Un pensador cuyas ideas no me agradan dijo una vez una verdad (al menos una)
"Ciertos acontecimientos ocurren dos veces, la primera como tragedia y la segunda como comedia" (18 de Brumario de Luis Napoleón),
En Chile sabemos que los terremotos asolan nuestra nación en forma recurrente; las inundaciones producto de lluvias torrenciales con efectos desastrozos son frecuentes; los incendios con su reiteración anual tienen lo que se denomina "temporada de incendios" y un largo etcétera.
Todas estas "señales persistentes" sin embargo, no logran ser internalizadas en las conciencias de nuestros gobernantes, quienes frente al desastre anunciado, hacen visitas relámpago a la zona amagada, dan condolencias a la carrera a las viudas y familias de las víctimas e instituyen un día de luto local o regional y en casos excepcionales nacionales. Adicionalmente otros (as) se victimizan y se conduelen de haber sufrido en su período gubernamental tragedias inenarrables e imprevisibles, tan dantescas, que no existe potencia humana que pueda contrarrestarlas, con lo cual quedan exonerados (o buscan quedar), de toda responsabilidad.
Más allá de la magnitud de la tragedia, tales conductas parecen repugnantes, pues las instituciones encargadas de actuar frente a estas tragedias, no cuentan con el equipamiento, con la tecnología, el personal técnico especializado o sólo en número menor al necesario y, lo más importante, no disponen de un Plan Nacional que permita aminorar los efectos de estos acontecimientos; un Plan Interinstitucional, donde el equipamiento de las entidades especializadas, Conaf, Bomberos de Chile, el Ejército y las FFAA y de Orden, las empresas privadas imbricadas, puedan actuar bajo un solo mando y con unidad de propósitos, con protocolos de actuación temprana y preventivos y, por cierto, con capacidad correctiva, que evite las perniciosas consecuencias de estas calamidades. Eso no existe; Conaf es una entidad moribunda, sin recursos y sin Norte que es lo más grave. La autoridad gubernamental, solo tiene energía para derramar lágrimas, transformando sus deberes públicos, en un lloradero magistral.
Uno se pregunta, luego de ésto, quién nos podrá defendernos?
Pareciere ser que la apuesta gubernamental está puesta en el azar: "Una lluvia milagrosa y torrencial" o algún cambio climático que traiga las condiciones que sean desfavorables para la tormenta perfecta que nos ha tocado vivir. Así a tropezones, no vamos a ningún lado; de este modo, pasada la tragedia, estamos condenados a la comedia.