Preámbulo
El Pacto Social de la Ciudad Reconciliada parte del reconocimiento de que la historia humana no es un proceso neutral ni automático, sino un espacio de responsabilidad ética compartida. Las comunidades políticas y sociales se configuran a partir de decisiones, estructuras y valores que pueden favorecer la dignidad humana y la convivencia justa, o bien consolidar dinámicas de dominación, exclusión y violencia legitimada.
La ciudad es aquí comprendida como el lugar donde estas tensiones se manifiestan con mayor claridad: espacio de encuentro y conflicto, de cooperación y disputa, de memoria histórica y de proyección hacia el futuro. Hablar de ciudad reconciliada no implica negar los conflictos, sino asumir la tarea permanente de ordenarlos conforme a criterios de justicia, límite al poder y reconocimiento recíproco.
Este Pacto se propone como un marco ético de discernimiento y orientación para sociedades plurales, orientado a promover formas de convivencia que hagan posible una vida humana digna, compartida y sostenible.
Principios
Dignidad humana inviolable
Toda persona posee un valor intrínseco que precede y limita a cualquier sistema político, económico o cultural. Ninguna forma de organización social puede instrumentalizar la vida humana.
Límites éticos al poder
El poder solo es legítimo cuando se ejerce con responsabilidad, transparencia y sujeción a límites morales claros, orientado al bien común y a la protección de los más vulnerables.
Rechazo de la dominación y la exclusión
Se rechazan los modelos sociales que normalizan la desigualdad extrema, la concentración ilimitada del poder, la mercantilización de la vida o la exclusión sistemática de personas y comunidades.
Horizonte de ciudad reconciliada
La convivencia social debe orientarse hacia un modelo de ciudad abierta, plural y hospitalaria, capaz de integrar la diversidad cultural, social y religiosa sin recurrir a la violencia ni a la imposición.
Responsabilidad histórica compartida
La esperanza en un futuro más justo exige compromiso activo en la transformación de estructuras sociales, económicas y políticas, mediante prácticas solidarias, sostenibles y participativas.
Cláusula interpretativa
El presente Pacto se interpreta como un instrumento ético de discernimiento social y político, orientado a la promoción de la dignidad humana, la justicia y la paz, y rechaza toda forma de fatalismo histórico, violencia legitimada o absolutización del poder.
Fórmula de adhesión
Quienes suscriben este Pacto asumen el compromiso de promover estos principios en sus respectivos ámbitos de responsabilidad social, política, cultural y educativa, contribuyendo a la construcción de una ciudad reconciliada como espacio de vida, cooperación y paz.
Nota explicativa
Por qué “Ciudad Reconciliada”
La expresión Ciudad Reconciliada ha sido elegida para nombrar este Pacto Social por su capacidad de articular, en lenguaje plenamente laico, una visión ética exigente de la vida social y política.
El término ciudad remite al espacio histórico concreto donde se ejercen el poder, la economía, la cultura y la convivencia. No se trata de una abstracción ideal, sino del ámbito real donde se toman decisiones que afectan directamente la vida de las personas y de las comunidades.
El calificativo reconciliada no supone la ausencia de conflictos ni la negación de las tensiones propias de sociedades plurales. Al contrario, expresa el reconocimiento de que el conflicto es parte constitutiva de la historia humana y que solo puede ser habitado de manera justa mediante límites al poder, mecanismos de inclusión y criterios compartidos de dignidad.
Hablar de ciudad reconciliada implica, por tanto, una orientación normativa: rechazar la absolutización del poder, la lógica de la dominación y la violencia legitimada, y afirmar la posibilidad de una convivencia basada en la justicia, la responsabilidad histórica y el reconocimiento recíproco.
Esta expresión permite así sostener una crítica estructural a los modelos de ciudad excluyente o autoritaria, sin recurrir a lenguajes confesionales, y ofrece un horizonte común capaz de ser compartido por personas y comunidades de diversas tradiciones culturales, religiosas y filosóficas.