EinHeldenleben es una obra de director. Fue dirigida por el propio Richard Strauss en su estreno, aunque estuviera dedicada a otro gran director, Mengelberg y su Orquesta del Concertgebouw. Este colosal poema sinfnico es la pieza elegida por Nielsen en su ltimo concierto como titular en temporada. Otras dos piezas emblemticas, de Schnberg y Saint-Sans, con la presencia del carismtico Alexandre Kantorow completan un programa en el que todo es importante.
Siempre que tengo el gusto de ser invitado a escribir notas como stas procuro encontrar un hilo conductor, un tema comn o una intuicin que pueda vincular las diferentes piezas que componen el programa. En esta ocasin la posibilidad ms clara que se nos ofrece para ello es la cronologa. Las tres obras de esta noche se escribieron en el lapso de solo trece aos, entre 1896 y 1909. Pero, por lo dems, son extraordinariamente diferentes entre s.
El concierto egipcio de Saint-Sens representa una visin de la msica radicalmente distinta a la de los dos grandes autores alemanes que lo acompaan. Y stos se hallan en los dos lados opuestos un abismo: el que marc la ruptura revolucionaria que Arnold Schoenberg llev a cabo en aquellas mismas fechas al desintegrar definitivamente la tonalidad, un evento decisivo del que sus Cinco piezas para orquesta dan cuenta de una manera ejemplar, concisa pero clarsima. Mientras tanto la autoalabanza heroica de Richard Strauss marca precisamente el final del proceso que condujo a la explosin atonal: el extremo del romanticismo germano que vena desarrollndose desde un siglo atrs. Las creaciones de Strauss fueron parte importante en el final de dicho proceso; sin embargo, l nunca cruz el abismo y permaneci en su propia orilla varias dcadas ms all, hasta el final de su vida y su carrera.
En el fondo es la distancia entre la msica germana y la francesa de aquella poca (y quiz de todas las pocas). Desde Beethoven, sobre todo, los compositores alemanes (o austracos) haban desarrollado una concepcin narrativa de la msica que supona que los temas musicales, incluso aunque no tuvieran un contenido ajeno a la propia msica, vivan una aventura similar a la de los personajes de una novela: se presentan, viven sus aventuras, se mezclan o se oponen, se transforman y regresan en el desenlace transfigurados por toda esa experiencia. Todo lo cual se magnifica cuando la msica incluso nos cuenta una historia fuera de s misma, como es el caso de esa forma tan propia del romanticismo tardo, el poema sinfnico, o poema tonal, como prefera llamarlo nuestro heroico Richard Strauss. La reaccin de la msica francesa, liderada por el impresionismo musical de Debussy, fue concentrarse en el sonido como valor especfico: en las evoluciones de acordes y timbres, en las melodas y arabescos, en el sonido extico de las escalas procedentes de otras culturas o directamente inventadas. Si bien Saint-Sens est lejos de poder ser llamado impresionista (y de quererlo, dicho sea de paso), comparte esa misma sensibilidad hacia la elegancia y la belleza propia del sonido y por ello afirma que le satisface completamente.
Creo que las cosas no son tan radicales y que unos y otros no estn tan diametralmente opuestos; obviamente las cuestiones estructurales y la coherencia del discurso estn magnficamente cuidadas en las obras de un msico con tan buen oficio y preparacin acadmica como Saint-Sens, del mismo modo que, por muy narrativos y programticos que sean, los poemas tonales de Strauss prestan una destacada atencin al valor tmbrico y al colorido instrumental. Hablamos ms de ideas dominantes o tendencias generales que nos permitirn orientar nuestra apreciacin de las obras que se nos ofrecen en este concierto.
Y s: escribi algo ms que Sansn y Dalila, la Danza macabra y el Carnaval de los animales. No algo ms: mucho ms. Por ejemplo, cinco conciertos para piano, su propio instrumento, de entre los cuales el que nos ocupa es el ltimo, compuesto en 1896. Por entonces el compositor tena 61 aos y, sorprendentemente, estren su obra en un concierto celebrado en la Sala Pleyel de Pars con motivo del quincuagsimo aniversario de su primera actuacin pblica como pianista. Y es que haba sido un nio prodigio cuyas primeras partituras conservadas datan de los cuatro aos de edad.
La obra proviene de su estancia en Egipto, en efecto, pero sta haba sido precedida por un viaje an ms lejano que lo llev a recorrer gran parte de China. Por ello, aunque el sobrenombre del concierto lo sita en un punto concreto, las resonancias de otras msicas estn igualmente presentes. Y, eso s, por encima de todo ello destaca la personalidad musical del autor, que es inevitablemente muy europea: una chispeante imaginacin sonora, una gran elegancia y el gusto por el brillante virtuosismo que se le exige al solista (a s mismo, puesto que escribi el concierto para interpretarlo personalmente). De hecho, los apuntes exticos prcticamente se limitan al movimiento central, mientras que los otros dos se mantienen ms en la ortodoxia occidental.
El segundo movimiento es, como decamos, el que da ttulo a la obra y donde se agrupa el exotismo orientalista que tan querido fue a los artistas europeos en general y franceses en particular en esta poca histrica marcada por el colonialismo de las grandes potencias y por las exposiciones universales que acercaban al pblico de las grandes ciudades de nuestro continente las bellezas y curiosidades tradas del otro extremo del mundo. Debussy qued fascinado por el gameln indonesio; Ravel evoc los misterios de Oriente en algunas de sus canciones; Merime y Bizet, anteriormente, acercaron al pblico francs lo que ellos crean que era la cultura y la msica espaola, no menos extica desde su punto de vista. Por su parte, Saint-Sens nos traslada a Egipto, pero con una diferencia: igual que Delacroix acudi a Argel a buscar su luz y su color, nuestro protagonista tambin hizo el viaje a las tierras del Nilo sin conformarse con la visin lejana desde Pars.
No quiere esto decir que su trabajo tenga una base etnomusicolgica como la de los msicos nacionalistas que surgiran por aquellos aos; si bien el material del concierto puede estar directamente tomado de la experiencia egipcia del compositor, su reinterpretacin del mismo permanece fiel al modo en el que cualquier compositor europeo del momento habra tratado una meloda popular: la base armnica es diatnica aunque con los toques de color local ms o menos estereotipados que habran hecho reconocible el ambiente africano a cualquier oyente de la poca y de hecho la serena noche del Nilo en versin de Saint-Sens no es tan distinta en ese aspecto de la que describe Verdi en el tercer acto de Aida.
Pero esto no es realmente importante a no ser que queramos ahora, tanto tiempo despus, hacer una crtica justificada al eurocentrismo de finales del siglo XIX. Lo cierto es que en cuanto suenen los primeros acordes de este movimiento nos vamos a sentir transportados a una atmsfera que, sea o no sea un poco de cartn-piedra, resulta francamente encantadora y seguramente traduce las sensaciones que Sain-Sens vivi cuando una dahabiyah lo paseaba por las oscuras y profundas aguas del gran ro en la noche perfumada: el suave chapoteo del agua, el rumor de las ranas y los grillos (que se llegan a escuchar en la orquesta) y, sobre todo, la hermosa meloda que cantaba el barquero nubio que condujo al autor. Las impresiones vividas en aquel momento mgico se trasladan magistralmente a la msica fluida, variada y llena de efectos originales.
El concierto concluye, como es norma en el gnero, con un tercer movimiento de gran lucimiento virtuosstico para el solista pero, como siempre esperamos de los grandes autores, no se trata de un mero vehculo para exhibir tales habilidades, sino que posee un valor musical propio que, si me permiten hablar muy subjetivamente, reside sobre todo en la riqueza de la inspiracin de Saint-Sens y en la riqueza de sus ideas musicales, que establecen interesantes contrastes y generan tensiones y distensiones que van conduciendo el concierto hacia su brillante final.
Si acabamos de escuchar esta obra completamente satisfechos, como deca su creador, por la belleza y creatividad de su desarrollo, la msica habr cumplido su objetivo; y me parece que es muy probable que as sea. Sin embargo, las otras dos piezas del programa estn concebidas de tal modo que nos exigirn otra actitud y, consecuentemente, nos ofrecern otras contrapartidas.
Una vida de hroe, en efecto, es quiz uno de los ms inmoderados autoelogios de la historia de la msica. En 1898 Richard Strauss era seguramente el msico joven ms admirado de la renacida Alemania, unificada slo haca menos de treinta aos pero convertida ya en una potencia internacional poltica, econmica e industrial e implicada a fondo en la explotacin colonial sobre todo de frica. La riqueza, la confianza en el progreso y el triunfalismo que esta situacin produjo casaban perfectamente con la fuerza arrolladora de la msica del joven autor, con el mpetu de sus temas, el brillo de sus orquestaciones y la energa desbordante de muchas de sus obras. Si bien el sector menos wagneriano de la crtica poda expresar cierto rechazo, no es extrao que, en su doble faceta de compositor y director, el maestro muniqus se sintiera suficientemente henchido como para concebir el proyecto de autorretratarse como un hroe. Hasta qu punto se tomaba en serio Strauss esta caracterizacin? Por un lado, escribi a su amigo Romain Rolland que no se senta como un hroe y que prefera retraerse a la tranquilidad de su hogar que entrar en batalla; pero por otra parte, en la msica no parece haber asomo de irona y s de sarcasmo cuando se refiere a sus crticos.
Pero dejemos a un lado la valoracin sobre el poderoso ego del joven Herr Strauss porque, sea cual sea su origen, la msica en s misma es lo que ahora nos ha de interesar y sta nos interesa mucho: se trata de un amplio poema tonal, es decir, que no sigue el modelo ms breve y de una sola pieza que en su da haba ideado Liszt y que el propio Strauss utiliz en ejemplos como Don Juan o Till Eulenspiegel, sino ese otro formato de mayor extensin (unos tres cuartos de hora, en este caso) y dividido no en movimientos pero s en secciones muy bien diferenciadas, similar a la Sinfona Alpina. Por supuesto, lo que no falta es el carcter programtico propio del gnero y el recurso ms destacado del mismo, que es el empleo de motivos conductores (Leitmotiven) que identifican a los protagonistas de la narracin, especialmente al propio hroe y a su compaera, es decir, Pauline, la esposa de Strauss durante cincuenta aos, aunque en el momento de escribirse esta obra slo llevaban casados cuatro. Dichos motivos aparecen a lo largo de la obra transformndose segn las circunstancias y, desde el punto de vista musical, son la trama del tapiz sonoro, las seales que el msico nos deja para ir siguiendo la historia pero tambin para comprender la estructura de la pieza.
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