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Cronología de Simón Bolívar (CCXIV) |
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25 de marzo 2007 |
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Rafael Marrón González
20 de diciembre de 1828Desde Bojacá escribe a Páez: "Mi querido general y amigo: El orden con que se presentan los sucesos hacen presentir un desenlace venturoso para Colombia. Las escenas escandalosas que se representan de tiempo en tiempo, bien lejos de habituar al crimen a los espectadores, no hacen más que difundir el horror y la indignación. Una sola ha sido la facción que, una vez desenmascarada, lo emprendió todo. El castigo ejemplar de los primeros no bastó a imponer a los que, iniciados en el inicuo misterio, se habían derramado en la república con el infame objeto de subvertir el orden público y volcar el gobierno. En todas partes hay conspiradores, pero la audacia no es carácter de todos ellos. Fue un privilegio concedido a pocos. Obando y López en Popayán y Patía, los Castillos, etc., en Güiria, son hasta ahora los héroes que se han presentado en la arena. La noble conducta del general Bermúdez, la actividad, el celo, el honor, el interés individual del general Salom, la cooperación y auxilios del general Briceño, y, sobre todo, la presencia de usted, sus medidas eficaces, su natural aversión a la anarquía, a las conspiraciones, su odio a los perturbadores, etc., me hacen concebir la halagüeña esperanza de que Cumaná, el Maturín entero, los departamentos del Nordeste, todo lo que hoy existe bajo el inmediato mando de usted, gozará de una paz perfecta, de una tranquilidad pura, de un régimen doméstico. Por otra parte las recientes comunicaciones recibidas del valle del Cauca, nos atestiguan su adhesión constante al gobierno, su resolución firme de sacrificarse antes de ceder a las sugestiones e insidias de los facciosos de Payan, y finalmente el estado de defensa en que se han puesto las autoridades, las municipalidades y los pueblos en masa. Tan admirable testimonio, a prueba de los peligros inminentes, es un nuevo sello con que se han querido marcar sus más solemnes protestas. No queda de que un cuerpo del ecuador, ocupando Pasto, ha llamado la atención de Obando. Éste salió de Popayán hacia Patía con 400 hombres, dejando a López con otros tantos en la capital. Quiso éste probar aventuras. Trató de sorprender la vanguardia de la división Córdoba, y 80 cazadores nuestros han rechazado y escarmenado a 300 facciosos. He aquí un suceso pequeño en su natural magnitud y grande por su trascendencia. Él es además el precursor de una completa victoria que el general Córdoba debe obtener en estos días o a principios de enero a más tardar. ¿Quién habría dudado de que el Perú oyese con benevolencia nuestro comisionado, y se apresurase en abrir negociaciones pacíficas? Pero estaba reservado para dicha de Colombia y de nosotros mismos que el gobierno, cuya conducta insidiosa es capaz de indignar a la misma indolencia, rehusase enviar al coronel O'Leary el salvoconducto de estilo para pasar a aquella capital, le desconociese en su carácter público, le tratase como a un comisionado particular mío, no como enviado del gobierno, le exigiese las bases sobre que debía hacerse el armisticio, le insultase hasta en las cartas privada, se valiese en fin de medios indirectos para no tratar de paz. Esta ocurrencia, añadida al bloqueo en que la escuadrilla peruana tiene a Guayaquil, la retención o la felonía con que se han hecho prisioneros los restos de la división auxiliar a cada paso, han puesto a Flores en resolución de presentar una batalla. Quizá a esta fecha se habrá comprometido. En este estado de cosas, y por supuesto la próxima pacificación de Popayán y Patía, he insistido definitivamente en mi marcha al Sur, para donde seguiré dentro de ocho días. Mi presencia allí es cada vez más necesaria. Ni la paz ni la guerra se hacen sin mí. Además escribe O'Leary que general La Mar tiene en la línea 5.000 hombres y que esperaba 3.000 que debía enviarle el general Gamarra. Yo necesito reforzar los cuerpos que actualmente se hallan en el Sur con 3.000 hombres y al efecto he dispuesto que los cuerpos que hoy forman la división Córdoba y que obran sobre Popayán, continúen lo más pronto posible su marcha hacia el Ecuador. Pienso reemplazarlos por la columna que viene del Zulia y Magdalena y que seguirá al departamento del cauca a principios de enero. Puede también ser necesario adelantar sus marchas hacia el Ecuador. La capital, el departamento de Cundinamarca y el de Boyacá, quedan sin un solo hombre de guarnición. Y sobre ser inconveniente prolongar esta medida por algún tiempo, hay la necesidad de aproximar a la capital algunos cuerpos que permanezcan como en reserva y de los cuales pueda disponer yo en caso de revés en el Sur, o en el de una nueva insurrección en Patía u otro punto del Cauca, intermedio entre el centro y Sur, y cuya incomunicación sería en gran manera funesta y perjudicial a las operaciones militares. Ya dejo a usted instruido de los movimientos marciales que me propongo. Me resta sólo encarecer a usted el envío de los cuerpos que le he pedido, no perdonando a usted ninguna de las medidas necesarias al apresto de dichos cuerpos y a su propia y arreglada marcha. He dado orden que vaya a traerlos personalmente el general Justo Briceño hasta Mérida, o más adelante si fuere menester; porque hallándose el general Lara en incapacidad por sus graves males, de dedicarse a estos trabajos, no quiero que se sacrifique. A este propósito recuerdo lo que he dicho a usted anteriormente: que nombre usted un intendente de su satisfacción que reemplace al general Lara: pudiera ser el general Valero; que reponga usted al coronel Paredes en su gobierno del cual fue despojado violenta e injustamente; que el general Silva venga donde yo esté. Sobre todo, que haga usted un esfuerzo brioso para que, después de habilitados perfectamente los cuerpos que deben venir, puedan aprestarse, equiparse, etc., etc., la expedición marítima que debe montar el Cabo y que la protección del comercio reclama justamente en el Pacífico, sin contar con la necesidad que hay de sobreponernos a la preponderancia marítima que en el día tienen los peruanos a quienes ninguno ha disputado la dominación del Pacífico. Al separarme de la capital de la república, yo he procurado dejar al consejo de gobierno con aquellas facultades necesarias para el despacho de los negocios comprendidos en la organización natural de cada ramo administrativo. Los negocios militares, cuyo ministerio preside el general Urdaneta, tienen un poco de más amplitud y de independencia del consejo. Era indispensable esta medida, porque teniendo yo absolutamente la dirección de la guerra, debía comprenderla entre los asuntos graves cuyo despacho me reservaba. Yo marcho con la satisfacción de que estando usted a la cabeza de ese distrito, y habiendo una perfecta armonía y consonancia con los dos restantes de la república y quedando, al mismo tiempo, el general Montilla al frente de los departamentos litorales, no habrá una sola ocurrencia desagradable que me haga trastornar el plan que me he propuesto para expurgar a Colombia de sus enemigos domésticos y para escarmentar a sus ingratos externos. Acompaño a usted un expediente que me dirigió el general Silva y cuya resolución toca a usted. Soy de usted afectísimo amigo de corazón". 20 de diciembre de 1828
Desde Bojacá escribe al señor Esteban Herrera: "He visto la apreciable carta de usted de 30 de octubre en que me transmite sus generosos sentimientos de espanto por la ingratitud de los monstruos del 25, y de deferencia y adhesión con que tiene la bondad de favorecerme. Doy a usted las más cordiales gracias por ellos, asegurándole que me son tanto más apreciables, cuanto que ellos me hacen perdonar y aún olvidar la injusta agresión de aquellos malvados. Así le repito con toda sinceridad que la carta de usted me ha cargado de un reconocimiento inmenso. Soy de usted de todo corazón". 21 de diciembre de 1828
Desde Bojacá escribe al señor José Manuel Restrepo: "Mi estimado amigo: Pensando en la enfermedad del general Lara y su imposibilidad de continuar en el mando del departamento de Barinas, me ha ocurrido nombrar de intendente de él al coronel José de la Cruz Paredes, actual gobernador de Guayana. Sírvase usted, pues, extenderle el título correspondiente y mandárselo a S. E. el general Páez, para que, poniendo en posesión a Paredes, vuelva a su destino la persona que haya sucedido provisionalmente al general Lara. El jefe superior proveerá interinamente el destino que vaya por promoción de Paredes. En el primer correo de Venezuela debe seguir el título de Paredes, con las recomendaciones del caso al general Páez, a quien se servirá usted incluir la carta adjunta. Soy de usted afectísimo amigo". 22 de diciembre de 1828
Desde Bojacá escribe al coronel Tomás C. Mosquera: "Mí querido coronel: He recibido la última de usted. No he dudado jamás de sus buenos sentimientos. Estos se hacen más puros en la adversidad. Hay tiempo de reparar lo perdido. Escribo al general Córdoba sobre una medida que debe tomarse al entrar a Popayán, y es levantar una columna de tres a cuatrocientos milicianos con los cuales se deberá guarnecer la capital y perseguir a los facciosos, después de derrotados, Obando y López. Usted sabe que la gente del país es preferible para esta operación, porque conocen el terreno, las avenidas, las guaridas, etc. Usted debe cooperar a la formación de dicho cuerpo, el cual es tanto más necesario cuanto que he dispuesto que los cuerpos que forman hoy la División Córdoba sigan al Sur inmediatamente. Prontamente irán los reemplazos. No hay nada particular; a excepción de mi marcha que será el 28, en dirección a ese Departamento. Soy de usted afectísimo amigo. Adición: En el Cauca se deberá reponer el escuadrón de Húsares que fue destrozado, y el contribuirá a la persecución de los facciosos". 23 de diciembre de 1828 Desde Bojacá escribe al señor José Manuel Restrepo: "Mí estimado amigo: Devuelvo a usted formado el despacho. No tengo inconveniente en la promoción que usted me indica en el coro de Quito. En este particular mi voto será el del consejo, al cual se servirá usted someter la decisión. Al doctor Merizalde se le puede permitir que salga a los lugares cercanos a Tunja. Pero debe encargársele con encarecimiento a las autoridades locales vigile siempre la conducta de aquel. Tendré gusto de ver a usted antes de marcharme. Correspondo afectuosa y cordialmente los saludos del señor Gori. Soy de usted afectísimo amigo". |
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