christianhonest
unread,Sep 24, 2010, 11:01:28 PM9/24/10Sign in to reply to author
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to Comunidad de Testigos de Jehová
Hace algun tiempo mi colaborador y colega Jarhume presento este ensayo
sobre el nombre de Dios, el cual me ha facilitado para este grupo.
Espero lo disfruten.
Algunos han citado 500 o 600 traducciones modernas donde ha sido
“restaurado” el nombre Jehová, para probar que Jehova o Yahve es el
nombre de Dios. Eso es una actitud muy ingenua y no prueba nada con
respecto a lo que fue el uso conocido en el tiempo de Jesús. Eso solo
prueba que 500 traductores, desconocedores de las intenciones del
cristianismo de eliminar ese nombre, se han arrogado el derecho de
introducirlo en violación a las instrucciones y usos de Jesús y los
cristianos primitivos. Lo importante aquí es que el nombre Jehová no
aparece en ninguno de los manuscritos de los primeros siglos.
Pero para ponerles a pensar un rato, sepan que Jesús prefirió nunca
usar el nombre Jehová o Yahvé (YHWH).
En efecto, no aparece en ninguna copia antigua del Nuevo Testamento.
Los TJ se han arrogado el derecho de “restituirlo” en el Nuevo
Testamento, pero eso es un atrevimiento ofensivo a las propias
intenciones de Dios y de Cristo de eliminar su uso, pues se prestaba
para la idolatría.
Idolatría no es solo adorar una imagen. Un sonido o un fonema puede
también constituirse en una imagen o un talismán para la buena suerte;
que era en efecto lo que hacían los judíos. Fue por eso que los
levitas lo habían removido del uso público, prefiriendo usar el titulo
de Padre, que refería a los hombres a la imagen conocida de un padre,
pero mucho mayor que un padre humano.
La evidencia contemporánea al Nuevo Testamento muestra que 400 años
antes, al traducir el texto hebreo al griego (la versión de los
Setenta o Septuaginta), los traductores empezaron a remover el
Tetragrámaton y a sustituirlo por Señor o Dios.
Pero lo más interesante de todo eso es que estando esta versión
Septuaginta a disposición de Jesús, este NUNCA condenó ese proceso de
eliminar el nombre Jehová. Si como dicen los testigos de Jehová, esa
es una doctrina tan importante--para ellos la más importante--,
deberíamos haber encontrado múltiples pasajes del NT en donde Jesús se
rebelara contra tal blasfemia. ¡Pero que interesante, Jesús, ese
mismo que se encolerizó porque habían convertido la casa de su Padre
en una cueva de ladrones, no lo menciona ni de pasada, mucho menos sus
discípulos!
El énfasis desmedido en el uso del nombre Jehová es otro truco
religioso para apartar a los hombres de la verdadera esencia moral del
cristianismo, que Jesús quiso enseñar por encima de imágenes
innecesarias.
Como algo muy importante, debe hacerse notar que cuando Jesús u otros
pasajes del NT hablan del “nombre” no están haciendo referencia al
Tetragrámaton YHWH, ni al fonema o sonido del nombre de Dios. Si ese
fuese el caso entonces estarían hablando de la importancia de que ese
sonido o letras sean engrandecidos. Pero eso es un absurdo. El único
interés real es traer gloria a la persona tras ese sonido, con sus
propósitos, “personalidad”, atributos, mensajes, amor, etc.
Así, “en el nombre del Padre, Hijo, y Espíritu Santo” no se refiere a
ningún nombre, pero en representación de los propósitos de Dios y
Cristo. Santificar el nombre de Dios no es hablar mucho sobre ese
sonido y argumentar que Dios necesita de reconocimiento sobre ese
sonido o etiqueta para su satisfacción o para la felicidad de su
creación. Nada podría ser mas narcisista como viniendo de Dios. No,
santificar el nombre de Dios es hacer lo que Cristo hizo: hacer el
bien a los demás, enseñar que el amor de Dios brille en nuestros actos
hacia nuestro prójimo. Pues como dice Juan: si no amas a tu prójimo a
quien has visto, como has de amar a Dios a quien no has visto.
Dios no necesita de nuestros sacrificios o de nuestra alabanza. Por
eso Jesús dijo que Dios quiere misericordia y no sacrificio. Si,
misericordia hacia nuestro prójimo, pues Dios no la necesita. Los
judíos se acostumbraron—como parte integral de su viejo pacto--a dar
sacrificios de animales al templo de Israel, que en esencia eran para
la manutención de los levitas y sus familias, que dedicaban todo su
servicio al templo. Pero eso ya no es necesario; y así Jesús dice que
si vienes a traer un sacrificio a Dios y allí te acuerdas que tienes
un problema con tu hermano, mejor es que vires en redondo ahí mismo y
resuelvas el asunto con tu hermano, pues si no tu sacrificio no tiene
valor alguno. En realidad, ahí Jesús ahí no ataca las instituciones
judías, pues el estaba jurídicamente bajo el pacto de la Ley Judía
mediada por Moisés, pero el sabia que pronto ellas ya no existirían, y
cualquier sacrificio al templo ya seria cosa pasada.
Santificar el nombre de Dios es dejar que los atributos o cualidades
de Dios brillen en nuestras vidas, que reflejemos los frutos del
espíritu (Gálatas); que cada acto de nuestras vidas refleje la esencia
divina que compartimos en nuestra naturaleza humana hecha a la
semejanza de la esencia divina del Padre. Cincuenta mil repeticiones
del Nombre, ni ajetreadas defensas del origen gramatical del Nombre,
que se usó en el AT, no valen lo que vale un legítimo acto de amor
hacia nuestro prójimo.
No es cierto que el nombre Jehová se usara antes de Moisés. (””Y Dios
siguió hablando a Moisés y diciéndole: “Yo soy Jehová. 3 Y yo solía
aparecerme a Abrahán, Isaac y Jacob como Dios Todopoderoso, pero en
cuanto a mi nombre Jehová no me di a conocer a ellos.”” Éxodo 6:2,3)
Lo que pasa es que fue Moisés quien recopiló el Pentateuco y como fue
él quien lo oyó por vez primera, lo introdujo en los pasajes previos a
Éxodo 3 que discutiremos ahora.
¿No se acuerdan cuando por primera vez permitió Dios que se usara ese
sonido YHWH (con sus vocales hoy desconocidas)? (Éxodo 3:11-15) Lo
hizo como una concesión a la mente carnal de un hombre, Moisés, que
creía que la etiqueta era importante, pues para los hombres lo era.
Cuando Moisés, en su pequeñez literal intenta que Dios le dé un
nombre, pues los otros “le preguntarán por un nombre”, “que quién me
ha enviado”, Dios se resiste y se llama a sí mismo por una forma
verbal, que implica acción inacabada: “yo seré el que seré”, “yo
resultaré ser”. ( El YO SOY EL QUE SOY, de otras traducciones.)
Dios, desde el punto de vista de la concepción hebrea, como Dios
mismo se presenta, es en una forma verbal no terminada, en acción no
completada, pues Dios no es objeto fijo y terminado, pero acción
eterna e infinita que no puede ser paralizada por la etiqueta o nombre
definitorio que fija o congela la esencia de ÉL. Su esencia es
inacabable, es dinamismo indeterminable por un sonido o fonema; de ahí
la preferencia de usar un verbo sobre un nombre, que podría hacer
mejor paralelo con su esencia divina.
Moisés, con su mente pueril, y actitud literal insiste en el asunto
del nombre, y Dios, como una concesión a esa actitud infantil y
literalista de la mente de los hombres, como expresada por Moisés en
esa segunda petición, de forma renuente y reticente transforma la
forma verbal en una forma sustantiva “YHWH”, sólo para llenar los
requisitos de la mente literal y carnal que no puede mirar en la
infinitud de los propósitos y acciones del Creador.
Sin satisfacerse, aun cuando Dios “bajaba en una columna de nube” que
se situaba “a la entrada de la tienda de Moisés” donde “él hablaba con
Moisés” (Éxodo 33:9, 10), “cara a cara, tal como le hablaría un hombre
a su prójimo” (Éxodo 33:11), todavía este hombre carnal y pueril, no
satisfecho de haber pedido un nombre; ahora quiere ver “su
gloria”(Éxodo 33:18), que debe referirse a la apariencia “física” de
Dios. A lo que Dios contesta, a esta mente literal, que él “no puede
ver su rostro”, y “sin embargo vivir” (Éxodo 33:20), pero que Él le
hará la concesión de ver “su espalda” (Éxodo 33:23), y hará que toda
“SU BONDAD pase delante de su rostro” y declarará el “nombre de
Jehová” para él. ¿Y como “declara Dios su nombre a Moisés” (Éxodo
34:5), mientras le pone “en un hoyo en la roca” y le protege con “su
mano” al pasar su gloria? (Éxodo 33:21-23) Haciendo hincapié en los
propósitos y cualidades morales de Dios, pues “Jehová es un Dios
misericordioso y benévolo, tardo para la cólera y abundante en bondad
amorosa y verdad... ” (Éxodo 34:6.) El que comprende eso de Dios, lo
ha visto. Como el que ha visto a Jesús, en sus obras y principios—como
él dijo—ha visto al Padre.
Aunque cumplió su propósito y cometido, la tradición hebrea, ante el
hecho de que los judíos le dan un carácter supersticioso a la
pronunciación del Nombre, elimina dicho nombre del uso cotidiano para
evitar la adoración o uso como talismán. Nuevamente, la actitud
literal que como una concesión divina originó su uso, causa ahora su
eliminación para evitar el énfasis inapropiado sobre una “imagen del
nombre” antes que sobre las cualidades de Padre Creador, donde residen
los méritos esenciales que deben reconocer sus hijos.
Cierto es que en la vida diaria, y por problemas de identificación
entre millones de seres, nuestro nombre es algo muy importante. Y no
se niega, que por concesión de Dios mismo, ese nombre fue usado. Pero
hay que madurar, y entender que esto es una concesión a una mente
inmadura. El que llega a entender a Dios desde su perspectiva de
acciones interminables e inacabadas, no sigue llamándolo así, aun
cuando no esta faltándole el respeto. ¿Pues quién como Dios para
entender las necesidades pueriles de sus hijos? (Recordamos, como
Jesús le llama no sólo Padre, pero Abba, papá, Marcos 14:36) Cuando
hablamos del Padre Creador como Jehová, y lo hacemos en el contexto de
la fe cristiana y bíblica, ese uso se convierte en algo innecesario,
que muestra que en nuestra mente no hemos podido superar la visión
carnal de Moisés; nos alejamos tanto de El, como si no le conociéramos
de cerca, como si tuviéramos miedo a su ternura y su amor.
Entiendo que eso debe sonar raro e irrespetuoso cuando hemos aprendido
a estimar ese nombre sobre todo, pero es una cuestión de entendimiento
de la esencia de Dios. Debe reconfortarnos ver como el propio Jesús
no condenó a la cultura hebrea que eliminó el uso del Nombre, y como
el Nuevo Testamento, aunque hace breve referencia al nombre en
“Aleluya”, rehúsa usarlo rutinariamente. La ausencia del uso de ese
nombre en el NT por Jesús y sus discípulos debería ponernos a pensar
en las razones que hasta ahora han estado más allá de nuestro
entendimiento y crecer en nuestra madurez hacia ellas.