Nosotros Somos Dios Pdf Download

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Jul 14, 2024, 4:34:34 PM7/14/24
to comprunwangdis

En los das que vivimos, esta zona ha perdido ya su carcter residencial; su paz fue destruida por la invasin del comercio elegante y su unidad arquitectnica por la construccin de numerosos edificios de arquitectura "funcional" que aprovechan, elevndose en altura, el creciente encarecimiento del terreno.

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Pero en la poca en que se desarrolla la accin de esta pieza (1913-1914), la colonia Jurez estaba en plena lozana, sus casas (techos altos, ventanas esbeltas, fachadas de cuidadosa ornamentacin rematadas por la tpica, negruzca buhardilla parisin que esperaba en vano la nieve que nunca caa del clemente cielo); sus calles, que ya tenan hilos telefnicos y eran cruzadas ya por automviles; su situacin relativamente alejada del centro de una ciudad todava pequea y con aire provinciano, reverso de la brillante medalla que hoy relumbra orgullosa con sus seis millones de habitantes, sus largusimas avenidas, sus viaductos, sus pasos a desnivel, sus jardines y sus fuentes; todo en ella hablaba de la riqueza de sus moradores y del "progreso" habido en treinta aos de paz, progreso superficial y ficticio del que se beneficiaban unos cuantos privilegiados, cuya ilusin caera por tierra cuando la Revolucin mostr la verdad de un pueblo oprimido, hambriento y colrico.

En la colonia Jurezdonde hasta la mexicanidad del apellido que ostenta fue traicionada al bautizar sus calles con nombres europeos: Pars, Havre, Berln, Sevilla, Lisboa, etc.estaba el "chalet" que construy don Justo Alvarez del Prado, prspero abogado a quien recurran nacionales y extranjeros cuando traan entre manos algn asunto que requiriera"influencias."

Don Justo tena las mejores relaciones; las puertas de los palacios ms estrictos se le abran y en no pocas oficinas encumbradas tena derecho de picaporte. Su fortuna naci y creci a la sombra protectora de don Porfirio, de quien se rumoreaba que no slo era amigo sino pariente y hasta consejero; pero su despacho no decay durante el "maderismo"; no sufri en sus negocios reveses ni en sus bienes mengua.

Al llegar al poder el general Victoriano Huertadespus de los asesinatos de Madero y Pino Surezfue llamado a ocupar una cartera en el Gabinete Presidencial, en recompensa a los buenos oficios que realiz para el entendimiento secreto entre aqul y Flix Daz, en los aciagos das de la Decena Trgica.

Lo que el espectador ve de la casa de don Justo es un saln interior muy amplio, alto de techos, las paredes tapizadas con papel de tonos sombros, un gran arco al fondo comunica con un pasillo que a su vez tiene salida a la terraza (por el fondo tambin), al vestbulo (por la izquierda). En primer trmino, a izquierda y derecha, sendas puertas.

Los muebles, de caoba y brocado, son los de rigor: sof, sillones, sillas, jugueteros llenos de finas porcelanas; sobre una mesita hay un telfono; en las paredes, retratos de familia, copias de cuadros acadmicos y un espejo en cuyo marco sonren angelotes dorados. Al centro de la habitacin cuelga un gran candil de prismas. En la ventana y en las puertas, cortinas de terciopelo.

Laura. Como quieres (en el telefono) L-7-19, seorita (A Clara.) Pensar que estamos locas. (Al telfono.) Bueno? S. Est el seor Ministro?... De parte de su hija... Como?... Muchas gracias. (Cuelga.) Acaba de salir.

Clara. (Al telfono.) Bueno? La casa de la seora Caldern?... Est ella? De parte de la seora Alvarez del Prado... Gracias... (A Laura.) Ya estaba acostada. Van a llamarla.

Clara. Acostarse a esta hora!... Bueno? La seora Caldern?... No se asuste, seora. Habla la seora Alvarez del Prado... Pues s, mucho tiempo... Perdone que la llame tan intempestivamente, pero pienso que tal vez pueda ayudarme. Ver usted: en los escndalos de hoy en la maana... Cmo? (A Laura.) No se enter de nada.

Clara. (Al telefono.) Fue una manifestacin organizada por la Casa del Obrero Mundial... Motivo? Acaso necesitan motivos para alborotar? Que poque hoy es primero de mayo... Aniversario de que mataron a no s qu obreros en Estados Unidos... Claro que no tiene nada que ver, pero ellos organizaron una manifestacin y la polici lleg a disolverla y se arm la de Dios es Cristo... Bueno, pues desde la maana desapareci mi hijo, el ms chico... No; se es Carlos; el chico se llama Luis...(Alzando los ojos al cielo en seal de aburrimiento.) Ya tiene nueve aos!... Por supuesto que no estaba en la manifestacin; sali para la escuela y... (Furiosa.) Pero, seora, por favor, djeme hablar... (Se controla.) Disculpe, disculpe... Le deca que Luisito sali de casa desde las ocho de la maana y hasta ahora no ha vuelto... Claro que no s dnde pueda haber ido. Temo que le haya pasado algo y pens que tal vez usted... No, no sabe nada... Bueno... Un Rosario y dos Magnficas... se lo agradezco mucho... S, no saldr de casa. Gracias... (Cuelga.) No es posible que haya desaparecido. Alguien tiene que saber su paradero.

Laura. Pero, qu razn puede dar para eso? Si fuera un tarambana, un jugador, un borracho, si tuviera algo que reprocharle, me explicara que pap no lo aceptara. Pero si es un muchacho honrado, trabajador, con un ttulo, por qu me prohibe verlo?

Clara. Es preferible. De veras. Cualquiera puede decrtelo. Milito Carral es in joven muy buen educado, habla varios idiomas, ha estado en Europa, y admas su familia es de lo mejor de Mxico y te aseguro que te tendran como una princesa, porque son riqsimos.

Clara. Ahora sales con eso! Cambian, s, para empeorar; y luego es necesario volver a lo bueno, a lo eterno, al orden. Ya ves la locura que vivimos en los dos aos de maderismo. Desde que se fue don PorfirioDios lo bendiga!no hemos tenido ms que disgustos y escndalos, problemas, dificultades... Y no lo digo por nosotros que bastante bien librados salimos, gracias a la posicin de tu padre, sino por todos, por el pas entero. Y para rematar, aquellos das de batalla en plena ciudad de Mxico. Cundo se haba visto? Caonazos sobre las casas de familia, las gentes pacificas que mueren como moscas, duelo en quin sabe cuntos hogares y hambre en todos, porque ni siquiera poda comprarse de comer. El acabse! Gracas a Dios que ya tenemos un gobierno fuerte y pronto han de volver los buenos tiempos.

Carlos. El crey, como nosotros, en su pueblo; quiso verlo libre de la pobreza, del miedo y de la desdicha. Estos ltimos aos tal vez lo hayan hechi equivocarse. El poder ciega y engaa. Pero si encontramos las palabras que despierten lo que hay dormido en su corazn, llegaremos de veras a ser sus hijos, no slo por la sangre, sino por los ideales, por el espritu.

Don Justo. (Su voz.) Estn listos en una hora. Tal vez tenga que volver a salir. Entra con Luisito, a quien empuja cariosamente. Don Justo es un hombre de unos cincuenta aos, lleno de fuerza y vigor. Todo en su porte y en sus ademanes revela energa, decisin. Viste con extrema pulcritud y cuidado. Luisito, el menor de la familia, tiene nueve aos y lleva an la ropa y los libros con los que sali de casa por la maana, para ir a la escuela. Don Justo. (A Clara.) Aqu tienes al delincuente.

Don Justo. (que se une al grupo y le acaricia a ella los cabellos.) Vamos, vamos, no es para tanto. Ya ves que no le pas nada. Ni un resguo siguiera. Te lo traigo sano y salvo. (Va hacia sus otros dos hijos.) Y que pas? No decas que cuando lo vieras ibas a imponerle quin sabe qu terribles castigos?

Clara. (Que se separa un poco de Luisito y lo toma por los brazos, lo sacude un poco y le habla con indignacin.) Dnde pasaste todo el da? (Pequea pausa.) Pues voy a hacerte hablar, aunque sea por la fuerza.

Don Justo. Por supuesto que no la tiene. (Explica a sus hijos.) Las monjas decidieron suspender las clases en vista de los derdenes y a Luisito se le ocurri ir a Tacubaya a casa de su amigo Beto.

Don Justo. Pero si es una hora de camino. Lo malo es que se fueron al campo y les agarr una lluvia que los oblig a refugiarse en una casa de donde no pudieron salir en varias horas. Por eso tard tanto en volver.

Don Justo. Es extrao lo que pasa con los hijos. Los hacemos el objeto de nuestra vida, el fin de todos nuestros esfuerzos. Y de pronto en un instante, descubrimos que en algunaforma lo hemos defraudado, ofendido. Y se levantan frente a nosotros, nos juzganm nos condenan. Parecen volverse nuestros enemigos. No hay defensa posible: algo profundo se ha roto, el nuevoser que creamos y cuidanos reclama su vida propiam que ha de ser la negacin de la nuestra. Y entonces nos preguntamos: cul fue la ofensa? Y tal vez llegamos a morir sin tener una respuesta. (Pequea pausa.) Ustedes saben que motivos puede tener Luisito para fugarse de la cssa?

Don Justo. Bueno, puede haber sido tan slo novelera, afn de aventuras. Ser mejor creerlo as. Pero debemos vigilarlo, ayudarlo si tiene algn problema. Sobre todo ustedes, que son jvenes y pueden inspirarle ms confianza. Me lo prometen?

Don Justo. Amigos...! Siempre cre haber cometido un error al acceder al deseo de tu madre y permitir que te quedaras aqu, para asistir a esa Facultad, donde no hay ms que anarquistas y revoltosos. Ahore t me lo ests confirmando: deb mandarlos a los dos al extranjero, separarlos de este medio podrido. Amigos de mi hijo esos agitadores, esos criminales! (Ante un ademn de Carlos.) S, criminales que exponen a morir a sus compaeros!

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