La nueva generaci�n azul vista por un colocolino atormentado.
Por Barti Soto
Es horrible, pero estoy obligado a contarlo. Nunca pens� que suceder�a,
pero mi desgano pudo m�s y mis enemigos deportivos sacaron peque�as
ventajas que se transformaron con los a�os en mi derrota: Mi hijo es
fan�tico de la �U�.
Es cierto que el furioso presente de los azules avala la decisi�n -es el
equipo m�s ganador del f�tbol chileno en un inicio de torneo-, pero la
historia viene de mucho antes.
Colocolino hasta mi adultez, uno que ador� a Caszely y a Vasconcelos y
que admir� al C�ndor Rojas, tras la obtenci�n de la Copa Libertadores en
1991 pude dejar atr�s una etapa en la vida llena de �xitos en el plano
local y frustraciones en el internacional.
Sent� que ya era suficiente, que estaba bien grande para seguir yendo al
estadio como un termoc�falo, as� que de a poco me hice a un lado y dej�
los tablones amparado en el inicio de mi romance con mi actual esposa.
El problema es que mi esposa, que jam�s fue al estadio en su vida, es de
familia azul, pero su nula adherencia real no provoc� trauma alguna en la
�poca del noviazgo, pese a las continuas bromas a la hora de la once
dominical.
El problema comenz� cuando nacieron los ni�os. El primero, como por orden
natural familiar, comenz� a ser concientizado como hincha azul y en sus
primeros cumplea�os ya luc�a la tricota universitaria.
La quiebra de Colo Colo y la manga de sinverg�enzas ex jugadores y
t�cnicos cobr�ndole al s�ndico sus espectaculares sueldos, ante la
ausencia absoluta de los dirigentes que firmaron los contratos inflados,
terminaron por alejarme definitivamente del club.
La impresionante ignorancia de la concesionaria Blanco y Negro en sus
primeros a�os como sociedad an�nima hicieron el resto.
El ni�o hoy tiene 10 a�os y es fan�tico hincha azul. Hace una semana me
pidi� que lo llevara a la concentraci�n azul en el hotel Intercontinental
y no pude negarme.
Agarr� su camiseta con el 7 de Rivarola, un �dolo de entrecasa, viejo ya,
con cero proyecci�n internacional, pero un �dolo como los de antes, que
aparece cuando el equipo lo necesita, y se subi� al auto.
En el lobby, el goleador argentino lo atendi� como si lo hubiera conocido
de toda su vida. Mi hijo estaba m�s tieso que ping�ino embalsamado, pero
igual movi� sus manitos para pasarle la camiseta, que le firmara el siete
y luego la dedicatoria por delante.
Uno podr� estar en contra de los m�todos con que Jos� Yuraszeck construy�
su fortuna, pero el tipo sabe mucho m�s de f�tbol que todos los gerentes
de Blanco y Negro juntos, adem�s de tener mucho m�s ojo a la hora de
invertir el dinero de la SA. El complejo de entrenamientos azul en La
Cisterna es una joya y el proyecto del nuevo estadio parece no ser otro
m�s de los voladores de luces con que muchos personajes antes ganaron
p�ginas en los diarios sin parar un solo andamio.
En la otra vereda, Colo Colo, que en lo inmobiliario tiene un largo
camino recorrido, choca con incre�bles derrotas deportivas y
administrativas que los tienen, con Ivo Basay y todo (uno de los que
cobr� sueldos impagables para Chile como jugador), y pese a su triunfo en
Calama, transitando sin un rumbo definido.
Por eso no me extra�� que este a�o mi hijo haya abrazado definitivamente
el f�tbol dentro y fuera de cancha, se las ingeniara para seguir los
partidos y participara de su grupo del colegio predominantemente azul.
Y por eso tambi�n, cuando volvimos a la casa, en menos de una hora las
fotos que le tom� en el Intercontinental estaban en Facebook doce amigos
celebrando su golazo de mediacancha.
Yo tuve que morder la derrota. No hab�a nada m�s que hacer. Es el signo
de los tiempos: La nueva generaci�n, que es m�s racional e informada que
la nuestra, es cada d�a m�s azul que blanca.
http://cuatroletras.cl/2011/09/la-nueva-generacion-azul-vista-por-un-
albo-atormentado/