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El presente trabajo es el corolario de un seminario de investigación sobre la Internet y sus diversos aspectos, así como las variadas influencias de esta red en diferentes ámbitos de la sociedad, desarrollado entre agosto y diciembre de 1995. A lo largo del seminario se estudió el nacimiento de Internet, sus características sociales y técnicas, su estructura actual y sus tendencias de desarrollo. Además, por la modalidad propia de todo seminario de investigación, se navegó por la red, en una suerte de aproximación empírica al objeto de estudio del seminario a la vez que se la utilizaba como herramienta de búsqueda de material para la elaboración del trabajo final.
Sin embargo, es necesario aclarar que en este trabajo en particular no todas las fuentes provienen de Internet, sino que esa búsqueda fue complementada con material "tradicional", es decir impreso en papel y hallado en la biblioteca de la Facultad.
Por tratarse de un trabajo que intenta reflejar la tarea de investigación llevada a cabo durante el seminario, se prescindió de explicaciones sobre algunas cuestiones básicas (como el propio objeto de estudio, Internet) que fueron -a mi criterio- suficientemente tratadas en clase. Por el contrario, se privilegiaron las definiciones de todos los elementos nuevos, que no formaban parte de los temas específicos del seminario sino que fueron incorporados en relación a Internet y como consecuencia de la elección del tema del trabajo.
La definición de "publicación científica" abarca a las revistas periódicas de cualquier disciplina cuya actividad central es la difusión de informes, avances o proyectos de investigaciones, así como artículos o ensayos de investigadores universitarios o de centros de investigación privados o estatales, docentes, alumnos o graduados. Estos artículos suelen estar sometidos a la revisión previa por un grupo de expertos (lo que se llama referato). Cuando esto se hace, es con el objeto declarado de corroborar tanto la validez del trabajo como su interés y oportunidad. En algunos casos, la revisión puede dar lugar a sugerencias al autor del trabajo, para que corrija algún aspecto de éste antes de su publicación. Sin embargo, para este trabajo se aceptará también como científicas a aquellas revistas que no practican esta modalidad.
En esta sección, sostendré que las revistas científicas tienen un rol que va más allá del que puede pensarse a simple vista o partir de la definición dada atendiendo a sus aspectos más formales. Además de servir para difundir investigaciones nuevas o debates en torno a un problema teórico o práctico, las publicaciones, sean de la disciplina que sean, tienen un papel dentro de la lucha que caracteriza al campo científico.
Tal vez sea necesario aclarar el concepto de campo en general, y por qué me parece útil en este caso, para luego ver que características específicas tiene el científico y de que forma se sitúan en él las revistas científicas.
Entiendo, siguiendo a Pierre Bourdieu1, que un campo es un "espacio estructurado de posiciones (o puestos) cuyas propiedades dependen de su posición en dichos espacios y pueden analizarse independientemente de las características de sus ocupantes (en parte determinados por ellas). (...) En cualquier campo encontraremos una lucha, cuyas formas específicas habrá que buscar cada vez, entre el recién llegado que trata de romper los cerrojos del derecho de entrada, y el dominante que trata de defender su monopolio y de excluir a la competencia"2.
Estas palabras ilustran el concepto de campo, dejando sentadas sus cualidades más importantes: el que las propiedades de los puestos varían y son determinadas por las posiciones; y la lucha entre los dominantes y los dominados, que pueden identificarse con los veteranos y los recién llegados. Este concepto me parece sumamente apropiado y útil para el análisis del tema de este trabajo. En efecto, a través de su uso es posible comprender las relaciones que se establecen al interior de lo que llamaré el campo científico (que incluye a investigadores y profesores de todas las áreas por igual, aunque si fuera necesario se lo podría subdividir por disciplina) y explicar el comportamiento de los diferentes actores, prestando atención al puesto que ocupan y a sus propiedades.
Ahora bien, además, para definir un campo en especial, como podría ser el científico, debe definirse aquello que está en juego, el objeto de la lucha, que es específico de ese campo y no interesa a nadie más que a los participantes del mismo. La estructura de un campo puede identificarse con un estado determinado de la relación de fuerzas entre sus miembros. "Esta misma estructura, que se encuentra en la base de las estrategias dirigidas a transformarla, siempre está en juego: las luchas que ocurren en el campo ponen en acción al monopolio de la violencia legítima (autoridad específica) que es característico del campo considerado, esto es, en definitiva, la conservación o subversión de la estructura de la distribución del capital específico. (Hablar de capital específico significa que el capital vale en relación con un campo determinado, es decir, dentro de los límites de este campo). (...) Aquellos que, dentro de un estado determinado de la relación de fuerzas, monopolizan (de manera más o menos completa) el capital específico, que es el fundamento del poder o de la autoridad específica característica de un campo, se inclinan hacia estrategias de conservación -las que, dentro de los campos de producción de bienes culturales, tienden a defender la ortodoxia-, mientras que los que disponen de menos capital (que suelen ser también los recién llegados, es decir, por lo general, los más jóvenes) se inclinan a utilizar estrategias de subversión: las de herejía"3.
En el campo científico, también pueden identificarse las características citadas. Los investigadores consagrados, que poseen el mayor capital específico, (por ejemplo, porque tienen más prestigio dentro del campo, lo que a la vez los coloca en mejor posición para mantenerse en su lugar y hasta mejorar su posición) ocupan lugares dominantes, mientras que los recién llegados son jóvenes estudiantes o recién graduados, becarios de iniciación o investigadores con poca experiencia, con escaso o nulo capital específico, que iniciarán el camino por conquistar algo de él y así dejar su posición dominada. Como terreno de disputas, la lucha que caracteriza al campo científico es por el prestigio y el poder específicos (válidos casi exclusivamente en este campo) que otorga la posesión de un capital también específico: los títulos académicos, el ganar concursos, obtener becas o dirigir becarios, o simplemente realizar algún descubrimiento o formular teorías que logren el reconocimiento de los pares. En especial, el interés de este trabajo se centra en un tipo especial de capital específico: el que se identifica con publicar un artículo en una revista -y mucho más si se trata de una publicación con referato. Pero más importante aun para la lucha en el campo científico es ocupar un lugar entre los expertos que hacen de revisores de artículos. Llegar a esa posición implica un enorme poder en términos de tener la legitimidad para decidir sobre la publicación o no de una investigación, en base a su "cientificidad", grado de exactitud, objetividad y otras cuestiones.
A esta altura conviene aclarar que la lucha en la que están inmersos dominantes y dominados presupone cierto acuerdo sobre lo cual se pelea. Es decir, ambos actores comparten ciertas definiciones, cierto interés común por el juego que están jugando (en este caso hacer ciencia) y la existencia misma del campo (el científico). Así, puede entenderse que los dominados acepten en buena medida las reglas de juego fijadas: esa aceptación radica en su convencimiento de que la ciencia existe (y puede desarrollarse) y es algo que merece esfuerzo y dedicación. Es por eso que los dominados "están condenados a utilizar estrategias de subversión , pero éstas deben permanecer dentro de ciertos límites, so pena de exclusión"4. Este hecho hace que las revoluciones dentro de un campo sean siempre parciales, de lo contrario se destruiría, junto con los dominantes y su dominación, el propio campo.
En lo que atañe a las revistas científicas, creo que esto es totalmente aplicable. Si los recién llegados aceptan ser juzgados por los expertos, en base a criterios que los primeros no fijaron, es porque la conciencia de que la posibilidad de acumular capital específico (aunque pocas veces se lo llame en estos términos) depende de jugar bajo esas reglas los hace coincidir con esos criterios -al menos en parte- y someterse a ellos.
Con la aparición de Internet, surgió un nuevo tipo de revista científica. Su primera diferencia respecto de lo que podríamos llamar las formas tradicionales pasa por el soporte, que dejó de ser el papel. Las nuevas publicaciones sólo existen en la forma de impulsos eléctricos que son transmitidos a través de los cables telefónicos o las ondas satelitales. En esta sección, intentaré explorar las consecuencias de este nuevo tipo de revista, así como las posibilidades para su evolución.
En el Laboratorio Nacional de Los Alamos (Nuevo México, Estados Unidos), Paul H. Ginsparg diseñó un programa merced al cual los investigadores pueden depositar a través de Internet sus trabajos inéditos en una computadora.
Según Gary Stix, de la revista Investigación y Ciencia5, el lugar ginsparg se ha convertido en el noticiero diario para los teóricos de altas energías, amén de expertos de más de otras diez disciplinas, pertenecientes, sobre todo, a las ciencias físicas y matemáticas. Alrededor de unos 20.000 mensajes de correo electrónico transportan diariamente a más de 60 países los resúmenes de nuevos artículos almacenados en las bases de datos del ordenador. Los lectores de los sumarios proceden seguidamente a 'echar mano' de decenas de miles de copias de los artículos completos"6.
Stix también cita a Psycoloquy, una revista electrónica editada desde 1990 por Stevan Harnad, profesor de la Universidad de Southampton psycoloquy . Los temas que aborda Psycoloquy son los mismos que los de otra revista (en papel) que Harnad edita desde hace quince años, Behavioral and Brain Sciences.
Elsevier Science -la división de revistas científicas de la empresa anglo-holandesa Reed Elsevier, que edita unas 1.100 publicaciones científicas y técnicas- puso en funcionamiento su revista electrónica en enero de 1994. En Nuclear Physics Electronic se puede acceder on-line a los artículos publicados en Nuclear Physics, la versión en papel que sólo publica artículos revisados.
La Asociación de Bibliotecas de Investigación Estadounidenses señalaba en su edición 1994 del Directory of Electronic Journals, Newsletters and Academic Discussion Lists que existían 440 boletines y revistas electrónicas, cifra que cuadruplica la mencionada en la primera edición del directorio, en 1991. Sin embargo, todavía son minoritarios los casos de revisión de los artículos por un comité de expertos.
Tanto parece ser el suceso causado por el emprendimiento de Ginsparg que el autor del artículo especula con la desaparición de la revista de física impresa en papel. Sin embargo, Stix no deja de mencionar como condición para que eso suceda el que Ginsparg consiga "canalizar la avalancha de inéditos, filtrándolos a través de algún proceso de revisión autorizada"7.
Sin embargo, es posible que el éxito no dependa de un sólo factor sino de una combinación de éstos. Tampoco hay que descartar la influencia de los intereses económicos de los editores de revistas de este tipo, para quienes el factor académico no bastaría para producir un cambio de la magnitud del sugerido. Además, el hecho de que se proponga instaurar la revisión, más allá de las primeras intenciones, nos vuelve a remitir al campo científico como terreno de lucha.
Esta claro que científicos y/o editores de publicaciones relacionadas con la ciencia y la producción del conocimiento pueden ser los primeros en beneficiarse o perjudicarse de diversas formas del uso de la Internet. Las ventajas y desventajas más inmediatas que se pueden imaginar son las relativas al costo, el tiempo, la calidad y la "democratización" de las revistas.
En primer lugar, difundir una revista a través de Internet (incluso en el caso del Web) es más económico que hacerlo por métodos tradicionales. Para quien hace la revista, todos los costos ligados a la impresión en papel desaparecen, y sólo son reemplazados parcialmente por el costo de estar en Internet, pues en muchos casos el acceso a la red puede ser gratuito (sobre todo para las propias instituciones académicas) y en el resto el precio será, de seguro, cada vez menor. Además, el costo de poner on-line una revista de 48 páginas o de 96 es casi el mismo (al menos en cuanto a texto), lo que derribaría las limitaciones de espacio que ciñen a las ediciones en papel. Y, por supuesto, "editar" un ejemplar o cien tampoco representa diferencia en Internet. El hecho de que una persona o muchas accedan a través de sus computadoras a una revista electrónica no modifica nada para quien la hace y mantiene.
Sin embargo, el salto tecnológico que implica pasar a la edición electrónica y abandonar el papel tiene costos que algunos editores (por no mencionar a los dueños de imprentas o demás industrias ligadas a la impresión) pueden querer evitar o al menos postergar. Los beneficios académicos no bastan para empujarlos en ese sentido. Es más posible que actúen por reacción, al ver que la competencia obtiene buenos resultados de la nueva forma (aun cuando la competencia puede no ser estrictamente otra empresa, como es el caso de Ginsparg).
Del lado de quien paga y usa una revista científica, lo anterior debería repercutir necesariamente de forma positiva. Las bibliotecas -que en general son las que sostienen a este tipo de publicaciones, mediante suscripciones con tarifas institucionales- verían aliviados sus presupuestos (el valor de suscripción electrónica debería ser menor, aunque nadie puede estar seguro de que vaya a ser así), mientras que podrían mantener su función como lugares donde haya computadoras validadas a través de las cuales acceder a la información. También mantendrían su función de lugares de almacenamiento de las revistas electrónicas, con el agregado de que otro problema se solucionaría: el espacio.
En el caso de algunas universidades (como la nuestra), hay un obstáculo para todo este desarrollo: la ausencia del equipamiento -o dinero para adquirirlo- necesario para disfrutar de estas ventajas. Esto podría conducir a una discusión sobre si se produciría una división de raíz económica entre universidades, que repercutiría sobre su calidad.
Antes de evitar internarme en ese debate, que excede los objetivos de este trabajo, me animaría a afirmar, con un moderado optimismo, que la relación inversa que se da entre precios (decrecientes) y capacidad (en aumento) en la industria informática hacen cada vez más accesible esta posibilidad.
Por otra parte, las revistas no necesitarían estar en la biblioteca, o al menos no exclusivamente. Podrían estar directamente en los laboratorios, institutos de investigación o hasta en las propios hogares de quienes las utilizan.
En segundo término, también el tiempo que media entre la realización de una investigación y su publicación se puede reducir. En el caso de las revistas electrónicas, no es necesario mantener la periodicidad de la edición en papel. Salvo que por decisión se quiera mantener la tradicional división entre números de una revista, los trabajos pueden ser incluidos en el momento en que están listos.
Además, en el caso en que los artículos se deban someter al referato de expertos, las revisiones podrían efectuarse más rápido utilizando el correo electrónico y también la base de colaboradores para la evaluación de originales podría ser más amplia.
Esta última posibilidad mejoraría la calidad de las publicaciones y es esperable que se trasladaría a la producción de conocimiento. Otros avances en la calidad (de las revistas y de los propios artículos) se derivan de la opción, cada vez más más accesible, de incluir gráficos animados, fotos, video o simulaciones multimedia de experimentos (como hicieron investigadores de IBM en un artículo publicado originalmente en Physical Review Letters y luego llevado a Internet8).
En cuanto a la democratización o mayor democracia que acarrearía la edición electrónica, al contrario de lo que sugiere una de las discusiones arriba mencionadas, la difusión de esta modalidad podría terminar acercando en calidad a las universidades, por la posibilidad de que sus profesores e investigadores estén más actualizados, etc, a un costo menor.
Sin embargo, lo que podría resaltarse a modo de conclusión, es que todas estas posibilidades (salvo la última) no implican en sí mismas un cambio en las relaciones de fuerza dentro del campo científico. En ese sentido, es notable la afirmación arriba citada de Stix, pues es un claro ejemplo de cómo la estructura del campo científico condiciona el éxito de una revista a la revisión de sus artículos. No es que esto se desprenda de lo que dice Stix, sino que por el papel que se asigna a los expertos en las revistas científicas parece imposible que una publicación que prescinde de su juicio sea considerada científica, o al menos tenga el mismo rango que otra que no practica el referato.
Notas
1 Bourdieu, Pierre, "Algunas propiedades de los campos",
en Sociología y cultura, Grijalbo, México,
1990
2 Idem
3 Idem
4 Idem
5 Stix, Gary, "¿Muere la letra impresa?", en
Investigación y Ciencia, febrero, 1995
6 Idem
7 Idem
8 Abraham, David y otros; "Instability Dynamics of Fracture:
a Computer Simulation Investigation"
Copiado de:
http://www.hipersociologia.org.ar/papers/perronesp.html