
altura del embalse de Ribarroja. Llega a formar colonias de hasta 700.000
individuos por metro cuadrado, con lo que tapiza todo tipo de sustrato duro al
que se adhiere con fuerza. De esta manera, coloniza tuberías y conducciones de
agua, poniendo en peligro el abastecimiento de agua y causando pérdidas de miles
de millones de euros, como ya ha sucedido en otras zonas de Europa, Asia y
América del Norte. En el ecosistema provoca alteraciones, amenazando a especies
autóctonas como el blenio o la margaritifera auricularia. Lo peor es que, por
ahora, «no tiene solución», lamenta el biólogo Henri Bourrut, experto en este
problema. «Por ahora -explica- sólo se puede retrasar la invasión para que no
llegue a aguas donde aún no está». «Se estudia alguna bacteria patógena para
eliminarlo, pero seguramente afectaría a otras especies», añade.
-
Galápago de Florida. Fue una de las mascotas más populares en las décadas de los
80 y 90. El problema llegó cuando había que deshacerse de aquellas pequeñas
tortugas, que luego han ido creciendo. Convencidos de que se actuaba con sentido
cívico encomiable, se «liberó» a muchos de estos galápagos en los entornos de
las grandes ciudades sin advertir el peligro que suponía para los ecosistemas
existentes. Sucede que estos animales tienen «gran capacidad de adaptación» y
«no sólo sobreviven, sino que se expanden, compitiendo con dos especies
autóctonas, el galápago leproso y el galápago europeo, mucho más pequeños»,
apunta Mario Izquierdo, monitor del galacho de Juslibol. De esta manera,
«desplaza a estas especies a sitios peores y reduce sus posibilidades de
alimentarse y aparearse», añade.
- Peces. Son numerosas las especies
exóticas que se han ido adueñando de los ríos favorecidos por la pesca
deportiva, hasta alcanzar un tercio de las existentes en los ríos españoles. La
perca, el lucio, la carpa, el alburno o el blackbass son sólo algunos de los
invasores. En este caso las instituciones públicas han actuado como
patrocinadores de la introducción progresiva de las nuevas especies, que «dañan
a otros peces autóctonos porque son depredadores», lo que trae como consecuencia
una pérdida de la biodiversidad, constata Izquierdo.
- Cangrejo
americano. La introducción de este terrible invasor responde a motivos
económicos. El cangrejo americano es un gran depredador de otros organismos del
río y se le atribuye la responsabilidad, incluso, de «la desaparición de los
tritones en el Ebro, un anfibio en peligro de extinción», al tiempo que «ha
desplazado al cangrejo de río autóctono», explica Olga Conde, del servicio de
Medio Ambiea.
La introducción de especies exóticas en los ríos españoles
amenaza seriamente a la fauna autóctona. La expansión del mejillón cebra, el
galápago de Florida, el cangrejo americano y distintos peces incorporados por la
pesca deportiva puede tener consecuencias impredecibles
Ecología
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