Atentados al espacio público y al patrimonio en función de dar cabida a los autos
En septiembre del 2004, escribí un artículo titulado 'La Iglesia, la plaza, el parque y el parqueadero' en el que hacía alusión a la pretensión de convertir a un parque de barrio, en parqueadero para los feligreses de dos iglesias cercanas, promovido por los respectivos párrocos. En base a la fuerza de la ciudadanía organizada se consiguió parar el proyecto.
Hace poco más de un año, se pretendía construir un parqueadero bajo el parque Gabriela Mistral, eliminando árboles patrimoniales. Nuevamente la organización ciudadana, especialmente los vecinos de La Mariscal, consiguieron parar el proyecto, aunque aún persiste la amenaza de que pueda ser realizado.
En estos días se pretendía construir un parqueadero para el CONESUP cuyas siglas parece que quieren decir CONstruimos Estacionamientos Subterráneos Usando Parques, debajo del Parque República Dominicana, ubicada en la Calle Alpallana, cercana al sector de La Carolina. Gracias nuevamente a la acción ciudadana, quienes se contactaron con la Asociación de Peatones en Radio Peatón, se ha conseguido parar el proyecto, no sabemos hasta cuando. Por este motivo, nos enteramos de que el cabildo capitalino de la anterior administración, ha aprobado una ordenanza en la que se permite construir parqueaderos bajo los parques. Esto en sí es un atentado al espacio público, de por sí entregado casi por completo al uso del vehículo motorizado. Recuérdese que algunos concejales actuales y el alcalde, fueron concejales en la anterior administración.
Pero el colmo de los colmos es lo que me enteré por casualidad caminando por Ambato. En el tradicional Parque Cevallos, lleno de árboles patrimoniales, se pretende construir tres pisos en subsuelo para parqueaderos, dejando encima una plaza pelada, dizque de una lectura urbana contemporánea e integradora del Colegio Bolívar y el de La Providencia.
Esto es un atentado al Patrimonio Cultural. La plaza en sí como espacio público debería estar inventariada como parte de nuestro Patrimonio, incluyendo el inventario de todos sus árboles. En el artículo que hago mención al inicio, ponía como algo imposible que pueda suceder lo siguiente: Piensa usted que a alguien se le ocurriría que la Plaza de San Francisco o cualquiera de las otras plazas de la ciudad o de otras ciudades o pueblos se conviertan en parqueaderos? Sería una locura......., pues la locura está por suceder, promovida por el Municipio de Ambato, con la colaboración del Colegio de Arquitectos del Tunguragua.
Me reconforta contarles, que mientras veía en el parque las láminas en donde se exponía el proyecto, los ciudadanos que pasaban por ahí se manifestaban opuestos al mismo, y comentaban que no permitirán que se elimine su parque con sus árboles tradicionales.
En los enlaces a continuación encontrarán la noticia del atentado y opiniones ciudadanas, y el "proyecto" del Municipio para la plaza. Finalmente el artículo escrito en el 2004.
http://www.noticias.pontecool.com/ciencia_id.php?fec=2010-07-22&ind=2152
La iglesia, la plaza, el parque y el parqueadero
Antiguamente, la plaza era el espacio público de la comunidad. Las leyes de Indias, dictadas por Fernando el Católico como normas para la implantación de nuevas ciudades en el nuevo mundo, sugerían a los colonizadores, la conformación de la nueva ciudad a partir de la Plaza Mayor junto a la cual serían ubicados el poder civil y religioso. Esto lo podemos encontrar en forma clara en nuestro Centro Histórico, en donde la mayoría de las iglesias y conventos principales fueron concebidos de esa manera. De ahí tenemos que San Francisco, Santo Domingo y La Merced, tienen su plaza, y junto a nuestra Plaza Mayor tenemos a La Catedral, implantada de acuerdo a una de las formas tradicionales de las ciudades europeas, lateralmente a la plaza. Podemos recorrer de la misma manera nuestros pueblos cercanos, algunos ya integrados a la urbe, como Cotocollao, Chillogallo, Guápulo, Cumbayá, Tumbaco, Puembo, Nayón, Sangolquí, Calderón, El Quinche, etc. y veremos que se repite el esquema. El fenómeno se repite en todos los pueblos y ciudades antiguas con algunas variaciones, pero en esencia el espacio público de la comunidad estaba muy ligado al culto religioso.
En los barrios de la ciudad moderna se fue perdiendo el sentido de la plaza tradicional y en cambio comenzaron a crearse espacios públicos concentrados con algún equipamiento deportivo y o algún parque infantil y que actualmente los conocemos como parques de barrio. Esto en el mejor de los casos, porque en muchos barrios simplemente no se dejó ningún espacio de la comunidad. La iglesia dejó de estar ligada a este parque, salvo raras excepciones y se la implantó en uno de los lotes del nuevo barrio, de frente a una calle o vía pública, sin mayor consideración de su relación con el espacio público circundante.
En el primer caso podemos encontrar que el espacio público (la plaza), tenía una relación directa con un centro de actividades (la iglesia), lo que las convertía en espacios de fácil apropiación de los vecinos y de ahí se deriva su éxito como espacios de integración de la comunidad. La plaza como el espacio del pueblo, de la comunión de los hombres y la iglesia como el espacio de lo sacro, de la comunión con Dios.
En cambio, en los barrios de la ciudad moderna estos parques concentrados han resultado de difícil apropiación por parte de la comunidad y una de los razones para ello es que no están ligados a las actividades del barrio, sean estas religiosas, comerciales, culturales, productivas, administrativas, educativas o recreativas. Otros de los factores para su fracaso es que están rodeados de vías peligrosas lo que dificulta su acceso seguro, sobretodo a los niños que es los que más lo podrían disfrutar, o están tan concentrados en un solo sitio que los aleja de la mayoría de los habitantes de los barrios. Pero de todas maneras aunque no en manera tan exitosa como la plaza tradicional han cumplido su papel de espacios de la comunidad.
Hago este breve análisis porque en nuestra querida ciudad de Quito, en el barrio del Batán Alto, se quiere convertir al parque del barrio en parqueadero para los feligreses de dos iglesias. Esto es un síntoma de la deshumanización de la ciudad, en donde en lugar de mejorar un espacio público para el encuentro de la gente, se lo quiera destinar para los autos.
Uno de los promotores del parqueadero es el párroco de la Iglesia de Fátima, que en lugar de promover a que la gente camine, que comparta el auto para llegar a la Iglesia, que se utilice el transporte colectivo, que la calle alrededor de la Iglesia, luego de la misa sea el espacio de encuentro de los vecinos del barrio para que se fortalezcan los nexos entre ellos y con ello facilitar las prácticas de solidaridad cristiana, quiere facilitar a que la individualidad del auto privado reine, que cada cual vele por lo suyo y permanezca en su forma egoísta de ver la vida, afectando al resto de ciudadanos.
Este artículo quiere invitar a que se reflexione sobre estos asuntos, sobretodo a los involucrados y no se permita el destinar más espacio de la gente para los autos. Que si el espacio de la comunidad no funciona o no lo utilizan, (que no es el caso del Batán Alto, puesto que sus vecinos si lo utilizan), replantearlo para apropiarnos de él y que vuelva a ser el espacio de la comunidad. Que se permita a la comunidad decidir sobre sus espacios públicos.
<b> Piensa usted que a alguien se le ocurriría que la Plaza de San Francisco o cualesquiera de las otras plazas de la ciudad o de otras ciudades o pueblos se conviertan en parqueaderos? </b> ¿Sería una locura y eso es porque tenemos bien claro que ese es un espacio de la comunidad y eso es lo que necesariamente les hace falta a los parques de barrio, transformarse en verdaderos espacios de la comunidad para que a nadie se les ocurra convertirlos en parqueaderos.
Para el caso del Batán Alto, una sugerencia podría ser que se delimite y organice el sitio de parqueo para los autos en las calles aledañas del barrio, algo parecido al sistema de la zona azul de La Mariscal, y se cobre la utilización del espacio público. Si es que los feligreses son tantos que tienen que parquear sus autos lejos y caminar muchas cuadras, podríamos ensanchar las aceras y arborizarlas para que la caminata sea agradable y colocar mobiliario urbano para tomar un descanso, relajarse y encontrarse. Las romerías a los santuarios son una forma de encontrarnos con Dios. En nuestro país una de las más famosas es la del santuario de la Virgen del Quinche. Caminar unas pocas cuadras por un ambiente agradable, podría ser una forma de preparar el espíritu para la ceremonia de la Santa Misa.
Diego Hurtado.
Septiembre del 2004