De primera lanza a fundador de Venezuela

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José Malaguera

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Apr 1, 2007, 1:22:12 PM4/1/07
to GRUPO BOLIVAR ESTADISTA HUMANITARIO

De primera lanza a fundador de Venezuela
 

 
José Antonio Páez

 
Rafael Marrón González
Páez pide al congreso repatriar los restos de Bolívar
En 1833, fiel a la palabra empreñada, Páez dirigió al Congreso Nacional una solicitud para que se declarasen los honores públicos al más ilustre de los hijos de Venezuela, y el 30 de abril de 1842, el Congreso Nacional decretó: "1. Venezuela se honra en aclamar al Libertador Simón Bolívar con los títulos de honor y gloria decretados por Venezuela y Colombia. 2. El gobierno hará trasladar sus cenizas desde Santa Marta a esta capital con el decoro propio, y previa participación al gobierno de la Nueva Granada. 3. A su llegada se le harán los honores fúnebres de Capitán General...". Acto seguido el gobierno de Páez invitó a Colombia y Ecuador para que le acompañasen en el acto de inhumación en Santa Marta y nombró una comisión integrada por Francisco Rodríguez del Toro, Mariano Montilla y José María Vargas, para presenciar la ceremonia, recibir los restos y trasladarlos a Caracas y comisionó a Agustín Codazzi para que adquiriera en París el carro que debía portar la urna del Libertador, así como el arco de triunfo y los demás adornos del solemne acto; pidió a Daniel Florencio O'Leary, que contactara al escultor Pietro Tenerani para construir un monumento en mármol que sirviese de panteón para las cenizas; nombró a Francisco Martín para la identificación de los restos; designó las personas que harían la Guardia de Honor a bordo de la goleta "Constitución" y ordenó los demás detalles de la ceremonia que debía realzarse en Caracas y en las demás ciudades de la provincia, el día 17 de diciembre de 1842.
Bolívar retorna a su patria
 El 15 de diciembre fueron desembarcados a una falúa, convenientemente armada, los restos del Libertador, que los trasladó a tierra firme. Solemne el pueblo venezolano recibió a su ilustre hijo y lo condujo a la iglesia parroquial de La Guaira. Al día siguiente la población guaireña despidió los restos del Libertador y una comisión del Concejo Municipal lo condujo hasta Caracas. A su entrada a la capital, una comisión del Concejo Municipal caraqueño recibió la urna cineraria, la cual fue conducida en hombros por algunos distinguidos ciudadanos hasta la capilla de la Santísima Trinidad. Al día siguiente, 17 de diciembre de 1842, se presentaron José Antonio Páez, sus ministros, representantes de la Iglesia, el cuerpo diplomático y distinguidos ciudadanos de Caracas para trasladar la urna, entre filas de milicias uniformadas, a través de calles adornadas con cortinaje de luto, banderas tricolores, gorros frigio y emblemas, en una multitudinaria procesión emocionada hasta la iglesia de San Francisco, donde permanecieron hasta el 23 de diciembre, cuando fueron trasladados con igual solemnidad hasta la cripta de la familia Bolívar, en la Catedral antes de su reposo definitivo en el Panteón Nacional. Páez había cumplido el último deber con el Héroe único a quien subordinó su naturaleza empecinada y libérrima. Pero también se preocupó Páez por el destino de los restos de Francisco de Miranda, y en 1836-37, se iniciaron diligencias a través de Carlos Soublette, que permanecía en misión diplomática en España, para identificar la tumba del Precursor, aunque sin éxito.
A Páez también le llegó la ingratitud
 Pero también le tocó a Páez sufrir los rigores de la ingratitud; su antiguo teniente y compadre, José Tadeo Monagas, es el encargado de pasar la factura de los viejos resentimientos, y el León de Payara es vencido, humillado y encarcelado en oprobiosa celda. Se le expropiaron sus propiedades, que jamás pudo recuperar su esposa, se le encarcela en el castillo de Cumaná y el 25 de marzo el presidente puso el ejecútese al decreto emitido por el Congreso mediante el cual se le expulsaba de Venezuela y pierde su grado, títulos, empleos y condecoraciones, borrándose su nombre de las listas militares. El 24 de mayo salió desterrado con destino final en los Estados Unidos, país que lo recibió con paradas militares y manifestaciones de júbilo popular, porque era un paladín de lo que esa nación pretendía simbolizar: la Libertad.
Apoteosis de Páez en Nueva York
 Después de haberse detenido un poco en Filadelfia, Camdem, Elizabeth-town, Elizabeth-port y Staten-Island, recibiendo en todos estos sitios demostraciones de afecto, desembarca en el muelle de Castle Garden, en Nueva York, el 2 de agosto de 1850. Una impresionante multitud, encabezada por las autoridades de la ciudad, recibió apoteósicamente al héroe. Se le hizo saber que nunca antes se le había hecho tal recepción a nadie, desde que se le brindó al presidente Jackson. El acto estuvo prestigiado por la presencia del Regimiento Old Continentals, vistiendo el uniforme que portaba en 1776 cuando estaba bajo el mando de Washington. El Diario "Herald" de Nueva York escribió que "...el recibimiento del general Páez, tan honroso, por el Corregidor y la Corporación de la ciudad de Nueva York, es el primer tributo público de honor y de respeto que se paga a un hijo distinguido de las repúblicas suramericanas, hermanas nuestras". El Corregidor de la ciudad, al darle la bienvenida, señala: "Reconocemos en vos uno de los primeros campeones de la libertad de Sud-América; un esforzado y valiente defensor de la Independencia sudamericana; al distinguido soldado en el ejército patriota; al compañero de armas del gran Libertador Simón Bolívar; al fundador de la República de Venezuela, a la que ha presidido dignamente en dos períodos, y al mejor apoyo de la libertad civil...".
Se cayó del caballo el Centauro
 Para iniciar la Parada Militar que en su honor le ofrendó la ciudad de Nueva York, se le ofreció como montura para presidir el desfile, un gigantesco caballo blanco de raza árabe, y el centauro, que en verdad se confundía en las estepas llaneras con esta figura de leyenda en su heroico periplo libertario, se cayó de la silla.
Regresa a Venezuela como decrépito dictador
 En Nueva York reside, con mucha penuria, en la casa de su hijo, también exiliado, Ramón Páez, nacido en 1810, y quien fue un diplomático distinguido, escritor, pintor aficionado y conocedor de Botánica y Geología. Caída la dinastía de los Monagas, vuelve a Venezuela, en 1859, y el curso de los acontecimientos de la Guerra Federal lo llevó a ejercer la dictadura, que con el título de Jefe Supremo, comenzó en 1861 hasta junio de 1863 cuando con la firma del tratado de Coche se pone fin a la guerra y comienza el período federal con Juan Crisóstomo Falcón.
Vuelve a los Estados Unidos y vive su gloria en periplo americano
 Páez volvió a los Estados Unidos, es ya un anciano de pelo blanco y modales refinados, que toca piano, habla inglés y francés, idioma del que traduce las Máximas de Napoleón sobre el arte de la guerra, escribe, ayudado por su hijo Ramón, su autobiografía, en la que no incluye su protagonismo en la Guerra Federal, y que publica en 1869; visita Brasil y Uruguay; asumió la representación para vender una máquina para desollar ganado y se trasladó a Argentina para ofrecerla y allí se radica, desde agosto de 1868 hasta abril de 1871. El Gobierno argentino lo hace Brigadier General de sus ejércitos y lo pensiona. Y tiene el privilegio de demostrar sus dotes de tenor cantando el "Miserere" de la opera "El Trovador". En 1871 partió de Buenos Aires para visitar Brasil, Colombia, Panamá y Perú. En todas estas ciudades recibió honores. Venezuela le confiere, el 13 de julio de 1867, el diploma que lo acredita como Ilustre Prócer de la Independencia Suramericana.
Muerte de Páez
 José Antonio Páez, el Centauro de los Llanos, murió en Nueva York, a las 7 y 25 minutos de la mañana del miércoles 7 de mayo de 1873, a los 83 años, en la casa Nº 24 de la calle 20 Este, a consecuencia de una pulmonía resultante de una fuerte gripe adquirida durante un paseo a caballo por Central Park. Después de participar en diez batallas, ocho sitios, veintiocho combates y siete asaltos por la Independencia de América los que suman cincuenta y tres acciones de guerra; de ostentar los grados militares de General en Jefe de los ejércitos de Colombia la Grande, General en Jefe en Venezuela, General de División de Bolivia y Brigadier General de Argentina; ser distinguido con el diploma de Ilustre Prócer de la Independencia Suramericana, recibir condecoraciones, distinciones y honores de los gobiernos de Perú, Colombia, Venezuela, México, Gran Bretaña, Suecia, Noruega y los Estados Unidos, y ser tres veces presidente de Venezuela: "Ha muerto pobre y casi en la miseria y en sus últimos años se le veía llevar su vieja ropa para ser remendada". Regresó a su suelo natal en 1888, cuando el presidente interino Hermógenes López repatrió sus restos y en un conmovedor fervor popular, llamado "La apoteosis del General Páez", fueron conducidos al Panteón Nacional. La ciudad de Nueva York despidió al héroe venezolano con manifestaciones de pesar, el New York Herald del 17 de abril de 1888, describe los actos: "La procesión fúnebre fue una de las más imponentes que se habían visto en la ciudad de Nueva York, y la Nación, el Estado y la ciudad rivalizaron en el afán de honrar las cenizas del adalid venezolano". Y José Martí escribió: "...La república ha venido a acompañar sin miedo al frío, que muerde, los restos, harto tiempo solitarios, de José Antonio Páez, de aquel que sin más disciplina que su voluntad, ni más estrategia que su genio, ni más ejército que su horda, sacó a Venezuela del dominio español en una carrera a caballo que duró dieciséis años...".
Páez compositor
 En Buenos Aires compone música y hace versos, como "La Flor del Retiro": "Que triste el recuerdo/ que pesa en el alma. De aquellos ensueños/ felices de ayer. Son tristes las horas/ que ruedan en calma, Llevándose, infaustas/ del hombre el placer. Que triste es la noche/ sombría y oscura. Sin que se perciba/ siquiera un rumor. Muy triste es la noche/ que al hombre le augura/ penas sempiternas/ profundo dolor". Y "Bella María" (dedicada a su hija María del Rosario): Escucha Bella María/ quejas de mi triste ser. Yo no quiero los goces del mundo/ ya no existe la fe ni el deber. Por doquiera se ve un mal profundo. La falacia y maldad por doquier. Mejor fuera que venga el martirio/ yo no temo a su golpe fatal. Si todo es un mentido delirio/ no me importa la pena ni el mal. Nada, nada del mundo yo quiero/ Todo es falso, es todo ilusión/ Si se trata de amar seré austero/ seré austero y con mucha razón/ si el amor mis fuerzas no venza. Cuando a cuentas me llame el Creador/ vos, María, haréis mi defensa/ si te place ser mi defensor".
Un mensaje de Páez para los estudiantes venezolanos
 Este venezolano excepcional, siempre estuvo consciente de su escasa instrucción, y en una oportunidad al enviar un retrato suyo solicitado por un colegio de la capital, expresó: "Como en mis servicios a la patria no hay otra recomendación que mi fidelidad y exactitud en el cumplimiento de mis deberes, espero que los alumnos del colegio, al mirar mi retrato, mediten solamente los escollos, las dificultades que habré tenido para vencer en mi larga carrera, por no estar dotado de luces y conocimientos que debía poseer, para que ellos se esfuercen en adquirirla con el grandioso objeto de dar a la patria días de gloria y obtener un renombre eterno".
El odio y la negación que la subjetividad de la tal revolución bolivariana ha estimulado contra José Antonio Páez, atribuyéndole una supuesta traición al Libertador al separar a Venezuela de Colombia, ha alejado al ciudadano común de la historia verdadera de este singular venezolano que del analfabetismo de un rústico jefe de montoneras se elevó hasta la Presidencia de la República, la que ejerce con amplio criterio democrático, a pesar de las circunstancias imperantes en la época, al grado de ser considerado su gobierno como "deliberativo" por los historiadores, por su amplia capacidad de negociación y su acertada política de rodearse de las mentes civiles más lúcidas del momento. Es deber de los maestros y profesores de historia de los niveles básicos de la educación, estudiar, sin complejos de culpa, la actuación de José Antonio Páez en la vida republicana de Venezuela a partir de 1830, así como su verdadera responsabilidad en la secesión de Colombia, para transmitir a nuestros jóvenes la verdad histórica sin medias tintas, porque tienen derecho a ello y la verdad no tiene porque mermar su amor por Bolívar Libertador, miedo reflejado en el ocultamiento tradicional de esta verdad. Ellos deben saber que fue Páez el restaurador de la República de Venezuela y del gentilicio venezolano y el organizador de las instituciones republicanas. Que Bolívar fue el Libertador político de Venezuela, pero que la hizo desaparecer como entidad soberana para incorporarla a la Nueva Granada y a Ecuador, quedando en Bogotá, por disposición del Congreso de 1821, la capital de la nueva nación que en honor del descubridor se llamó Colombia y colombianos sus habitantes. Que "Venezuela" estuvo a punto de desaparecer hasta como nombre al intentar el Congreso de Colombia eliminarlo y sustituirlo por "Apure" para designar al territorio que ocupaba ese Departamento. Y que fue Páez quien capitaliza el descontento general que tal incongruencia generó en todas las regiones del país, y repone la integridad nacional a despecho de Bolívar que, luego de apoyar tácitamente la separación, intentó preparar una invasión a Venezuela para restituirla al seno de Colombia. El general Rafael Urdaneta le respondió, en enero de 1830, cuando Bolívar pidió la opinión de su estado mayor y notables del gobierno sobre la invasión a Venezuela, que ésta se había separado de hecho cuando el Libertador la había visitado en 1827 y había apoyado la desobediencia de Páez al gobierno de la Unión.

 

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