Agotados, esa era la palabra exacta. Transcurrían ya seis días de pesca intensiva. Habíamos ido por las soñadas truchas y las habíamos encontrado. Con jornadas extensas, pescas cuantiosas, en cantidad y calidad. Acompañadas de largas caminatas y algunas aventuras de supervivencia. No hablo del agotamiento físico del trajín diario citadino, sino... ese que nos expone al extremo cansancio físico, y que nos colma de la necesidad innegable de ser tele transportado al lugar donde se pescamos. Mágica e instantáneamente ponernos en el estado de asecho y eliminar el trayecto del viaje. Con mas ímpetu colectivo y solidario, que convencimiento, nos dirigimos al río Gualjaina o mas conocido como Tecka.