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Cronología de Simón Bolívar (CCXI) |
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04 de marzo 2007 |
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Rafael Marrón González
14 de diciembre de 1828Desde Boyacá escribe a Etanislao Vergara, ministro de Relaciones Exteriores: "Mi apreciable amigo: He recibido la de usted de ayer y con ella las comunicaciones que se sirve incluirme. Ya que usted me pide mi opinión particular para, con arreglo de ella, dar instrucciones al señor Madrid, yo diré a usted que siendo una materia ardua y espinosa y aventurada, yo creo que una anticipada resolución podría comprometer al gobierno de Colombia. Ella debe ser obra de las circunstancias. Una conducta circunspecta y aun pasiva es preferible al presente. Un gobierno cuya posición es precaria y vacilante no puede tener miras extensas. Mañana u otro día sucederá otra administración a la presente, y ella o el congreso resolverán lo conveniente sobre los compromisos en que pueda empeñarse Colombia. Por ahora debe aguardarse que de Europa se hagan las proposiciones que estimen convenientes; porque además de todo usted debe estar seguro de que nosotros no tenemos representación alguna en el día por causa de la guerra con los peruanos y de dos o tres motines militares que nos afligen por todas partes. Los extranjeros ven mejor que nadie las tendencias de las cosas. Ya los Castillos han tomado el partido de Santander; Obando lo tiene; y en Venezuela no faltan guerrillas por el rey que nos molestan constantemente en el corazón de Caracas. Necesitamos de un grande esfuerzo y de un grande ejército para triunfar de todos; y entonces podremos decir sí o no, siempre seguros de que nuestra voz se cuenta por muy poco, sobre todo después que hemos tenido la flaqueza de perdonar a esos parricidas de Santander y sus cómplices. Este acto nos va a matar; y usted se acordará de lo que le digo. Y como dijo un extranjero el día de la gracia de Santander: ya murió Colombia. Guarde usted esta carta y ábrala dentro de un par de años, o antes si fuere preciso. Soy de usted amigo y afectísimo servidor". 15 de diciembre de 1828
Desde Bojacá escribe a Pedro Briceño Méndez: "Mi querido general: Por la apreciable de usted de 7 de noviembre me he impuesto de la nueva incursión que ha hecho la facción proteiforme de los Castillos, Prado y Villegas. ¿Quién puede dudar que ella, así como la de Obando y López en el Cauca, son hijas de la facción madre de Santander y demás prosélitos? ¿Ni quién puede dudar que la existencia de ese monstruo de iniquidad y de perfidia es una acechanza perpetua al gobierno, a mí mismo y a Colombia? Los mismos que intercedieron, alegaron y resolvieron a favor de ese parricida y sus dignos cómplices, han sido los primeros en pedir la detención de aquel en Cartagena hasta el desenlace de las tramoyas que aparecen por todas partes. La facción de Obando ha tomado la misma divisa que la de los Castillos: Constitución. Con esta palabra mágica intenta seducir y comprometer al valle del Cauca, y, si pudiese, todos los departamentos del Sur y centro. Una división al mando del general Córdova se está organizando en La Plata y ocupará a Popayán a los primeros días de enero; otra columna debe marchar de Antioquia hacia el valle del Cauca, y otra debe atravesar de Ibagué a Cartago por Quindío simultáneamente. Con todo, usted conoce este género de guerra, y que en ella es necesario no dar lugar a que vacilen los pueblos. Es indispensable organizar un fuerte ejército de reserva para acudir con él a donde sea conveniente, a fin de extinguir hasta las reliquias de la guerra civil, y para tomar una actitud imponente por medio de la cual se pueda exigir a los enemigos externos de la república una paz honrosa. Estos poderosos motivos me obligan a encarecer a usted auxilie, en lo posible, a nuestro general salom. En peor tiempo no podían haberse presentado los Castillos. La distracción de las fuerzas, la multiplicidad de atenciones, la consunción de recursos, etc., etc., cuando más necesitamos de concentrar nuestro ejército y de acumular nuestros elementos, son ciertamente una calamidad para la república y un infortunio para el gobierno. Las mismas causas me hacen dar una preferencia decidida al ejército sobre la escuadra. A pesar de mis órdenes anteriores y de las que oficialmente irán en este correo, sobre los aprestos de las fragatas y de otro buque menor para que monten el Cabo de Hornos y vayan al Pacífico: yo ruego a usted, al general Páez y a todo el mundo que, con preferencia, habiliten y hagan venir los cuerpos que he pedido. Si después de esto, que para mí es de una vital importancia, hubiere arbitrios para habilitar la expedición marítima que he indicado, será el complemento de las medidas de seguridad y de respetabilidad de Colombia y del gobierno. Al general Páez le escribo para que provea interinamente al gobierno de Margarita. De este modo puede conciliarse el que vaya un hombre tal cual exigen las circunstancias de aquella isla, y que sea de la satisfacción de dicho general. Yo me limitaré a aprobarlo o no. Muy satisfactoria me ha sido la comportación del general Bermúdez: ha sido digna de sus sentimientos. Además, no debe olvidar la guerra que otras veces le han hecho esos malvados. Deseo ver el proyecto de usted sobre arreglos de diezmos. Es uno de los ramos que más necesitan de reforma. Sin embargo, en rentas eclesiásticas hay que marchar con pies de plomo, y muy de acuerdo con los legítimos acreedores a ellas. Usted no habrá despreciado en este particular las observaciones que sugiere la prudencia. Incluyo a usted la clave que me pide. A Bermúdez debe usted escribir a mi nombre lo mismo que a Salom". 15 de diciembre de 1828
Desde Bojacá escribe a José Ángel Alamo: "Mi querido amigo: He recibido la apreciable carta de usted de 7 de noviembre último en que me indica haberme hecho otra con Blanco; las novedades que sólo había en Caracas, como la insurrección de Güiria, miseria y soledad en la bahía de La Guaira, y la más funesta de todas para mí: ¡la próxima inexistencia del excelente Dr. Mendoza" etc., etc. El coronel Blanco aún no ha llegado, y, por supuesto, no he recibido todavía la que usted me hace con él. Lo de Güiria nos hace ver lo producido de la impunidad de los crímenes; pero ello no parece aún cosa de consideración, aunque tampoco de despreciarse. Veremos lo que podemos hacer con el proyecto de diezmos que usted me dice enviará al general Briceño; más como no ha llegado todavía, no puedo decirle nada sobre él. ¡Ojalá que presente algunas ventajas a ese pobre país! La situación de nuestro buen doctor Mendoza me es sumamente sensible, y su memoria me afecta demasiado para seguir hablando de él. Si viviese cuando reciba usted esta carta, asegúrele de mi eterna amistad hacia su persona y su familia. Ahora me ha dicho mi hermana Antonia que tiene ya reunidos muchos documentos calificativos de la propiedad que tengo a las minas de Aroa; y le he contestado que los remita al señor Madrid a Londres, o al señor Gabriel Camacho para que él los dirija, como que ya le tengo a este amigo encargado de todo lo relativo a este asunto. Confío en que usted, no solamente estará cumpliendo mi recomendación de suplir a Camacho todo lo que se necesite, sino que también me lo auxiliará con sus consejos y diligencias para la terminación del litigio, pues ya no quiero otra composición que lo que decidan los tribunales, y nada más; pero que esto se ande con mucha actividad, porque me interesa infinito la conclusión. A pesar de que los facciosos de Paita tomaron a Popayán, capital de aquel departamento, no tenemos mucho cuidado, porque se han hecho marchar fuerzas muy considerables sobre ellos, y por su retaguardia ha dirigido también Sucre una fuerte columna que acaso los tendrá ya rendidos cuando lleguen los de acá. ¡Estos son los favores con que ha beneficiado a su patria Santander! Soy de usted afectísimo amigo que le ama". 15 de diciembre de 1828 Desde Bojacá, a 7 leguas de Bogotá, escribe a Páez: "Mi muy querido general y amigo: He leído con interés la apreciable de usted de 10 de noviembre. En mi anterior he hablado a usted sencillamente sobre el general Gómez, cuyo grado de complicidad con los conspiradores deducirá usted por los documentos que oficialmente se le han remitido. En circunstancias de hallarse el departamento del Cauca en insurrección como he participado a usted anteriormente, se presentan los Castillos en las costas de Maturín. El estandarte de uno y otro faccioso es la constitución de Cúcuta. ¿Cómo puede dudarse de que estas son ramificaciones de un mismo tronco: la facción parricida de Santander y sus secuaces? Los mismos ministros que salvaron a éste son hoy los más empeñados en retenerlo en Cartagena hasta la cesación de las presentes calamidades, hasta ver extinguida la guerra civil. Hasta el hombre más estoico sería capaz de conocer lo incompatible que es a la tranquilidad, a la seguridad, a la felicidad de Colombia, la existencia de Santander. Decretar su indulto y clavar un puñal en el corazón de la república ha sido una misma cosa para algunos pensadores. Pero hay circunstancias particulares que no permiten obrar con libertad aun a los seres más perfectos. No dudo el celo de usted que facilitará todos los medios se sofocar la insurrección que ha amagado las costas de Maturín. Es preciso no descuidarse ni despreciar, por insignificante que parezca, el enemigo. Los progresos de la guerra civil se contienen más difícilmente que la guerra nacional. Los enemigos del gobierno se atrincheran hoy tras las instituciones que caducaron y su lenguaje es seductor. Por lo mismo es más temible. No debe dejarse a los pueblos entregados a la merced del primer ocupante. La falta de protección de parte del gobierno los haría vacilar. Para impedir, pues, los efectos de la imbecilidad de los ciudadanos pacíficos, así como para economizar la sangre de los mismos contendientes, es necesario inundar, por así decirlo, el teatro de la guerra con tropas numerosas y disciplinadas. Así no más puede triunfarse con seguridad de enemigos que minan incesantemente la opinión. Así es como puede salvarse Colombia del inminente riesgo en que se halla. Insto de nuevo de usted por la remisión de los cuerpos de tropas que le he pedido; que sus gastos de habilitación, equipo y demás se hagan de preferencia a los que hayan de imperderse en los aprestos de la expedición marítima que debe surcar al Pacífico. Por interesante que sea la defensa de nuestras costas meridionales, yo reputo por más preferente y por de instante urgencia la formación de un ejército de reserva con el cual puede acudirse adonde las circunstancias lo exijan, y con el cual puede adquirirse una actitud capaz de imponer a los enemigos externos de la república y de exigir de ellos una paz sólida, honrosa y duradera. Encarezco a usted, pues, el envío de las tropas que le he pedido; que no economice sacrificios; que antes de habilitar la escuadrilla, se hagan los gastos indispensables a mover dichos cuerpos; y que si después de todo esto se encuentra usted con fondos disponibles, me envíe al Sur la fragata y el bergantín de que se habla oficialmente. He mandado que Boguier sea destinado en Cartagena, que Chitty mande la fragata y que Beluche mande en jefe la expedición. Por útil que sea Beluche en Puerto Cabello, lo considero más necesario a la cabeza de la expedición. Recomiendo a usted al coronel José Cruz Paredes, para que lo reponga en su gobierno, cortando las desavenencias que se han suscitado con él. Soy de usted afectísimo servidor y amigo". (Continuará el próximo Domingo) |
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