Hace algunos años que conozco un gran profesional que se sale de todo contexto de la típica imagen mental que se puede tener de un arquitecto. Este hombre tiene gustos, trazos y hasta renders menos complejos, que los que se pueden plasmar en un
diseño o un plano.
Aunque por su formación profesional, especializaciones y diplomados, tiene pleno conocimiento, en términos urbanísticos, de cada calle y esquina de la ciudad, a tal punto de saberse los reales nombres de las tradicionales carrera 15 o carrera 27, me atrevo a afirmar que su espíritu es libre y por algo es pionero en los caminos reales en Santander desde el año 1992, pionero de la organización Encuentros Nacionales de Caminantes desde 2002 y hasta hace un año pionero de las caminatas urbanas.
21 años de echar a pie
Para él, caminar representa más que el simple acto de hacerlo, es un componente fundamental en la característica del ser móvil del humano. Es quizás el motivo
más poderoso para que desde el 3 de marzo de 1992, comenzara a caminar en grupo.
“Desde el colegio Instituto Caldas allí nos infundían como requisito de evaluación en Educación Física en cada curso del bachillerato, la famosa vuelta a la loma del cerro Pan de Azúcar, y mi padre desde niño, ya me inculcaba el caminar, porque él caminaba en sus negocios por la ciudad y por el campo”.
Hoy en día lo que hace de caminar con muchas personas se ha convertido en casi una institución de la promoción de la vida saludable, de los buenos hábitos y hasta de la cultura. Y es que hablando con Gilberto Camargo Amorocho responsable de toda esta idea ‘terrenal’ nos dice que es una manera fácil de ejercitar el cuerpo, donde no se necesita estar muy fundamentado, pero que sí enriquece cuando al moverse se le agrega el disfrute y el aprecio por el recurso natural y la cultura histórica.
Enfatiza que solo hay que tener algunas premisas
básicas como llevar el diario vivir enfocado hacia la salud integral y fomento de hábitos ciudadanos constructores de ciudades dignas y sostenibles, aplicando aquel lema de: “Camine más y conduzca menos”.
En todo este tiempo se puede dar el lujo de decir que de Santander ha recorrido casi todos los 200 kilómetros del camino de los Comuneros, saliendo de Charalá, continuando por el Socorro y de allí paralelo al río Suárez, hasta llegar a Puente Nacional; los 150 kms que hay alrededor de Bucaramanga, Alto de los Padres, Camino de Tona, el Camino del Café Madrid al Aeropuerto, Girón-Lebrija, Toma del Acueducto a Tona, Tona-Páramo de Berlín, Piedecuesta o Florida al Páramo, los caminos que reconstruyó Lengerke, saliendo de Yarima-San Vicente-Zapatoca-Socorro.
“Los caminos que más me encantan son los del Cañón del Chicamocha, casi desde Curití-Cepitá-Laguna de Ortices-Pescadero-Jordán Sube-Puente Gómez Ortiz vía
a Zapatoca, San Gil-Virolín y San Gil-Zapatoca. Estos entre muchos son los que más recuerdo”.
Son un total de 1.200 kilómetros en Santander. En Colombia ha caminado los senderos de los 8 departamentos donde se han realizado los encuentros nacionales de Caminantes, además del Camino nacional de Honda a Bogotá por trayectos, los cerros alrededor de Medellín, Cali, Bogotá, Pasto y Parque Tayrona, en esto suman cerca de 500 kilómetros. Si quieren saquen el cálculo mental o digital de todo lo caminado… ¿se le mediría? Sí, porque no.
Del ‘Feeling’ y otros considerandos Muy similar a como un piloto de la Fuerza Aérea, se pone su atractivo uniforme, la sexy gafa Ray Ban estilo Aviator, y se dispone a avanzar por la pista, con paso seguro listo para abordar su aeronave, de la misma forma con igual Feeling y
pasión Gilberto y su grupo de acompañantes caminantes sienten y piensan, más cuando se ponen sus botas o tenis, portan el cayado, el sombrero o cachucha, el morral y el agua, para simplemente emprender camino.
“Ante la rigidez de la vida urbana, debido a su cuadricula no solo urbana, sino trámites y protocolos, en lo laboral, movilidad y energías cruzadas de su pobladores, llegar un fin de semana y saber que nos saldremos del hábitat de lunes a sábado, no más con pensarlo ya comienza el disfrute, pues sabemos que haremos algo que nos gusta, los construimos y los disfrutamos. Es como una re-oxigenación, re-energización y volver nuevos el día lunes para seguir produciendo”.
Porque viéndolo desde otro ángulo, si volar es sinónimo de libertad, para el Arquitecto del camino, se trata de una manera de reencontrarse consigo mismo a través de un estímulo sagrado como particularmente lo llama: La madre naturaleza.
“Es
asimilar por instantes la contradicción entre convivir y alejarnos de ella, sabiendo lo vital que es para cada segundo que estamos vivos. Es un error dejar de contactarnos con la montaña, lo sabemos, porque ella a veces nos pasa la cuenta de cobro cuando dejamos de visitarla y nos obliga a prepararnos para poder ascenderla con gusto y dejarnos abrazar de su anfitrionidad”.
Define la experiencia también como un modo de desarrollar la condición de seres sociables, complementa que es diferente andar sólo, a ir en grupo y lo más significativo, “es saber cómo se interpreta claramente y se aprende más, cuando a pie se recorre el mundo. La movilidad a pie, es más armónica, asertiva, efectiva y afectiva”.
Bueno y hablando de gustos, fue obligada la pregunta sobre lo que más le gusta

de Santander en sus caminos recorridos, a lo que sin reparo responde con cierto énfasis, que la cantidad de kilómetros que aún sobreviven sin haber una política o gestión pública que los proteja, su bellos diseños, su arquitectura, su empedrado, su proyecto paisajístico y la cantidad de mensajes que dan cuando son pisados.
“Sus conocimientos que aún tienen y que nos motivan a investigarlos más y recorrerlos. Es un deleite caminar un sendero cuando antes se ha conocido su historia, su aporte al presente, son huellas de una movilidad que siempre estuvo, está y estará. Por ahí entró la cultura, la economía, la integración y algunos hablan que hasta la libertad”.
¿Alguna regla o condición en paticular para caminar?
Caminar es más voluntad que condición física, esta llega por añadidura, porque caminar tiene otros encantos y cada vez aparecen más.
Se dice que la cantidad de encantos es infinita. Llevamos más de 30 años caminando y aun seguimos encontrando nuevos paisajes y detalles.
Caminar es una práctica abierta para todos, la mayoría de los caminantes son libres de venir y pegarse al tren de puertas abiertas, es una manera de disfrutar un día, sin tantas exigencias, es una desconexión de lo urbano.
Hay caminantes desde los 6 hasta los 95 años, hay de todas las profesiones, médicos, técnicos en mecánica automotriz, abogados, amas de casa, estudiantes,
pensionados y similares.
Camino a la ciudad, camino al barrio
A propósito este ‘camino’ me remitió a la melodía de Willie Colón, llamada así, Camino al barrio, melodía totalmente instrumental, mágicamente lograda que con delicadeza me lleva a lo urbano, al barrio. Así mismo con el sabor del camino abierto de Santander, Gilberto se aventuró al camino de la ciudad, a pasar por los barrios, por las calles de Bucaramanga.
Han hecho caminatas por la ciudad también, a pesar de ser una selva de cemento, existen 'rutas' o caminos para hacerlo, pero con un componente especial: enfocadas hacia lo cultural o a las comunas.
“Caminar la ciudad es una forma de armonizar la convivencia y aumentarlos lazos urbanos. Cada barrio de la ciudad tiene su historia, desde sus fundadores hasta los
pobladores actuales. A muchos les ha encantado y han cultivado más arraigo y pertenencia, pues han aprendido a valorar más su territorio donde se mora cerca del 70% del día”.
Sin embargo hay que decir que aún falta un poco más de esta cultura; porque, ¿se imaginan donde todo el mundo siguiera esta onda? Habría menos gente enferma, relajada y con claridad mental para llevar la vida con equilibrio.
“Aun así la mayoría desea saber los orígenes de su cuadra o sector y la razón de los nombres de los barrios. Hay muchas calles que tienen nombre propio en homenaje a personajes y casi nadie lo sabía. Detalles como estos despiertan más intriga y aumenta la asistencia, cada vez que se programan. Clave en algunos barrios como La Joya, el papel de las directivas de los colegios, pues hacen extensiva esta labor en su pénsum académico, en esto gana la ciudad, pues el estudiante es el ciudadano del futuro”.
Ecología pura y pura pasión
Son las caminatas una actividad ecológica y ambiental, porque comienzan como ecología humana y luego se vuelven holísticas, donde lo ambiental, su significado y los nuevos comportamientos humanos se fusionan, trayendo una mayor sensibilidad, aprecio y más dolientes.
Caminar también es un disfrute, una pasión de la ciudad, del campo, de cualquier espacio abierto de libre movilidad. Gilberto Camargo manifiesta que la gente ve el caminar como una manera de hacer salud corporal, recuperar paz interior o vivir el presente y a la vez como una manera de cultivar el ser, con gente nueva en su vida que solo ve cada domingo.
“Son ingredientes básicos en una sociedad atofagada de mucha información, rutina y deseosa de pararse en la tierra, recuperando prácticas ancestrales como método para
ser sociable, conocer otras personas y mundo”.
La actividad se hace sensiblemente disfrutable según el enfoque que dan los organizadores o guías, buscando tiempo libre, ocio y turismo social, donde la mejor utilidad, es saber que por fin cada participante se ha regalado un día a sí mismo.
En cortas palabras dice con entusiasmo reflejado en sus rasgados ojos marrón, que caminar es vida, vivir el día, comprender que la existencia humana depende 100% de la madre tierra y el universo que nos rodea, es entrar en contacto con este universo, al menos una vez a la semana.
A ratos se piensa que estos ingredientes agregan a la pasión, razones para fertilizar adicción, acotó el arquitecto bumangués que tiene en cada kilómetro caminado un registro mental único, sensible y perenne.