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LA RESURRECCIÓN DEL MESÍAS, UN HECHO HISTÓRICO COMPROBADO. (CUARTA PARTE)

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libera

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Jun 18, 2008, 4:11:54 AM6/18/08
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El historiógrafo y crítico William Wand resume adecuadamente las
conclusiones acerca de la resurrección:

"Todas las pruebas estrictamente históricas que poseemos están a favor
de la resurrección; y los escrituristas que todavía la rechazan tienen
que confesar que lo hacen no en nombre de una Historia científica sino
por alguna otra razón ajena.19

Tendremos, pues, que concluir que la resurrección es un hecho
históricamente probable. Un poco de apologética vendrá ahora a
corroborar nuestro caso todavía más.

EL CENTRO MEDULAR DE LOS HECHOS HISTÓRICOS

Hemos enumerado hasta ahora una serie de hechos históricos aceptados
como tales prácticamente por todos los historiadores y que pertenecen
a la historia comprobable. Estamos actualmente en condiciones de dejar
asentada la historicidad de la resurrección sirviéndonos solamente de
cuatro de ellos que son aceptados como innegables hasta por los
críticos. Helos aquí: 1) La muerte de Jesús por crucifixión. 2) Las
experiencias de unos testigos presenciales, llegadas a continuación,
que les convencieron de habérseles literalmente aparecido Jesús
resucitado. 3) La transformación de los discípulos como consecuencia
de ello. 4) Y la experiencia que convirtió a Pablo, quien quedó
también convencido de que se le había aparecido Jesús resucitado.
Estos cuatro hechos constituyen una mini apologética en favor de la
resurrección literal de Jesús, que basta por sí sola para refutar la
interpretación naturalística, y que ofrece serias pruebas positivas
asentando la historicidad del acontecimiento-base.20 Reseñemos unos
cuantos ejemplos subrayando estas afirmaciones.

Primero: Estos cuatro hechos históricos de base bastan para rechazar
todo intento de explicación naturalística de la resurrección. Por
ejemplo, la teoría del desvanecimiento queda aniquilada por el hecho
de la muerte de Jesús (véase capítulo diez) y por la conversión de
Pablo. Las experiencias de los discípulos desbaratan la hipótesis de
la alucinación y la del subjetivismo, puesto que estos fenómenos no
son colectivos ni contagiosos, sino que afectan a una sola persona, y
además son incompatibles con la gran variedad de los factores de
tiempo y lugar que caracterizan a las apariciones mencionadas. Pablo
se encontraba en marcha hacia una operación represiva contra los
cristianos, y en un estado de ánimo, por ende, no muy propicio al
condicionamiento psicológico idóneo para alucinaciones. Y por su
parte, el hecho de que fueron precisamente los discípulos y otros
testigos oculares de primera hora los receptores de tales experiencias
descarta esa pretensión de que la resurrección fuera una leyenda o un
mito, ya que la predicación original de la resurrección está
patentemente basada sobre el testimonio real de unos testigos
presenciales, y no en una leyenda tardía (como enfáticamente lo revela
el Credo de I Cor. XV, 3 y siguientes); y ese Pablo que lo anuncia no
era precisamente un hombre al que bastara una leyenda para convertirlo
de su escepticismo. Por otra parte, esas suposiciones de que hubieran
robado el cuerpo, como todas las teorías basadas en un posible fraude,
se desvanecen ante la transformación experimentada por los discípulos,
como los críticos mismos admiten. No son los mentirosos los que se
convierten en mártires, ni se convierte a Saulo de Tarso con un fraude
21

19, Wllliam Wand, Christianity: A Historical Religion?, Valley Forge,
Judson Press, 1972, pp. 93-94.

20. Gary Habermas, The Resurrection of Jesus: An Apologetic, cap. 1.

Segundo: Esos cuatro hechos "nucleares" por sí solos constituyen un
testimonio positivo de primera magnitud sobre la resurrección real de
Jesús de entre los muertos. Sus discípulos estaban convencidos de que
le habían vuelto a ver, ya resucitado; sus experiencias presenciales
no las sabe explicar nadie en términos naturalísticos; lo que sucedió
es que se transformaron en hombres dispuestos a morir por su fe, y
Pablo, un enemigo de Cristo, pero inteligente y determinado, pasó por
una experiencia de tal fuerza que se transformó radicalmente.

Tomados en conjunto todos estos testimonios, ya no queda más
explicación que una resurrección literal e histórica, sobre todo
cuando se comprueba la endeblez de las otras explicaciones.

Además, y puesto que esos hechos centrales (igual que los hechos que
les precedieron, admitidos por todos en general) han sido ya
establecidos por los cánones de la investigación histórico-crítica,
los autores contemporáneos no pueden evadir su fuerza probatoria
sencillamente alegando "discrepancias" en las narraciones del Nuevo
Testamento, o sugiriendo "falta de fiabilidad" en ellas. Esos reparos
de los críticos están ya refutados por el cúmulo de la evidencia
probatoria (que no discutimos aquí en su amplitud); y por otra parte
el hecho de una resurrección en sentido literal puede ser demostrada
mediante un número mínimo de hechos históricos. Tampoco basta admitir
que sucedió "algo" cuya naturaleza no podemos conocer según las
premisas naturalísticas, ni aducir el carácter de la historia, la
"nebulosidad" o el "carácter legendario" de los textos del Nuevo
Testamento; ni se puede alegar que Jesús resucitó espiritualmente y no
literalmente, ya que todo eso lo han barrido unos hechos que
virtualmente todos los historiógrafos admiten ser historia
comprobable, y que son los adecuados para demostrar históricamente la
literalidad de la resurrección de Jesús según las reglas de la
probabilidad. Mientras puede que haya dudas relacionadas con otras
cuestiones afines, esos hechos aceptados que acabamos de reseñar son
suficientes en sí mismos para demostrar la probabilidad histórica de
que Jesús resucitó de entre los muertos .22

21. Habermas, The Resurrection of Jesus: A Rational Inquiri, pp.
114171.

LA SÍNDONE Y LA RESURRECCIÓN

¿Qué es lo que puede añadir la Síndone a esta verificación histórica
de la resurrección literal de Jesús? La Síndone ofrece por lo menos
cuatro razones más que corroboran la probabilidad de este
acontecimiento. En efecto, las pruebas que la Síndone presenta en
favor de la resurrección son tan impresionantes que, si ella no fuera
el actual lienzo sepulcral de Jesús, los cristianos se verían
obligados a considerar la posibilidad de que algún otro hubiera
resucitado de entre los muertos.

Primera. El cuerpo de Jesús no se descompuso cuando estuvo en la
Síndone. El cuerpo se encontraba en estado de rigidez cadavérica, y
los patólogos aseguran que estaba muerto. Pero, más allá de estas
señales iniciales de la muerte, las observaciones científicas no han
encontrado indicio alguno de descomposición . La consecuencia está
clara: esa ausencia de descomposición corporal en la Síndone revela
que el cuerpo de Jesús no estuvo en contacto con el lienzo por mucho
tiempo.

Dadas as condiciones del Oriente Medio en los tiempos de Jesús,
tendría que haberse producido una fuerte descomposición en un espacio
máximo de cuatro días. Si bien los estudios experimentales no pueden
fijar exactamente el tiempo que estuvo el cuerpo en contacto con el
lienzo, podemos, con todo, tener la certeza de que el cuerpo no
permaneció en la Síndone lo bastante como para experimentar una
descomposición avanzada o muy seria. Es decir: que el cuerpo se separó
del lienzo tras un período de tiempo comparativamente corto.

22. Habermas, The Resurrection of Jesus: An Apologetic, cap. 1.

La segunda indicación de la resurrección que presenta la Síndone es la
referente a la retirada del cuerpo separándose del lienzo. Los hechos
que en ella constatamos contradicen toda opinión de que el cuerpo haya
sido sustraído por medio humano alguno, porque las manchas de sangre
están intactas Como hemos dicho antes, cada una de esas manchas de
sangre se caracteriza por una precisión anatómica, con los contornos
netamente definidos y los coágulos intactos. Si se hubiese arrancado
el lienzo de su contacto con el cuerpo, esos coágulos aparecerían
emborronados o resquebrajados: este hecho cierra el paso a toda
separación por medios normales.

Una breve reflexión nos introducirá en el razonamiento médico a este
respecto. Cuando el cuerpo fue envuelto longitudinalmente en el
lienzo, éste entró en contacto con la sangre que manara de la cabeza,
del costado abierto, de la muñeca izquierda, de los pies o de
cualquier otra fuente. Al secarse la sangre, el lienzo fue quedando
encolado a las heridas. Al retirar el lienzo, y por mucho cuidado que
se pusiera en ello, habría que despegarlo de los coágulos de sangre, y
en consecuencia deformar los contornos de las manchas. Pero como esto
no sucedió en la Síndone hay que admitir la probabilidad de que el
cuerpo abandonara su envoltura de una forma diferente a la normal. Las
manchas de sangre allí impresas por contacto indican que el cuerpo no
fue ni movido, ni reenvuelto, ni desenvuelto.

Tercera: Ya dejamos reseñado que la imagen fue creada en la Sábana
probablemente al quedar ésta chamuscada por acción del fuego o de la
luz.

Tanto en vista de la improbabilidad de una explicación natural de
alternativa, como debido a la naturaleza misma de la imagen, aquí
estamos confrontados con el problema de algún acontecimiento
extraordinario para el que no cabe una explicación natural.

... La Sábana Santa, como indica Robert Bucklin, sostiene con su
evidencia testimonial el hecho de la resurrección de Jesús.

La cuarta señal de la resurrección se encuentra en la estrecha
concordancia existente entre la Síndone, los Evangelios y la Historia.
Puesto que la Síndone coincide con el relato evangélico punto por
punto, tenemos con ello un sólido argumento para deducir que se
corresponde también con la narración evangélica de la resurrección.

Ya hemos visto que la Síndone es con toda probabilidad un auténtico
objeto arqueológico y el actual lienzo sepulcral de Jesús, y que
concuerda exactamente con lo que los Evangelios dicen de las
modalidades de la crucifixión. Como la Síndone tiene todas las
probabilidades de ser la de Jesús, y como quiera que se corresponde
tan minuciosamente con los detalles de su muerte, ¿por qué no también
con el hecho de su resurrección, especialmente cuando un fuerte
testimonio histórico indica que Jesús resucitó de entre los muertos?
De nuevo, pues, los hechos históricos incrementan más y más la
credibilidad de la perfecta coincidencia entre Evangelios y Síndone en
el caso de la resurrección de Jesús. Esa mutua correspondencia es
simplemente asombrosa. Puede ser que no constituyan aún una prueba
completa, pero nos encontramos ante un cúmulo de testimonios que
atestiguan en favor de la resurrección de Jesús. O, como lo dice
Robert Bucklin, "los datos médicos derivados de la Síndone favorecen
la resurrección. Y cuando esta información médica se combina con los
hechos químicos, físicos e históricos, tenemos un fuerte peso de
pruebas atestiguando la resurrección de Jesús".

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