Estimados lectores:
Una frase que siempre me ordena la mente cuando escucho a alguien quejarse es: “la queja aleja”. No recuerdo a quién se la escuché por primera vez, pero me parece una expresión muy poderosa, porque nos recuerda que la queja constante no solo no soluciona los problemas, sino que también nos aleja de la gratitud, de la fe y de la claridad.
En nuestra parashá vemos este patrón repetidas veces. Antes de cruzar el mar, los israelitas se quejan amargamente ante Moshé y ante Di-s: “¿Acaso no había tumbas en Egipto, que nos trajiste al desierto para morir?”. Y luego, tras cruzar el mar de manera milagrosa, exactamente un mes después de su liberación, vuelven a quejarse diciendo que extrañaban “las ollas de carne” y “el pan abundante” que tenían en Egipto.
Rashi explica que Di-s les envía el maná del cielo como una bendición, para alimentarlos durante los cuarenta años en el desierto de forma digna y generosa. Sin embargo, cuando el pueblo exige carne, incluso teniendo la posibilidad de faenar sus propios animales, la queja ya no refleja necesidad sino exageración. Es la queja de quien está lleno, pero sigue reclamando, no por falta real, sino por insatisfacción.
Quizás uno de los mensajes más profundos del maná es que no se podía acumular: cada día caía lo necesario, y al día siguiente volvía a llegar. Eso educaba al pueblo en la fe, enseñándoles que quien confía en Di-s no vive desesperado por guardar de más, sino tranquilo, sabiendo que no le faltará lo que realmente necesita.
En nuestros días también vivimos en una generación frágil, donde a veces es fácil caer en el hábito de quejarse por todo. Por eso es tan importante distinguir entre pedir pan con lágrimas, en un momento extremo, y exigir una “olla de carne” diaria como si la vida nos debiera lujos y comodidades. Di-s reconoce esa diferencia: aunque les da lo que piden, no se los da con el mismo amor y alegría que cuando les otorgaba el maná. Hay que ser agradecidos por el pan, por el aire y por la vida; no quejarnos todo el tiempo, y así Hashem nos dará todo con alegría.
Shabat Shalom.
Rabino Eli Levy