(Declaraciones del Rev. Samuel Santana vertidas en el programa de radio Hasta la Conquista Final, por la Red Nacional Cristiana, 710 AM, el día 6 de noviembre del 2009
Mi pensamiento sobre la iglesia evangélica de República Dominicana
Voy a entrar en materia y en un análisis un poco profundo. Pido a Dios que me ayude a no meterme en cosas muy complicadas. Lo hago con el interés de aportar mi granito de arena para lo que podría ser el desarrollo e impacto de la comunidad evangélica en República Dominicana.
Es cierto que la comunidad evangélica ha venido creciendo de manera vertiginosa. Esa es la mejor expresión para describir este fenómeno. Se habla de que somos más del 20% de la población dominicana. Tomando esto como ejemplo y tratando de simplificarlo, diríamos que de los nueve millones de habitantes que hay en el país, nosotros conformamos casi dos millones de creyentes.
Hablarse de casi dos millones de personas en un país, es hablar de una gran masa, de un bastión y de algo sumamente importante. Casi dos millones de personas, en un país como el nuestro, para nadie es un secreto que podría inclinar la balanza en unas elecciones presidenciales o de medio termino.
Sin embargo, a pesar de este crecimiento, es una gran verdad que debe ser reconocida, la comunidad evangélica no ha jugado un papel contundente en la nación dominicana en lo que tiene que ver con su desarrollo y su destino.
El contexto en que vivimos demanda que cambiemos esta actitud. Y cuando hablo de contexto me refiero a situaciones terribles que se están dando en el país.
Podríamos citar muchas de esas situaciones. Pero yo quiero enfocarme en el deterioro evidente que se aprecia en los partidos políticos de nuestra nación. Los partidos están sufriendo pérdida de fe por parte de la gente. Y esto es lamentable porque ellos son las instituciones válidas en un sistema democrático para lograr lo que es el desarrollo de la nación, para trabajar en beneficio de los ciudadanos.
Sin embargo, lo que ha estado ocurriendo en los últimos años desdice lo que debe ser esta realidad. ¿Qué ha pasado? Que los partidos políticos, sus líderes, han estado actuando de manera egoísta, obrando de manera particular e independiente. Lo que se aprecia es la fomentación del clientelismo y el deseo de beneficiar sólo a los líderes y a los miembros. Cuando llegan a las estructuras del poder, esos líderes y sus partidos actúan en detrimento de la misma integridad del Estado.
Señores, organismos foráneos como la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional-USAID- han dado muestra de una gran preocupación por los altos niveles de corrupción que hay en las instituciones del Estados. Y desde el 2005 USAID está trabajando a ver si se puede variar esa situación, que los políticos y funcionarios cambien de actitud.
Y hay algo muy importante en ese sentido, y es que desde esa iniciativa la USAID puso la mira en las iglesias evangélicas. Yo participe con oficiales de esa entidad a los fines de articular acciones concretas contra la corrupción. Es un mal que se ha entronado.
En los medios de comunicación se ve que todavía no nos recuperamos de un caso cuando ya ocurre el otro. En ocasiones superando el anterior. Y no hay sanciones contra esto. Todo lo contrario, parece que la gente que mete mano en el erario público la premian. Nosotros sabemos que quienes están en las cárceles son los que se han robado algo sencillo. Pero la gente de cuello blanco tiene dinero para escapar de su fechoría contra el erario público y en el narcotráfico. Pero son cosas terribles que nadie quiere tocar. Usted se mete con esto y tiene que andar mirando para todos los lados, pues le siguen detrás todos los demonios. Es algo duro y terrible.
Y esta institución norteamericana ha estado trabajando a ver si se minimiza esta condición, pues en los partidos no se aprecia cambio en ese sentido. Una gran parte de los funcionarios desvían los recursos del Estado. Y esto trae disgusto y pérdida de fe en la ciudadanía.
Pero lo otro es, avanzando con este tema, pues si sigo encontraré mucha tela que cortar, si nos vamos al aspecto de la moralidad, vamos a ver muchos cuestionamientos, incluyendo contra los nuevos aspirantes al congreso y a las senadurías, de quienes se ha denunciando que un 30 por ciento está vinculado al narcotráfico. Y ya hay señalamientos directos de relaciones con el narcotráfico. En lo moral la situación es triste y se está dando muy mal ejemplo. Con gente que llegan al poder escapándoseles a todo el mundo. No es que las estructuras del poder cambian, sino que llegan con sus mismos caracteres y desde allí comenten las mismas diabluras. Los hay que no creen ni en la integridad de la familia.
Pero vemos también la ineficiencia de los partidos en la solución de los problemas nacionales. Ustedes revisan los periódicos de cualquier fecha del pasado, y si hace lo que se llama en comunicación social un análisis hemerográfico, verán que los problemas de hace tantos años atrás son los mismos que tenemos hoy. Señores desde cuando Julio Izauri se está hablando aquí de apagones. En aquel entonces el problema era por las chichiguas que producían cortocircuitos. Mire como se trata y se entretiene a un pueblo.
Y que hablar de la salud. El que se enferma en este país y tiene que ir a parar a un hospital público, eso es penoso. He vivido la experiencia de visitar a un hermano a un hospital público y he salido deprimido. Eso es penoso, triste y lamentable. Cuando uno compara esto con países desarrollados, como Estados Unidos, donde los centros médicos parecen cosas de otro mundo, uno se pregunta ¿Dios mío y que ha pasado con la riqueza de mi país, que durante tantos años ha producido? Qué han hecho con esto. La gran respuesta deben darlas los políticos y los partidos, que son los que durante tantos años han manejado los recursos del Estado.
Sin embargo, tenemos los mismos problemas, porque se maneja el Estado de manera caprichosa. No hay dinero para aumento salarial a los médicos, pero se le paga un millón de pesos mensuales a un solo funcionario del Gobierno. Esas son de las injusticias sociales que se comente en un país como República Dominicana, por la forma caprichosa que los políticos manejan los recursos.
Gracias a Dios que las ubres de la vaca lechera del Estado no se secan. Vaya usted a ver el criterio usado para el manejo de estas riquezas.
Entre los partidos lo característico ahora es la lucha intestina. Es que todo el mundo quiere llegar al poder por los beneficios. Todos quieren llegar y pegarse a las tetas del Estado.
Todo esto está trayendo como consecuencia una gran desilusión en los ciudadanos. No es que estamos fomentando esto, es que es una realidad que no puede ser tapada. Es una situación creada por los mismos partidos y sus líderes. Prácticamente están descalificados para seguir adelante con los destinos de la nación. Están ahí y se quedan porque no hay nada más, porque la democracia lo que acepta y reconoce son esos partidos políticos vapuleados, pero están descalificados. Si hubiera otra vía, hace tiempo que el pueblo ya la hubiese usado.
Hay muchos que piensan que son líderes porque están en la presidencia o en el poder, no hombre; están ahí porque se han impuesto a través de la compra de conciencia, pues por pura simpatías son pocos los líderes que se quedarían. Están ahí por la utilización de recursos, pues la misma miseria y hambre lleva al pueblo a doblegarse ante una fundita.
¿Cuántos recursos se invirtieron en la campaña pasada? Fue mucho el dinero que se echó a correr. Es que ya el asunto no es condición humana e intelectual. Ahora para llegar al poder algunos se están valiendo hasta del narcotráfico. Es que para un diputado o senador ganar debe invertir entre cinco y 20 millones de pesos, respectivamente. Yo le pregunto ¿y van a recuperar ese dinero por vía de simple salario? Entonces ¿cuál es la lógica de hacer un esfuerzo tan grande si no se tendrá un retorno en la inversión? Ese es el gran misterio. Estas son verdades que brillan como el sol del mediodía, pero que nadie se atreve a tocar, pues existen muchas venalidades y compromisos por dondequiera.
Los partidos políticos han llevado al pueblo a una situación de desconfianza y, peor, de desesperanza.
Ahora bien, yo me he explayado fundamentando lo que voy a decir ahora. Pero deseo que el liderazgo evangélico y la nueva generación presten atención.
Frente a este estado de deterioro que parece no va a cambiar, especialmente en los partidos políticos, ¿cuál es el papel de la iglesia evangélica? A usted líder, hermano y joven, pregunto ¿cuál es el papel de la iglesia evangélica?
David Stoll, un gran analista y escritor, dijo que los evangélicos no saben como responder a los grandes problemas del mundo. Yo no solamente diría que no saben, sino que se han mostrado indiferentes a los problemas que tiene la nación. Porque la mayoría de nuestros pastores se han concentrado solo en la cuatro paredes a hablar del mas allá. Y no está mal predicar la Palabra, pero creo que debemos hacer algo más. Jesús dijo que somos la sal de la tierra y la luz del mundo. Esto habla de una influencia a nivel global. Entonces, ¿por qué limitarnos y por qué darle la espalda a esta situación tan difícil en esta nación?
Podríamos abrir esto, y ver que es la misma situación de America Latina, pero debemos sacar la paja de nuestros ojos para que veamos más allá. La iglesia debe hacer algo y asumir su papel. ¿Cómo hacerlo?
Lo primero es romper con el individualismo y la particularidad. Mientras en las comunidades hay descuido y mientras los hermanos y el pueblo sufren, estamos ajenos a estas realidades. Hay que dar respuesta. Me duele la indiferencia. Sería una mezquindad darle la espalda a los principios vitales de la Palabra, que habla de cambio y transformación.
Estamos en un momento estelar, porque hace unos años atrás la iglesia no podía detenerse a analizar y plantear propuestas porque éramos débiles en término de presencia en la sociedad, algo que nos favoreció en el pasado porque en un régimen como el de Rafael Leonidas Trujlillo los evangélicos no representaban peligro por su humildad y sencillez.
Esto permitió que la iglesia creciera. Pero ya crecimos. Ya la iglesia evangélica es como muchacho que creció. La iglesia evangélica en este país, si quiere, es un poder.
Es tan así que los grandes escenarios donde se han discutido los temas que afectan los intereses de la Iglesia Católica, el clero ha despertado a la gran realidad de que se le acabó el imperio que tenía en la nación. Se le acabó la hegemonía gracias al Concordato.
La Iglesia Católica sabe que hay una comunidad fuerte. El cardenal hubiese dado lo que no tenía para impedir que el artículo que faculta ahora a las iglesias casar con el reconocimiento del Estado no pasara. Estamos hablando de que es una facultad que figura, no en una ley adjetiva, sino en la misma Constitución de la República.
Eso no se logró con paja de coco, ese es un reconocimiento a la comunidad evangélica. Eso representa tumbarle el pulso a un Goliat que tenía a raya a los evangélicos en el país. Demos gloria a Dios por esto, ya crecimos, nos desarrollamos y somos fuertes. Esa es una verdad que no se puede tapar, está ahí. Ya la única voz no es la del cardenal. Ya ha ocurrido un fenómeno en los medios de comunicación que hablan ahora de “las iglesias”. Muchos no han notado esto, pero esto es un fenómeno. Los medios anteriormente cuando hablaban de fe hablaban de la Iglesia Católica, entiéndase, un nombre en mayúscula, pero ahora se habla de “las iglesias”. Ustedes han pasado esto por alto, pero eso se corresponde con un fenómeno real que ha ocurrido en este país.
Ya no somos los simples miembros del proletariado de la época de Trujillo. Tenemos gentes de todos los calibres y todo tipo que está preparada para echar el pleito en cualquier escenario.
Pero eso no es todo. Ahora tenemos que sentarnos a diseñar una visión de influencia y de incidencia en la sociedad dominicana para que las cosas empiecen a caminar por otro rumbo. No podemos permitir que el narcotráfico pernee todos los estamentos de la sociedad, se apodere de la juventud y que la violencia llene nuestras calles de sangre. La iglesia tiene que hacer uso del poder y la autoridad que Dios le ha dado.
Hay dos cosas que por lo pronto podemos hacer. Numero uno, orar, para mantener la nación bajo cobertura divina y para que los demonios del narcotráfico salgan del país. Esos son demonios que incitan a ambiciosos a querer hartarse de dinero a costa de la juventud. El pueblo de Dios tiene que meter bajo la cobertura de oración a esta nación, pero de manera rápida y de emergencia. Hay gente asustada que desea irse de este país. Señores, pero llegó el otro día un joven de Estados Unidos que vino a buscar un familiar para llevárselo, pero la Policía los mató a los dos.
Yo ando en ese vehículo y miro para todos lados. Yo no tengo miedo. Yo me desplazo por todas partes. Lo único que tengo es una Biblia en mi vehículo. Pero ando con cautela, pues por lo visto el Diablo quiere hacer añico a este país. No podemos permitirlo. Declaremos oración, ayuno y vigilia, pues los demonios quieren acabar con la nación.
Lo otro que debe hacerse, es tema del siguiente análisis que abordaré la semana entrante. Es que tenemos que organizarnos, pues le adelanto que hay ciertos desordenes que se deben corregir. Es un tema un poco largo, pero es el deseo de orientar al pueblo por el sendero que Dios desea.
Si usted quiere, ore por mí, yo les pido la oración. La gente siempre llama aquí por oración, pero soy yo quien pide oración, para que Dios me de la fuerza de seguir con lo que él ha puesto en mi corazón.
II
Debo confesar que la primera parte de mi análisis fue sencilla. Este otro tramo, que tiene que ver con la iglesia evangélica de República Dominicana, me resulta un poco difícil, no por la falta de elementos, sino porque hay cosas un tanto lastimosas que se deben tocar, pero que son realidades que están ahí.
Debo aclararles, también, que he orado a Dios para esto. Lo que voy a exponer es el producto de una larga reflexión. Tengan ustedes la certeza que esto lo hago con el único interés de aportar mi granito de arena a favor de la obra de Dios. Aquí hay muchas cabezas con muy buena capacidad y sé que, de igual manera, tienen ideas, visiones y pensamientos con relación a la obra.
Ya voy para 20 años ejerciendo el periodismo en el país. Empecé en el área secular en uno de los medios más importantes de la nación. Pero el Señor me sacó de allí y me ha puesto a trabajar en su obra.
Sé lo que esto significa. Estoy convencido de la magnitud de la responsabilidad de uno manejar informaciones relacionadas con una comunidad que está en el corazón de Dios, como es la iglesia del Señor. Yo permtenezco a esta comunidad. Y sirvo al Señor con mucho temor. Y siempre con el deseo de ver que la iglesia avance. Cuando nací en mi pequeño campo del este, fui presentado al Señor por un ministro de la iglesia evangélica de Puerto Rico.
Pienso que de alguna manera Dios coloca a uno en un lugar con un propósito dentro de su kairos. Y cada uno de nosotros debe jugar su papel desde la posición que Dios le ha colocado. Yo haré mi parte.
Hago este introito por considerarlo de capital importancia.
Abriendo surco sobre este tema, “Mi pensamiento sobre la iglesia evangélica de República Dominicana”, digo que este análisis está fundamentado en dos grandes planteamientos que ha hecho la Iglesia Católica en contra de la iglesia evangélica. Y usted conoce la naturaleza de los planteamientos que hace el catolicismo al protestantimo. Si lo ha hecho con relación a otras entidades de fe, eso a mi no me compete. Lo que me interesa es lo que tiene que ver con la comunidad a la que yo pertenezco, la iglesia evangélica de República Dominicana.
Usted sabe que la naturaleza de cualquier planteamiento hecho por el clero con relación a esta fe, casi siempre es con el interés de desmeritar y desacreditar el trabajo realizado. Y la razón por la cual se quiere desmeritar y desacreditar a la iglesia evangélica responde a la preocupación que tiene el catolicismo por el espacio ganado en la sociedad dominicana. Es una verdad que se manifiesta en toda América Latina.
No podemos callar ante estos planteamientos. Ellos constituyen un desafío. Y en lo que amerita refutamiento, se debe hacer. Y lo que amerita de una revisión, de una critica interna, hay que observarlo también, para corregir. Y Yo les adelanto que hay de las dos cosas.
Número uno, el catolicismo ha dicho que en la comunidad evangélica hay un desorden dirigencial. Esto fue manifiesto en todos los medios de comunicación durante las discusiones para la aprobación del Proyecto de Ley para la Regularización de las Organizaciones Religiosas y durante el conocimiento del artículo constitucional que reconoce el matrimonio de otras fe en lo civil.
El catolicismo aprovechó esas dos coyunturas para plantear eso, que hay muchos generales y muchas gentes que habla en nombre de la comunidad evangélica.
¿Tienen ellos razón en ese sentido? ¿Es válida su preocupación? No quiero dar una respuesta rápida, sino que debo seguir ahondado para llegar allá.
Vamos a navegar sobre algunos elementos históricos para llegar a puerto con una respuesta.
¿Cuál es la historia de la iglesia evangélica en el país, de los protestantes, que es el término sociológico usado para hablar de nosotros? Sé que a algunos no les gusta este nombre, pues lo ha usado el catolicismo de manera despectiva, pero sociológicamente es el que nos permite una mayor identificación. Respeto a quienes no les gusta. Pero como comunicador debo valerme de los elementos que nos permitan describir algo de la manera más clara posible.
La historia evangélica es larga y comienza con las misiones tradicionales, como los wesleyanos y los moravianos, que llegaron por el Siglo XIX. En la isla se abrió la puerta para que los negros de Estados Unidos vinieran a la “tierra de la libertad”, como le llamó Jean Pierre Boyer. Vinieron para trabajar en los campos agrícolas. Esas misiones fundaron escuelas y su fe. Se establecieron en Samaná y en Puerto Plata. Algunos nativos se aprovecharon de su aporte. Gregorio Luperón aprendió a la leer y a escribir en una de esas escuelitas.
A inicio del Siglo XX, empieza a penetrar a la isla misioneros pertenecientes al movimiento Pentecostal. El primero fue Salomón Feliciano, quien se estableció en San Pedro de Macorís. Eran tiempos de dificultades económicas terribles y ataques por parte del clero católico, que se mostró celoso de su espacio.
El hermano Feliciano regresó a Puerto Rico, huyéndole a la situación. Este no dejó un trabajo establecido. Pero en el 1930 llega el hermano Francisco Fernández- Panchito-. Su obra tuvo frutos. El primer superintendente de las Asambleas de Dios, Enrique Suárez, se convirtió con él. Así iba la obra Pentecostal desarrollándose.
En el 1939 llegaron, también, misioneros de la Iglesia de Dios.
Estas son las llamadas organizaciones históricas, que desde el Siglo XIX han tenido incidencia en el país.
Luego viene el movimiento llamado neo-pentecostal. Este nombre no es porque se produce una manifestación de poder espiritual extraordinario sino porque abrieron las puertas a todo el que quisiera venir a Jesús. Las iglesias tradicionales eran cerradas. Para ingresar a una iglesia Pentecostal tradicional había que pasar por un proceso. La salvación se presentó de manera traumática. En las puertas de las iglesias había una especie de santometro. Estamos hablando de los años 70 y 80. Marcos Villamán habla mucho de esto en su libro “El auge del pentecostalismo”.
Esto limitó el crecimiento de las iglesias evangélicas tradicionales. Se ponía mucho énfasis en la parte externa. Era más fácil usted llegar a la iglesia con el corazón lleno de cosas antes que entrar con una vestimenta rara. Señores, pero a T.L. Osborn los pastores le impidieron celebrar una campaña porque tenía barba.
Son pequeños ejemplos de cómo se restringió la puerta de las iglesias. Bueno, pero llegan las iglesias neopentecostales con mayor apertura. Ellas no manifestaban esa presión de los maestros de las iglesias tradicionales. Lo otro es que se enfocaron en la clase alta, en quienes vivían en los residenciales y urbanizaciones de nuevo cuño social.
Incluso, la liturgia estaba revestida de un dinamismo diferente, con bandas de adoración y grupos de cantos. Se mostraron con una nueva forma de vivir la vida espiritual.
Nuestros evangelistas y pastores tradicionales pasamos a las gentes por una ceremonia de iniciación. Eso está bien. Pero el asunto es que Jesús no integró a nadie mediante una iniciación, sino que, simplemente, pedía que le siguieran. Y eso significaba un compromiso de ir a donde él iba y escuchar sus enseñanzas. El cambio de las personas se producía en el caminar y en la relación con el Señor. Y aunque uno como Pedro hizo crisis, al negarlo tres veces, Jesús no lo dio como perdido, sino que esperó hasta su recuperación a la fe y a la comunidad de creyentes, a quienes el mismo apóstol dirigiría.
Sin embargo, los maestros del pentecostalismo tradicional pusieron reglas que los del neo no observaron, proyectándose con un nuevo perfil.
Pero este nuevo perfil se manifiesta en otros aspectos. Las organizaciones tradicionales se acogen a lo que es la institucionalidad. Es decir están regidas por normas y reglamentos que les permiten cohesionar su funcionamiento y estilo de vida. Su forma de gobierno es presbiteriano congregacional. Esto habla de iglesias que están bajo una supraestructura.
¿Cuál es el estilo en la neo-pentecostal? Lo que prima esencialmente es lo congregacional. Muchas son independientes. No están afiliadas a una estructura supra o que esté por encima.
Cuando la Iglesia Católica dice que hay un desorden, desconoce todo estos elementos. Porque una iglesia sea independiente, no quiere decir que tenga un desorden, pues se maneja con el mutuo acuerdo de sus miembros, quienes vigilan y se mantienen al tanto de todo. La iglesia más sencilla tiene su orden, su sistema de gobierno.
Por eso no caben en la categoría de secta, como ha acusado el clero. Usted puede hacer una evaluación a nivel nacional y difícilmente va a encontrar una iglesia evangélica que caiga en la categoría de secta.
El clero bien sabe que una secta es un grupo de personas con rasgos afines que siguen de manera ciega a un líder. Eso no ocurre en las iglesias evangélicas, cuyo sistema de doctrina se comparte, con pequeñas variables, de manera común entre todas las demás congregaciones protestantes, aún cuando no pertenezcan al mismo concilio u organización.
En las iglesias evangélicas no existe el desorden tal como desea presentarolo la Iglesia Católica. En lo que sí tiene razón es en lo que tiene que ver con la representación o vocería ante la opinión y ante los organismos del Estado.
No siempre se ha correspondido con la realidad, las declaraciones que en nombre de los evangélicos han hecho algunas personas.
La representación de los evangélicos es como una especie de pastel que muchos quieren aprovechar.
Algunos por su trayectoria de trabajo han calado hasta la posición de líderes, pero no son representantes de la comunidad evangélica.
Citemos algunos casos a modo de ejemplo: Domingo Paulino y Ezequiel Molina Rosario.
El primero logró un protagonismo en los medios por su arrojada actitud de someter ante la Corte Suprema de Justicia un recurso para que se rompa el Concorcado entre la Iglesia Católica y el Estado Dominicano. Esto le ganó reconocimiento ante los medios de comunicación por la envergadura del asunto. Pero no es más que una persona sin arraigo ministerial ni organizacional.
El caso de Ezequiel Molina es más justificable, pero, a la vez, más complejo. Veamos. El tiene autenticidad ministerial. Nadie puede quitarle ni negarle que es un hombre de larga data en la predicación de la Palabra y en el ministerio. Empezó en las Asambleas de Dios como evangelista, recorriendo campos y ciudades. Luego, tuvo la visión de incursionar en el mundo de la comunicación a través de la radio. Esto le permitió darse a conocer en el pueblo evangélico. Esto lo acompañó con su actividad multitudinario, consolidada el primero de cada enero.
Sin embargo, Molina miró más allá de simplemente predicar el evangelio y edificar a los hermanos. Creo que el fenómeno inició desde el mismo momento en que puso a su emisora el nombre de Voz Evangélica Nacional. Se trata de un nombre que puede significar dos cosas: número uno, que todos los creyentes y organizaciones tienen en este medio la oportunidad de externar sus criterios. Número dos, que él y su ministerio constituyen la voz de todos los evangélicos de República Dominicana. ¿Por cuál de las dos se decide usted?
Lo que aprecia en la realidad es que su voz y su ministerio son los que mayor espacio ocupan en el medio. De hecho, ha sacado y cercenado espacios por razones que sólo ellos conocen.
Pero hay otros hechos que llaman la atención. En el 1990, cuando el primer gobierno del doctor Leonel Fernández Reyna realizó el Díalogo Nacional, el líder que representó a la comunidad evangélica en la ocasión fue Ezequiel Molina Rosario.
III
La naturaleza de la iglesia evangélica en República Dominicana es sana. Se equivoca la Iglesia Católica cuando hace el calificativo de secta, puesto que aquí no hemos tenido casos como los de Jim jones, en Guyana; y David Koresh, en Waco, Texas. Las iglesias evangélicas mantienen un mismo sistema doctrinal y mantienen una relación de coinonía, solidaridad y de acercamiento. Hasta ahora no se ha registrado en el país un solo caso al estilo de Jones ni Koresh.
Sin embargo, hay algunos aspectos que debemos reconocer y sobre los cuales debemos estar conscientes. Pero esto ya se maneja de manera interna, no tiene que ver con la sociedad en sí ni con la comunidad. Ante el país las iglesias tienen una hoja de servicio sana, pues están haciendo un trabajo muy bonito con los jóvenes, la niñez y la familia en general, entre otras cosas positivas.
Pero a nivel interno, en los últimos años han ocurrido algunas cosas que se deben señalar. Por ejemplo, con el llamado igle-crecimiento, que fue abrazado con mucho entusiasmo por el neo-pentecostalismo, se produjo una especie de antagonismo, de afán y de lucha por querer tener el templo más grande y el número más grande de creyentes. Y en ese afán se violaron y se siguen violando principios éticos.
En un concilio como las Asambleas de Dios es normativa exigir a cada obrero pedir una carta de recomendación a cada miembro que provenga de otra iglesia, aún cuando sea de la misma organización. En este documento se indica el perfil y cualidades del creyente. Esto impide lo que podría ser el trasiego de gente a las iglesias que se van por razones caprichosas y actitudes que al ser corregidas producen molestias.
¿Qué ha ocurrido? Bueno, que últimamente esto no se observa. Y todo por el afán de crecimiento, de venga todo el que quiera, venga pueblo y venga gente, sin importar quien eres. Y se han dado casos terribles. Yo como pastor he sido víctima de esta situación. A mí se me desapareció un miembro por dos semanas. Y cuando llegó a la iglesia me dijo que yo no tenía que bautizarlo porque otro pastor lo había hecho. En sólo dos semanas.
Esta es una situación que le ha hecho daño a la iglesia evangélica del país. Se debe reforzar la institucionalidad. No se deben tirar por el suelo los principios. Hay que cohesionar la obra para una mejor calidad de nuestra membresía.
El otro gran problema que tenemos es el independentismo que ha llevado, incluso, hasta la indiferencia en lo que tiene que ver con las demás iglesias y con los concilios. A veces se tiene la impresión de que cada quien es como un patriarca en su comunidad y en su espacio. Y que no le interesa lo que ocurre en término general con relación a la comunidad evangélica. Entonces tenemos los llamados llaneros solitarios, que son líderes que trabajan sólo y con la única mira de abarcar todo para ellos solos.
Pienso que esto no debe continuar en el pueblo de Dios. ¿Oyó bien lo que dije? Sí, el pueblo de Dios. Somos el pueblo de Dios. No podemos ser el pueblo de Dios actuando cada quien de manera particular, medalaganaria, indiferente y con ambiciones personales. Esto quita fuerza. Así no se puede hablar de la iglesia como masa, como pueblo o comunidad, pues no hay forma de entrelazar planes, proyectos y acciones. La realidad sería que cada cabeza es un mundo aparte y diferente a las demás.
El tiempo para los llaneros solitarios ya pasó. El que crea que en este país se va a levantar por encima de las instituciones y de los demás siervos de Dios que están predicando la Palabra y ministrando el evangelio, sencillamente se equivocó. Ya no hay espacio para los llaneros solitarios. En este país no es la individualidad lo que se debe fortalecer, es la institucionalidad. Esa es la única forma de articular acciones para tocar todas las estructuras de la nación.
Pero otro gran problema que hemos tenido es lo relacionado con la representatividad. O como se le llama últimamente, con la vocería o portavoces, que son los que hablan en nombre de. En esto sí que hemos tenido, y seguimos teniendo, muchos problemas.
En República Dominicana, históricamente los medios de comunicación han tratado con desdeño a la comunidad evangélica, algo que no ocurre en Estados Unidos. Esto responde a la gran influencia que tiene la Iglesia Católica en los medios de comunicación. Ya hemos dicho que el clero fundó universidades y que preparó gente para que, luego, funcionaran a su favor.
Lo otro tiene que ver con el gran desconocimiento que tienen muchos comunicadores con relación a la comunidad evangélica del país. Y la iglesia evangélica por su condición sociológica, de actitud y capacidad nunca se preocupó por superar esta situación. En España los protestantes resolvieron esto orientando a sociólogos y comunicadores. Han establecido un perfil claro de los protestantes en su nación.
El único momento que registra la historia, en que un medio de comunicación se detuviera a prestarle atención a un líder evangélico y a una manifestación protestante, fue el año 1954, cuando David García y Jaime Cardona llegaron desde Puerto Rico para celebrar una gran campaña en el Parque Julia Molina. Esa actividad empezó con ocho mil personas y terminó con 30 mil participantes. Era la época en que el generalisímo Rafael Leonidas Trujillo dirigía los destinos de la nación dominicana.
Don Germán Emilio Ornes Coiscou, director del El Caribe en esa época, comisionó a un equipo de periodistas para que día a día dieran seguimiento a lo que ocurría en el Julia Molina. Y el periódico usaba diariamente casi una página contando de los milagros y de las manifestaciones del poder de Dios en esa campaña. Eso duró casi un mes. Esto causó un gran revuelo a nivel nacional, con la Asociación Médica Dominicana, las autoridades y la Iglesia Católica Dominicana enfrentados. Para el clero aquello era un embaucamiento del pueblo. Había un sacerdote que se escondía en un lugar estratégico desde donde grababa en cintas magnetofónicas las predicas del reverendo García. Luego, se iba a una especie de “laboratorio” para analizar, palabras por palabras, el contenido de los sermones.
Pero este director de periódico, don Germán Emilio Ornes Coiscou, cubrió las incidencias porque le llamaba la atención el asunto de las sanidades. No por las declaraciones que daba García, que apenas se limitaban a dar gracias al director por la cobertura, que, dicho sea de paso, redundó en beneficio por la gran cantidad de gente que venía de diferentes partes del país al recibir la información. Esto llevó el público de ocho a 30 mil personas. Hubo protesta porque la gente estaba destruyendo el entorno con la masiva movilización. Eso llevó a que fueran a parar la Calle Quince y Seis, del Ensanche la Fe, frente a donde está hoy el local del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC).
Detuvieron la actividad, pero reflexionaron, pues se dieron cuenta que no podían detener el sentir de la gente que venía a la jornada de fe.
Hay muchos detalles, pero les adelanto que eso forma parte de mi tercer libro que ya está hecho en un ochenta por ciento. Lo que quiero es hacer notar el comportamiento de los medios de comunicación con relación a los evangélicos.
Pasó mucho tiempo sin que los medios manifiesten algo así. Cuando yo entro a trabajar en los años 90 al periódico Hoy, noté que a diferencia de los partidos políticos y otras entidades sociales, eran virtualmente nulo el flujo de informaciones provenientes de las iglesias evangélicas.
Al desconocimiento de los medios sobre la idiosincrasia evangélica del país, el otro elemento negativo era la falta de definición de liderazgo. En comunicación social existe lo que se llama líder de opinión. Los protestantes carecían de esto. Esto hacía que los periodistas no supieran a quien dirigirse ni a donde ir a la hora de buscar una opinión, parecer o información sobre un hecho determinado y de interés nacional.
Pero gran paradoja de la vida, esa indefinición fue sustituida por figuras, que diferentes razones aprovecharon la oportunidad. La primera de estas figuras fue el evangelista puertorriqueño Geñito Rodríguez López. Pero se trata de un hombre que hacía declaraciones tremendistas con relación a la Iglesia Católica y al presidente de la República de entonces, que era el doctor Joaquín Balaguer. El se expresaba con un fanatismo de tal modo que llamó la atención del periodista Huchi Lora, quien pidió que lo deportaran del país por irrespetar a las autoridades dominicanas.
Fijese usted que no se trata de un asunto positivo. A través de Geñito se presentaba a la comunidad evangélica como un grupo de gente fanatizada que irrespetaban al Presidente de la República. No fue una imagen buena. No había nadie que le saliera al paso a eso y que edificara a la opinión pública y que contrarresta ese comportamiento. Geñito tenía una estación radial. A veces hablaba desde suelo dominicano y, otras, desde Puerto Rico a través de una cadena. Lo cierto es que con esas características y condiciones este puertorriqueño era el líder de opinión de la comunidad evangélica de República Dominicana.
Pasó Geñito y vino, entonces, Domingo Paulino. Este es un joven, creo que de San Francisco de Macoris, quien empezó a cuestionar el Concordato. El presentó un recurso ante la Suprema Corte de Justicia para que se eliminara el acuerdo entre el Estado dominicano y la Iglesia Católica. Los medios, dando tumbo con ese gran desconocimiento sobre los evangélicos, le atribuyó a los protestantes de la nación la decisión.
Desde entonces, Paulino pasó a copar la atención de los periodistas. El iba a los programas de mayor rating a hablar. Ya ni sé por donde anda. Pero él aprovechó el vacío. Y lo hizo con elementos fuertes. Pues hablarse del Concordato y de la Suprema Corte de Justicia, se convirtió en un gran protagonista.
Hablemos ahora del fenómeno Ezequiel Molina Rosario. Este es un caso mucho más complejo. El es dueño de dos estaciones de radio. El también tuvo su momento en el que se veía en la nación dominicana como el gran líder de opinión. Casi como el representante neto de la comunidad evangélica. Pero debo detenerme por cuestión de espacio. Lo abordaré más tranquilamente en mi próxima intervención. Muchas gracias.
IV
En días pasados, cuando les contaba a ustedes la historia de los medios de comunicación en el país, les hablé sobre un espacio radial que yo escuchaba en mi lugar de nacimiento, allá en la parte distante de la Provincia del Este, en Higuey. Ese programa que escuchaba en horas de la tarde era La Batalla de la Fe. Lo recibía con mucho entusiasmo porque era lo único que se tenía como recurso de estímulo en la fe. Yo siempre esperaba con ansias las transmisiones de este espacio, dirigido por el pastor Ezequiel Molina Rosario y, en ocasiones, por Demetrio Montero Méndez. Ellos bendecían mi vida.
La imagen que tenía de Ezequiel era de un hombre de valía, de predicador y un gran maestro de la Palabra.
El tiempo fue pasando. Cuando llego aquí a la capital, disfruto con mayor amplitud de las predicas de Molina porque él había aumentado sus transmisiones, que combinaba con los cultos y actividades masivas en las iglesias y espacios públicos.
Vi como iba creciendo dentro de la comunidad evangélica dominicana. Tengo, por ejemplo, en mis manos un gran resumé de los reconocimientos que él ha tenido. Estos son:
-Doctor Honoris Causa, 9 febrero del 2006, Universidad Henríquez y Carvajal.
-Reconocimiento como una de las figuras estelares de la radiodifusión en la República Dominicana, 24 julio del 2006, INDOTEL y el Presidente de la República, doctor Leonel Fernández Reyna.
-Ministro distinguido del Concilio Evangélico de las Asambleas de Dios, enero del 1992.
-Reconocimiento a La Batalla de la Fe y a su líder, 26 de abril del 2003, Codue.
-Reconocimiento en el 40 Aniversario de su Ministerio, 24 julio del 2003, Radio Visión Cristiana.
Aquí en su libro “Memorias de un ministro, vida y testimonio de un siervo de Dios”, publicado en julio del 2007, en la página 127, dice lo siguiente:
“El pastor Ezquiel Molina Rosario es uno de los evangélicos dominicanos que por su consistente trabajo en la obra de Dios y su buen testimonio tiene mayor reconocimiento y nombradía entre los evangélicos. La proyección de su ministerio le ha permitido alcanzar un significativo impacto en todas las esferas del país”.
Yo, en lo que fue el ejercicio del periodismo, llegué a asistir a muchas de las actividades de Molina. Por ahí deben descansar las páginas de los periódicos donde hice crónicas con fotografías y textos de las actividades que él hacía. Es que traía todo un perfil y una admiración de él desde mi comunidad distante del Este, donde me alimenté con sus enseñanzas radiales.
Las relaciones públicas de las Asambleas de Dios me llevan a mirarlo de manera más cercana. Vine a ser un observador de su trayectoria. Siempre le vi como un hombre de concilio y un gran predicador, como siempre.
En el libro que le he citado ya, en la página 109, titulado “Vínculos y relaciones conciliares, Asambleas de Dios”, en lo que podría ser el capítulo 10, Ezequiel plantea lo siguiente:
“Fue en las Asambleas de Dios donde nací en todos los aspectos, ya que mis padres, abuela y tíos pertenecían a esa organización. Allí me formé e inicié mi ministerio. A la edad de 17 años mis inquietudes ministeriales desbordan el sistema de desarrollo de mis líderes y trataron de frenarme. Esto provocó un salto hacia otro lugar donde se me permitiera desarrollar mi vocación (1961).
“Luego 18 años más tarde (1979) dentro del período que dirigió el reverendo Manuel de Jesús Cruz y en la convención del 1980 reingreso a las Asambleas de Dios de donde nunca me había despegado, ya que conservé mis relaciones paternales y fraternales como siempre y además nunca dejé de recibir el apoyo moral y espiritual.
“Figuré como ministro de las Asambleas de Dios hasta el mes de noviembre del año 2005 (25 años). Fui separado por el Comité Ejecutivo de la organización. A mi juicio hubo dos razones principales que los impulsaron a tomar esa decisión que siempre respetaré, pues lo hicieron en el ejercicio de sus atribuciones: Primero, el proyecto de iglesia de La Romana sin pedirle permiso, y segundo, discrepancia con la nueva línea doctrinal y litúrgica asumida por el concilio.
“Algunas novedades doctrinales fueron introducidas a la organización y entendí que reñían con los principios básicos que habíamos aprendido, sustentado y predicado durante toda la vida. Me vi en la obligación de hacer públicas mis diferencias y prácticamente enfrentar la nueva corriente.
“Y las nuevas autoridades compuestas por jóvenes-Los ejecutivos en ese entonces eran los reverendos Alejandro Pérez Jerónimo, superintendente; Pedro Ramón Gómez, vicesuperintendente; Arismendi Rodríguez, presbiterio ejecutivo; Carlos Mateo, secretario ejecutivo; Darío Mateo, director Educación; Freddy Martínez, director Misiones; Francia de Cornelio; vocal-que desconocían muchos detalles básicos de la historia de la iglesia y sus principales protagonistas, ejerciendo sus poderes legales, enviaron una carta circular informando que ya no éramos parte de esa organización.
“Luego se dio cierta apertura para nuestro regreso, pero sin cambiar la línea doctrinal que nosotros impugnamos y además tomando en cuenta que nosotros no renunciamos, sino prácticamente fuimos expulsados, preferimos interpretar el asunto como lo que es: una manera de Dios obrar para desarrollar sus planes. Así lo dejamos y conservamos nuestra amistad y confraternidad con todo el cuerpo ministerial de esa organización, incluyendo la dirigencia, en la plena convicción que los lazos espirituales y fraternales que llevamos dentro son indestructibles (2007)”.
Yo saco a relucir esto porque quien primero lo hizo fue el mismo pastor Ezequiel Molina en su libro, el cual tiene una foto de él predicando en primer plano y, en el fondo, se ve a una gran multitud de gente congregada en el Palacio de los Deportes. Esta obra está repleta de fotos de grandes concentraciones de hermanos que se dan cita cada primero de enero para dedicar el primer día del año al Señor. Eso se ha convertido ya en una costumbre, pues es un día en el que nadie trabaja, pues es festivo.
La obra cuenta la historia de su ministerio y tiene un perfil de su autor. Pero ya ustedes ven que no sólo se limita a eso, sino que contiene la historia de su rompimiento con las Asambleas de Dios de República Dominicana. Esas rupturas ocurrieron en dos ocasiones, una en 1961 y, la otra, en el 2005.
Pero yo deseo que nos detengamos a mirar con atención las razones que Molina presenta para explicar por qué salió de las Asambleas de Dios. Primero, que fue por el proyecto Mahanaim en La Romana. Yo tengo unos añitos en las Asambleas de Dios, donde comencé desde Obrero Predicador hasta ser Ministro Ordenado. Empecé predicando en los campos y levantando una iglesia que hoy tiene su propiedad. Pero yo no sabía que para levantar una obra había que buscar consentimiento en el Concilio y que allí, incluso, se puede prohibir este tipo de iniciativa. No lo sabía. Una iglesia, que según me han dicho tiene unos 700 miembros y al frente de la cual está su hijo, quien es el director, también, de Radio Ven en La Romana.
Lo segundo que él dice es que salió por discrepancias doctrinales y litúrgicas y que “enfrentó la nueva corriente”. Y que le propusieron regresar pero sin cambiar nada. Por eso el vio la oportunidad como “la manera de Dios obrar para desarrollar sus planes”. Cuando él habla de “línea doctrinal y litúrgica nueva”, de seguro que se refiere a los llamados Encuentros. Sí, los Encuentros que empezaron a celebrarse en diferentes congregaciones y organizaciones y que, en un momento determinado, se creyó que venían a destruir la obra de Dios hasta crearse una gran humareda alrededor de todo esto. Yo le digo esto porque ya eso forma parte de la historia, que no se puede esconder. Y como yo escribo historia y hablo de la historia tengo que tocar estas realidades.
Pero esto no se quedó en una fase de intimidad. En los archivos de los periódicos, específicamente en El Nacional, descansan las declaraciones de personas que dijeron al medio que las “Asambleas de Dios estaba virtualmente dividida”. Yo tuve que salirle al frente a eso, por las mismas páginas de El Nacional, pues en mi condición de Relacionador Público de las Asambleas de Dios tuve que jugar mi papel histórico y cumplir con mi responsabilidad. Le hice entender al pueblo que no era verdad que el Concilio se estaba dividiendo y que eso no era algo que pudiera llevarse a la organización por delante.
Pero tampoco eso no era razón para una persona irse de una organización donde había invertido toda su vida, pues había líderes históricos nuestros que no estaban con eso. Ahí está el reverendo Silverio Manuel Bello vicesuperintendente; Manuel Rivera, presbítero ejecutivo; Feliz Hernández Y Miguel García, entre otros. Ellos combatieron eso, pero se mantuvieron en la obra. Ninguno de ellos saltó del barco. Se quedaron peleando la batalla. Y yo también que conozco la doctrina de las Asambleas de Dios, no me fui de mi concilio. Aunque con diferencias, todos nos mantuvimos ahí batallando. Es que las organizaciones muchas veces son sometidas a situaciones desafiantes para calibrar la institucionalidad. Y eso pasó con el Concilio. Pero sabe usted lo que pasó, las Asambleas de Dios salió fortalecida y hoy mantiene una relación de coinonía y de hermandad. Estamos trabajando por el bien de la nación dominicana.
No creo que estos dos elementos que Ezequiel Molina esgrime en su libro sean las razones fundamentales por las cuales tomó su decisión.
El presenta a las Asambleas de Dios como una institución que está contaminada con una doctrina perjudicial y dañina. Mire, si a mí me hubiese él consultado a la hora de publicar este libro, yo le hubiese sugerido modificar muchas cosas y una de ella es precisamente este capítulo donde habla del Concilio.
Y las Asambleas de Dios se quedó así sin hacer un pronunciamiento público porque, es triste decirlo, pero lo voy a decir, muchos de nuestros líderes no se dan cuenta de que él escribió un libro como este donde habla de la organización. Pero yo lo compré y me lo leí y encontré todo esto.
Pero esta no es la realidad del asunto. ¿Por qué salta Ezequiel Molina de las Asambleas de Dios? Y esto es bueno que el pueblo lo sepa, porque hay mucha gente que no lo sabe.
Nuestro superintendente actual, el reverendo Alejando Pérez Jerónimo, guardó silencio, a pesar del daño que se le estaba haciendo y de la campaña devastadora contra su gestión. Y les voy a decir las dos razones. Número uno, lo hizo por amor a la obra del Señor, porque Ezequiel Molina es una figura pública y es, prácticamente, un patrimonio de la comunidad evangélica. Había muchas cosas en juego. Y por eso guardó silencio. Se tragó eso.
Lo otro es, que para nadie es un secreto, que por cuestiones sentimentales de amistades viejas, había líderes dentro de las Asambleas de Dios que apoyaban a Molina. Entonces si el superintendente tiene problemas con el asunto de los Encuentros, no se iba abrir otro frente, pues a dónde iba a llegar la situación. Y ni él ni el concilio le salieron al frente.
Pero esos líderes que estuvieron con él, lo hicieron porque creían que la culpa era del superintendente, que ya sale en enero-porque cualquiera puede pensar que digo esto para congraciarme-. No hombre, Alejandro se va ya en enero y va a venir otro superintendente, yo lo que estoy es jugando mi papel histórico y tratando de poner las cosas en claro, porque a mí me gusta la transparencia y que la verdad brille como el Sol del mediodía, pues cuando tapamos cosas le hacemos más daño a la obra de Dios y más alimentamos actitudes insanas. Además, se debe establecer precedente para que aquellos que desean levantarse queriéndole pasar por encima a los demás, que sepan que hay ojos mirándolos y que la historia los juzgará. La historia no se escribe como a uno le parece, sino como debe ser, apegada de manera estricta a la verdad. No como a mí me parezca, como la escribe Ezequiel Molina Rosario en su obra.
Oiga, él dice que vio eso como una oportunidad, “que era la manera de Dios obrar para desarrollar sus planes”. ¿Y cuáles eran los planes? Uh. Crecer, crecer y crecer hasta opacar concilios, organizaciones y todo el que se le ponga por delante. Levantó su iglesia en La Romana y la gran queja allí es que los miembros de allá y de la capital son gentes que vienen de otras iglesias, especialmente de las Asambleas de Dios. ¿Qué pasó con la Asamblea de Dios Central de La Romana, donde pastorea el reverendo Abad Carpio. El lo describe aquí, pues es que da pinceladas en su libro que permiten ver cosas. El dice que la Mahanaim de La Romana empezó primero con 10 hermanos que no tenían donde congregarse. Eran 10 cabeza caliente de esos que se les van a los pastores. Que se diga la verdad.
Ahora yo no estoy hablando por pura teoría. No. Es por experiencia propia. Cuando Ezequiel Molina estableció su iglesia aquí en la capital yo tuve un miembro que se me desapareció por dos semanas. Y, luego, cuando apareció me dijo que el pastor Molina lo había bautizado. Tuve problemas en mi iglesia porque los jóvenes no querían salir de Mahanaim. ¿Qué ha pasado en todas las zonas donde él se establece? Ya su iglesia aquí debe tener mil miembros. El asunto es crecer y crecer hasta llevarse todo por delante.
Señores, y en ese afán se jugó a destruir a las Asambleas de Dios, poner a tambalear la institución. Es cierto que el superintendente pudo haber metido, que sé yo, algo que él consideraba bueno para el crecimiento de las iglesias, pero cualquier cosa que se hacía en contra de él, era contra las Asambleas de Dios, pues es la figura representativa de toda la organización. Atacar al superintendente en ese tiempo era atacar a las Asambleas de Dios. Y cuando él en su libro dice que había “prácticas extrañas” está diciendo que las Asambleas de Dios está contaminada y que se está enseñando cosas raras. Era como decir: “¡Salgan de ahí, porque hay asuntos raros y extraños!” Para buen entendedor pocas palabras.
En última instancia, dice que lo sacaron. Pero yo no he dicho todavía toda la verdad. ¿Usted quiere saber la razón fundamental por la cual Ezequiel Molina Rosario salió de las Asambleas de Dios? Porque el Comité Ejecutivo lo sentó y le dijo usted tiene que poner las emisoras y propiedades a nombre del Concilio. Y él dijo que no. Esa es la verdad. Esas emisoras y todo lo que ha generado su ministerio, están a nombre de Ezequiel Molina Rosario y su familia. Aclaro que no se trata de pecado. No, no. El es un hombre intachable en cuanto a pecado. Estamos hablando de asuntos institucionales. Que él no quiso poner estos medios a nombre de la organización, simplemente. Eso es todo.
Señores, las Asambleas de Dios lo que está es cuidándose. Es que la Iglesia Católica ha acusado a la comunidad evangélica de no transparentar sus bienes. El clero ha dicho que lo que el Gobierno da a la Iglesia Católica no es del cardenal, de monseñor ni de los obispos, sino del pueblo. Si la Iglesia Católica exige transparencia, pues los concilios tienen que apretarse la correa y exigir eso a todos sus miembros. Cuando las propiedades están a nombre de un concilio es del pueblo. Claro, hay pastores que desean alzarse con el santo y la limosna. Pero esa es la batalla que deben pelear las instituciones. Por eso hemos dicho que lo que se debe fortalecer son las instituciones, pues son las que pueden salvaguardar los intereses del pueblo. El pueblo da y el pueblo apoya, pero, en muchas ocasiones, desconoce el manejo que se da por detrás, con gente poniendo cosas a su nombre, lo que pasa a ser un patrimonio de la familia.
Si no es así, pues yo lo que tengo son inquietudes. Y me gustaría sentarme y hacer pregunta con cualquiera para que me de respuesta. Ezequiel tiene sus planes. Y uno de ellos ahora es comprar una estación en Puerto Plata, para montar, al mismo tiempo, otra Mahanaim. Y allá va a inquietar a los pastores de Puerto Plata. Es que su visión es tener una cosa más grande que las Asambleas de Dios y que los demás concilio.
El no ha cometido pecado. Pero he dicho que el poder y el dinero muchas veces se llevan de paro la visión, la ética y la trayectoria. Es lamentable que este hombre que a todos nos orientó y que yo lo veía como una figura grande, a quien se le dio tanto poder, termine así.
Por eso es que digo que no se deben alimentar figuras, sino, más bien, las instituciones, que son las salvaguardas de los intereses reales del pueblo.
Sé que algunos me dirán mañana que yo no debí decir esto y que debí guardarme estas cosas. No señor, es por guardar cosas que hay tantos problemas en este país. Y el pueblo de Dios está llamado a caminar por la línea, pues es el pueblo de Dios. Y hay que sentar precedente, de que hay ojos mirando y gentes que no se tragan caramelitos así de manera tan sencilla. Si lo dejamos pasar hoy, mañana vendrán otros. Si de hecho hay gente intentando arrebatar a los concilios cosas. Esto duele decirlo, pero es la verdad.
Se jugó a destruir las Asambleas de Dios. En ese tiempo se escribieron dos libros atacando a la organización y se usaron medios. Pero el concilio rebasó ese huracán y ya es una organización fuerte. En enero vamos a tener elecciones. Y cualquier de los candidatos será el hombre de Dios que continuará con el crecimiento y desarrollo. Tenemos casi dos mil congregaciones. Pero lo mismo ocurre con la Iglesia de Dios, que hoy cumple 70 años de trabajo en el país. No se le puede dar poder a una sola persona. Es que hoy día ser líder, ya no es estarlo al frente del proletariado de la época de Trujillo, sino de un pueblo que ha crecido enormemente. Y esto significa poder y dinero, y eso suele llevarse principios por delante. Se debe tener mucho cuidado.
Señores, se me fue el tiempo. Volveré el miércoles. Esto simplemente forma parte de lo que es mi pensamiento sobre la iglesia evangélica en el país. Les sigo pidiendo las oraciones, pues Dios ha puesto inquietudes en mi corazón y no sé lo que pueda ocurrir en lo adelante. Me llevaré la satisfacción del deber cumplido. Dios les bendiga.
V
Dentro de las iglesias evangélicas dominicanas históricamente ha sido débil su representación masiva ante los demás sectores e instituciones públicas y privadas del país. Las entidades y grupos se han proyectado siempre de manera independiente. Los Gobiernos han encontrado esta problemática cada vez que buscan alguna cabeza representativa de toda la comunidad para articular planes o alguna consulta.
Al usarse así misma como referente, la Iglesia Católica ha visto este gran problema y lo ha usado como punta de lanza a la hora de presentar argumentos contra iniciativas que favorezcan a esta comunidad en detrimento de sus intereses. Cuando en el Congreso Nacional se discutía sobre el Proyecto de Ley de Asociaciones Religiosas en el 2008, los miembros del Episcopado Dominicano hicieron una visita a los congresistas para entregarles un documento en el que afirmaban que los protestantes estaban desorganizados y que no había con quien se pudiera asumir compromisos en nombre de toda la comunidad.
En el país se han formado, hasta ahora, el Consejo Dominicano de Unidad Evangélica, CODUE; Consejo Nacional de Iglesias, CNI; Confraternidad Evangélica Dominicana, CONEDO; Red Pastoral; Consejo Nacional de Confraternidad de Pastores Evangélicos, CONACOPE. Estas entidades han hecho el esfuerzo por tener a todos los concilios, movimientos, ministerios, organizaciones e iglesias en sus planillas. Pero, lo paradójico es que la misma existencia de tantas de estas entidades es la indicación de lo difícil que ha sido lograr este objetivo.
A este problema se suma el fenómeno de los líderes de opinión que por su trayectoria o aprovechamiento de coyuntura han tomado para sí la prerrogativa de hablar en nombre del pueblo de Dios, logrando, incluso, obtener beneficios de los gobiernos al proyectarse como tal.
Debido a las dificultades que se ha tenido con esto, ha surgido un intento reciente de representación a través de la Mesa del Diálogo. Hasta ahora este organismo está en fase de gestión. Por lo pronto se ha logrado la integración de los principales concilios y de las mismas entidades que surgieron anteriormente para representar a los evangélicos. Se piensa que aquí ya se detuvieron todos esfuerzos inútiles para lograre este objetivo.
Sin embargo, el esfuerzo es arduo porque en el país existen entidades, líderes e iglesias a los que no les interesa para nada la integración en algún organismo representativo de los protestantes. Pero se trata de una actitud que puede tener su consecuencia negativa.
Si la Mesa del Diálogo logra su objetivo, debe no sólo conformarse con esto, sino que debe crear los mecanismos para cerrar posibilidad a todo intento al margen de ella de querer lograr cosas en las instituciones del Estado y en la misma comunidad evangélica. Tendría todo el poder casi absoluto para desautorizar a cualquier líder que intente hacer pronunciamientos a nombre de la comunidad evangélica del país, para citar sólo un ejemplo. Esto eliminaría el problema que se ha tenido siempre con lo de la vocería.
Lo otro es que la unidad debe ir acompañada de la generación de proyectos mancomunados. El primer gran paso en ese sentido lo ha constituido la estación radial Red Nacional Cristiana, comprada por unas 20 organizaciones evangélicas. El próximo paso es adquirir un canal de televisión. Y lo mismo podría ocurrir con un periódico o revista oficial de la comunidad.
Estos pasos en la comunicación permitirá la cohesión y promoción del pensamiento doctrinal y de directriz dentro de la comunidad.
A todo esto se suman iniciativas tendentes a favorecer la sociedad dominicana mediante planes de ayudas gestionados y coordinados entre el Estado y las congregaciones.
Indiquemos, también, que esto podría ayudar a que se mantenga un espacio de reflexión para discutir y cotejar las diferencias surgidas por el deseo de implementar nuevas experiencias espiritualistas que, en la mayoría de los casos, inquietan al grupo. El diálogo abierto, razonable y tolerante sería el recurso que ayudaría a preservar la integridad de la institucionalidad.
VI
Uno de los elementos vitales que debe ser tomado muy en cuenta es lo que tiene que ver con la transparencia. Se deben superar las experiencias del pasado, en el sentido de líderes que eran beneficiados con recursos dados por el pueblo para la propagación de la Palabra y que, luego, terminaban convertidos en patrimonios personales y de familia.
La conformación de una entidad representativa de la comunidad evangélica debe asumir el compromiso y la responsabilidad de ser salvaguarda del patrimonio de los creyentes. Esta situación no se da en los concilios e iglesias bien organizadas, sino, más bien, en aquellos que trabajan sin rendir un informe claro al pueblo y sin manejarse con apego a los principios democráticos.
Todavía queda en la estela de la confusión lo que ocurrió con la estación radial Radio Revelación en América, que fue fundada en el país por el evangelista puertorriqueño Geñito Rodríguez López. No se sabe si levantó la estación con esfuerzo propio o con las ofrendas de los hermanos boricuas y dominicanos. Lo cierto es que un día decidió venderla por US$30, 000.00 (treinta mil dólares) al ingeniero Julio Soto Medina.
Han existido y existen casos de líderes que han puesto al pueblo a trabajar y colaborar afanosamente para comprar terrenos, propiedades y cosas. Sin embargo, todo se coloca a su nombre.
No hace mucho tiempo la periodista Nuria Piera dio a conocer el caso de un pastor que traía vehículos de Estados Unidos y compraba propiedades sin que el pueblo supiera que él era el único propietario de todos esos bienes.
Son de las cosas que deben corregirse para no producir escándalos y mal testimonio dentro de la obra de Dios.
En la mayoría de los casos, los hermanos se dejan encantar por el carisma de algún líder que abusa de la confianza y, hasta, de la ingenuidad.
El poder de la institucionalidad cierra paso a este tipo de situación porque no se coloca nada en manos de la pura confianza, sino de lo reglamentario.
Este es uno de los grandes problemas que enfrentan los watchdog-instituciones vigilantes de la transparencia-en Estados Unidos con organizaciones reconocidas que no pasan la prueba de la integridad, al no dar informes a los contribuyentes sobre lo que reciben.
Debe existir un cuerpo vigilante tanto de la transparencia como del ejercicio ministerial. Ya aquí se vivió la amarga experiencia de dos individuos que levantaron iglesias e instituciones “evangélicas” causando gran escándalo en el país al tener un testimonio contrario a la ética y la moral.
Todo esto son elementos que demandan de una institucionalidad fuerte a través de la unidad.
CONCLUSION
La comunidad evangélica de República Dominicana se encuentra en una posición de mucho privilegio.
El informe de la Gallup correspondiente al 2008 dice que es la institución más seria que hay en todo el país, por encima de la Iglesia Católica.
Es la que se aprecia más comprometida en la lucha contra la corrupción, mal este que preocupa a los ciudadanos y a organismos internaciones.
Este contexto debe ser aprovechado con la fortaleza institucional y con la implementación de planes, proyectos y un trabajo dinamizador unido.
Los demás planteamientos sobre cómo lograr otros aspectos y a los hice en mi libro “Perfil de la Iglesia Evangélica en la Sociedad”. Muchas gracias