Re: Juegos De Helicopteros De Guerra Para Niños

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Osoulo Lejeune

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Jul 13, 2024, 12:45:41 AM7/13/24
to biobankdankla

Hace poco escuchaba la preocupacin de algunas madres sobre el particular inters que despierta las armas y todo lo que tiene que ver con guerras en sus hijos varones de 9, con los cuales encuentran diversin en disparar a soldados, aviones y edificios; o, los juegos de video de guerras donde los chicos se pueden pasar horas acabando con el enemigo.

Felizmente, una de ellas explicaba que se trata de una etapa de los nios que acaba como a los 10 aos, en la que tienen cierta necesidad de experimentar algo de violencia, que luego sirve para que ms adelante tengan la capacidad de reconocer e identificar escenarios violentos y no violentos.

juegos de helicopteros de guerra para niños


Descargar archivo https://urlcod.com/2yPESz



Sin embargo, no siempre la industria de juguetes tiene esa misma percepcin y ms bien quisiera que esta aficin no dejara de ser una etapa en la vida de los pequeos, sino que su gusto por lar armas y otros juegos de guerra se mantuviera por siempre.

Lego nunca ha hecho, ni har una lnea de juguetes basados en indumentaria militar. En otras palabras, Lego nunca ha hecho entregas de su producto basados en helicpteros ni en tanques de guerra. Sin embargo, s tienen dentro de su lnea de productos algunos personajes u objetos de guerras de fantasa, involucrando caballeros, dragones o personajes del espacio exterior.

La compaa siempre ha tenido una serie de reglas no escritas que en 2010 se animaron a escribir en una gua titulada Gua de Armas y Conflicto en la Experiencia Lego (Guideline for weapons and conflicto in LEGO experience).

El objetivo es evitar que los nios reconozcan dentro de un juego armas que pueden ver en zonas de guerra o conflictos alrededor del mundo. Adems, afirman que una de las misiones de Lego es no ser reconocidos con situaciones que glorifiquen o ensalcen la violencia.

Todas las guerras son terreno frtil para atrocidades inesperadas, para descubrir nuevos extremos de la crueldad humana, para sorprendernos con los alcances de la desesperacin y descubrirnos vertientes desconocidas del horror. Cientos de millones de dlares despilfarrados en armas, equipo y servicios para la destruccin se traducen en interminables pilas de muertos, rencores imborrables, pueblos traumatizados y kilmetros cuadrados de destruccin. Sin embargo, una vez que callan los caones y se despeja la proverbial neblina de la guerra, el mundo olvida el dolor de las vctimas y en la atmsfera quedan nuevas colecciones de imgenes que, en vez de servir como memorias antiblicas, pierden su potencial aleccionador y se convierten en entretenimiento morboso. El mito de la guerra se nutre de estas imgenes aterradoras, de estas escenas de muerte, confusin y pavor que pierden su capacidad de indignarnos, entristecernos o llenarnos de rabia, para volverse escenas de accin tiles para exaltar valores patriticos, estimular la adrenalina y volver higinica y aceptable la brutalidad de la carnicera blica. Es tal la fascinacin que producen las imgenes crudas de los conflictos armados, que en el propio cine de guerra cada vez son menos populares. Hoy las visiones blicas parecen servir menos que nunca como pretexto para la reflexin filosfica o literaria o como smbolos de la ambigedad y la destructividad en obras artsticas. En cambio, estas imgenes hoy pasan directamente, casi sin edicin, a Youtube, y a inspirar juegos de video como Batt le field Bad Company y Call of Duty Modern Warfare 2 (asombrosos y fascinantes artefactos culturales que hacen increblemente divertido el combate y el asesinato, sera una hipocresa no reconocerlo).

La anterior Guerra del Golfo inaugur una esttica de guerra sin humanos. Las imgenes que transmita CNN y reproducan servilmente los dems medios, eran tomas granulosas en blanco y negro y alto contraste de misiles inteligentes que se impactaban con supuesta precisin en sus blancos, o bien bombas que filmaban su propia destruccin. Esta era la proyeccin de una guerra limpia que slo eliminaba blancos legtimos, una guerra sin sangre ni matices en la que los nicos humanos eran los telespectadores. El Pentgono fabric y mantuvo esta aberrante ficcin gracias a la colaboracin de una prensa castrada que se conform con encamarse (embed) con las tropas y repetir la propaganda que le dictaban. La novedad y el sobrio encanto cuasi lunar de aquellas tomas contribuy a convertirlas en el emblema de esa guerra. Las cmaras bomba no tenan la menor intencin de registrar cuerpos despedazados ni su efectividad al eliminar blancos; su valor documental era meramente pornogrfico y comparable al clebre dildocam, el cual crea imgenes anatmicas sin valor clnico y sexuales sin potencial estimulador.

La guerra perpetua que nos leg el rgimen Bush 2 y que ha adoptado la administracin Obama, ha sido prdiga en imgenes y sonidos imborrables del horror de la guerra, desde los videos panormicos de la noche del Shock and awe (21 de marzo de 2003), hasta las fotos de los guardias de la prisin de Abu Ghraib (abril 2004), pasando por la inagotable documentacin de miles de crmenes contra la humanidad grabados por los propios soldados estadunidenses y los videos sin fin de los aviones a control remoto o drones. Por supuesto que a la lista podemos aadir los videos realizados por insurgentes o presuntos miembros de Al Qaeda, de bombas estallando debajo de Hummers o de ejecuciones, como la de David Pearl y Nick Berg. La diseminacin del horror no tiene ideologa ni es patrimonio exclusivo de los ejrcitos poderosos. Hay tal abundancia de fotos y videos de las invasiones a Irak y Afganistn, y sus consecuencias, que tardaremos dcadas en digerir esas imgenes espectrales, complejas, eclcticas, repugnantes, brutales, ntimas y perversas. Si la primera guerra de Irak se caracteriz por la centralizacin informativa y el control de las imgenes, la segunda ha generado una diversidad enloquecedora de visiones. Paradjicamente, esta cacofona ha tenido un efecto neutralizador y desensibilizador; a fuerza de familiarizarnos con estas imgenes grotescas las hemos incorporado al catlogo visual de la cultura popular del siglo.

Pero entre la marejada de imgenes apareci un video con el potencial de revivir nuestra capacidad de asombro y nusea. El sitio Wikileaks.org ( ) obtuvo un video secreto de un helicptero Apache que masacra a quince personas, incluyendo dos empleados de Reuters, en julio de 2007, mientras conversan en una calle del barrio de Nuevo Bagdad. Tristemente, lo nico que tiene de singular esta matanza es que sus imgenes fueron filtradas a los medios, de lo contrario se tratara de un da como cualquier otro en la invasin de Irak. Las imgenes evocan, inquietantemente, el juego Call of Duty y estn acompaadas por los comentarios de los soldados, quienes se burlan de sus vctimas y, al enterarse que hay nios heridos, comentan: Es su culpa por traer a sus hijos a una batalla.

Desfilala noche ah abajo, plcida, al comps de la meloda que murmura en elavin. Tal vez la noche tambin la escuche, porque su ritmo, sudesplazamiento, son perfectos, a pesar de su lejana, tres mil metrosbajo las panzas del ATR 72, un turbohlice para vuelos regionales de laRoyal Air Maroc. Es un ardid de mi imaginacin, claro, que escuchadentro del fuselaje y mira ms all de la ventanilla, que atribuye a lamsica y a la noche una perfecta simbiosis, un baile armnico, aunque lanoche no escuche a la msica y la msica no suene para la noche. Mesucede a menudo, cuando paseo con los auriculares y resuena BruceHornsby, o Tracy Chapman, o las bandas sonoras de Thomas Newman, y lospaseantes, los coches, incluso los rboles, parecen acoplarse, bailarcon lo que escucho. Soy yo quien extiende las manos, quien se convierteen vnculo, en puente, e inicia el baile entre sordos y mudos.

Nos por qu sito a la noche ah abajo, como si se localizara slo en lasuperficie terrestre. La noche tambin est aqu, a slo unoscentmetros de mi rostro, envolviendo el fuselaje, rozando la ventanillade doble cristal. Pero aqu no es nada porque no la veo, y s la veoall abajo, donde sale de su invisibilidad negra porque la destapa elfestn de luces. Las bailarinas de verdad.

Contemplo ensimismadocomo se dispersan, cmo dejan de ser galaxias, manadas de estrellas,para perderse solitarias en la negrura de un universo, en el Marruecosinterior, en el macizo del Atlas y las orillas del Shara. Puntosntidos y puntos difusos, gusanos que se contornean, lneas rgidas,largas, cortas. Las luces forman geometras dispares, como si miraradesde una lente microscpica, y lo de abajo fuera una placa bacteriana,un pequeo cosmos de clulas o casitas, de gusanos o coches, de lneas ocarreteras. Las luces de abajo permanecen inmviles, las del fondo encambio, las que se acumulan en el horizonte, las que van quedando atrs ys son festn y s son galaxias, con nombres como Casablanca o Rabat oMarrakech, parpadean como las estrellas, demasiado lejanas como paraencontrar, en su viaje hasta mis ojos, un aire perfecto, sinturbulencias, sin cambios de presin, que no las haga temblequear.

Estoes lo que pienso y lo anoto en el Moleskine, intuyendo que va a ser unviaje de luces, y de ausencia de luces. Levanto la mirada entre losasientos, y creo reconocer a Luigi, tecleando en su mvil varias filasms all. Nos seguimos en Twitter. Y entonces asoma, justo delante dem, un libro amarillento, plagado de anotaciones y notas adhesivas. Notodo el mundo lee libros as. Tal vez sea otro de ellos, pienso. Es unjuego divertido, fantasear con quines sern mis compaeros de viaje,los otros cinco escritores europeos. Lo he iniciado en el aeropuerto deCasablanca, en el Mohammed V, mientras esperaba en las hileras deasientos metlicos, con un ojo en Del Rif al Yebala, de LorenzoSilva, y el otro en los pasajeros que tomaban asiento, frente a lapuerta 15, con destino a Ouarzazate. Observo los rostros, fisgoneo ensus gestos, absortos en lecturas, en pantallas luminosas de porttiles ytabletas. Construyo fragmentos de sus vidas, las imagino coninsolencia, casi despiadado, atribuyendo a sus figuras roles que tal vezno merezcan tener. A veces me convierto en un explorador de vidasajenas, desbrozo a los dems a golpe de machetazos, con la mirada y lasmentiras de la imaginacin.

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