CARTA A UN ESTUDIANTE DE FILOSOFÍA
Mi buen amigo:
Quisiera reflejar en pocas líneas (en dos páginas) mi experiencia con la filosofía, iniciada con el estudio de la Lógica (Gerona 1945) como instrumento obligado e indispensable, cuya validez he probado en un recorrido de 66 años por cinco naciones. Hoy la cultivo desde la BIBLIOTECA AANTILLENSE SALESIANA
Acepto la primera limitación (muy extraña al hombre moderno) reconociendo que en ningún momento se parte de cero. Todo hombre, entrado en el uso de razón, tiene en su haber un cúmulo de verdades, principios, actitudes irrenunciables, que lo hacen pertenecer a la condición humana. Con Balmes aprendí a decir: “si para ser filósofo tengo que renunciar en algo a mi condición de hombre, prefiero renunciar antes a ser filósofo”. Podría decirse que lo característico del filósofo es saber dar razón de lo que todo el mundo sabe.
En concreto, considero irrenunciables algunos hechos (y luego algunos principios indemostrables) por ejemplo: a) yo existo, después defino el existir y las diversas formas de ser, b) yo conozco, busco la definición de conocimiento y analizo el abanico de situaciones cognoscitivas, c) yo vivo, defino la vida y clasifico los seres vivos, d) yo soy libre, defino la libertad y estudio su amplitud, e) yo doy por sentada la conciencia del bien y del mal en mi, y analizo las múltiples realizaciones morales, f) yo soy social, pertenezco a una lengua, una cultura, una nación, una religión y valoro mi condición. Por irrenunciables entiendo que esos datos son datos previos, aceptados, puntos de partida, disponibles a mentalidades diversas y difícilmente abarcables en su misma realidad de hechos. A esta condición cabe buscar razones o filosofar.
El método o técnica de razonamiento ha sido consagrado por las escuelas. Sustancialmente consiste en a) fijar el dato o hecho en términos precisos, b) formular docenas de preguntas a veces ingeniosas, c) aducir las respuestas dadas a lo largo de la historia, d) calibrar o valorar personalmente las razones aducidas, e) aceptar una solución al problema como verdad o como probabilidad (opinión).A este ejercicio riguroso dediqué seis años, empeñado en temas doctrinales a la vera de grandes maestros y recorrí con historiadores bien informados el arco amplio de dos milenios del pensamiento occidental. Sinceramente desaconsejo toda improvisación.
Pongo algún ejemplo: En el tema cumbre, hoy llamado metafísica, Platón se complace en introducir los casos de realidades buenas a su nivel de experiencia (El Fedón) y postula como razón última la existencia del Bien Supremo del cual los bienes particulares son participantes. Afirmación propia de un genio marcado para todos los siglos. Aristóteles (Libro Lamda de la Metafísica), a su vez, recorre los seres que cambian y son múltiples y encuentra la explicación última en un Ser Perfecto (que es solo y todo perfección de Ser) mientras los seres mudables y múltiples tienen la perfección de ser, pero limitada por una potencia que la recibe. Genial también Aristóteles por la introducción de la limitación debida a una sujeto receptor, Estos razonamientos cumbre reducidos a dos palabras “participación” y “limitación por la potencia” estimularán a hablar de “creación” en el cristianismo, ni más ni menos.
En otro tema también básico. Esos dos genios aceptan el hecho del conocimiento universal, eterno, definitivamente válido de los principios lógicos, matemáticos, metafísicos. Ambos se preguntan ¿a qué se debe? Platón recurre a la memoria que la mente humana conserva de una vida anterior sumergida en las verdades eternas. Aristóteles, en cambio, explica el hecho por el proceso iniciado en la sensibilidad con la captación de la imagen sensible de cuyas notas singulares, expresadas en la imagen, prescinde la inteligencia creando lo universal. Ingeniosa discrepancia que se extiende por los siglos bajos formas diversas y extremas del idealismo por un lado…realismo por otro.
A partir de las bases griegas se ha construido un edificio espléndido con la aportación de dos milenios, particularmente de la cultura cristiana y de la originalidad moderna donde son legión los temas abordados son. Nada extraño que se reconozcan desvíos y caminos errados en que, dejada a un lado la constitución perenne, se han presentado nuevos datos, nuevos problemas, nuevas actitudes, nuevas singularidades, no siempre encuadradas en el conjunto sistemático, aunque con desarrollos positivos de la razón. Sabio es distinguir lo perenne y tradicional de lo novedoso y moderno, a veces fragmentario y marginal y escasamente lógico y filosófico.
Término citando a una persona de nuestra generación, ejemplo de solidez doctrinal y agudeza crítica: el Padre Carlos Benavides, S.J. (Alben, en el Listín Diario de la década de los años 80 del siglo pasado). Recomiendo su tratado DIOS: La realidad del Ser (Santo Domingo, 1994) como doctrina tradicional y nueva a la vez, y la edición conjunta de sus artículos periodísticos Al margen de filósofos y filosofías (Santo Domingo 1989) como enfoque objetivo y crítico de personajes modernos que no siempre mantienen su condición de filósofos. Leer estas dos obras abren el aprecio a la filosofía, cultivada en el Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino de nuestra ciudad. Constituyen, también, algo nuestro en peligro de caer en el olvido.
P. Jesús Hernández, sdb
Director de la BAS