Sanidad milagrosa estremece nación

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SAMUEL SANTANA

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Oct 21, 2010, 12:00:41 PM10/21/10
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Sanidad milagrosa estremece nación

POR SAMUEL SANTANA
JERUSALEN, Israel.-Gran escándalo y asombro ha causado en el liderazgo religioso, político y social de esta nación, el milagro ocurrido a un hombre postrado en parálisis desde su nacimiento y que, de repente, saltó ante los ojos de todos tras recibir la orden de que caminara por parte de Pedro y de Juan, seguidores reconocidos del Jesús crucificado hace sólo semanas.
El hecho milagroso ocurrió en la entrada del templo de Jerusalén a las tres de la tarde cuando los dos discípulos subían al santuario público para orar.
Del hombre cojo no se tiene mucho conocimiento. Sólo se sabe que se colocaba diariamente en este lugar para pedir limosna de la gente y que su discapacidad física era de nacimiento. Todo indica que algún familiar, allegado o amigo lo colocaba todos los días a la entrada de la puerta La Hermosa para que implorara a devotos algo con que sobrevivir.
En lo que podría ser percibido momentáneamente como una desilusión, los discípulos externaron que no tenían absolutamente nada material que ofrecer.
Sin embargo, le dieron algo mucho más importante y sorprendente: la manifestación de un poder que lo hizo ser normal. Hablamos de un efecto extraño que estremeció el cuerpo hasta enderezarle los pies, fortalecerle los músculos y hacerle sentir que podía caminar.
El pordiosero caminó y saltó ante los ojos de todos en el templo mientras alababa el nombre de quien lo había sanado.
Alborozado el pueblo se unió al hombre en gozo dando gloria a Dios y reconociendo su presencia en medio de la nación.
Con la intención de poner las cosas en claro y dar el honor debido a quien lo merecía, Pedro se dirigió a los presentes para explicar que lo ocurrido había sido por la mano de Jesús, conocido como el Cristo o Mesías.
¿Jesús?
La sola mención de este nombre retrotrajo un pasado reciente lleno de odio, intriga, sufrimiento y sangre.
El Jesús mencionado por Pedro fue el hombre que hacía unas semanas fue apresado por soldados romanos, presentado ante Pilato y sentenciado a morir en una cruz ante la acusación de estar escandalizando al pueblo y levantarse contra los intereses del Cesar.
Las evidencias indican que hubo una combinación entre los líderes judíos y las autoridades romanas para deshacerse del Cristo que amenazaba intereses políticos, religiosos, sociales y económicos en la nación y el Imperio.
Roma no toleraba sublevación en ningún lado y el judaísmo cuidaba con gran celo la hegemonía religiosa que tenía en el pueblo.
Con los azotes públicos y la muerte en cruz en el mal oliente Monte Calvario, se creyó que la amenaza había terminado.
Ahora dos de los once seguidores más sobresalientes andan sanando enfermos y afanosamente atribuyendo el hecho portentoso al Cristo que terminó en la tumba de José de Arimatea, pues fue evidente que no tenía ni en que caerse muerto.
Los ojos del pueblo y de los líderes religiosos se han desorbitados al decir Pedro que ese Jesús no sólo está vivo, sino que está sentado al lado de Dios y que volverá para enjuiciar a los pecadores, los que despreciaron y desprecian su nombre y que establecerá, además, un reino de justicia en la tierra.
¿Cómo era eso posible? Todos los creían muerto.
“Dios ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando este había resuelto ponerlo en libertad”, dijo Pedro.
La acusación
Dentro del templo, la temperatura emocional de los presentes subió de escala ante la acusación. “Vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diera un homicida y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios resucitó de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. Por la fe en su nombre, a este, que vosotros veis y conocéis, lo ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a este completa sanidad en presencia de todos vosotros”.
El discurso improvisado, que logró acaparar la atención de todos y desviar los asuntos rutinarios del templo, dio un giro estratégico al indicar que la muerte cruel de Jesús fue producto de la ignorancia.
Obviamente que Pedro lo hizo para hacerles entender que a pesar de la gravedad, el Mesías estaba dispuesto a otorgar el perdón a todos los que se arrepintieran y pidieran su perdón.
Efecto
Hacía más de 400 años que en una reunión religiosa en Jerusalén no se había visto un nivel de compungimiento como el que se apreció en los ojos de estos judíos ante el milagro y las palabras punzantes. De hecho, hacía algún tiempo Cristo se vio en la obligación de tirar al suelo las mesas y las monedas de los cambiadores, liberar los animales del sacrificio y repartir latigazos entre quienes habían corrompido el culto y la casa de Dios.
La conciencia religiosa y espiritual del pueblo se había transformado en un formalismo lejos de Dios. Jesús había llamado hipócritas a los religiosos de la nación que, con sus tradiciones, ponían cargas que no llevaban.
Ellos vivían a sus anchas de las rentas del templo y del culto, pero sin manifestar la devoción propia de los que adoran en espíritu y en verdad. Sólo sus cabezas y no el corazón estaban llenos de la ley mosaica, del ritualismo y de las tradiciones.
Este Pedro, el viejo pescador sacado del mar por Jesús, ahora instruía con la verdad de Dios. Y aunque negó a su maestro tres veces, ahora tenía valor para proclamar la invalidación de las ceremonias del templo por la obra real y única de Cristo, el verdadero cordero de Dios.
Impacientados por las punzadas en la conciencia, cinco mil judíos pasaron al frente implorando perdón al Cristo.
Esto causó una reacción tan adversa entre los líderes religiosos, que no descansaron hasta ver cómo terminaban con los intrusos de la nueva fe.
Pero por segunda ocasión, Pedro volvió a dirigirse a las masas y tres mil más decidieron ser cristianos. Todo indica que en esta ciudad hay un nuevo mover espiritual imparable y que amenaza con llegar a otras partes del mundo. Recuerden que Jerusalén está repleta de extranjeros que han llegado para la fiesta de Pentecostés y que hay nueve apóstoles más por ahí enseñando.

FUENTE: Hechos capítulo 3 y 4
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Rev. Samuel Santana

Pastor, periodista y escritor

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