CLARIN ARQUITECTURA, BA, 9 FEB 2010
Buscan ampliar el Casco Histórico
El legislador porteño presentó en diciembre un proyecto de ley para proteger no sólo San Telmo sino todo el centro histórico de la Ciudad. La iniciativa incluye la catalogación de 175 de edificios de valor patrimonial.
Patricio Di Stefano. Diputado de la Ciudad
AutOnoma de Buenos Aires por el pro
Con mucho esfuerzo y a lo largo de los años se han ido
introduciendo pequeñas protecciones a la historia de la Ciudad, siendo las más significativas
la creación del Casco Histórico, que incluye una parte de San Telmo y la
Avenida de Mayo, y el procedimiento para evaluar el valor arquitectónico de los
edificios anteriores a al año 1942, antes de demolerlos.En esa línea hemos
presentado un reciente proyecto para duplicar el Casco Histórico y proteger no
solo San Telmo, sino todo el centro histórico porteño. Específicamente se trata
del polígono de 40 manzanas comprendido por Florida, Rivadavia, Alem y Santa
Fe. El proyecto incluye la catalogación de 175 edificios de enorme valor
patrimonial como el Archivo General de la Nación y el edificio SAFICO. Prohíbe
además la construcción de edificios de perímetro libre, evitando así que se
vuelvan a repetir daños irreparables como fue la construcción de la torre
actualmente ocupada por Banco de Galicia, a solo dos cuadras de la Plaza de
Mayo. Como en todos los cascos históricos del mundo, la obra nueva debe
atenerse a las líneas predominantes de las construcciones históricas. Esto no
significa copiar estilos sino conciliar la creatividad de los arquitectos con
la morfología existente.
Cuando Qin Shi Huang, el primer emperador chino ordenó destruir
todo lo que era anterior a él, pretendió crear una nueva historia de grandeza
alrededor de su persona. Para dar comienzo a esa nueva etapa, ordenó la
construcción de la Muralla China. Afortunadamente, su egoísmo y ambición
destructora no tuvieron éxito, aunque prosperó en la construcción de la Gran
Muralla.
Cuando diferentes políticos y lobbistas de las últimas décadas
redactaron y reformaron el Código de Planeamiento Urbano de la Ciudad de Buenos
Aires, permitieron la eventual destrucción de todos los edificios históricos.
No lo hicieron en busca de grandeza ni para construir una ciudad mejor, sino
para habilitar un conjunto de mezquinos negocios inmobiliarios que, de manera
mucho más eficiente que Qin Shi Huang, destruyeron y destruyen todo lo que hay
de histórico en la ciudad.
El patrimonio arquitectónico de Buenos Aires es un milagro. Para
que exista tuvieron que darse infinidad de factores en una combinación única e
irrepetible. Principalmente se debe al esfuerzo, la planificación y la
dedicación de nuestras generaciones pasadas, quienes se propusieron crear la
ciudad más hermosa del mundo en este rincón del planeta. El milagro es que
hayan conseguido llegar tan lejos en su intento.
Las generaciones posteriores no estuvieron a la altura de sus
predecesores. No sólo no continuaron con la obra, ni realizaron planificación
alguna, ni pretendieron construir una ciudad magnánima, sino que además
destruyeron buena parte de ese tesoro heredado.Lo que ha ocurrido en Buenos
Aires en las últimas décadas es a todas luces un escándalo. Se han demolido
edificios únicos e irrepetibles para construir estacionamientos a cielo
abierto. Edificios que por sus características serían considerados monumentos
arquitectónicos en cualquier país europeo o americano. Barrios únicos e
irrepetibles han sido arrasados y lugares históricos, como las casas de
nuestros próceres, fueron pasadas por la picota para dar lugar a departamentos
a estrenar. Muy pocos han levantado su voz contra ese saqueo patrimonial.Es
verdaderamente difícil encontrar un ejemplo de tamaña desidia política. En
Moscú, durante el Stalinismo, fueron demolidos muchos de los edificios emblema,
que por sus características y su historia, eran considerados contrarios a los
ideales comunistas. Muchas de estas construcciones históricas, como por ejemplo
la Catedral de Cristo Redentor, fueron reconstruidas en la década del 90.
Pero mientras en Moscú la destrucción del patrimonio fue parte
de un plan guiado por una ideología, en Buenos Aires no hubo revolución, ni
plan, ni ideología. Sólo desidia y negocios mezquinos que priorizan el interés
de pocos por sobre el de todos.La máxima expresión de esta luz verde a la
anarquía en la ciudad es sin duda el Código de Planeamiento Urbano porteño. A
primera vista parecería ser obra de un loco dispuesto a autodestruirse, un
Nerón dispuesto a quemar Roma. Sin embargo no hay locos en este caso; el Código
es fruto de la codicia desmedida de personas bien cuerdas.La legislación debe
encontrar un balance entre la protección de la historia, el planeamiento y el
desarrollo. Si el proyecto logra ser ley, habremos modificado el Código de
Planeamiento Urbano para que vecinos, turistas y sobre todo nuestras
generaciones futuras, puedan disfrutar de este milagroso tesoro que es
Buenos Aires.