Fwd: El negocio de la Depresión.

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Date: 14 jun 2004, 08:02
Subject: El negocio de la Depresión.
To: es.ciencia.medicina.depresion


Las empresas propiciaron encuentros y debates sobre las consecuencias
psíquicas de la crisis. Influyeron sobre psiquiatras, les pagaron
viajes y
les ofrecieron otros beneficios.
También hicieron inteligencia sobre las recetas archivadas en
farmacias. Un
minucioso estudio de un investigador norteamericano.

“Cuando un psiquiatra nos pide que le paguemos un viaje porque está
recetando mucho nuestro producto, necesitamos saber si es verdad o no,
porque puede decirles lo mismo a todos los laboratorios”, contó el
gerente
de una compañía farmacéutica. La frase es sólo un ejemplo del estudio
que un
investigador norteamericano efectuó sobre los deprimentes mecanismos
que
regulan el mercado de psicofármacos en la Argentina. La investigación
muestra cómo el lugar común de que el uso de psicofármacos creció
debido a
la “ansiedad” causada por la crisis social de los últimos años
encubriría
acciones de mercado por las cuales el consumo viró desde los
ansiolíticos –más baratos– hacia los antidepresivos –más caros–, en
relación
con la influencia de las empresas sobre los médicos. Estos últimos a
su vez
se dividen en dos categorías: los “recetadores” y los “líderes de
opinión”:
para influir sobre los “recetadores”, las compañías les ofrecerían
viajes
pagos y otros beneficios, por intermedio de los visitadores médicos;
para
los médicos líderes, el atractivo sería facilitar su participación
central
en eventos científicos. Pero, para no malgastar su dinero y saber a
ciencia
cierta qué recetan los doctores, los laboratorios cuentan con la
información
provista por empresas demarketingque monitorean y aun microfilman
decenas
de miles de recetas que llegan a las farmacias.
¿Se acuerdan de la “Semana de los desórdenes de ansiedad”? Esa campaña
que
en agosto de 2001 instaba a los argentinos ansiosos a concurrir a los
hospitales. El resultado “superó las expectativas de sus promotores:
los
hospitales de la ciudad se vieron inundados de pacientes que se
quejaban de
síntomas de estrés”; cierto que “la campaña había sido financiada por
la
empresa farmacéutica nacional Bagó, productora de Tranquinil”, y “dos
meses
después, el gerente de ventas de Bagó informaba que agosto había sido
un mes
record de las ventas de Tranquinil”.
Con estos datos se inicia el trabajo “Las ansiedades de la
globalización:marketingde antidepresivos y crisis económica en la
Argentina”, de Andrew
Lakoff. La investigación, que aparecerá en el Nº 34 de la revista
Social
Studies of Science, se publicó ya en el último número de Cuadernos de
Antropología Social, del Instituto de Ciencias Antropológicas de la
UBA.
Lakoff, profesor de la Universidad de California en San Diego, realizó
su
estudio en Buenos Aires gracias a una beca de la Escuela de Medicina
de la
Universidad de Harvard.
Aquella “Semana de la ansiedad” evidenció cómo la opinión pública y la
mayoría de los medios periodísticos interpretaban que “las
enfermedades
traídas por la crisis incrementan las visitas médicas y el uso de
ansiolíticos”, de tal modo que “lo que podría haber sido considerado
evidencia del éxito de la campaña informativa de Bagó fue mostrado en
cambio
como signo de la crisis social y psíquica de la nación”.
Para ir al fondo de la cuestión, el informe de Lakoff presenta un dato
y
formula una pregunta. El dato es: “Pese a que el mercado farmacéutico
argentino se achicó en la hiperrecesión, las ventas de antidepresivos
saltaron notablemente: de junio de 2000 al mismo mes de 2001, subieron
un
16,5 por ciento”. La pregunta es: “¿Ello fue resultado de la crisis
económica o de las prácticas de mercado farmacéuticas?”.
Para contestar, Lakoff recurre a un estudio epidemiológico que un
grupo
coordinado por Miriam Gattari efectuó sobre 600.000 afiliados a
distintos
planes de salud entre 1997 y 2000, según el cual hubo “una clara
declinación
en el consumo de ansiolíticos, que cayó del 21 al 14 por ciento de esa
población, y un incremento en el número de pacientes que tomaban
antidepresivos, del 3,6 al 4,5 por ciento de los afiliados”. En
conjunto,
había menos pacientes que tomaran psicofármacos, pero “lo que aumentó
fue el
precio promedio de los antidepresivos”.
Globalmente en la Argentina, “las ventas por unidad de ansiolíticos
cayeron
un 5 por ciento entre 1997 y 2001, mientras que las de antidepresivos
se
incrementaron un 9 por ciento”, en relación con “un cambio en la
prescripción de los médicos, desde los ansiolíticos hacia los nuevos
antidepresivos”. Esto condujo a un “crecimiento impresionante de las
entradas por la venta de antidepresivos que, entre diciembre de 1998 y
junio
de 2001, pasaron de 45 a 54 millones de dólares por año”.
¿Por qué los psiquiatras pasaron de recetar ansiolíticos a prescribir
antidepresivos, sin un aumento concomitante en el diagnóstico de
depresión?
“Esto se debió a un contacto intensivo entre los representantes de
ventas y
los médicos, estructurado por una economía informal de dones en la que
las
prescripciones de los médicos eran recompensadas con viajes al
exterior y
otras prerrogativas”, contesta Lakoff.
Gran recetador
Por ejemplo, “en la reunión de la Asociación de Psiquiatría Americana
de
2001 en Nueva Orleans, el contingente extranjero más numeroso procedía
de la
Argentina: más de 500 psiquiatras, la gran mayoría de los cuales
viajaban
subvencionados por las compañías farmacéuticas”. Los “favores”
otorgados por
las empresas –“equipos de computadoras”, “patrocinio de viajes” y
“otras
atenciones de mayor envergadura”– se tradujeron en que “las relaciones
farmacéuticas se convirtieron en portales para la infraestructura
biomédica
a nivel global”, lo cual dio lugar a “una atmósfera de conocimiento
interesado”, cuyo resultado es que “los médicos llegan a conferir
autoridad
a la información que reciben por la vía de los circuitos de difusión
de la
industria farmacéutica”.
El propósito de las atenciones de los laboratorios fue “forjar una
relación
de lealtad entre el médico y la empresa”, para la cual “fueron
especialmente
buscadas dos clases de médicos: los líderes en las prescripciones de
recetas
y los líderes de opinión”. Estas dos categorías de médicos, los
recetadores
y los líderes de opinión, ameritan estrategias diferentes por parte de
las
empresas farmacéuticas.
Pero si se trata de influir sobre los recetadores, ¿puede saber el
laboratorio cuánto y qué receta cada doctor? Sí que puede, gracias a
lo que
Lakoff sarcásticamente llama “la epidemiología neoliberal”
desarrollada por
empresas que auditan (espían) las prescripciones que efectúan los
médicos.
“Había empresas demarketingfarmacéutico que microfilmaban recetas
individuales en las farmacias, comparaban los datos y luego los
vendían a
las compañías farmacéuticas. Me impresionó la minuciosidad de esta
esfera
privada de conocimiento en un país donde en el sector público resulta
casi
imposible encontrar datos epidemiológicos acerca de la prevalencia de
enfermedades mentales en la población”. Cierto que “estas prácticas
son
notorias en países como la Argentina, donde se han debilitado otras
formas
de conocimiento y de regulación en el campo de la salud pública”.
Para más detalles sobre esta epidemiología neoliberal, “durante mis
visitas
a la sede argentina de la compañía IMS Health (líder mundial en datos
sobre
ventas farmacéuticas, con sede central en Gran Bretaña) se me permitía
a
veces un vistazo subrepticio a un enorme libro de registro del número
y
monto mensual de ventas, pero no fotocopiarlo. Recuerdo que un
director de
ventas con quien me cité en un café traía algunas cifras anotadas en
un
trozo de papel: me permitió mirarlas y luego rompió el papel”, cuenta
Lakoff.
Es porque “los datos de ventas eran confidenciales y muy valiosos: las
empresas farmacéuticas pagan hasta 150.000 pesos anuales por
suscribirse al
servicio de IMS”.
Otra empresa demarketingfarmacéutico llamada Close Up ofrece a los
laboratorios “averiguar qué médicos recetan sus productos, quiénes
recetan
los de sus competidores y cuánto prescribe cada médico. Para conseguir
esta
información, Close Up compró o intercambió copias microfilmadas de
recetas
médicas tomadas en las grandes cadenas farmacéuticas. Pretendía cubrir
18
millones de recetas médicas en la Argentina, y contar con perfiles del
comportamiento de más de 90.000 médicos, incluyendo aproximadamente
2000
psiquiatras en la ciudad de Buenos Aires”. La consultora ofrecía a los
laboratorios saber “lo que el doctor hace, no lo que dice que hace”.
¿Cómo usan los laboratorios esta información? “Un experto vendedor de
psicofármacos me contó cómo empleaba los datos correspondientes a un
barrio
de clase media-alta como Palermo: ‘Quiero los datos de prescripciones
de
antipsicóticos en Palermo’ (que obtiene de la compañía demarketing):
ubico
los cinco mejores médicos y averiguo cuánto recetan de qué droga.
Frecuentemente se trata de médicos que prestan servicio a un elevado
volumen
de obras sociales y prepagas’. Así, el estratega de ventas pudo
hacermarketingselectivo.”
Para tratar con los médicos recetadores, los laboratorios recurren a
los
visitadores médicos. Según una gerenta de productos entrevistada por
Lakoff,
“cuando el doctor dice ‘¿por qué no me pagan mi viaje al próximo
congreso,
si estoy recetando mucho este producto...?’, es mejor saber si es
verdad o
no, porque el doctor puede decirles a todos los laboratorios que está
recetando mucho cada producto y así conseguir muchos pasajes”.
“Algunas veces, la negociación entre la empresa y el médico era muy
directa –precisa Lakoff–: ‘Doctor, si usted me consigue veinte recetas
más
por mes, lo enviaré adonde quiera ir’. Pero usualmente la interacción
era
más sutil: ‘¿Cómo puedo ayudarlo?’, podía preguntar el visitador
médico.”
Líder de opinión
La otra categoría de médicos, los “líderes de opinión”, merece un
trato
especial, en otro nivel que el de los visitadores médicos: “El
delicado
trabajo de forjar vínculos con los líderes de opinión estaba a cargo
del
director de ventas o del gerente de productos”.
La misma joven gerenta de productos para el sistema nervioso central,
perteneciente a una importante empresa europea, comentó cómo
seleccionaban a
estos médicos líderes: “Trabajamos con profesionales muy prestigiosos,
que
pueden establecer alguna tendencia en el uso de psicofármacos; porque
son
muy conocidos como ‘voceros’ o tienen poder de decisión en las compras
de
medicamentos en hospitales, o porque participan en importantes
asociaciones
psiquiátricas. Nos permiten llevar el mensaje que necesitamos a los
otros
profesionales que siguen sus tendencias”.
Lakoff señala que, en el caso de los líderes de opinión, “no se trata
de
controlar recetas sino de desarrollar alianzas: disponer de esas
respetadas
personalidades para seminarios, simposios o como autores de la
‘literatura
científica’ a ser difundida. Los líderes de opinión se alían a
múltiples
empresas”. El trabajo cita el caso de “un líder muy respetado cuyo
libro
sobre ‘psicofarmacología práctica’ fue patrocinado por la empresa
Organon y
presentado en la Universidad de Buenos Aires por el jefe de
farmacología de
la misma empresa”.
Otra técnica para establecer vínculos con los líderes de opinión
consiste en
“realizar experimentación clínica con propósitos de promoción más que
de
recoger información actualizada sobre la eficacia de la droga. El
estudio se
presentaba en un congreso científico internacional, con los gastos a
cargo
de la empresa. Para los médicos jóvenes, es un modo de manifestarse
como
líder de opinión emergente”.
De todos modos, las empresas necesitan “suma cautela con los líderes
de
opinión. Un experimentado estratega de mercado me dijo que, si
organizaba un
evento, se aseguraba de invitar a todos los principales líderes de
opinión:
si omitía a alguien, podía darse por enfadado y no recetaría su
producto”.

http://www.pagina12web.com.ar/diario/sociedad/3-36315-2004-06-6.html

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