LA URGENTE SOLIDARIDAD CON PALESTINA
Editorial de La Jornada, domingo, 30 de noviembre de 2025
El Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino, que en la
Ciudad de México se conmemoró con una marcha hacia la antigua sede de
la embajada de Washington, llegó en un momento de vergonzoso silencio
ante el genocidio que Israel lleva adelante en Gaza y Cisjordania
reocupadas. Así lo reconoce el secretario general de la Organización
de Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, al señalar que el hambre,
las enfermedades y los traumas están a la orden del día, y escuelas,
hogares y hospitales permanecen en ruinas, mientras “la injusticia
continúa también en la ribera occidental ocupada, incluida Jerusalén
Oriental, con las operaciones militares israelíes, la violencia de los
colonos, la expansión de los asentamientos, los desalojos,
demoliciones y amenazas de anexión”.
Pese a la fuerza de su denuncia, el máximo dirigente de la ONU se
queda corto al decir que “esta tragedia ha puesto a prueba las normas
y leyes por los que la comunidad internacional se ha regido durante
generaciones”, pues lo cierto es que la impunidad absoluta de Tel Aviv
ha demostrado que tales normas son puro papel mojado cuando las
transgresiones son perpetradas por Israel o los miembros de la
Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Como nunca,
dichos estados presumen que pueden masacrar civiles, anular la
soberanía de cualquier país, poseer arsenales nucleares de manera
clandestina, usar el hambre como arma de guerra, organizar asesinatos
selectivos y actos terroristas a gran escala no sólo sin recibir
castigo, sino manteniendo su membresía en todos los organismos
deportivos, culturales y educativos como si se tratase de observantes
estrictos de la legalidad.
A dos años de que el régimen del primer ministro Benjamin Netanyahu
aceleró la limpieza étnica contra el pueblo palestino iniciada en
1948, al menos 70 mil 100 miembros de ese pueblo han sido asesinados
por las fuerzas de ocupación israelíes armadas por Estados Unidos y
Europa; 170 mil han resultado heridas, y los sobrevivientes se ocultan
y pernoctan entre 61 millones de toneladas de escombros. Desde el 10
de octubre, cuando oficialmente entró en vigor un falso alto el fuego,
las tropas y los colonos sionistas han matado a 500 palestinos;
impiden la entrada de 76 por ciento de la ayuda humanitaria; mantienen
secuestrados a miles en condiciones de tortura permanente,
consideradas inhumanas por las propias autoridades israelíes, y
prosiguen la destrucción sistemática de las condiciones de
habitabilidad tanto en la franja como en Cisjordania. En los hechos,
hasta ahora ese “alto el fuego” no ha sido más que una operación
propagandística orquestada por Estados Unidos y sus aliados para
facilitar a Tel Aviv que prosiga el genocidio sin las tenues presiones
políticas y mediáticas que se habían formado ante la escala de la matanza.
En resumen, hablar de solidaridad con el pueblo palestino es una
ingenuidad o una broma macabra cuando hombres, mujeres y niños
languidecen bajo la bota del colonialismo y se encuentran a merced de
un régimen que ha expresado de manera reiterada y pública su intención
de aniquilarlos. Desde hace meses ha quedado claro que la única manera
de mantener la vigencia de los derechos humanos y restaurar el orden
internacional al que alude el secretario general de la ONU consiste en
hacer realidad la solución de dos estados con las fronteras de 1967,
lo cual es imposible en tanto no se desarme a Israel y se procese
penalmente a todos los responsables del genocidio.