Libertariases una pelcula espaola del ao 1996. Posteriormente se estren internacionalmente en 2004. Basada en la novela homnima de Antonio Rabinad, fue escrita y dirigida por Vicente Aranda.
En los primeros das de la guerra civil espaola una joven monja que huye de su convento conoce casualmente a un grupo de milicianas anarquistas de la organizacin feminista del movimiento libertario espaol llamada Mujeres Libres. Las acompaar al frente del Ebro cerca de Zaragoza, donde vivir los rigores de la guerra y de la revolucin social espaola de 1936.
"En un lugar de España de cuyo nombre no quiero acordarme..." Actas V Congreso Internacional de Historia y Cine: Escenarios del Cine Histórico. Universidad Carlos III de Madrid. Instituto de Cultura y Tecnología, 2017.
"Idealizaciones y protestas políticas: la memoria histórica en Libertarias (1996) de Vicente Aranda." Memoria histórica y cine documental. Colección Film-Historia, núm. 18. Barcelona: Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona, 2016.
"Los Quijotes de Gil, Gutiérrez Aragón, Welles y Gavaldón: nuevas aproximaciones teóricas." Teoría y práctica de la adaptación. Ed. Barbara Zecchi. Madrid: Universidad Complutense de Madrid, 2012. 85-96.
En lo que sigue pretendo explorar ciertos elementos relativos a la simulacin espectacular de la violencia en un contexto de gnero. O dicho de otro modo: me interesa examinar cmo se representa, y con qu efectos, a la mujer en una situacin en la que la violencia opera como el principal elemento dinamizador de la narracin. He elegido una pelcula espaola, Libertarias (1996) de Vicente Aranda, que en la estela de Land and freedom (1995) de Ken Loach, tematiza el brutal enfrentamiento durante la guerra civil espaola entre comunistas ortodoxos, partidarios con los republicanos burgueses de la derrota del fascismo como nico objetivo blico, y comunistas libertarios, que con los trotskistas y ciertos elementos socialistas radicales, defendan adems la revolucin. La disputa, que supuso una autntica guerra civil dentro de la guerra civil, 5 tuvo su ms trgica expresin en las violentas luchas de mayo de 1937 en Barcelona. El POUM (Partido Obrero de Unificacin Marxista) fue sometido a una implacable persecucin, sus lderes juzgados y Andreu Nin, uno de sus ms destacados dirigentes, asesinado por la polica secreta sovitica. Se suspendieron las colectivizaciones llevadas a cabo por comits anarquistas, se sustituy a la milicia por un ejrcito regular y muchos miembros de la CNT (Confederacin Nacional del Trabajo) fueron arrestasdos. El PCE (Partido Comunista de Espaa) haba decidido aliarse con los republicanos liberales y con los socialistas moderados en una situacin internacional que Stalin consideraba poco favorable para la instauracin en Espaa de un estado bolchevique.
A la luz de las repercusiones semiticas derivadas de la propia tecnologa cinematogrfica, la crtica a la pelcula de Aranda no se puede ajustar del todo a una simple cuestin de caricaturizacin selectiva y maniqueismo. En cuanto a lo primero porque, como indicar a continuacin, tambin "las buenas", es decir las libertarias, constituyen lamentables esperpentos. Y por lo que se refiere a un enfoque partidista del conflicto creo que en realidad se trata de algo incluso peor que eso. En Libertarias, como acabo de sealar en relacin con la implosin de lo referencial, el espectculo ha sustituido a la historia. Es decir, que ni siquiera se trata de una apologa de la revolucin, an en detrimento de cualquiera que haya sido la verdad histrica. Lo que est en juego, en realidad, es una narrativa pos-ideolgica que, en virtud de esa naturaleza melodramtica a la que me he referido, romantiza lo poltico, lo anula por lo tanto, sin estar en el fondo a favor ni de unos ni de otros. 9
Sor Mara, una ingenua novicia de clase acomodada, huye de su convento en el momento en que un grupo anarquista se dispone a quemarlo. En su desesperada bsqueda de refugio, acaba por cobijarse en un burdel. Al poco de llegar Mara, una representacin de "Mujeres Libres" clausura el burdel, rene a todas las prostitutas -"Si esto es la revolucin, que no cuenten conmigo, yo no voy con tortilleras", dir una de ellas- y escenifica, en la persona (real, por cierto) de Concha Liao, una arenga doctrinaria: "Compaeras, me llamo Concha Liao, y como estas dos camaradas pertenezco a la organizacin "Mujeres Libres"". Y al declarar que el amor debe ser libre, y no comprado, la cmara enfoca a dos prostitutas que en un aparte apostillan:
El discurso de Concha Liao resulta demasiado programtico y poco convincente, circunstancia que da pie a la airada intervencin de otra de sus camaradas polticas: "Ya habis odo a mi compaera. Me cago en la hostia. Pero qu queris? Queris ser putas toda la vida? Qu os metan el cipote por el coo, diez, quince veces al da por un plato de lentejas? O es que tenis siete vidas como los gatos y queris daros el gustazo de tirar sta a la basura?".
"Mujeres Libres" fue, en efecto, un movimiento femenino de orientacin anarquista creado en abril de 1936 a iniciativa de Luca Snchez Saornil, Amparo Poch y Gascn y Mercedes Comaposada. En rigor, y frente a otros grupos como la "Agrupacin de Mujeres Antifascistas" bajo influencia comunista o el "Secretariado Femenino del Partido Obrero de Unificacin Marxista", "Mujeres Libres", que nunca fue reconocida por el movimiento anarquista, s tena una vocacin ms decididamente feminista. Es cierto que no reivindicaban el trmino, y que existen declaraciones de miembros puntuales que en ocasiones contradicen lo que, por otra parte, era la lnea de actuacin esencial de "Mujeres Libres": la distincin entre los antagonismos de clase y gnero, en el sentido de que, al contrario de lo que opinaba la izquierda en su conjunto, una revolucin en el sistema de produccin no iba a significar la inmediata emancipacin de la mujer. La opresin de gnero era, por lo tanto, independiente de la opresin de clase. Un artculo de 1937 publicado en la revista homnima de "Mujeres Libres" expresa con claridad esta visin:
Como parte del programa cultural y educativo que propugnaba "Mujeres Libres", se incluan los llamados liberatorios de prostitucin. Esta iniciativa pona de manifiesto que el grupo anarquista vea la cuestin ms como un problema de una cultura de gnero opresora para las mujeres, que en los trminos de higiene y salud que solan plantear las instituciones oficiales (Nash 1999: 230-233). La situacin narrativa que abre Libertarias nos introduce de una manera abiertamente caricaturesca la actividad de "Mujeres Libres". Creo, en ese sentido, que no se trata tanto de un trazado anacrnico de los personajes (quizs tambien), 11 como de su construccin espectacular segn la estructura impuesta por una mirada basada en la diferencia sexual. De modo que el repertorio de figuras femeninas disponible desde el principio de la pelcula (la monja de sensualidad naif -en una escena cuasi hilarante, un compaero le dice "Y bendice la revolucin, porque si no nadie jams te habra besado"-, las prostitutas lascivas, las milicianas masculinizadas) establece en realidad una proyeccin de variadas fantasas masculinas. El recurso a mecanismos cmicos, como los apartes que he sealado en boca de varias prostitutas, o la burda contraposicin de los discursos de las dos mujeres anarquistas, reducen la psicologa de los personajes a la objetivacin que acabo de describir. Es interesante notar, adems, que Sor Mara abre y cierra la pelcula, cobrando durante la narracin un autntico papel protagnico. En este personaje parecen librarse todas las dudas y ansiedades de una modernidad malamente resuelta para el caso espaol. Una personificacin que intenta conciliar con escasa sutileza la tensin entre reaccin y progreso en una novicia que cita, con el mismo buen propsito y fervor, tanto los evangelios como a Kropotkin. En este sentido, y en funcin de los mecanismos de identificacin que promueve el punto de vista protagonista en una pantalla, quizs habra que reconsiderar tambin el aparente diseo maniqueo de la historia. Sor Mara encarna, ella sola, la reconciliacin transpoltica de unos y otros en nombre de una version sentimental y desideologizada (al menos en sentido fuerte) de la historia.
No en pocas ocasiones, especialmente desde la Primera Guerra Mundial, la situacin blica se ha ledo como una oportunidad para modificar, siquiera temporalmente, los modelos de gnero dominantes. Este alcance transformativo de la guerra, con todos los problemas que plantea, 12 es reconocible tambin para en el conflicto civil en Espaa. La II Repblica proclamada en 1931 haba introducido importantes medidas legislativas que reconocan la autonoma de la mujer como sujeto moral y poltico (derecho al voto reconocido en la Constitucin de diciembre de 1931, aprobacin en febrero de 1932 de una de las leyes de divorcio ms progresistas de Europa, etc). Estos cambios institucionales venan acompaados por paulatinas transformaciones, diversamente manifestadas segn parmetros de clase, en la esfera pblica y privada. De manera que cuando una parte del ejrcito espaol se rebela contra el legtimo gobierno republicano en julio de 1936, y da comienzo el enfrentamiento blico, las mujeres antifascistas iban a reclamar un compromiso que estaba informado por una nueva autopercepcin desarrollada en aos precedentes. Ya he indicado, con todo, cmo ni las organizaciones femeninas, ni por supuesto sus equivalentes masculinos, disponan de un programa especficamente feminista. Esta peculiaridad terica era sintomtica, en realidad, de una resistencia a aceptar los cambios radicales que amenazaban a una cultura de gnero patriarcal eficazmente naturalizada. De modo que los roles reservados para las mujeres de izquierdas se encontraban en la retaguardia (fbricas, servicios de apoyo, actividades educativas y culturales), fuertemente vinculados al discurso de la maternidad, y an cuando se les permiti acudir al frente su participacin segua determinada por la divisin sexual del trabajo (cocina, limpieza, asistencia mdica). La figura de la miliciana representaba una reformulacin ambivalente de la imagen tradicional de la mujer. Por un lado, puso a disposicin de algunas mujeres (las menos) una posibilidad de desempear tareas que contravenan los rgidos lmites del paradigma de gnero hegemnico. Pero no hay que perder de vista que la figura de la miliciana, que de todos modos propone una masculinizacin de la mujer no necesariamente ni deseable ni emancipadora, formaba parte de las formas de movilizacin -cartelismo, muy principalmente- de la poblacin. Como seala muy acertadamente Mary Nash, la miliciana apelaba a un imaginario masculino:
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