Volvimos artículo de fe al dicho de nuestros viejos;- Si Elías no lo vió , no es cierto.
-Pregúntenle a Vega y que nos diga como eran los fandangos, porque asi deben haber sido siempre.
Cercenamos la historia para inventarnos una.
Hoy que Barradas nos señala el paso en que anduvimos, lo hace desde la visión del músico. Para mi estimado Arturo, todo es son y su espacio natural siempre es el huapango (fandango le dicen ahora). Para mi estimado amigo no existen las salutaciones patronales, las alabanzas, las pintadas de mesa, las ramas, las bendiciones del Santo patrono. Se habla de un fandango aséptico, desligado de,y sin vínculos con otros espacios comunitarios.
Por eso se enseña zapateado, versada y música por separado, mi querido Perry, porque deseamos después empatar al frankestein, como un rompecabezas placentero que vale por si mismo, atemporal, escénico y descontextualizado de los ritmos de siembra y cosecha.
Regresar a las rancherías a hacer huapangos los fines de semana es un buen ejercicio; es transplantar del almácigo a la maceta. El paso que pone a prueba el
intento es ir de la maceta a la tierra. Ello requiere tener presentes los ritmos temporales y espaciales de la vida festiva comunitaria. Se olvida a veces que hoy como antes la tierra se barbecha el 15 de mayo día de San Isidro,(manque sea con tractores) que las ramas empiezan el 16 de diciembre y terminan el 24 (manque sea con esferas ), que el ganado se mueve en las secas a la tierra baja y se devuelve por el día de San juan.(manque sea en remolques)
Pensar que los huapangos son , la única expresión comunitaria en que el son jarocho debe estar presente, es olvidar que hay otras expresiones quizá mas importantes por su liga con acontecimientos espirituales de la comunidad.
Lo mas importante no es hacer huapangos en las comunidades sino estar presentes en las actividades importantes de la comunidad rural , acomodándonos a sus ritmos, reconociendo sus historia local y al mismo tiempo proponiendo un significado estético de lo festivo, con una visión clara del papel que jugamos como ejecutantes de una cultura en resistencia.
Los señores y señoritas de la ciudad sabrán disculpar este ruralismo; los aludidos saben que estamos del mismo
lado.