Google Groups no longer supports new Usenet posts or subscriptions. Historical content remains viewable.
Dismiss

(IVÁN): LA JUSITCIA ENRIQUECE LA VIDA, PERO EL PECADO LA EMPOBRECE

4 views
Skip to first unread message

IVAN VALAREZO

unread,
Feb 9, 2008, 10:41:54 PM2/9/08
to
Sábado, 09 de febrero, año 2008 de Nuestro Salvador
Jesucristo, Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica


(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)


LA JUSITCIA ENRIQUECE LA VIDA, PERO EL PECADO LA EMPOBRECE:


La justicia engrandece a la nación "porque es el Espíritu del
Señor Jesucristo en su función espiritual", pero el pecado es
afrenta para sus pueblos y para la humanidad entera, también,
"porque proviene directamente de Satanás". La justicia es
como el fruto del Árbol de la vida eterna, nuestro Señor
Jesucristo, "enriqueciendo siempre para bien": pero el pecado
es como lo de siempre, el fruto prohibido "para no tocar ni
menos comer de él jamás", para no desagradar a nuestro Padre
Celestial, como Adán le desagrado amargamente su corazón
santo en el día de su desobediencia.

En verdad, la justicia es de Dios de medio a medio, como lo
más precioso de su corazón santísimo y, por tanto, "enriquece
profundamente" el corazón, el espíritu, el alma y el cuerpo
humano de todas las familias de las naciones de la tierra, y
jamás hace excepción alguna de ninguna persona o personas.
Pero el pecado "es el mal de Satanás", como lo más horrendo
de la vida pecadora y rebelde a Dios y a su Ley Santísima,
por el cual la humanidad entera jamás ha deseado vivirlo para
no sufrir pobreza alguna, desde los días del paraíso y hasta
nuestros tiempos, por ejemplo.

Ciertamente, el pecado "es esa vergüenza sin valor
espiritual" que Adán y Eva sintieron primero delante de la
presencia de nuestro Dios y de su Árbol de vida, después de
haber comido del fruto del árbol de la ciencia del bien y del
mal, para mal de sus vidas celestiales y para mal eterno de
muchos, a la vez. Y, desde entonces acá, "la mancha del
pecado habita en la sangre del pecador y de la pecadora",
para sólo conocer tinieblas tras tinieblas, de mentiras y de
calumnias terribles, como el mismo corazón de Satanás, por
ejemplo, en la tierra y así también en el más allá, como en
el fuego eterno del infierno y del lago de fuego.

Porque la verdad es que en el pecado, sea grande o pequeño,
"no tiene luz alguna, ni menos bien alguno para nadie", en
esta vida, ni menos en la venidera tampoco, eternamente y
para siempre. Y esto es verdad para todo ser viviente del
cielo, como los ángeles caídos o como Adán y Eva del paraíso
y sus descendientes en todos los lugares de la tierra, para
"sólo conocer la vida de Satanás y de su pecado original" y
más no el Espíritu enriquecido y prospero del fruto de la
vida de nuestro Salvador Jesucristo.
Es por eso que "el hombre sufre todas clases de males de las
enfermedades terribles de Satanás y de sus ángeles caídos",
también, día a día en su vida por la tierra, y hasta que
finalmente cae abatido y muere por sus muchos errores y por
sus males terribles entre las llamas ardientes del fuego
eterno del infierno. Y "el infierno no es como el paraíso de
Adán y Eva", en donde se puede comer libremente, como en la
tierra de nuestros días, por ejemplo, de la palabra de vida
de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo y de su
Hijo amado, ¡el Árbol de la vida!

El infierno es real e igual de candente como el Sol de
nuestros cielos y de nuestro sistema solar, para devorar las
almas pecadoras para siempre, "porque gusta mucho del sabor
del fruto prohibido del árbol de la ciencia del bien y del
mal, en el pecador y en la pecadora de toda la tierra". Y el
infierno es una masa gigante y destructiva del más allá, la
cual nada ni nadie la podrá satisfacer jamás "de tragar
espíritus caídos del cielo y de almas perdidas y sin
Jesucristo" en sus corazones; es más, y hasta aún Satanás y
sus ángeles caídos le temen formidablemente.

Entonces el que no come de Dios, ni del Espíritu de su
palabra viva, ni de la sangre de su Árbol de vida eterna,
pues simplemente "muere como todo rebelde y pecador del
paraíso o de la tierra", para no vivir más con Dios en el
cielo, sino en otro lugar, como el infierno o el lago de
fuego, por ejemplo. Porque el fin de todo pecado "es la
muerte", en el paraíso, en la tierra y así también en el más
allá: en donde el pecador espera por la muerte de su corazón
y de su alma infinita, para "no volver a ver la luz del día
jamás", sino sólo las hondas tinieblas de la muerte eterna.

El infierno inhumano y fiero, en donde "no hay justicia",
sino sólo la injusticia tras injusticia interminable y
terrible de los corazones rebeldes y pecadores, de los cuales
vivieron sus vidas en la tierra siempre desafiando y
menospreciando a Dios y al nombre sagrado de su Hijo amado, ¡
nuestro Señor Jesucristo! Por lo tanto, en el infierno no hay
justicia alguna, sino todo lo contrario, como de lo que seria
haber comido y bebido del fruto del Árbol de la vida eterna,
¡nuestro Señor Jesucristo!, en obediencia perfecta e infinita
a nuestro Dios y a su Espíritu Santo, para que "sólo así
entonces seamos parte eternal de la rectitud imperecedera del
cielo".

Es por eso que cuando la alma pecadora y sin Jesucristo en su
corazón muere y desciende al infierno, entonces lo primero
que siente en su espíritu y en su ser viviente "es una sed y
hambre más allá de todo sentido humano en su corazón": por la
justicia viva del fruto del Árbol de la vida, ¡nuestro
Salvador Jesucristo! Y no la encontrara ya más, como en su
frecuente caminar por la tierra, porque "su tiempo de creer
en el Señor Jesucristo en su corazón, como su único y
suficiente salvador de su alma eterna ya termino en su vida",
delante de Dios y de su Espíritu Santo para no regresar a su
vida normal del paraíso jamás.

Por lo tanto, lo único que le resta a esa alma sin Jesucristo
en su corazón y entre los terribles lugares del infierno, "es
esperar por su juicio final": en donde nuestro Padre
Celestial decidirá su veredicto final para la eternidad
venidera (de acuerdo a lo que esté escrito de él o de ella,
en los libros del cielo, por ejemplo). Porque en los libros
de los cielos, todo lo que el hombre piense, haga, diga,
sienta y, por lo tanto, viva en su corazón y en todo su ser
viviente "está escrito por los ángeles del SEÑOR", para ser
leídos por vez primera en el juicio final de nuestro Dios,
para juzgar todas las cosas, grandes y pequeñas.

Para que de esta manera, "todo pecado" y, por ello, "toda
injusticia sean llevados juntos a su justo juicio final" de
nuestro Dios y de su Cordero Inmolado para su condena eterna,
en el lago de fuego: en donde no volverán a hacer de las
suyas jamás, como siempre, en la vida de todo ser viviente de
la creación de Dios. Y así "nadie jamás se habrá burlado de
Dios y de su Jesucristo" ni el paraíso, ni la tierra, ni
menos en el más allá, como entre las llamas de la ira de Dios
y de su Espíritu Santo en el infierno y en el lago de fuego
(la muerte de la muerte, para que ya no haya más injusticia).

En verdad, cuando el ángel de la muerte muera, entonces
"habrá acabo infinitamente la injusticia de todo pecado y de
cada una de sus hondas tinieblas de Satanás y de cada pecador
y de cada pecadora" del paraíso y de toda la tierra, también.
Y sólo entonces finalmente "el ángel de la muerte tendrá que
morir su muerte", como todo vil pecador, delante de Dios y de
su Jesucristo: en la medida en que, fue el Señor Jesucristo
quien le manifestó a la muerte, por vez primera en su vida
mesiánica en Israel, por ejemplo, que moriría por su poder y
por su justicia. Y le dijo abiertamente y sin más preámbulos:
"Muerte, yo soy tu muerte".

Y "estas son palabras de gran temor para el ángel de la
muerte", las cuales no conocía aún, ni le habían pasado por
su mente jamás, sino hasta que Dios se las revelo a él, por
medio de su Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo! Y la razón
porque nuestro Señor Jesucristo puede destruir a la muerte
eternamente, será porque no sólo es el Hijo de Dios, sino
porque "él es la justicia fundamental del corazón de cada
hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera", en la
tierra y así también en el juicio final de las cosas y para
siempre en la eternidad.

Por lo tanto, la justicia viviente de Dios en nuestros
corazones, la cual siempre ha sido nuestro Señor Jesucristo,
pues "destruirá finalmente al ángel de la muerte", en su
lugar único y eterno del más allá, en el lago de fuego. Es
decir, como cuando así la muerte se agradaba en matar,
destruir y de lanzar almas perdidas y sin Jesucristo en sus
corazones al infierno, en los días de sus muertes: "pues, la
justicia divina del cielo hará lo mismo con él en su día
final para suprema justicia final de nuestro Padre Celestial
y de su humanidad entera".

En verdad, la justicia real y verdadera de nuestro padre
Celestial y de su Espíritu Santo, la cual existe en el
corazón de cada una de las victimas de la muerte, lo entienda
o no, lo matara a él mismo, para destruirlo y lanzarlo al
lago de fuego, para que guste de su propio mal eterno y
entonces muera por fin. Ahora la justicia de nuestro Señor
Jesucristo sea que creamos en él o no, en realidad esa misma
justicia celestial, sagrada y bendita, la cual nuestro Padre
Celestial le entrego a Adán y así también a cada uno de sus
descendientes, también, pues acabara para siempre con el mal
del ángel de la muerte: "lanzándolo al lago de fuego eterno".

Y sólo entonces ya nadie morirá, ni menos los animales de la
tierra, ni los seres vivientes del más allá, tampoco, por
ejemplo; pues la felicidad total del corazón de Dios ha
llegado a cada uno de nosotros, por fin. Por ello, gracias a
nuestro Señor Jesucristo, por su grandeza y por su justicia
infinita, entonces nosotros mismos, seamos pecadores o no,
terminaremos con el ángel de la muerte: "destruyéndolo en su
día final y lanzándolo al lago de fuego, para que no vuelva a
afligir a ninguno de los seres creados por las manos de
nuestro Dios: ¡el hombre"!

Pues quizás tú no creas que has de destruir a la muerte en su
ultimo día de vida, pero así ha de ser, sea que creas o no en
el Señor Jesucristo en tu corazón, porque "esto es obra para
justicia eterna de nuestro Dios, por medio de su Árbol de
vida eterna del paraíso y de toda la tierra". Porque es el
mismo Espíritu de la justicia infinita y muy santa de nuestro
Señor Jesucristo, la cual le ha de dar gloria y honra a
nuestro Padre Celestial que está en los cielos: "en el día
que elimine al ángel de la muerte, junto con el pecado y con
cada una de sus hondas tinieblas del corazón de Satanás".

Y sólo así entonces "la humanidad entera gozara su primer día
de vida, de paz y de felicidad infinita y sin Satanás en su
derredor", para vivir por siempre y para siempre para nuestro
Padre Celestial que está en los cielos, únicamente por medio
del Espíritu de su fruto de su nueva vida infinita, ¡nuestro
Salvador Jesucristo! Y este ha de ser nuestro primer día
lleno de gozo, de gran altura e inmensurable de bendiciones,
la cual "sólo la puede impartir una vida humana pura y santa,
como nuestro Jesucristo para nuestro Dios", en cada uno de
nosotros, en nuestros millares, en el paraíso y así también
en la tierra, sin el espíritu de injusticia de Satanás, para
siempre.

Es por eso que toda nación que ama a su Dios y a su
Jesucristo, verdaderamente, "es engrandecida por éste gran
Espíritu de justicia eterna", en los corazones y en las vidas
de cada uno de sus ciudadanos, delante de nuestro Dios y de
su Espíritu Santo, para que haya por siempre paz, gozo,
felicidad y poder en sus días porvenir. Porque en el mundo en
que vivimos necesitamos cada una de estas cosas maravillosas,
gloriosas y hasta milagrosas de Dios y de su Árbol de vida y
sobre todas las cosas poder, siempre mucho poder: "para poder
entonces vivir una vida compatible y agradable a nuestro Dios
y al único Espíritu Santo de su Ley Viviente".

Y el pecado de cada nación finalmente ha de morir en el lago
de fuego, después del gran juicio final de nuestro Padre
Celestial y de su Cordero Escogido, para que "la humanidad
tenga su primer día lleno de gozo y de felicidad infinita por
vez primera, sin la presencia terrible de Satanás y de su
ángel de la muerte". Porque Satanás y el ángel de la muerte
han de morir, "en el día que cada injusticia y cada pecado
sea juzgado por nuestro Dios", de acuerdo a cada palabra y
acción de Adán y de sus descendientes, en el paraíso y en la
tierra, para que por fin reine la justicia con libertad
eterna sobre los pueblos de la tierra.

EL QUE NO HACE EL BIEN PECA Y VIVE EN OPOSICIÓN DE JESUCRISTO

Por tanto, al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, pues "eso
le es contado por maldad, por pecado y por injusticia
eterna", si no se arrepiente, cuanto antes mejor, del mal
terrible de su corazón ciego por las tinieblas de su pecado
original. Es decir, que cuando no hace lo que aún sabe hacer
en su vida, aquella persona para alcanzar el bien de otros,
entonces "es como si hubiese cometido algún tipo de crimen
delante de Dios y de su Jesucristo", por ende, le es contado
como injusticia, como falta de equidad para ser castigado
estrictamente por la palabra de la Ley Viviente.

Porque nuestro Padre Celestial no le ha dado dones a los
hombres y muchas otras habilidades especiales en sus vidas,
para hacer el mal, sino "para trabajar y promover siempre el
bienestar de los demás, comenzando con ellos mismos para ser
el buen ejemplo a seguir de sus semejantes, por ejemplo". Y
nuestro Dios desea que cada uno de nosotros descubramos
nuestros dones y habilidades especiales en nuestras vidas,
para "derrotar a cada una de las tinieblas del pecado y de la
injusticia en la vida de muchos desdichados de la tierra"
(como de los que aún no conocen lo que es comer del Árbol de
la vida en oración, por ejemplo).

En vista de que, todos los que hacen el mal siempre, "es
porque no conocen en sus corazones al Hijo amado de Dios",
nuestro Señor Jesucristo: "como el Hijo de David para la
nueva eternidad venidera de La Nueva Jerusalén Santa y
Gloriosa del cielo". Y esto es realmente para vivir desde ya,
como si estuviéramos ya viviendo en el paraíso o en la nueva
Jerusalén del cielo, para "alimentarnos día y noche sólo en
el espíritu de la verdad, de la justicia y del derecho de
comer y de beber del Árbol de la vida eterna, nuestro único
gran rey Mesías posible", ¡nuestro Señor Jesucristo!

Y como las multitudes y sus pueblos eternos no conocen ésta
gran verdad firme e imparcial del paraíso en sus vidas,
entonces "pecan y obran siempre día y noche para mal de sus
vidas y para la injusticia de muchos, también,
desdichadamente". Es por eso que sobreabunda en muchos
lugares el pecado y la injusticia de aquellos que no han
conocido jamás en sus corazones: "la justicia divina de Dios
y de su nueva vida venidera, ¡nuestro Señor Jesucristo!, el
único Santo del cielo y de la humanidad entera".

Es decir, también, que mucha gente actúa mal y peca
indiscriminadamente y, por tanto, hace muchas malas obras en
sus vidas, porque no conocen al Señor Jesucristo, como
deberían conocerle a él, como "su único y suficiente salvador
de sus vidas", ¡el fruto de vida eterna de nuestro Padre
Celestial para sus almas hambrientas y sedientas por la
justicia perpetua! Y el que come del Señor Jesucristo día y
noche en oración, entonces "ya no vive para las tinieblas y
su injusticia de siempre, como la injusticia destructora de
pueblos del pasado, por ejemplo, sino que vive para la luz y
para la verdad infinita de la nueva vida eterna de Dios y de
sus ángeles gloriosos, del nuevo reino celestial".

Porque con el Señor Jesucristo en los corazones de las
multitudes de los pueblos de la tierra, entonces "ya no hay
injusticia ni pecado alguno", tan sólo desde el momento
maravilloso, prodigioso y milagroso, como cuando comienzan a
orar y a creer en sus corazones y a confesar con sus labios,
por ejemplo, el nombre sagrado de nuestro Salvador
Jesucristo. Por eso los que aman a nuestro Padre Celestial
verdaderamente en sus corazones eternos, entonces "esto
significa que nuestro Señor Jesucristo ya no es desconocido
en sus espíritus humanos", sino que vive para darles poder
continuamente para caminar por siempre: "únicamente en la
verdad y en la justicia salvadora del paraíso y del nuevo
reino de los cielos, por ejemplo".

Y, de esta manera, "ya no abunde la mentira, la calumnia, el
pecado y la muerte del corazón de muchos", sino sólo la
verdad de Dios y la justicia infinita de su Hijo amado,
nuestro Árbol de vida eterna, en la tierra y en el paraíso,
para siempre. Para que entonces así: "únicamente abunde mucho
más la luz del Árbol de la vida, que las tinieblas de
Satanás", no sólo en los corazones de las multitudes de los
pueblos, sino también en los vastos espacios de la tierra; es
decir, para que el mundo entonces "sea la luz del unigénito y
más no de las tinieblas de Satanás".

En otras palabras, cuando el pecado y la maldad abundan en
algunos lugares de la tierra, "es porque Jesucristo no está
en sus corazones, sino Satanás"; y, por ello, la gente sufre
males terribles, "sin tener que sufrirlos jamás realmente,
por voluntad sagrada de nuestro Padre Celestial y de su
Espíritu Santo, porque han sido declarados eternamente libres
en su Jesucristo". Además, cuando la gente por todos lados
abunda en muchas buenas obras, entonces "esto significa que
el Espíritu del nombre y de la sangre del Árbol de la vida,
nuestro Señor Jesucristo, está en sus corazones y en sus
vidas", para dar buenos frutos y en abundancia también,
siempre para facilitar milagros, sanidades sobrenaturales y
el bien eterno de muchos.

Y, de esta manera única, entonces "la tierra ya no seria
tinieblas por culpa del pecado y de la injusticia de Satanás,
sino luz, vida, alegría, fe y salud en abundancia", porque
muchas gentes han de estar haciendo la voluntad de Dios, y
esto es de creer e invocar el nombre de su Jesucristo
constantemente, como en el paraíso, por ejemplo. Por ello,
fue que nuestro Padre Celestial llevo de la mano a Adán al
pie del Árbol de la vida, "para que haya siempre luz de vida
y de salud infinita en el paraíso y más no tiniebla de ningún
mal de Satanás", como las enfermedades del infierno y hasta
la muerte del ángel de la muerte, por ejemplo.

Además, nuestro Padre Celestial quería que Adán comiese y
bebiese del Árbol de la vida eterna, cuanto antes mejor,
"para que ninguna tiniebla de Satanás nazca en el paraíso",
como sucedió con los ángeles caídos en el reino de los
cielos, amenazando / amargando así la paz y la gloria de toda
una vida antigua y muy santa del cielo. Y los ángeles caídos
se perdieron con el pecado y las muchas tinieblas de Satanás
en sus corazones, "porque sabiendo hacer lo bueno no lo
hicieron", como escapar de la maldad del enemigo numero uno
de Dios en sus mismos corazones, por ejemplo: "con tan sólo
aceptar a Jesucristo en sus vidas antes que el mal del pecado
rebelde de Satanás".

Y como los ángeles caídos no hicieron el bien que sabían
perfectamente hacer, para derrotar a Satanás y su plan
diabólico de transformar el reino celestial en un mundo de
tinieblas, entonces "nuestro Padre Celestial los desecho de
su presencia y no quiso perdonar sus pecados", aunque muchos
lo buscaron de todo corazón y con grande llanto en sus
espíritus celestes. Y a muchos de estos ángeles caídos en la
iniquidad y en el desdeño de sus tinieblas imperdonables, por
ser muy poderosos en si, entonces "nuestro Padre Celestial
los encadeno en calabozos terribles en los hondos abismos del
infierno, para ser llevados a su juicio final muy pronto".

Porque si Dios no los hubiese encadenado a estos ángeles
poderosos de gran maldad, entonces "la vida de la tierra
fuera aún mucho más terrible que los días de Noé, por
ejemplo": en donde el Espíritu de su palabra viva y del
sacrificio eterno de su Hijo amado no hubiese sido posible
predicar a las gentes, para perdón de sus almas. Es por eso
que nuestro Padre Celestial tiene a muchos de estos ángeles
caídos amarrados en el Abismo aún, reservados para el día de
su juicio final para ser juzgados: "por lo que pensaron, por
lo que sintieron, por lo que dijeron con sus labios en contra
de él y de su Árbol de vida eterna, nuestro único Salvador
Jesucristo".

Y su acusación celestial será entonces en aquel día: ¿Por qué
hicieron el mal de rebelarse en contra del Árbol de la vida,
nuestro Señor Jesucristo, conociendo en sus corazones que
únicamente él es el Hijo de Dios, para gloria y honra
infinita de su nombre santísimo en el reino de los cielos y
en la nueva era venidera, también? Y los ángeles rebeldes "no
tendrán defensa alguna para justificar su mal proceder" ante
Dios y ante su Espíritu Santo y su Árbol de vida eterna de
todo ser viviente, nuestro Salvador Jesucristo; por lo tanto,
en el día del juicio "no tendrán perdón alguno por sus
pecados e injusticias", sino sólo un lugar asegurado en el
lago de fuego.

Y, básicamente, "es la misma denuncia en contra de todo
pecador y de toda pecadora de toda la tierra", los cuales
estarán en su día del juicio final delante de Dios y de su
Cordero Escogido, para ser juzgados finalmente por su mal
proceder en contra de Él y de su Jesucristo. Y nuestro Padre
Celestial y su Espíritu Santo "no desean que estemos ahí,
condenados juntos con los ángeles caídos", en aquel día del
juicio final, sino que "estemos con su Jesucristo de nuevo de
regreso a la vida santísima del cielo y del paraíso, sólo por
haber invocado con nuestros labios en oración su nombre
salvador y milagroso, ¡nuestro Señor Jesucristo!

Dado que, sólo nuestro Señor Jesucristo "tiene los poderes y
autoridades sobrenaturales en el Espíritu de su sangre y de
su nombre milagroso, para perdonarnos nuestras injusticias y
pecados", para hacernos libres, limpios y llenarnos a la vez,
infinitamente de su nueva vida eterna, la cual nuestro Dios
ama de todo corazón desde siempre, para cada uno de nosotros.
Y, además, "escaparemos el mal del juicio final" de nuestro
Padre Celestial y de su Espíritu Santo para todo pecador de
toda la vida de la tierra, porque "nuestros nombres han de
estar escritos en el libro de la vida" (el cual es el libro
del Cordero Escogido de Dios, su Hijo amado y nuestro único
Salvador del cielo, ¡Jesucristo!)

En la medida en que, con la sangra santa y sumamente
gloriosa, con la cual nos limpio y nos lavo de nuestros
pecados y de nuestras injusticias, entonces "con ella misma
habrá escrito nuestro Salvador Jesucristo nuestros nombres en
el libro de su vida eterna, para vivir por siempre y para
siempre, y más no para morir jamás". Ciertamente, "viviremos
una vida y una gloria que no nos merecíamos jamás" por
nuestras culpas, por nuestros pecados, por nuestras
rebeliones e injusticias, delante de un Dios tan Santo y tan
Bueno, como siempre lo ha sido nuestro Padre Celestial y su
Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo!

Pero nuestro Padre Celestial nos ha dado su perdón eterno en
su unigénito, su fruto de Árbol de vida eterna para todo
ángel del cielo y así también para Adán y para cada uno de
sus descendientes, porque "su Jesucristo nos ama
abundantemente por justicia a su sangre, a pesar de nuestros
pecados, de nuestras rebeliones y de nuestras injusticias,
también". Y nos ama tanto nuestro Señor Jesucristo, porque
siendo el Hijo de Dios no escatimo jamás ser mayor que el
hombre de la tierra para venir a salvarlo: "derramando su
sangre santa sobre los árboles cruzados de Adán y Eva en la
roca eterna, en las afueras de Jerusalén, en Israel, para que
hoy hagamos lo correcto en nuestros corazones".

Y esto es "de dejarlo entrar en nuestras vidas con mucha
confianza y con mucho gozo en nuestros corazones y espíritus
humanos, para que siga haciendo todo lo bueno para nuestras
vidas", en la tierra y para nuestras nuevas vidas eternales
del cielo, igual, por y por siempre. Porque "solamente
nuestro Señor Jesucristo sabe hacer muy bien", cómo nadie
más, "sólo todo lo que es bueno para cada uno de nosotros",
en nuestros millares, de todas las razas, familias, pueblos,
linajes, tribus y reinos de la tierra.

Es decir, también, que como nuestro Señor Jesucristo nadie
sabe hacer lo bueno para con nosotros, ni aún los ángeles
santos, "si no son guiados por él y por su Espíritu Santo",
en el paraíso, en la tierra y así también en La Nueva
Jerusalén Santa e Infinita del cielo, para el bien eterno de
los que aman a Dios. Y cuando una persona puede hacer algún
bien para él mismo o para los demás, será porque nuestro
Padre Celestial, por medio de su Espíritu Santo, "le está
dando dones y habilidades sobrenaturales, para que lo haga
así para él y para su prójimo, para que las tinieblas mueran
y la luz de la verdad de Jesucristo viva en nosotros
siempre".

Es por eso que nuestro Padre Celestial siempre se ha puesto
en contra de todo aquel que sabe hacer lo bueno y no lo hace,
porque "en su ignorancia está realmente haciendo que el mal
de muchas gentes inocentes abunde y sin control alguno,
también", y así vidas preciosas para su reino celestial sean
afectadas y dañadas, como si nada. Y hay muchas gentes
sufriendo algún mal en sus vidas, hoy en día, en muchos
lugares de la tierra, porque "simplemente alguien no hizo lo
correcto, lo justo, lo que sabe hacer con su corazón, con su
mente y con sus manos", cuando tuvo la oportunidad de hacerlo
así para si mimo o para el bien de los demás, por ejemplo.

Es decir, que las tinieblas de siempre van en aumento una
tras otra, "para terminar de hacer de la tierra y de toda
vida humana otro infierno de tinieblas eternas, como el del
más allá", por ejemplo, para que no haya luz alguna en todos
sus contornos, sino únicamente muerte y destrucción total de
todo lo creado por nuestro Padre Celestial. Y nuestro Dios no
está en el cielo "para ver a la tierra volverse en otro
infierno injusto, como el mundo de los muertos, violento,
destructivo y sin vida o gloria alguna", por ejemplo, sino en
convertirla en un paraíso terrenal para la satisfacción y la
honra de su nombre santo y de su Hijo amado, ¡nuestro
Salvador Jesucristo!

Además, nuestro Padre Celestial tiene todo el poder de vida y
de justicia infinita para logarlo así en toda la tierra, es
decir, "si logra hacer que cada corazón del hombre, de la
mujer, del niño y de la niña de la humanidad entera,
comenzando con Adán, crea profundamente en su fruto de vida",
su unigénito y nuestro único Salvador Jesucristo. Porque ya
sea en el paraíso o en el reino celestial, todos sus seres
creados hacen su perfecta voluntad en sus corazones, en sus
mentes, en sus espíritus y en sus vidas celestes y normales
de cada día del cielo, "para alcanzar aún mayores glorias y
honras que en el pasado, para nuestro Padre Celestial y para
su Espíritu Santo".

Y esto es no sólo de creer en su Árbol de vida, sino de comer
y de beber de él, para bien de sus vidas y para el bien común
de los demás, en todos los vastos espacios celestiales del
reino, "para que nuestro Padre Celestial sólo vea en todo su
derredor verdad y justicia infinita de su Hijo Mesías". Y lo
mismo nuestro Padre Celestial desea ver en toda la tierra,
pero ya. Nuestro Padre Celestial no quiere ver más tinieblas
en el corazón de cada hombre, mujer, niño y niña de la
humanidad, porque así como se dolió de ver tinieblas en el
corazón de Adán y de Eva, "así pues, contigo, hoy en día, mi
estimado hermano y mi estimada hermana".

En verdad, "nuestra tierra está existiendo en días de
gracia", como en días o tiempos extendidos por nuestro Padre
Celestial para que todo pecador y para que toda pecadora se
salve, igual como todos los demás que le aman a él desde la
antigüedad acá, por medio de su fruto de vida eterna del
paraíso, ¡nuestro Señor Jesucristo! Porque sólo en creer con
el corazón y confesar con los labios su nombre salvador, el
de su unigénito, "es que verdaderamente hay verdad y justicia
infinita, para perdón de pecados y para sanidad y salvación
inmortal para todo hombre, mujer, niño y niña de la humanidad
entera".

Puesto que, confiar siempre, como creer profundamente en
nuestro Señor Jesucristo, "es como comer y beber de sus manos
santas, del fruto de la vida y del agua de la salud eterna"
del cielo y de toda la tierra, también. Para que todo ser
viviente de la tierra "entonces viva su vida sin Satanás y
muy feliz, también, como los ángeles del cielo", aunque
todavía esté viviendo en la tierra, por ejemplo, pero
infinitamente libre de todo mal del pecado y de sus muchas
injusticia de Satanás en su corazón y en su espíritu humano,
esta vez.

Por todo ello, nuestro Padre Celestial les ha provisto a cada
uno de sus millares de ángeles, arcángeles, serafines,
querubines y demás seres muy santos del cielo: poderes y
sabidurías muy especiales "para hacer siempre todo lo que es
bueno y para el bien común de sus semejantes, por siempre y
para siempre, en el reino de los cielos". Pues así también
con todo hombre, mujer, niño y niña de las familias de las
naciones de la tierra, "para que haya siempre luz en sus
vidas y más no tinieblas", tinieblas que ciegan, como las
tinieblas de siempre, que no sólo destruyeron mucha vida
angelical sino también a Adán y a muchos de sus
descendientes, desde entonces acá, por ejemplo.

Ahora si tú mismo, mi estimado hermano y mi estimada hermana,
"deseas encontrar tu habilidad muy especial de parte de
nuestro Padre Celestial", la cual te la proveyó a ti, en el
día de tu formación en sus manos santas en el reino de los
cielos, pues necesitas a Jesucristo en tu vida, hoy más que
nunca, para encontrarlas. Y cuando las encuentres te harán
muy feliz para hacer verdad y justicia para ti mismo en tu
vida y en la vida de muchos también, aunque ellos no
descubran nada aún, "para que comiencen a desaparecer
automáticamente muchas tinieblas satánicas", las cuales no
deberían estar entre nosotros, sino en su lugar las hondas
profundidades del infierno, por ejemplo.

Porque sólo nuestro Señor Jesucristo te puede enseñar "cuales
son las habilidades de tu corazón y de toda tu vida,
también", como con las que te ha provisto para que le sirvas
a él en su Espíritu Santo, en la tierra y así también en el
paraíso, por siempre y para siempre, en la nueva eternidad
venidera. Y esto es algo que tú muy bien puedes comenzar hoy
mismo en tu corazón y en toda tu vida, también, "si tan sólo
le pides a nuestro Dios que te enseñe, que te manifieste con
cuales habilidades de su Espíritu Santo te ha datado para
servirle a él, en la tierra, en el cielo y en la nueva
eternidad celestial".

Porque la verdad es que si tú encuentras las habilidades
especiales que nuestro Dios te ha puesto en tu vida, y las
pones a la obra de su servicio para bien de muchos, entonces
"harás que muchas tinieblas mueran al momento y, entonces,
sólo la luz de la verdad del Árbol de la vida aumente y
prospere constantemente siempre". Porque toda tiniebla que
está actuando libremente por toda la tierra, "es porque
alguien no hizo lo correcto en el pasado, cuando tuvo la
oportunidad de hacerlo así", así pues, encendiendo el mal de
muchos y el crecimiento del pecado y de sus tinieblas de
injusticias, en los corazones de mucha gente totalmente
inocente y ciega a la realidad de Satanás.

Pero si cada uno hace de su corazón lo correcto y con sus
labios lo lleva a su obra final, entonces "las tinieblas
dejaran de ser en muchos corazones de hombres, mujeres, niños
y niñas, para que la luz de Jesucristo brille en sus
espíritus humanos mucho más que la brillantes del Sol y de
las estrellas de la inmensidad". Porque "nuestro Padre
Celestial es sumamente poderoso para hacer todas estas cosas
y mucho más, también", con cada uno de nosotros de todas las
familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la
humanidad entera, para gloria y para honra eterna de su
nombre muy santo, por ejemplo, en nuestras vidas de día a día
por el mundo entero.

Entonces el que recibe al Señor Jesucristo en su corazón,
como su única verdad y como su única justicia eterna, como
Dios manda, "entonces ha empezado a destruir no sólo en su
vida sino en la de muchos, también, muchas tinieblas de
maldad y de gran injusticia", en la tierra y así mismo en el
más allá, eternamente y para siempre. Y es por eso que tú
eres muy importante para nuestro Dios, desde siempre; pues,
tan importante eres para nuestro Dios "que dejo correr su
sangre y toda su vida santa en su altar de tierra, para tocar
tu corazón y tu espíritu humano con su verdad y con su
justicia, para que tu sólo conozcas la vida eterna, pero ya".

NUESTRO DIOS SINTIO EL PECADO Y SU INJUSTICIA UNIVERSALMENTE

Ciertamente, nuestro Padre Celestial vio desde el cielo "que
la inmoralidad del hombre era en extremo aún más allá de lo
tolerable por su Espíritu Santo" y, además, que toda
tendencia de los pensamientos de su corazón era en si de
continuo sólo de mal en peor, para con él mismo y para con su
prójimo en la tierra. Y nuestro Padre Celestial se comenzó a
sentir tan mal y hasta que más no pudo su Espíritu, porque
"jamás había sido llamada su atención hacia tanta maldad del
corazón, no tanto de los ángeles caídos, sino del mismo
hombre", (la obra perfecta de sus manos santas del cielo y la
esperanza de nuevas glorias, para su nueva era venidera).

Esto realmente movió a nuestro Padre Celestial ha hacer algo
por el hombre, cuanto antes mejor, "para que no se sigua
perdiendo su vida, como en su mala manera de pensar y de
vivir para con él mismo y para con sus semejantes, por
ejemplo". Entonces nuestro Dios vio que sólo tenía una manera
de cambiar la vida del hombre, y esto era sólo posible a
través de su misma muerte, es decir, "terminando con toda
vida de carne pecadora, humana y animal, para empezar de
nuevo una vez más --pero esta vez-con el Espíritu de justicia
del descenso de su Árbol de vida al mundo".

Como quien dice, comenzar todo desde el fondo hacia arriba
una vez más, pero esta vez, "esperando que no haya
complicación de pecado para nadie, como en el principio del
paraíso o de la tierra con todo hombre que volvió a alejarse
cada vez más del fruto de su vida eterna, su Cordero
Escogido, su Hijo Santo, por ejemplo". Y para hacer esta gran
obra monumental, entonces "nuestro Dios tenia que hacer que
la tierra sea llena de agua en vez de su Espíritu", para que
toda vida humana y animal cese, cuanto antes mejor, para ya
no sentir el peso y la presencia del pecado en su derredor en
el cielo, y para posteriormente volver a rehacer al hombre.

Pero esta vez, el hombre seria amoldado paso a paso de su
vida con las mismas manos gloriosas de su Espíritu Santo,
"para que reciba la gloria del cielo en su corazón, su Hijo
amado", para que así ya no conozca tanto el mal de las
tinieblas, sino el bien de la luz viviente del Árbol de la
vida eterna. Y sólo así el hombre podría realmente vivir
mejor en la tierra y delante de la presencia sagrada de su
Dios y Fundador de su nueva vida infinita, por medio de su
Espíritu Santo, y posteriormente "amoldado a perfección
celestial esta vez también, por los poderes sobrenaturales
del Espíritu de la sangre y del nombre glorioso de nuestro
Señor Jesucristo".

Y nuestro Dios tenía que hacer todo esto por el hombre, para
que el pecado ya no sobreabunde sobre toda la faz de la
tierra y suba hacia su presencia santa en el cielo, como
siempre, "para que entonces el hombre encuentre su camino de
vida y de salud infinita, por medio de su insustituible fruto
de vida", ¡nuestro Salvador Jesucristo! Porque para el hombre
no hay otra manera de reformar su corazón celestial y volver
a la vida de sus primeros pasos en el paraíso, con Dios y con
sus ángeles fieles a él y a su gran verdad eterna, "si no es
sólo por la fe, de sus espíritus humanos por su Árbol de vida
eterna", ¡nuestro Salvador Jesucristo!

En efecto, esta era la única manera, como nuestro Padre
Celestial realmente podía salvar al hombre de su estado
espiritual, "el cual lo estaba llevando día a día hacia un
caos total, de su vida en la tierra y en el más allá también
y para siempre". Sí, estos días sobre toda la tierra y con
todo pecador delante de Dios, fue casi "como cuando Adán y
Eva comieron por primera vez del fruto prohibido del árbol de
la ciencia del bien y del mal", y nuestro Dios tuvo que
ponerle fin a sus vidas en el paraíso, para salvarlos de un
mal aún peor que el primero.

Y esto era "de que podían comer del fruto del Árbol de la
vida eterna, pero esta vez con consecuencias aún mayores y
muy terribles para sus almas infinitas", después de haber
comido del fruto prohibido para entonces vivir para siempre
en su pecado de rebelión y de desobediencia total a su Dios y
a su Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo! Asimismo, pues,
fueron los días difíciles para nuestro Dios, cuando el pecado
sobreabundaba sobre toda la faz de la tierra, "porque el
pensamiento del corazón del hombre era de mal en peor para
hacerse daño a si mismo y así también a su prójimo, sin tener
temor alguno de las consecuencias terribles de sus malas
palabras y de sus injustas acciones".

Y nuestro Dios no iba a permitir que el pecado y la
injusticia reinen por completo en la tierra para mal de la
humanidad entera, "porque aún su Hijo amado no había nacido
de la virgen de su siervo fiel, David, para ponerle fin al
pecado y a su injusticia, y así entonces redimir al hombre
del lago de fuego". Pues entonces, Dios tuvo que hacer lo
correcto, lo mismo que hizo con Adán y Eva en el paraíso,
pero esta vez era con sus hijos e hijas de él, "pues aún
mucho más rebeldes que ellos mismos en contra de él y de su
Árbol de vida eterna, ¡nuestro Salvador Jesucristo!, para no
comer de la vida eterna jamás".

En aquel entonces, la palabra del Señor Jesucristo se le
predicaba a todo ser viviente moral o no, para que se
arrepientan de sus malas maneras de pensar en sus corazones y
de vivir para con sus prójimos, "para que su vidas progresen
hacia el bien y más no hacia el mal, como vemos en nuestro
mundo de siempre, por ejemplo". Y "este no era, por cierto,
un trato humano que nuestro Padre Celestial quería para su
Hijo amado, cuando descendiese del cielo" para nacer de una
de las hijas vírgenes de su siervo David, por ejemplo, en la
tierra escogida de Canaán para su pueblo y para su humanidad
entera.

Pues entonces, nuestro Padre Celestial tuvo que hacer lo
correcto, cuanto antes mejor, "para que el recibimiento de su
Hijo amado en el mundo no sea tan hostil e injusto y así su
obra pudiese llevarse acabo, sin más complicaciones que
antes", para evitar aún males peores que los anteriores para
su corazón santo y para toda la tierra, también. Aquí es
cuando nuestro Dios ve que todo era diferente con su siervo
Noe. En su siervo fiel, nuestro Dios vio un mundo nuevo,
"libre de las muchas injusticias de las naciones de aquellos
días y de la propagación del pecado, en los corazones de sus
ciudadanos".

Pues "Noé era un hombre que amaba a Dios y a su Cordero
Escogido en su corazón", para que su sangre santa lo limpie
del pecado cada día, para que finalmente algún día volver a
vivir su vida normal en el paraíso, comiendo no del fruto
prohibido como Adán, por ejemplo, sino del fruto de la vida,
¡nuestro Señor Jesucristo! En verdad, "Noé era un predicador
valiente, decidido, valeroso, justo y sin temor alguno del
Señor Jesucristo para las multitudes de la antigüedad
rebeldes a Dios y a su Espíritu Santo".

Para que cada uno de ellos recibía a su único Salvador
Celestial en su corazón, "como su único gran rey Mesías de su
vida, en la tierra y en el paraíso, también, por siempre y
para siempre". Y Noé era un hombre fuerte y valeroso con la
palabra del Señor Jesucristo para darle gloria a nuestro
Padre Celestial no sólo por medio de su vida, sino también
por medio de la vida de los demás, para que no se ahoguen en
el diluvio que venia y desciendan perdidos, sin Jesucristo en
sus corazones, al infierno eterno.

Ya que, "sólo en nuestro Señor Jesucristo no hay inmoralidad
de pecado, ni de injusticia alguna", tampoco: es decir, que
nuestro Señor Jesucristo nació santo y puro del vientre
virgen de una mujer "para jamás mentir, ni calumniar, ni
falsar la verdad en contra de nadie, ni aun del mismo diablo,
por ejemplo". Porque nuestro Señor Jesucristo jamás le
mintió, ni falseo su verdad con ningún pecador, ni con
ninguna pecadora en el paraíso, ni en la tierra, ni menos con
Satanás de siempre del mundo de las tinieblas y de los
muertos, por ejemplo, del más allá.

Es por eso que nuestro Padre Celestial amo y cuido mucho a
Noé y a su familia también, "para salvar al remanente de la
humanidad y de los animales de toda la tierra", de la
injusticia del pecado de los pecadores viles y sin amor al
Señor Jesucristo en sus corazones de aquellos días, por
ejemplo. Y Noé fue el hombre junto con su familia, el cual
nuestro Padre Celestial escogió de toda una antigüedad
humillante y rebelde a él y a su palabra viva: "porque Noé
amaba en su corazón la venida del gran rey Mesías de todos
los tiempos, el Hijo de David, Cristo Jesús, Señor nuestro,
en el paraíso y en la tierra infinitamente".

Pues entonces, Dios le dijo a Noé que escogiera dos parejas
de machos y hembras de todos los animales, para que sean
salvos del diluvio venidero y entrasen en el arca que habría
de construir, "para él salvarse con su familia de la ira
venidera, por culpa de la injusticia de las naciones y de la
inmoralidad espiritual del hombre ofensor". Y Noé le creyó a
su Dios, porque hizo todo lo que le ordeno hacer palabra por
palabra y hasta que todo se cumplió, "para gloria de Dios y
para salvación de su vida y de la vida de muchos también, de
aquellos días tan cortos de luces y, juntamente, cruciales
para la humanidad entera".

Y sólo así nuestro Padre Celestial podría asegurar la venida
de su Hijo amado a la tierra, "para brindar verdad y justicia
infinita a todo aquel que cree en su Creador", sólo por medio
del Espíritu de su amor, palabra y nombre santo y sumamente
milagroso, para el bien del corazón y de la vida de todo
hombre, ¡nuestro Jesucristo! Es por eso que, hoy en día, mi
estimado hermano y mi estimada hermana, vives en un ambiente
mucho mejor de los días de Noé, "para respirar libertad de
conocer a Dios, únicamente por medio de su fruto de vida
eterna", ¡nuestro Salvador Jesucristo!

Para que entonces nuestro Padre Celestial vuelva a ver, en el
pensamiento del corazón del hombre: "sólo verdad, justicia y
santidad del Espíritu de su Árbol de vida, su Hijo Mesías y
nuestro único salvador posible para nuestras almas
vivientes", en la tierra y así también de regreso al cielo,
al paraíso de la antigüedad de nuestros antepasados, Adán y
Eva. Y sólo de esta manera, nuestro Padre Celestial no se
volverá a doler en su corazón, por haberte creado a ti, sino
que "será lleno su corazón santísimo, como el lugar de
nuestro ideal nacimiento, repleto de sólo amor, verdad,
justicia, honra y nuevas santidades jamás alcanzadas ni aún
por los ángeles, para exaltación y adoración de su nombre
santo y recto".

Porque nuestro Padre Celestial ama lo más grande de nuestros
corazones y de nuestras almas infinitas, "la verdad de su
Jesucristo palpitando verdad, justicia y sobre todo vida y
salud en abundancia para enriquecernos a cada uno de
nosotros", de todas las familias, pueblos y reinos de la
tierra, para empezar ya su nueva vida infinita de su Gran
Jerusalén Colosal. Y Dios desea que tú estés con él y con tu
familia muy amada, también, "para gozar con él por siempre y
para siempre en la justicia y en la verdad de su fruto de
vida eterna, nuestro único gran rey Mesías y Salvador de la
humanidad entera", ¡nuestro único Jesucristo de La Gran
Jerusalén Encantadora, la nueva alegría del cielo!

El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su
Jesucristo es contigo.


¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!


Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en
el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman,
Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras
almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y
sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para
siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado,
nuestro Señor Jesucristo.

LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo
a la verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo
eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida,
de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre Celestial y de su
Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en
ésta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quizá que
el fin de todos los males de los ídolos termine, cuando
llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los
ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando
día y noche entre las llamas ardientes del fuego del
infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios.
En verdad, el fin de todos estos males está aquí contigo, en
el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en Él, en
espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas
los males, enfermedades y los tormentos eternos de la
presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de
espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de
los tuyos también, para la eternidad del nuevo reino de Dios.
Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en día
honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de
sus ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano,
mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar
cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada
categoría de bendición terrenal y celestial, cada honor, cada
dignidad, cada señorío, cada majestad, cada poder, cada
decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus
muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y de
la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y
de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de
Israel y de las naciones!

SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en
tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en
abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha
venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde
los lugares muy altos y santos del reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí".

SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza
de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni
en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas
ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios
celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos,
sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me
aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a
los que me aman y guardan mis mandamientos".

TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová
tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre
en vano".

CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para
santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero
el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en
ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu
siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está
dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los
cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del
sábado y lo santificó".

QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que
tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te
da".

SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio".

SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio".

OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás".

NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de
tu prójimo".

DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su
sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu
prójimo".

Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y deshazte de todos
estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno
de los tuyos, también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por
amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los
tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus
ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así,
en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos,
también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde
los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas,
en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos
males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en
abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas
familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y
digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de
la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y
salvador de todas nuestras almas:

ORACIÓN DEL PERDÓN

Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la
memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo
amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el
cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día,
dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también
nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en
tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre
Celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no
perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará
vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la
VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO,
sino es POR MÍ". Juan 14:

NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.

¡CONFÍA EN JESÚS HOY!

MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.

YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA
TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de
éste MUNDO y su MUERTE.

Disponte a dejar el pecado (arrepiéntete):

Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al
tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que
entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.

QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ
DECIRLE AL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di:
Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que
Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi
pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a
venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR.

¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No
_____?

¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____?

Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de
una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con
Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate
en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y
sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es
predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de
Cristo a los demás.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del
evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender
más de Jesús y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros
cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes
temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio,
entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia,
para ver que clase de libros están a tu disposición, para que
te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti,
para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su
Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de
hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la
paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras
oraciones. Porque ésta es la tierra, desde donde Dios lanzo
hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras
bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y
nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan tranquilos
los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis
hermanos y de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre
Jerusalén". Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en
el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre.

El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el
Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y
asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de
Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda
letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo
corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y
loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas,
como antes y como siempre, para la eternidad.


http://www.supercadenacristiana.com/listen/player-wm.asp?
playertype=wm%20%20///

http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx

http://radioalerta.com

0 new messages