|
Abstract
Recent
trends in epistemology of science and of scientific research are
discussed in this paper, under an explanatory view that considers them
as observational variations occurring in a timeline, generated from a
few underlying ahistorical and pretheoretical frames called
"epistemological approaches", isomorphically as the known differences
between "surface" and "deep" structures or between "type" and "token",
etc. Within this hypothetical assumption avoiding a merely narrative or
historical description and within some other criteria, firstly an
essential reference, the epistemology of science between 1920 and 1990,
is characterized as the key for understanding variations and trends
that take place during the last 16 years in the development of
epistemology of science. In the second main part, recent trends are
discussed and explained. A more general and deeper view concerning the
applicability of epistemology to the everyday practice of research is
stressed in the concluding section.
Key words: theory, research, scientific knowledge, trends, applications.
Resumen
En
este documento se discuten las recientes tendencias de la epistemología
(entendida como teoría de la ciencia y de la investigación), desde un
punto de vista explicativo que las considera como variaciones
observacionales que aparecen en un cierto lapso, pero que son generadas
por marcos subyacentes de carácter ahistórico y preteórico, llamados
"enfoques epistemológicos", de modo isomórfico a las conocidas
diferencias entre estructuras "superficial" y "profunda" o entre "type"
y "token", etc. Dentro de esta presuposición hipotética, alejada de una
descripción meramente narrativa o histórica, y dentro de algunos otros
criterios, en la primera parte se caracteriza una referencia esencial,
el período entre 1920 y 1990, como clave para entender las variaciones
y tendencias en los últimos 16 años de desarrollo de la epistemología.
En la segunda parte se discuten y explican esas tendencias recientes.
En la última sección se hace énfasis en una visión más general y
profunda que tiene que ver con la aplicabilidad de la epistemología a
la práctica cotidiana de la investigación.
Palabras Clave: teoría, investigación, conocimiento científico, tendencias, aplicaciones.
Recibido el 30 Ene 2007
Aceptado el 26 Feb 2007
Introducción
El
objetivo de esta exposición es discutir las recientes tendencias en el
desarrollo de la epistemología, atendiendo al surgimiento de nuevos
problemas, al replanteamiento de problemas antiguos, a las nuevas
propuestas de solución y nuevas vías de exploración. Toda esta
discusión de tendencias epistemológicas tiene sentido sólo dentro de un
marco de continuidad, de herencias y rupturas diacrónicas, y, sobre
todo, por referencia a una cierto esquema de fondo que,
hipotéticamente, explica y resulta responsable del surgimiento de esas
tendencias y de sus variaciones diferenciales.
Ya
al formular este objetivo y, en general, al hablar de epistemología, es
inevitable la toma de una postura previa, debido a las múltiples
divergencias y diversidades en torno a muchos de los términos y
conceptos implícitos, desde el mismo momento en que se inicia el tema.
Dado que las concepciones epistemológicas son siempre dependientes de
un cierto Enfoque Epistemológico, una solución es hacer referencia a
las diferentes perspectivas, sin exclusiones significativas, de modo
que el discurso quede ubicado dentro de una cierta postura que pueda
ser evaluada frente a otras. Así, por ejemplo, aquí queda identificada
una toma de posición respecto a qué es epistemología, cuál es su
estatuto disciplinario en cuanto área del saber y cuál es su objeto de
estudio. Pero al lado de esa posición, también se describen otras
diferentes, de modo que los usuarios puedan evaluar esas diferencias.
Por
esta razón, entre otras, las intenciones de esta exposición no están
concebidas en un sentido dogmático ni se pretende en modo alguno sentar
cátedra o definir seguridades. Todo lo dicho aquí tiene más bien un
sentido hipotético, conjetural, de planteamientos que puedan ser
discutidos, criticados y evaluados, siempre dentro de una función
didáctico-aplicativa que pueda servir de aporte para el mejoramiento de
los procesos investigativos universitarios en el seno de los programas
de postgrado. Por eso se puso un empeño particular en proveer la mayor
cantidad posible de referencias bibliográficas, de manera que el
usuario tenga la opción de validar y continuar por sí mismo las ideas
aquí tratadas.
Al hablar de "tendencias
recientes", y a pesar de que el título menciona al siglo XXI, se hace
hincapié en el lapso comprendido entre 1990 y el 2006, pero tomando
como referencia la trayectoria inmediatamente anterior, ubicada entre
1920 y 1990, sin cuya mención sería imposible entender esas "tendencias
recientes". La razón es que resulta imposible comprender las tendencias
del siglo XXI sin considerar sus antecedentes en el tiempo. No se harán
mayores referencias a las épocas previas al siglo XX, sin negar su
importancia y su fundamental influencia. Por razones obvias, estos
datos deberán quedar sobreentendidos en el marco de las presuposiciones
de esta exposición.
En la primera sección se
presentan algunas propuestas conceptuales básicas, algunas definiciones
provisionales y determinados criterios para el análisis de tendencias
epistemológicas, los mismos que permiten salir de un tratamiento
meramente histórico-descriptivo de dichas tendencias para entrar en un
marco explicativo de las mismas. En realidad, el objetivo de esa
primera sección es ofrecer una herramienta con la cual no sólo podamos
dar cuenta de las variaciones de tendencias en el lapso entre 1990 y
2006, sino también en cualquier otro lapso, de modo que podamos también
hacer proyecciones más o menos acertadas sobre el desarrollo futuro de
la epistemología.
En la segunda sección se
trabaja una referencia fundamental, que es el desarrollo de la
epistemología entre 1920 y 1990, es decir, entre el surgimiento del
llamado Círculo de Viena y luego la fecha aproximada en la que parece
cerrarse un importante ciclo de desarrollo y definiciones de los
Enfoques Epistemológicos básicos que subyacen a la diversidad de
tendencias en el planteamiento y tratamiento de objetivos y problemas
(la hipótesis sobre la relación entre Enfoques Epistemológicos y
variaciones observables de tendencias históricas queda planteada en la
primera sección).
En la tercera sección,
tomando como referencia lo tratado en la anterior, se discuten los
principales tópicos, problemas, tratamientos y corrientes que han
tenido vida en los últimos 20 años. Se examinan algunas 'nuevas
epistemologías' y se expone la evolución reciente de algunos
tratamientos divergentes en torno a problemas clave.
Para
terminar (cuarta sección), se discuten algunos elementos que podrían
ser útiles para una evaluación de los estudios en epistemología, más
unas consideraciones acerca de la aplicabilidad de la epistemología en
el terreno de la práctica académica y de la promoción de la
investigación.
Finalmente, hay una aclaratoria
necesaria respecto al título: se habla de "epistemología de la
investigación científica", lo cual sería redundante para quienes
conciben la epistemología como teorización acerca de la ciencia, que es
el caso aquí, como se explicará más adelante. Pero la redundancia deja
de serlo para quienes conciben la epistemología como filosofía del
conocimiento en general, no sólo del conocimiento científico.
1. Marco de Análisis
1.1. Conceptos básicos
Hay
un acuerdo mínimo generalizado en que la epistemología tiene que ver
con el conocimiento. De allí en adelante surgen no sólo las
diferencias, sino también las dificultades y los problemas.
Una
diferencia que vale la pena destacar es que para unos la epistemología
estudia el conocimiento en general, desde un punto de vista filosófico,
con lo cual el término resulta aproximadamente sinónimo de
"gnoseología" (suele ser el caso en el mundo anglosajón, por ejemplo),
mientras que para otros la epistemología se restringe a uno de los
tipos de conocimiento: el científico (en general, suele ser el caso,
por ejemplo, en Italia, Francia y Latinoamérica), con lo cual el
término pasaría a ser sinónimo de las expresiones "Filosofía de la
Ciencia", "Teoría de la Ciencia", "Teoría de la Investigación
Científica", etc. A lo largo de esta exposición se asume el segundo de
estos dos sentidos del término.
Pero una
dificultad de primera magnitud está en lo que podría concebirse como la
paradoja de Gödel aplicada a la epistemología. Como se sabe, Kurt Gödel
demostró la imposibilidad de hablar de cualquier sistema de cosas
utilizando los mismos recursos internos del sistema en cuestión (es el
caso célebre del mentiroso: "yo siempre miento" es una expresión
paradójica). Todos tenemos determinados filtros preteóricos,
precognitivos, que condicionan el modo en que conocemos y que implican
ciertas preconcepciones sobre qué es el conocimiento y sobre cuáles son
sus vías legítimas de producción y validación. Entonces, al hablar
sobre el conocimiento, inevitablemente intervienen esos filtros y
ocurre que hablamos sobre 'conocimiento' utilizando los mismos recursos
de nuestras propias formas y procesos de conocimiento, lo cual
enturbia los resultados y oscurece el asunto. Una solución clásica a la
paradoja de Gödel (que se refiere al caso de los sistemas lingüísticos
en general y más específicamente a los sistemas formales) está en crear
un "meta-lenguaje" que nos permita hablar adecuadamente del
"lenguaje-objeto" (para el ejemplo del mentiroso, podría ser algo así
como "la frase 'yo siempre miento' es verdadera"). Pasando al caso de
la paradoja epistemológica, esa solución consistiría en crear algún
sistema externo que considere los distintos filtros preteóricos o
precognitivos, o sea, las distintas perspectivas que condicionan
nuestros propios procesos de conocimiento y que, por tanto, nos
permitan hablar de éste según tal o cual perspectiva. Ese sería el
único modo en que podríamos entender y manejar los debates entre, por
ejemplo, las investigaciones "cualitativa" y "cuantitativa" o entre
"empirismo" y "racionalismo" o entre "idealismo" y "realismo", por sólo
citar algunas divergencias. El hecho es que resulta imposible manejar
cualquier tesis epistemológica sin considerar la perspectiva preteórica
desde la cual fue planteada y por eso las discusiones entre
perspectivas diferentes (como es el caso entre realismo e idealismo,
por ejemplo) resultan lógicamente irresolubles: al estar condicionadas
por esos filtros o perspectivas cuyo carácter es precognitivo
(pre-racional y pre-lógico) resultan irreductibles en un plano lógico y
racional. En consecuencia, la solución está en algún aparato conceptual
que explique la generación de teorías del conocimiento a partir de
diferentes perspectivas o filtros precognitivos. Esto resulta esencial
para dar cuenta de las variaciones en las tendencias de la
epistemología en cualquier lapso histórico, siempre que se desee una
visión explicativa de las mismas, más allá de una visión descriptiva o
anecdótica y más allá de un empeño en los debates y polémicas
interminables. Más adelante, al exponer los criterios de análisis, se
verá cómo esta solución se asocia a la hipótesis de los "enfoques
epistemológicos".
Un primer acercamiento al
tema de las perspectivas precognitivas desde las cuales se puede hablar
o teorizar acerca del conocimiento (o sea, desde las cuales se puede
"hacer epistemología"), tiene su raíz en la conocida tesis de los tres
mundos de Popper (1982), que a su vez puede ponerse en conexión con la
anterior tesis del "triángulo de Odgens" (puede verse está conexión en
Padrón 2000). Odgens había explicado el lenguaje como una estructura
relacional entre tres elementos: el "Referente" (las cosas, el mundo
perceptible), el "Pensamiento" (la idea o representación mental de esas
cosas) y el "Símbolo" (las palabras que expresan ese pensamiento). El
primer elemento remite al plano del Objeto, el segundo al plano del
Sujeto y el tercero al plano de las relaciones entre Sujetos. De modo
isomórfico, la tesis popperiana de los tres mundos supone esas mismas
tres 'realidades': el mundo de las cosas objetivas ("mundo 1", donde
está todo lo que captamos con nuestros sentidos); luego, el mundo de
los contenidos subjetivos ("mundo 2", que incluye los contenidos de
conciencia y de la vida interior del sujeto); y en tercer lugar, el
mundo de las construcciones simbólico-culturales que trascienden al
individuo para colocarse en el dominio de las sociedades ("mundo 3", el
de las ideas y representaciones colectivas, tal como la lengua, la
religión, el arte, la ciencia, la ley, etc.). En el gráfico 1 se
ilustra esta estructura relacional.

Si
estas tesis fueran acertadas, entonces también podría suponerse el
predominio de cualquiera de esos mundos o vértices triangulares sobre
los otros dos en el modo preteórico o precognitivo en que conocemos y
en que procesamos y producimos información. Es decir, podríamos
imaginar una variable continua cuyos valores posibles se desplazarían
hacia cualquiera de los puntos intermedios entre esos tres elementos y
los cuales expresarían ciertas preferencias cognitivas (esquemas de
conocimiento, manejo de información, resolución de problemas). Se
tendría una primera perspectiva o postura precognitiva orientada a la
percepción sensorial, al uso del poder de los sentidos y a las cosas
observables (perspectiva desde el "mundo 1"). Se tendría también una
segunda perspectiva o postura precognitiva centrada en los contenidos
de conciencia, en la subjetividad y en el uso del poder de la intuición
(perspectiva desde el "mundo 2"). Y se tendría, finalmente, una tercera
perspectiva o postura precognitiva basada en los mecanismos de
entendimiento colectivo, en los aparatos de vinculación con otros
sujetos y en el uso del poder del razonamiento y la argumentación
(perspectiva desde el "mundo 3"). Esas tres perspectivas jamás serían
valores discretos ni excluyentes, sino predominios dentro de una
variable continua, más o menos cercanos a alguno de esos tres mundos.
Atendiendo a esas perspectivas, podemos asociar respectivamente tres
variaciones importantes en las tendencias recientes de la epistemología.
En
primer lugar, tenemos una perspectiva desde la cual se concibe la
epistemología como Filosofía Analítica, siguiendo la herencia del
Círculo de Viena y de la llamada "Concepción Heredada" (Received View).
Esta perspectiva se caracteriza por su énfasis en la rigurosidad del
análisis y por la fidelidad al programa trazado en las célebres tesis
del Círculo de Viena, incluyendo la necesidad de reelaboraciones y
respuestas a las objeciones lanzadas desde el falsacionismo popperiano
y desde el sociohistoricismo kuhniano.
En
segundo lugar, tenemos otra perspectiva desde la cual se concibe la
epistemología como reflexión libre, tanto en un plano filosófico no
analítico como en un plano socio-histórico, cultural, psicológico y
antropológico, sin demasiadas preocupaciones acerca de los linderos
entre esas áreas, sobre la base de nociones tales como el "pensamiento
complejo", el "holismo", la "transdisciplinariedad", la "reflexividad"
o la "posmodernidad".
En tercer lugar, hay otra
perspectiva desde la cual se concibe la epistemología como
'Meta-Teoría' y como ciencia fáctica obligada a explicar, mediante
teorías contrastables, los procesos del conocimiento científico, del
mismo modo en que la biología se obliga a explicar los hechos orgánicos
o en que la lingüística se obliga a explicar los hechos de lenguaje,
etc.
Entender estas tres variaciones resulta
sumamente importante a la hora de estudiar epistemología y de diseñar
programas instruccionales, a la hora de analizar su desarrollo
histórico y de aplicarla a los proyectos de investigación y a los
programas de desarrollo científico-tecnológico.
En
síntesis, lo que se ha querido exponer hasta aquí es que la noción de
epistemología y, por tanto, la consideración de las diversas tendencias
en su desarrollo histórico, no pueden ser tratadas unívocamente y ni
siquiera descriptivamente, sino sólo por relación con determinadas
perspectivas de fondo que generan diversidades en los modos de "hacer
epistemología" y de hablar de epistemología. Entender esas perspectivas
de fondo resulta vital para no extraviarse entre autores, propuestas y
polémicas y, sobre todo, para organizar, explicar y evaluar las
múltiples direcciones hacia las cuales se orienta el esfuerzo humano
por entender el fenómeno de la ciencia, a partir de lo cual cada quien
podría decidir y hacer sus propias selecciones de trabajo.
Aquí
se ha propuesto, a modo de primer acercamiento, la tesis de Odgens y
Popper como base conceptual para manejar esas perspectivas, pero,
evidentemente, pueden imaginarse otras bases conceptuales que resulten
más eficientes e, incluso, esas mismas perspectivas pueden deducirse a
partir de otras tesis diferentes. En ello, precisamente, radica uno de
los retos fundamentales para una teoría de la ciencia.
1.2. Criterios de análisis
Para
sistematizar las variaciones en los tratamientos epistemológicos se han
adoptado hasta ahora varios sistemas de clasificación y discriminación,
todos los cuales se muestran insuficientes por diversas razones.
Uno
de estos criterios, tal vez el más simplificador de todos, es el que
distingue entre visiones cualitativa y cuantitativa. En la primera
estaría ubicada la perspectiva subjetivista ("mundo 2") y en la
segunda, la perspectiva objetivista ("mundo 1"). Obviamente, queda por
fuera la perspectiva intersubjetivista ("mundo 3"), con lo cual el tipo
de ciencia desarrollado por Einstein, Mendeleiev, Chomsky, etc.,
escaparía a esa clasificación. Por tanto, o el trabajo del tipo
desarrollado por estos autores no es ciencia o el sistema de análisis
es incompleto. Pero en el mundo académico Einstein, Mendeleiev y
Chomsky son sistemáticamente considerados como científicos. Entonces,
el sistema que diferencia entre "cualitativo" y "cuantitativo" es
incompleto. En realidad, la deficiencia básica de este sistema de
análisis está en su presuposición dualista "subjetividad / objetividad".
Otro
de estos criterios, sumamente parecido al anterior, es el que distingue
entre "Ciencias del Espíritu" y "Ciencias Materiales". Su dificultad
elemental está en la imposibilidad de establecer límites discretos
entre ambas cosas. La lingüística, por ejemplo, es una "ciencia del
espíritu" cuando aborda fenómenos de comunicación social, pero es una
"ciencia material" cuando aborda fenómenos computacionales y
lógico-formales: ¿habría que considerar dos ciencias diferentes cuando
en realidad se trata de una misma teoría, sólo por el hecho de que se
aplican a hechos distintos? Algo parecido podría aducirse en el caso de
la clínica médica, con respecto a enfermedades "materiales" que tienen
bases psicológicas ("espirituales"). ¿Cómo congeniar ambas cosas?
Tenemos
también el criterio de las diferencias entre "Ciencias
Empírico-Analíticas", "Ciencias Histórico-Hermenéuticas" y "Ciencias
Teórico-Críticas". Lo único que puede distinguirse empíricamente en
este sistema es la "ciencia empírico-analítica", que constituye un
mismo conjunto indiscriminado y confuso de toda la ciencia empirista y
racionalista. Pero resulta imposible encontrar datos empíricos que
diferencien entre "ciencias histórico-hermenéuticas" y "ciencias
teórico-críticas". Más bien, parece una discriminación "ad hoc" para
resaltar el valor de ciertas perspectivas precognitivas, con total
independencia de soportes empíricos. Si la historia de la ciencia se
ventilara en términos de esta clasificación, el resultado sería confuso.
Ante
estas dificultades, no parece posible establecer criterios de análisis
de tendencias epistemológicas basados en estas clasificaciones. En
cambio, se adoptará la hipótesis de los "Enfoques Epistemológicos"
(resumida en Padrón 1998), según la cual las variaciones observables en
los procesos de producción científica obedecen a determinados sistemas
de convicciones acerca de qué es el conocimiento y de sus vías de
producción y validación, sistemas que tienen un carácter preteórico,
ahistórico y universal, denominados "Enfoques Epistemológicos". Las
variaciones observables generadas por estos enfoques pueden
estandarizarse en "paradigmas" (en el sentido de Kuhn 1975), los cuales
tienen lugar a lo largo de la historia de la ciencia y se suceden unos
a otros en el control de los estándares científicos de las épocas
(Ciencia Normal 1 -> Revolución 1 -> Ciencia Normal 2 ->
Revolución 2 -> Ciencia Normal 3 …). Por más que estos paradigmas o
"ciencias normales" puedan parecer únicos, diferentes y múltiples, en
realidad sólo son manifestaciones empíricas de alguno de los Enfoques
Epistemológicos. Así, por ejemplo, el paradigma de la ciencia baconiana
estaría generado por el mismo enfoque epistemológico que generó al
paradigma neopositivista, algunos siglos después, así como el paradigma
cartesiano sería la manifestación empírica del mismo enfoque
epistemológico que generó el paradigma chomskyano en la lingüística
actual. Dicho de otro modo, el enfoque epistemológico vendría a ser una
función que transforma determinadas convicciones de fondo,
inobservables, de tipo ontológico y gnoseológico, en determinados
estándares de trabajo científico, estándares asociables a las distintas
comunidades académicas.
Se utilizan dos
variables para sistematizar los Enfoques Epistemológicos: una es de
tipo gnoseológico, referida a las convicciones acerca de la fuente del
conocimiento, simplificada en dos valores: empirismo / racionalismo. La
otra es de tipo ontológico, referida a las convicciones acerca de las
relaciones del sujeto con la realidad, simplificada también en dos
valores: idealismo / realismo. El cruce de esas variables nos lleva
tentativamente a cuatro Enfoques Epistemológicos: el enfoque
empirista-realista (mediciones, experimentaciones, inducción
controlada…), el enfoque empirista-idealista (etnografía, diseños de
convivencia, inducción reflexiva…), el enfoque racionalista-realista
(abstracciones, sistemas lógico-matemáticos, deducción controlada…) y
el enfoque racionalista-idealista (interpretaciones libres, lenguajes
amplios, argumentación reflexiva…). En la Tabla 1 se muestran esos
cruces.
Tabla 1: Variables para Clasificación de Enfoques Epistemológicos
|
VARIABLE GNOSEOLÓGICA
VARIABLE ONTOLÓGICA
|
|
|
|
|
Etnografía, diseños de convivencia, inducción reflexiva…
|
Interpretaciones libres, lenguajes amplios, argumentación reflexiva…
|
|
|
Mediciones, experimentaciones, inducción controlada…
|
Abstracciones, sistemas lógico-matemáticos, deducción controlada…
|
El
estudio de cada uno de estos enfoques epistemológicos permite manejar
las perspectivas o los marcos presuposicionales desde los cuales se
conciben, desarrollan y evalúan los procesos científicos, incluyendo
la producción de investigaciones y, sobre todo, las tendencias en la
evolución de la epistemología. Precisamente, esta hipótesis servirá, a
lo largo de esta exposición, para explicar las relaciones de
continuidad, y también las de ruptura, que tienen lugar en las
variaciones de las tendencias epistemológicas de los últimos 16 años.
En realidad, el supuesto básico de esta exposición está en que esas
tendencias no son entre sí aisladas ni inconexas, sino que unas son
prolongaciones de otras bajo un mismo enfoque epistemológico y otras
son discontinuidades o rupturas con respecto a otras en virtud de
enfoques epistemológicos diferentes. Asimismo, sobre la base de esta
noción de Enfoque Epistemológico podrían también preverse las variaciones de tendencias que tendrán lugar en un futuro próximo.
Anteriormente
(sección 1.1) se habló de ciertas perspectivas preteóricas,
precognitivas, asociables a la tesis popperiana de los tres mundos.
Nótese que esas perspectivas (o filtros) equivalen a la misma noción de
"Enfoques Epistemológicos", sólo que mientras en aquel caso se
consideran tres grandes sistemas de convicciones. En este otro la
discriminación es un poco más fina, ya que permite distinguir dos
variaciones importantes en la epistemología interpretativista (o
comprensivista, asociada a la idea de "ciencias del espíritu"), a
saber, la variación experiencialista (convivencia, trabajos de campo,
al modo propuesto por Alfred Schutz) y la variación reflexivista
(argumentaciones, crítica sociohistoricista, al modo de Jürgen
Habermas). Se trata de dos esquemas de análisis que resultan
convergentes y que pueden utilizarse a conveniencia. Es lo que se hará
en las secciones que siguen.
Otro criterio de
análisis adoptado en esta intervención es el que se refiere a la
"Estructura Diacrónica" (ver resumen en Padrón 1998), según la cual los
desarrollos científicos y meta-científicos se basan en "Programas" de
desarrollo progresivo (tal como en Lakatos 1978) que van más allá del
individuo y, a veces, más allá de generaciones de individuos (piénsese
en el programa de la gravitación, desde Newton a Einstein, por ejemplo,
o en el del racionalismo, desde los griegos a la actualidad). Estos
programas siguen una trayectoria temporal que comienza en una fase
descriptiva (cuáles son los hechos), para luego pasar a una fase
explicativa o interpretativa (según el enfoque, explicar por qué los
hechos ocurren del modo en que fueron descritos o interpretar cuáles
son los simbolismos subyacentes), yendo después a una fase contrastiva
(evaluar las teorías elaboradas en la fase anterior), terminando en una
fase aplicada o aplicativa (en que se intenta explotar las teorías ya
evaluadas para el control de la realidad). En el Gráfico 2 se visualiza
esta idea.

Este
otro criterio refuerza también la idea de continuidades y
discontinuidades en el tratamiento de las tendencias en los estudios
epistemológicos, en el sentido de que dichas tendencias, así como los
procesos científicos que son explicados por las mismas, se vinculan
entre sí sobre la base de determinados "programas".
Para
concluir esta sección, conviene declarar que la exposición que sigue se
apega a una concepción "naturalizada" de la epistemología (en el
sentido que se explica más adelante, en 3.1.3). Es decir, se concibe
esta disciplina como una teoría fáctica (meta-teoría) cuyo correlato
empírico está en la historia de la ciencia y de las investigaciones
científicas y cuyos resultados meta-teóricos tienden a ser insumos de
una tecnología de la ciencia, en una fase aplicativa que busca más
eficientes controles operativo-instrumentales sobre los procesos
científicos. Una de las razones de esta toma de posición es que, así
entendida, la epistemología resulta más provechosa para su
aplicabilidad al terreno de la investigación universitaria
2. Referencia Esencial: La Epistemología en el Siglo XX (»1920-1990)
Aunque
las actuales tendencias tienen sus antecedentes en épocas mucho más
lejanas, se considerará sólo el período de las décadas centrales del
siglo XX como base programática sobre la cual se emplazan dichas
tendencias. En ese lapso hay, a su vez, dos hitos que vale la pena
analizar por separado.
2.1. La matriz diacrónica hasta 1970, aproximadamente
Este
primer hito marca un ciclo donde se completa el desarrollo
paradigmático de los cuatro enfoques epistemológicos antes referidos,
comenzando por el famoso Círculo de Viena, desde 1920, aproximadamente,
hasta la visión hermenéutica y comprensivista de la Escuela de
Frankfurt y la difusión del experiencialismo vivencialista de Schutz
(investigación "cualitativa"), alrededor de 1970.
Sobre
esta matriz diacrónica se ha escrito mucho y hay abundante literatura,
por lo cual este examen pasará por alto los detalles ya divulgados y se
limitará a una idea que no aparece en la documentación especializada y
que parece interesante: este ciclo completa el recorrido desde una
concepción de la 'ciencia de los objetos observables'
(empirismo-realista, Círculo de Viena, neopositivismo,
neoconductismo…), pasando a una concepción de la 'ciencia de los
objetos calculables' o 'pensables' (racionalismo-realista, Einstein, Popper, Chomsky…), yendo luego a una concepción de la 'ciencia de los objetos intuibles'
(racionalismo-idealista, hermenéutica, Teoría Crítica de Frankfurt…),
hasta terminar en una concepción de la 'ciencia de los objetos vivibles' o 'experienciables'
(empirismo-idealista, etnometodología, investigación cualitativa…). La
idea es que en este ciclo se van definiendo los alcances que cada uno
de los cuatro enfoques epistemológicos plantea para el conocimiento
científico en relación con su objeto típico y legítimo y también como
tarea epistemológica.
Recuérdese que una de las
tesis centrales del Círculo de Viena es el empirismo: todo conocimiento
proviene de los datos de los sentidos puestos en contacto con la
realidad ("experiencia"). De ella se deriva otra tesis: que todo
conocimiento es inductivo. En consecuencia, lo único que puede ser
científicamente conocido es aquello que se ofrece directamente a la
experiencia, aquello que se expone a la vía de los sentidos, caso por
caso. Se define así como objeto típico y legítimo de la ciencia aquel
tipo de realidades que resulta 'observable', desplazando todo lo demás
a la esfera de la especulación o de la filosofía. En el área de las
ciencias sociales, esta concepción de la 'ciencia del objeto
observable' fue muy expresamente divulgada por el neoconductismo, en
especial en sus aplicaciones a la instrucción: recuérdense las listas
de verbos de "conducta observable" y las taxonomías de objetivos de
aprendizaje que se imponían como norma para los diseñadores
instruccionales durante la época dorada del conductismo.
Estas
tesis del Círculo de Viena y de la llamada "concepción heredada"
(empirismo lógico en general) fueron luego asaltadas por el
falsacionismo popperiano y, sobre todo, por una visión deductivista,
teoricista, de la ciencia, que asigna más valor a las estructuras de
pensamiento y razonamiento que a la experiencia. Siendo así, ya
entonces el objeto típico y legítimo de la ciencia queda ensanchado. No
se trata sólo de los objetos que aparecen directamente a la
experiencia, a los sentidos, sino también, y sobre todo, aquellos que
pueden ser 'imaginados', razonados, aquellos cuya naturaleza oculta
puede ser manejada mediante estructuras de razonamiento y puede ser
expresada mediante sistemas lógico-formales. Se pasa así de los objetos
"transparentes" (abiertos a la experiencia) a los objetos "opacos"
(cerrados a la experiencia, pero abiertos al razonamiento). Los casos
de Einstein, en física, y de Chomsky, en lingüística, en su polémica
contra el neoconductismo y el descriptivismo, fueron históricamente
emblemáticos. A continuación, véanse dos citas de estos autores, ambas
muy parecidas, en las que se ilustra bastante bien la noción de
'ciencia de los objetos calculables' o 'pensables': "Los
conceptos físicos son libres creaciones de la mente humana y no están,
por más que parezca, únicamente determinados por el mundo externo. En
nuestro empeño por entender la realidad nos parecemos a alguien que
tratara de descubrir el mecanismo invisible de un reloj, del cual sólo
ve el movimiento de las agujas, oye el tic-tac, pero no tiene forma de
abrir la caja para ver lo que hay adentro. Si se trata de una persona
ingeniosa, podrá imaginar o suponer un mecanismo que sea el responsable
de todo lo que se observa fuera de la caja, pero nunca podrá estar
seguro de si su suposición o lo que él imagina es lo único que explica
los efectos observados. Jamás podrá comparar lo que él imagina con el
mecanismo real que está dentro de la caja y ni siquiera podrá saber si
tal comparación tendrá sentido" (Einstein y Infeld 1950:34). "Imagine a
un físico que se pregunta por lo que ocurre en el interior del sol.
Ahora, una forma sencilla de responder a esto sería instalar un
laboratorio dentro del sol y así experimentar. Pero Ud. no puede hacer
eso, porque el laboratorio se convertiría en gas. Por tanto, lo que Ud.
puede hacer es mirar la luz que proviene del sol e imaginarse lo que
sucede dentro del sol que produce ese tipo de luz. Esto es muy parecido
a tratar de imaginarse lo que ocurre en los mecanismos físicos del
cerebro" (Chomsky 1988:187).
Es gracias a este
ensanchamiento del objeto de la ciencia hacia lo 'pensable' o
'calculable' como, por ejemplo, en ciencias sociales se abre el camino
a la famosa "revolución cognitiva" y a las teorías de la mente y del
lenguaje, todo lo cual aun hoy día permanecería en el terreno
especulativo o filosófico, si no hubiese sido por este cambio
paradigmático generado por la irrupción del enfoque epistemológico
racionalista-realista.
Dentro de esta misma
concepción teoricista, Popper tuvo el gran mérito de plantear el
problema de cómo crece el conocimiento científico, tras cuya búsqueda
tuvo lugar su célebre polémica con Kuhn, así como las propuestas de
Lakatos y Laudan ("programas" y "tradiciones" de investigación,
respectivamente). Sin entrar en los pormenores de este hecho,
suficientemente reseñados, cabe resaltar que, como consecuencia, dentro
del racionalismo-realista surge la introducción del elemento
socio-histórico en el análisis de la ciencia. Lo que Reichembach, en
los años del empirismo lógico, había planteado como la diferencia entre
"contexto de descubrimiento" y "contexto de justificación", más la
imposibilidad de que la epistemología considerara el primero de esos
contextos, se revierte ahora, recibiendo importancia los aspectos
culturales e históricos. De hecho, algunos de estos conceptos
("comunidad científica" e "intervalo histórico", por ejemplo) pasaron a
ser tratados formalmente dentro de algunos estudios sobre la estructura
de las teorías (por ejemplo, Moulines 1982). Lo importante es que esta
introducción de aspectos socio-históricos (sobre todo la
"inconmensurabilidad" de Kuhn, llevada al máximo por Feyerabend) marca
una cierta confluencia con algo que se venía manejando desde años antes
en la llamada Escuela de Frankfurt, que representaba un enfoque
epistemológico diferente: la 'ciencia de los objetos intuibles' o 'interpretables', implícita en la tesis de la "Teoría Crítica", y que llevaba el germen de otro paradigma nuevo para el siglo XX.
Una
de las tesis esenciales de la Escuela de Frankfurt atiende a la
dialéctica de las relaciones de dominación, herencia del marxismo
(vertiente racionalista). Otra de sus tesis, desde una vertiente
idealista o subjetivista, recoge las filosofías de Dilthey, Husserl y
Heidegger, principalmente la separación entre ciencias "de la
naturaleza" y "del espíritu", la "comprensión" en lugar de la
"explicación", la fenomenología, los procesos intuitivos y la
hermenéutica como herramienta interpretativa (que había sido rescatada
por Friedrich Schleiermacher, del romanticismo alemán, a su vez
rescatado por Dilthey unos cien años después). El planteamiento de la
"Teoría Crítica" surge de la necesidad de emancipación, la cual pasa
por desentrañar el modo en que el ser humano es enajenado y sometido a
través de los múltiples mecanismos socioculturales, incluyendo la
ciencia en cuanto estructura de poder y dominación. Pero este
desentrañamiento no puede ser llevado a cabo por las mismas vías
"positivistas" (para Adorno y Habermas, por ejemplo, aun el
racionalismo popperiano y la ciencia einsteniana vienen a ser
"positivismo"), es decir, por los estándares de la "explicación"
científica. Es menester la "comprensión" y la "interpretación", que
hagan efectiva la capacidad de captación fenomenológica, al modo de
Husserl, y que pongan al descubierto los simbolismos socioculturales
subyacentes a las relaciones sociales (hermenéutica, círculo
hermenéutico, etc.). Esto es suficiente para entender el desplazamiento
hacia una 'ciencia de los objetos intuibles' o 'interpretables',
con lo cual renace en el siglo XX, a través del paradigma de Frankfurt,
el mismo enfoque epistemológico racionalista-intimista de San Agustín,
en el siglo IV (en sus Confesiones escribió: "¿Qué es el tiempo? Si
nadie me lo pregunta, lo sé. Si quisiera explicárselo al que me lo
pregunta, no lo sé"). En la práctica, al menos atendiendo a las
investigaciones y estudios realizados desde la óptica de este paradigma
de la Escuela de Frankfurt, el enfoque orientado a los 'objetos intuibles'
se caracteriza por un discurso argumentativo que excluye los trabajos
de campo (rasgo racionalista), pero que también viene marcado por un
intensa auto-referencialidad e inclinación reflexiva volcada hacia el
sujeto (rasgo subjetivista, idealista).
Finalmente,
como derivación de este paradigma de la escuela de Frankfurt, la década
de los '60 termina con una variante epistemológica que se desplaza
hacia el empirismo (en términos de experiencialismo o vivencialismo),
manteniendo los mismos estándares fenomenológicos, reflexivistas,
subjetivistas, del paradigma de Frankfurt. Los trabajos de Alfred
Schutz y de los antropólogos norteamericanos de comienzos de siglo
fueron unas de las más importantes inspiraciones de este paradigma, en
especial en lo que tiene que ver con nociones empíricas y metodológicas
tales como "interacción social", "mundo de la vida", "vida cotidiana",
"historias de vida", "triangulación" y otras por el estilo. Una de las
tesis básicas es la necesidad de vivir aquello que se está
investigando, tal como escribe Seiffert: "Los enunciados
fenomenológicos descansan siempre en experiencias personales de la vida
por parte del autor en el ámbito al que él se refiere. Por tanto, la
instancia para la comprobación intersubjetiva de enunciados
fenomenológicos no es un procedimiento empírico (...), sino el
asentimiento del lector experimentado y competente en una impresión
'sí, es así'. Tal lector competente comprueba, pues, hermenéuticamente,
la contundencia de lo dicho en su propia experiencia de vida; él
examina el texto bajo el punto de vista de si reproduce o interpreta
adecuadamente esta experiencia" (1977:241). "La auténtica fortaleza del
método fenomenológico está en el 'nivel individual' de los que lo
aplican (amplitud de experiencia o de inteligencia o ambas cosas a la
vez). Radica en el carácter de una 'ciencia de la vida' que no puede
renunciar a este momento; pues de otro modo perdería sin necesidad un
tesoro de experiencias interpretables de la vida, las cuales pueden
contribuir mucho al esclarecimiento de la vida, aún cuando no sean
estandardizables ni, por tanto, accesibles a cualquier investigador
social" (1977:243-244).
Nace, así, la llamada
"investigación cualitativa" en general y, en particular, numerosas
corrientes menores, que van desde la "investigación-acción" y la
"observación participante", pasando por la "etnometodología" y la
"etnografía", hasta la "investigación militante" y la "investigación
comprometida", etc. En todo caso, con este cuarto paradigma se
visualiza el enfoque empirista-idealista, el de la 'ciencia de los
objetos vivibles', 'sentibles' o 'experienciables'.
Como
balance general, se tiene ya desde los '70 un panorama de coexistencia
de esos cuatro paradigmas asociados a sus respectivos enfoques
epistemológicos. En principio, los dos primeros, el empirismo-realista
y el racionalismo-realista (objetos observables y objetos calculables)
quedan anclados a las ciencias materiales y a algunas ciencias sociales
(lingüística, ciencias cognitivas, inteligencia artificial, economía).
Pero gran parte de la psicología, la sociología y la antropología ha
sido abordada por los enfoques subjetivistas-reflexivistas. En la
siguiente sub-sección se verán algunas prolongaciones que llegan hasta
1990, aproximadamente, y que, en general, consolidan este ciclo de
desarrollo de esos cuatro enfoques.
2.2. Prolongaciones para 1970-1990, aproximadamente
Después
de este ciclo que se termina de describir, hay una especie de
prolongaciones o de profundizaciones temáticas en torno,
aproximadamente, a los mismos problemas de fondo ya instaurados en ese
ciclo. Esencialmente, estas prolongaciones se revelan en las tendencias
que se reseñan a continuación.
2.2.1. La visión programática y transindividual de la ciencia
Esta
prolongación, ubicada dentro del enfoque racionalista-realista
(paradigma falsacionista), sigue inmediatamente al problema popperiano
de cómo crece el conocimiento científico, ante lo cual chocaron las
soluciones del mismo Popper (el conocimiento crece por razones lógicas
internas, por suplantación de teorías previas que resultan falsas, o
"falsadas", por teorías nuevas que a su vez están por falsar…, y así
sucesivamente) y la de de Kuhn (el conocimiento crece por razones
socio-históricas externas, a través de las ya mencionadas "revoluciones
científicas"). En los albores de los '70, Imre Lakatos intenta
conciliar ambas soluciones mediante la noción de "Programas de
Investigación", según la cual una teoría es en realidad un conjunto de
teorías menores ligeramente diferentes entre sí que coinciden en un
mismo "núcleo duro", o sea, al menos en una misma idea esencial, que es
justamente aquello que la comunidad académica responsable se empeña en
defender ante los ataques de la falsación, mediante hipótesis
auxiliares, correctivas, que él llama "cinturón protector". Mientras
Popper consideró este recurso como justificaciones convenientes
('hipótesis ad hoc'), Lakatos sostiene que no es necesariamente
inválido, ya que la capacidad para proteger un "núcleo duro", o para
trabajar sobre el "cinturón protector", dice mucho acerca de la
potencialidad del "programa" para poder crecer o, al contrario, para
degenerar, cosa que resulta mucho más interesante a la hora de evaluar
una teoría. El asunto está en si esto conduce a explicar nuevos hechos
o si, en cambio, la teoría queda estancada ante nuevos hechos, por más
que se abulte el cinturón protector (más tarde Quine, 1951, propondría
una idea algo parecida: el "holismo metodológico", según el cual las
teorías se falsean como un todo y no aisladamente, atendiendo a algunas
de sus derivaciones particulares). Para ello, los programas de
investigación siguen reglas metodológicas de dos tipos: unas que
indican por cuáles vías hay que seguir trabajando ("heurística
positiva") y otras que indican cuáles vías hay que evitar ("heurística
negativa"). La gran conclusión de todo esto es que las teorías no son
aisladas, ni responden a un solo autor, ni se ubican en un solo momento
histórico, ni pueden ser evaluadas en términos de sus componentes,
evaluados aisladamente. En realidad, unas teorías generan otras, de
modo que el crecimiento del conocimiento científico es cuestión de
sucesiones, de conexiones y de nexos de familia entre las
investigaciones individuales, incluso en largos plazos generacionales.
La investigación científica viene a ser, entonces, un asunto
programático y transindividual.
En ese mismo
sentido, bajo la cobertura de esa misma conclusión, está también el
aporte de Larry Laudan, quien propone la noción de "tradiciones de
investigación", en los mismos términos de continuidad temporal, bajo
los parámetros de eficiencia de las distintas propuestas teóricas
frente a los retos que van planteando los problemas de cada época en
determinados contextos.
Lo más importante de
esta prolongación está en la idea de que las investigaciones no son
entre sí aisladas, sino que ofrecen nexos de 'consaguinidad', al punto
de que ninguna investigación vale la pena si se la considera en sí
misma, sino en relación con las conexiones que mantiene con respecto a
toda una red.
En síntesis, todo esto remite a
la noción de "estructura diacrónica" de los procesos de investigación:
toda investigación puede ser analizada en sí misma, como hecho
individual adscrito a una instantánea temporal, atendiendo a su
composición interna y a las relaciones entres sus elementos
estructurales. Pero esto sólo adquiere significado si se considera su
ubicación dentro de una familia de investigaciones, el modo en que
funciona como punto de continuidad, su aporte al progreso del programa
de investigación, más el tipo de nexo que mantiene con otros trabajos
individuales. En un plano empírico y aplicativo, todo esto sustenta la
noción de "líneas" (grupos, equipos, centros) de investigación, es
decir, conecta la epistemología con la esfera cotidiana de la
organización y gestión de la producción-difusión de conocimientos
(Padrón 2002).
2.2.2. El Programa de la "Sociología del Conocimiento"
Las
referencias a una "sociología del conocimiento" en general datan desde
comienzos del siglo XX (incluso antes del Círculo de Viena: Karl Marx,
Max Scheler y Karl Mannheim, por ejemplo), luego reaparecen a mediados
de siglo dentro de la tendencia del funcionalismo conducida por Merton
y Parsons, entre otros, y asociadas al concepto de "vida cotidiana", y
tienen su auge con los trabajos de Kuhn y Feyerabend. Pero hay una
referencia particular, comúnmente llamada "el Programa de la Sociología
del Conocimiento", que adquirió un significado especial dentro de las
últimas tendencias del siglo XX y comienzos del XXI y que es la que
interesa aquí (para una reseña amplia, ver Meja y Stehr, 1999, cuyos
dos volúmenes explican cada una de estas dos referencias,
respectivamente).
Este programa completo
insiste en la influencia que tienen los factores socio-culturales y
psicológicos en el desarrollo de la ciencia, más allá de los factores
racionales o lógico-metodológicos (insisten en una visión
"externalista" por encima de una visión "internalista": en el
predominio del "contexto de descubrimiento" sobre el de
"justificación"). La difusión de este "programa" ha tenido tanta
resonancia que a partir de 1970 se publican numerosos textos al
respecto, se imponen los cursos y seminarios en los programas de
postgrado de casi todo el mundo y nacen varias publicaciones periódicas
dedicadas, entre las cuales está la revista Social Studies of Science (desde 1970) y el anuario Sociology of Science Yearbook
(desde 1977). David Bloor (1976), uno de sus mayores exponentes,
distingue entre un programa "débil" y otro "fuerte". El "programa débil
de la sociología del conocimiento", según este autor, es más un
acercamiento general y difuso antes que un movimiento sistemático y se
diferencia por su tesis de que las creencias erróneas se explican a
partir de factores socio-históricos (incluye a Lakatos y a Kuhn dentro
de este programa, cosa que resulta muy discutible, a menos que ello se
entienda como antecedente histórico inmediato), mientras que el
"programa fuerte" es todo un movimiento organizado que considera los
factores socio-históricos como responsables de todas las creencias,
tanto las erróneas como las acertadas. Este "programa fuerte" tuvo a su
vez dos ramificaciones importantes, nacidas en dos centros
universitarios: una en la Unidad de Estudios de la Ciencia de
la Universidad de Edimburgo, en Escocia, a la que pertenecen el mismo
Bloor, Barry Barnes, Steve Shapin, Donald MacKenzie y John Henry,
principalmente, y otra en la Escuela de Bath, de la universidad del
mismo nombre, en Inglaterra, donde se gesta el conocido EPOR (Empirical Programme of Relativism),
cuyos mayores representantes son Harry Collins y Trevor Pinch, el cual
encabeza, a su vez, dentro de la metodología del EPOR, el programa
SCOST (Social Construction of Science and Technology; véase
Pinch y Bijker 1984). Las cuatro tesis centrales del EPOR, según Bloor
(1976), son "los principios de causalidad, imparcialidad, simetría y
reflexividad" (1976:7).
Un trabajo paralelo a
este "programa fuerte" es el de la llamada "escuela francesa", liderado
por Michel Callon, Bruno Latour y John Law con su "Teoría de la Red de
Actores", y, más en general, el de la "Etnometodología", conducido por
Harold Garfinkel, Steve Woolgar, Aaron Cicourel, Karin Knorr-Cetina y
el mismo Bruno Latour (para una reseña general, véanse Collins y
Yearley 1992, y Linch, Livingstone y Garfinkel 1983). La crítica de
este trabajo a todo el "programa fuerte", en general, implica una
radicalización de sus tesis del relativismo epistemológico hacia un
relativismo ontológico (especialmente Woolgar 1988).
Todo
este programa de la sociología del conocimiento, que surge en el seno
del enfoque idealista o subjetivista (tanto empirista como
racionalista), ha sido duramente criticado, entre muchos otros, por
Mario Bunge (el cual hace, además, una buena reseña de ese programa):
"Si bien los estilos respectivos presentan múltiples diferencias, no
dejan por ello de adherirse todos a una cantidad de dogmas compartidos.
Se trata del externalismo, tesis en cuyos términos el contenido
conceptual es determinado por el marco de referencia social; el
constructivismo o subjetivismo, según el cual el sujeto investigador
construye no sólo su propia versión de los hechos sino también los
hechos mismos y eventualmente el mundo entero; el relativismo, para el
que no existen verdades objetivas y universales; el pragmatismo, que
destaca la acción y la interacción a expensas de las ideas, e
identifica a la ciencia con la tecnología; el ordinarismo, que reduce
la investigación científica a pura transpiración sin inspiración,
negándose a reconocer a la ciencia un rango especial y a distinguirla
de la ideología, de la seudociencia y hasta de la anticiencia; la
adopción de doctrinas psicológicas obsoletas, como el conductismo y el
psicoanálisis, y la sustitución del positivismo, el racionalismo y
otras filosofías clásicas por multitud de filosofías ajenas a la
ciencia a incluso anticientíficas (…). Los sociólogos de la ciencia de
nuevo cuño son incapaces de entender la ciencia: en efecto, no explican
nunca qué es lo que distingue al hombre de ciencia de los demás
mortales; cuáles son, en su caso, las suposiciones filosóficas tácitas
y las normas metodológicas; qué diferencia a la investigación
científica de otras actividades humanas; cuál es su lugar en la
sociedad, y por qué la ciencia ha tenido tanto éxito en la comprensión
de la realidad y como propulsora de la tecnología. Y lo que es aun
peor, niegan que los hombres de ciencia posean un ethos propio y que
desarrollen una actividad cultural específica" (Bunge 1998:15-17).
2.2.3. La Naturalización de la Epistemología y la Epistemología Evolutiva
En
este período surgen dos prolongaciones importantes en el seno de los
dos enfoques realistas (empirista y racionalista): el de la
"Epistemología Naturalizada" y, para algunos insertado allí mismo, el
de la "Epistemología Evolutiva".
El programa de
la naturalización de la Epistemología es planteado muy especial y
definidamente por Willard Van Orman Quine (Quine 1969) sobre la base de
su tesis empirista según la cual no hay conocimiento previo a la
experiencia (todo conocimiento proviene en última instancia del mundo
externo) y sobre la base de su crítica a la epistemología tradicional
como proveedora de argumentos para la justificación del conocimiento.
Otros trabajos más amplios al respecto, pueden verse en Goldman (2002)
y en Kornblith(1994), donde también aparece un artículo de Quine: "La
Epistemología continúa, pero en una nueva configuración y en un estado
definido. La Epistemología, o algo como ella, pasa simplemente a tomar
su puesto como un capítulo de la Psicología y, por tanto, de las
ciencias naturales. Estudia un fenómeno natural, es decir, un asunto
físico humano. Este asunto humano se entiende como una cierta entrada
(input) experimentalmente controlada -ciertos patrones de irradiación
en frecuencias variadas, por ejemplo- y al cabo del tiempo el objeto
estudiado entrega, a la salida (output), una descripción del mundo
externo tridimensional y de su historia"(Quine 1969:82-83).
En
general, la epistemología naturalizada propone los mismos tratamientos
de las ciencias fácticas a la explicación de los procesos científicos,
pasando a ser un conjunto de teorías cuyo correlato empírico estaría
en la historia de la ciencia y susceptibles de generar sus respectivas
tecnologías, igual que cualquier otra ciencia fáctica. Esto contrasta
con las visiones tradicionales que conciben la epistemología como algo
independiente de los aspectos científicos relativos a los procesos
cerebro-mente y como análisis filosófico apriorístico. A partir de esa
noción general, hay distintas versiones de esta epistemología
naturalista, las cuales difieren en el modo en que visualizan las
relaciones con respecto a la ciencia fáctica, en la medida en que se
fundamentan en dicha ciencia para explicar los procesos científicos y
en el tipo de ciencias que consideran relevantes para el tratamiento de
los problemas epistemológicos.
Por su parte, la
epistemología evolutiva comienza a definirse con alguna claridad a
partir de la noción de "ensayo y error" de Popper (1963): el
crecimiento del conocimiento científico es comparable con la sucesión
de adaptaciones en la evolución, según lo cual una epistemología
evolutiva debería encargarse de explicar este tipo de crecimiento.
Otros representantes de las primeras versiones de la epistemología
evolutiva tradicional (ver Gontier 2006) son Konrad Lorenz (el
conocimiento innato es ontogenéticamente a priori y filogenéticamente a
posteriori), Jean Piaget (epistemología genética), Donald Campbell (a
quien se le atribuye la expresión "epistemología evolutiva"), Stephen
Toulmin (sobreviven las teorías más aptas y mueren las menos aptas) y
Peter Munz (darwinismo filosófico).
La tesis
general de la epistemología evolucionista es que la evolución biológica
condiciona cualquier comportamiento cultural, social y cognitivo, de
donde se sigue que los procesos cognitivos, incluyendo los que explican
el conocimiento científico, tal como la misma epistemología, dependen
de la evolución biológica. De allí en adelante, hay varias versiones de
esta epistemología evolutiva, cuyas diferencias están en los límites
que se conciben entre lo cognitivo y lo no cognitivo, en qué aspectos
cognitivos pueden estudiarse mediante esta epistemología y en qué
aspectos de la teoría evolutiva pueden aplicarse al estudio de los
hechos científicos (para una reseña general, en español, véase Ursua
1993).
2.2.4. Otras prolongaciones
Dentro
de los enfoques realistas, además de las ya reseñadas, surgen en este
lapso dos importantes nuevas tendencias, como continuaciones de los
planteamientos elaborados en el lapso inmediatamente anterior: una que
podría llamarse la visión Axiológica de las teorías y otra que podría
llamarse la visión Pragmatista. Y, dentro de los enfoques
idealistas-subjetivistas, además de las ya mencionadas, se plantean los
primeros avances en la llamada "visión de género" (women studies),
que luego, en los últimos 16 años, se consolidará en la llamada
"epistemología feminista". Vale la pena también mencionar,
específicamente dentro del enfoque empirista-realista, como
prolongación del neopositivismo, la llamada "concepción estructural de
las teorías". A continuación se describen brevemente estas tendencias.
La
visión axiológica es planteada por Larry Laudan, el mismo de las
"tradiciones de investigación", pero en términos de valores
epistémicos, cognitivos o intelectuales, entendiendo no "las normas
éticas ni las normas de conducta, sino las reglas y normas
metodológicas" (1984: XI), tales como verdad, coherencia, simplicidad y
fecundidad predictiva. En tal sentido, esta visión axiológica de Laudan
aparece en cierto modo vinculada a la llamada "epistemología de la
virtud", la cual discute ciertos ideales cognitivos, tales como
concentración, apertura, tenacidad, coraje, visión, introspección,
memoria, etc. Pero, más allá de esta concepción, se desarrolla luego
una visión axiológica referida a la ética, que sí incluye valores en
general (políticos, económicos, culturales, etc.), no sólo epistémicos,
la cual, para el enfoque racionalista-realista, tiene su origen
inmediato en las tesis sociopolíticas planteadas por Popper,
especialmente en "La Sociedad Abierta y sus Enemigos". Muchos años
antes, Bertrand Russell había escrito que "El impulso hacia la
construcción científica resulta admirable cuando no inhibe ninguno de
los demás impulsos principales que le dan valor a la vida humana, pero
cuando se le permite prohibir toda salida a cualquier cosa que no sea
él mismo, entonces se convierte en una forma de tiranía cruel" (Russell
1931:596). Es lo opuesto a lo dicho por Bunge (1998) en su dedicatoria:
"A la memoria de Guido Beck, mi profesor de física, quien me enseñó que
mis opiniones políticas no debían interferir con mis estudios
científicos". La idea esencial es que el objetivo terminal de la
ciencia es el control y la intervención sobre el mundo, en pos de la
felicidad de las sociedades. De allí surge la necesidad de dar
respuestas a preguntas tales como ¿cuáles son los criterios para
definir la felicidad de las sociedades? ¿A favor de qué parámetros
controlamos e intervenimos sobre el mundo? ¿Es lo mismo un control de
tipo neo-liberal, individualista, que un control de tipo socialista,
colectivista (Padrón 2004)? Es obvio que no se puede hacer ciencia sin
tener en mente esos criterios, sin pensar en las proyecciones
socio-políticas de los resultados de la producción científica. Sería
absurdo pensar que los científicos sólo hacen ciencia, dejando que los
políticos decidan qué hacer con el trabajo de ellos, con sus teorías
y con las tecnologías derivadas. Esta misma visión axiológica
racionalista-realista ya había sido trabajada desde mucho tiempo antes
por el enfoque racionalista-idealista (en especial la "Teoría Crítica"
de Frankfurt, con antecedentes en Marx, y por el "programa de la
sociología del conocimiento", arriba reseñado).
Íntimamente
relacionada con esta tendencia, aparece también la visión pragmatista
de la Ciencia, especialmente planteada por Ian Hacking (1983), quien,
modificando la célebre sentencia de Hanson, sostiene que toda
observación está cargada de práctica, de aplicaciones. Las
intervenciones son previas a la observación y a la explicación. En
realidad, esta visión pragmatista (ciencia como transformación)
coincide plenamente con las recientes políticas de los países
industrializados, que prefieren la investigación aplicada sobre la
investigación básica, desplazando la mayor parte de los fondos hacia la
primera.
Otro rasgo importante para este período es la explosión de los llamados "estudios de la mujer" (women's studies),
que en general empezaron a invadir prácticamente toda la vida de las
universidades y centros académicos y que, en lo referente a la ciencia,
sentarían las bases para una "epistemología feminista" (véase Alcoff,
1989, para detalles). La clave está en la noción de que el conocimiento
científico varía en dependencia de los prejuicios que favorecen al
hombre, como superior a la mujer. Esta tendencia nace dentro de los
enfoques idealistas-subjetivistas.
Finalmente,
en este mismo lapso, están los intentos de axiomatización o
formalización de las teorías científicas, dentro del enfoque
empirista-realista, como continuación del empirismo lógico de comienzos
de siglo. Patrick Suppes, a la cabeza de la escuela de Stanford,
promovió gran parte de estos intentos, seguidos luego por la
axiomatización conjuntista o informal del programa estructuralista de
Joseph D. Sneed, en el cual Moulines (1982, 1991) estudia la inserción
de los elementos pragmáticos arriba mencionados ("comunidad científica"
e "intervalo histórico").
Con todo el ciclo
descrito en 2.1 y las prolongaciones mencionadas en 2.2, se abre el
paso a las tendencias epistemológicas en los últimos 16 años. Como se
verá, estas tendencias recientes surgen bajo esta referencia del siglo
XX.
3. La Epistemología en los últimos 16 años (1990-2006)
Sobre
la base de lo dicho hasta aquí, se tiene ahora un enlace para
comprender las tendencias recientes de la epistemología, examinando el
nivel de desarrollo alcanzado y las potencialidades paradigmáticas o
los gérmenes de nuevos planteamientos dentro de cada uno de los
enfoques epistemológicos hasta 1990, aproximadamente. La exposición que
sigue quedará organizada en dos puntos: el primero organiza esas
tendencias recientes en términos de las "nuevas epistemologías" que se
consolidan desde esa década hasta el presente. El segundo analiza las
áreas problemáticas más destacadas. Sobra decir que los límites entre
todos estos puntos no son discretos ni que los aspectos de cada punto
no coincidan o se solapen con los de otros puntos.
3.1. Las "Nuevas Epistemologías"
La
expresión "nuevas epistemologías" no es en absoluto una expresión
técnica, sino divulgativa, tal vez un tanto retórica, probablemente
nacida más de los deseos de impactar acerca de novedades paradigmáticas
supuestamente revolucionarias que de la necesidad de análisis críticos
(algo similar a expresiones como "nuevo paradigma", "paradigma
emergente", etc.; ver Padrón 2000). Pero su uso es sumamente extendido
(al consultar dicha expresión por uno de los buscadores de Internet, el
resultado arrojó más de 900 citas en inglés, español, italiano y
francés), al punto de que parece conveniente usarla en esta exposición,
pero sólo para significar tendencias bastante cerradas y definidas en
torno a una denominación particular suficientemente conocida.
3.1.1. Las epistemologías subjetivistas (racionalismo y empirismo idealistas)
Desde
los '90, aproximadamente, hasta hoy en día, dentro de los enfoques
racionalista-idealista y empirista-idealista se han perfilado algunas nuevas epistemologías
que constituyen el desarrollo de ciertos rasgos temático-problemáticos
presentes desde las épocas anteriores, ya reseñadas arriba.
Esencialmente, se trata de los siguientes rasgos: el externalismo o la
influencia de factores socio-contextuales en los procesos científicos,
la inclusión del sujeto y de los actores en los procesos de búsqueda y
la interacción sujeto-objeto. Esto dio origen a las nuevas
epistemologías que se mencionan a continuación.
La
Epistemología Contextualista: Es una contraposición importante al
internalismo y al innatismo (Popper había dicho: "el 99.9% del
conocimiento de un organismo es heredado o innato y sólo una décima
parte consiste en modificaciones de dicho conocimiento innato"
1982:74), al mismo tiempo que intenta resolver algunos problemas
centrales planteados desde el escepticismo gnoseológico (lo que para
unos puede ser verdadero, para otros puede ser falso). Es por eso por
lo que la epistemología contextualista viene frecuentemente
manejada en relación con el escepticismo y con el externalismo.
Sostiene, en general, que los procesos científicos varían según el
contexto y se esfuerza en explicar la ciencia, la tecnología y la
investigación en dependencia de factores contextuales tales como las
intenciones y presuposiciones del grupo académico dentro del que ellas
tienen lugar, los estándares socioculturales locales, las creencias y
relaciones interpersonales, etc. Las posiciones más radicales, ubicadas
en el contextualismo ingenuo, al modo del relativismo de Knorr-Cetina,
Woolgar y Latour, sostienen que es sólo el contexto cultural el que
condiciona las variaciones en los procesos científicos y que ante ello
no vale nada la lógica interna de dichos procesos. Como puede
deducirse, algunos gérmenes de esta epistemología se encuentran en el
racionalismo-realista de Kuhn y Lakatos y en el empirismo-realista de
la visión estructural de las teorías de Moulines, los cuales comparten
que el elemento socio-histórico (pragmático) juega algún papel
modificador. Pero es básicamente en el enfoque racionalista-idealista
(teoría crítica de Frankfurt, círculo hermenéutico) donde están los
gérmenes más fuertes. En el enfoque empirista-idealista, por su parte,
esta epistemología contextualista se ha vinculado a los trabajos de
campo que exploran el contexto y se ha asociado a las nociones de
"comunidad epistémica" o "ciencia comunitaria" (community science),
en el sentido de que, si el conocimiento científico está limitado a un
contexto, entonces la investigación epistemológica debe restringirse a
estudiar sólo las ciencias contextuales, o sea, aquellos núcleos de
producción científica que se justifican en sus relaciones con el
contexto (véase, por ejemplo, Luke 2005, quien propone distintos
métodos de investigación contextualista). Dentro de esta epistemología
aparece el llamado perspectivismo, tendencia que parte de
suponer que todo conocimiento es contextual o "situado" (localizado o
focalizado, es decir, ligado a una comunidad de "conocedores") y que
todo conocimiento se funda en las experiencias de sentido común de los
agentes. De allí infieren que todo conocimiento es defectuoso. El modo,
entonces, de superar esa limitación consiste en adoptar muchas y
diferentes perspectivas teóricas y metodológicas que permitan una mayor aproximación a la "verdadera" realidad (el perspectivismo
parece diferenciarse del idealismo experiencialista en que admite la
existencia de una realidad "verdadera", externa, pero insiste en que la
verdad es pura "ilusión"; véase Tebes 2005).
La
Epistemología Feminista: Aun hoy en día esta epistemología luce como un
movimiento poco sistematizado, a pesar de la impresionante difusión de
trabajos y la asombrosa cantidad de centros académicos dedicados. Tal
vez esto se deba a que los "estudios de la mujer" (women's studies)
se han planteado desde una óptica sumamente general, muy abarcante
(feminismo, tendencias o corrientes feministas) que aborda
prácticamente todas las áreas de la vida humana y no tan siquiera,
específicamente, la filosofía ni mucho menos la teoría de la ciencia.
Es ampliamente conocida, sin embargo, la expresión Epistemología Feminista,
tanto en el sentido anglosajón (en cuanto "gnoseología" feminista, que
resulta más abundante), como en el otro sentido de meta-teoría,
adoptado en este trabajo. Un ejemplo que podría ilustrar episódicamente
las motivaciones de esta epistemología puede leerse en un artículo de
la prensa norteamericana (Billingsley 1966), en la cual se reseña un
debate a raíz de la inclusión de científicas, feministas radicales, en
la lista de lecturas del programa educativo "Proyecto Plutón", del
Laboratorio de Propulsión de Jet (Jet Propulsion Laboratory) de la NASA. Una de ellas, Sandra Harding, profesora universitaria en California, en uno de sus trabajos considera los Principia Matemática
de Newton como "un manual de violación", señalando que: "Las nuevas
ciencias del siglo XVII incorporaron tendencias poderosamente
burguesas, incluyendo la violación patriarcal, en que el hombre, como
científico, fuerza a la naturaleza a sus propios deseos (…).Tendríamos
que reinventar tanto la ciencia como el modo de teorizar acerca de ella
para dar sentido a la experiencia social de la mujer" (Billingsley
1966).
En la misma lista del Proyecto Plutón, según el citado artículo de prensa, se incluyen los trabajos de Nancy Tuana (Feminismo y Ciencia), de Sue Rosser (Ciencia amigablemente femenina
) y el de Mary Field Belenky y co-autoras (Formas de Conocimiento Femenino). Otra de las autoras incluidas en el Proyecto Plutón,
Alison Jaggar, de la Universidad de Colorado, propone una
transformación de la naturaleza humana que incluya capacidades físicas
antes limitadas a un solo sexo: "Tal transformación podía incluir
capacidades de inseminación, gestación y lactancia, de modo que, por
ejemplo, una mujer pudiera inseminar a otra, que hombres y mujeres no
parturientas pudieran amamantar y que en los cuerpos de mujeres y aun
de hombres pudieran transplantarse óvulos fertilizados" (Billingsley
1966).
Entre las reacciones de algunos
científicos está la de Robert Park, de la Sociedad Americana de Física
en Washington: "Todo esto me parece espeluznante. Me refiero al
argumento de estas mujeres, según el cual la ciencia es del todo
culturalmente basada y no existe la verdad objetiva. Es algo
espeluznante para un laboratorio dedicado a la ciencia" (Billingsley
1966). Y Paul Gross, jefe del Centro para Estudios Avanzados de la
Universidad de Virginia: "Ninguna de las mujeres de esa lista sabe
absolutamente nada de ciencia".
La tesis general de la epistemología feminista
parte de la crítica de que las teorías de la ciencia están
masculinamente sesgadas, así que las mismas deberían reencuadrarse
menos masculinamente. La ciencia es hasta ahora sensible al género, por
lo cual, abandonando ese sesgo masculino, se promoverían avances más
rápidos y amigables. Esta tesis, como es de suponer, es manejada desde
ángulos que varían por su radicalismo, desde los más fuertes hasta los
más moderados. En otras interpretaciones, esta tesis se focaliza en
distintas perspectivas: las críticas al sexismo contra la mujer; el
machismo como rasgo de la modernidad y el feminismo de la
posmodernidad; el feminismo como variante del contextualismo; las
metodologías femeninas en la ciencia; el razonamiento científico
femenino, etc.
Entre los aportes dentro de la epistemología feminista
puede citarse uno de los trabajos de la misma Sandra Harding, antes
mencionada, en el que, además de otros documentos de reseña, incluye su
propia versión de la epistemología feminista, basándose en un
"materialismo histórico feminista" (Harding 2004). Por supuesto, sobran
los enemigos de la epistemología feminista, incluyendo mujeres.
La
Epistemología Social: Aunque algunos de sus gérmenes, e incluso la
expresión, se remontan a la década de los '70, es desde los albores de
los '90 cuando llega a convertirse en movimiento sistemático,
organizado, especialmente a raíz de la fundación de la revista Social Epistemology (la cual tiene su propia Web en http://www.tandf.co.uk/journals/routledge/02691728.html
). En una de sus vertientes la epistemología social
prolonga y desarrolla las tesis socio-historicistas de Kuhn, en
general, postulando que los procesos científicos se ven estrictamente
afectados por las relaciones sociales y por los hechos culturales. Pero
otra de sus vertientes responde mucho más a los planteamientos del
programa fuerte, relativista, de la sociología del conocimiento
(en la versión del EPOR, antes reseñado). Como fundadores, dentro de la
primera vertiente, suele citarse a dos autores importantes: uno es
Steve Fuller (2002) y otro es Alvin Goldman (1999).
El primero responde a la pregunta de cómo debería organizarse la producción de conocimientos y concibe la epistemología social
dentro de una visión filosófica empirista, como la principal meta de
toda epistemología, sobre la base de que todo conocimiento es
intrínsecamente social. Su visión del conocimiento científico en
realidad se orienta a las aplicaciones políticas, gubernamentales,
organizacionales y gerenciales, desde puntos de vista sumamente
técnicos y analíticos. En el primer capítulo de su obra fundadora dice
lo siguiente: "La pregunta fundamental del campo de estudio que llamo
epistemología social es: ¿cómo debería organizarse la búsqueda del
conocimiento, dado que en circunstancias normales el conocimiento es
buscado por seres humanos, cada uno de los cuales trabaja en un área de
conocimiento más o menos bien definida y está dotado de aproximadamente
las mismas capacidades cognitivas imperfectas, aunque con diferentes
grados de acceso a las actividades de uno con respecto a las de los
otros? Sin saber nada más sobre la naturaleza de la epistemología
social, se puede decir que la misma tiene un interés normativo, que es
el de llegar a algún tipo de óptima división del trabajo cognitivo. En
otras palabras, en palabras que sólo un marxista o un positivista
podrían realmente apreciar, al epistemólogo social le gustaría poder
mostrar cómo los productos de nuestras búsquedas cognitivas son
afectadas al cambiar las relaciones sociales según las cuales los
productores de conocimiento se vinculan entre sí. Como resultado, el
epistemólogo social habría de ser el hacedor ideal de políticas
epistémicos" (Fuller 2002:3).
Alvin Goldman, por su parte, parece conectarse más bien con la intersubjetividad
y con el mundo 3 de Popper (1982), en cuanto que recoge la idea de que
nadie produce conocimiento en solitario, no existen los "conocedores
solitarios" (solitary knowers, en Goldman 1999) y cosas como la
Escuela y la Educación, en cuanto transmisoras de conocimiento, además
del fenómeno lingüístico de las preguntas, en que un interlocutor
recibe información de otros, y además de las entidades del tercer mundo
popperiano (el arte, la religión, la misma ciencia, etc.) revelan que
el conocimiento es compartido, o sea, tiene bases, fuentes y
justificaciones de tipo social, interpersonal. Además, en esta
concepción de Goldman está implícita la noción de "transindividualidad"
del conocimiento y de "programas de investigación" de Lakatos. En esa
misma concepción puede re-interpretarse la divulgada frase de Newton
(luego parafraseada por Einstein), según la cual el mérito individual
de su trabajo consistió en "haberse montado sobre hombros de gigantes".
Puede decirse que la epistemología social de Goldman es
consistente con el enfoque racionalista-realista: "Aunque el fenómeno
de las preguntas es interpersonal, la búsqueda de la verdad no es
universalmente o necesariamente social. Para comprobar la probabilidad
de que llueva, uno puede personalmente mirar al cielo en vez de
consultar los pronósticos del clima. Una enorme porción de nuestras
búsquedas, sin embargo, es directa o indirectamente de carácter social.
Es directamente social cuando uno verbalmente pide información a otros
o cuando consulta textos escritos. Es indirectamente social cuando la
propia actividad cotidiana, aunque autónoma, explota las habilidades
intelectuales que otros adquirieron a través de la educación formal o
informal. Las dimensiones sociales del conocimiento resultan dramáticas
en la sociedad moderna, que abunda en empresas proveedoras de
información, desde periódicos y bibliotecas hasta la Internet. Las
sociedades complejas delegan las misiones de recolección y difusión del
conocimiento en muchas agencias especializadas. Los sistemas de
justicia se instituyen para determinar quién perpetra crímenes o
agravios; los censos se orientan a obtener estadísticas poblacionales y
las escuelas se establecen para transmitir conocimiento. Estas
actividades y empresas conforman el punto de partida de la
epistemología social, tal como aquí es concebida. La epistemología
tradicional, especialmente en la tradición cartesiana, fue altamente
individualista, centrándose en las operaciones mentales de los agentes
cognitivos, con independencia o abstracción de otras personas. Este es,
aproximadamente, el punto de vista tradicional que yo he llamado
'epistemología individualista' (…). Dada la naturaleza profundamente
colaborativa e interactiva del conocimiento, especialmente en el mundo
moderno, la epistemología individualista requiere una contraparte
social: la 'epistemología social'" (Goldman 1999:3-4).
Con lo dicho hasta aquí, parece claro que las fundaciones de la epistemología social
no pertenecen en modo alguno a los enfoques idealistas-subjetivistas,
como se pauta en el encabezado de este aparte. La propuesta de Fuller
es empirista-realista (en el marco del paradigma empirista lógico del
siglo XX), mientras que la propuesta de Goldman es
racionalista-realista (en el marco del paradigma falsacionista del
siglo XX). Según esto, esta epistemología no debía haber sido reseñada
en esta sub-sección. Pero, como se dijo antes, aparte de estos
fundadores, la epistemología social fue un punto emblemático y
generalizado para los paradigmas adscritos a los enfoques
idealistas-subjetivistas, como se verá enseguida. Incluso, su
tratamiento resulta actualmente mucho más explotado por el
"constructivismo social", subjetivista y relativista, que por los
enfoques realistas de Fuller y Goldman (sin negar que estos siguen hoy
en día su propio curso paralelo; un ejemplo es la revista "Episteme. A
Journal of Social Epistemology", nacida en el 2004 y que acaba de
ofrecer su edición del 2006, disponible en
http://www.episteme.eu.com/). Por esa razón, el lector entenderá que la
epistemología social tiene sus versiones realistas, hasta aquí
presentadas, que podrían reseñarse en su respectiva sección, pero que
se exponen en esta otra por razones de economía expositiva, atendiendo
al hecho de que sus versiones subjetivistas-relativistas han sido más
emblemáticas, históricamente hablando.
La versión relativista de la epistemología social
se revela en la negación práctica de la diferencia entre lo cognitivo o
lo lógico-metodológico interno de la ciencia y lo social, externo.
Mientras en las versiones anteriores se postulaba una interacción entre
ambas a la hora de dar cuenta de los procesos científicos, aquí se
propugna la idea de que la primera de ellas es producto de la segunda,
con lo cual no existen sino relaciones socio-culturales que generan los
mismos procesos cognitivos y la lógica interna del conocimiento
científico. Un externalismo total y un marcado relativismo caracterizan
esta otra tendencia de la epistemología social. Aquí intervienen tanto los del programa empírico del relativismo (el EPOR: Barnes, Bloor, Pinch, Collins, etc.; ver arriba) como los de la escuela francesa
(Woolgar, Cicourell, etc.; ver arriba). Intervienen también otras
corrientes recientes en las esferas del posmodernismo, constructivismo,
reflexivismo, etc. (ver Ashmore, 2004, quien además hace toda una
crítica a la versión de Steve Fuller). Más que proveer una explicación
lógico-metodológica de la ciencia, o al menos una explicación que
considere las interrelaciones entre lo lógico y lo social, lo que se
plantea es la interpretación hermenéutica del funcionamiento de las
comunidades productoras de conocimiento, a la luz de condiciones
estrictamente socio-culturales o socio-simbólicas.
Hasta
ahora, dado el auge que tienen en nuestras universidades
latinoamericanas las visiones adscritas a este último enfoque
epistemológico (investigación, cualitativa, posmodernismo,
constructivismo…), esta versión subjetivista-relativista de la epistemología social parece ser la única conocida y divulgada.
Otras
epistemologías subjetivistas: En esta parte se agrupan otras "nuevas
epistemologías" adscritas al enfoque subjetivista, que resultan de
menos resonancia en el mundo académico (sin negarles cualquier mérito
intrínseco que pudieran tener). Una de ellas es la llamada
"etnoepistemología" (Ethnoepistemology), asociada al enfoque
empirista-subjetivista y al paradigma de los tratamientos etnográficos
en general (cultural-focales, cultural-regionales), con fuertes raíces
en la antropología de comienzos de siglo. Esta epistemología parte de
la consideración de que la práctica científica convencional o
estandarizada ("ciencia normal", en términos de Kuhn) es apenas una
entre muchas manifestaciones de la ciencia, al lado del conocimiento
campesino y folklórico, por ejemplo, o el de los adivinos, shamanes,
sacerdotes, magos, curanderos, etc. En este sentido, la ciencia
occidental no es superior sino sólo paralela. La "ciencia", entonces,
no es lo que definen las comunidades científicas del mundo académico
convencional, sino aquella actividad de construcción de conocimiento
útil que ocurre al interior de las comunidades étnicas. Quedan
planteadas tres áreas problemáticas globales dentro de la etnoepistemología:
el conocimiento ordinario popular, el conocimiento especializado y el
conocimiento epistemológico mismo. Para una reseña y amplia
bibliografía, véase Maffie y Triplett (2003). Está también la epistemología constructivista, conectada unas veces con el constructivismo social del programa empírico del relativismo y con el relativismo ontológico de la escuela francesa (Woolgar 1988), otras veces con la llamada
new age philosophy
y con el posmodernismo (constructivismo idealista extremo y
anti-racionalismo: la razón ha muerto, cualquier sueño es realidad y
viceversa, etc.) y otras veces con las mismas tesis ya planteadas
dentro del racionalismo realista, al cual se le ignora (el conocimiento
es construcción cognitiva, las teorías no tienen por qué ser espejos
exactos del mundo, etc., lo cual conduce a un constructivismo
trivial). Es, aproximadamente, dentro de esta visión donde tiene lugar
la crítica de Sokal y Bricmont (1999) y también, probablemente, la
llamada "guerra de las dos culturas".
3.1.2. Las epistemologías empiristas realistas
Aquí se agrupan aquellas nuevas epistemologías
surgidas en las décadas recientes, muchas de ellas con raíces lejanas
en el pasado, caracterizadas por una visión empirista, inductivista,
analítica y objetivista, bajo la tradición del paradigma neopositivista
del Círculo de Viena (el enfoque de la ciencia de los objetos observables).
La Epistemología Testimonial: Es llamada también "epistemología del testimonio" (testimony epistemology, epistemology of testimony) y, para muchos, está incluida en la epistemología social
(Fuller 2002). Surge dentro del problema de las fuentes del
conocimiento y de la justificación del mismo y desarrolla las
condiciones bajo las cuales el conocimiento en general, incluyendo el
científico, resulta válido no a partir de las propias construcciones
del agente, sino de los procesos de transmisión desde otras personas.
Es, precisamente, en el caso de la ciencia donde más se revelan los
mecanismos transmisivos, testimoniales, como fuentes de conocimiento
válido, en el sentido de que gran parte de la producción científica se
fundamenta en lo que otros investigadores han logrado y han comunicado.
Las mismas nociones de comunicación, difusión y transferencia
científicas sólo pueden ser explicadas dentro de una epistemología testimonial.
Los orígenes remotos de esta tendencia están en los siglos XVII (John
Locke) y XVIII (David Hume y Thomas Reid). Dos de los autores
fundamentales en esta epistemología son Robert Audi y Anthony Coady
(1995). Este último rebate la tendencia del sujeto (cartesiano, por
ejemplo) a defender su propia autonomía de juicio respecto a lo que los
demás le transmiten y, en cambio, sostiene que "las cogniciones
racionales y empíricas no pueden suplantar completamente a las
testimoniales, ya que dependen de esta última, al menos bajo el perfil
del horizonte lingüístico y comunicativo dentro del cual son
elaboradas" (1995:18). Sostiene también que "el testimonio es una
fuente de información tan fundamental como lo es la percepción
individual, la memoria individual y la inferencia individual. Todo
nuestro mundo de entendimiento, creencias y conocimiento se funda
fuertemente en nuestra confianza en lo que otras personas nos dicen"
(entrevista en Radio ABC, 2004, en http://www.georgetown.edu/faculty/jod/encounter.htm).
Hay cuando menos cuatro áreas problemáticas a las que se orienta la reciente epistemología testimonial.
La primera tiene que ver con la naturaleza del testimonio: ¿acoger una
proposición testimoniada implica que el agente cree en dicha
proposición? ¿En qué se diferencia un testimonio de una afirmación?
¿Exige el testimonio la condición de que el agente sea sincero? La
segunda se refiere a la diferencia entre testimonios de expertos y
testimonios de no expertos: ¿se requiere que el agente sea un experto
en la información testimoniada? Y la tercera atiende a la relación
entre testimonio y verdad: ¿cómo explicar los testimonios
deliberadamente falsos? ¿Cómo explicar las reservas u ocultamientos
deliberados de información? ¿Cómo explicar los testimonios que son de
terceras personas pero que se fingen como propios u originales, que es
el caso de los plagios y otras deshonestidades en la ciencia? Este
tercer aspecto vincula estrechamente la epistemología del testimonio
con la ética científica y con el concepto de "ciencia y valores". Un
cuarto aspecto problemático tiene que ver con la medida en que el
testimonio depende de otras fuentes de conocimiento, lo cual divide a
los especialistas en dos grupos: los reduccionistas, que
consideran que la fuente testimonial se justifica a partir de otros
elementos que están más cerca de una base (percepción, memoria,
razonamiento…) y los no-reduccionistas o emergentistas,
que consideran que la fuente testimonial es independiente de otros
factores y se justifica en sí misma. Aunque en los últimos años ha
habido una ingente producción de estudios dentro de esta epistemología,
es evidente que quedan muchos problemas por resolver.
La
epistemología probabilística o bayesiana: Aunque esta epistemología
tiene sus raíces en el mismo Thomas Bayes, del siglo XVIII, y se
desarrolló a mediados del siglo XX, en los últimos años se ha
fortalecido como tendencia epistemológica (véase una exposición
reciente en Bovens y Stephan 2003). Originalmente la epistemología probabilística
se orientó a la justificación de la inducción, tanto en el sentido de
un aparato formal para la lógica inductiva (lo cual había sido una de
las máximas aspiraciones del Círculo de Viena, en especial de Rudolph
Carnap) como en el sentido de una prueba pragmática de la racionalidad
epistémica (self-defeat test), ampliando las leyes que justifican la deducción de modo que también justifiquen la inducción.
Sin
embargo, aparte de sus aplicaciones a la teoría de la decisión, a la
psicología, al aprendizaje y a muchos otros campos, los más relevantes
aportes de la epistemología bayesiana en los últimos 16 años
tienen que ver con los procesos científicos. La teoría bayesiana de la
confirmación, por una parte, permite el análisis de las prácticas
científicas y, por otra parte, tiene amplias aplicaciones a la
investigación social, concretamente en lo que desde no hace mucho se ha
llamado epistemología social bayesiana (incluyendo una epistemología bayesiana del testimonio).
Una de las ideas centrales en esto es que la investigación científica
procede transindividualmente (ver arriba) y no es un solo científico,
sino grupos de científicos quienes deciden lo que es o no aceptado
dentro de cada área de trabajo. De hecho, prácticamente todo trabajo
de investigación es sometido a la aprobación de algún grupo de expertos
(llámese "jurado", "comisión de arbitraje", "evaluadores", etc.). En
estos casos las aplicaciones de la epistemología bayesiana o probabilística
permiten un manejo controlado del trabajo de los expertos en torno a
las investigaciones sobre las que deben decidir. Estas aplicaciones
permiten, por ejemplo, normar la estructura de confiabilidad de los
reportes. Permiten también, dados múltiples reportes producidos por
muchos evaluadores, usar un razonamiento probabilístico que determine
el grado de confiabilidad de cada uno de ellos, para decidir cuáles
merecen mayor credibilidad. En otro campo de aplicación, los
razonamientos probabilísticos permiten también homogeneizar o integrar
globalmente en un solo paquete múltiples reportes evaluativos, incluso
divergentes entre sí, obteniendo un único resultado. En la práctica,
para citar un ejemplo más concreto, en la investigación empírica basada
en instrumentos abiertos (cuestionarios no estructurados, entrevistas
libres, etc.) recientemente se ha difundido la aplicación bayesiana
llamada "coeficiente de proporción de rangos", dentro de la fase
interna de validación de resultados: se someten los hallazgos a la
consideración de un grupo de expertos y luego las valoraciones de estos
expertos son procesadas mediante esta técnica del coeficiente de
proporción de rangos. Al final de este procesamiento se obtiene una
escala decisoria del tipo 'igual o menor que 0.8, concordancia
inaceptable; mayor que 0.8 y menor que 0.9, concordancia aceptable;
mayor de 0.9, concordancia muy aceptable'. Con esto quedarían validados
los resultados de la investigación, si se adopta esta aplicación.
Una de las consideraciones que resultan curiosas en la relación entre la epistemología probabilística
y la investigación social (en especial atendiendo a este último
ejemplo), es que queda implícita la posibilidad de hacer
investigaciones empírico-realistas usando técnicas abiertas de
recolección de datos, al modo de la investigación cualitativa,
superando así la creencia tradicional de que ese tipo de
investigaciones sólo podía trabajar con diseños experimentales o
cuasi-experimentales, del tipo de análisis de varianza, regresión múltiple,
etc. Es decir, parece abrirse la posibilidad de hacer investigación
"neopositivista" mediante técnicas abiertas, no estructuradas, sin
diseños referidos a medias poblacionales en el examen de relaciones
entre variables, ya que uno de los principios de la epistemología bayesiana es la posibilidad de delegar la validez de los resultados en grupos de expertos (epistemología testimonial bayesiana). Habría así un acercamiento sorprendente, propio del siglo XXI, entre la investigación
medicional y las instrumentaciones propuestas por la investigación cualitativa. El gran problema de esto es que parece contradictorio confesar un enfoque subjetivista (cualitativista,
en la herencia de Alfred Schutz) y al mismo tiempo creer en las
probabilidades ("el ser humano no es medible"), de lo cual se infiere
que las ofertas de esta epistemología no se orientan a la llamada
"investigación cualitativa", sino sólo a los trabajos adscritos al
enfoque empirista-realista. A pesar de eso, en nuestros postgrados es
frecuente ver hoy en día trabajos de investigación de corte
fenomenológico, vivencialista y hermenéutico que al mismo tiempo
aplican estas derivaciones de la epistemología probabilista,
incurriendo así en graves vicios de inconsistencia epistemológica (algo
así como decir: "el ser humano no es medible, pero lo estoy midiendo").
No hay duda de que los próximos desarrollos de la epistemología probabilista
habrán de ser clave en ciertos redimensionamientos de la investigación
social para los años que siguen. De modo particular, hay que
reconocerle a la epistemología bayesiana, aunque no se
comparta, el mérito de abrir perspectivas con respecto a ciertas
brechas epistemológicas del siglo XX. La muerte del positivismo, como
aducía Popper (1977, ¿quién mató al positivismo lógico?), en realidad está todavía lejos, al menos en cuanto enfoque epistemológico subyacente.
La
epistemología de la percepción: Como se infiere de todo lo dicho hasta
aquí, el enfoque empirista realista (y los enfoques empiristas en
general) están en la obligación de justificar la validez de los datos
de los sentidos en contacto con la realidad (validez de la experiencia). Por tanto, nada más urgente que una epistemología de la percepción,
es decir, una meta-teoría que justifique los procesos científicos
alimentados por fuentes perceptuales. De allí la enorme importancia que
tiene en la producción científica actual el desarrollo de una epistemología de la percepción.
El
punto de partida es que todo nuestro conocimiento fáctico depende del
modo en que vemos, oímos, olemos, gustamos y tocamos el mundo exterior.
El problema está en si podemos confiar en los conocimientos generados
por estas formas de contactarnos con el mundo. En primer lugar, está el
asunto de saber cuáles de estos contactos sensoriales generan conceptos
mentales, representacionales, y cuáles no, más las diferencias entre
ambos tipos de cosas (creencias perceptuales y contactos perceptuales).
Después está el problema de la potencialidad de estas percepciones
(técnicamente, la diferencia entre justificación y causación): ¿generan conocimiento confiable (creencias justificadas)
o sólo "causan" o "provocan" o "inducen" ciertos conocimientos, sin que
podamos decidir si son falsos o no (recuérdese el caso de los
espejismos en el desierto, por ejemplo)? Luego, sobre la base de esta
diferencia entre sensación pura y creencia formada, queda la pregunta
por el proceso en virtud del cual se pasa de la primera a la segunda:
¿cómo es posible la formación de conceptos mentales definidos, como es
el caso del conocimiento científico, partiendo de sensaciones o
experiencias sensoriales? Una respuesta histórica que debe ser
considerada es el hecho de que el ser humano ha ido creando
instrumentos cada vez más sofisticados que sustituyen y resultan más
eficientes que nuestros sentidos (prolongaciones perceptuales:
telescopio, microscopio, imaginología, acústicas, ecosonografías,
etc.), lo cual, aunque permite prever ciertas posibilidades
tecnológicas suprasensoriales, también revela la incapacidad natural de
los sentidos: ¿hasta qué punto se puede confiar en un aparato sensorial
que se demuestra limitado e, incluso, engañoso y, por tanto, hasta qué
punto se puede confiar en prolongaciones tecnológicas que pueden ir
mejorándose cada vez más sin que sepamos cuál es el punto de desarrollo
máximo, perfecto? Finalmente, ¿cómo puede supeditarse la capacidad
cerebral, responsable de la formación de conceptos y creencias, a la
simple percepción? Imaginemos a un individuo que nace sin ninguno de
los sentidos naturales: ¿sería incapaz de cualquier conocimiento? Al
revés, imaginemos un individuo que nace con todos sus sentidos, pero
que, imaginariamente, careciera de cerebro y de procesamiento mental:
¿podría formar conceptos y generar conocimientos? Este es un panorama
general, tal vez rudimentario o escaso, al que se enfrenta la epistemología de la percepción.
Se distinguen varias divergencias en las interpretaciones de una psicología de la percepción, de las cuales es importante el debate entre fundacionalismo y coherentismo:
lo que se discute es el modo en que se relacionan entre sí los
elementos del conocimiento generado perceptualmente, con dos
respuestas: fundacionalismo y coherentismo. Según la
tesis del fundacionalismo, todo es como una especie de gran edificio,
con conocimientos básicos ("fundamentales") sobre los cuales descansan
(se justifican) todos los demás que están por encima, de modo que cada
uno de ellos se justifica sobre los que están más abajo, hasta llegar a
los que están en la base, que son "fundamentales", y que no requieren
de otros para ser justificados (son incorregibles o irrefutables) y
seguros (no pueden ser puestos en duda). El coherentismo, en cambio, ve
todo como una red, en un mismo plano, en la cual unas creencias se
justifican en el marco de esas relaciones reticulares, en la medida en
que resultan "coherentes" unas con respecto a otras.
3.1.3. Las epistemologías racionalistas-realistas
En este aparte se reseñan las nuevas epistemologías surgidas en el seno del enfoque de las ciencias de los objetos calculables o pensables,
caracterizadas por las convicciones de que es la razón la fuente
genuina de la producción de conocimientos; de que, sin pensar en cómo
podría ser la realidad en sí misma, la función de la ciencia es
construir modelos que imiten su funcionamiento y de que no es necesaria
la posibilidad de observar los hechos, sino que basta con poder
imaginar (calcular) su estructura interna, mediante el doble recurso
iterativo del ensayo y error (hipótesis 1 -> falsación 1 ->
hipótesis 2 -> falsación 2…,-> hipótesis n -> falsación n).
La
epistemología evolucionista: En la sección referida a los antecedentes
del siglo XX (sección 2.2.3) se mencionaron las bases de esta
epistemología, al lado (o dentro) de la epistemología naturalizada
de Quine (1969). Esta naturalización de la epistemología nace en el
seno de una visión empirista-realista y fue también recogida y
reinterpretada, a su modo, por los enfoques subjetivistas (por ejemplo,
la epistemología feminista, la etnoepistemología, las versiones
idealistas de la epistemología social y aun el EPOR suelen declararse
como naturalistas). Luego, más o menos paralelamente, surgen
también las propuestas del racionalismo realista, pero esta vez bajo la
noción de evolución. Sus proponentes para esa fecha (hasta 1990, más o
menos: Popper, Lorenz, Campbell, etc.; ver arriba) son ahora
considerados dentro del grupo de los epistemólogos "evolucionistas
tradicionales" o "epistemología evolutiva tradicional", basados en la
tesis general de la adaptación: "la ciencia, o el progreso de
la ciencia, pueden ser considerados como medios usados por las especies
humanas para adaptarse el medio" (citado en Losee 2003:140). Pero esta
tesis después logró recorrer mucho camino, sufrió varios cambios y
generó nuevas tesis en los últimos 16 años, siempre dentro del enfoque
racionalista-realista. Se mantiene la idea muy general de que toda
epistemología evolutiva consiste en explicar los procesos de
conocimiento (incluyendo el científico) desde el punto de vista
biológico de una teoría evolutiva, usando modelos y analogías que den
cuenta de los cambios conceptuales y científicos y del desarrollo de
teorías. Pero la simple tesis adaptacionista dio paso a la tesis de la selección natural
(especificando los mecanismos universales de dicha selección o
selectividad universal), a la evolución desde el punto de vista del
organismo, a la evolución desde la perspectiva de los genes, a la
interacción organismo-medio, a las teorías basadas en el principio de
la simbiogénesis universal y varias otras innovaciones, casi todas las
cuales provienen de la biología evolutiva y la mayoría de las cuales
resultan más aplicables al estudio del conocimiento en general que al
conocimiento científico en particular.
Sin
embargo, al lado de esta vertiente orientada a la evolución del
conocimiento en general, conocida como el "programa de la evolución de
los mecanismos epistémicos" (el programa EEM, por sus siglas en
inglés), dedicado a explicar la evolución de los aparatos cognitivos
(sistemas cerebrales, motores, sensoriales), nació también el "programa
de la epistemología evolucionista de las teorías" (programa EET: Evolutionary Epistemology of Theories),
dedicado a explicar la evolución de las teorías, metodologías y
culturas científicas, en buena parte desde el ángulo evolutivo de la
selección natural. Dentro de este programa, hace cinco años se publicó
en inglés el interesante libro de William S. Cooper, "La evolución de
la razón: la lógica como rama de la biología" (The Evolution of Reason: Logic as a Branch of Biology),
donde explica la derivación evolutiva de la matemática, la lógica de
decisiones, la lógica deductiva, la lógica clásica y las lógicas no
clásicas. Esta obra representa un paso importante en la epistemología
evolutiva de al menos un área importante del conocimiento científico.
Por
lo demás, recientemente se ha estado trabajando mucho en dos
distinciones meta-teóricas: la que diferencia entre la evolución dentro
de un mismo individuo (evolución ontogenética, cuyos orígenes están en
la epistemología genética de Piaget) y la evolución a lo largo de la
especie (evolución filogenética). Por ejemplo, la pregunta de si los Estilos de Pensamiento
(Padrón 2002) pudieran cambiar a lo largo de la vida de una misma
persona o si pudieran haber cambiado a lo largo de la evolución de la
especie humana se enmarca dentro de esa distinción ontogénesis/ filogénesis.
La otra distinción meta-teórica que se maneja en los desarrollos
actuales es la de una epistemología evolucionista
descriptiva-explicativa versus una epistemología prescriptita-normativa.
El
futuro inmediato de esta epistemología evolucionista parece estar
marcado por la oposición entre una visión progresista, acumulativa,
conducida perfectivamente (podría decirse que casi teleológicamente y
hasta determinísticamente) hacia un conocimiento científico
convergente, que pueda llegar al máximo de los ideales popperianos de verosimilitud y certidumbre
(también Einstein creyó en esta visión general en física) y otra visión
indeterminista, aleatoria que, lejos de considerar una llegada a
centros convergentes, considera una explosión de divergencias al
término de una línea evolutiva anárquica, imprevisible y ateleológica.
En breve, y por encima de la epistemología, es el debate entre la
visión de una evolución centrada en fines, dirigida a metas, y la
visión de una evolución azarosa.
La
epistemología naturalizada racionalista: La ya mencionada tesis de
Quine fue también recogida y reinterpretada dentro de este enfoque
deductivista-teoricista, con mucho menos modificaciones que en el caso
del subjetivismo. Esencialmente, el cambio ha estado en una inversión
de la trayectoria de búsqueda entre el plano empírico (la historia de
la ciencia) y las hipótesis meta-teóricas (explicaciones conjeturales).
Mientras en la epistemología naturalista empirista (la original) se
parte inductivamente del plano observacional de la historia de la
ciencia para encontrar patrones de regularidad en el plano
meta-teórico, en la epistemología naturalista racionalista se parte de
modelos hipotéticos en el plano meta-teórico para luego ser falsados en
el plano observacional de la historia de la ciencia, bajo el mismo
estándar popperiano del ensayo y error. Esto implica un importante
énfasis en la historiografía de la ciencia (más que en la simple historia de la ciencia), como terreno de contrastación de los modelos epistemológicos racionalistas.
Por
otra parte, la misma propuesta de Quine en el sentido de que la
epistemología se convierta en una rama de la psicología ha sido
reinterpretada en el marco de la llamada "revolución cognitiva",
asociada a cosas como la inteligencia artificial, la lingüística
computacional y generativa, las relaciones mente-cuerpo, la robótica,
el conocimiento ordinario, etc., tendencias que, por lo demás, habían
nacido también dentro de la tradición racionalista-realista de mediados
del siglo XX. De hecho, ya para esa época el mismo Chomsky había
sostenido que la lingüística debía ser parte de la psicología cognitiva
y que el lenguaje había de ser estudiado como un objeto natural,
sobre la base de su concepción del lenguaje como módulo cognitivo
adscrito al equipamiento biológico del ser humano (al menos en parte,
el célebre debate entre Quine y Chomsky pudo haber ayudado al
desplazamiento del naturalismo empirista de Quine hacia un naturalismo
racionalista y anti-conductista). De esto se deriva que una de las
presuposiciones centrales de esta epistemología naturalizada
racionalista está en que no existen diferencias estructurales
significativas entre el llamado "conocimiento de la psicología
ordinaria" y el conocimiento científico. En Padrón, Hernández-Rojas y
Di Gravia (2005) se argumenta que las únicas diferencias relevantes
entre ambos tipos de conocimiento están en las propiedades de
"socialización" y "sistematización", esto es, en el hecho de que el
conocimiento científico tiene mayores alcances fuera del área de la
individualidad subjetiva y, además, resulta replicable y canónico.
Atendiendo a una visión evolucionista, es muy probable que el
conocimiento científico haya sido el producto de un crecimiento
progresivo del conocimiento ordinario primitivo hacia niveles cada vez
más elevados en esas escalas de socialización y sistematización, nada
de lo cual implica diferencias lógico-estructurales internas
significativas.
La epistemología cognitiva:
Entre las consecuencias de la epistemología naturalizada que se termina
de sintetizar, el estudio del conocimiento científico vendría a ser
parte de las ciencias cognitivas, es decir, los procesos científicos se
analizarían desde el ángulo de los mismos modelos de las ciencias
cognitivas. En realidad es esta visión naturalizada del conocimiento
científico, dentro del enfoque racionalista-realista, lo que conduce
directamente a una Epistemología Cognitiva, mediante un puente
de continuidad y estrecha vinculación. Un estudio fundamental en ese
sentido es el de Carruthers, Sigeal, Stich (2002), en cuyo prefacio se
lee lo siguiente (las preguntas formuladas allí ilustran del sentido y
alcance programático de esta epistemología): "La intención detrás de
este proyecto fue la de agrupar a un conjunto seleccionado de
filósofos, psicólogos y especialistas en ciencias cognitivas para
orientar preguntas como las siguientes: ¿qué elementos hay en la
cognición humana que nos habilitan o nos adaptan para hacer ciencia?
¿Tienen las competencias científicas algún tipo de bases innatas
específicas o son en cambio socialmente construidas mediante mecanismos
generales de aprendizaje? ¿De qué modo se adaptan entre sí diferentes
elementos de nuestra cognición para sostener el tipo de razonamiento
científico? ¿Hasta qué punto existen continuidades entre los procesos
cognitivos involucrados en el desarrollo del niño (los mismos que están
involucrados en las sociedades cazadoras-recolectoras) y los que son
específicos de la investigación científica? ¿Hasta qué punto los mismos
sesgos típicos del razonamiento humano impactan en la ciencia y qué
puesto ocupan las emociones en una explicación adecuada de la actividad
científica? ¿Qué tan importante es la dimensión social de la ciencia
para comprender la ciencia y la cognición científica? (2002:XI).
Obsérvese
una de esas preguntas: ¿Hasta qué punto existen continuidades entre los
procesos cognitivos involucrados en el desarrollo del niño (los mismos
que están involucrados en las sociedades cazadoras-recolectoras) y los
que son específicos de la investigación científica? Esto implica ya
ciertas conexiones con las epistemologías naturalizada y evolucionista
y entre los planos ontológico y filogenético. Es lo que hace que
dentro del enfoque racionalista realista haya una interrelación
estrecha entre las diferentes epistemologías manejadas en los últimos
años.
Como ya se sugirió, esta epistemología
asume que la lógica de los procesos científicos inobservables tiene una
base cognitiva, lo que también podría significar que no son las
dimensiones sociales lo que centra el interés de la epistemología cognitiva,
entre otras razones porque buena parte de los racionalistas tiene una
visión internalista de los procesos mentales, incluyendo los de la
ciencia. En la tradición del innatismo chomskyano y popperiano, por
ejemplo, quedan marginados los esfuerzos por explicar los factores
externos de la cognición.
Entre las respuestas más recientes de la actual epistemología cognitiva
al problema del conocimiento científico, es representativo el trabajo
de Gooding, Gorman, Kincannon y Tweney (2005), en el cual se compilan
estudios como, por ejemplo, el de David Klahr ("Un marco para los
estudios cognitivos de la ciencia y la tecnología", Cap. 4, pp. 81-96),
el de David Gooden ("Viendo el bosque por los árboles: visualización,
cognición e inferencia científicas", Cap. 9, pp. 173-218), el de Susan
Bell y otros ("Rompecabezas y peculiaridades: cómo los científicos
atienden y procesan las anomalías durante el análisis de datos", Cap.
5, pp. 97-118) y el de Kevin Dunbar y Jonathan Fugelsanj ("El
pensamiento causal en la ciencia", Cap. 3, pp. 57-80).
Hasta
aquí la reseña explicativa de las llamadas "nuevas epistemologías".
Alguien, quizás, podría extrañarse de que no hay mención a tendencias
recientes importantes, tales como la "epistemología de la virtud" (virtue epistemology,
sumamente frecuente en la bibliografía especializada), la
"epistemología moral", la "epistemología de la religión", la
"epistemología reformada" y algunas otras más. Una de la razones
(además del espacio) es que dichas epistemologías no se refieren a la
ciencia sino al conocimiento en general, ya que, como se dijo al
principio, en ciertos ámbitos académicos se considera la
epistemología como estudio del conocimiento humano, globalmente
entendido, dentro de lo cual se manejan esas epistemologías, mientras
que aquí se adopta una concepción más específica.
3.2. Problemas y debates en la epistemología reciente
Estas
nuevas epistemologías que se terminan de reseñar y que constituyen
tendencias recientes en el desarrollo de la epistemología, se han
presentado como variaciones observables de unos pocos enfoques
epistemológicos subyacentes, con lo cual se intenta cumplir con el
objetivo de explicar esas tendencias, más que de describirlas como
simple secuencia anecdótica de datos históricos. Lo importante de esto
es que las variaciones observables o paradigmas, tanto en la ciencia
como en la misma epistemología que analiza la ciencia, podrían ser
explicadas como transformaciones o realizaciones de sistemas de
convicciones preteóricos o precognitivos (enfoques epistemológicos). Es
la hipótesis que se ha intentado manejar en toda esta exposición.
Pero,
mientras por un lado estas variaciones pueden ser estudiadas en sus
formas más compactas, organizadas y consolidadas, como es el caso de
las "epistemologías" aquí presentadas, también es posible, por otro
lado, estudiarlas en rasgos desagregables menores, como sería el caso
de los problemas particulares y correlativas divergencias que han
empujado tanto la formación de los anteriores paradigmas compactos
como, globalmente hablando, el desarrollo reciente de la epistemología.
Esto último es lo que se trata de hacer en esta sección. Sin
pretensiones de exhaustividad, debido a la enorme proliferación de
problemas y tratamientos divergentes, se tratará de apuntar hacia
cuestiones esenciales, asociándolas siempre a la misma hipótesis de los
enfoques epistemológicos. Se delimitarán en primer plano los problemas
más importantes y, en segundo plano, se interpretarán las
correspondientes soluciones divergentes desde la perspectiva de los
distintos enfoques epistemológicos. No se mencionarán los problemas
clásicos, anteriores al siglo XX (el origen del conocimiento, la
relación con el objeto, etc.), ni tampoco aquellos de ese mismo siglo
que no han llegado a tener mayores desarrollos ni avances
significativos (algunos problemas han sufrido un cierto estancamiento),
sino sólo aquellos en torno a los cuales se han reportado novedades
interesantes. Como se dijo al principio, se descartarán también los
tratamientos propios más de la gnoseología que de la epistemología
(teoría de la ciencia).
3.2.1. El problema de la justificación
Obviando
algunas discusiones en torno al significado del término
"justificación", este problema surge cuando el investigador o los
usuarios de una investigación se preguntan por el grado de credibilidad
o de confianza que se puede depositar en los resultados obtenidos. Los
niños, por ejemplo, atraviesan una cierta etapa "contrastiva" en la que
se empeñan en averiguar las bases sobre las cuales decidir si creen o
no en aquello que se les dice: "¿y quién te dijo eso?", "¿cómo sabes tú
eso?", "¿cómo sé si eso es verdad?" son preguntas típicas de esa edad.
Se sabe ya, desde la época de la falsación de Popper, que jamás
podríamos garantizar la verdad de los hallazgos de la ciencia, ni de
ningún otro dato informativo, pero sí podríamos identificar sus
errores. Y, mientras no se identifiquen errores, también podemos ir
acumulando indicios que aumenten la verosimilitud o el grado de
certidumbre de esos hallazgos. Los neopositivistas del siglo XX, por su
parte, también identificaron que la investigación científica tenía dos
aspectos: el de las circunstancias sociales, culturales y psicológicas
que promueven un cierto hallazgo, al cual llamaron "contexto de
descubrimiento", y el de los pasos operativos bien-definidos
(metodológicos, procedimentales, instrumentales) a través de los cuales
se llega a tales hallazgos, al cual llamaron "contexto de
justificación". Para el enfoque empirista-realista, nadie creería en
ciertos hallazgos atendiendo sólo al contexto de descubrimiento.
Muy pocos tomarían en cuenta justificaciones del tipo "x es verdad
'porque lo presiento…', 'porque lo soñé…', 'porque me lo dijo un
ángel…', 'porque se le ve en los ojos…'", etc. La dificultad está en
que los hallazgos de conciencia, íntimos, exclusivamente subjetivos,
son incomunicables, pertenecen sólo al individuo y nadie más puede
replicar o reproducir esos hallazgos. Pero en los enfoques
idealistas-subjetivistas, por el contrario, se confía en "el
asentimiento del lector experimentado y competente en una impresión
'sí, es así'. Tal lector competente comprueba, pues, hermenéuticamente,
la contundencia de lo dicho en su propia experiencia de vida; él
examina el texto bajo el punto de vista de si reproduce o interpreta
adecuadamente esta experiencia (…). La auténtica fortaleza del método
fenomenológico está en el 'nivel individual' de los que lo aplican
(amplitud de experiencia o de inteligencia o ambas cosas a la vez)"
(Seiffert 1977:241, 244).
Por otra parte, el
problema de la justificación del conocimiento científico se plantea
también desde el plano de sus usuarios en la sociedad, el de las
personas comunes: en una obra reciente (Ladyman 2002:13-14) se formula
este problema a través de un diálogo en que uno de los personajes reta
al otro a explicar por qué sus creencias, basadas en lo que dicen los
científicos, están mejor justificadas que las creencias en los ángeles
y los demonios o los espíritus y la brujería. "Desde luego", dice el
autor, "hay muchas cosas que todos creemos y que no podemos comprobar
directamente por cuenta propia; por ejemplo, yo estoy convencido de que
el arsénico en grandes dosis es tóxico, pero, hasta donde puedo
recordar, ni siquiera he visto jamás un frasco de arsénico ni he
comprobado sus efectos" (2002:13), de modo que uno suele confiar en lo
que le dicen y uno justifica esas creencias por el hecho de que en sí
mismas aparecen dotadas de justificación, pero al individuo común no le
consta nada de eso. "Nos gusta creer, sin embargo", continúa el autor,
"que hay una diferencia entre nuestras creencias científicas y las
creencias en la brujería, lo cual explica por qué gastamos tanto en
medicinas y tratamientos médicos cuando todo sería mucho más barato con
unos cuantos sortilegios y sacrificios de animales. (El individuo
común) piensa que el método científico es lo que hace la diferencia,
que sus creencias son producidas y comprobadas por dicho método y que
todo ello tiene algo que ver con experimentos y observaciones"
(2002:14). De hecho, la publicidad comercial, en sus intentos
persuasivos, suele recurrir a expresiones como "científicamente
comprobado", "de base científica", "producto de largas investigaciones
científicas", etc.
Las divergencias en el
tratamiento e intentos de solución de este problema han sido múltiples
y variadas en las últimas décadas. Cabe destacar, dentro del empirismo
realista, los resultados "por evidencias", prolongación del tradicional
"naturalismo metodológico" o "naturalismo científico" (que no tiene que
ver con la epistemología naturalizada) en el contexto del
neopositivismo y de sus tesis respecto a la "confirmación". En la
medicina actual, por ejemplo, se ha difundido mucho el "diagnóstico por
evidencias". Igualmente, en ese mismo enfoque, la epistemología del testimonio
(Coady 1995; ver arriba) intenta proveer respuestas serias a la
justificación del conocimiento científico, no sólo en el mismo plano
interno de la investigación científica sino también en el plano de los
usuarios ordinarios de la ciencia, con lo cual buscan responder al
problema antes mencionado de por qué los individuos comunes solemos
confiar en los conocimientos científicos. Otra respuesta divergente, en
el marco del racionalismo realista y de su representación popperiana,
es el "falibilismo". Ya formulada en pleno siglo XX ("no hay verdades
terminantes, conclusivas o definitivas"), en los años recientes se ha
detallado, profundizado y debatido mediante muchos estudios. Desde el
2000 para acá, el falibilismo ha debido responder a las
acusaciones de escepticismo (no se plantea la imposibilidad del
conocimiento, sino las limitaciones del equipamiento cognitivo, más la
esperanza de ir progresando lentamente hacia la verdad; ver
Hetherington 2002). También ha tenido que enfrentar los cargos de
circularidad, precisando sus propias definiciones y nociones implícitas
(si el conocimiento es falible, también lo es esa misma frase; ver Reed
2002) y, finalmente, ha desembocado en algunas variantes internas de
esa misma tesis, que han generado otras formas de falibilismo, siendo
una de las más interesantes el análisis de las teorías como organismos
que tienen una especie de "fecha de vencimiento" o marca de caducidad
(ver Morton 2003, en especial el capítulo 5).
Otras
posturas respecto a este problema pueden ubicarse en relación con el
debate externalismo/ internalismo, en una de sus varias acepciones
corrientes. Para el externalismo, la justificación del conocimiento
debe buscarse en áreas externas, más allá de una lógica de la ciencia.
Allí pueden situarse algunas posturas del enfoque racionalista en la
tradición de Kuhn, Lakatos, Laudan y de la epistemología social de
Alvin Goldman (1999), tal como el "narrativismo" (narrative justification,
que ubica la referencia justificativa en la historia y en los programas
de investigación). También se encuentran en el externalismo las
versiones sociohitoricistas herederas de la Escuela de Frankfurt (teoría crítica:
el conocimiento se justifica en las esferas de poder y control y en las
relaciones de dominación), así como las posiciones intimistas o
subjetivistas en la línea de Seiffert (1977), desde donde se han
acentuado las implicaciones de la hermenéutica y la fenomenología a
favor de los factores intuitivos, reflexivistas (se ha llegado,
incluso, a hablar de justificaciones "sujetológicas"). En el
internalismo, en cambio, la justificación del conocimiento debe
buscarse en áreas estructurales internas, lógico-metodológicas, como la
relación observación-contrastación (empirismo realista) y las
condiciones lógico-formales, meta-teóricas, de adecuación no empírica
(racionalismo realista). Una tendencia internalista que se ha acentuado
es el "instrumentalismo", ya formulado desde hace mucho (el
conocimiento científico se justifica no en su grado de verdad/falsedad,
sino en su eficiencia para explicar, predecir y derivar tecnologías de
control), pero recientemente reformulado mediante tesis pragmatistas y
utilitarias vinculadas a la aplicabilidad de la ciencia ("toda
observación está cargada de intervención", al decir de Hacking 1983).
Quedan
por fuera, por razones de espacio, muchas ofertas de solución que
podrían ser tan importantes como las que se han mencionado. Sin
embargo, el punto central es que hoy en día este problema de la
justificación del conocimiento está sumamente lejos de ser medianamente
resuelto y, probablemente, jamás se llegue a una solución, considerando
que las bases de discusión se hallan en el plano pre-cognitivo de los
enfoques epistemológicos (el plano de la indecidibilidad de los
debates).
3.2.2. El problema de las ciencias sociales
Otro
de los problemas que ha ocupado el desarrollo de la epistemología
reciente es el de las ciencias sociales, sobre todo en su relación con
las ciencias naturales (una buena reseña de este desarrollo puede verse
en Turner y Roth 2003). Aparte de las producciones orientadas en sí
mismas a una epistemología de las ciencias sociales (como el caso de
Bunge 1999), lo más interesante está en la evolución del debate sobre
las diferencias específicas, radicales y sustantivas entre "ciencias
del espíritu" y "ciencias de la naturaleza", para decirlo en los mismos
términos en que se ventiló dicho debate desde comienzos del siglo XX.
Como se sabe, Dilthey impugnó la concepción y métodos de las ciencias
naturales en los estudios sociales, por considerar que se fundamentaban
en las relaciones de causalidad (cosa que dejaría de ser cierta con el
correr de los años), imposibles de aplicar en las "ciencias del
espíritu", proponiendo a cambio las nociones de comprensión e
interpretación e introduciendo la "hermenéutica" (uno de sus primeros
esfuerzos académicos había sido escribir la biografía de
Schleiermacher, estudioso de la hermenéutica, para ese entonces casi
olvidado). Luego Husserl ampliaría muchas de estas ideas y añadiría la
concepción "fenomenológica" de los estudios sociales, quejándose de las
imprecisiones anteriores. Tácitamente dirige su crítica también a
Dilthey, a juzgar por lo que dijo en su famosa conferencia de Viena:
"Actualmente en todas partes encontramos la ardorosa necesidad de
entender el espíritu y ya la ambigüedad de la conexión metodológica y
factual entre ciencias naturales y ciencias del espíritu resulta
insoportable. Dilthey, uno de los grandes científicos del espíritu, ha
dirigido toda su energía vital a clarificar la conexión entre
naturaleza y espíritu (…). Los esfuerzos de Windelband y Rickert en ese
mismo sentido desafortunadamente no han logrado formar la idea deseada.
Como todos, estas personas siguen todavía atados al objetivismo" (puede
verse la versión inglesa en
http://www.users.cloud9.net/~bradmcc/husserl_ philcris.html).
La
Escuela de Frankfurt recogería después estas mismas tesis (Habermas,
por cierto, con su noción de "ciencias empírico-analíticas", confunde
en una misma clase tanto al empirismo como al racionalismo de su propia
época, tal vez intentando reproducir la misma idea de "ciencias de la
naturaleza"). Y, finalmente, desde el último cuarto de siglo hasta
ahora, la tesis de la especificidad epistemológica y metodológica de
las ciencias sociales frente a las ciencias naturales ha tenido un auge
especial, igual que críticas también muy especiales. Y algo curioso en
este auge es que no se ha limitado sólo a las publicaciones
especializadas, sino que ha trascendido significativamente a la
práctica cotidiana de la investigación universitaria en casi todo el
mundo. Bajo declaraciones explícitas de complejidad del fenómeno
social, de necesaria subjetividad y, a veces, de hostilidad diltheyana
hacia las ciencias naturales, en nuestras universidades se diseñan
proyectos y trabajos de grado y ascenso que resultan fieles
aplicaciones de esta tesis, aunque no siempre estén enraizadas en un
dominio directo de las perspectivas de fondo, sino más bien en
informaciones "testimonialmente" transmitidas por profesores y por
alguna bibliografía puntual. Como en muchas otras cosas, de esta
práctica investigativa resultan dos tendencias académicas: una que
honesta y seriamente ensaya los postulados de las "ciencias del
espíritu", esforzándose en atender a las necesidades de credibilidad y
validación intersubjetiva de los resultados, y otra que aprovecha las
compuertas de la subjetividad y del relativismo para hacer retórica,
literatura o discurso vanidoso, sin ideas de fondo (Padrón 2000). Es la
misma motivación de las imposturas intelectuales de Sokal y Bricmont (1999), que además tiene muchos antecedentes (como la de Popper en Against the big words, entre otras muy numerosas).
Las
últimas versiones de esta tesis de la especificidad de las ciencias
sociales se asocian fuertemente al relativismo, al anti-realismo, a la
subjetividad, al holismo indiscriminante y, en síntesis, al "todo vale"
de Feyerabend. Parece inevitable citar, en este sentido, a Edgar Morin,
con sus nociones de las tres teorías, la auto-organización, la
epistemología de la complejidad, la oposición entre pensamiento lineal
y pensamiento complejo, el conocimiento enciclopedante y, más
recientemente, las de transcomplejidad, transdisciplinariedad, etc.
(véase la célebre "carta de la transdisciplinariedad" de la reunión
internacional celebrada en el convento de la Rábida, España, en 1994).
La versión de Morin respecto a la especificidad de las ciencias del
espíritu puede sintetizarse en la idea de que las ciencias naturales
son desdeñables porque aíslan el objeto de estudio, excluyen al sujeto
de su propia investigación y de su propia relación con su objeto y
descartan todo aquello que no pueda ser expresado en términos lógico o
matemáticos (de hecho, Morin comenzó siendo cinematógrafo surrealista y
jamás se especializó en matemática, lógica ni en ciencias naturales,
aunque impresiona su capacidad para aprovechar convenientemente ciertas
nociones de la física, la matemática y la termodinámica de sistemas).
Por supuesto, hay muchas objeciones obvias, sin profundizar demasiado,
que se le pueden hacer a estas tres razones de Morin y, en general, a
todo su trabajo y a su tipo de discurso, tan obvias que muchos no se
explican la repercusión que ha tenido en niveles internacionales e
institucionales (por ejemplo, la UNESCO creó en El Salvador la "Cátedra
Itinerante de Pensamiento Complejo y Transdisciplinariedad"; se creó
también la "Asociación por el Pensamiento Complejo y la
Transdisciplinariedad" con sede en París y delegaciones en varios
países; y, en la actualidad, son más bien pocos los seminarios
doctorales en los que no se manejan las propuestas de Morin).
Uno
de los recursos frecuentes de esta tendencia es la de reinterpretar
arbitrariamente ciertas cosas de la física y la matemática, a su propio
favor. Por ejemplo, la teoría einsteniana de la relatividad y los problemas del observador en física se malentienden como relativismo subjetivo
("todo es relativo al sujeto"), añadiendo además retóricas tremendistas
del tipo "la relatividad conmocionó terriblemente los pilares de la
física newtoniana"; las nociones de complejidad y caos, nacidas con los
tres cuerpos de Poincaré y la mariposa de Lorenz, son
malinterpretadas como necesidades de anarquía, desorden y pereza mental
en las ciencias sociales; y la incertidumbre de Heisemberg, que por
cierto está definida con una fórmula matemática muy precisa, es
malentendida como preferencia por los misterios y oscuridades. De
hecho, en muchas de las versiones actuales de esta tendencia resulta
obvio el gusto por la zona de los misterios y los arcanos enigmáticos e
impenetrables, aquella zona donde reinan a su antojo los gurúes y los
profetas. Por lo demás, sobra añadir que todo esto aparece vinculado a
las tendencias globalizantes del New Age, al constructivismo
idealista, al pensamiento posmodernista y, más en general, a un cierto
renacimiento del discurso deslumbrante y anticognitivo que, según
parece, podría estar tipificando al naciente siglo XXI.
Las
objeciones a esta tesis de la especificad sustantiva de las ciencias
del espíritu o ciencias sociales pueden sintetizarse en lo siguiente:
primero, no es cierto que las ciencias naturales sistemáticamente se
orienten por la relación de causalidad ni por la necesidad de
observación-experimentación; tampoco es cierto que sólo consideren los
objetos observables; tampoco es cierto que excluyan lo que no es
medible ni formalizable (en realidad, los sistemas formales son sólo
recursos lingüísticos que traducen pensamientos, para lo cual el
investigador puede contratar a cualquier experto que formalice sus
ideas, en caso de que él mismo no sepa cómo hacerlo); tercero, el
holismo es una operación mental que fija sus propios linderos de
demarcación conceptual, de donde se sigue que el error metodológico
estaría sólo en dejar por fuera elementos relevantes para el análisis,
pero los "todos" carecen de existencia ontológica; finalmente, el hecho
de que los objetos sociales puedan dar testimonio de sí mismos, lo cual
no ocurre con una piedra o un cometa, por ejemplo, no implica un cambio
epistemológico sustantivo, sino apenas, a lo sumo, un cambio
procedimental e instrumental. En síntesis, los argumentos esgrimidos
desde la óptica de esta tendencia no parecen rebatir los ideales de una
ciencia unificada (por cierto ¿no es una contradicción al
holismo la pretensión de ver como cosas separadas las "ciencias del
espíritu" y las "ciencias de la naturaleza"? ¿Por qué no trabajar en
una visión holística de ambas cosas?). En cualquier caso, las
discusiones se hacen imposibles cuando se sostiene que este tipo de
contra-argumentos pertenecen a un "pensamiento lineal", ante lo cual se
termina cualquier conversación.
Por otro lado,
en los enfoques empiristas y racionalistas ha habido también
importantes desarrollos en el tratamiento epistemológico de las
ciencias sociales, independientemente del debate que se acaba de
exponer. A modo de ejemplo, pueden citarse los estudios que relacionan
lógica de decisiones y grados de creencia; los estudios en metodología
de la elección racional; la modelación matemática y simulación
computarizada de modelos en ciencias sociales; el análisis y evolución
del concepto de comprensión en ciencias sociales, etc. (más detalles en
Turner y Roth 2003). Para un trabajo bastante completo en epistemología
de las ciencias sociales, que incluye una propuesta de superación del
dualismo analiticidad/holismo, y muchos otros aspectos en discusión,
véase Bunge (1999).
Sólo se consideraron dos
grandes áreas problemáticas en la epistemología reciente, probablemente
las más importantes, pero jamás las únicas. Ha quedado por fuera una
gran cantidad de estudios y reseñas. Algunas áreas problemáticas no
tratadas aquí son, por ejemplo, la de los fines o metas de la ciencia,
tanto en el plano teórico como práctico; la que concierne al método
(problemas de la inducción, deducción, intuición…); la que tiene que
ver con el determinismo e indeterminismo, etc. Razones de espacio
impiden un tratamiento que sea al mismo tiempo exhaustivo, práctico y
referencial. Sin embargo, el objetivo de esta exposición fue la de
proponer un marco explicativo, no histórico, no descriptivo y no
anecdótico en torno a las tendencias recientes en epistemología. Es de
esperar que, utilizando este mismo marco explicativo, cualquiera pueda
ahondar en una visión mucho más completa.
4. Conclusiones
Lo
que se ha expuesto conduce a varias preguntas y consideraciones. Una
pregunta central se refiere a la función de los estudios de
epistemología en los postgrados, en la formación de investigadores y en
la práctica cotidiana de la investigación en nuestras universidades
latinoamericanas. Sin pretensiones de respuesta, parece importante
evaluar el tipo de orientación que en tal sentido se le suele dar a la
epistemología. Si esta disciplina es orientada en un sentido de
erudición filosófica, de discusiones pormenorizadas o de profundidades
altamente especializadas, se perderían las necesarias conexiones con
los intereses más concretos de los estudiantes e investigadores. Lo
mismo, o peor, ocurre cuando la epistemología es orientada en términos
de reflexión libre, subjetivista, relativista y cargada de buen hablar
y de discursos brillantes. No se niega que la primera de esas dos
orientaciones, aquella de tendencia profundamente técnica y erudita, es
parte necesaria de la formación especializada de filósofos. Tampoco se
niega que la segunda de ellas puede generar dividendos a la hora de
ahorrar esfuerzo intelectual y hasta dividendos de prestigio individual
e influencia. Pero, en términos muy generales, debería considerarse una
orientación de la epistemología como fundamento para la investigación
que se realiza en la práctica y para la gestión de la misma en los
planos curricular e institucional. Se ha dicho hasta la saciedad que el
conocimiento científico y tecnológico es la base del desarrollo social,
de modo que las sociedades que produzcan ese conocimiento serán las más
aventajadas, mientras que las que no lo hagan se verán condenadas a
importarlo, acentuando así sus ataduras de subordinación y colonización
y alejándose de las metas de soberanía e independencia. Es urgente,
entonces, promover la investigación como recurso para la producción
autónoma de conocimientos, lo cual depende no sólo de la creación de
experticias y aprendizajes individuales y grupales, sino también de la
eficiente gestión y organización de los procesos investigativos. ¿Y
sobre qué bases, directrices y referencias podría promoverse y
conducirse todo eso? Es allí donde interviene la epistemología,
concebida como teoría que explica el conocimiento científico y no como
erudición filosófica ni como reflexión retórica.
Ya
el tiempo ha mostrado que las referencias para la investigación no
están en los manuales de "metodología de la investigación" ni en los
textos normativos institucionales. Las discusiones y decisiones en
materia de ciencia se resuelven sólo en la epistemología teóricamente
entendida, asociada a la historia de las investigaciones, que es su
correlato empírico, y no en los seminarios, manuales y textos de metodología
de la investigación. No basta, por ejemplo, con que nuestros
estudiantes e investigadores justifiquen sus diseños o sus operaciones
de trabajo remitiéndose a lo que dice el autor de tal o cual manual de
metodología (manuales que, por cierto, a menudo omiten las referencias
a una teoría de la ciencia), ya que estaríamos ante una simple falacia
ex auctoritate, algo así como si se dijera "la operación p es
correcta porque así lo estipula en su manual el señor o la señora k".
Es necesario que el estudiante maneje directamente nociones
epistemológicas que expliquen o intenten explicar determinadas
operaciones a la luz de un cierto marco conceptual insertado en un
enfoque epistemológico determinado. Pero para ello se necesita una
formación epistemológica de alcances explicativos, no normativos (ni,
por supuesto, eruditos ni retóricos). En realidad, si la epistemología
es una teoría, entonces debería ser posible derivar de ella sus
tecnologías asociadas, con lo cual la vieja "metodología de la
investigación" pasaría a ser sustituida por una "tecnología de la
investigación", en el sentido de sistemas prácticos, aplicativos,
teóricamente basados y con mayores alcances.
Otro
tanto habría que decir con respecto a los mecanismos de gestión
institucional de investigaciones, donde no bastan las nociones
prescriptivas tomadas de las áreas gerenciales y organizacionales en
general, ya que la conducción de los procesos de investigación implica
tomas de decisión que resultan sumamente específicas y cuyos
fundamentos particulares no se hallan sino en una teoría de la
investigación.
Otra consideración que podría
ser importante concierne a la necesidad de visiones de continuidad e
interrelación en el tratamiento de los contenidos epistemológicos, lo
cual remite una vez más al carácter explicativo de la epistemología.
Las visiones descriptivas, anecdóticas o históricas, en las que el
estudiante se ve obligado a memorizar nombres de autores, fechas y
títulos de obras no parecen conectarse con la necesidad de una base de
discusión y de decisiones a la hora de diseñar investigaciones y de
gestionar ese tipo de procesos. Hace falta que todos esos contenidos
epistemológicos sean interrelacionados en cuadros coherentes de alcance
explicativo. Aquí se trabajaron algunos de esos posibles cuadros (la
hipótesis de los enfoques epistemológicos, la noción de estructura
diacrónica, etc.; ver la sección 1) y, al menos superficialmente,
parecen ser eficientes para interrelacionar los contenidos
epistemológicos. Pero, evidentemente, no son los únicos ni,
probablemente, los mejores, así que quienes tienen responsabilidades e
intereses en el área de la epistemología podrían ir aportando nuevas y
mejores ideas al respecto. Lo importante es contar con algún tipo de
recurso que evidencie los nexos entre los contenidos epistemológicos y
que los haga más fecundos y más próximos a las necesidades prácticas de
la investigación universitaria.
Aunque el tema
de esta exposición estuvo regulado por ciertas intenciones de
actualización en la materia, se pretendió también, en el fondo, ofrecer
un marco explicativo proyectado hacia la discusión de las posibilidades
de aplicación práctica de la epistemología en nuestros postgrados. Es
de esperar que estas ideas puedan ser un aporte para esa discusión.
Bibliografía
Alcoff, L. 1989. Justifying feminist social science. En: Tauna, N. (ed.): Feminism in Science. Bloomington: Indiana University Press. pp. 85-103.
Ashmore, M. 2004. Social epistemology and reflexivity: Two versions of how to be really useful. Argumentation 8 (2): 157-161.
Billingsley, K. L. 1996. Feminists Flavor NASA Program: Radical Authors on Lab's Study List. The Washington Times. February 4: 5.
Bloor, D. 1976. Knowledge and social imagery. London: Routledge.
Bovens, L. y Stephan, H. 2003. Bayesian Epistemology. Oxford: Clarendon Press.
Bunge, M. 1998. Sociología de la Ciencia. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.
Bunge, M. 1999. Buscar la Filosofía en las Ciencias Sociales. México: Siglo XXI.
Carruthers, P., Sigeal, M. y Stich, S. (eds.) 2002. The Cognitive Basis of Science. Cambridge: Cambridge University Press.
Chomsky, N. 1988. Language and Problems of Knowledge. The Managua Lectures. Cambridge, Mass.: MIT.
Coady, C. A. 1995. Testimony: A Philosophical Study. New York: Oxford University Press.
Collins, H. y Yearley, S. 1992. Epistemological Chicken. En: A. Pickering (ed.): Science as Practice and Culture. Chicago: The University of Chicago Press. pp: 301-326.
Einstein, A. y Infeld, L. 1950. La Física, Aventura del Pensamiento. Buenos Aires: Losada.
Fuller, S. 2002. Social Epistemology. Bloomington: Indiana University Press.
Goldman, A. L. 1999. Knowledge in a Social World. New York: Oxford University Press.
Goldman, A. L. 2002. The Sciences and Epistemology. En: Moser, P. (ed.). The Oxford Handbook of Epistemology. New York: Oxford University Press, pp. 144-595.
Gooding, D., Gorman, M., Kincannon, A. y Tweney, R. (eds) 2005. Scientific and Technological Thinking. Mahwah, NJ: Lawrence Erlbaum Associates.
Gontier, N. 2006. Evolutionary Epistemology. The Internet Encyclopedia of Philosophy. [Documento en línea. Disponible: http://www.iep.utm.edu/e/evo-epis.htm
. Consulta: 01/11/06].
Hacking, I. 1983. Representing and Intervening: Introductory Topics in the Philosophy of Natural Sciences. Cambridge: Cambridge University Press.
Harding, S. (ed.) 2004. The Feminist Standpoint Theory Reader: Intellectual and Political Controversies. Dordrecht, Netherlands: Springer.
Hetherington, S. 2002. Fallibilism and Knowing That One Is Not Dreaming. Canadian Journal of Philosophy 32: 83-102.
Kornblith, H. (ed.) 1994. Naturalizing Epistemology. Cambridge, Mass: MIT Press.
Kuhn, T. 1975. La Estructura de las Revoluciones Científicas. México: FCE.
Ladyman, J. 2002. Understanding Philosophy of Science. London: Routledge.
Lakatos, I. 1978. Metodología de los Programas de Investigación. Madrid: Alianza.
Laudan, L. 1984. Science and Values. Berkeley: University of California Press.
Linch, M., Livingstone, E. y Garfinkel, H. 1983. Temporal Order in Laboratory Work. En: Knorr-Cetina, K. y Mulkay, M. (eds). Science Observed. London: Sage.
Losee, J. 2003. Theories of Scientific Progress: An Introduction. New York: Routledge.
Luke, D. A. 2005. Getting the big picture in community science: methods that capture context. American Journal of Community Psychology 35(3/4): 185-200.
Maffie, J. E. y Triplett, T. 2003. What is Ethnoepistemology. Colorado: University of Colorado. [Documento en línea. Disponible:
http://ucsu.colorado.edu/~brindell/soc-epistemology/Bibliographies/Ethnoepistemology/ethnoepistemology.htm. Consulta: 01/11/06]
Meja, V. y Stehr, N. (eds). 1999. The Sociology of Knowledge. Cheltenham, UK: Edward Elgar Reference Collection.
Morton, A. 2003. A Guide through the Theory of Knowledge. Malden, Mass.: Blackwell.
Moulines, C. 1982. Exploraciones Metacientíficas. Madrid: Alianza.
Moulines, C. 1991. Pluralidad y Recursión. Madrid: Alianza.
Padrón, J. 1998. La Estructura de los Procesos de Investigación (mimeo). Publicado en Revista Educación y Ciencias Humanas 9(17): 33. [Documento en Línea. Disponible:
http://padron.entretemas.com/Estr_Proc_Inv.htm. Consulta: 01/11/06]
Padrón, J. 2000. La Neosofística y los Actuales Sofismas. Cinta Moebio 8: 1-41. http://www.moebio.uchile.cl/08/padron.htm
Padrón, J. 2002. El Problema de Organizar la Investigación Universitaria. Diálogos Universitarios de Postgrado 11: 9-33. [Documento en línea. Disponible:
http://padron.entretemas.com/Organizar_IU.htm. Consulta: 01/11/06]
Padrón, J. 2004. Investigación y Transformación Social.
Conferencia inaugural en las X Jornadas de Investigación del Colegio
Universitario Francisco de Miranda. Caracas, Venezuela. [Documento en
línea. Disponible: http://padron.entretemas.com/Inv_TransfSoc/index.htm. Consulta: 01/11/06].
Padrón, J., Hernández-Rojas, A. y Di Gravia, A. 2005. Epistemología. Tutorial paso a paso. Materiales en CD Rom. Caracas: Fundación LINEA-i.
Pinch,
T. y Bijker,W. E. 1984. The Social Construction of Facts and Artifacts:
Or How the Sociology of Science and the Sociology of Technology might
Benefit Each Other. Social Studies of Science 14: 399-441.
Popper, K. 1977. Búsqueda sin Término. Madrid: Tecnos.
Popper, K. 1982. Conocimiento Objetivo. Madrid: Tecnos.
Popper, K. 1990. Towards an Evolutionary Theory of Knowledge. En: A World of Propensities. Bristol: Thoemmes, pp. 27-51.
Popper, K. 1963. Conjectures and Refutations. London: Routledge & Keagan Paul.
Quine, W. V. 1951. Two Dogmas of Empiricism. The Philosophical Review 60: 20-43.
Quine, W. V. 1969. Epistemology Naturalizad. En: Ontological Relativity and Other Essays. New York: Columbia University Press.
Reed, B. 2002. How to Think about Fallibilism. Philosophical Studies 107: 143-57.
Russell, B. 1931. The Scientific Outlook. Reimpreso como Science and Values en Wiener, P. P. 1953. Readings in Philosophy of Science: Introduction to the Foundations and Cultural Aspects of the Sciences
. New York: Scribner. pp. 596-601.
Seiffert, H. 1977. Introducción a la Teoría de la Ciencia. Barcelona: Herder.
Sokal, A. y Bricmont, J. 1999. Imposturas Intelectuales. Buenos Aires: Paidós.
Tebes, J. K. 2005. Community Science, Philosophy of Science and the Practice of Research. American Journal of Community Psychology 35(3/4): 213.
Turner, S. P. y Roth, P. A. 2003. The Blackwell Guide to the Philosophy of the Social Sciences. Oxford: Blackwell Publishing.
Ursua, N. 1993. Cerebro y Conocimiento: Un Enfoque Evolucionista. Barcelona: Anthropos.
Woolgar, S. 1988. Science: the very idea. London: Routledge.

ISSN 0717-554X - www.moebio.uchile.cl
|