Siempre quise llegar a darle un abrazo de agradecimiento al Doctor Cencillo. Fué mi maestro preferido desde los primeros años de los setenta cuando era alumna de Psicología en Somosaguas. Como su apellido lo dice fué un hombre sencillo y humilde, algo propio de los sabios.
Siendo una jovencita procedente de un pequeño y polvoso pueblo de Honduras tuve la suerte de ir a estudiar a la Complutense, gracias un premio de la lotería que ganó mi papá. Confieso que era todo un reto sentarme a escucharlo en sus clases pero nunca me las perdía. El decía al comienzo del curso: "no se preocupen si no entienden algo ahora, después lo entenderán". Así, me las ingenié para estar siempre en sus cursos en los años subsiguientes. Recuerdo que el último exámen fué en un aula grande junto con muchos compañeros. Un día antes estuve haciendo un resúmen con esquemas de sus enseñanzas. Qué coincidencia pues dos de los temas solicitados eran exactamente lo mismo. Como se hacía tarde en terminar le pedí permiso de adjuntarlo y lo aceptó amablemente. Así era el "maestro", adjetivo que me corrigió un día que le pedí me aclarará algo que no entendí. Me dijo: "dime simplemente Luis". Yo con pena nunca pude hacerlo porque para mí siempre lo será. Desde que obtuve mi Licenciatura en esa prestigiosa Universidad y hasta hoy siempre lo menciono con orgullo como el sabio más humanista y ejemplar que Dios me permitió conocer. Sus enseñanzas me acompañarán siempre.
Con pesar por su partida,
Dalia Contreras Rosa.
Doctora en Psicología Clínica.
Managua, Nicaragua
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