En el Día del Maestro: Decálogo del “buen” profesor
Por: Wilfredo Pérez Ruiz (*)
No hay documento más fehaciente ni dato más auténtico de nuestra sensibilidad , como nuestra propia técnica.
(César Vallejo)
Desde mi adolescencia la lucha política influyó sensiblemente mi obra, tanto en lo que se refiere a la forma como al contenido...
Y de eso se trata: de llegar a todos tocando los grandes temas, los profundos sentimientos humanos...
Me esfuerzo por utilizar menos imágenes y comparaciones, evitar lo que podríamos llamar “la decoración”, expresarme en forma directa y de tal modo que en el poema todo sea imprescindible, a tal punto que, quitándole una palabra, todo se desplome. En fin, de construir de tal manera que se llegue a lo que es verdaderamente esencial.
(Nazim Hikmet)
Abre un caminito
para ir al cielo
allá va el niñito
Que ha perdido el miedo
(Horacio Zevallos Gámez)
“El más alto cargo que un ciudadano puede desempeñar en una
democracia es el de maestro de escuela. Cuando la sociedad
actual se sacuda del egoísmo y de los prejuicios que anquilosan sus vitales funciones; y cuando el maestro, de su parte, deje la rutina y se transforme en un líder social, entonces el magisterio habrá sobrepasado en importancia a cualquiera otra actividad humana”
(José Antonio Encinas)
Hay la alegría de ser sano y de ser justo.
Pero hay sobre todo la inmensa alegría de servir...”
(Gabriela Mistral)
DEDICATORIA
Al magisterio de mi patria
a los de esta tierra dolorosa,
pero bella nación nuestra,
a los maestros del Callao,
a los maestros de mi tierra,
que me vio nacer,
a Moquegua,
a la mujer maestra
a los más incomprendidos
por esta putrefacta clase dominante,
a los atalayas del saber,
a los gladiadores
y victoriosos de mil batallas,
al acero indoblegable,
hecho hueso y carne: al maestro.
Quiero a ellos alcanzar
estos mis versos
como trigo colectivo,
como el sol vistiendo
a todos de alegría.
Quiero compensar su incomprensión
y el vacío de sus vientres,
con la luz el calor y el fuego de mi canto.
MAESTRO
CANTA Kachuca y los Mojarras
Soy un maestro
que enseña justicia
sabiduría y libertad.
Así reclamo mi dignidad
A los cuatro vientos
sin miedo de hablar
Desde la cumbre hasta la ciudad
Soy maestro forjado
En el yunque
A golpes de libros de acero.
Incandescencia
Del saber primero
Del saber primero
Para bien enseñar.
Soy maestro
De los nuevos hombres
De ricos y pobres de toda edad.
Aunque merecido lo tengo
El respeto ganado me da mi lugar.
Miedo no tengo a nada
Porque todo he pasado
Prisión por defender a mi pueblo ...
Me han dado.
Una eterna huelga de hambre
Por un sueldo malvado
Son mi verso
y mi canto de fuego de faro
Maestro coraje
Maestro no es cualquiera
Es amor a primera
por la humanidad
Maestro
Paciencia
Por sembrar
nuevos bosques
Con mentes frondosas
De niños a hombres
que siempre alcen vuelo
sembrados de amor
De amor
de maestro
como el que me enseñó
a mi.
Gracias maestro.
Compréndanlo todos de una vez: mientras más duros y
terribles sean los escritos de un autor contra su país,
más intensa y voraz es la pasión que arde en el corazón de aquél por su patria... La violencia, en el dominio soberbiamente original
de la literatura, es una prueba de amor.
(Mario Vargas Llosa)
ORACIÓN DE UN MAESTRO
A ti maestra incomprendida y educadora sujeta a las fatigas, desalientos, sin sabores que entrañas esa misión sublime, pero a la vez ingrata. Quiero dirigirme con estas líneas, porque como compañero tuyo de trabajo, se muy bien lo que es sentirse a veces agobiado por el peso del abuso, de la injusticia, la incomprensión aunque cumplimos con agrado y con amor, no deja en muchas ocasiones de costarnos mucho.
Aquí te leo una oración que te servirá de alivio en aquellas horas y días inaguantables, porque quiero compartir ese consuelo y optimismo que caracteriza a la mujer maestra voy a leerte uno de los que más conviene a quienes somos maestros y nos sentimos abrumados por el sufrimiento el desaliento o la incomprensión de una clase dominante putrefacta que ya no tiene solución.
“Oh maestro, es la hora de mi oración. Y voy a hacerla esta noche aquí en mi cuarto oscuro, a la luz de la lámpara de mi velario roto; después de corregir la última prueba de mis alumnos; el último de esta noche ...porque mañana volveré a comenzar con los cuadernos.
Oh maestro, desde aquí estoy viendo con mi imaginación y el recuerdo de mi salón, su piso de tierra, su techo de plástico y esas 35 boquitas hambrientas, alocadas a las que tengo que enseñar.
Desde aquí veo a Juancito... mi martirio dentro del aula, seguramente se comió su propio lápiz y no tiene sus útiles escolares completos.
Y a Antonella, que es un huracán y me pone los nervios en punta cuando se mueve de un lado a otro y alborotar toda la mañana; son los mismos padres que quieren que la suspenda, pero yo me opongo.
Y a Pedrito... que parece estar distante, él está en un mundo lejano y que no comprende más que con mucha dificultad y mucho retraso
–cuando llega a comprender algo-.
Y a Jorgito, que se queda dormido a mitad de clase, él no toma desayuno, muchas veces su papá, no tiene trabajo y su mamá murió con tuberculosis. Pero para la pelota si es un buen jugador.
Hasta los niñitos más avanzaditos me cansan esta noche que estoy orando. Los siento a todos allí corriendo, inquietos, molestos, exigentes, ni siquiera me dejan descansar.
Oh maestro, no tengo nada que ofrecerte, mi corazón sufre cada día más y más, mi voz está afónica. Tengo dos electrocardiogramas , el médico me dice que tengo que dejar mi vida agitada, pero eso es imposible, estoy condenado a luchar.
Oh maestro, es tan grande este desaliento que quiero caer aquí, pero no, no maestro. Mañana será otro día y es necesario estar listo y decir en esa aula de esteras, sin gritar: “niñitos un poco de silencio, por favor vamos a comenzar la clase...”
Como toda mañana, desde hace veinticuatro años.
Quiero laborar por ellos los niñitos de escuelas de esteras, sin esperar ninguna recompensa, además quiero darlo todo sin condiciones sin esperar nada.
Pero, Oh maestro, esta noche, esta noche
no voy a pensar más, porque quiero descansar, quiero dormir, quiero reposar por ellos,
para estar mañana como nuevo, en un nuevo día con:
fe , entusiasmo, y con alegría”
AMOR DE MAESTRO
¡Que extraña fuerza sientes al hablar con los muertos cuando ya no te bastan los vivos que quedaron ¡
(Yorgos Seferis)
Escucháis hermanos esta dulce historia
que no es alegre pero tampoco es triste.
Un día un maestro perdió a su amada
que también era colega
desde ese día él no sólo sufría
sino que pasaba todos los días
por el cementerio
mirando la que fue su dulce
y entrañable compañera.
Él mucho sufría a la muerte maldecía
que le quitó a parte de su vida.
El pueblo entre dientes rugía:
-Es un loco, bohemio y perdido que quiere revivir a una muerta
que ya está perdida.-
Pasó el tiempo hasta que un 6 de julio
era una maña fría, se vistió de luces y de gala
trepó la vieja reja del cementerio
entró fugazmente llegó a la tumba de su amada
hechó en mil pedazos el ataúd frío
hasta sacar a su amada en sus brazos
hecho un esqueleto frío
como la nieve deslumbrante, que la envolvía,
pero era blanca y era fría para correr como un loco
llevando en sus brazos a su muerta querida.
Hasta llegar a lo que fue su dulce morada
la echó en su lecho
fragante de rosas y flores de azahar.
Brindó su día hasta cubrirla de besos
por toda la osamenta fría
le regaló un ramo de flores por su día.
La llevó al fondo de su cuarto oscuro
le contó de su vida sin ella
que todavía ella
domina sus sueños y ensueños.
Hubo penas, sonrisas y alegrías.
Embriagado por el vino
abrazó a la bella dormida
le miró a sus ojos huecos y oscuros
a sus cejas finas y enarcadas
se dio cuenta que tenía una fría mirada
¡lloró como un niño!
¡y lloró como un niño!
hasta quedarse para siempre abrazado y dormido.
MAESTRO PURO
Al maestro Sigfredo Chiroque Chunga, entrañable y dilecto amigo
Eres
Inagotable
e inacabable,
como agua manantial
del límpido puquial
que emana una fuente
de la alta hornacina caliente
de la gran cordillera omnipotente.
Inextinguible
e inapagable
como el fuego sagrado
del olimpo y los dioses
que los apus
cuidan amorosamente
para que nadie te haga daño.
Eres inagotable
que duerme
su sueño apacible
y placentero
en el lecho
de su ceniza.
Pero pronto
se levantará
con su pueblo para exigir cuentas
y anunciar la nueva alborada de los excluidos.
Pero pronto ha de llegar ese día.
Y todos dirán:
así es el alma
así es nuestra fibra
así es el espíritu
de nuestro magisterio
si
así es el espíritu
de nuestra causa
liberadora.
Porque esa es
nuestra quintaesencia
del vivir.
BRINDIS DE UN MAESTRO
En una vieja cantina de esteras
junto al albero
del arenal de Pachacútec,
allá en Ventanilla,
una tarde gris y húmeda
alegremente platicaban,
cuatro maestros
que también eran poetas,
se hizo un brindis por la patria ,
por el suelo que los vio nacer
por la luna y las estrellas,
por las mujeres
que un día les hicieron llorar,
por esas noches
de lujuria, espanto
y por la vil moneda
que lo compra..., no todo.
Sin embargo
Godofredo levantó
su copa de vino,
faltaba su saludo,
el de maestro,
luchador y poeta ,
el verdadero, el completo
de sentimiento puro
y de talento frío
Les miró fijamente
e inundó de fuego
su copa de vino .
Se golpeó el pecho
y partió sus botones
de su camisa
de un solo tirón,
quedando a pecho abierto
ante los desorbitados ojos
de los presentes;
se quedaron todos pasmados
y remangando
sus raídas mangas
de su vieja camisa,
dijo así:
-“Brindo por el verdadero maestro,
el verdadero,
mas no de aquel que vive de sus colegas,
pidiéndole monedas por un vil contrato,
¡no! , no brindo de aquel,
que desde el poder halla consuelo profano ,
en el placer de la colega
que exige un derecho.
Ni de aquel que usando un efímero poder
desgarra sus pasiones
en el fango de la corrupción.
Yo, no brindo por ellos
los que se sirven del cargo sindical ,
los que se sientan en la mesa del patrón,
los que se venden por 8 mil pesetas de oro,
los que piden 4 festinados puestos,
los que censuran
y separan a su hermano que lucha...
yo, no brindo por ellos.
Y con el corazón desgarrado
entre mis manos les digo:
Siento este 6 de julio,
no complacerlos.
Brindo, si por el maestro,
el verdadero,
el que me brindó sus sabias enseñanzas,
el que me moldeó
como arcilla de barro,
el que quiere a niños
que sonrían a flor de piel,
el que canta y vive con su pueblo,
el que quiere sembrar el cielo
aquí en la tierra,
el que sigue a cristo
crucificado en la desidia de ustedes.
¡No colegas!
Yo no brindo por ellos.
Brindo por el maestro
de la costa de la sierra y la selva,
por el maestro andino,
si por ellos yo brindo.
Brindo por mi maestra ,
que me enseñó cuando era niño
y me inculcó lo que vale el cariño
y que la amistad se mide
siempre con principios.
Por ella
que me envolvió en sus brazos,
que me arrulló con sus canciones de oro
y me regaló su corazón entero.
Por ti maestra
que no te olvido,
por ti que desafiastes al tirano ,
por ti que vuelas como águila andina ,
Si brindo por ellas
que como gaviotas
despegan su vuelo
y en tu pico llevas
una rama de olivo
de dignidad.
Por mis maestros:
Todos ellos
me enseñaron
a pensar en el mañana
como algo muy bello
y muy deseado.
Por ellos
los responsables de mi destino,
los que me enseñaron
a nunca tener miedo,
ni a pensar en grandezas
ni riquezas.
Por ellos
los que templaron
mi alma en acero .
Por ellos,
yo si brindo señores,
ellos señalan
y vigilan mi camino.
Por el anciano maestro,
adorado, bendecido y olvidado,
y que sus arrugas
pesan en mi hombro,
por el maestro
que cayó en combate
y que su sangre
señala el color
que nuestro pueblo
ha de seguir,
por el maestro preso ,
por el maestro enfermo
por el maestro sin trabajo ,
.
Por ti compañera
de lucha e ideales.
Por todos ellos
Yo si brindo,
dejad que llore ,
¡dejad que llore!.
Que esta quejumbra l
desfogue mi agonía mortal,
que como hoguera en llama
carbonizan mi alma,
asesinan mi cuerpo.
Dejad que llore ,
porque sois hipócritas,
porque sois insensibles;
porque no eres
un maestro de verdad .
Dejad que llore ...”
El maestro luchador y poeta enmudeció,
ningún ruido feo fornicó
su sentimiento nacido de la rabia
y la dilección infinita,
todo ello indicó
que sobre la vieja estera de Pachacútec
emergía inconmensurablement e
una elegía bucólica
de tristeza, desilusión
y sobre todo de esperanza.
¡Salud maestros
pero maestros de verdad!
MAESTRO CAMINANTE
Caminante, son tus huellas el camino, y nada más;
caminante, no hay camino, se hace camino al andar.
Al andar se hace camino, y al volver la vista atrás,
se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.
(Antonio Machado)
¿Porqué no quieren que camine?
Si sólo soy un maestro
que quiero llegar al sol
entre tantos muertos.
¿Porqué cortan mis venas?
Si sólo canto coplas de justicia social.
¿Porqué tanto miedo?
Si sólo soy un maestro.
Dejadme partir que encenderé
cientos de fogatas de amor y esperanza
que es la razón de mi existir
además nunca me fui de tu lado
siempre estuve a tu costado.
MAESTRO COMPAÑERO
En las altas cordilleras
blancas de niebla y de frío,
así es el ande milenario
así es el Ande Frío.
Allí el metal del cerro
Plagado de todo forastero
Siempre sueña
como buen timadero
pagarnos
con nuestro propio dinero
Donde existen
espléndidos dolores
y toda clase de enfermedades.
Donde todo
es un camino al gólgota
de la vida agobiada y lastimera
donde el témpano
entra al hueso frío
para convertirse en fuego
y ardor
para un nuevo fragor
del bramido del hombre andino
donde la voz del maestro
es singular y
siempre es escuchada
Allí el maestro
que es tu compañero
comparte ese dolor lastimero
Allí buscan un pan
arañando el fin de la tierra
aquellos mineros,
aldeanos, labriegos y alpaqueros
que viven días lastimeros.
Maestro andino
maestro de la selva
maestro minero
maestro alpaquero
maestro paria
pronto vendrá la manumisión del grito
andino que quiere justicia y libertad.
NUESTRO CANTO
Soy un cantor
que canta coplas del alma
que estallan en mi corazón.
Soy un cantor
que quiere callar el silencio.
Soy una cantor
de sueños postergados.
Soy un cantor
que no se queda callado.
soy un cantor
que no se queda a un lado.
Porque pronto ha de llegar
el fragor de un nuevo tiempo.
Y cuando lleguen
esos días
seré un cantor de un solo canto
que cree en la locura
y en la esperanza
porque nuestro será
el sol,
el agua,
el cielo,
el mar,
la tierra,
los pájaros
y nuestro canto.
MAESTRO POETA Y LUCHADOR SOCIAL
Es bueno el silencio y el dolor
para escuchar el grito del alma
para arrancar lágrimas y verlas rodar por las mejillas...
(Juan Alberto Castro)
Había una vez
un gran maestro, poeta y luchador social.
Todos decían que era de una clase rara
hasta decían que su especie
estaba en extinción.
Con sus manos limpias
moldeaba la arcilla de barro
por un futuro mejor.
Su
canto
era su única carta de presentación.
Un amanecer de frío otoñal ,
sus colegas,
sus alumnos y padres de familia,
discípulos todos de él
lo recepcionaron y lo ovacionaron
por sus sabias enseñanzas.
fue tan aplaudido
que él se sintió inmensamente feliz
pero nunca perdió su humildad.
Otro día en una velada resplandeciente
el maestro, poeta y luchador social
con el poemario en mano alta
comenzó a declamar
sus versos de fuego lumbre.
Todos atónitos escuchaban
con ojos casi brillosos
como nueva aureola
de un nuevo amanecer.
La manera
como el auditorium pletórico
escuchaba era inarrable.
Había un silencio infinito
sólo se escuchaba la voz potente
del maestro, poeta y luchador social
verso tras verso
estrofa tras estrofa
prosa tras prosa
rima tras rima.
Sus palabras parecían tener aroma
de rosas, geranios, claveles
todos bermejos encendidos de rubí.
sus poemas eran largos,
directos y muy sencillos.
El poeta gustó
el auditorium atiborrado
también lo aceptó.
Cuando estaba en la mitad
de lo mejor de su oratoria
y cuando el auditorium se encontraba
en lo más alto de su limbo gozoso,
el poeta calló,
sus ojos se oscurecían y se humedecían.
Se le nublaban por la metáfora suplicia y desgarradora
pero también inmensamente esperanzadora.
El maestro, poeta y luchador social
respiró hondo y volvió en sí,
sin dejarse vencer por el martirio,
siguió declamando con la fuerza
de un implacable gladiador.
Los ojos del auditorium brillaban
como un inmenso rocío
que llegaba al corazón.
Era el mejor momento de la poesía.
Cuando el maestro, poeta y luchador social
como puma en alto
apoyado en el oratorio
inclinando su cabeza
para rematar su última metáfora.
Se
escuchó del fondo,
una soterrada y aguardientosca voz
de esos que nunca faltan
que amparada por la oscuridad,
provocadoramente gritó:
¡¿Por que tú poesía es triste?!
¡Eres un resentido social!
¡Eres un renegado!
El maestro poeta y luchador social,
calló.
El auditorium también se sorprendió
y cuando todo parecía acabar...
con esas fuerzas
que solamente tienen aquellos
que tienen una inagotable reserva moral.
sucedió lo inesperado.
El maestro, poeta y luchador social
como si nada hubiese ocurrido
no hizo caso tamaña provocación
levantó su cabeza siguió y avanzó.
El auditorium impresionado y atiborrado
siguió escuchando la hermosa poesía
del maestro, poeta y luchador social.
Que se entregaba
con toda su fuerza y energía
en lo mejor de su oratoria
hasta nuevamente gozar
de la palabra,
convertida en rayo.
Pero
El maestro, poeta y luchador social
con su voz entrecortada
por el mustio sable de la injusticia
que atragantaba al declamador.
Paró, momentáneamente,
no podía más...
todos miraron al poeta
vestido de luces y de hialino transparente
cuando iba a callar...
sacó fuerzas...
iba a parar...
pero siguió
El auditorium no podía
ni siquiera imaginárselo;
algo tenía que suceder
todo el auditorium boquiabierto contemplaba,
escuchaban su voz esperanzadora
y él los miraba a todos muy tiernamente.
y desafiando dijo:
- ¡Si, mi poesía es triste!.
¡y qué!
porque la realidad,
-ahora- es triste
y el artista popular tiene que reflejar,
no solamente eso, sino el nuevo amanecer
de un pueblo
que inexorablemente se levantará
para desafiar a los monstruos
de la clase dominante.
La respiración del público se paralizó
ninguna estrofa fue olvidada,
toda la prosa fue terminada y al terminar su última parte
lo hizo tan bien
que el auditorium rompió el silencio
para desembocar en la placidez
e ímpetu del poema largo, sensible y social,
que todos escucharon hasta llegar al delirio.
El maestro, poeta y luchador social
alcanzó la gloria, arañó el cielo
su nombre corre por todo el arenal
cuya compañía es la luna, el viento,
la neblina, la estera y los niños
para jugar dulcemente con el tiempo,
el rocío y el sol.
El maestro, poeta y luchador social
Es el nuevo símbolo del hombre nuevo y
de un mañana mejor.
CONDENADO A LUCHAR
Tu que persigues la aurora
tu que alzas el río
tu que eres el sol omnisciente
te digo que nuestro destino
es una cuesta empinada
cuyo camino son espinas de rosales
de una cordillera empedrada
cual montaña traicionera
siempre busca ser incansable.
Pero siempre silbidos de pájaros
y rojas flores te saludan
de esos gritos de espuma
que nacen en la penumbra
y la maligna niebla escondida.
Mas tu maestro
no temáis
nuestro noble destino se impondrá
porque si la cima es erguida
y es cimero el atajo
la conciencia, la lucha y el trabajo
hacen hermosa la subida
por el camino del cielo
hasta que el sol se canse.
MAESTRA PERUANA
Maestra peruana
que te talló el sol radiante,
que te pulió la pura agua manantial,
tu color piel canela broncínea,
es imperecedera
ante tanto exterminio social,
caminas altivamente
por plazas y calles,
cual puño en alto
desafías al opresor,
tu aroma de retama,
de cantuta y eucalipto verde
es el néctar de los niños de un mañana mejor.
En tu mirada tierna de ojitos de vicuña,
brilla la esperanza de un mundo mejor.
Maestra peruana,
tu conoces las lágrimas de los niños
huérfanos de pan ,
huérfanos de abrigo,
porque son la razón de tu ser.
Tus pies suaves
como flamencos de brisas marinas,
señalan el camino
que nuestro pueblo ha de seguir.
Maestra peruana
cuida siempre tus manos
llenas de gloria
que moldean la niñez,
la esperanza de de un mañana mejor ,
tu fina voz que retumba la incomprensión
es la caricia de una sociedad mejor .
Y tus labios carmesí
son una rosa roja
que clama justicia libertad y dignidad.
Maestra peruana
eres una canción libertaria
que forja un futuro mejor.
Eres una antorcha incandescente
que ilumina el porvenir de mi patria
que ayer forjó un gran imperio
y que hoy de tus entrañas
brotará el hombre nuevo
para fundar un nuevo imperio
de justicia social.
ORGULLO DE MAESTRO
He cultivado maíz
Y nunca pude ser feliz
jamás pensé en grandezas
y menos en riquezas
en este mundo
de vivos y muertos
de ricos y pobres
de sapos y serpientes
de pulgas y dinosaurios
de lisonjas y calumnias
quisieron destruir mi alma
quisieron destruir mi mente
rompieron mis espaldas
trituraron mis pulmones
y con el corazón
sangrando entre mis manos
gritaré:
jamás pudieron derrumbarme.