| Por Eugenio Trujillo Villegas | Director: Sociedad Colombiana Tradición y Acción | trujillo...@gmail.com
El mundo quedó impactado por la torpe reunión de Trump y Zelenski en la Casa Blanca. El presidente de EEUU y su equipo de gobierno humillaron a Zelenski frente a las cámaras de TV del mundo, tratándolo como a un niño desobediente, mientras que el de Ucrania reclamó airadamente por la falta de apoyo en la guerra.
¿Quién tiene la razón en esa disputa que pone en peligro la paz mundial? Ninguno de los dos. Ambos presidentes actuaron equivocadamente y las consecuencias de ese desencuentro histórico podrían ser catastróficas.
La causa fundamental de la guerra entre Ucrania y Rusia fue ignorada en esa reunión. Rusia invadió injustamente a una nación libre y soberana, usando todo su poder bélico para masacrarla durante los últimos tres años. Además, en 2014 ya le había arrebatado la península de Crimea.
El orden mundial prohíbe expresamente la invasión de cualquier nación, y cuando esto se da, no se puede permitir la impunidad. Si un país se anexa cualquier territorio que le perteneció en el pasado y ahora lo reclama como propio, casi todas las naciones del mundo entrarían en guerra. El falso argumento de Rusia es que Ucrania, o una parte de ella, le perteneció en el pasado y eso le da derecho a invadirla.
Si aceptamos la legitimidad de ese principio, la primera nación que podría ponerlo en práctica sería México, a quien EEUU le robó poco más de 2.000.000 de km2 en 1848, la mitad de su territorio, lo que ahora son los estados de California, Texas, Arizona, Nevada, Nuevo México y Utah.
El anuncio de Trump imponiendo el fin de la guerra a cualquier precio es absurdo e injusto, pues desconoce los derechos soberanos de Ucrania y exige a favor de los EEUU unos beneficios económicos desproporcionados y perpetuos.
Según Trump, la ayuda norteamericana a Ucrania ha sido de US $ 500.000 millones, pero Ucrania afirma que es de US $ 120.000 millones. Cualquiera que haya sido, lo cual debe aclararse, no le da derecho a los EEUU de apropiarse de todas las reservas minerales de Ucrania para siempre. Es perverso y peligroso para la paz mundial regresar al más crudo y salvaje imperialismo, que en el pasado remoto fue habitual en EEUU y algunas naciones europeas.
Desde la revolución comunista de 1917, Rusia ha invadido y masacrado decenas de naciones. Alemania, Polonia, Lituania, Letonia, Estonia, Finlandia, Checoslovaquia, Albania, Hungría, Austria, Chechenia, Georgia, Armenia, Bulgaria, Rumania, Yugoslavia y Ucrania fueron víctimas del imperialismo totalitario de Rusia.
Para nadie es un secreto que Rusia pretende regresar sobre Europa. Entonces, la realidad es que el heroísmo de Ucrania es la barrera que ha contenido los delirios imperialistas de Putin, quien se quiere vengar así de las sanciones económicas impuestas por Occidente.
Otro elemento fundamental en el escenario mundial es la desidia europea de las últimas décadas para construir una defensa acorde con la gravedad de la amenaza rusa. La OTAN es casi exclusivamente financiada por los EEUU, quien con toda razón reclama que Europa también debe aportar dinero para su propia defensa. Además, Europa hipotecó su autonomía y su libertad al tornarse dependiente de Rusia en el abastecimiento de gas y petróleo, lo cual ha sido un grave error estratégico del cual ahora Rusia se aprovecha.
La Unión Europea lleva décadas sumergida en una perversa aventura socialista, gobernada por una burocracia inoperante que adora el progresismo woke, que conduce a la muerte de la Civilización Cristiana. Su decadencia moral la induce al abandono de sus raíces cristianas, permite indiferente la invasión de hordas musulmanas que son recibidas de brazos abiertos por sus gobernantes, con total impunidad ante la agresión que ejercen contra los valores cristianos y contra los europeos. Finalmente, adoptaron gobiernos socialistas empobrecedores que paralizan la economía de todas las naciones europeas y las han llevado a la recesión.
Si Trump abandona a Ucrania y permite que Putin imponga las condiciones de la rendición, aumentará la amenaza rusa sobre otras naciones europeas.
Es evidente que la Europa actual no es la misma que combatió con heroísmo la injusta agresión nazi.
En la I y II Guerras Mundiales, Europa y EEUU unieron esfuerzos para derrotar a los agresores. Acabadas ambas guerras, el ejército de EEUU regresó a casa y solo pidió a cambio la tierra necesaria para enterrar a sus muertos. Pero Rusia hizo exactamente lo contrario, apropiándose de muchas naciones y esclavizando a sus habitantes durante décadas. La cobardía de Occidente al permitir esa infamia fue el motivo de sangrientas guerras en todo el mundo, que ahora amenazan con repetirse.
La arrogancia y prepotencia de Trump no son buenas consejeras. Desde la Casa Blanca lanza rayos y centellas contra sus aliados, amenazando con incorporar a Groenlandia a su territorio, convertir a Canadá en otro estado americano, tomarse de nuevo el Canal de Panamá y aplicar aranceles absurdos a las importaciones de muchas naciones amigas.
Amparada por el caos que toma cuenta del mundo y por la debilidad decadente de Europa, Rusia podrá usar sin escrúpulos la más poderosa de sus armas, que es la Guerra Psicológica Revolucionaria. Este es el más efectivo medio de conquista del último siglo, más letal que cualquier ejército y que las bombas atómicas. Rusia amenaza con desatar un Armagedón nuclear contra Occidente para obligarlo a capitular, cuando en realidad es tan débil que ni siquiera ha sido capaz de derrotar a Ucrania.
¿Podría Rusia vencer a Inglaterra, Alemania y Francia juntas? ¿Y a todas las demás naciones europeas, con el apoyo de los EEUU? Con certeza que no.
La realidad es que se va configurando el escenario anunciado por nuestra Señora en Fátima en 1917, cuando profetizó: “Rusia esparcirá sus errores por todo el mundo”. Esa ya es una profecía absolutamente cumplida, pero puede tener más desenvolvimientos en el presente. Sobre todo, porque a esa profecía le sigue esta otra: “… muchas naciones desaparecerán de la faz de la tierra”, lo cual solo se comprende con la premisa de una guerra nuclear. Y concluye con la siguiente afirmación de la Santísima Virgen, que es una promesa para quienes tienen fe: “Por fin Mi Inmaculado Corazón triunfará”.
Esta gran crisis mundial pone en evidencia uno de los misterios más importantes del siglo XX que es el llamado “Secreto de Fátima”. En el año 2000, el papa Juan Pablo II hizo una revelación al respecto, afirmando que se trataba del atentado contra su vida en la Plaza de San Pedro, en Roma. Pero quienes han estudiado en profundidad el mensaje de Fátima afirman que esa no es la totalidad del Secreto de Fátima que ha generado tantas especulaciones.
La Hermana Lucía, una de las videntes de Fátima, le entregó a Pío XII ese secreto en 1944. Según el pedido de la Santísima Virgen debería ser revelado en 1960, pero hasta hoy no fue dado a conocer. Es muy probable que se refiera a la gravísima crisis del mundo, que es consecuencia de la crisis aún más grave que afecta a la Iglesia Católica. Tal vez, el próximo papa tome la decisión histórica de dar a conocer el Secreto de Fátima, con lo cual se acabarán las especulaciones y el mundo sabrá la verdad.
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