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Abstract
The
central concern given to the object of study in the research process,
instead of paradigmatic a priori, has taken us to an epistemology that
gives support this complementary view of methodological trends.
However, this epistemological standpoint requires thinking about the
nature of social reality. This work proposes a social ontology related
to the concept of space that gives support to an epistemology proposed
on geometry published previously by the authors.
Key words: ontology, epistemology, method, geometry.
Resumen
La
centralidad otorgada al Objeto de Estudio en el proceso investigativo,
en vez de apriorismos paradigmáticos, nos ha llevado a la elaboración
de una epistemología que sustente esta visión complementaria de las
corrientes metodológicas. Sin embargo, esa postura epistemológica
requiere una reflexión sobre la naturaleza de la realidad social. Este
trabajo propone una ontología social vinculada al concepto de espacio
que fundamenta la epistemología basada en la geometría propuesta por
nosotros anteriormente.
Palabras claves: ontología, epistemología, metodología, geometría.
Recibido el 20 Ene 2007
Aceptado el 16 Feb 2007
Introducción
Quisiéramos
explicar cómo, en tanto sociólogos, concebimos el mundo en que vivimos,
especialmente en cuanto sus aspectos sociales (1). Estamos en deuda con
todos los autores que contribuyeron a este esfuerzo y a todos aquellos
colegas y alumnos que han ayudado a formularlo. Desafortunadamente, no
podemos citar fuentes específicas como el origen de ideas específicas
presentadas en este artículo. Por tanto no se trata de "encontrar"
autores, corrientes o paradigmas en estas palabras; dicho de otro modo,
no estamos tratando de representar esos pensamientos, aunque sabemos
que algunos están reflejados en nuestras posturas. De lo que se trata,
simplemente, es de compartir la forma en que entendemos el mundo, es
decir, compartir nuestra subjetividad…
Imaginémonos a nosotros mismos básicamente como una cosa pensante (lo que Descartes llamaba res cogitans).
Algún tipo de cosa (2) que es capaz de procesar sensaciones (racional y
emocionalmente), organizarlas y relacionarlas con sensaciones previas,
y conservar los resultados de esas experiencias para futuras
reflexiones (3). A esta cosa pensante le llamamos sujeto, y a estas
capacidades y registros, que al fin y al cabo constituyen al sujeto,
las denominaremos subjetividad (4).
Ahora,
consideremos que esta subjetividad, al procesar las sensaciones que
experimenta, se da cuenta de que hay otras cosas fuera de "sí mismo",
cosas con una cierta corporalidad, una res extensa por así
decirlo. También se advierte que esta subjetividad, esta esencia,
parece estar de algún modo ligada a un algo corpóreo, un cuerpo que
parece habitar en cierto lugar que hemos decidido llamar el espacio
físico. En este espacio físico, las diversas res extensa,
incluyendo nuestra parte corporal, tienen ciertas características que
han sido materia de reflexión de mucha gente. Y la comprensión de ese
espacio físico es bastante interesante. No obstante, no es "ese"
espacio el que nos interesa ahora.
Imaginemos
también que esta subjetividad que es usted o yo, cuando sale a caminar
por ese espacio físico, se encuentra repentinamente con otro res extensa
que no es sólo bastante similar a nosotros en términos de apariencia
física, si no que también afirma tener el mismo conjunto de capacidades
que nosotros poseemos (y al "afirmarlo", se las ha arreglado para
comunicarse con nosotros y al hacerlo ha compartido un poco de su
subjetividad). La lógica podría sostener que si nuestra subjetividad
parece estar unida a un cuerpo físico, puede ser razonable suponer que
un cuerpo físico similar al nuestro, que también afirma estar unido a
una subjetividad, pueda también serlo de hecho.
Una Ontología del Espacio Social
Ahora,
aquí está el problema. Nuestro "cuerpo" parece compartir cierta
presencia en el espacio físico con el otro "cuerpo". Aún así, nuestra
subjetividad nos parece ser esencialmente diferente de nuestro cuerpo
(5). En otras palabras, la subjetividad es de una naturaleza diferente
a la de las cosas físicas. Bien entonces, si ambos cuerpos se
encuentran en el espacio físico, ¿dónde se encuentran sus
subjetividades? Si las subjetividades han de encontrarse, y su
naturaleza esencial no se puede encontrar en el espacio físico,
entonces ¿"dónde" se encuentran? Y, si efectivamente "se encuentran" en
alguna parte, ¿qué tipo de lugar es este "espacio de las
subjetividades"?
Cuando mencionamos el
"espacio" de las subjetividades, no tomamos el término a la ligera.
Einstein, en alguna ocasión en relación a la física dijo que ésta
simplemente es un intento de entender la manera en que la naturaleza se
manifiesta en el universo físico. ¿Se podría extender esta línea de
razonamiento para afirmar que las ciencias sociales (sociología, si se
prefiere) son simplemente un intento de entender la manera en que la
naturaleza (6) se manifiesta en el universo social? La idea de un
universo social es intrigante.
El universo
físico, como lo conocemos, está compuesto fundamentalmente de masa y
energía. La masa se manifiesta como materia y la energía se manifiesta
en la forma en que la materia está organizada y en la manera como
interactúa. Dado esto entonces, el universo físico puede entenderse
como materia organizada en constante movimiento. Para ser capaz de
hablar de "organización" o "movimiento" de la materia, se necesita un
sistema de referencia que nos ayude a observar posiciones relativas,
sean estas ubicadas en el tiempo y/o en el espacio.
A
partir del razonamiento anterior nos permitimos dar un gran salto y,
por analogía, tratemos de utilizar estos conceptos del mundo físico
para comprender como podría ser un "universo social".
Empecemos
tratando de entender cuales son los elementos constituyentes, la
"materia" si se prefiere, de este universo. Veamos, hasta ahora la
única "cosa" (res) en este universo son las 2 subjetividades, ya
mencionadas. Si extendemos esta analogía para incluir todas esas otras
cosas que afirman ser capaces de pensar, tenemos esencialmente un
"no-lugar" lleno de subjetividades. Puesto que no nos atrevemos a
tratar de descifrar los elementos constituyentes de la res cogitans,
y ahora sabemos que Demócrito estaba equivocado cuando postuló al átomo
como el elemento constituyente más fundamental del universo físico,
permítannos, por ahora, sólo afirmar que el universo social está
constituido fundamentalmente por subjetividades.
Entonces,
¿cómo se organizan todas estas "subjetividades" dentro de este universo
social? Esta es una pregunta de dos caras. Por un lado, ¿cómo están
organizadas estas subjetividades en términos de posiciones relativas?
y, por otro lado, ¿cómo cambian estas posiciones relativas?
La
única forma en que podemos concebir un sistema de referencia para
examinar las "ubicaciones" de estas subjetividades en relación a las
otras, de definir un "espacio social" que contenga estas
subjetividades, es tratar de comprender el grado en que ellas comparten
elementos comunes; elementos comunes en términos de cómo ellas
procesan, organizan, relacionan y guardan experiencias. Se puede decir
que dos subjetividades son "cercanas" en la medida que es mayor la
cantidad de elementos comunes que comparten. Además, podemos señalar
que un fenómeno se vuelve social cuando al menos dos
subjetividades registran ese fenómeno (Barriga y Henríquez 2005).
Mientras más similares sean esas dos subjetividades en cuanto a cómo
conciben un fenómeno, más cercanas se vuelven esas dos subjetividades
dentro del espacio social, al menos en relación a ese fenómeno. La
subjetividad así compartida (7) fundamentalmente vincula dos (o más) res cogitans, a través de res extensa, y al hacerlo genera una "cosa" de una naturaleza ya totalmente diferente de las dos "cosas" anteriores, una
res socialis,
por así decirlo. Fundamentalmente, lo que estamos diciendo es que, para
nosotros, la verdadera esencia de un fenómeno social es que se trata de
un fenómeno sobre el cual diferentes subjetividades comparten, en mayor
o menor grado, ciertos aspectos. El grado en que comparten puede ser
desde muy leve (como simplemente estar de acuerdo en la mera existencia
de algo, ya sea una cosa o pensamiento) hasta muy profunda (como un
total acuerdo sobre el carácter de un fenómeno). Sin embargo, no es el
grado del compartir lo que lo hace social, sino el simple hecho de
compartirlo.
Por lo demás, ni siquiera
afirmamos que el compartir de estas subjetividades tiene que ocurrir
por medio de algún esfuerzo comunicativo. Puede suceder debido a algún
cruce de un fenómeno físico externo y alguna habilidad cognitiva
inherente. El hecho que anoche hubo un eclipse lunar puede dejar una
marca en mi subjetividad, así como en la de cualquier otro que lo haya
presenciado, a pesar de que no hubo comunicación "inter-subjetiva",
sólo una suerte de conjunto de condiciones "trans-subjetivas". Téngase
presente que esto no significa que la comunicación inter-subjetiva no
sea social, ciertamente lo es; pero sí significa que podemos extender
la noción de social un poco más allá de lo meramente inter-subjetivo.
Entonces,
tenemos un universo social poblado por subjetividades que comparten, en
mayor o menor grado, elementos básicos, entre sí y que se organizan
dentro de un espacio sobre la base de qué tan similares o diferentes
son, o qué tanto de cada subjetividad es compartida con cada una de
las otras.
De acuerdo a nuestros conocimientos
de geometría básica, sabemos que una vez que la distancia entre un
conjunto particular de elementos está determinada, la disposición en el
espacio se vuelve cada vez menos flexible y el sistema de elementos
empieza a tomar una forma específica. La disposición de todas las
subjetividades (pasado y presente, puesto que podemos compartir
subjetividades con aquellas anteriores a nosotros) basadas en el grado
de subjetividad compartida entre cada díada le da al espacio social su
"forma". No postulamos la subjetividad compartida o la forma del
espacio social como hechos irrefutables, sólo que, como abordajes
heurísticos, poseen ciertas ventajas que trataremos más adelante.
Por
lo tanto, tenemos un espacio social -que no es reducible a un fenómeno
físico-, poblado por subjetividades dispuestas de una manera
específica, adquiriendo una forma. Cada idea, emoción u objeto físico,
en la medida que genere algún tipo de reconocimiento compartido entre
al menos dos subjetividades, se vuelve un objeto "social", una res socialis. Y son estos objetos sociales los que se constituyen en el objeto fundamental de estudio de las ciencias sociales.
Consideremos
ahora, un sistema de referencia para ayudarnos a navegar en este
espacio social. La "unidad de medida" básica para lo que es compartido
entre dos subjetividades sólo puede ser esa específica
subjetividad compartida. Esto se debe a que la cantidad de elementos
comunes entre dos subjetividades, dados todos los pequeños factores que
afectan cómo cada uno de nosotros construye sus subjetividades, tiene
que ser única. A pesar de que no estamos preparados para afirmar esto
como una certeza teórica, parece muy probable en un nivel práctico.
Para que la cantidad de subjetividad compartida entre dos personas (8)
pueda ser útil como "medida", debe ser estandarizada mínimamente
vinculándola al tiempo. No debería sorprender que en el diario vivir, a
menudo hablamos de estar cada vez más cercanos o más distantes de
alguien; y las primeras quejas de estar cada vez más distantes es que
ya no hablamos, no compartimos intereses comunes, etc.
Mientras
que la cantidad de subjetividad compartida puede ser independiente de
la conciencia que se tenga de ella por ambas partes, el hecho de que
cualquier observación es inherentemente subjetiva implicaría que toda
evaluación realizada del grado de subjetividad compartida entre dos
personas es dependiente del observador. Principalmente, cada díada, en
la medida en que compartan alguna subjetividad, tiene dos evaluaciones
distintas del grado en que es compartida, una para cada uno de los 2
miembros de la díada. Si cada relación de díada tiene 2 dimensiones
fundamentales, entonces el número de dimensiones distintas en un
sistema de N subjetividades puede tener un valor máximo de N(N-1).
Afortunadamente,
como observador, las únicas dimensiones que están teóricamente
disponibles para mí son aquellas vistas desde mi lado, por lo cual sólo
puedo tener acceso a N-1 dimensiones. Esto es teóricamente, en un nivel
práctico la cantidad es mucho más reducida. Fundamentalmente, se podría
describir a la investigación de las ciencias sociales como el uso de la
red de subjetividades compartidas que otras personas poseen para
ayudarnos a estructurar una visión de cierta parte de ese universo
social. En otras palabras, la investigación social busca ver, a través
de las subjetividades de otros, cómo el universo social se organiza a
lo largo de dimensiones determinadas en regiones específicas del
espacio. Esta distinción es importante para nosotros, porque concebimos
las regiones del espacio social como suposiciones ontológicas y las
dimensiones necesarias para navegarlas son una opción epistemológica.
Nuestro problema fundamental ahora es el siguiente. Cuando un investigador está definiendo su objeto de estudio, ese res socialis
que quiere comprender en gran detalle, cada persona puede tener una
forma única de asumirlo, pero algunos elementos son compartidos (de
otro modo no sería una res socialis) y otros no lo son. El
investigador busca compartir en la subjetividad de otras personas sobre
ese fenómeno particular. Sin embargo, debido a que las dimensiones son
únicas, esta comprensión requiere las aparentemente incompatibles
tareas de, por un lado, evaluar qué se comparte a lo largo de todas
aquellas subjetividades que estamos estudiando y, por el otro lado, qué
es único para cada subjetividad (reconociendo que al compartirlas
conmigo ya no son únicas).
Debido a que esto
remite a tareas gigantescas, la ciencia ha desarrollado teorías,
métodos y epistemologías que nos ayudan a eliminar las dimensiones
inútiles y retener las dimensiones útiles, en la medida en que
contribuyan a nuestro entendimiento sobre un fenómeno particular.
Desafortunadamente, el uso de teorías, métodos y epistemologías en las
ciencias sociales ha tendido a crear más divisiones que a unificar,
llegando a menudo a asumir el aspecto de dogmas en competencia.
Desde
un punto de vista pedagógico, entonces, la pregunta es ¿cómo podemos
ayudar a nuestros alumnos, dado que están empezando su carrera como
científicos sociales, a mantener las mentes abiertas cuando se
enfrenten a un problema de investigación al momento de definir el
objeto de estudio? Empezamos concibiendo la etapa de recolección de
información de un proyecto de investigación como la descomposición
constante de las dimensiones complejas de mi objeto de estudio
(entendido como la res socialis y todo lo que eso implica) en
niveles de complejidad menor con unidades de análisis, unidades de
observación, variables, indicadores e información que permitan un
intento razonable de hacer observaciones sistemáticas de ese objeto
(Henríquez y Barriga 2005). También suponemos que las dimensiones son,
en realidad, nada más que "aspectos" de un objeto que deseamos observar.
En
los enfoques tradicionales para la investigación científica social, el
primer paso hacia la desagregación de estos objetos de investigación
supone revisar la literatura. A pesar de que no nos guste admitirlo, la
selección bibliográfica que hacemos está a menudo sesgada por aquellas
opciones personales a las cuales nos aferramos dogmáticamente, como
posturas teóricas, metodológicas y epistemológicas que consideramos las
correctas (9). Entonces, ¿cómo podemos hacer una primera aproximación a
nuestro tema de investigación con una postura "pre"- científica que es
teórica, metodológica y epistemológicamente abierta y flexible? ¿Cómo
podemos abordar nuestro objeto de estudio otorgándole a todas las
posiciones paradigmáticas una oportunidad equivalente para ofrecer su
contribución única a nuestro entendimiento de la res socialis y no negar a priori cualquier contribución posible?
Para responder a estas interrogantes sugerimos una herramienta de reducción dimensional. Si la res socialis
tiene una forma en el espacio social y la mayor reducción dimensional
básica que me permite navegar el sector del espacio social donde ese
objeto está ubicado es por los ejes empírico, teórico, metodológico y
epistemológico (10), entonces se debería intentar una mayor reducción a
dos dimensiones (11).
Conclusión
Dado
que el espacio social está constituido por subjetividades, la esencia
de la reducción dimensional está en focalizar nuestra atención en qué
aspectos de estas subjetividades estamos examinando. Las dos
dimensiones básicas que proponemos son:
1)Un eje de subjetividad intra-extra, centrado en la naturaleza de la res socialis, donde el aspecto fundamental considerado es si la res socialis
en la que estamos interesados puede ser ubicada más cerca de aquellos
procesos internos a las subjetividades o externos a las subjetividades.
2)Un
eje de subjetividad inter-trans, centrado en la naturaleza del objeto
de estudio, donde el aspecto fundamental considerado es si nuestro interés en la res socialis busca principalmente entender sus propiedades emergentes o sus propiedades condicionadas.
El
mapa perceptual que surge del cruce de estas dos dimensiones (Barriga y
Henríquez 2005) nos permite ubicar nuestro objeto de estudio (el que,
después de todo, es nuestro interés específico en una res socialis particular), en algún lugar de este plano basado en la ubicación de la res socialis en relación al res cogitans (el eje vertical) y la ubicación de nuestro interés en relación a las propiedades condicionadas o emergente del
res socialis
(el eje horizontal). Una vez que hayamos ubicado un área general dentro
del plano, entonces podemos centrar nuestra investigación bibliográfica
en aquellas teorías, métodos y epistemologías que son más fructíferas
en esa particular área del espacio social. Nuestro espectro de puntos
de vista disponibles se estrecha no por posturas a priori, sino más
bien por reflexiones metódicas en torno a los aspectos más
fundamentales de qué es exactamente lo que quiero saber.
En
fin, lo que pretendemos hacer aquí es vincular una propuesta
epistemológica, que busca compatibilizar las grandes tradiciones
paradigmáticas, con una propuesta ontológica que busca definir la
naturaleza de la realidad social en función exclusiva del sujeto y de
su subjetividad. De esta forma, se cruza la brecha subjetiva/objetiva
de una forma relativamente novedosa que utiliza una conceptualización
geométrica para lograrlo. Las herramientas de la matemática utilizadas
para definir una ontología que, contrariamente a lo que se podría
pensar, trabaja exclusivamente sobre subjetividades… ¿un paso más hacia
la superación del debate paradigmático? Nosotros así lo esperamos.
Notas
(1)
Trabajo presentado en la Comisión de Metodología y Epistemología de las
Ciencias Sociales del XXV Congreso de la Asociación Latino Americana de
Sociología en Porto Alegre, Brasil.
(2) Cosa de origen y naturaleza desconocidos, aunque tenemos algunas ideas sobre esto último.
(3)
Sabemos que suena extremadamente mecánico pero, estamos tratando de
expresarnos a través de una analogía que es clara y fácilmente
comprendida sin acudir al lenguaje y conceptos usualmente utilizados en
la disciplina.
(4) En el presente trabajo
acepte sólo esta definición de la palabra, no trate de inferir
cualquier otro significado de ésta más allá de aquel que le hemos dado.
(5)
Por favor considere que no estamos afirmando cuales puedan ser esas
diferencias, sólo pensamos que los humanos, en su esencia, creen que
hay algo inherentemente diferente entre la mente (res cogitans) y el
cuerpo (res extensa).
(6) Es importante
reconocer que la palabra "naturaleza" fue usada por Einstein en un
sentido de "esencia", de una fuente transcendental, no en el sentido de
"lo físico" que las ciencias sociales normalmente le atribuyen a la
palabra.
(7) Por favor observe que utilizamos compartida en el sentido de "tener en común", no en el sentido de "dar y recibir".
(8)
Sinceramente creemos que la restricción de este enfoque para la
subjetividad humana es arbitrario. Creemos que otros animales pueden
también compartir subjetividades con cada otro así como nosotros;
incluso si es al nivel más básico, tales como hambre, dolor, etc. No
obstante, ese es tema para otra oportunidad.
(9) No queremos considerar, por ahora, otros aspectos como el político o el ideológico.
(10) Para un tratamiento mas detallado de estas cuatro dimensiones básicas, ver Barriga y Henríquez, 2003.
(11)
Nuestras limitaciones sensoriales sólo nos permiten captar y comprender
el sentido de tres dimensiones y una visualización gráfica hace
fácilmente comprensible dos dimensiones.
Bibliografía
Barriga, O. y Henríquez, G. 2005. El plano alfa del objeto de estudio. Cinta Moebio 24: 1-8. www.moebio.uchile.cl/24/barriga.htm
Barriga, O. y Henríquez, G. 2003. La presentación del objeto de estudio: Reflexiones desde la práctica docente. Cinta Moebio 17: 1-11.
www.moebio.uchile.cl/17/barriga.htm
Henríquez, G. y Barriga, O. 2005. El rombo de la investigación. Cinta Moebio 23: 1-8. www.moebio.uchile.cl/23/henriquez.htm

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