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El ayer, el hoy y el futuro.
Dentro de la sociedad hay tres
tipos de hombres que influyen directamente en el desarrollo y crecimiento de
un pueblo, sobre en la formación de la
familia:
- El hombre que vive en el ayer, aseverando el
culpable de su fracaso, es decir.
Sí mi Padre no su hubiera muerto, si hubiera estudiado, si no me hubieran
robado, si no me hubieran botado de trabajo, si me hubiera casado, etc.,
etc. Viviendo en el balcón de la acera de recuerdos y sobre todo
alimentando al alma de resentimientos, envidia, ira, lujuria, dejando
morir al Espíritu de vida que es la identidad misma del hombre para
convertirse en un callejero de la vida, pidiendo limosna, prostituyéndose para
encontrar la felicidad.
- El hombre que vive en el Futuro, viviendo de
ilusiones, de proyecciones, fantasías, que le llevan a perder su sabiduría
y enfrentar la realidad construyendo torres sin hacer los cimientos, como es:
Cuando me gradué de profesional, cuando tenga trabajo, cuando me case,
cuando me saque la lotería, cuando se mejore la economía, cuando tenga
dinero. Mientras el tiempo pasa, la vida sigue su rumbo y al final hay un
hombre solitario, viejo y muerto en Espíritu.
- El otro hombre es el que vive el hoy, enfrentando
la realidad en que vive. Una enfermedad, un desempleo, la vejez,
simplemente cargando la cruz. Vivir esto es encontrarse con uno mismo,
descender, morir a la razón, nace un nuevo hombre en Espíritu y aprende
amar y compartir con el prójimo.
Este es el verdadero
hombre que mira al sufrimiento como una oportunidad más no es una mala suerte.
Es poder construir sobre la roca con cimientos de sabiduría, con paredes de prudencia,
con puertas de paz, con agua de Espíritu y pisos de humildad.
La esencia del
hombre para construir es saber pasar, saber amar y saber compartir. Lo demás
llega por añadidura.
Nixon Maldonado Montaño
GUAYAQUIL-ECUADOR
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