Por Eugenio Trujillo Villegas |
Director: Sociedad Colombiana Tradición y Acción
Hace 39 años el M-19 incendió el Palacio de Justicia en un acto terrorista sin precedentes en la historia de Colombia. Hoy, es el palacio presidencial el que está siendo consumido por las llamas, pues Petro y sus más inmediatos colaboradores han resucitado esa organización terrorista.
Obviamente, no se trata del mismo tipo de incendio. El del Palacio de Justicia fue tan real, que decenas de magistrados, funcionarios de la rama judicial y visitantes del lugar fueron asesinados y después calcinados, tanto que el edificio ardió hasta los cimientos y después fue necesario demolerlo.
Lo de ahora es diferente, pues Colombia está presenciando una guerra de clanes corruptos al interior de la casa presidencial. Desde que Colombia adoptó la Constitución de 1991, la corrupción del Estado y de la clase política no había sido más escandalosa que ahora. Precisamente, el gran argumento de sus promotores, el entonces presidente César Gaviria, Antonio Navarro, jefe del M-19, y Álvaro Gómez, jefe del Partido Conservador, era que en Colombia la justicia había colapsado y era indispensable reformarla.
Entonces, la clase política convenció a Colombia que con cambiar la Constitución se solucionaban los problemas de la justicia y de la corrupción del Estado.
Pero pasaron los años y la solución se volvió peor que la enfermedad. La corrupción y la inoperancia de la justicia en 1991 parecen un chiste de niños en comparación con lo que vivimos ahora. En esa época, sin duda la justicia había colapsado, pero ahora está mucho peor porque también fue cooptada por el Cartel de la Toga, por las mafias corruptas que saquean impunemente el Estado, y porque la magnitud de la crisis moral de la Nación, y especialmente de quienes la gobiernan, llegó a unos niveles nunca imaginados.
Aunque todas las condiciones para el incendio del palacio presidencial estaban dadas desde el inicio del gobierno, la antorcha que inició la conflagración fue el nombramiento de Armando Benedetti como asesor del presidente. Los atributos para tal nombramiento son numerosos. En vez de tener una hoja de vida limpia, lo que hay es un voluminoso prontuario criminal. El asesor de marras tiene siete procesos penales en la Corte Suprema de Justicia, desde cuando era “honorable” senador de la República, por concierto para delinquir, cohecho propio y enriquecimiento ilícito de servidor público.
Se le procesa por el robo de las pensiones del magisterio en el departamento de Córdoba; por su participación en negocios turbios de Electricaribe y de la Electrificadora del Meta; de contratos irregulares del Clan Torres de Barranquilla, relacionados con los salvoconductos para porte de armas; por la compra inexplicable de dos apartamentos de lujo en Bogotá y mansiones en Barranquilla y Puerto Colombia; por la compra de votos en La Guajira; y por unos giros millonarios hacia el exterior que no han sido explicados.
Como si todo esto fuera poco, también está investigado por intentar asesinar a su esposa con un cuchillo en Madrid, mientras ocupaba el cargo diplomático de embajador en la FAO. Y para cerrar el prontuario, el sujeto es un borracho y drogadicto empedernido, lo cual evidentemente no constituye ningún crimen, pero eso es suficiente para que un presidente sensato y honesto considere imposible nombrarlo como diplomático o consejero presidencial.
Aunque algunos procesos son del año 2012, hasta el momento no avanza ninguna de las investigaciones, sin que se sepan las razones. Además, hay otros procesos en la Fiscalía de bolsillo del presidente, relacionados con el fraude de la pasada campaña electoral, por los oscuros dineros conseguidos por este personaje con el Clan Torres, que según él mismo fueron $15.000 millones de pesos (US $4 millones) que no quedaron registrados en la contabilidad de la campaña.
Tal como pasó con el dinero recibido por el hijo del presidente, no se sabe si esos dineros ilegales entraron en la campaña presidencial o fueron a parar a los bolsillos de Benedetti.
Todo esto constituye la hoja de vida “intachable” para ser el nuevo asesor personal del presidente, sin cargo definido, sin funciones específicas, pero con gran salario pagado por los contribuyentes. Es tan escandaloso, que a la primera sesión del Consejo de Ministros a la cual asistió el nuevo “consiglieri”, la mitad de los asistentes se negaron a participar en ella, bien sea por considerar que Benedetti no era digno de estar allí, o porque desde ahora asumirá algunas de las funciones a cargo de los ministros.
Aunque el asunto parezca ridículo y digno de carcajadas, la vicepresidente y ministra de la Igualdad, los ministros de Defensa y de Gobierno, el director de Planeación y otros “impolutos” funcionarios, se negaron a asistir dizque para no tener que estar en la misma sala con un bandido.
¡Pero no pasa nada! ¡Los organismos de control del Estado no dijeron nada! ¡Las Altas Cortes tampoco! ¡La Conferencia Episcopal, los gremios empresariales, los empresarios y la opinión pública guardaron absoluto silencio!
En tiempos pasados y lamentablemente desaparecidos, el poeta Jorge Robledo expresaba en uno de sus sentidos versos:
“Siquiera se murieron los abuelos, sin sospechar del vergonzoso eclipse…”
Fue el tiempo en que las personas honradas eran escogidas como ministros de Estado, porque ahora estos funcionarios son reclutados entre el lumpen de la política. Esos cargos eran un gran motivo de honra, pero ahora solo sirven para imponer sandeces y destruir el país, hasta el día en que a los ministros los echan a patadas, de lo cual se enteran después por los medios de prensa. Pero se van felices y agradecidos con el presidente que los ultrajó, aplaudiendo sus decisiones demoledoras, como pasó ya con los exministros de Hacienda, Educación, Deporte, Relaciones Exteriores, Minas y Salud.
“Siquiera se murieron los abuelos, sin ver cómo afemina la molicie…. Un pueblo de Patriarcas con poder en la voz, no en los fusiles…”
El poder de Benedetti tiene un solo fundamento: es el amo y señor de los secretos de este nefasto gobierno. Él manejó el fraude electoral para ganar las elecciones; sabe cómo y de dónde llegó la financiación ilegal de la campaña presidencial; sabe cuáles fueron las actividades criminales del hijo del presidente; sabe lo que pasó con las maletas de dinero provenientes de Venezuela que se perdieron bajo la custodia de Laura Sarabia; sabe cómo se “suicidó” el coronel de la policía que estaba siendo investigado por ese caso. En fin, sabe todos los secretos…
Él también sabe cómo se organizó el fraude con los dineros de la UNGRD, de donde se robaron cientos de miles de millones de pesos para comprar el Congreso de la República. Sabe cuáles fueron los ministros y altos funcionarios que dieron las órdenes para robarse ese dinero inmenso. Sabe los secretos del apoyo de Maduro a la campaña presidencial y del dinero que llegó de Venezuela con ese fin.
¡Benedetti sabe todo! ¡Y esa es la razón por la cual manda, todos obedecen y el que no esté dispuesto a eso será echado como un perro, de lo cual se enterará después por la TV! Y el presidente también obedece, porque los secretos que el “consiglieri” conoce lo pueden tumbar.
Si El Padrino, de Mario Puzo, se convirtió en la novela y la película emblemática sobre la mafia, la que se está escribiendo ahora en Colombia es superior en intrigas, suspenso y maniobras oscuras del bajo mundo. La diferencia entre las dos es que los personajes de la primera son pura ficción, aunque el “modus operandi” era real; y la que vivimos los colombianos es pura realidad, sin nada de ficción.