Rv: Fwd: A UNA VENEZOLANA TRISTE

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José Manuel Hermoso G

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Mar 26, 2013, 7:38:50 PM3/26/13
to Marx Karl


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De: Noel Delfin <chem...@gmail.com>
Para: luis fuenmayor toro lft...@yahoo.com; lewis...@yahoo.es; lorena...@hotmail.com; abrah...@cantv.net
Enviado: Martes 26 de marzo de 2013 23:56
Asunto: Fwd: A UNA VENEZOLANA TRISTE



---------- Mensaje reenviado ----------
De: José Manuel <chem...@hotmail.com>
Fecha: 26 de marzo de 2013 21:09
Asunto: A UNA VENEZOLANA TRISTE
Para: Chema G-mail <chem...@gmail.com>


CARTA A UNA VENEZOLANA TRISTE Y ANGUSTIADA
 
Hace varios siglos, un gran filósofo holandés, muy frío y muy racional, dijo: “Ni llorar ni reír… entender”. Yo, en una carta escrita hace muchos años, parodiando al filósofo, me atreví a decir: “Llorando o riendo, lo importante es entender” Hoy, ante el contenido de tu carta y ante la situación que vive Venezuela, cambiando nuevamente la frase, yo diría: Sin llorar y sin reír, necesario es entender”.
 
Lo afirmo así porque, en la coyuntura actual, es más necesario que nunca asumir la realidad con “cabeza fría y corazón ardiente”, pues la situación planteada en el mundo es extremadamente grave y conflictiva. Vivimos un momento de guerra y revolución. Las contradicciones de clase se han agudizado en el mundo y tienden a agudizarse mucho más. Están al rojo vivo en todo el mundo, en América Latina y Venezuela.
 
Si algo caracteriza la situación que nos ha tocado vivir es, por una parte, la grave, catastrófica y profunda crisis que afecta a la civilización patriarcal y a su último modelo de expropiación y acumulación privada -el capitalismo- y, por otra parte, el auge internacional de masas, es decir, la gran movilización y la progresiva toma de conciencia de las masas populares de casi todos los países del mundo.
 
Razón por la cual, la geopolítica de los poderosos -para contrarrestar su debilidad- está enfilada a la intervención política y militar, a la agresión, al intento de dominación política o sometimiento neo-colonial (o directamente colonial) de los países más débiles ricos en recursos naturales. Los imperios hegemónicos, en su desesperación por mantener su debilitado poder, apelan a la guerra, a la destrucción y el genocidio.
 
No obstante ello, debemos reconocer, para empezar, que como venezolanos y como latinoamericanos, tenemos razones para sentirnos contentos, sobre todo si nos comparamos, como país o región, con la suerte que le ha tocado vivir a muchos otros países del mundo durante los últimos diez años: Las tragedias de Afganistán, Irak, Líbano, Palestina, Libia, Siria (así como muchos otros países de África y del mundo), son sólo un ejemplo.
 
Como país, hemos vivido una contradicción económico-social (de clase) y un conflicto político, muy radical y polarizado. Un conflicto que en otros países, en este y otros momentos, ha desatado la violencia. Debemos celebrar que en nuestro caso la sangre no ha llegado al río. Es una bendición que nos hayamos salvado de la guerra civil, no obstante la radical polarización, azuzada criminalmente desde el exterior.
 
Eso, no obstante que los medios de comunicación privados se han concertado internacionalmente para mentir, descalificar, calumniar, intrigar, dividir, alarmar, asustar, azuzar; inducir al odio y a la violencia, saboteando, debilitando, conspirando, incitando a la confrontación y al delito. Y desde fuera, desde los centros de poder mundial, financiando y planificando la desestabilización y el terrorismo.
 
Desde el Departamento de Estado se está dando a entender, mediante indirectas, que en Venezuela no hay democracia y que no son confiables las elecciones, estimulando de esta manera la desestabilización, la violencia, la confrontación, es decir, incitando a quienes temen y odian al pueblo y al gobierno para, de esta manera dar alas, insuflar poder, a los sectores más extremistas de la oposición venezolana.
 
Sabemos que los procesos de liberación o de cambio radical en favor del pueblo trabajador, siempre (desde la revolución francesa, pasando por la independencia de América Latina, hasta la revolución proletaria rusa de 1917, por ejemplo), se han visto agredidos y cercados por una alianza de potencias reaccionarias que han desatado contrarrevoluciones armadas y guerras civiles contra aquellos países para aplastar esos procesos o para aislarlos, evitando el contagio.
 
Tampoco debemos olvidar el papel cumplido por las clases medias en estos casos, ni olvidar las causas de que hayan cumplido ese rol. En efecto, estos sectores medios (que no son poderosos como los de arriba, ni son como los de abajo, que como nada tienen y nada tienen que perder pero si mucho que ganar). Por ello, las capas medias son los sectores sociales más vulnerables al miedo y por ello, las más prejuiciosas y manipulables.
 
Los sectores medios se sienten atrapados, acorralados entre los intereses monopólicos de los de arriba -que no les dejan ascender- y, por otro lado, las aspiraciones de los de abajo, a quienes temen y odian, porque piensan que son una amenaza para ellos. Creen que los cambios sociales futuros no les favorecerán, pues les han metido en la cabeza que la revolución les va a quitar lo poco que tienen o les van a impedir enriquecerse, acumular más, como desean.
 
Pero lo más grave, para ellos y para el país, es que esa debilidad, derivada de su condición social y agravada por la mediocridad intelectual que les caracteriza, les hace más vulnerables a los mensajes de miedo a través de los cuales se estimula la rabia y se inculca el odio, convirtiéndoles en punta de lanza política, en instrumentos de los poderosos y, en algunos casos, en carne de cañón de la contrarrevolución.
 
Por eso, la clase media alemana fue la base social del nazi-fascismo hitleriano desde 1933 a 1945, al igual que en Italia lo fue del musolinismo y en España del franquismo. En España, como sabemos, los fascistas condujeron al pueblo a la gran carnicería que significó la guerra civil y, en el caso de Alemania e Italia, el fascismo y el nazismo condujeron a sus pueblos a la hecatombe y al holocausto de la segunda guerra mundial
 
Hoy vivimos bajo una amenaza similar a lo vivido desde 1929 a 1939. De la guerra financiera a la guerra comercial, de la comercial a la militar. La crisis económica se transforma en crisis social; la crisis social en crisis política y la crisis política -por parte de la derecha- en violencia política y militar. En casi todos los países la crisis comienza a tocar fondo. Los pueblos del mundo están activos y movilizados y las clases dominantes a la defensiva. El cuento de “el fin de la historia” llegó… a su fin.
 
Esta “profecía” -basada en el supuesto carácter imperecedero del capitalismo y en la utopía totalitaria fundamentalista del pensamiento único y del fin de las ideologías- no sólo resultó una falacia (es decir, una nueva ideología disfrazada), sino que, se está demostrando todo lo contrario de lo que planteaba Fukuyama, pues lo que está llegando a su fin, es precisamente el capitalismo que él suponían -o deseaba- eterno.
 
Es el imperialismo (el capitalismo neo-liberal de EEUU y Europa) lo que está en grave crisis. Y, ese imperialismo en franca decadencia pretende salvarse fomentando una guerra que podría significar el exterminio de media (o de toda) la humanidad. Lo estamos viendo trágica y angustiosamente en el extremo Oriente (Corea); en África (Libia y muchos otros países) en Medio Oriente (Siria, Irán, Palestina). Por ello vivimos en el amenazante riesgo de una auto-destrucción atómica.
 
Para suerte nuestra, la zona del mundo menos amenazada hoy es América Latina (y casi la más próspera), todo ello gracias al éxito de las políticas económico-sociales y de integración impulsadas por Venezuela, las cuales se alzan como un muro de contención frente a las políticas de intervención de EEUU, que continúan promoviendo la inestabilidad, apoyándose precisamente en las clases medias de estos países.
 
Pero, ante todo ello ¿cuáles son las perspectivas de Venezuela, de América Latina y del mundo? Tenemos razones para ser optimistas si luchamos y lo hacemos bien. Lo demuestra: el estrepitoso fracaso de las políticas neo-liberarles en Europa y su imparable crisis financiera, la cual es sólo la parte visible del iceberg, pues un cáncer terminal hace metástasis en las entrañas de la economía capitalista.
 
El capitalismo vive los estertores de su última agonía. Lo característico de esta convulsión final es el parasitismo, el monopolio, el lavado de dinero, la corrupción, la economía de casino, la especulación, la economía improductiva contra la productiva. En efecto, el capital está acabando con la producción industrial y la agrícola, con el trabajo asalariado (que es su base de sustentación económica) y con la creación de valor sin lo cual no hay plusvalía (es decir, ganancias). El capitalismo es una culebra que se muerde la cola. Un mortal círculo vicioso.
 
Si la política de EEUU es derrotada militarmente en Siria y electoralmente en Venezuela, le será más cuesta arriba la intervención en América Latina. USA, derrotado e impotente para lograr sus objetivos inmediatos, podría verse obligado a abandonar a su suerte a la oposición venezolana y, con toda seguridad, intentará renegociar las relaciones con el gobierno venezolano y con los gobiernos de América Latina.
 
Es muy probable que ambas cosas ocurran, Siria no es Libia y en Venezuela existen todas las posibilidades de que la derecha sufra una aplastante derrota electoral, mayor a la sufrida en octubre. El proceso bolivariano está muy fortalecido moral y espiritualmente y la derecha está desmoralizada y dividida. Pronto tocará fondo. Es probable que la MUD estalle en mil pedazos después del 14 de abril.
 
Y, en cuanto a las perspectivas, todo parece indicar que, lejos de debilitarse por la muerte del presidente Chávez, la revolución bolivariana se va a fortalecer aun más. Chávez escogió el mejor momento para morir. Murió en el cenit de su obra política después de abrir un camino para Venezuela y América Latina. Dejó un legado, una rica herencia política en favor de la revolución social latinoamericana y mundial.
 
Un legado histórico y político que si los venezolanos sabemos administrar podremos profundizar y ampliar; enrumbando el proceso, corrigiendo errores, para sentar las bases económicas, sociales, culturales, morales y espirituales de la nueva sociedad post-capitalista liberada de la opresión, la explotación y la expropiación de los trabajadores asalariados, propias de este perverso y macabro sistema.
 
Podremos también derrotar la polarización. Después del 14 de abril, con la aplastante derrota que sufrirá la oposición venezolana, se abrirán perspectivas para una reconciliación de los venezolanos. Con paciencia y mucho amor podremos convencer a la clase media de que, lejos de perjudicar sus intereses, el proceso bolivariano les ha beneficiado y podrá beneficiarles mucho más si se estabiliza y normaliza la situación. Maduro podrá lograrlo.
 
En cuanto a la parte contaminada de nuestra familia, debemos ser pacientes y compasivos. Como toda la clase media, han sufrido una muy poderosa manipulación, a la cual son vulnerables como hijos culturales de la TV privada, un medio de incomunicación que les ha bombardeado durante años con sus mensajes consumistas y  “trasculturizadores”, lo que les convirtió, inconscientemente, en imitadores, admiradores y defensores del modelo americano.  
Los prejuicios, los miedos, los odios y los anti-valores de esa cultura gringa signada por el egoísmo, el afán de lucro, la ambición, la competencia y el culto a la violencia, les inclina a creer a pie juntillas todo lo que les dicen esos medios de comunicación vendidos al capital y a su ideología de opresión y explotación. Además, les hace despreciar al pueblo, a su cultura y a sus genuinos dirigentes.
 
Nuestros sectores medios, más que equivocados, están siendo emocionalmente manipulados, utilizados. Enceguecidos por el miedo, la rabia, la impotencia y el odio inducido arrementen indiscriminadamente contra todo lo “chavista”. Su odio a Chávez y al pueblo chavista es, en el fondo, puro miedo. Es difícil decírselo a ellos a la cara porque resultará ofensivo, pero muy pronto lo comprenderán.
 
Eso ya ocurrió en Venezuela en otro tiempo con Acción Democrática. La clase media venezolana terminará siendo chavista como terminó siendo de AD, después de odiar a los adecos. De hecho fue la última clase social que rompió con el bipartidismo para hacerse chavista después del 4 de febrero. Y fue chavista hasta que los medios de comunicación privados comenzaron a bombardearles ideológicamente, con sus sesgadas campañas de mentiras y medias verdades. ¿Recuerdan las paranoias del 2002 y siguientes o como de las más recientes campañas, como la del  “con mis hijos no te metas”?
 
Los medios de comunicación privados, concertados internacionalmente en su defensa a ultranza del capitalismo neo-liberal, intentarán trasladar el odio hacia Maduro, pero no les será nada fácil, pues se trata de dos personas diferentes, con diferentes historias, estilos, momentos y perspectivas. Es evidente que Maduro tendrá oportunidades y ventajas que Chávez no tuvo. Además muchos miedos ya han sido disipados. Se han caído muchos mitos de la derecha venezolana.                                                           
 
Lo afirmamos porque el pueblo venezolano también es ahora diferente. Ya no es el mismo de la primera década del siglo, como tampoco lo es el pueblo latinoamericano. También es diferente la correlación de fuerzas nacional y mundial. La situación de agónica crisis que vive el capitalismo en USA y en Europa es también inédita, como lo es la movilización y la lucha de los trabajadores del mundo acorralados por el capital financiero.
 
Como lo ves, tenemos razones para la esperanza. Lo que nos queda es el optimismo de la voluntad. Lo que hay que hacer es seguir luchando y hacerlo cada vez mejor y con un dosis de amor cada vez mayor. La solidaridad y la paz son el camino, y el medio: la unidad y la lucha de los pueblos por la justicia y por la paz.
 
                                                                          ¡Ánimo y adelante!
                                                                          
                                                                               Chema Noel.
 
Barcelona, marzo de 2013.



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