LA VANIDAD DE LA FILOSOFIA

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Roberto del Jesus

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Mar 4, 2011, 11:51:38 AM3/4/11
to Ciberperiodismo Notic-Voz
LA VANIDAD DE LA FILOSOFIA

El campo de la filosofía, su estudio puede ser inútil para nosotros,
podemos conceptuarla como algo absolutamente superfluo, y sin embargo,
y sin embargo, para millones de seres humanos es de capital
importancia. Los aficionados a la filosofía se cuentan por legiones,
son, por lo general, personas muy instruidas en todos los ramos del
saber, y, para llegar hasta ellos para poder ganarlos a la verdad, es
muy útil tener, cuando menos, algunas nociones de filosófica. No
debemos, pues, menospreciar ese estudio y, por el contrario
disponiendo de nociones generales del mismo, podremos tratar con
aquellos que se sienten inclinados a las especulaciones filosóficas.

¿Qué es la filosofía? Etimológicamente significa “que ama la
sabiduría” o “amor por la sabiduría” (de filos: que ama, y Sofía:
sabiduría” etc. Podríamos definirla, podríamos definirla, hoy como la
“expresión sistemática y ordenada del anhelo humano de llegar a la
verdad absoluta, a la verdad que está por encima de todas las verdades
que comprobamos por la experiencia, al principio supremo, al principio
de todos los principios que llegamos a comprender. O, en otras
palabras, el anhelo profundo del corazón del hombre de llegar hasta
Dios, la fuente suprema y primordial de todo lo que existe.”
Es, pues, en si algo noble, pero su propósito ha sido desvirtuado por
la vanidad humana.

Debido a su carácter, la filosofía tiende a despertar el sentido de la
unidad del saber. Así, por ejemplo, la aritmética dice: dos y dos son
cuatro, la geometría nos enseña: la suma de los ángulos internos de un
triangulo es igual a dos rectos, la física afirma: el agua se congela
a cero grado, la astronomía enseña: los cuerpos celestes se atraen
mutuamente en razón directa de las masas y en razón inversa al
cuadrado de las distancias, la química dice: que una parte de azufre,
cuatro de oxigeno y dos de hidrogeno nos dan acido sulfúrico. Todos
estos principios mil veces comprobados, son certísimos, pero obedecen
a otro más general, que es tratado por la filosofía, al de identidad.
Según este principio, apoyado por el no-contradicción, una cosa es
idéntica a sí misma, o lo que es lo mismo que no puede ser ella misma
y no ser al mismo tiempo. De aquí que siempre dos y dos sean cuatro
etc. Si no fuera por ese principio, la naturaleza divina, reinaría el
caos y la confusión. Que sucedería si a veces el agua se congelara a
cero grados y en otras ocasiones lo hiciera a veinte grados?

También se despierta con la meditación de estas cosas, el deseo de
tener una cultura fundamental que no es lo mismo que una cultura
general. No se trata de un mero “dilettantiumo”, de mariposear de aquí
para allá, sin profundizar, sin profundizar nada. Es necesario conocer
los principios generales que todo lo rigen, como instrumento del ser
supremo.

También así se llega a poseer la docta ignorancia: saber que uno no
sabe nada, y este es el camino de llegar después a atesorar
conocimientos, pues así como el pecador, cuando reconoce sus pecados,
está en el camino al arrepentimiento, así también el reconocimiento de
nuestra ignorancia, nos indica a instruirnos.
La filosofía estudia tres grandes problemas fundamentales: ONTOLÓGICO,
GNOSEOLÓGICO Y AXIOLÓGICO.

Trataremos someramente el primero de ellos: la palabra ontológico
viene del griego y significa:”tratado, o estudio del ser” tenemos,
pues, ante nosotros lo que los filosofo llaman el problema del ser
En la naturaleza vemos muchos seres, pero todos ellos son
contingentes, esto es, seres que dependen de otros, y además, todos
son variables y cambian continuamente: esto es lo que se llama en
término filosóficos “el devenir”, o mutación constante. Se trata por
lo tanto, de encontrar, por detrás de esa multitud de seres mutables y
móviles, un SER que no cambia, que siempre sea idéntico si mismo, un
ser inmóvil, un ser necesario, un ser que sea el principio de todos
los seres: en existencia, en movimiento, en vida y en inteligencia, el
primer principio de todos los principios de todos los seres: en una
palabra DIOS.
También se le dad el nombre de problema “metafísico” pues muchos
filósofos ponen ese primer principio fuera de la naturaleza que
percibimos, palpamos, sentimos comprobamos, por medio de los sentidos:
(metá ta física: Más allá de la física, de lo material, de lo
material, diría Aristóteles).

Ales de Mileto, uno de los siete sabios de Grecia, que vivió alrededor
del año 600 ante. De C. afirmaba que el agua es el principio de todos
los seres.

Heráclito, celebre filosofo griego de tendencia agnóstica, decía que
era el fuego (símbolo del devenir por su movilidad continua).

Pitágoras, siguiendo una línea de razonamiento más difíciles de
explicar, decía que el numero es el principio de todo.

Demócrito, fue el creador de la teoría atómica. Según ella los átomos
serian eternos y ellos formarían un todo. Posteriormente, Galileo
fundo en el atomismo su concepción físico-matemática.
El filósofo materialista Spencer, reduce todo a lo inorgánico.

Hay otros que no se contentan con un solo cuerpo o sustancia como
primer principio sino afirman que hay dos o más. Los hay, pues,
monistas, dualistas y pluralistas.

Este caos de opiniones deja al hombre perplejo. Pero, por encima de
él, la razón exenta de perjuicios nos dice que Dios es el principio o
causa primera de todos los seres y el creador de todo lo que existe,
(santo tomas de Aquino presenta en su “suma teológica” varias pruebas
filosóficas de la existencia de dios, que son dignas de ser
estudiadas).

Consideraremos ahora, a vuelo de pájaro, el segundo problema: el
Gnoseológico. (Etimológicamente significa el tratado del conocimiento:
gnosis, conocimiento en griego).

En el siglo XVIII apareció en el campo de la filosofía una figura
descollante: Manuel Kant. Con el se desvía, por así (decirlo, el
interés de los filósofos del problema ontológico y se enfoca hacia el
gnoseológico. No se trata de saber si hay un ser principio de los
demás, sino saber si se puede llegar a conocer ese ser. Es como si en
vez de discutir la posibilidad de la existencia de habitantes en el
planeta Marte, se discutiera la posibilidad de construir un telescopio
tan potente como para llegar a percibirlos.

De aquí que el problema gnoseológico se pregunta: se puede conocer?
hasta donde se conoce? es una verdadera “autopsia de la conciencia”
para ver hasta donde es capaz de llevarnos en nuestro conocimiento.
Hay diferentes escuelas o tendencias acerca del problema
gnoseológicos: podemos resumirlas en tres (3).

1) Los dogmaticos: afirman que se puede llegar al conocimiento.
2) Los escépticos: Niegan que se puede conocer.
3) Los relativistas (entre los cuales se puede contar los agnósticos
dicen quien se puede conocer, pero que hasta cierta medida solamente.

Voy a hablar brevemente del dogmatismo, en su doble forma, absoluta y
relativa. Dentro de él pugnan dos grandes tendencias opuestas: el
empirismo y el racionalismo. Veamos la esencia de cada una de esas
corrientes. Es la lucha entre la existencia y la razón. El empirista
dice: “toda verdad tiene que tener su fuente en la experiencia. No hay
otro lugar de donde sacar la verdad. Todo tiene que pasar por nuestros
sentidos”.
En cambio afirma el racionalista: “la existencia puede darnos algunas
verdades, pero las verdades cardinales no las puede dar sino la razón
humana”.

Los racionalistas critican a los empiristas diciéndoles que si todo
entrara por los sentidos y si el espíritu fuera como un pizarrón en el
cual se grabaran las impresiones, un asno podría recibir la misma
educación que un hombre. De aquí que se haya añadido el empirismo
filogenético. Dos palabras para explicar este punto: existe la
experiencia personal (ontogenetica) fruto del esfuerzo personal y otra
experiencia heredada (filogenética), fruto de la experiencia de
nuestros antepasados. Hay otra escuela filosófica sociológica que
afirma que también hay que tener en cuenta la experiencia social: este
es la influencia del ambiente en el individuo.

El intuicionismo es un empirismo exagerado, si se quiere. Para el
individuo intuicionista debe haber una “constatación inmediata de las
cosas”. Y esa constatación puede realizarse en la conciencia, puesto
que los sentidos, al decir de ellos, no nos dan la realidad tal como
es. Afirman que si tuviéramos 500 sentidos en vez de 5, veríamos las
cosas de manera diferente. No debe haber, pues, ningún intermediario
entre el conocimiento y el objeto del conocer. Por ende, la influencia
externa tendría un mínimum de verdad y un máximum de ilusión.

El pragmatismo es otra tendencia según la cual no existe la verdad ni
se descubre, sino que se inventa. Ya en la antigüedad protagoras, un
gran sofista, afirmaba que “el hombre es la medida de todas las
cosas”. William James, famosísimo psicólogo norteamericano es uno de
los sostenedores del pragmatismo. Para él, no hay que buscar si hay
verdad o no. Más bien hay que ver si es útil que haya una verdad o no.
Es una filosofía utilitarista. Según esta escuela, vivimos rodeados de
ilusiones fecundas. Hay seres que no existen pero que creamos porque
nos convienen. Así el estado, por ejemplo no tiene forma, color ni
consistencia, pero es necesario que exista y lo hemos creado.

El idealismo es una doctrina gnoseológica que trata de explicar el
conocimiento no desde el punto de vista del objeto sino del sujeto. No
niega que haya realidad, pero dice que es imposible saber cuál es la
realidad fuera de nosotros. “afirma:”no niego que no haya realidad
fuera de mi, pero solo la conozco en mi.” De ahí que conocer sería
crear, mucho o poco, pero crear al fin.

Kant decía que no podemos llegar a las cosas mismas (lo que él llamaba
el “noúmeno”) sino que solo vemos su apariencia engañosa (el
“fenómeno”) sostenía que dentro de nosotros hay “formas a priori” del
entendimiento, como nuestros sentidos, “creando” asi, en cierta medida
la realidad”.

Hay otro idealismo, en cierta medida objetivista. Es el idealismo
platónico. Su creador fue el famoso filosofo griego Platón, discípulo
de Sócrates. Según él, la realidad que vemos es solo la sombra de la
realidad inmutable que existe en un mundo que él llama “el mundo de
los arquetipos”. Allí estarían las ideas fundamentales, por a si
decirlo, de lo que vemos en el mundo sensible. Ese mundo de arquetipos
estaría fuera de nuestro alcance.

Hay otras doctrinas, pero lo abordaremos en otro espacio. En
conclusión, todas estas teorías o escuelas parten de un destello de
razón, pero pierden aun esa frágil base cuando pretenden tener toda la
razón. Y esto se debe al orgullo personal, a la obcecación y a los
prejuicios que anidan en el hombre inconverso.

Como ejemplo de las controversias filosóficas y una ilustración de los
absurdos a los cuales se puede lega cuando se llevan al extremo sus
enseñanzas, mencionare un caso clásico: el de la escuela eleática.
(Famosa por sus sofismas sus adeptos llegaron hasta negar el
movimiento, en sentido figurado. Pero sus contrarios los hicieron
víctimas de un sofisma muy divertido. Partiendo del hecho de que el
espacio es infinitamente divisible, les decían que una flecha
disparada del punto A, por ejemplo, en dirección al punto B, primero
debía recorrer la mitad del trayecto, antes de eso la cuarta parte,
antes la octava parte, antes la dieciseisava parte, etc. por lo tanto,
como esa división se podría continuar hasta lo infinito la flecha
quedaría en su punto de partida, inmóvil por toda la eternidad. Esto,
claro está, solo es posible en teoría.

Dije al principio que la filosofía persigue un fin noble, así es. Pero
en la práctica, se ha desvirtuado su propósito. Los hombres no quieren
ver la existencia de un ser supremo, creador y todopoderoso. Parten
del axioma de que no existe y se echan a buscarlo por los senderos
tortuosos de sus filosofías particulares (no de la filosofía en sí).
Por supuesto que no llegan a nada ya que niegan la veracidad de la luz
porque es demasiado palmaria.

Los hombres cegado no quieren ver la sencillez de un principio
fundamental, de un ser, que sirviendo de principio para todo lo que
existe, resuelve rotundamente los problemas filosóficos.

Terminare recomendando algunas palabras del apóstol San pablo en su
primera epístola a los corintios, el capitulo 1 y los versículos 19 y
24: “ porque está escrito Destruiré la sabiduría de los sabios y
desecharé la inteligencia de los entendidos, que es del sabio? Que del
escriba? Qué que del escudriñador de este siglo’ no ha enloquecido
dios la sabiduría del mundo? Porque POR HABER EL MUNDO CONOCIDO EN LA
SABIDURIA DE DIOS A DIOS POR SABIDURIA, AGRADADO A DIOS SALVAR A LOS
CREYENTES POR LA LOCURA DE LA PREDICACION. Porque los judíos piden
señales, y los griegos buscan sabiduría: mas nosotros predicamos a
Cristo crucificado, a los llamados, a si judíos como griegos, Cristo
potencia de Dios, y Sabiduría de Dios.

Habiendo, pues, los hombre rechazado la sabiduría de Dios, y el
conocimiento que de él hubieran podido tener por medio de sus
maravillosas obras, o sea el camino de la verdadera filosofía, le
plugo a él salvarnos por la predicación de Cristo crucificado.

Es esta nuestra filosofía: la más hermosa, completa y perfecta que
jamás pudiéramos haber ideado. Ella satisface los anhelos más íntimos
del corazón pues es la manifestación del portentoso amor de Dios. Su
principio básico no está fundado ni en señales ni en sabiduría: tan
solo en el amor! Cristo crucificado por nosotros! Perfecta expresión
del amor que está por encima de todo los amores nobles, pues es su
fuente y origen! Sea esta nuestra predicación invariable cuando
afrontemos las vanas filosofías de los hombres!.
Si argumentamos acerca de los problemas del ser y del conocimiento,
quizá no conduzcamos a nadie a ninguna parte pues es muy difícil mover
a un hombre empecinado en un sendero filosófico. En cambio, la
presentación del amor de Dios, materializado en nuestro redentor
muriendo en la cruz, es “potencia de Dios, y sabiduría de Dios”.

Quiera el eterno que este poder y esta sabiduría acompañen siempre a
todos los usuarios lectores de Notic-Voz el Cajigalence, sean ellos
los portavoces elegidos por el altísimo para la predicar a ese
salvador crucificado, resucitado y próximo a volver, así sea.
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