Asi escribe desde Santiago de Chile el primo Eduardo Casanova Sucre quien rememora sus vivancias en los dias proximos y posteriores al 23 de enero de 1958 cuando cayó la Dictadura de Marcos Pérez, Jimenez y olfatea que algo similar está próximo a suceder con el dictadorzuelo Nicolas Maduro Moros, colombiano de nacion y titere de los cubanos...
Lamentamos mucho que un Guardia Nacional raso haya asesinado ayer en la Plaza Altamira, mediante el disparo a quemarropa de una bombra lagrimógena, a un joven estudiante de la Universidad Metropolitana, Juan Pablo Pernalete, estudiante de Economia y de 20 años de edad. Esa no es la Guardia Nacional que soñó SU fundador, el General Eleazar Lopez Contreras quien la creó un 4 de agosto de 1937 para protejer a la ciudadania, jamas para agredirla, vejarla, torturarla o asesinarla.
Pasan de treinta los ciudadanos asesinados desde el 19 de abril de 2017 a esta fecha, tres de ellos menores de edad......De esta calamidad que tiene a Venezuela al borde de la anarquia son responsables Nicolas Maduro, ilegitimo Presidente de la Republica por ser colombiano de Nacion, los Siete Magistrados de la Sala Constitucional del Tribual Supremo de Justicia que con sus dos sentencias de principios de abril que constituyeron un Golpe de Estado aún en proceso desataron esta profunda crisis que afecta al pais entero. Tambien son responsables penalmente el Ministro de la Defensa, el Ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, y los Comandantes de la Guardia Nacional Bolivariana y de la Policia Nacional Bolivariana.
Atentos saludos,
Jose Eugenio Lopez Conreras
LA AGONÍA DEL DICTADOR
Por Eduardo Casanova
La agonía del dictador, salvo que sea en su cama y ya anciano como fue el caso de Juan Vicente Gómez, está llena de violencia, de maldad, de contradicciones, de cobardía y de demostraciones de valor de quienes lo adversan. Así fue en enero de 1958 cuando cayó Marcos Pérez Jiménez. Jóvenes luchando en las calles enfrentándose a policías y torturadores, persecución contra periodistas e intelectuales, miedo, cambios de gabinete y de orientación, decisiones precipitadas que denotaban confusión. Un caso concreto me demostró la cobardía de los represores: mi primo hermano y amigo Carlos Julio Casanova cayó preso en la tarde del 21 de enero, lo llevaron a la comandancia de la Guardia Nacional y lo encerraron con otros jóvenes en la capilla, y allí un teniente de la Guardia Nacional lo insultó y pretendió humillarlo, Carlos Julio lo enfrentó y el oficialito lo amenazó de muerte. Los llevaban a la Seguridad Nacional, pero por los disturbios no pudieron llegar y terminaron en la Cárcel Modelo. Allí tuvo la suerte de que desde una ventana lo viera Arturo Uslar Pietri, que pidió que lo subieran a la enfermería en donde estaba un grupo grande de presos políticos recién capturados, y Carlos Julio, tal como Arturo y los demás personajes, además del país, recuperó la libertad en la madrugada del 23 de enero. A mediodía ambos nos habíamos incorporado al Frente Universitario, que funcionaba en la sede de la FCU en el patio del Rectorado. Nos pidieron que fuéramos a la embajada de la República Dominicana, en Los Chorros, en donde se habían asilado Miguel Silvio Sanz y Juan Domingo Perón, y en minutos llegamos al lugar en donde una poblada amenazaba con asaltar la sede diplomática para linchar a los asilados. Y cuál sería la sorpresa de Carlos Julio al ver que el piquete de la Guardia Nacional que trataba de contener a la multitud era comandado por el tenientico de la GN que un par de días antes lo amenazó de muerte. Pero la sorpresa se trocó en pasmo al ver que el tenientico se le arrodilló y casi llorando le pidió perdón, se humilló muerto de miedo y balbuceando explicó que lo había hecho por órdenes superiores. Carlos Julio, que además de valiente siempre ha sido noble, lo perdonó y junto conmigo se dedicó a persuadir a los exaltados de que no asaltaran la embajada ni lincharan a nadie, lo que logramos en poco tiempo. Es una demostración de la cobardía de los guardias nacionales que armados y en condiciones de seguridad abusan, amenazan y matan a los demás, pero ante el peligro real gimen, lloran y suplican. Es algo que hoy, en abril de 2017, volvemos a ver, como volvemos a ver los abusos, las pancadas de ahogados, los disparates, las fanfarronerías, las contradicciones y la cobardía de un dictador agonizante, que tal como Pérez Jiménez y el tenientico en 1958, sabe que está perdido y no tiene porvenir, pero amenaza, abusa y trata de ganar un tiempo que ya no tiene. El horror es su divisa.
