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"""SE MARCHO CHENCHA"""

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Esteban Casañas Lostal

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Aug 11, 2001, 10:27:15 AM8/11/01
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""" SE MARCHO CHENCHA """


Todos estuvimos muy contentos con la llegada de Chencha, los preparativos
para recibirla se iniciaron varias semanas antes de su arribo, de verdad que
se lo merecía, porque ella era muy buena gente y hacía mucho tiempo que no
la veíamos. Nada, nos dijimos; << De verdad que se lo merece porque Chencha
es buena gente, así puede cargar las baterías y si la pasa bien la podemos
invitar de vez en cuando.>>
Como el tráfico nos jugó una mala pasada en la carretera hacia el
aeropuerto, mi mujer llamó por el celular al servicio de información, y
solicitó que le avisaran que estábamos en camino para que no se pusiera
nerviosa. Luego nos contó lo alegre que se puso al oír su nombre por todos
los altavoces de aquella terminal, lo expresaba con el orgullo de sentirse
una persona muy importante. En la entrada de la estación aérea compramos
unos globos en forma de corazón y un ramillete de flores, cuando se lo
entregamos pude adivinar en su mirada la indiferencia por aquellos detalles,
no solo eso, era como si con los ojos nos dijera comemierdas. Se lo perdoné
porque yo sabía que, esos hábitos se habían esfumado con el tiempo y al
parecer no se recuperaron.
No fue difícil identificarla entre todos los pasajeros porque seguía algo
gorda, pero sobre todas las cosas, era muy fácil descubrirla por sus enormes
y extravagantes espejuelos, para serles sinceros y como decimos en el patio,
estaba del carajo, los cristales eran del tamaño del parabrisas de una
guagua y no quiero hablarles del modelo de sus zapatos. Por ella deduje que
los comunistas no habían cambiado mucho en cuanto al gusto se refiere, por
tal razón le dije a mi mujer; << ¡Óyeme! En cuanto tengas un día libre la
llevas a una óptica para que le midan la vista y le hagan unos espejuelos
con vergüenza, la gente se le queda mirando como si no fuera de esta
tierra.>>
Chencha nos había pedido para el recibimiento una cesta de frutas,
seleccionamos las mejores sin fijarnos en el precio y con ella adornamos la
mesa. Al principio no quería tocarlas porque pensó que eran de cera, la
pobre, no estaba acostumbrada a verlas tan limpias y brillantes, tal vez a
nosotros nos sucedió lo mismo pero lo hemos olvidado. Llenamos todo el
refrigerador con las cosas que suponíamos le gustaría, debo confesarles que
le gustaba todo, tremendo diente se mandaba la vieja, y eso que tomamos
nuestras medidas con los dulces por aquello de que tenía que hacer dietas.
De nada nos sirvió porque Chencha se pasó los primeros tres días con
cagaleras, claro, nos decía que pudo haber sido por el cambio del agua (
como si yo fuera bobo), ella se diría; << Como el tipo lleva tantos años del
lado de acá, de seguro se le olvidó la cantidad de cucarachas que siempre
flotaban en la cisterna del edificio.>> Yo no le decía nada para que fuera
feliz, en definitiva, solo venía a cargar las baterías.
Un día la invité a recorrer la ciudad en guagua y metros, Chencha me
hablaba en susurro como si tuviera miedo, lo más jodido del caso era que
estaba sentada en mi lado izquierdo (tengo ese oído medio ponchado de tantos
cañonazos que oí estando en el ejército), hasta que llegó el momento en el
cual me sentí incómodo y casi le grité; << ¡Oye habla! Pero habla sin miedo
ni misterios que aquí no hay lío, a nadie le interesa nuestra conversación,
ni tampoco hay chivatos.>> Bueno, fueron muchos detalles importantes los que
observé ese día, por ejemplo, antes de salir, tenía una calentura de cabeza
con el lío de cargar el pasaporte del carajo, hasta que no pude soportar
aquella guanajería y se la solté a boca de jarro; << ¡No jodas con ese
pasaporte de mierda, que a mí no me ha parado la policía en diez años>> Creo
que se sintió incómoda porque se lo dije algo fuerte, pero es que me jode
esa cabrona matraquilla que agarran las viejas por cualquier cosa, es
probable que yo haya llegado así, pero de verdad que se me olvidó. Después,
además de hablarme en susurros, entre frase y frase miraba para todos lados
y nunca soltaba una oración completa, de verdad que me tenía algo molesto es
a vieja.
Entramos a un Mall con cierto lujo y yo la observaba continuamente, los
ojos se le desorbitaban y quería abarcar todas las vidrieras en una sola
mirada, creo sin embargo, que una de las cosas que más le llamó la atención
fue el brillo del piso, parece ser que era la primera oportunidad en su vida
que observaba una cosa así, y hasta caminaba con miedo a ensuciarlo, era
lógico, nada similar yo había visto en la isla en tantos años, no puedo
suponer las cosas que le deban haber pasado por la mente en esos momentos,
pero me las imagino.
En aquel Mall entramos a una tienda de comidas, creo que ha sido una de
las oportunidades más dolorosas observadas en un recién llegado, a Chencha
se le escaparon dos lágrimas y yo me hice el bobo, a la gente hay que darle
oportunidades para que se desahoguen. No lo hice a propósito y no disfruto
con ello, tuve que entrar allí para comprar una bobería que necesitaba, pero
me prometí andar un poco más lento para no afectarla.
Uno de esos días Chencha se ofreció para cocinar (algo que a mí no me
gusta) pero para complacerla y que tuviera un poco de actividad la dejamos.
Cuando estaba preparando el sofrito de unos frijoles vi que solo le echaba
la mitad de una cebolla, un pedacito de ají y un diente de ajo, me dije; <<
Esta va a joder esos frijoles>>, entonces le expliqué haciendo gala de toda
la paciencia del mundo; << Mira Chencha, aquí la cebolla, el ají y el ajo no
saben a nada, échale sin pena porque además de eso, aquí no tenemos períodos
especiales.>> De todas maneras no la dejé cocinar mas, son varias las
razones para hacerlo, entre ellas, me adapté a la sazón de mi mujer y ella a
la mía. Luego, sentía tremendo miedo a que provocara un incendio en la casa,
no es que exagere, pero yo conozco muy bien a la gente del patio y no están
acostumbrados a los equipos con tantos botones. Por eso le puse un cartelito
al lado del microwave y con letras mayúsculas le escribí; "No meter nada
metálico, repito, no meter nada metálico".
Chencha era enferma a la fregadera, claro, aquí nunca se va el agua ni la
pagamos, pero el lío era con el agua caliente y la electricidad si cuenta.
Ocurría lo mismo con el baño, yo creo que ella se desquitaba todos esos años
que se bañó con un cubo y agua calentada en la cocina, en varias
oportunidades vació el tanque y miren que es grande.
Al pasar las semanas Chencha se adaptaba perfectamente a su nueva
situación, solo tenía un trauma muy grande a la hora de sentarse en la sala
a ver televisión, era razonable, el satélite tiene un control, el televisor
tiene otro, el video lo mismo y el del equipo de música no tiene que ver
nada en esta jugada, pero ella la metía en el potaje. No hubo una tarde en
la que yo me sentara a escribir en la computadora, y en la que Chencha no
sacara a cualquier equipo de sus canales. Yo sentía el ruido del televisor y
me hacía el bobo para joderla un poco, tenía que hacerlo, porque diariamente
le explicaba que con el mando del satélite podía controlar al televisor y al
video, era rebruta la vieja y nunca aprendió. Lo más lindo del caso es que,
ella siempre me decía que no había tocado nada y aquello me encabronaba un
poco más.
Cuando fue adquiriendo confianza, la vieja le dio rienda suelta a su
lengua e imaginación. No le gustaban los canales de películas de HBO, porque
manifestaba haberlas visto todas en Cuba. Yo no se lo discutía ni desmentía
porque sabía de la piratería que existía en la isla, tanto por el gobierno
como particulares. Sin embargo, hay cosas que a veces me rompían la cabeza,
no encontraba muy lógico lo que ella me decía, como pudo haber visto todas
esas películas con tantos apagones, cuando solo la pasaban los sábados y no
teniendo ella equipo de video. Luego rectificaba en mi actitud y comprendía
que habían pasado diez años desde mi partida.
Si existieron muchas cosas que me sacaban de los cabales, por ejemplo, un
día Chencha me dijo que no se asombraba por la cantidad de autos y modelos
de ellos existentes en Canadá, porque ya en la isla los había. ¡Coño! Por
poco me da un infarto oír aquello y de verdad que debía sacar paciencia de
donde no la había, ese día le volví a dar un toque para que reaccionara; <<
Ven acá Chencha, así que en Cuba hay la cantidad y variedad de modelos de
autos que existen en Canadá, entonces, ¿desaparecieron los "camellos"? Ella
para responder siempre se iba por la tangente, yo había olvidado que en mis
tiempos lo hice evitando enfrentamientos o señalarme como desafecto. << Los
camellos son un magnífico medio de transporte que resolvió mucho en
situaciones difíciles.>> Me contestaba eludiendo en profundizar mucho en el
asunto, pero aunque tratara de escapar yo no dejaba el asunto así a medias,
me gusta terminar las cosas y que no crean que llegué hasta aquí en una lata
de tronchos. << No jodas Chencha, los camellos son un infierno montados en
una pila de ruedas donde la peste es insoportable, que hayan resuelto un
problema grande no te lo discuto, pero de ahí a considerar magníficos a un
medio donde se viaja como animales, eso es muy difícil de creer. Además, ¿de
qué carajo te sirve que en Cuba hayan tantos autos? ¿Puedes comprar alguno
como aquí? ¿Me haz visto cara de guanajo o qué?>> Ella esquivaba los golpes
tirando curvas, muy escurridiza era esa vieja.
Una de las cosas que siempre me mantuvo en vilo con la llegada de Chencha,
lo fue el asunto del teléfono. Por experiencias anteriores sabía del placer
que sienten la gente del patio por ese aparatico, ya había puesto las reglas
del juego, "llamadas a Cuba deben hacerse por tarjeticas prepagadas". No lo
hacía por ruin, es que cada vez que se llama o llaman de allá se consumen
más de treinta minutos hablando de la misma cosa. Parece que hay preguntas
típicas de todos los ciudadanos para los que vivimos del lado de acá, la
mayoría de ellas sin importancia y cuando tienes algo interesante que
comunicar, se te borra de la memoria con ese acoso.
Aunque desfile todo un batallón siempre preguntarán esto; Pregunta Nr.1,
¿Cómo están? Les respondes que todos estamos bien y no conformes con ello lo
pregunta cada nuevo interlocutor, no solo eso, te preguntan por cada uno de
los integrantes del núcleo familiar, ¿cómo está Perico?, ¿cómo está Paula?,
¿cómo está Sixto?, ¿cómo está Juana? Y así hasta que pasaron diez minutos.
Pregunta Nr.2, ¿Estás gordo? Aunque le respondas que todos estamos gordos, y
no le recordemos que la gordura no es un síntoma de salud, cuando van
desfilando uno a uno por el aparato, te repiten la misma pregunta por cada
integrante del núcleo y los más curiosos piden detalles del peso. Pregunta
Nr.3. ¿Hace frío por allá? Les respondes y obtienes los mismos resultados.
Después viene la sección donde cada uno de ellos te habla de las fotos que
vieron, pero con lujos de detalles milimétricos, aunque seas muy cuidadoso
en no mostrar lo que se tiene en la casa, la gente del patio es capaz de
suponerlo o imaginarlo. Detectan que posees una cadena aunque en la foto
solo se vea el brillo de un eslabón, si se ven discos, saben el nombre del
autor y los números incluidos, etc., etc.
La última parte de una conversación es la dedicada a las peticiones, casi
siempre hace falta medicina para algún pariente, luego, los menos
considerados piden zapatos de marca para los niños que cumplen años y por
último, los que no pueden soportar la tentación de pedir algo de dinero,
así, al final de todo esto se gastó más de media hora, que muy bien
representan los cuarenta dólares que se pudo invertir en ellos, pero
desafortunadamente no lo comprenden.
Chencha no lo entendió en todo el tiempo que estuvo con nosotros, la
tentación por usar algo que en Cuba no poseía fue superior a su voluntad,
ella pensó que aunque no la sorprendiera metiendo el dedo en el teléfono yo
no lo notaría, nunca había visto un bill tan detallado como los de aquí que
hablan de minutos y segundos. El caso es que un día me dio por revisarlos, y
casi todas las llamadas a Cuba y EU ocurrían cuando nos encontrábamos
trabajando. Pero eso no es lo mejor de todo, uno de esos locos días la vieja
me dice; << Allá le están poniendo teléfono a todo el mundo, como la
compañía de teléfonos cubana, está trabajando con una italiana y creo que
con la mexicana, ahora están abriendo muchos pares nuevos.>> Por supuesto
que no me le quedé callado, sin tiempo que pudiera respirar le solté mi
ráfaga; << Mira Chencha, la compañía de teléfonos ha sido vendida en parte
al capital extranjero, lo que demuestra, la incapacidad cubana en operarla,
¿sabes por qué?, porque introdujeron en el país una tecnología socialista
sumamente obsoleta, pero además, ¿puedes tú solicitar el teléfono como aquí
en este país o solo se lo conectan a las personas con un aval extendido por
el Partido, Sindicato (que es lo mismo)?>> Se quedó unos minutos en silencio
y luego me dijo casi derrotada; << Por culpa de una HP del Comité no me lo
instalaron, pero bueno, algún día lo tendré.>> ese algún día ya tiene
cuarenta y dos años, me dije mentalmente.
Mis conversaciones con ella se convertían cada día en un encontronazo de
ideologías, nunca he podido comprender esa actitud tan absurda y demente del
ser humano, en aferrarse a algo que no ha existido. Chencha no era tan vieja
ni le debía tanto a la "revolución", me indignaba por eso, por ser de una
generación muy próxima a la mía, un testigo viviente de todo lo ocurrido en
nuestro país, y de veras no podía aceptarle ninguna arenga sobre algo que,
yo conocía tanto y un poco más que ella. A veces pensé que todo se debía a
un estado de esclerosis de su parte, en otras oportunidades la consideraba
una sinvergüenza y hasta su presencia me molestaba.
Si comprábamos cerveza los fines de semana, allá metía su cuchareta y nos
decía; << En Cuba ahora hay una pila de marca de cervezas, abundan más las
de laticas.>> Yo le tiraba rápido para cerrarle el pico y no continuara con
sus mierdas. << ¿Entonces ahora llegas a cualquier bar o bodega y compras
todas las cervezas que te de la gana?>> Guardaba silencio como siempre que
se veía en una trampa tendida por ella misma, luego, cambiando el tono de la
voz hasta convertirlo en un dulce trino me contestaba; << No tanto así, se
puede comprar toda la que desees pero tiene que ser en dólares.>> Yo la
remataba rápido, << Entonces no tienes nada, no puedes comprar cerveza
porque tu jubilación me imagino que la paguen en pesos cubanos>> No se daba
nunca por vencida aquella vieja, ella seguía insistiendo aunque la mataras;
<< Yo lo que quise decir era que había todo tipo de cervezas>>
Le conseguimos un trabajito para que se buscara unos pesitos durante su
estancia en este país, no sería la primera ni la última en hacerlo, ya había
conocido de otros casos que han trabajado en la agricultura. Ella tuvo más
suerte, su trabajo no era agotador y se buscaba unos cien dólares a la
semana cuidando un niño. Si una virtud muy grande tenía aquella vieja lo
era, su facilidad para sacar cuentas, llegó a las conclusiones de que
llevando para Cuba no sé cuántos dólares, podía comprar un litro de leche
diario y compensar lo que había perdido de su salario. Lo encontré muy
inteligente de su parte, a veces pienso que tienen inteligencia para lo que
les da la gana. Hablo en plural porque el caso de Chencha no es único, yo
diría que es endémico en varias generaciones de cubanos.
Si un día iba al banco y utilizaba la máquina automática para sacar
dinero, la vieja se lanzaba al ataque y me decía; << Allá existen muchas de
esas máquinas.>> Yo no se lo discutía porque hace diez años que salí del
país, solo me limitaba a preguntarle, ¿cuántas?, ella no respondía y seguía
con sus lagunas. Cuando vio que estábamos conectados a Internet Chencha
metió la cuchareta; <Allá mucha gente se encuentra conectada.>> ¡Coño! De
veras que me sacaba de juicio, es que aunque deseara contenerme era
inevitable contestarle a aquella vieja; << Ven acá, ¿cualquiera se conecta
desde su casa libremente?>> Respiraba profundo hasta relajarse y luego me
contestaba; << Bueno, no tanto como eso, pero se conectan desde las
corporaciones y desde algunas oficinas del gobierno.>> Para todo tenía una
respuesta aquella vieja, pero lo más asombroso de todo esto es, que ella era
feliz sabiendo que existía aunque no estuviera al alcance de sus manos, no
me explico como el ser humano puede ser tan conformista, esta gente carece
de sueños y ambiciones en la vida. Peor aún y era el momento que me
reventaba el hígado, era cuando la oía hablar del bloqueo, de veras que no
soporto a un cubano justificando sus males con ese pretexto, yo la remataba
muy rápido, de verdad que no sentía el menor interés en convencerla ni
hacerla regresar a la realidad, solo atinaba a ejemplos muy sencillos que
ella evadía responder; << Chencha, ¿qué tienen que ver la malanga, boniato,
maíz, yuca, pollos, huevos, pescado, ñame, etc., con los americanos?>> Nunca
me respondió.
En fin, cuando ya hubo pasado un tiempo y frustrado por los razonamientos
de aquel ser, yo tenía muchos más deseos que ella porque se largara al
carajo. Chencha era como una planta ornamental, la ubicas en un espacio de
tu casa y no puedes cambiarla de posición cuando ella se ha adaptado porque
muere de tristeza. Era como un loro o un sinsonte acostumbrados a vivir en
cautiverio, si le das la libertad es muy probable que regresen a la jaula
porque no saben ganarse el sustento, y ese es el precio de la libertad.
Aquel día llegó y varios antes mi esposa la ayudó a preparar el gran
chorizo que llevaría de equipaje, me imagino que cargado de chucherías de
todas las tiendas del "Dólar" que existen en Montreal. Un llavero para el
carnicero, un perfume para el médico de la familia, un desodorante para el
mensajero que le compra la comida, un par de zapatos para la nieta que
cumple quince años, blumers para sus sobrinas, gorras para los hermanos que
se encuentran calvos, bolígrafos para la gente del banco donde depositan su
retiro, medias blancas para Tomasa su madrina de santo etc., etc. La lista
sería interminable, pero en el bolso de mano cargaría decenas de fotos de
los lugares visitados y algunos videos, aquello era lo más importante de su
cargamento, porque a pesar de todas las mierdas que habló por acá, ella
estaba segura de que tendría un público anhelante por saber como era esto.
Una gente que nunca había salido una distancia de la costa superior a los
diez metros, gente ávidas por vivir parte de este mundo desconocido y
borrado por una gran muralla. Yo lo sabía porque Chencha no es la única que
llega con esos traumas en la cabeza, luego, cuando regresan y se le acabaron
todas las anécdotas ( y los dólares que acumularon), desesperadas solicitan
por otra carta de invitación para vivir en las entrañas del monstruo que las
desprecia.
Camino del aeropuerto viajábamos en silencio, una hermosa y moderna
autopista adornada de mil colores, uno que otro termómetro mostrando la
temperatura actual y Chencha algo nerviosa por su regreso al paraíso
terrenal. Tuvimos que comprar una pesa y mi mujer todas las noches pesaba y
recontrapesaba cada paquete de la vieja, no deseábamos incurrir en gastos
extras ni que ella fuera perjudicada a su arribo en La Habana, donde felinos
aduanero se ensañan con la gente timorata e indefensa. Chencha se puso
varios blumers, tres pantalones, tres pullovers, un abrigo, tres pares de
medias y en la plantilla de los zapatos cargaba mil dólares. Pasó sin
dificultad la aduana de Canadá y cuando la vimos desaparecer por uno de los
corredores del aeropuerto sin acceso a los visitantes nos fuimos. Imaginamos
que el avión salió a su hora y esa tarde, unas cinco horas después de su
partida disfrutábamos de una agradable barbacoa en el patio de la casa.
Todos les dedicamos unas palabras a Chencha, que en esos momentos, estaría
sentada en el centro de la sala de su casa, abriendo aquel gran chorizo de
maleta y repartiendo entre una enorme jauría. Eso la hacía feliz, así era
feliz ella, ¿por qué exigirle que renunciara a su medio? Cada cual vive a su
manera y tiene lo que se propone y merece. Chencha tiene de todo aunque esté
lejos de su alcance, ella es feliz con cien pesos al mes, no sabe cuánto me
alegra. Veremos hasta donde le duran los cuentos y los dólares que llevaba
clavados en la plantilla de los pies.
Chencha no es la "Gambá", no tiene problemas en las piernas, ella debe de
ir al quiropedista urgentemente, para que le extirpen los callos que tiene
en la cabeza.

Esteban Casañas Lostal
Montreal..Canadá
2001-08-09


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