EL AMOR Y EL HUMOR
Jorge Bergoglio lo primero que hacía al levantarse de la cama era ponerse en presencia del Señor. Desde la oración al discernimiento y después al mundo, a dar batalla, a jugar el partido de la vida; pero primero Dios Padre, su hijo Jesús y la Virgen, como la Desata los nudos, una advocación que trajo de su paso por Alemania.
Esto no se dice, no se expone o ni se valora en los análisis sean periodísticos o sociológicos. Cuando la oración en Bergoglio fue la esencia que lo forjó: el diálogo con Dios y su Espíritu Santo.
Francisco contó varias veces que rezaba en la madrugada, antes del amanecer.
Las Laudes (es decir alabanzas), que es la oración matutina para alabar a Dios y consagrar la jornada antes que a uno lo invada el ruido del mundo. Esa práctica en la madrugada le permitía a Francisco poner sus primeros pensamientos y trabajos del día bajo la protección de Dios.
También rezaba la oración de Tomás Moro, el santo protector de los políticos, llamada “Del buen humor”:
“Concédeme, Señor, una buena digestión,
y también algo que digerir.
Concédeme la salud del cuerpo, con el buen humor necesario para mantenerla.
Dame, Señor, un alma santa que sepa aprovechar lo que es bueno y puro, para que no se asuste ante el pecado, sino que encuentre el modo de poner las cosas de nuevo en orden.
Concédeme un alma que no conozca el aburrimiento, las murmuraciones, los suspiros y los lamentos y no permitas que sufra excesivamente por ese ser tan dominante que se llama: YO.
Dame, Señor, el sentido del humor.
Concédeme la gracia de comprender las bromas, para que conozca en la vida un poco de alegría y pueda comunicársela a los demás.
Así sea”.