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- Fabiola
Pomareda/La Raza |
- 2011-04-13
- | La
Raza
Ellos hablan de cómo el ser indocumentado les ha afectado
en su salud mental y emocional, en su desempeño académico y en sus relaciones;
y de cómo superar las pesadillas y enfocarse en las oportunidades
Chicago/La Raza - Reyna Wences pasó de un salón de clases a
otro; de un empleo a otro, acumulando cada vez más frustración. "El verano
pasado intenté suicidarme y hoy soy una sobreviviente; así que si ustedes no se
dan cuenta de los privilegios que tienen, mírenos a nosotros y dénse cuenta de
que estamos luchando por nuestras vidas", exclamó.
La joven indocumentada, quien fue traída de México a
Estados Unidos a la edad de tres años, contó que en el verano del 2009, poco
después de graduarse de la secundaria Walter Payton College Prep, ya no quería
vivir y tomó varias pastillas para dormir.
Su testimonio se escuchó el año pasado en un evento
organizado por jóvenes de Chicago que llamaron la atención sobre salud mental y
la lucha de los "soñadores" o muchachos que podrían beneficiarse de
la ley Dream Act.
Ese día se acababa de conocer la historia de Benjamín
Pintor, joven de 29 años que se ahogara en el Lago Michigan durante el fin de
semana de Acción de Gracias, en un supuesto suicidio. Pintor también vino de
Michoacán, México, siendo un niño; y se sentía frustrado y harto de su
situación, dijeron en su momento amigos y familiares.
Los nombres de Tam Tran (1982-2010), Gustavo Rezende
(1990-2010) y Cinthya Felix (1984-2010) también resonaron, pues según los
"soñadores", eran jóvenes afligidos que no encontraron una salida a
su situación migratoria y se suicidaron.
Hoy en día el Dream Act -introducido en la legislatura
estadounidense hace casi una década- sigue estancado y los jóvenes se enfocan
en proyectos de ley estatales de acceso a la educación superior, en pelear caso
por caso y en no darse por vencidos.
EN RIESGO
De acuerdo con un reporte publicado la semana pasada en la
revista "Archives of General Psychiatry", los inmigrantes mexicanos
son más propensos a experimentar ciertos desórdenes mentales, que los latinos
nacidos en EE.UU.
Y son los jóvenes de entre 18 y 35 años, precisamente, los
que corren más riesgo de padecer depresión o ansiedad, según el reporte
elaborado por investigadores de la Universidad UC Davis, en California.
La historia de Rogelio Díaz, joven de 23 años y activista
en la organización juvenil Nuestra Voz, en el suburbio de Melrose Park, es una
de tantas.
Llegó aquí a los seis años, con sus padres, tres hermanas y
un hermano, y desde un principio su familia se instaló en el oeste de la
ciudad, en el barrio de Central Park.
"Un lugar feo, feo. Había muchas ‘gangas’,
que pasaban disparando casi todos los días. Todavía me acuerdo de esos años. Si
no hubiera sido por la motivación de mis padres a seguir estudiando, no sé en
qué hubiera acabado", contó la semana pasada en entrevista con la Raza.
Eventualmente su familia se mudó… no sólo una vez,
sino más de siete veces.
"Fui al ‘kindergarden’ y fue un poco
difícil aprender el inglés, pero lo aprendí. Seguí al ‘elementary’
y después entré a la secundaria; pero no pude hacer muchos amigos porque me
estuve cambiando de escuela. Me cambié siete veces de escuela. Mis padres
querían que tuviéramos una vida mejor", dijo el joven.
EL DESPERTAR
Fue en su último año de secundaria cuando todo empezó a
desmoronarse deprisa. Cuando Díaz tomó sus clases de manejo, no podía sacar la
licencia; por no tener seguro social.
"Decía ‘¿para qué vengo a esta clase?, es un
gasto de tiempo, no puedo sacar mi licencia, ¿qué estoy haciendo aquí?’.
Después me metí al club italiano; pero tenían un viaje a Italia y le tuve que
mentir a la maestra y dije que no iba a poder ir porque ya tenía otros
compromisos familiares. No me gusta mentir pero toda mi vida han sido puras mentiras;
no mentiras malas sino para protegerme", explicó.
Poco antes de graduarse de la secundaria y con becas
universitarias que no podía aceptar por no tener seguro social, Díaz empezó a
caer.
"Sentí horrible porque dije ‘todo lo que hice
desde la primaria hasta la secundaria, todo se fue a la basura’. Decía
‘¿para qué me voy a graduar?’; me quería salir de la escuela",
destacó.
Según el joven, todo eso se debió a una falta de
información de las oportunidades disponibles.
"Después que me gradué de la secundaria estuve dos
años con depresión, no trabajé, no fui a la escuela. Me la pasé pintando y para
conseguir dinero vendía mis pinturas", afirmó.
El año pasado, una amiga de su mamá lo invitó a representar
a José en un peregrinaje por Navidad, frente al centro de detención de
Broadview.
"Eso me cambió la vida; me abrió un mundo de
posibilidades porque ahí encontré mucha información, vi que yo no era el
único", prosiguió.
Después Díaz se vinculó a la organización PASO y al grupo
juvenil Nuestra Voz, que informa sobre becas disponibles para estudiantes
indocumentados. Asimismo, hoy el joven estudia psicología en el Triton College
y trabaja tiempo parcial.
MIEDO Y ANSIEDAD
Encontrar este tipo de grupos ha sido clave para varios
muchachos. Karla, joven indocumentada quien nació en las Filipinas, narró cómo
desde que tenía tres años su mamá le dijo que nunca contara a nadie su secreto.
"Sacaba puras As en los cursos y la escuela era mi
vida. Podía vivir sin una licencia; pero no sin poder estudiar por no tener
papeles o sin poder aplicar para sacar un diploma para enseñar. Ahí fue cuando
pasé por una grave depresión y ansiedad. Me sentía avergonzada, sin valor,
hasta que descubrí al grupo Immigrant Youth Justice League", insistió.
Según datos del proyecto Harvard Immigration Project, los
estudiantes indocumentados menudo llegan a EE.UU. después de pasar por una
separación familiar y a veces traumas; y una vez aquí siguen experimentando
ansiedad o miedo de ser atrapados, separados de sus familias o deportados.
Cindy Agustín, de 21 años y proveniente de México, también
dio su testimonio en el evento del año pasado.
"Cuando pienso en ser indocumentada y en salud mental,
miro mis brazos, y veo estas cicatrices de frustración, de rabia, de decepción.
Unas son de octavo grado, otras de hace un año, otras de hace un mes. He
llegado el punto de que llevo pastillas en mi bolso porque tengo un dolor de
cabeza constante. Y estoy harta de ver a mis padres preocuparse por lo que me
puede pasar a mí o a ellos", dijo.
Durante una reunión de la Sociedad Americana de Psiquiatría
Adolescente (ASAP), realizada en el 2008, el médico Dean DeCrisce, del New York
University Medical Center, se refirió a los adolescentes indocumentados como
una "población perdida", por no tener esperanzas en su futuro.
DeCrisce, quien trabajaba en California, contó el caso de
un estudiante de 17 años, referido a él por la secundaria, ya que el muchacho
parecía "deprimido y desmotivado".
Había sido traído de México por su familia, cuando tenía
cinco meses. Vivía con su familia en un departamento en East L.A.; pero nunca
había ido a la playa. Tenía 17 años pero no manejaba ni planeaba sacar la
licencia. No trabajaba ni tenía planes de ir a la universidad.
Al principio DeCrisce pensó que verdaderamente debía estar
deprimido; sin embargo, el joven no parecía deprimido.
"Era indocumentado y por eso no podía conseguir un
empleo, ni una licencia y tenía miedo constante de salir de su barrio o
alejarse de sus padres", recalcó.
NO GENERALIZAR
Ireri Unzueta, integrante del grupo Immigrant Youth Justice
League (IYJL), y activista por el Dream Act, declaró que si bien "hay un
montón de factores que pueden hacer que la gente se sienta triste y deprimida,
no se puede decir que todos los jóvenes sin documentos se sienten tristes; pero
tampoco voy a decir que no tener documentos no es un factor que influye".
Unzueta, quien tiene 23 años y llegó a este país a los
siete, con sus padres y hermana, contó que muchas veces le enojó ver que sus
amigos que son ciudadanos no aprovechaban lo que tenían.
"Y me siento enojada con ellos, aunque no es su culpa;
pero es algo que fracturó varias de mis amistades", añadió.
La joven también recuerda que al emigrar le dijo muy
claramente a sus padres que no se quería mudar a EE.UU.
"Me acuerdo que por varios años los traté de convencer
de que nos regresáramos a México y cada vez que pasaba algo malo decía
‘esto pasó porque estamos en Estados Unidos", señaló.
Con el tiempo la joven empezó a tener conciencia de lo
difícil que fueron las cosas para su familia y que la decisión de sus padres
fue por el bien de ella y su hermana.
"Recientemente mi mamá me dijo ‘si quieren nos
regresamos a México’; porque ella nunca se imaginó lo difícil que iba a
ser estar en Estados Unidos y crecer sin documentos. Pero nunca le he podido
decir que no se arrepienta, porque yo no me arrepiento", dijo la joven.
Hoy Unzueta continúa trabajando para que las escuelas y
secundarias de Chicago capaciten a los consejeros y maestros sobre cómo apoyar
a estudiantes indocumentados.
También cree firmemente en el valor de crear espacios
"con otras personas que se sienten igual que nosotros y que podamos así
procesar estos sentimientos".
EVENTOS
-Miércoles 20 de abril, Jóvenes indocumentados saldrán de
las sombras, Organiza Nuestra Voz, 4:30pm, Centro Comunitario Iglesia Mte.
Carmelo (1115 N. 23 Ave., Melrose Park)
-Viernes 22 abril, Estudiantes de la UIC organizan
"Dream Gala", para recaudar fondos para becas. 6pm, Apollo Club (2875
W. Cermak). Boletos: $50, Tel. (773) 609-GALA
RECUADRO
Se enfocan en pequeñas victorias
Varios jóvenes se están enfocando en luchar por beneficios
a nivel local, aunque no sea un proceso de legalización completo.
En Illinois se impulsa el proyecto de ley Illinois DREAM
Act, patrocinado por el senador John Cullerton y el representante estatal Eddy
Acevedo.
La ley SB 2185 propone crear un fondo de becas privado para
estudiantes indocumentados; pero que no sería costeado por los contribuyentes y
que será administrado por una comisión estatal de voluntarios, informó la
Coalición de Illinois pro Derechos de Inmigrantes y Refugiados (ICIRR).
También facilitaría que los consejeros de secundarias y
encargados de admisión en universidades y colegios estén informados de las
oportunidades disponibles para jóvenes indocumentados, y sepan cómo trabajar
con esta población.
Y por último, propone otorgar certificados de manejo
(licencias) para estudiantes indocumentados de alto rendimiento académico y
elegibles para el Dream Act, para que puedan movilizarse a la escuela. Este
componente se basa en el proyecto HB1100, impulsado por la Asociación de Jefes
de Policía y Alguaciles y la Policía Estatal de Illinois.
A NIVEL NACIONAL
En diciembre pasado el Senado de EE.UU. votó en contra del
Dream Act, una ley propuesta hace ya casi 10 años que permitiría la
legalización de jóvenes inmigrantes que llegaron al país antes de los 16 años,
han vivido en EE.UU. por 5 años o más y se han graduado de secundaria o colegio
o están en el ejército.
Desde entonces no ha habido ningún avance. Lo único fue que
a principios de abril la secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano,
aseguró que los estudiantes indocumentados, incluyendo los que podrían
beneficiarse con una eventual aprobación del "Dream Act", no son "prioridad"
para las deportaciones.
Pero Ireri Unzueta, integrante del grupo de Chicago
Immigrant Youth Justice League, aseguró: "Decir que no están deportando
jóvenes estudiantes es una mentira. En los últimos tres meses hemos sabido de
cinco muchachos, dos de ellos de Palatine (Illinois), que han sido detenidos y
están en proceso de deportación".
Fabiola Pomareda
Reporter
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