La Paz según Trump

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juan jose balatti rozado

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Jan 25, 2026, 5:01:09 AM (11 days ago) Jan 25
to juan jose balatti rozado

¡LA PAZ SEGÚN DONALD TRUMP!
El Consejo de Paz: una apuesta por el poder antes que por las reglas internacionales establecidas
La creación del Consejo de Paz o Junta de la Paz, Board of Peace, impulsada por el presidente estadounidense Donald J. Trump, debe leerse menos como una innovación para la paz y más como una manifestación explícita del desplazamiento del orden internacional basado en reglas hacia esquemas de poder personalista, selectivo y políticamente alineado. No se trata de un detalle técnico ni de un foro más, sino de una señal concreta del tipo de gobernanza global que comienza a ganar terreno.
El Consejo de Paz se presenta como un mecanismo para la mediación de conflictos y la reconstrucción en escenarios de posguerra. Sin embargo, a diferencia de los organismos multilaterales clásicos, no surge de un tratado internacional ni de un consenso amplio entre Estados. Su origen es estrictamente político y su diseño institucional es deliberadamente flexible. Esta combinación no es accidental: responde a una visión que prioriza la capacidad de decisión concentrada y la afinidad ideológica por sobre la legitimidad procedimental y la previsibilidad normativa.
En este sentido, el Consejo de Paz, no reemplaza formalmente a la Organización de las Naciones Unidas, pero la desafía en el plano simbólico y funcional. Propone un modelo alternativo donde el liderazgo directo sustituye a las reglas compartidas, y donde la eficacia —real o percibida— se impone como criterio superior a la representatividad. Es una lógica coherente con un escenario internacional crecientemente fragmentado, en el que los acuerdos ad hoc ganan espacio frente a las instituciones universales.
La estructura del organismo refuerza esta lectura. Donald Trump ejerce la presidencia y concentra amplias facultades sobre la agenda, la orientación estratégica y la admisión de miembros. El núcleo directivo está integrado por figuras políticas y económicas cercanas al gobierno estadounidense, lo que reduce la pretensión de neutralidad y explica la cautela, cuando no el rechazo, de buena parte de Europa occidental y de otras potencias del sistema internacional.
La composición de la membresía confirma esta dinámica. Los países que han adherido provienen mayoritariamente de regiones donde el vínculo con Estados Unidos se articula más a través de relaciones políticas directas que de marcos institucionales densos. La ausencia de numerosas democracias consolidadas no es casual: expresa una diferencia de diagnóstico sobre cómo debe organizarse la gobernanza global en un contexto de crisis del multilateralismo.
Otro rasgo revelador es el diseño financiero del Consejo de Paz. La inexistencia de una cuota obligatoria convive con la posibilidad de realizar contribuciones extraordinarias que otorgan mayor influencia. Este esquema introduce de manera explícita una jerarquización entre los miembros y consolida un principio básico: el peso dentro del organismo no se define por igualdad soberana, sino por capacidad política y económica.
En este marco, la decisión de la Argentina de adherir como miembro fundador constituye una apuesta política de bajo costo y alto contenido simbólico. No implica compromisos jurídicos ni financieros significativos, ni altera formalmente la posición argentina en la ONU. Sin embargo, sí expresa una señal de alineamiento con una concepción del orden internacional menos normativa y más dependiente de vínculos personales y afinidades ideológicas.
Desde una perspectiva estratégica, el cálculo es claro. El costo directo es reducido y el peor escenario —un organismo que se estanca o pierde relevancia— es manejable. El escenario favorable, en cambio, promete acceso, visibilidad y cercanía al poder decisorio estadounidense. Se trata, por lo tanto, de una apuesta asimétrica, diseñada para limitar riesgos más que para garantizar resultados.
El riesgo no reside en la participación en sí, sino en la interpretación política que se haga de ella. Convertir al Consejo de Paz en sustituto del multilateralismo o sobredimensionar su alcance sería un error. Pero también lo sería ignorar su significado: el Consejo no es tanto una herramienta técnica para la paz como un síntoma del reordenamiento del poder global, donde las reglas ceden espacio al liderazgo y la afinidad.
Para la Argentina, el desafío es claro: participar sin confundir acceso con influencia estructural, y evitar que la búsqueda de proximidad al poder sustituya una estrategia exterior equilibrada, previsible y de largo plazo.
JJB
Centro de Estudios en Política Internacional y Gobernanza Global
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