Tráfico implacable de animales (II)

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José Malaguera

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Mar 31, 2007, 7:24:20 PM3/31/07
to GRUPO BIODIVERSIDAD Y PACHA MAMA

Tráfico implacable de animales (II)

Autor: GABRIELA GUERRA

Se trafica, se lucra, se vende... No hay elección y sí una creciente indiferencia. Un mercado en pleno apogeo ultraja la ley de supervivencia, destruye a ritmo creciente biodiversidad y vida, y crea impunidad, deshace justicia y le apaga los ojos a la humanidad.

Se trata de una estructura criminal compleja y oscura, que despliega cada vez más enormes ramificaciones. Meticulosamente tramada, con vínculos directos e inescrupulosos con el comercio de armas, las drogas y el contrabando bajo cualquiera de sus manifestaciones.

Paralelo al comercio de ejemplares vivos, se desarrolla el mercado del animal como materia prima, lo que le da al ejercicio un matiz más sombrío y alarmante. El cuero, las plumas, órganos u otras partes de los animales, son algunos de los productos que se venden sin cautela.

Se arremete así, de otra forma, aunque también terrible, contra la conservación natural y la diversidad biológica. Un cuadro de alas de mariposas en China llega a costar 3 mil dólares.

Igual en Italia que en el resto de la Europa, abundan reptiles, animales marinos y pequeños simios en calidad de mascotas. Las viviendas son adornadas con caparazones de fastuosas tortugas, barbas de ballenas y plumas de aves multicolores.

Las especies perecen para suplir las demandas de plumas, cueros, productos afrodisíacos, ceniceros o pequeñas suntuosidades provenientes de sus organismos. Esos ejemplares despojados de su belleza, antes, en algún lugar y momento, respiraron también el aire de la libertad y la evolución.

La selección natural, es decir, la resistencia al cautiverio en este caso, sacrifica a demasiados ejemplares para que unos pocos puedan llegar al otro hemisferio en buen estado. Muchos perecerán en el camino. Es el precio pagado, la dotación de vida que se exige cuando se desmiembran los equilibrios naturales.

Las malas condiciones son la moda en la transportación del tráfico ilegal de especies. Los monos son atados con alambres o cadenas, se ejercita la esclavitud, abolida hace tantos años para los seres humanos. El objetivo es llenar cajas y otros escondites que no delaten su verdadero contenido al cruzar por las aduanas

Muchos primates son encontrados en refrigeradores, huacales de frutas, tubos de acero o llantas de automóviles y camiones. Solo se logra rescatar a unos pocos, la mayoría muere en el desconcierto de la transportación.

A los flamencos, loros u otras aves exóticas les amarran pico y alas con cuerdas o cintas adhesivas para que traguen sus penas en silencio. En muchos de los casos terminan asfixiados, luego de haber conocido el verdadero infierno humano. Otras veces, con la mejor de las suertes, acaban con huesos y alas quebradas.

A las iguanas, lagartos o lagartijas, para hacerlas más dóciles, los vendedores les fracturan la columna vertebral. ¿Suponemos acaso que los animales no padecen? Hablamos de dolor, destrucción, masacre. ¿Es que tenemos el derecho de destruir otras especies? ¿No basta ya con nuestra propia y alarmante ruina?

Se calcula que durante 1998, cerca de 8 mil iguanas entraron en Chile ilegalmente. Para que tal cantidad de ejemplares pudiera llegar al país, debieron haber muerto en sitios ocultos, drogados, amarrados o congelados, unos 50 mil reptiles.

La bien estructurada cadena ilegal cuenta en las provincias con acopiadores, transportistas, cazadores solitarios, distribuidores a minoristas. En las ciudades se enlazan con comerciantes, empresarios, funcionarios, público consumidor y finalmente exportadores ilegales. Los que reciben mayor retribución, al final, son quienes se exponen menos al peso decadente de la justicia.

En Italia, cerca de 110 mil pájaros importados desde lejanos parajes engalanan con cantos y colores las viviendas, mientras que en los territorios de origen, latinoamericanos o africanos, se pena por sus ausencias. Se gime tanto por los que lograron sobrevivir al cruel y rentable tráfico, como por los que desaparecieron en el intento.

La demanda de vida salvaje en Europa es enorme. El frívolo mercado varía según modas y costumbres de las naciones.

La Unión Europea es el primer importador mundial de pieles de reptil, loros, boas y pitones y el segundo de primates. Es así que sus comercios se abarrotan de productos extirpados a las selvas de Bolivia, Ecuador, Colombia, Brasil, México, Argentina, Paraguay y ecosistemas de América Central.

A Italia, solamente por año, llegan 35 mil ejemplares. Tucanes, papagayos, iguanas, cocodrilos, pequeños primates, arañas y caimanes, que fueron desarraigados de sus lugares ancestrales, de la existencia pacífica y recíproca con una naturaleza ya para siempre vedada.

En España, el furor por lo exótico adquiere tal dimensión que un coleccionista es capaz de pagar entre 500 mil y un millón de dólares por un guacamayo grande.

En México se decomisaron, solo en el 2002, más de 206 800 especies de animales y plantas. Una cantidad 110 veces superior a la registrada el año anterior, según la estatal Procuraduría Federal de Protección al Ambiente. Es la prueba viva de un mercado en expansión.

Tucanes camuflados, con los picos amarrados por cintas adhesivas, loros envueltos en calcetines con apenas un pequeño agujero para la respiración. Aves narcotizadas con los ojos perforados para que no canten con la luz del sol. Tales son los pasajeros de los trasatlánticos vuelos de muerte que se emprenden a diario.

Un gorila alcanza los 90 mil euros, mientras un orangután se cotiza en 30 mil. El fastuoso halcón peregrino se adquiere por el risible precio de 18 mil euros. Salta a la vista la subyacente e inmediata ruina del universo animal.

El cuerno de rinoceronte es afrodisíaco, eso aseguran algunos, aunque es una afirmación no comprobada. Por lo que deberá ser arrancado, o raspado, o aniquilado el animal, para que por 12 mil euros los necesitados adquieran la capacidad de estimularse con el órgano defensivo e imprescindible de un ejemplar inusitado.

Lo mismo con los huesos de tigre, que según dicen avivan la lujuria. Por un poquito de afrodisíaco no probado se pagan 1 800 euros el kilo. Igual cantidad de carne de ballena se cotiza en 360 euros.

Suramérica, África y Asia son los grandes vendedores. Los principales compradores: EE.UU., Japón, Emiratos Árabes Unidos y Europa. Un cuadro y una cifra que no necesitan otros comentarios.

Cuando un flamenco muere, cuando perece un gorila, cuando las especies desaparecen por causas terrenales y fútiles, de ilusiones infundadas, de mercado, se está extinguiendo la comprensión, la inteligencia y las bases mismas que sustentan la vida, en especial la del hombre sobre el planeta Tierra.
 

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