Me he tomado la molestia de comentar someramente algunos aspectos de
esta discusión. Es en mi opinión, un escrito bastante apegado a la
historia bíblica, pero carece de alguna profundidad filosófica. Y
me explico.
Dice nuestro interlocutor: “”> Observación científica: Desde
luego, toda verdad bíblica es
> científica; cuando Dios afirma algo, es verdad innegable y no necesita
> de confirmación humana, pero es interesante notar que es un hecho
> cientí¬fico que "la vida de la carne en la sangre está".
Este comentario tiene, obviamente, que ser cualificado. La Biblia no
posee necesariamente verdades científicas. En efecto, la ciencia ni
siquiera afirma que existen las verdades científicas. La filosofía de
la ciencia moderna sólo afirma que enuncia constructos o hipótesis de
trabajo, pero que todos ellos están sujetos a revisión continua. No
puede adjudicársele a la Biblia la emisión de verdades científicas,
pues la Biblia es un libro precientifico, hecho en un tiempo cuando ni
siquiera existía el vocabulario contemporáneo de la ciencia para
explicar dichos conceptos científicos, que no podían ser imaginados ni
expresados en lenguaje científico moderno.
Un estudio concienzudo de la comunicación de Dios con los hombres nos
muestra que en esencia, aparte de unas breves—aunque muy importantes--
comunicaciones registradas con Caín, Noe, Abraham, los patriarcas y
los profetas, y obviamente, con el breve periodo de Jesús y sus
apóstoles, la comunicación de Dios con el pueblo hebreo se limito a la
entrega de los Diez Mandamientos. Se sabe que el resto de los libros
de las Escrituras Hebreas, fueron redactados por Moisés y los levitas,
los cuales en efecto pudieron haber continuado modificando el texto
hebreo hasta siglos posteriores a la existencia de Moisés. En
efecto, dichos libros poseen innumerables referencias a asuntos
precientificos y anticientíficos, que son el producto del folklore
cultural judio y que nada tienen que ver con las intenciones morales
finales de Dios. Y que por lo cual Dios destruiría ese código con
todas sus adherencias de origen humano hechas por los judíos como
materia de mores culturales.
Luego, la afirmación de que la “”vida de la carne en la sangre esta””
no es una declaración exhaustiva. La vida de los seres humanos
depende de muchas cosas más que la sangre, como lo son el aire, los
alimentos, las medicinas, etc. Hay que resaltar que prácticamente
todas las comunicaciones de Dios con el hombre, fueron encaminadas a
magnificar al hombre la importancia de considerar la vida como lo más
valioso que Dios le ha dado, algo sagrado que el tiene que
salvaguardar como condición para la salvación.
Así, le implica a Caín, que la vida de su prójimo es responsabilidad
de cada ser humano, pues somos “”guardas de nuestros hermanos””.
Hace luego la más clara afirmación de la santidad de la vida en las
palabras a Noe en Gen 9, donde no sólo se expresa sobre la santidad de
la vida humana, sobre la cual deberá responder cada hombre con su
propia vida, pero sobre la vida animal, la cual no deberá derramar por
deporte, como Nemrod, cazador en oposición a Jehová. ( Luego expresará
el mismo sentido corrigiendo la impulsividad irracional de Abrahán—que
Dios mismo ha generado, de sacrificar a su hijo en obediencia a Dios,
para enseñarle que la vida de su hijo es sagrada, y que hay medios
legales o litúrgicos para llevar a cabo ese sacrificio, sin necesidad
de recurrir al filicidio, como lo ya lo había hecho Abel, al traer
animales primogénitos de su rebaño como expiación por los pecados y
para agradar a Dios. )
Ahí con Noe, aunque ya prefigurado con el caso de Abel, Dios decide
REPRESENTAR la vida por la sangre, pues la forma más directa de
arrancarla es extrayéndola violentamente de cualquier ser viviente.
Para fines de esa representación y para imprimir en la vida de los
hombres un respeto preeminente sobre la vida, Dios establece un ritual
de derramar la sangre de los animales, a los fines de que cada vez que
el hombre disponga de la vida de un animal para fines alimenticios,
recuerde que esa vida es sólo una concesión especial que Dios le ha
dado. Eso evidentemente, no aplica a la vida de los hombres, que es
sobremanera sagrada, y por la cual se le pedirá cuentas con su propia
vida.
La mayoría de los hombres tiene la capacidad de seguir el formalismo
de un ritual, pero debido a su incapacidad de recordar cosas
abstractas como son los símbolos o las entidades biológicas como lo es
la vida, si no se les recuerda continuamente que dicho ritual tenia
la intención de perpetuar un respeto profundo a la santidad de la vida
en general y en particular de la vida humana, siguen viviendo felices
con el ritual, pero empiezan a faltarle al sentido último a ese
ritual. Así tratan su propia vida de forma temeraria, y la de los
demás como algo subsidiario o relativo.
El mejor ejemplo de eso, es el de los TJ, que se inmolan en el falso
altar de la obediencia al ritual de derramar la sangre en el caso de
una transfusión, y se sienten orgullosos de asesinar a sus propios
hijos negándoles una transfusión de sangre. Llegan al punto de citar
el acto irreflexivo de Abrahán de asentir a quitarle la vida a su
hijo, sin atender a la corrección héchale por Dios, de que el
principio de la santidad de vida humana impide quitarla cuando hay
medios litúrgicos o legales para cumplir con la ley del ritual sin
violentar el espíritu de la ley de Dios que nos conmina a considerar
la vida como sagrada.
La Biblia es un libro precientifico que no anticipaba el procedimiento
científico de la transfusión de sangre, pero si los hombres tuvieran
al menos una distinción clara del principio filosófico-jurídico
envuelto de que el espíritu de la ley de Dios y el respeto a los
principios morales que nos enseñan a ver la vida como sagrada tienen
preeminencia sobre los rituales y los mecanismos legales y
litúrgicos, no nos enfrentaríamos a esta terrible y anómala situación
de asesinato glorificado.
En efecto, encontramos pues, una terrible paradoja de que puede haber
personas que no crean ya en el ritual de derramar la sangre de
animales y quizá la coman, pero que encontrarían como algo horrendo
atentar contra el espíritu de esa ley divina de quitarle la vida a
otro ser humano. Aunque por otra parte, podemos encontrar gente como
los TJ, que jamás violarían el ritual de no comer sangre, pero que
asesinarían a sus hijos al no entender la preeminencia de los
principios sobre los rituales.
Y esto nos hace reflexionar sobre las palabras de Pablo (2 Cor
3:7-11) de que todo el código mosaico, todo el contenido jurídico que
se desprende de los Diez Mandamientos, pero incluyéndolos a estos,
fueron abolidos por Dios, y no tienen carácter de obligatoriedad
jurídica sobre el hombre. Y Pablo nos hace pensar en Romanos 14:5-7
que podemos guardar un día si nos place dedicárselo a Dios, pero no
podemos obligar a otros a guardar un sábado, pues por ese mismo nuevo
pacto de Jesús, toda la ley judía y el mandamiento que ordenaba
guardar el sábado también fue abolido. No empece a que en un momento
fuera algo tan serio por lo que una persona podía ser condenada a
muerte si lo violaba.
Los cristianos fueron llamados para ser libres, (Gal 5:13), ya no
dependen de ningún código jurídico que no sea otro que los
mandamientos de amar a Dios y amar a su prójimo, y por eso Pablo les
recuerda en Gálatas producir los frutos del espíritu como única
condición de su libertad. Todo ese código jurídico cristiano se
resuelve en amar a Dios en nuestro prójimo, porque sólo a él vemos. (1
Juan 4:20) Y su vida es sagrada, porque como se implicó con Caín,
somos guardianes de la vida de nuestros hermanos; porque como se le
dijo a Noe, nuestra vida respondería por la vida de nuestro prójimo;
porque como se le dijo a Abrahán, la vida de nuestros hijos y nuestros
amados es de un valor superlativo sobre los mecanismos legales y
litúrgicos.
Christianhonest