Malos tiempos para el laicismo
MARÍA JOSÉ FARIÑAS DUCE/PROFESORA DE FILOSOFÍA DEL DERECHO DE LA
UNIVERSIDAD CARLOS III DE MADRID
Corren malos tiempos para la laicidad», afirma Juan José Tamayo en su
último libro ('Adiós a la Cristiandad', Ediciones B). El mundo está
asistiendo en las últimas décadas a un proceso de transformación de
los conflictos sociales y laicos en conflictos confesionales. El
problema radica en la propia estructura social y política, y no en las
religiones. Sería ingenuo culpar sin más a las religiones. Nuestras
estructuras sociopolíticas, laicas, públicas y democráticas han
incumplido una de sus funciones constitutivas: la de ofrecer vínculos
de igualdad social y de promoción sociocultural para todos los
ciudadanos. Ante el incumplimiento de esta tarea, se ven obligadas a
competir con las creencias religiosas y sus iglesias en el control de
los mecanismos de regulación social. Es en este momento cuando hemos
de volver a contemplar el fenómeno religioso y las instituciones que
lo gestionan como importantes mecanismos de organización social.
Ante una sociedad que cada vez genera menos medios laicos de
vinculación comunitaria y solidaria y menos mecanismos de igualación,
pero más inseguridad, discriminación y desesperación social, las
creencias religiosas juegan su papel. Ante la insatisfacción
socioeconómica, los individuos dejan de proyectar su personalidad
hacia el futuro, dejan de tener esperanza en las promesas públicas y
sociales de carácter universal. Buscan, por el contrario, su seguridad
y su integración en el pasado: en el reconocimiento de una identidad
perdida, una cultura recuperada o en la búsqueda de religiosidades
lejanas o renovadas. Lo preocupante es que, en estos casos, la
tendencia a la radicalización del propio mensaje religioso y cultural
es muy fácil. De ahí al fundamentalismo en la interpretación de los
textos religiosos sólo existe un corto paso. Y del fundamentalismo a
la violencia racista contra el que piensa de diferente manera, sólo
otro.
Muchos teólogos de diferentes confesiones han constatado en las
últimas décadas una especie de resurrección de lo religioso y lo
mítico en todos los ámbitos de nuestra vida e, incluso, una presencia
constante de lo religioso en el ámbito secular y público. La religión
abandona su ámbito privado para invadir la esfera pública, pugnando en
la lucha por el control del poder social. En definitiva una crisis de
laicidad. Ejemplos existen y bastante significativos, como la
insistencia de muchos políticos conservadores europeos, las presiones
del Vaticano y de algunas organizaciones católicas, especialmente el
Opus Dei, en reivindicar la alusión a las 'raíces cristianas del
continente europeo' en el proyecto de Constitución europea, en contra
manifiestamente de la idea de laicidad en la Unión Europea.
La Iglesia Católica pugna por tener una presencia fuerte en los
debates políticos y económicos de la Unión Europea, lo cual implica un
grave retroceso en el proceso moderno de secularización, una violación
del respeto a la separación laica entre el poder político y las
diferentes opciones espirituales, a la vez que la búsqueda de un
privilegio no justificado en relación con otras confesiones
religiosas. El debate y posterior aprobación de la denominada 'ley del
velo' en Francia es bastante significativo, por desarrollarse en un
país que ha hecho de la laicidad su principal seña de identidad.
Francia se ha visto obligada a crear una ley que prohíbe «llevar
signos ostentosos» de pertenencia religiosa en el espacio público
republicano; mientras, en la sociedad francesa queda un problema sin
resolver: el de la integración ciudadana de una gran mayoría de
inmigrantes musulmanes que constituyen hoy una de las zonas de
marginación más vergonzante para la República y que sigue siendo un
caldo de cultivo para las manifestaciones socioculturales y religiosas
más integristas.
El fundamentalismo cristiano y la regresión sociocultural existente
actualmente en la actividad política de Estados Unidos están
vinculados a la aparición de la corriente The Moral Mayority SA, del
reverendo bautista y teleevangelista Jerry Falwell, cuyo objetivo ha
sido el de recuperar la tradición de la religión civil estadounidense
en contra del humanismo secular. Su objetivo político neoconservador
fue la destrucción del Estado de Bienestar (Welfare State) en EE UU;
el propio Falwell lo justificó religiosamente: «El sistema de la
libertad es idéntico al sistema de la libre empresa, que constituyen
claramente el trasfondo del Libro de los Proverbios de la Biblia. Nos
exige vencer al Estado de Bienestar en Estados Unidos» ('Listen,
America¿', New York, 1981). Se utiliza el motivo religioso para
justificar las acciones políticas, económicas y bélicas; incluso, se
llega a sacralizar el propio orden político y social. Sin olvidar los
fundamentalismo religiosos que gobiernan algunos países islámicos, en
una nada sutil combinación de ortodoxia religiosa y violencia
política.
España, al igual que otros países europeos, no ha saldado
definitivamente su deuda con la laicidad. A pesar de que la
Constitución de 1978 declara al Estado español como un Estado no
confesional, la realidad de los hechos pone en cuestión tal
afirmación. Varios juristas y teólogos españoles ha venido denunciando
la ambigüedad confesional del texto constitucional español, reflejada
en los artículos 16.3 y 27.3 de la Constitución, con alusión expresa a
la Iglesia Católica (16.3) y al «derecho que asiste a los padres para
que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de
acuerdo con sus propias convicciones» (27.3). La jerarquía católica
española prosiguió con una serie de injerencias en cuestiones laicas
de gobierno, como la educación, la designación eclesiástica de los
profesores de Religión contratados y pagados por la Administración
pública del Estado, los derechos reproductivos y sexuales de las
mujeres, la homosexualidad, las parejas de hecho o las investigaciones
biogenéticas. Tales injerencias representan en la práctica un
neoconfesionalismo encubierto dentro de un Estado laico, en el que la
Iglesia Católica pretende ejercer unos 'derechos constitucionales',
que no son sino privilegios en relación con otras confesiones
religiosas. El neoconfesionalismo ha alcanzado su máxima realización
durante el Gobierno conservador del Partido Popular y, especialmente,
con la implantación en la enseñanza pública de la asignatura
confesional de la Religión católica. La Ley Orgánica de Calidad de la
Educación (LOCE), que contó con el apoyo decidido de la jerarquía
católica, ataca frontalmente el carácter laico de la enseñanza pública
y otorga un privilegio a la Iglesia Católica, que podrá enseñar su
doctrina de fe en el seno de una institución pública de enseñanza a
costa de los fondos públicos de todos los ciudadanos.
En un Estado laico, la escuela no debe ser el lugar de enseñanza y
transmisión de las creencias religiosas; éstas han de ser enseñadas en
las diferentes iglesias, parroquias, mezquitas, sinagogas, comunidades
religiosas. La enseñanza pública debe orientarse hacia la formación
social y cívica de las personas. La enseñanza de la Religión, en una
sociedad laica, debería realizarse como asignatura no confesional y de
carácter obligatorio. Los alumnos deberían recibir un análisis
científico y riguroso acerca del fenómeno religioso como hecho
histórico y sociocultural, un análisis crítico de las manifestaciones
en las que históricamente se ha desarrollado y un estudio comparado de
las diferentes religiones y de sus aportaciones, positivas o
negativas, a la esfera ética de los seres humanos y de sus sociedades.
Todo ello desde una perspectiva cognitiva plural e interdisciplinar,
centrada en la interculturalidad e interreligiosidad como horizontes
de diálogo y de comunicación y comprensión recíprocas. Esta opción
sería plenamente compatible con la laicidad, con el respeto al
pluralismo religioso y cultural y con el respeto a la igualdad y no
discriminación del diferente.
La enseñanza de la Religión como asignatura no confesional en la
escuela podrá contribuir a un clima cívico de pacificación frente a la
violencia fundamentalista derivada de la criminalización del que
piensa diferente. En defensa de la tradición secular y laica, esta ley
debería ocupar un puesto destacado en la agenda de reformas
legislativas del Gobierno de izquierdas del Estado español.
EL CORREO, 13 de mayo de 2004
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Un Saludo,
Dubarri,
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No se aparte de la Iglesia porque está llena de hipócritas.
Siempre hay sitio para uno más. -Anónimo-
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-Une bonne chose de la religion est qu'elle origine hérétiques-