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Por si acaso no lo han leído, este trabajo de Rebolledo ya ha sido publicado en varias plataformas. Saludos.
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La tradición en el fandango
Octavio Rebolledo Kloques
Ayer escuchábamos una plática de Arturo Barradas; él es uno de los promotores importantes de esta familia, de este movimiento. Cuando comencé a oírlo, me sentí completamente identificado con el porqué también he estado en esta cultura, donde me ha tocado ver este florecimiento que hasta ha deportado las fronteras de Veracruz y ha llegado a otros países como Estados Unidos y Argentina. Toda esta maravilla, que nos hablaba Arturo, también tiene su lado preocupante y esta conferencia que nos regalo ayer, fue muy importante para mí, porque sin ponernos de acuerdo en este movimiento musical y cultural; en verdad no hay líneas oficiales, no hay quien nos dicte como pensar ni qué decir, de tal manera que todos participamos por la libertad que siempre se ha tenido y esa es una de las cosas que cuidamos. Para mí fue una grata sorpresa ver que Arturo, que tiene una grata experiencia con el trabajo maravilloso que también lleva en su región, porque eso significa que compartimos esta preocupación. Hace unos 30 años esta versión comunitaria y tradicional del Son Jarocho, estuvo a punto de desaparecer. Ahora debemos de preocuparnos pon el rumbo y no solo congratularnos con los éxitos, con el crecimiento, con los talleres, con la cantidad de encuentros, de fandangos y con los jóvenes virtuosos sino también trabajar en otras cosas. De ese compromiso que cada uno debe de tener, es del que les quiero hablar esta tarde. Para ser más conciso he preparado un texto que yo lo hice para una invitación que me hizo la comunidad de jarochos que está al otro lado de la frontera Norte de México. Fui a Santa Ana y a Los Ángeles. Ellos me pidieron que yo preparara una reflexión sobre mi experiencia en esto y como esta podía ayudarles. Por eso me permito hoy leerles este escrito y que ustedes piensen y anoten para que luego podamos discutirlo.
Lectura de su ponencia
EL FANDANGO Y LA TRADICIÓN
Después de un largo período de letargo y de casi desaparición, en las últimas décadas el Son jarocho se ha recobrado y terminado por resurgir, al grado de que el Fandango ha vuelto a ser el centro de la fiesta tradicional en Veracruz. Se habla ahora de un auténtico 'movimiento jaranero' que se ha expandido a otros espacios y lugares geográficamente distanciados de su cuna original. Esta expresión musical, que hasta hace poco era practicada sólo en pequeñas comunidades y rancherías, ha sobrepasado sus fronteras y se ha transformado en expresión cultural e identitaria de músicos y habitantes de otros Estados, de algunas ciudades fronterizas, de diversas comunidades de origen mexicano que residen en los Estados Unidos y hasta de una pequeña fraternidad de veinte jaraneros que residen en Buenos Aires, Argentina. Este crecimiento inusitado y vertiginoso ha significado un fuerte respaldo a los esfuerzos por revalorizar y mantener viva esta tradición, pero al mismo tiempo ha implicado la incorporación de cambios significativos, no todos deseables, no todos necesariamente buenos para la cultura jarocha, para los músicos o para sus comunidades. Es mi propósito en esta ocasión señalar asuntos que me parecen importantes para la reflexión colectiva, precisar algunos conceptos básicos y resaltar compromisos esenciales sobre el tema que presento ante ustedes..
1. LA TRADICIÓN Me ha parecido conveniente iniciar el tema señalando que ‘lo jarocho’ no es únicamente un género musical, sino una manifestación en la que se expresa la vida de ciertos pueblos; es una Cultura. Implica una cierta forma de ver la vida, de relacionarnos con la diversidad, de disfrutar las fiestas, de concebir a los ancianos y percibir a los jóvenes, de entender la amistad, de vincularnos con el entorno natural, de hacer poesía. En ella nos formamos en una nueva manera de comprender al mundo y a las personas que lo pueblan, así como de actuar en él. Una manifestación de esa cultura es la música tradicional, la cual hunde sus raíces en la historia de un pueblo determinado y en el espíritu comunitario que la anima y le da sentido. Ella representa herencia, patrimonio e identidad, elementos esenciales en la conformación de esta comunidad que todos nosotros integramos. Cuando se habla de Tradición no solo hacemos referencia a un patrimonio cultural que hemos heredado, sino principalmente a un número importante de personas que la portan - con todo lo cual me identifico y hago mío. Las culturas tradicionales están personificadas en sus portadores, es decir, en personas individualizadas, con rostros y nombres, oficios y domicilios, las cuales son reconocidas por las comunidades como parte integrante de ellas. Cada jaranero -lo sepamos o no- es un portador de esa cultura, no solo porque interpreta su música, sino principalmente porque está comprometido con su defensa. Cada jaranero -lo sepamos o no- representa a la comunidad, es su portavoz, al grado de que ella misma puede reconocerse en la labor del músico que se ha formado en su seno. Por el contrario, no se la puede representar si no se pertenece, si no se identifica con ella y no se asume el compromiso con sus valores fundamentales La difusión y la fuerza que ha tomado el Son jarocho y el fandango fuera de Veracruz a todos nos alegra. Restituir su valor y su presencia fue uno de los propósitos centrales que en el pasado alentó a muchos a trabajar apasionadamente por él. Sin embargo, hoy nos preocupa también el crecimiento desbordado que ha tenido esta cultura, pues hemos visto que esto conlleva el riesgo de perder el rumbo al romperse el vínculo histórico que ha siempre existido con la comunidad originaria. Este es un fenómeno que nunca antes se presentó y que irrumpe para sorpresa de todos nosotros. No pudimos prever que nuestro apasionado entusiasmo por llevar el Son a otros muchos lugares y por difundir el fandango dentro y fuera de Veracruz nos conduciría a la encrucijada en la que nos encontramos. Es una realidad nueva, un cambio de las circunstancia de antaño –es cierto-, pero debemos recordar que no todo cambio significa evolución, particularmente cuando éste conlleva el abandono de la tradición y la pérdida de identidad. A mediados del siglo pasado, cuando el gusto por Son jarocho tradicional había sido desplazado por los grupos comercializados y los ballets folklóricos, los viejos músicos se aislaron en sus rancherías, se refugiaron en espacios cerrados como una forma de defender sus últimos vestigios. Hoy las fronteras del Son se han abierto y extendido y esta situación conlleva amenazas, una de las cuales es el grave riesgo de cortar el vínculo generacional como consecuencia de estar debilitándose los lazos que hacen posible heredarla a una nueva generación de músicos. Cuando esto sucede, el conocimiento ancestral, la permanencia de la memoria histórica y la tradición misma quedan bajo seria amenaza. El enorme esfuerzo que muchos realizan por mantener vivo el Son jarocho y asegurar su sobrevivencia es la manifestación del poder de la comunidad por preservar su patrimonio. En sí mismo, este es un acto de resistencia cultural, pues implica defender lo que se considera valioso ante las señales de peligro de la particularidad cultural y de la identidad de las comunidades que han sido el sostén de este legado ancestral. Debemos, por ello, reflexionar seriamente y asumir nuestro compromiso con la necesidad de encontrar formas de ejercer ese poder para asegurar la continuidad de la tradición.
2. EL FANDANGO Y SU ESPACIO.
En músicas como ésta reverbera lo genuino galope, monte, camino, baile, corazón y fiesta. Con ella todo se presta, vida y muerte contimás, el hombre aquí llega al ras de sentimiento y conciencia. El huapango es en esencia pueblo y gusto nada más.
(Guillermo Velázquez)
De la misma manera en que un jaranero es más que un músico, el fandango es mucho más que una fiesta; es un Ritual, un acto simbólico, una solemne ceremonia comunitaria que hemos recibido de generaciones pasadas. Está lleno de connotaciones y significados que hacemos nuestras al asumir la Fiesta con el respeto y convicción que todo rito demanda. En el fandango se cultivan y renuevan los nexos de amistad, la celebración de la vida, los principios de solidaridad y tolerancia, de espíritu comunitario, de convivencia e integración grupal. Representa el espacio más importante para enriquecer nuestra formación, reforzar nuestra identidad y recrear la tradición. El Son jarocho posee una ventaja excepcional y sorprendente de la que carecen otros muchos géneros musicales: la presencia ineludible del Fandango como centro y motor de la tradición. Él representa un ámbito inusual y maravilloso, pues al recién iniciado –por más joven e inexperto que sea- se le brinda un espacio en el que le está permitido ‘hacer la fiesta’, participar activamente como músico, poeta, bailador. En el resto de las culturas musicales este rol principal está restringido solo a los más ancianos y experimentados; solo a aquéllos a quienes la colectividad reconoce un talento o virtuosismo probados y los distingue con la conducción del ritual. La música tradicional se caracteriza por darse necesariamente dentro de un contexto de fiestas comunitarias en la que la música es solo una más de las muchas expresiones de la cultura popular. Por ello es que el fandango no puede ser entendido como una simple oportunidad para divertirse. La responsabilidad que todos tenemos en este espacio ritual nos vincula directamente con la comunidad y la tradición que la Fiesta intenta mantener vivas. La prodigiosa revitalización del Son jarocho se la debemos a la recuperación del espacio del fandango como eje fundamental de la música. La redención de la Fiesta ha permitido la recuperación del Son tradicional. Por ello, no es exagerado afirmar que la pérdida del Fandango implica la desaparición de la música, como desafortunadamente está ocurriendo en la Costa Chica, por ejemplo, al decaer el llamado "Fandango de Artesa" en esa región cultural. La abierta y generosa invitación que todos hemos recibido de esta cultura para participar de ella ha provocado la entusiasta popularidad que hoy ostenta. Sin embargo –es preciso reconocerlo-, tal ofrecimiento no siempre ha sido interpretado como una invitación para sumarse al esfuerzo de preservar la tradición musical de Veracruz. Es lamentable que una parte nada despreciable de jaraneros recién iniciados hayan asumido que esta fiesta colectiva es un espacio para la recreación individual, un pasatiempo frívolo para la diversión personal, un entretenimiento solitario que se da en medio del gentío, ignorando que el Fandango es, ante todo, patrimonio y expresión de una cultura comunitaria. Desconocen que todos hemos sido convocados para hacer la fiesta junto a los demás; un compromiso personal con una comunidad que la ha mantenido viva durante siglos. Malentender este precepto ha llevado a padecer la ya natural falta de dirección en algunos fandangos y el control que músicos inexpertos han tomado de esta fiesta como consecuencia del vacío de poder que los más viejos han dejado. El fandango –y con él la tradición musical- corre el riesgo de quedar bajo la tutela de personas bienintencionadas, pero carentes de la formación que se requiere para despertar su conciencia y su compromiso. No se trata de rechazar el espíritu creativo e innovador de los recién llegados, pero no sin la atención y cuidado que deben brindarle los más viejos, los más experimentados y los más comprometidos dentro de la tradición. Este vínculo generacional es requisito indispensable para asegurar su continuidad. Quienes formamos parte de esta cultura hemos sido invitados a participar de ella como muestra de una sabia e incluyente estrategia comunitaria de supervivencia, consistente en buscar aliados para preservar algo que es de particular importancia para los anfitriones. Al contrario de lo que algunos han querido interpretar, la invitación a participar de la cultura jarocha representa - ante todo- un compromiso con la tradición más que un ofrecimiento para divertirnos con la jarana. Esta Fiesta no es un evento cualquiera: es principalmente una heredad y un ritual que estamos obligados a respetar y defender antes que a aprovecharlo de mezquina manera.
3. EL CARÁCTER COMUNITARIO DEL FANDANGO. Cuando hablamos de ‘la Comunidad’, hacemos referencia a una red de personas concretas que conocemos, con las cuales nos identificamos y a las que nos unen sentimientos de afecto, conformando una suerte de gran familia integrada por todo aquél que quiera adoptarla para sí. Todo jaranero tiene que asumir el compromiso fundamental de conocer y respetar la tradición que ha recibido en préstamo, con la finalidad de cumplir con el precepto de mantenerla fortalecida dentro de la comunidad. Cuando la actividad musical que realizamos se aparta de ella se rompe el lazo que la vincula a la tradición. La música, queda, así, huérfana del sentido colectivo al que ha estado unida desde sus orígenes. Resulta por lo tanto imprescindible que los músicos nos vinculemos estrechamente a la comunidad y a sus festejos, pues nuestra presencia en los fandangos ayuda a mantener viva la cohesión social y a garantizar el traspaso del conocimiento musical de una generación a otra. Debemos proponernos, pues, preservar el Son jarocho pero dentro del ámbito de las fiestas comunitarias, apoyando la cultura local desde abajo, en las propias comunidades. La tradición musical se desarrolla en un territorio dado al que se encuentra históricamente arraigada. Por esta razón es tan importante no desvincular el Son jarocho de la región y de la realidad que por sus orígenes le corresponde: el sur de Veracruz. Si bien no todos podemos vivir en la región, todos debemos estar estrechamente vinculados a ella, a los territorios en donde se asientan las comunidades y los músicos que identificamos como portadores ancestrales de esta tradición. Y cuando hablo de vincularse con ellas no solo me estoy refiriendo al hecho de tener que recorrer distancias geográficas para acercarse a la región, sino fundamentalmente a franquear la 'distancia afectiva', que se expresa en el desinterés o apatía que algunos muestran por abrevar de ella y por mantener un lazo estrecho, directo y personal con los músicos que se asientan en esos territorios. Se puede residir en Veracruz y, al mismo tiempo, estar lejos de la tradición. La música desligada de la comunidad se transforma en folclor, convirtiéndose en algo vacío de significación comunitaria. ¿No resulta paradójico que -formando parte de una tradición que nos brinda identidad y orgullo a todos- estemos aquí reunidos precisamente para alertar sobre los peligros que atentan contra su supervivencia, para evitar que desaparezca?. La respuesta a esta interrogante pareciera estar vinculada a una circunstancia que ha marcado a esta cultura que nos cobija. La popularidad que ha experimentado el Son jarocho, así como el evidente rejuvenecimiento de sus músicos se debe en gran medida a la adopción de una estrategia de enseñanza que revolucionó la educación musical de los jaraneros tradicionales: la aparición de los talleres. La enorme aceptación y crecimiento que ha experimentado el Son jarocho en los últimos años se debe en gran medida a la aparición de estas maravillosas células de aprendizaje. Antiguamente se aprendía en los fandangos: antes, el músico se formaba en la comunidad. Para él no había más posibilidad que la de aprender con y de los mayores en las fiestas campesinas a las cuales estaba obligado a asistir como requisito imprescindible para formarse como ejecutante e integrarse a la actividad artística a la que aspiraba. Hoy el jaranero se inicia en los talleres; y es ahí en donde consigue rápidamente dominar su instrumento. Debemos reconocer que hemos errado el camino al haber creído que los talleres eran “centros de capacitación musical”, espacios en los que solo se debía enseñar a tocar la jarana en lugar de –antes que todo- formar a nuestros alumnos en el compromiso con la tradición. Este fenómeno nuevo ha provocado el surgimiento masivo de nuevos músicos que han llegado a dominar la técnica, pero que ignoran el contexto histórico y cultural en el que esta música tiene sentido. Ésto ha promovido el menoscabo y –en no pocos casos- la pérdida del compromiso del músico con la comunidad y el fandango. En virtud de esto, la presencia de la comunidad en la vida personal y musical de muchos músicos no parece representar, hoy en día, un requisito indispensable para avalar el surgimiento de individuos y grupos que llegan a destacar en el ambiente de los jaraneros. El vínculo con la colectividad se ha vuelto cada vez menos importante en la formación integral de los músicos. De hecho una de las características más notables de muchos de los fandangos de hoy es la ausencia manifiesta de viejos y respetados músicos que ya no encuentran cabida en los fandangos organizados y conducidos por cualquier improvisado. Y lo que señalo no es ajeno a la responsabilidad que los más experimentados y mejor formados no han sabido asumir. No es legítimo responsabilizar de los desvaríos solo a los demás, ni omitir el cuidado que debemos poner en la formación integral de quienes se inician. El compromiso con la comunidad ha comenzado a menguar en la medida en que los nuevos músicos ya no necesitan de ella para tocar Son jarocho ni para progresar técnicamente. Este hecho nos obliga a reconocer con preocupación que la Comunidad se ha vuelto prescindible. Para algunos, incluso, ha empezado a estorbar, a interferir con los intereses y proyectos personales que ya no coinciden con los de la colectividad en la que se han formado y a la que deben el conocimiento y los privilegios de los que gozan. La Tradición no se aprende ni se alimenta sino conviviendo con sus portadores y en sus comunidades. La Tradición vive en los lugares en los que siempre ha estado y se fomenta asistiendo y apoyando las fiestas de las comunidades que han sabido mantenerla viva.
4. ESPECTÁCULO Y TRADICIÓN.
La moda por la que atraviesan todas las músicas tradicionales del mundo –el Son jarocho entre ellas- no es ajena a la comercialización de la cultura que ha llevado a cabo la industria del espectáculo, transformando su patrimonio en una lucrativa empresa en la que participan 'managers', casas disqueras, organizadores de festivales de 'música étnica', o agentes encargados de conseguir un 'casting' de dos minutos con la promesa de un contrato. Y quienes se consideran músicos tradicionales no están exentos del riesgo de dejar de serlo cuando abandonan su compromiso con la tradición y pasan a formar parte de este frenético negocio del espectáculo. El Son jarocho pertenece a una realidad histórica de muy modestos orígenes, caracterizada por sus duras condiciones de existencia y por el constante drama de conseguir qué comer. Esta ha sido y continúa siendo la situación de muchas de las comunidades y de los músicos indígenas y mestizos en el sur de Veracruz. Por su ambición de vender, las industrias del espectáculo prefieren callar o negar las difíciles circunstancias que padecen las comunidades y las severas condiciones de vida de muchos de sus portadores, celebrando –por el contrario- lo excéntrico y lo trivial que tanto entusiasma al público, desnaturalizándolas y convirtiéndolas en lucrativo espectáculo. ¡Lo exótico está de moda y se vende con facilidad!. Hoy en día soplan vientos frescos y renovadores, pero no debemos descuidar la importancia de los valores sustantivos a los que estamos comprometidos: el respeto a los mayores, a los anfitriones, a quienes guían el fandango y a sus normas implícitas, a la tolerancia y a la diversidad, a la mutua cooperación, al espíritu comunitario y a la fraternidad como valor central, preceptos todos que podemos reconocer cada vez que asistimos a cualquier fiesta tradicional. Debemos evitar que nuestra cultura musical se transforme en un negocio. Los fandangos cobrados, los grupos jarochos que solo viven para el escenario y el espectáculo, así como la falta de compromiso con la asistencia a los fandangos comunitarios son solo algunos de los graves equívocos que deberíamos comenzar a erradicar. Somos los actuales portadores y representantes de una cultura ancestral. Establezcamos nuestras propias condiciones para asegurarnos que la lógica del dinero no terminará por imponerse. Debemos velar porque nuestro patrimonio continúe siendo nuestro y de todo aquél que sincera y honestamente pretenda hacerlo suyo.
5. EL COMPROMISO CON EL FANDANGO.
Entre tal mercantilismo nuestro huapango, al contrario, no es idea de un empresario: es arte y pueblo en sí mismo. Misterio, cima y abismo, espejo y ser del fandango entre tarango y tarango, en Xichú y en Potosí el pueblo vive de sí y sosteniendo el huapango.
(Guillermo Velázquez)
Los más viejos hemos olvidado, al parecer, que la responsabilidad de formar a los nuevos jaraneros recae directamente sobre nuestras espaldas. No podemos esperar continuidad de la tradición si los ya iniciados no estamos ahí para garantizar la buena calidad de la semilla que estamos sembrando. Una queja recurrente de los jóvenes es la soberbia y desdén que mostramos hacia los recién llegados y la apatía que manifestamos frente al rumbo equivocado que está tomando el fandango. Si no cuidamos la tradición, nadie lo hará por nosotros. El ejemplo que da un jaranero experimentado es esencial para la sobrevivencia de la Tradición ya que es a través de nuestro proceder que terminamos por educar a los jóvenes músicos. De tal manera que la equivocada costumbre de demandar sumas abusivas de dinero por los instrumentos que fabricamos; o transformar los talleres que impartimos en una actividad mercantil; o iniciarnos en la tradición para, después, abandonar el fandango y darle la espalda a las comunidades, representa un equivocado y lamentable mensaje que les estamos enviando a nuestros jóvenes compañeros de hoy. Para los grupos que han tenido el privilegio de grabar discos, salir de gira al extranjero u ofrecer espectáculos en los grandes escenarios, el único antídoto contra la pérdida del rumbo es su presencia continua y entusiasta en los fandangos comunitarios. Sin esta condición los grupos de música jarocha se extraviarán irremediablemente de la fuente original en la que esta cultura se ha nutrido al someterse a las exigencias del ‘manager’ y del mercado. Hemos recibido en préstamo una magnífica herencia que tiene casi tres siglos. Al recibirla nos estamos comprometiendo a preservarla y difundirla. Tenemos la responsabilidad de rendir cuentas de lo que haremos con ella. Asegurémonos que esta tradición seguirá siendo nuestra y que la entregaremos a nuestros hijos con la misma grandeza y dignidad con que los viejos nos la legaron.
FIN DE LA PONENCIA
COMENTARIOS
Ahí tienen una manera crítica de ver esto que ha tanto nos alegra, nos da sentido y nos da rumbo. Si venimos aquí , cada año a participar de estos talleres, es porque en verdad, cada uno de los que volvemos, como talleristas o como alumnos, nos anima el esfuerzo, el costo, el sacrificio que tenemos que hacer para volver a este espacio maravilloso de este rancho, porque en verdad esta cultura nos alimenta en lo personal, ninguno de nosotros viene a hacer un apostolado, todos estamos buscando lo que nuestra alma necesita. De tal manera que cuando venimos aquí lo hacemos en primer lugar por cada uno de nosotros. Qué bueno que buscando lo propio nos encontremos con que haya otros más que buscan los mismo y que podamos compartir, aprender juntos y mantener viva esta tradición. Pero también eso implica un compromiso grande, que es el compromiso que yo he querido señalar al leerles esta reflexión y que se complementa también con esta visión tan crítica que Arturo nos entrego el día de ayer. Por eso quisiera entregarles la palabra a ustedes. Para que reflexionemos un poquito sobre como asumir esta cultura como la propia, como la nuestra.
JULIO-Bueno, yo vengo del DF; para mí encontrarme aquí no es solo para aprender un instrumento musical, sino también para relacionarme con toda una cultura que es el son jarocho. Pero luego de estos 5 o 6 días, regreso al distrito. Para mí lo que me queda es respetar esta cultura, desde sus costumbres y tradiciones y desde allá, seria respetar todo lo que encuentro aquí. No veo el límite hasta donde se pueden mostrar las cosas si para bien o para mal, porque simplemente allá en DF veo a la gente tocando en los restaurantes y creo es por una necesidad económica. Entonces mi pregunta es : ¿como hace uno para ganarse la vida sin faltarle el respeto a esta tradición?.
EDMUNDO-Yo creo que toda la exposición fue muy clara y a mi padecer queda todo dicho, pero yo también preguntaría, porque creo que la mayoría de los presentes no somos parte de esta comunidad, no vivimos aquí. ¿Qué papel queda para uno que aprende?
PERU-Me queda la duda y pienso; las necesidades reales que hay en estas comunidades como los servicios públicos, tal vez caminos, electricidad, agua, y otras cosas que son necesarias; pues si el son jarocho, como negocio, podría traerles estos beneficios y no como lujos sino como cosas que realmente son fundamentales. Yo me pongo a pensar que aquí es muy divertido y formador este estilo de vida luego de pasar varios días aquí, pero también sé que muchos podrían tomar un seminario de jazz o de tecnologías ecológicas.
OCTAVIO-Voy a intentar dar respuesta que es una manera mía personal de ver las cosas, pero es muy importante esto que están planteando, porque luego de escuchar estas cosas que dije o las que dijo Arturo, pareciera ser que la única forma de hacer patria jarocha es viviendo en el campo y no es lo que nos pasa a la mayoría de los que hoy estamos aquí en este movimiento. Entonces estamos diciendo que la gente que vive en DF o en San Diego o Santa Ana o ahora también en Argentina, ¿no pueden formar parte de esto? ¿Son músicos folklóricos o son músicos tradicionales? ¿Son gente que apoya esta tradición o gente que esta equivocadamente intentando divertirse con una cosa que parece estar de moda y como un exotismo? Eso es muy importante porque muchos están recién conociendo el son Primero decirles que esta es una tradición que nació en el Sur de Veracruz, del puerto para abajo. Y de Tabasco y Oaxaca (de lo que está pegado a Veracruz).
GUADARRAMA- Antonio García de León, en el libro Fandangos, cuenta que se encontraron datos de finales del 1700 de Córdoba y de Orizaba. O sea que llega hasta Tabasco y Oaxaca.
OCTAVIO-Sin embargo en esas regiones había desaparecido, aquí del sur de Veracruz, de las rancherías y de los pequeños pueblitos, es donde ha salido este movimiento que hace 30 años se inicio haciendo talleres en las sierras de Soteapan para niños, invitando a la gente del Hato, de los Tuxtlas, lo que está haciendo Barradas en esta parte que es la parte alta del Papaloapan del suroeste de Veracruz, pegado a Oaxaca, tratando de incorporar, y de recuperar a esta tradición. ¿Quiénes somos los jarochos? ¿Donde están? Aquí está la mata de la cultura, donde se haga tradición, donde se hagan fandangos, donde los valores comunitarios estén vivos, lo cual no quiera decir que porque estemos en el sur, en todas partes se dé la tradición. Tiene que haber valores comunitarios como la fraternidad, la solidaridad, el respeto al fandango, la idea de que es un ritual y que uno entra con respeto, que uno va a divertirse pero también a mantener viva una tradición. Esta idea de que nosotros confraternizamos, esto podría decirse que es una hermandad, ustedes han visto como se desarrollan las cosas acá, en donde no hay competencia, en donde la gente entrega su conocimiento, con mucha generosidad y en donde quienes están aprendiendo tienen la paciencia de escucharnos, de atendernos y de absorber lo que nosotros venimos a dar. Estos valores son los que han mantenido viva esta tradición. El año pasado tuve la oportunidad de ir y conocer a la comunidad jarocha del otro lado; en donde casi nadie tiene raíces en Veracruz, sus padres son de Michoacán, de Guanajuato, de Guerrero o de la zona fronteriza, sin embargo hacen música jarocha. Entonces de acuerdo a lo que venimos platicando, podríamos decir que ellos no representan una comunidad? Yo puedo decir que luego de haber convivido con ellos durante 10 días, ellos son un ejemplo de cultura jarocha para mi, de saber que no solo se preocupan por divertirse con la jarana, sino que han hecho suyos los valores que aquí han aprendido; la fraternidad con el indocumentado, darle trabajo al que no lo tiene, venir abrevar cada año, menos este que debido a la situación económica que estamos todos viviendo no pudieron. Me atrevo a decir que por el compromiso y presencia que han tenido con esta experiencia, en este rancho, difícilmente esto habría llegado al noveno año. ¿Podemos pedirle a una jaranero que no tiene dinero para comer ni para mantener viva a su familia, que transforme su actividad musical, su promotoria cultural en un apostolado y que piense mas en todos nosotros y no en los suyos que son directamente suyos? Pues yo les digo que no; por la propia experiencia que tenemos aquí. Los músicos jarochos están obligados a dar talleres y cobrar por ellos, a hacer instrumentos y venderlos y por supuesto a trabajar el campo si es habitante de algunas de las zonas rurales del país. Don Esteban Utrera que es la patriarca de un clan, de un grupo de familia en donde han salido enorme cantidad de músicos talentosos. Si ellos no hacen su labor como campesinos tampoco los tendríamos como músicos. Hay otros que tampoco tienen tierra y sin embargo son músicos importantes en esta cultura, si nosotros no velamos porque ellos tengan la posibilidad de pagar su alimento, de mandar a los niños a la escuela y de pagar su cuota de electricidad que consumen, esos amigos, esos promotores culturales por generaciones van a terminar de taxistas, conduciendo un autobús o yéndose a otro lado a ganarse la vida y eso significa abrir las puertas para que esta cultura de quede sin esos portadores de cultura que son los que le dan sentido, de tal manera que eso de ganar dinero con la música, ¿está vedado en esta cultura? Por el contrario, esa es mi opinión. Cada uno de los que tenemos más posibilidad económica, tenemos que velar por comprar sus instrumentos, por ir a sus talleres, por ir a sus comunidades, para demostrarles que con apoyo de algún tipo, nosotros podemos mantener y garantizarnos que su presencia siempre estará con nosotros. Los casos de los que migran para buscarse la vida del otro lado, son casos que generalmente no vuelven aquí. Lo que tenemos que evitar es eso. Entonces si deben vender sus instrumentos y cobrar por sus talleres, eso es una actitud legítima de quien encuentra en esto una posibilidad de vida. Así de seria es esta actividad, no podemos pretender que una familia de pobres se empobrezca más y tenga necesidades por pretender que de su tradición haga un apostolado, tenemos que velar de alguna manera. Discúlpenme que se los diga así con ejemplos personales, pero por ejemplo cuando me invitaron estos chicos de Santa Ana que juntaron su lana para pagarme el pasaje, pensé en los laudaros de acá y me lleve 6 jaranas, discos. Me lleve blusas y tejidos, para aprovechar el viaje y ayudar a esta gente. Como a Doña Caya y su familia, es un ejemplo vivo de lo que yo les estoy diciendo. Símbolo de orgullo, con más de 70 años, que año tras año está aquí enseñando telar de cintura como solo ella sabe hacerlo. Les recuerdo para los que nos saben, ella es Premio Nacional de Artes, quiere decir que es Patrimonio de México; y que esta la reconoce como una señora clave en esta cultura de los tejidos con el telar tradicional y ¿han visto su actitud de modestia?¿cómo enseña a los que se acercan? Y sin cobrar, solo teniendo la posibilidad de vender su trabajo, ¿cómo le vamos a impedir que ella se gane la vida de esa manera tan legítima? Y tan beneficiosa para todos nosotros. Si hiciéramos eso, la perderíamos y no la tendríamos a cada año. O como las señoras que cocinan que siempre están listas con las garnachas, con las sopitas, con el arroz, y han visto ¿con que humildad? Esas señoras ganan un salario modesto trabajando todo el día para que sus hijos tengan comida. Todos ellos hacen patria jarocha, estén donde estén. No abandonan su compromiso y no han hecho de esto un negocio que no pasa con todos. Yo vengo de una ciudad, de Xalapa, ciudad de este Estado, que también hace medio siglo tenia tradición de son jarocho. Ahora empezaron a aparecer los talleres y los fandangos pero no como un ritual con lo que eso significa, sino como una industria, una fábrica de ganancias, y ahora para entrar a un fandango, yo necesito pagar una cuota. Yo sé que es difícil establecer una línea, lo importante es que sepamos todos que esa línea es la que tenemos que tratar de no sobrepasar porque sino la tradición no tiene sentido, donde nadie quiere compartir con nadie .Se transforma en reuniones donde se atropellan, en donde las muchachas son irrespetadas, donde no hay orden en el fandango, en donde todo es una excusa para irse a emborrachar, eso entonces no obedece a este espíritu comunitario del cual nos queremos alimentar. Yo he ido a muchos fandangos en muchas comunidades, y les debo decir esto que es una cultura de gente modesta, humilde, y muchas de ellas no solamente pobres, analfabetas, cuando llegan a un fandango, esa gente ruda que trabaja con caballos, machetes y alambres de púas se convierten en Damas y Caballeros, porque llegan a un ritual, y saben que cada jaranero, es el responsable de mantener viva la tradición, cuando una familia campesina, como la familia de los Baxin, en los Tuxtlas, organiza un fandango, que es una manera de agradecerle a la Virgen de los Remedios, que es Virgen de esa región. Juntando dinero todo durante todo un año para a hacer un fandango en homenaje, al favor que recibieron de la virgen, nos invitan a todos y a ninguno de ellos se le ocurre pedirnos nada y no solamente que paguemos una entrada, ni siquiera nos piden cooperación. Ellos asumen El costo de eso, nosotros, los invitados, somos los que tenemos que desarrollar esa sensibilidad para entender de que ellos son gente modesta en lo material y en que nosotros podamos colaborar, llevando café, los paquetes de arroz o frijoles; ese espíritu comunitario es lo que yo he aprendido de esta gente modesta, que nunca ha ido a la escuela, sin embargo estos valores los he aprendido, los hemos aprendido quienes no pertenecemos en esa comunidad y nos sirve para vivir la vida en la ciudad de Veracruz o de otras partes del país o del mundo. Estos valores, son valores que yo he conocido acá me permiten ser mejor persona. Por eso se puede hacer patria jarocha sin necesidad de ser campesino y siquiera vivir en Veracruz Hombre de Jáltipan- Yo miraba que los campesinos que participaban de los fandangos, salía un jaranero de su casa y los otros se iban anexando hasta ser un grupo numeroso. Quisiera retomar dos cosas de su ponencia, primero por el peligro que hay porque se puede volver mercantil este movimiento. De hecho hay algunos que ya lo son. Afortunadamente personas como ustedes no lo son y eso lo ve uno con agrado; uno debe seguir la tradición por amor, empaparse con la comunidad, con las costumbres, revivir todos los valores, porque este movimiento no es solo movimiento musical es movimiento de valores. Es cierto esto que dice usted, esto de hablar con campesinos pues porque mi padre tenía un rancho y yo convivía con los mayorales y ahí me nutria. El otro punto es que los que tenemos, los que podemos apoyar de alguna forma a todos estos músicos que viven de ello, que vienen a enseñar, alegrándonos.
ALEXIS-Pues me alegra que podamos hablar de estos temas porque de donde vengo, de Austin Texas, tenemos dos grupos de son jarocho y un grupo es académico, donde todo es vestir bien, tocar bien, solo esa es un forma y más de técnica. El otro grupo, donde yo pertenezco, antes de saber del son jarocho, fuimos organizadores de nuestras comunidades, dando talleres a jóvenes de sus derechos, creando medios independientes, haciendo nuestra radio pirata , cosas así, luchando con nuestra comunidad. Nosotros tenemos bromas con el otro grupo porque por ellos nosotros somos como de debajo de ellos, pero para nosotros es algo de la gente, de la comunidad. No tenia palabras para describir lo que estaba pasando y ahorita se, luego de escuchar esto. Son principios, es mucho más. -Para mejor entender a la pregunta de mi amigo, el aprendizaje en esta forma que lo hacen los muchachos, es arte. Arte depurado, cultura. Al que se refería nuestra amiga, es el estilizado, es muy diferente, se oye más bonito pero yo me puse a pensar para poder explicarle a él, que esto de venir a este taller es como hacer un libro y este libro cuando se vayan se lo van a leer a sus compañeros y luego se lo leerán a sus padres y luego cuando se casen a su esposa o esposo y cuando sus hijos no solo se los van a leer sino que les van a enseñar a hacer un libro. De esta manera quería explicarlo para que vean lo importante que es este taller. Gracias.
GUSTAVO-Termino reflexionando a que el son jarocho es una excusa para aprender a ser una mejor persona, porque te llevas los valores de la comunidad y en la capital o en la urbe a veces por la masificación entramos en otra dimensión pero que si lo aplicamos en el contexto de lo chiquito que me toca a vivir, puedo hacer que cambie esa situación impersonal. Creas el reconocimiento en el otro, poder confiar en el otro. Y el otro comentario, algo que deja el mismo dejo; yo recuerdo a Guillermo Velázquez que lo citas, pero en algo nuevo que saco, se llama “Oído al Huapango” y en la segunda parte dice: Bueno, ya se murió Raúl Velazco y el son sigue sonando, ya nos trajeron a las academias y ya se salieron un chingo de gente que no se valió de nada…”
MARIO-Mencionas mucho la palabra jaranero ¿Qué es ser jaranero para ti?
OCTAVIO- Cuando hablo de jaranero hablo de un músico jarocho, no necesariamente al que toca la jarana y cuando hablo de son jarocho tradicional y cuando hablo de un jaranero hablo de un músico tradicional, cuyo interés principal, al realizar su oficio, es mantener viva, recreando la tradición. Es abrevar de eso para enfrentar la vida actual. Ha si fue siempre. Nunca los músicos tradicionales han vivido en el pasado, porque algo que vive en pasado está condenado a morir verdad?, se trata de recrear la tradición y esto significa abrevar de lo que alguien nos heredo y en el caso nuestro es una cultura, que tiene casi tres siglos. Ser jaranero es ser un portal de esta tradición, y no importa como toque, si bien o mal, porta estos valores. Estos valores que ya no se viven en las ciudades, en donde la presión, el individualismo, el materialismo, esta cosa de consumir como loco, de comprar para tirar, aunque las cosas sirvan. Esto no es valor de aquí; esta cultura nos enseña otros valores, que son valores antiguos que nos sirven para vivir el presente, más humana y mejor. ¿Por qué es importante esta experiencia? No por tocar una semana son jarocho, divirtiéndonos y comiendo cada vez que Doña Anita nos llame, si fuera eso, sería muy empobrecedor, esto sería darse un baño de son jarocho para volver a vivir la vida en donde nos toca, ni habiendo más que recuerdos como cuando fui a la playa en Acapulco. La idea de esto, de estas platicas, de este modo de vida, de convivir hombres con mujeres; Saben que uno de los lugares en donde se hace más respeto a las mujeres es aquí? En esta cultura de machos, en donde los varones estamos viendo a las bellezas que bailan, que cantan y que participan en los fandangos y sin embargo no se nos olvida que ellas valen tanto como nosotros y a ninguna se le ocurre pasarse la mano ni decirle alguna cosa denigrante. Ese valor lo he aprendido aquí. ¿Como una persona sin educación, puede darnos clase de cómo comportarse ante la vida? No olvidemos que esta es una cultura de hombres y en particular de origen campesino. Ya vieron como la mayor parte del repertorio que tocamos está hecho para que la mujer baile. El hombre esta honrando a la mujer con la versada y con la posibilidad de que ocupen la tarima la mayor parte de las veces. Esos son valores que yo quiero aprender. Quiero aprender de lo que he visto aquí, la convivencia del abuelito de 90 años con el bisnieto que tiene 5. La familia de los Vega, Fuimos ahí con Guadarrama, era la bisnieta de Don Andrés; todos se organizaron, todos cooperamos y fuimos para hacer una fiesta maravillosa a una muchachita que por razones de la pobreza en la que se vive tuvo que irse del rancho. Cumplió 15 años, en donde 10 los pasó en la ciudad de México y sin embargo, ella ha venido de donde vive, en donde estudia, tiene amigos y tiene su familia adoptiva. Y ella ha preferido venir al campo a ver a su abuelo y abuela, a ver a sus primas y amigos haciendo una fiesta tradicional que ella pudo haber hecho alquilando un salón de bailes en la capital. Bueno esos son los valores. Como ella no solo se siente que forma parte de la familia pobre sino que siente orgullosa de esa familia, así como nosotros nos sentimos orgullosos de que esa familia exista, porque representa un pilar en esta tradición y no por el virtuosismo de sus músicos, sino por el compromiso que ellos representan. Eso es lo más valioso. Cuando yo vengo aquí, me dan la posibilidad de vivir en el centro cultural, ¿saben lo que significa para mí? Es un lugar modesto pero alguien se preocupo en que yo este cómodo, en que tenga un lugar en donde acomodar mis papeles, para poder descansar y venir aquí. Como acostumbramos a decir, “mi casa es tu casa” y en verdad lo es. En esta cultura yo he sido beneficiado muchas veces con la generosidad de gente muy pobre, que me ha brindado sus frijolitos y sus tortillas, que me ha dado un lugarcito y me ha tratado como un invitado especial. Esos valores de saber que uno también es responsable del dar ya no se dan en las grandes ciudades; el mundo no va para allá, pero nosotros estamos abrevando para ir en otro rumbo. Cuando cada quien volvamos a nuestras casas debemos irnos con esa idea de los valores aprendidos. Esos valores que yo he aprendido en las comunidades modestas del sur de Veracruz es lo que quiero aprender y compartir. Por eso yo digo que aquí no es la idea de que salgan virtuosos aprendiendo a tocar, a tocar el marimbol, porque lo que debemos aprender son los valores de esta cultura, que en la mayor parte del tiempo es lo que hemos estado hablando. Los valores comunitarios es lo que nos debemos llevar de aquí.
NACHO- Yo vengo de Yautepec , Morelos y me preguntaba ¿Que tan capacitados estamos para dar talleres?, pues porque tampoco vivimos aquí; yo he venido muchas veces y sigo viniendo unas 4 o 5 veces al año para poder seguir incorporando mas enseñanzas sobre esta cultura tradicional.
GUSTAVO- Yo fui a otro campamento en Michoacan y el maestros no se daba abastos, eran 70 alumnos, y el tallerista nos dijo que la idea es que todos aprendamos de todos, aprender lo básico para avanzar.
STEFANIE- Estaba pensando en la pregunta que hacia él, sobre en qué es ser un jaranero? Y creo que no solo es un ejecutante, sino más bien como un misionero, como un movilizador de consciencias. El son jarocho es, de cierto modo, un reflejo de las transformaciones sociales; justo dentro de los mismos versos, actualmente lo que se canta hoy no es lo mismo que se cantaba antes, porque la situación no es la misma. Hablando de que el jaranero es un misionero, creo que como decía Sael, pues uno enseña lo que uno sabe, lo que hasta el momento se le ha dado; porque creo que es más importante que nos vayamos de aquí con la plena consciencia de que el son jarocho es una cuestión mucho más profunda que tocar bien, que solamente hacer pedazos una jarana con nuestro virtuosismo. Creo que si seguimos pensando de que uno como maestro debe enseñar muchas cosas a los alumnos, creo que el rumbo estará perdido, lo que se trata es de trasmitir los valores, el amor con el que alguien te esta enseñando, su vida misma de cómo él también aprendió, como lo vivió, como lo vive…
Guadarrama.- Ya ayer hablábamos de esos valores, de cómo en estas regiones la gente acostrumbra hacer las cosas en común, por allá en Oaxaca le llamamos gozona (dar lo que se recibe) a ese hecho, por acá le llaman tequio y tapaleguí a la fiesta del tequio, al momento de comer y de celebrar la unidad, el estar juntos para ayudarse mutuamente. Cuando la bodas, cuando una persona muere todos ayudan, es decir, que todavía las comunidades tienen valores que a veces nos parecen asombrosos para vivir, los músicos con su propia música dan su cooperación, acompañando al difunto. Como hacer la fiesta del fandango, entre todos, eso es un gran valor.
GABRIEL- Pues yo solo quería comentar, vengo de Canadá y llevo 6 meses viviendo aquí en Jáltipan, que me han tocado experiencias así, en donde a través del son jarocho he podido conocer una generosidad y apertura. Mucha gente me dio alojamiento y comida sin conocerme; pues el mismo hecho de estar viviendo aquí tanto tiempo, viene de una gran generosidad de los compañeros, de Ricardo, de Benito y los Cojolites. Dentro de esa tradición, ese aspecto comunitario es real y no solo porque lo decimos si no que así es. Yo venia buscando la música y de verdada, las raíces del son jarocho, el aspecto comunitario es real y es maravilloso.
PERU- Creo que la mayoría de la gente que se acerca al son jarocho, se acerca por la música, al menos los que no nacimos en la región. La música tiene ese paquete, que lleva ese mensaje de manera inconsciente, con los valores, pues es una música muy diferente y que suena a otra cosa, y no solo musicalmente sino por todo esto que venimos platicando. Tengo una propuesta y es que estas conferencias deberían estar de forma constante en las siguientes ediciones del seminario. Creo que esto ayudaría mucho a los que llegamos. Ahora no se si este mensaje está llegando bien a los jóvenes de las comunidades originarias. No se si tenemos el derecho de tomar al son jarocho como bandera para llevar esos valores a las mismas comunidades donde se ha perdido.
GUADARRAMA- Pues yo pienso que esa bandera es el fandango mismo, la realización misma de la fiesta, que siempre tiene un motivo, el gancho puede ser la música pero la unión o ritual que se da cuando todos nos juntamos hace que se vayan formando los valores de manera natural. Es difícil tirar sermones pero el hecho de participar todos en la tarima y hacemos esa parte de lo que Octavio llama el ritual, eso es más que los sermones.
PERU- Pero justamente estamos diciendo que solo un fandango no ayuda difundir esta esencia de las raíces.
JULIO- más bien es como lo vemos a través de... Para mí el fandango puede ser la pura fiesta y nada más, más bien es la actitud que uno tiene cuando está ahí. Cuando llegas a una comunidad debe de haber respeto, amor, comprensión, igualdad y mediante la actitud si puedes demostrar muchas cosas en el fandango. Creo que más bien con la actitud se hacen valores.
OCTAVIO- Me toca decir esto: Esta labor de cultura que tenemos, porque yo me siento un promotor cultural con la modestia y todo, me siento que estoy promoviendo y no el marimbol, no hago talleres de perfeccionamiento musical. No estamos aquí por eso ni para aprender cómo desarrollarnos en el escenario. Todos estamos aquí para aprender a tocar y mediante ella incorporarse a la tradición. ¿Como la mantenemos viva a esta tradición? Pues tocando en un fandango, como centro de nuestra cultura, como motor de la tradición. El año pasado tuve otro privilegio, junto con otro grupo de jaraneros recorrimos varias ciudades del país, dando estos talleres y me pude dar cuenta, y me atrevo a decirlo de esta manera, de lo inútil que es esto. No sirve para promover la cultura, pues me doy cuenta que quien no viene aquí a abrevar no está en capacidad de aprender esto para hacerlo en otro lado, llevar el mensaje de aquí para afuera es mucho menos efectivo que invitar a los demás a que vengan acá. Pero eso nos compromete a los anfitriones, dando alojamiento, a tratar con cariño y como hermano a gente que muchas veces conoce de lejos. Por eso la reciprocidad es una palabra fundamental de esta cultura. Esta tarea de promoción cultyural es una tarea lentísima. El el ejemplo es lo que pasa con San Lorenzo, la comunidad donde desde hace nueve años vamos a compartir nuestro entusiasmo con los músicos y jóvenes de alla, y desoúes de nueve años es la primera vez que un grupo de 7 jóvenes músicos de allí vienen al seminario, dos están en mi taller y los demás en otros, y eso nos da mucha alegría, pues después de 9 años ellos se incorporar a este proyecto viviendo aquí cerca, frente a la isla. Recuerdo hace nueve años a los señores músicos de san Lorenzo que se quejaban de que lo que ellos estaban haciendo por muchos años, que varios de ellos se estaban muriendo y no veían ni en sus hijos y nietos, en los jóvenes no tenía eco ninguno para conservar la tradición, después de ocho años de estar yendo allí sin pedir nada a cambio, ahora llegaron estos jóvenes convencidos que de que esto también es parte de ellos. Por eso digo que así de ardua, de difícil es esta tarea, que vale la pena. Y eso nos cambia la manera de ver la vida, para mi que no nací en estas tierras, puedo decir que me ha cambiado la vida: mi lista de la gente que yo quiero se ha hecho mas larga, de la gente que nos quiera es mas larga y que nuestra familia se ha extendido hasta otros países, donde nos reciben con cariño, por eso yo me siento tan a gusto de recibir a veces a quien casi no conozco en mi casa. Aquí, poco a poco, hemos hecho patria. Todos venimos a abrevar de esta cultura y aunque nos sentimos comprometido, debemos decir que el compromiso es personal, y uno lo hace hasta donde uno quiere, puede o cree. No todos estamos hechos para ser misioneros, como dice la compañera, a lo mejor nuestra labor de compromiso es más modesta, más limitada, sin embargo no cabe duda de que todos estamos empujando para el mismo lado. Y eso es muy gratificante en este mundo, en donde ya las comunidades desaparecen. Y cuando digo comunidad me refiero a un montón de personas que se reconocen como iguales y se quieren.
MARIA- Primero de todo quería agradecer la oportunidad de estar aquí, de tomar este taller de vida; deberían de existir más este tipo de charlas en todo el mundo, uno concientiza valores que muchas veces olvida. Me siento bienvenida y querida. Luego comentar, de acuerdo a lo que hemos platicado hoy y ayer, que prefiero tener una mirada más positiva, de mirar hacia adelante creyendo en lo que hacemos. Hoy vivimos en un mundo diferente, donde la globalización y el capitalismo devoraron a lo mas orgánico de nuestro ser. Pero siento en lo personal que esto está acabando y todo lo que estamos aprendiendo y tratando de recuperar está volviendo. Estamos volviendo a lo mismo. Me Salí de mi país buscando otra forma de vida, en contacto con la naturaleza, pudiéndome ver a los ojos al platicar y a medida que iba a escuchando a Octavio, me iba dando cuenta que creo que ya lo encontré. Con él son jarocho, pues si he entrado dentro de la oleada de masividad pues porque prácticamente me inicie allá, en Argentina, y al principio entre por la danza y percusión del zapateado y luego fui encontrando a la jarana, luego a la poesía y hoy que estoy aquí, me doy cuenta que esto es una familia, una gran comunidad a la cual quiero pertenecer.
HELENA- Creo que todo esto refleja algo más universal, las tradiciones que se pierden, la generosidad que he sentido aquí, también he visto por donde vivo que se pierde la tradición y lo que uno aprende aquí nos lleva a valorar otras tradiciones, de dónde venimos, nos hace mas consientes de ello y eso es importante. Es la primera vez en mi vida que me siento en un lugar en donde lo que se está tratando se hace con mucha conciencia y ello es un gran esfuerzo para luchar contra la comercialización, y todo lo demás que al final nos quita la identidad y todo esto pasa en todo el mundo. Me llevo la idea después del seminario de ayudar allá en mi tierra a conservar muchas culturas que también se están perdiendo, aunque también uno es imponente para luchar por ello, pero si lo hacemos poco a poco, como podamos, pues es como podemos ayudar.
OCTAVIO.- Doy a ustedes las gracias y lo ultimo seria decir que lo importante de estos días en este rancho es si eso nos ayuda a cambiar nuestra vida, si cambiamos un poquitito vamos a sentir la necesidad de volver a algún lugar del son jarocho, que estos días nos permitan tener una visión distinta más que esperanzadora. Seguir consiguiendo los nutrientes que nuestra alma necesita para seguir. Muchas gracias por la atención y el interés. |