Basta ya de guerras. "¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra! La verdadera fuerza se revela al servicio de la vida", proclamó León XIV desde Roma este domingo de Pascua a toda la humanidad.
El «no» a la guerra se ha repetido con creciente fuerza también durante el pontificado del Papa Francisco, quien en la encíclica «Fratelli tutti» escribió: «Fácilmente se opta por la guerra esgrimiendo todo tipo de excusas aparentemente humanitarias, defensivas o preventivas, recurriendo incluso a la manipulación de la información. De hecho, en las últimas décadas todas las guerras han pretendido tener una «justificación» (...) La cuestión es que, a partir del desarrollo de las armas nucleares, químicas y biológicas, y de las enormes y crecientes posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, se ha dotado a la guerra de un poder destructivo incontrolable, que afecta a muchos civiles inocentes. En verdad, «nunca la humanidad ha tenido tanto poder sobre sí misma y nada garantiza que lo utilice bien». Por lo tanto, ya no podemos pensar en la guerra como una solución, dado que los riesgos probablemente siempre serán superiores a la hipotética utilidad que se le atribuye. Ante tal realidad, hoy es muy difícil sostener los criterios racionales madurados en otros siglos para hablar de una posible «guerra justa». ¡Nunca más la guerra!».