Que fue la estrella de Belen?

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Dubarri

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Jan 5, 2003, 4:14:23 PM1/5/03
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¿Qué fue la estrella de Belén?

La naturaleza de la señal que vieron en el cielo los magos de Oriente
es un enigma dos milenios después de la visita que, según la
tradición, hicieron a un Jesús recién nacido
LUIS ALFONSO GÁMEZ/BILBAO

La visita de los magos
Una estrella guió a los Reyes Magos hasta Belén, según el evangelio de
Mateo. Dos milenios después de la redacción del único texto bíblico
que habla de la visita a Jesús de «unos magos de Oriente», sigue
abierto el debate sobre la naturaleza de aquella señal celeste. ¿Qué
fue la estrella de Belén? Hay tres posibles explicaciones: un fenómeno
astronómico, un recurso del autor para engrandecer la figura del
recién nacido y un milagro.

El texto de Mateo fue escrito entre los años 70 y 80. No precisa
cuántos fueron los magos ni da sus nombres. Que eran tres, reyes, y se
llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar -monarcas de los persas, los
indios y los árabes, respectivamente- se dice, por primera vez, en el
'Evangelio armenio de la Infancia', un apócrifo tardío datado no
después del siglo V.

Mateo cuenta que la estrella sirvió de guía a los magos durante su
viaje y que se detuvo «encima de donde estaba el niño». Quienes buscan
una base científica al pasaje bíblico parten de que el autor pudo
embellecer un fenómeno astronómico. Johannes Kepler fue el primero en
asumir ese supuesto. Hace cuatro siglos, relacionó la estrella de
Belén con una triple conjunción -acercamiento aparente en el cielo- de
Júpiter y Saturno. Para ello, el sabio alemán hubo de recalcular la
fecha del nacimiento de Jesús.

Un problema de fechas

¿Cuándo nació Jesús? Es la primera incógnita a la que se enfrentan los
científicos atraídos por el enigma de la estrella. En el siglo VI,
Dionisio el Exiguo fechó la natividad en el año 753 desde la fundación
de Roma; pero el monje astrónomo olvidó el año cero y los cuatro que
César Augusto gobernó bajo el nombre de Octavio. Esos errores implican
que Jesús nació, como mínimo, cinco años antes del primero de la
llamada era cristiana. Además, el día en el que se celebra su
natalicio, el 25 de diciembre, tiene su razón de ser en el
apropiamiento por parte de los cristianos de una festividad pagana, la
del solsticio de invierno, a mediados del siglo IV.

Lucas -el otro evangelista que habla de la natividad- dice que, «por
entonces, salió un decreto del emperador Augusto, mandando hacer un
censo del mundo entero» (Lucas 2, 1-2). Ese decreto fue el que, según
la Biblia, obligó a María y José a viajar a Belén y data de 8 antes de
Cristo (aC). Por Mateo, sabemos que gobernaba Herodes III el Grande
cuando Jesús nació y, gracias al historiador romano Flavio Josefo, que
este rey murió poco después de un eclipse lunar visible en Jericó en
la noche del 12 al 13 de marzo de 4 aC. Así pues, hay que situar la
natividad entre 8 y 4 aC, y buscar la estrella de los magos en el
cielo de esos años.

Kepler constató la repentina aparición de una estrella entre Júpiter y
Saturno durante una de las tres conjunciones de esos dos planetas que
se registraron en 1604. Calculó que hubo otro triple acercamiento de
los dos planetas en Piscis durante 7-6 aC y dedujo que la consecuencia
lógica era que se hubiera dado la subsiguiente nova: la estrella de
Belén. La nova de Kepler nunca pasó, sin embargo, de ser una
presunción, a diferencia de las conjunciones planetarias.

El cielo de Belén

El triple encuentro celeste de Júpiter y Saturno en 7 aC -en mayo,
septiembre y diciembre- es la explicación astronómica que parece «más
coherente» a Javier Armentia. Eso sí, siempre que se quiera buscar en
el cielo un reflejo de la narración evangélica, algo que el director
del Planetario de Pamplona no considera imprescindible. «Hay que tener
en cuenta que estamos ante un texto mítico, no histórico. En aquella
época, el nacimiento y la muerte de un personaje solían vincularse a
fenómenos astronómicos», argumenta. Julio César es un buen ejemplo:
según las leyendas romanas, una estrella apareció cuando nació y, a su
muerte, se vio un cometa.

El quinquenio en el que se enmarca el nacimiento de Jesús ofrece
varios candidatos a guía de los magos. «Se puede encontrar un fenómeno
celeste llamativo para cualquier año de la historia de la Humanidad
que queramos», apunta Armentia. A la conjunción de Júpiter y Saturno
de 7aC, se sumó Marte un año después, y astrónomos chinos constataron
en 5 aC el paso de dos cometas y la explosión de una supernova, que se
traduce en una fuente temporal de luz extremadamente brillante. «Si
hubo algo real tras la estrella de Belén, pudo ser cualquiera de esos
fenómenos», dice el astrofísico.

Ninguno de los posibles candidatos es el cometa Halley. Su aparición
más próxima al nacimiento de Jesús ocurrió en 12-11 aC. Visible en
1301 -pasa cerca de la Tierra cada 77 años-, Giotto se inspiró en él
para dar forma a la estrella de Belén de su 'Adoración de los magos',
pintada tres años después. La identificación pictórica del famoso
cometa como guía de los magos ha perdurado popularmente hasta nuestros
días: la estrella que corona belenes y árboles de Navidad suele
presentar la cola propia de un cometa.

La tradición judía

«La estrella es un símbolo del Mesías», afirma Rafael Aguirre,
catedrático de Nuevo Testamento de la Universidad de Deusto. Para este
teólogo, no hace falta recurrir a explicaciones astronómicas para un
texto «muy bello», pero «lleno de inverosimilitudes históricas: habla
de una estrella que se para encima de la casa y Herodes es tan bobo
que no se le ocurre mandar a nadie que siga a los magos». La estrella
de Belén es, para él, una invención piadosa del evangelista.

Aguirre ve todo el episodio de la adoración de los magos como «una
actualización de interpretaciones mesiánicas del Antiguo Testamento»
y, en concreto, de la intriga de Balak narrada en el libro de los
Números. Después de que Moisés libera a los israelitas de los
egipcios, Balak, rey de Moab, pide al vidente Balaám que maldiga a los
judíos, pueblo al que teme. Balaám pronostica, sin embargo, el futuro
esplendor de Israel de la mano de un caudillo y habla de una estrella
como símbolo de ese líder.

«Mateo hace una composición a partir de esa tradición judía», señala
Aguirre, quien destaca que, al igual que Balak ordena a Balaán que
maldiga al pueblo de Israel, Herodes pide a los magos que le digan
dónde está Jesús. «El Mesías ha nacido, ha aparecido una estrella y
han interpretado los signos los paganos, no los judíos, que tienen la
Biblia, pero no los ven». Herodes, como Balak, quiere destruir Israel
y los magos, como Balaám, son paganos que interpretan correctamente
los designios divinos. «Estamos ante un texto judío, teológico y hecho
por creyentes en el que se intenta justificar el universalismo, la
apertura de las comunidades cristianas primitivas a los paganos».

http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/edicion/prensa/noticias/Sociedad/200301/05/VIZ-SOC-052.html

EL CORREO Domingo, 5 de enero de 2003
oxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxo


Dubarri

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No se aparte de la Iglesia porque está llena de hipócritas.
Siempre hay sitio para uno más. -Anónimo-
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