BIBLIOTECA ANTILLENSE SALESIANA

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Jesus Hernandez

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Feb 28, 2011, 10:37:38 AM2/28/11
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CARTA A UN ESTUDIANTE DE FILOSOFÍA

Mi buen amigo:

Quisiera reflejar en pocas líneas  (en dos páginas) mi experiencia con la filosofía, iniciada con el estudio de la Lógica (Gerona 1945) como instrumento obligado e indispensable, cuya validez he  probado en un recorrido de 66 años por cinco naciones. Hoy la cultivo desde la BIBLIOTECA AANTILLENSE SALESIANA
Acepto la primera limitación (muy extraña al hombre moderno) reconociendo que en ningún momento  se parte de cero. Todo hombre, entrado en el uso de razón, tiene en su haber un cúmulo de verdades, principios, actitudes irrenunciables, que lo hacen pertenecer a la condición humana. Con Balmes aprendí a decir: “si para ser filósofo tengo que  renunciar en algo  a mi condición de hombre,  prefiero  renunciar  antes a ser filósofo”.   Podría decirse que lo característico  del   filósofo  es saber dar razón de lo que todo el mundo sabe. 
En concreto, considero irrenunciables algunos hechos (y luego algunos principios  indemostrables) por ejemplo: a) yo existo, después defino el existir y las diversas formas de ser,  b) yo conozco, busco la  definición  de conocimiento y analizo el abanico de situaciones cognoscitivas, c) yo vivo, defino la vida y clasifico los seres vivos, d) yo soy libre,  defino la libertad  y estudio su amplitud,  e) yo doy por sentada  la conciencia  del bien y del mal en mi, y analizo las múltiples  realizaciones   morales, f) yo soy social, pertenezco a una lengua, una cultura, una nación, una religión  y valoro mi condición. Por irrenunciables  entiendo  que esos datos son  datos previos, aceptados, puntos de partida, disponibles a mentalidades  diversas  y difícilmente abarcables en su misma realidad de hechos. A esta condición cabe  buscar razones o filosofar.
El método o técnica de razonamiento ha sido consagrado por las escuelas. Sustancialmente  consiste en  a) fijar el dato o hecho en términos precisos, b) formular docenas de preguntas a veces ingeniosas, c) aducir las respuestas dadas a lo largo de la historia, d) calibrar o valorar personalmente las razones aducidas,  e)  aceptar una  solución al problema como verdad o como probabilidad (opinión).A este ejercicio riguroso dediqué seis años, empeñado en temas doctrinales a la vera de grandes maestros   y recorrí  con historiadores bien informados el arco amplio de dos milenios del pensamiento occidental. Sinceramente desaconsejo  toda improvisación.
Pongo algún ejemplo: En el tema  cumbre, hoy llamado metafísica, Platón  se complace en introducir  los casos de  realidades buenas a su nivel de experiencia  (El Fedón) y  postula como razón última la existencia del Bien Supremo  del cual los bienes particulares son participantes.  Afirmación propia de un genio marcado  para todos los siglos.   Aristóteles (Libro Lamda de la Metafísica), a su vez, recorre los seres que cambian y   son múltiples y encuentra la explicación última en un Ser  Perfecto  (que es solo y todo  perfección de Ser)  mientras los seres mudables y múltiples tienen la perfección  de ser, pero limitada por una potencia que la recibe.  Genial también Aristóteles  por  la introducción de  la limitación debida a una sujeto receptor, Estos razonamientos cumbre reducidos a dos palabras “participación” y “limitación por la potencia”  estimularán  a hablar de “creación”  en el cristianismo, ni más ni menos.
 En  otro tema  también básico. Esos dos genios aceptan el hecho del conocimiento  universal, eterno, definitivamente válido de los principios lógicos, matemáticos, metafísicos. Ambos se  preguntan  ¿a qué se debe? Platón recurre a  la memoria  que la mente humana conserva de una vida anterior  sumergida en las verdades eternas. Aristóteles, en cambio, explica el hecho por el proceso iniciado en la sensibilidad con la captación de  la imagen sensible de cuyas notas singulares, expresadas en la imagen, prescinde la inteligencia   creando lo universal. Ingeniosa discrepancia que se extiende por los siglos bajos formas  diversas  y extremas  del idealismo  por un lado…realismo por otro.
A partir  de las bases griegas se ha construido un edificio espléndido con la aportación de dos milenios, particularmente de la cultura cristiana y de la  originalidad  moderna donde  son legión los temas abordados son. Nada extraño que se reconozcan desvíos y caminos errados en que, dejada a un lado la constitución perenne, se han presentado nuevos datos, nuevos problemas, nuevas actitudes, nuevas singularidades,  no siempre   encuadradas en el conjunto  sistemático, aunque con  desarrollos  positivos de la razón. Sabio es distinguir lo perenne y tradicional de lo novedoso y moderno, a veces fragmentario y marginal y escasamente  lógico y  filosófico.
Término citando a una persona de nuestra  generación, ejemplo de solidez doctrinal y agudeza  crítica: el Padre  Carlos Benavides, S.J. (Alben, en el Listín Diario de la década de los años  80 del siglo pasado). Recomiendo su tratado DIOS: La realidad del Ser (Santo Domingo, 1994) como doctrina  tradicional y nueva a la vez, y la edición conjunta de sus artículos periodísticos  Al margen de filósofos y filosofías (Santo Domingo 1989) como enfoque objetivo y crítico de personajes  modernos que no siempre  mantienen su condición de filósofos.  Leer estas dos obras abren el aprecio a la filosofía, cultivada en el Seminario  Pontificio Santo Tomás de Aquino de nuestra ciudad. Constituyen,  también, algo nuestro en peligro de caer en el olvido.

P. Jesús Hernández, sdb
Director de la BAS


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